Segundo acto: Fuego


10 años

En medio de la pista hay un hombre: Víctor. Sobre sus manos nace fuego, llamas rojizas que iluminan su semblante entre las entrañas de la oscuridad. Practica su acto solo porque aun no termina de compenetrarse con el resto de sus compañeros… Y porque a veces extraña, a veces duda de lo que ha hecho para llegar hasta ahí y hacer eso logra distraerlo. No es que se arrepiente de lo que ha dado, nunca lo haría, pero sí de no haber pensado en alguna otra posibilidad que le permitiría compartir el destino con él.

Aspira un gran bocado de aire y se inclina para tomar del suelo un trio de esferas metálicas, las cuales alimenta con las llamas de sus palmas hasta volverlas bolas de fuego que crujen al consumirse de forma perpetua. Con ellas comienza a hacer malabarismo, recreando con el movimiento de sus brazos un efecto que cada vez se vuelve más veloz hasta que logra crear un aro de llamas en el aire. La primera vez que lo hizo frente a un público, todos enloquecieron, y fue capaz de arrancar más de alguna exclamación de asombro y una multitud de aplausos que cayeron sobre él. En ese entonces sonrió con un gesto extraño, pero pronto se acostumbró a la fascinación que su acto generaba y, sobre todo, a la idea de ser visible frente a tantos.

Su atención se concentra en aquellas esferas que han desaparecido en la forma del aro, hasta que siente una mirada ajena sobre su espalda. Las esferas caen al suelo y el impacto mata el incendio en ellas. No tiene miedo, solo incomodidad y extrañeza por esa mirada que no debería encontrarse ahí, sobre todo cuando, al girarse, comprueba que efectivamente hay un par de pequeños ojos que lo escudriñan desde la oscuridad. Bajan de las gradas vacías, con pasos lentos, como si tuvieran miedo de caer. No es hasta que la luz leve de la pista ilumina las facciones que Víctor se atraganta de la impresión.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta con una voz temblorosa.

Yuuri, el niño dueño de esos ojos que lo observan, alza los hombros y mueve su cabello largo al negar con la cabeza, queriendo decir un “no sé” en realidad.

—¿Cómo haces eso? —Yuuri apunta a las esferas ennegrecidas de hollín que se encuentran en el suelo.

Víctor aprieta sus labios hasta hacerlos temblar. Se pregunta cómo él ha llegado hasta ahí, pero al mismo tiempo, desea no saber la respuesta: lo único importante es que debe hacer que se vaya antes de que Yakov o los demás puedan verlo.

—Es magia. —Aun así, le es imposible no responder, sobre todo cuando Yuuri se ha acercado más a él y la sonrisa que dibuja sobre sus labios, amplia, no deja de cuestionarlo con genuina curiosidad.

—¿Magia?

Los ojos de ese niño se iluminan con un toque acuoso y Víctor siente su corazón estremecerse en un agitamiento brusco. Es extraño que se sienta así con la imagen que tiene enfrente, tan familiar, tan suya, pero sabe que lo del interior es lo único que importa. Por eso él debe irse.

—¿Puedes enseñarme?

Víctor se muerde el labio, se tienta con la posibilidad de un par de minutos. Después de todo, siempre creyó que nunca volvería a verlo, ¿qué daño haría un poco de tiempo más? Pero finalmente es la precaución la que hace retroceder su deseo: ¿haber hecho tanto para arruinarlo por poco?

—No, debes salir de aquí, Yuuri. —El niño alza su rostro con asombro y lo mira. Ese es su nombre, ¿cómo lo sabe?

Víctor extiende su mano y con una sonrisa le insta a que confíe. Yuuri así lo hace, algo en el hombre le inspira una familiaridad que no puede negar, como estar con él mismo; pero cuando pretende que sus manos se tomen, sus dedos terminan por traspasarse como si fueran aire. Víctor retrocede y, por un instante, cree que es él mismo el responsable, lo cual lo desconcierta, pero entonces nota la transparencia en el cuerpo de Yuuri y como, al poner atención, puede ver la arena del suelo a través de su estómago.

Ah, lo entiende ya. Él no está realmente ahí. Él sueña.

Víctor sonríe con un gesto agrio. Vaya efecto secundario más curioso.

—Te llevaré a casa, Yuuri. Tal vez un pequeño susto será suficiente para hacerte despertar. Pero recuerda: no vuelvas a soñar conmigo nunca más.

2 comentarios sobre “Segundo acto: Fuego

  1. ¡Hola!
    Creo que mi parte favorita de estw capítulo es la descripción del acto de Víctor. Me fue muy fácil imaginar en qué consistía y admito que me hubiera quedado igual de impresionada que Yuuri, ¡fue mágico!

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    1. Quería que fuera parte de una buena introducción… ¡Y me alegra mucho haberlo logrado!
      La escena de control el fuego siempre me ha parecido genial y quería decribirlo a la altura ❤

      Le gusta a 1 persona

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