Tabú 31


Mensajes, llamadas, notas en el buzón de su edificio, mensajes en la contestadora de su teléfono fijo, mensajes dejados con la secretaria de la productora donde trabajaba; mensajes que envié desesperado, mensajes que fueron mis últimos recursos para pedir perdón y no sentirme tan estúpido como me estaba sintiendo. Mensajes llenos de esperanza que fueron rechazados.

Anya los ignoró todos y yo seguí insistiendo pues tras diez días de silencio pensé que era el tiempo suficiente como para que ella estuviese dispuesta a escucharme y ambos pudiéramos hablar con la cabeza fría.  

Extrañaba a Anya y la necesitaba más que nunca. Guardaba la esperanza de ser perdonado y de sentir nuevamente su presencia en casa para que me ayude a seguir adelante con mi agitada vida de modelo y empresario exitoso. Junto a ella había logrado un gran equilibrio en el pasado y anhelaba recuperar esa tranquilidad perdida.  

Recuerdo que cuando me miraba en el espejo por las mañanas observaba con espanto la clase de hombre ruin en el que me había convertido. Yuri tenía mucha razón ¿cómo pude llevar a otra mujer a la cama que había compartido con mi novia? Debí respetar ese lugar; no, debí respetar a Anya y esperarla para decirle que algo andaba mal con nuestro amor.

Había destrozado el corazón de un ser humano, traicioné la confianza de alguien que me amaba y creía en mí. Desprecié todos nuestros momentos más íntimos e importantes por huir en forma fácil de un deseo que me consumía.

No podía revelar a mi amada lo que en verdad me separaba de ella; pero podría haber sido más honesto conmigo. Tal vez podría haber renunciado a Yuri y haberlo llevado a vivir con Lilia o pude haber salido de viaje y no lo hice. Opté por la solución más fácil y me dejé llevar por la lujuria.

Era justo que ella me rechazara de esa forma y que estando tan herida no quisiera volver a ver al causante de su dolor, pero yo necesitaba arreglar las cosas de alguna manera porque en ese momento no estaba dispuesto a perder el control de mi vida y desperdiciar todo lo que había logrado junto a ella.

Tampoco estaba dispuesto era a perder a la única mujer que podía poner mis pies sobre la tierra y me ayudaría a alejarme por completo de los arrebatos perversos que me sumergían en las peligrosas aguas del deseo por poseer a mi hermano. Anya era necesaria y mi mente disfrazó esa necesidad con una palabra que sonara convincente para ella y para mí: amor.

Anya y yo habíamos construido un vínculo muy fuerte que no debía romperse por ningún motivo y te juro que me convencí que la amaba y que por Yuri solo sentía una gran atracción sexual y más nada. Por ese motivo decidí llamarla, buscarla y dejarle mensajes con su mejor amiga para que me diera la oportunidad de verla una vez más.

La semana llegó con sus responsabilidades, debía hacer un abono al Sberbank del grueso de la deuda y para ello Yakov insistió que pediríamos la reducción de intereses y moras; también debía insistir en retrasar ciertos pagos a los dos principales proveedores de telas de la empresa, además de preparar los últimos detalles para la presentación de la nueva colección que iba a realizarse durante la semana de la moda en Milán.

Nefrit fue invitada a las galas especiales de ese que es uno de los acontecimientos más grandes de la moda mundial y el equipo se encontraba afinando los últimos detalles del esperado segundo debut de la empresa sin la magia de papá en frente de ella.

Mi cabeza estaba llena de mil cosas, pero dentro de todo ese agitado océano de problemas tuve un pequeño momento de satisfacción porque por fin mi mayor molestia había quedado descartada y la taché de la lista que llevaba a diario en mi agenda mental. La familia del mozuelo musculoso por fin hizo lo correcto y alejó de mi hermano sus manos, sus ojos de mi hermano y hasta sus comunicaciones.

Me enteré gracias que el muchacho había sido admitido en la Escuela Superior Militar de Krasnodar donde lo tendrían controlado al milímetro. Fue mi buen amigo Georgi Popovich quien me confirmó la información y me dijo que ya no debía preocuparme porque alguien más molestase a Yuri.

Estaba feliz dentro de tanta infelicidad y hubiera querido relajarme más de no ser por otro molesto sentimiento que me había invadido durante esos días. Era una idea que, desde que apareció como un tímido y fugaz pensamiento, me dio vueltas en la cabeza sin dejarme en paz.

¿Por qué las llamadas de Anya y el mensaje que dijo haberme enviado no ingresaron a mi celular?

Revisé el aparato, comprobé las horas en las que ella habría llamado y no encontré algo extraño, ni siquiera la huella que indicase que el mensaje fue borrado. Sin hallar el indicio de manipulación de mi celular observé cómo se apagaba la pantalla del artefacto mas no la sensación de que algo malo había pasado con esas comunicaciones.

Sospechaba que la chica con la que Anya me descubrió como el más mentiroso e infiel de los infieles, fue la persona que tal vez había manipulado mis comunicaciones. Esa idea venía una y otra vez a mi cabeza, solo que no podía encajar esas acciones con la manera de ser y los objetivos que ella buscaba conmigo esa noche.

Mi encuentro con la chica sin nombre fue demasiado casual, la conocía de vista y fuimos presentados por uno de los muchachos que formaba parte del equipo que produciría los anuncios para la nueva colección de Olaff Magnus en la que trabajaríamos al llegar la primavera. Durante las horas que conversamos, bebimos y nos gustamos, la vi ansiosa por la campaña, no noté otro interés de su parte y solo cuando le insistí un par de veces en ir a otro lugar más íntimo a seguir celebrando fue que ella la que cedió a mis desesperados instintos.

Sin embargo, debía salir de dudas, así que le llamé para comprobar o desmentir mis sospechas, pensé que ella iba a decir que sí lo hizo por algún descuido o porque tenía algún interés en mí o que tal vez supuso que ese acto no me crearía un problema tan serio con mi novia. Quería cualquier explicación que justificara ese vacío y me dispuse a encontrarla.

Luego de hacer un par de llamadas a mis conocidos por fin supe cuál era el nombre de la rubia de flequillo dorados.

—Katrina —Así se llamaba—. Hola. —No deseaba que mi voz delatase mi desesperación y siendo el maestro del disimulo le hablé con calma—. Te llamaba para saber cómo estás, lo que pasó el otro día fue muy bochornoso para mí y por supuesto para ti también.

—Víctor cuánto lo siento. Yo me pregunté todo este tiempo ¿cómo no pudiste recordar que tu novia regresaba esa mañana? —Ella hablaba muy serena y no noté ninguna señal que me indicase que había sido ella la interesada en provocar un mal momento con mi novia—. ¿Cómo están ahora los dos?

—Rompimos y bueno ya te imaginarás que ella no quiere verme ni hablar conmigo. —No sabía cómo abordar el tema de las llamadas, pero mi gran curiosidad me llevó a armarme de valentía y honestidad para preguntarle sin sonar ofensivo—. Este… hay un tema que me está molestando y quería saber si tú podías darme alguna explicación.

—No te entiendo. —Ella tomó aire y por el sonido del ambiente la imaginé acomodándose en el sofá de su sala o tal vez en el espaldar de su cama.

—Mi novia insistió que ella me había enviado un mensaje avisándome sobre su regreso y que llamó varias veces del aeropuerto y no pudo comunicarse conmigo. —Sé que sonaba estúpido porque esa noche Katrina estaba más ebria que yo, pero mi desesperación me hacía actuar demasiado irracional buscando las respuestas—. Yo pensé que tal vez tú… podrías haber…

—¿Tomado tu celular para ver tus mensajes íntimos y sabiendo que eran de tu novia borrarlos? —Ella calló unos segundos y con cierta indignación en la voz prosiguió—. No soy esa clase de mujeres Víctor.

—Es que no sé qué explicación más darle a lo que pasó. —Mi mente comenzó a jugar en mi contra y en ese instante quería recordar si fui yo el que tal vez de forma inconsciente borró esos mensajes o apagó el celular, eso resultaba ser contraproducente porque yo necesitaba a Anya más que nunca en mi vida—. No encuentro la huella de que algo haya sido borrado de mi celular, pero ella insistió tanto…

—Víctor solo tengo dos explicaciones que darte y lo hago para que no me sigas jodiendo más con tus asuntos. —Para ese momento Katrina estaba ya muy molesta y yo solo callé porque tal vez su opinión me daría una pista de lo que había pasado—. Tal vez tu novia solo hizo la prueba, muchas mujeres lo hacen para descubrir si sus hombres les son infieles. Tal vez ella no te llamó, aunque diga lo contrario y bueno se encontró conmigo en tu cama. Tal vez ella no quiere admitir esa trampa para sentirse más víctima de lo que ya es.

Ella calló y pareció que tomó un sorbo de agua, luego ordenó a alguien que la deje sola un rato y volví a escuchar su respiración en el auricular.

—Dijiste que eran dos explicaciones Katrina. —La primera me resultaba lógica, pero no podía creer que Anya fuese capaz de hacerme una jugada como esa.

—La segunda es más simple. —Volvió a callar provocando que mi desesperación vaya en aumento. Hubiera querido gritarle que la diga ya, pero esperé su teoría—. Alguien manipuló tus mensajes, alguien que no soy yo porque con las justas entiendo el mecanismo de mi celular; alguien que sabe bien como borrar tus mensajes, tus llamadas y que tiene acceso a tu teléfono y además conoce bien tu clave, alguien que estaba en tu casa o tal vez en tu oficina.

No pude decirle nada más porque con mucho temor esa teoría me resultó más verosímil y digo temor porque de inmediato se formó en mi mente la imagen clara del presunto perpetrador. Rubio de dieciséis años, con ojos de tigre y carácter de ogro.

Yuri.

—Tu silencio me dice que hallaste al culpable Víctor. —Ella bajo el tono de su voz y con lo que parecía ser una sonrisa en sus labios se despidió con otra frase que me dejó más asustado—. Si fue tu novia la que tendió la trampa debe estar muy mal por haber descubierto lo falso que eres, pero si fue otra persona la que borró esos mensajes es porque tiene mucho interés en tu novia o en ti.

Cualquiera fuera la verdad sobre las llamadas el panorama no se veía nada bien y de inmediato comencé a elaborar hipótesis en un intento de solucionar el problema. Y tras darle algunas vueltas a las ideas de Katrina solo una de ellas cobró más importancia.

Me era muy difícil imaginar que fuera Anya la que me hizo caer en una trampa. Me parecía más probable que Yuri fuera quien urdió algo y manipuló todo. Llegué a esa conclusión de inmediato al recordar que mi novia dijo que estuvo llamando por la línea fija pero nadie respondió  y en esa madrugada, además de Katrina, solo Yuri se encontraba en casa.

Pero, ¿por qué?

Entonces dos nuevas dudas volvieron a surgir y mientras en forma casi automática volvía a marcar el número de Anya, mi mente resolvió el misterio y mi corazón se aceleró descubriendo que ambas teorías podrían ser válidas.

Yuri había hecho todo ese embrollo porque estaba molesto al ver cómo engañaba a Anya y quiso darme una dura lección o Yuri estaba cobrando una venganza por haberlo alejado de su compañero de equipo. Negué varias veces pensando lo loco que sonaban ambos argumentos, pero no podía descartarlos.

El tono del celular sonó por quinta vez y, cuando pensé que mi llamada sería rechazada una vez más, Anya respondió. Me quedé casi sin voz al escuchar la suya diciendo mi nombre.

—Víctor. —Parecía que estaba resfriada y solo imaginé que su voz sonaba nasal porque había llorado demasiado—. ¿Qué quieres?

—Anya… yo… solo quiero hablar contigo, pero no por teléfono. —Sentirse culpable es una sensación horrenda que te persigue todo el tiempo y no sabes dónde ocultarte de ella—. No quiero forzar nada Anya, solo quiero hacer lo correcto.

—Esta noche parto para Suiza… creo que podemos vernos en la cafetería de enfrente de la productora en dos horas. —La escuché tan determinada como siempre. Amaba tanto ese lado de Anya y a la vez lo odiaba porque me daba mucho miedo.


La siguiente hora me arreglé lo mejor que pude para ella. Salí del baño privado de mi oficina y a pesar que llevaba mucha prisa me detuve frente a la fotografía de mi padre que dominaba la pared frontal y me puse a pensar qué fue lo que le dijo a mamá cuando ella descubrió que le fue infiel con la hermosa modelo Plisetskaya.

Estaba seguro que se sintió tan miserable como yo en esos momentos. Sostuve mi mirada en sus ojos y le pregunté qué me aconsejaría él en ese instante si me viera metido en un lío de faldas y lleno de culpa. Pero si él estuviera vivo, tal vez yo no estaría teniendo ese problema.

Si había buscado el calor de otras mujeres fue porque no quería hacer realidad mis sucias fantasías sobre el cuerpo de mi hermano.  Si mi padre estuviera vivo Yuri viviría con él en la mansión de Moscú o tal vez en el departamento de Petrogradsky y yo seguiría unido a Anya porque le hubiera sido fiel esos meses de lejanía, como lo fui durante los años de perfecta relación que tuvimos.

Los minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos y anticipando el problemático tráfico de la tarde salí con algo más de media hora de antelación hacia la cafetería. Anya no tendría que hacer tan largo viaje y estaba seguro que al ver mi auto estacionado saldría de inmediato de la oficina. Lo que no me quedaba claro era cómo iba a pedirle perdón y cómo le haría entender que me diera otra oportunidad. La conocía tan bien que temía su respuesta.

Ingresé a la cafetería cinco minutos antes de la hora pactada y a través del visillo de la ventana observé el edificio donde trabajaba Anya.  Una antigua construcción de diez plantas construido en la época del soviet que lucía tan soso como en su estreno, con paredes lisas, ventanas pequeñas y sin más adornos que un dintel con doble jamba en la puerta de ingreso.

Un lugar muy feo por fuera, pero muy bien acondicionado por dentro. Las oficinas de la empresa productora de documentales eran muy cómodas y amplias y los artilugios tecnológicos con los que contaba lo convertían en un lugar bastante acogedor.

Estaba algo ansioso y cuando vi a Anya salir y cruzar la pequeña plazuela que estaba en la parte frontal del edificio me puse en estado de alerta, repasando todos los argumentos posibles para explicar mi horrenda conducta. Confieso que a esas alturas todavía tenía esperanza de ser perdonado y tal vez intentar retomar la relación.

Anya ingresó y me ubicó de inmediato, yo me puse en pie y le sonreí, me acerqué con cariño y con miedo, quise abrazarla como siempre lo hacía y darle un beso; pero ella me rechazó y sus ojos oscuros me vieron con enojo y molestia.

Me merecía el rechazo, pero me dolió más de lo que yo habría imaginado. Esa mujer fue mieles y rosas para mí durante un buen tiempo de mi vida y sentir su amargo desdén fue como sentir una cascada de agua helada golpeando tu cuerpo. Claro que no se comparaba a sentir la frialdad de un puñal llamado traición como el que yo le clavé dos semanas atrás.

—No creo que sea demasiado lo que tengamos que hablar Víctor por eso quiero que me respondas con la verdad. —Directa como siempre, así era mi Anya. Una mujer resoluta y bella que yo quería recuperar—. Solo quiero honestidad de tu parte.

—A eso he venido. —En parte decía la verdad, quería decirle lo mal que me sentía y lo que estaba dispuesto a hacer para arreglar todo el caos que provoqué; pero jamás podría admitir que toda esa estúpida forma de actuar tenía como origen un sentimiento que había cobrado los colores rojizos de la pasión y los oscuros ribetes de la lujuria perversa.

—¿Por qué no confiaste en mí? Si me hubieras dicho que estabas en tu límite hasta hubiera entendido que fueras a algún lugar a alquilar los servicios de una profesional, pero lo que hiciste no solo fue infidelidad… fue una traición. —No me esperaba esas palabras de Anya, la mujer nunca terminaba de sorprenderme.

—No sé por qué lo hice, fue cosa del momento. —Mi cara de niño arrepentido no estaba dando resultado porque el gesto de Anya no cambió desde la última vez que la vi en el departamento—. Pero te juro que jamás, jamás volveré a hacerlo, ya sé cómo es vivir con tu desprecio y es horrible, Anya por favor no me dejes… te necesito.

—Víctor… ¿me necesitas o me amas? —Su mirada límpida atravesaba la mía y me hacía sentir como el peor gusano asqueroso de la tierra. Anya tomó mi mano y la apretó entre la calidez de las suyas—. Dime tu verdad, no aquello que yo quisiera escuchar —dijo con la voz quebrada y reiteró—. ¿Me amas?

Bajé la cabeza porque no podía soportar su intensa y ansiosa mirada. —Sí… sí… yo… yo te amo. —Dudé tanto en darle mi respuesta que ella entendió lo que yo no quería admitir en voz alta.

—Gracias Víctor. —Una gruesa y negra lágrima bajó a prisa y se estrelló contra la mesa de madera de la cafetería. Anya volvió a darme una lección de entereza—. Yo aún te amo, pero sé que nada volvería a ser como antes. —Tomó algo de aire y limpió la oscura huella de su dolor con el papel servilleta que tenía a la mano en el servilletero de la mesa—. Será mejor decirnos adiós.

Mordí mis labios y quise tomar su mano para retenerla porque junto a Anya me sentía seguro y alejado de los horrendos monstruos que acechaban mi mente y paseaban por mis venas tentándome a comportarme como un animal. Junto a ella yo estaba seguro de dominar a todas esas bestias y de no escarnecer a mi hermano.

—Si tan solo hubiera recibido tus llamadas a tiempo. —Ese fue el comentario más tonto que dije casi sin pensar.

—¿Qué hubiera cambiado Víctor? —Ella sonrió y limpió la segunda lágrima que todavía se sostenía a mitad de su mejilla—. Solo habría prolongado este momento.

Tenía tanta razón y ella no se merecía estar junto a un hombre que solo la tendría a su lado con el propósito de no cometer un acto vil. Ella merecía alguien que la amara y la pusiera como número uno entre sus prioridades.

—Anya. —No podía encontrar otro argumento más para sentirme algo mejor por mi comportamiento—. No me odies. Por favor… perdóname.

—Tal vez con el tiempo logre hacerlo. —Su amor estaba herido de muerte y yo era quien portaba el arma homicida—. Pero por ahora no puedo Víctor.

Alguna vez me dijeron adiós rompiéndome el corazón. También dije adiós a muchas parejas por temas tontos e inmadurez; pero nunca me imaginé siendo yo el malo y dejando a una mujer con el alma rota. Anya se puso en pie y me dio un beso en la mejilla como despedida y con pasos cortos caminó hasta la avenida.

La vi partir de mi vida esa tarde gris cuando empezaban a caer los primeros copos de la nieve de diciembre. Con su sweater rojo de cuello alto muy ajustado a su hermoso cuerpo, el pantalón negro apretado que mostraba sus bellas piernas, esas que yo repasé con mis manos y mi boca tantas veces. Con el grueso y plateado chaleco de plumas. Con la ushanka coronando su larga cabellera de medianoche, con el andar de una princesa, con el coraje de una amazona y con el alma de una muñeca rota.

Cruzó la plaza rumbo a la productora y cuando la vi desaparecer tras el umbral oscuro de la puerta me sentí huérfano. Mis señores abismales no se atrevieron a decir una sola palabra, solo la oscuridad de mi mente y la sensación de la nada me invadió durante algunos minutos en los que me quedé observando el edificio viejo donde Anya seguramente limpiaba sus lágrimas.

¿La volvería a ver algún día?

Esperaba que sí y que ese día no tuviera tanto dolor y rencor en la mirada. Si ese día llegaba esperaba verla feliz, aunque no fuera conmigo y que mi traición solo quedara como una mala anécdota en su vida. Pedí que Anya me perdonara y que en un futuro no muy lejano pudiéramos volver a tomar un café y conversar de la vida o de los coches caros, de las políticas de conservación de los bosques o de la última colección de trajes con telas recicladas como ella proponía. Conversar como dos amigos, como lo hicimos el día que nos conocimos.

Como si hubiera despertado de un mal sueño volví en mí, mis temores y mis dudas volvieron a clavarse como cardos. La actitud que tuvo Anya al decirme adiós me demostró que ella no pudo haber usado una estrategia tan pueril diciendo que sus llamadas no ingresaron a mi celular y que sus mensajes tampoco. No pudo haber inventado todo solo para ver si le era fiel. Anya se amaba tanto a sí misma que jamás usaría esas estrategias.

Entonces mi corazón se achicó y mi estómago quedó sumido en un gran vacío cuando recordé la segunda teoría de Katrina. Alguien más debía haber manipulado mi celular, alguien que sabía cómo hacerlo, que conocía la clave de acceso y podía hacer maravillas con la tecnología. Alguien que quería a Anya lejos de mí.

Solo había un sospechoso en mi lista y con temor supe que debía enfrentarlo, aunque me ganara su rechazo y desconfianza. Me levanté del asiento, pagué la cuenta del café que quedó intacto y frío en la taza, subí a mi coche, miré por última vez el feo edificio de la productora que no volvería a visitar y me dirigí a casa dispuesto a poner las cosas en su lugar.

Media hora después ingresé a mi departamento con la rabia a flor de piel y busqué entre sus cosas una evidencia, algo que indicara que Yuri estaba interesado en hacerme sentir lo mismo que sintió unos días atrás. Estaba seguro que todo eso fue una venganza para que yo también perdiera a un ser que amaba. Que me alejó de mi novia tal como yo propicié la partida del chico de Samara con el que salía casi todas las noches provocando esos mórbidos celos que me hacían arder el corazón.

No encontré ni un indicio.

Escuchando algo de música y actualizando las redes de la empresa esperé hasta que Yuri llegó de la escuela después del entrenamiento y decidí ser directo. Tenía que desenmascarar a esa bella serpiente traicionera. Sin embargo, en el fondo quería que todo fuese una confusión, que en verdad lo que sucedió con mi celular fuera un problema tecnológico o de la empresa de comunicaciones. No deseaba que fuera mi hermano el responsable de tanto dolor.

Lo escuché llegar al departamento como cada noche y caminé a su encuentro con toda la rabia encima. Al verme quiso saludarme con la mano levantada y el “hola” acostumbrado, pero no lo dejé terminar.

—¡Quiero que me digas si fuiste tú quien borraste los mensajes y las llamadas de Anya de mi celular! —Mi voz retumbó en la sala y los ojos de mi hermano tomaron el brillo de un tigre acorralado en la montaña—. ¡¿Fuiste tú quien apagó mi celular para no recibir esa mañana sus llamadas?!… ¡¿Fuiste tú quien cortó las líneas del teléfono fijo para que ella no pudiera comunicarse conmigo?!

Con la actitud de una pequeña fiera soltó el maletín de la escuela al piso, peinó su melena con los dedos y se quedó callado e inmóvil mirando el piso de la sala.

—¡Diloooo! —grité porque mi paciencia ya se había agotado.

Quería que dijera que no, que se sintiera ofendido por mis acusaciones, que me mandase al diablo o más lejos como solía hacerlo a veces y que se encerrara en su dormitorio por horas tras estrellar furioso la puerta.

En cambio, él caminó hacia mí lentamente, mostró el rostro altivo y sosteniendo su dura mirada de jade dijo sin dudar.

—¡Si! ¡Fui yo!

Notas de autor:

Ushanka es el típico gorro con orejeras ruso, aunque también lo utilizan otros pueblos de Europa Oriental. Hola queridas lectoras otra vez con las actualizaciones semanales espero les guste el capítulo.

¿Qué creen que le dirá Yuri a Víctor para justificar su conducta?

Muchas gracias por leer y apoyar la historia.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: