Tercer acto: Desaparición


11 años

En medio de la pista hay un hombre: Víctor. Y a su lado se encuentra un niño: Yuuri, quien aplaude cada vez que una llama nace de las manos de Víctor, cada vez que puede acercarse a ella y mirar con detalle cómo los haces de luces naranjas y rojizos bailan ante su cercanía, como si fuera un soplo de viento que quisiera extinguir. Yuuri pasa su mano a través de ella, con confianza, y atraviesa el fuego siendo consciente de que este nunca va a lastimarlo. Recuerda la primera vez que Víctor lo retó a hacerlo, como le dijo que no podría volver a ese lugar si es que no era lo suficientemente valiente para intentarlo. Imposible para Yuuri saber que solo jugaba un poco con él, que de verdad la llama se partiría ante su tacto, sin hacerle daño, y tomaría la forma de un hombre sobre patines que se deslizaría a través de sus sueños.

Y justo eso ocurre en esta ocasión, aplasta la llama con su palma entera, como si chocara los cinco con Víctor, para después verla partirse en pedazos que se transmutan en algo más: primero una mariposa llameante, después un enorme copo de fuego…  Y, por último, la figura de un caniche peludo.

—¡Makkachin! —Yuuri celebra alzando sus brazos al aire y después coloca las manos, con palmas extendidas, junto a las de Víctor, donde la pequeña figura canina apenas cabe sobre ellas.

El caniche de fuego se mueve como si emitiera un ladrido insonoro y, tras agitar su cola un poco, provocando que chispas miniaturas salten de su cuerpo, da un brinco hasta las palmas de Yuuri y se sienta sobre ellas, con la lengua de fuera.

—Siempre lo recuerdas… —pronuncia Víctor mientras observa la escena enternecido, sin evitar que un tono melancólico se cuele por su voz.

Después de casi un año, le fue imposible evitar que Yuuri apareciera en ese sitio, por lo que no tuvo más que aceptar su presencia como una realidad. Eso no implicaba que le molestara, al contrario, siempre ha sido más feliz de tenerlo a su lado de nuevo y de que las cosas vuelvan a ser como antes, aunque de una manera inversa. La preocupación ahora ya no recae en el pensamiento de si Yuuri aparecerá o no esa noche, pues sabe que será así, sino de prepararse para su llegada y asegurarse que nadie más sepa de él.

El acto personal para Yuuri continúa, pero justo antes de su cierre favorito, cuando Víctor hace llover sobre él chispas de fuego que nacen de la misma nada, ambos logran escuchar un rumor de pasos y palabras aproximarse a la carpa. Víctor cuenta tres personas: Mila, Georgi y Chris.

—Oh, ha sido más pronto hoy…  

No es la primera vez, por supuesto, por lo que Yuuri sabe lo qué significa. Es imposible que sus mejillas no se inflen en molestia y un puchero, que a Víctor siempre le parece adorable, no se dibuje sobre su rostro. No es para menos: han arruinado la parte favorita de Yuuri otra vez.

—Ya sabes qué hacer. Nos veremos mañana y te daré un mejor show. —Víctor revuelve el cabello de Yuuri: será imposible que alguna vez se olvide de su textura, de su color, de aquel largo que siempre le llegó casi a la cintura.

Yuuri asiente, aún con las mejillas infladas, y corre hasta las gradas del lugar, sitio por el que deberá escabullirse para salir de la carpa sin ser visto. Una vez cruce el límite que divide el circo de la calle principal, él despertará en casa, como siempre.

Una vez ve a Yuuri esconderse, Víctor toma un par de esferas metálicas que hay en el suelo, a lado suyo, y las enciende al colocarlas sobre sus palmas. Justo en ese momento escucha los pasos de aquellas tres personas crujir en el suelo de la pista.

—¿Qué haces aquí tan tarde aquí, Yuuri?

Víctor hace amague de estar a punto de lanzar las esferas al aire, pero se detiene al escuchar esa voz llamarlo. Se gira y finge sorpresa, como si no los esperara ya.

—¡Oh! Hola…  Practico, ¿no se nota? —Víctor sonríe y les guiñe un ojo, para instantes después volver en lo que se había quedado: las esferas llameantes son lanzadas al aire.

—Tu acto es espléndido, querido —comenta Mila, quien cubre con un saco largo y oscuro el traje dorado y deslumbrante que utilizó en la función de esa noche—. ¿No crees que practicas demasiado?

—Nunca es demasiado, siempre se puede inventar algo nuevo…

Víctor presume, es obvio, pues deja que una de las esferas encendidas baile y gire sobre su dedo como si se tratara de un balón de básquetbol. Sin embargo, una rafaga de aire lo golpea desde un extremo, provocando no solo que el fuego de las esferas se extinga, sino que estas caigan al suelo en un sonido sordo. No necesita voltear para saber que eso ha sido causa de Chris, quien reacomoda el moño que acompaña su traje de presentador. Su expresión se torna seria, aunque una sonrisa se mantiene ensombrecida sobre sus labios.

—Creo que ha llegado la hora de que hablemos seriamente, Yuuri. Tenemos ciertas sospechas de que algo ocurre, pero queremos hablarlo antes de que tenga que llegar a oídos de Feltsman.

Georgi se mantiene apartado, sentado en la grada inferior. Sobre su rostro hay maquillaje de payaso algo corrido por el sudor, lo que le da un aspecto deprimente y algo espeluznante. Al sentir la mirada penetrante de Víctor sobre sí, simplemente encoge sus hombros.

—No me mires a mí, es sospecha de Chris.

—Parece que hablas con alguien, querido —continua Mila—. Siempre, cada noche. No importa en qué ciudad estemos.

Víctor había caminado un par de pasos para volver a tomar las esferas, pero se detuvo justo antes de inclinarse: no por las palabras que acababa de escuchar, sino porque del exterior de la carpa provino el grito aterrado de un niño.

2 comentarios sobre “Tercer acto: Desaparición

  1. ¡Hola, de nuevo!
    Sigo teniendo una confusión cada vez que mencionas a Víctor y Yuuri XD ¿por qué Víctor cambió de nombre ante Chris, Mila y Georgie? Es Víctor, Víctor?

    Me gusta

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