SinLímites: III. Consecuencias.


Tercer capítulo de sin límites y por fin empezamos a ver algo de interacción de nuestras parejas favoritas. Disfruten de la lectura ♥

ADVERTENCIA: este capítulo contiene R-18 o contenido adulto sexual explícito.

Yuri ronroneaba con ojos llenos de deseo. Arqueó su espalda mostrando su vientre al alfa, una señal de sumisión que lo hacía vulnerable e indicaba que estaba a su total disposición. Jamás había llegado a pensar que se ofrecería de esa forma en sus cinco sentidos, pero ahora su instinto animal era lo que predominaba y marcaba sus acciones.

El alfa de cabello negro fue hasta él para cubrirlo con su cuerpo grande y duro, pero en lugar de someterlo comenzó a olisquearlo y lamer su cara, cuello y el hueco de sus hombros…

Comprobaba que el omega estuviera ileso y no tuviera ningún rastro de herida. Yuri se sintió complacido por las dulces atenciones, pero no pasó mucho tiempo antes de que se desesperara. ¡Estaba bien! y muy, muy caliente. Su culo literalmente chorreaba porque ese alfa lo cabalgara, pero en lugar de eso, se dedicaba a lamerlo y perder su tiempo.

Las uñas de Yuri crecieron como las de un gato salvaje para enterrarse en la espalda ancha y bien formada a modo de castigo, llamando la atención del alfa. En ese momento sus ojos se encontraron, azul cielo contra verde eléctrico. Y fue cuando las conocidas mariposas en el estómago empezaron a revolotear, como si cayeran al vacío para ser recogidos por unos suaves brazos en un colchón de plumas, la sensación de estar justo en el lugar indicado, de haber encontrado algo que faltaba y que no habían notado hasta ahora, como respirar por primera vez porque nada de lo que habían hecho hasta entonces funcionaba de forma tan correcta como ahora.

El gran alfa desgarró con facilidad las telas que cubrían a Yuri con sus colmillos mientras que sus manos se deshacían en caricias y toques, dando dulces mordiscos en la piel suave del omega que dejaban huellas rojizas en todo su cuerpo. Pero él tampoco se quedaba atrás, mordía y arañaba la piel que se exponía su antojo, como si fuera un gatito al que acababan de dar un nuevo poste en el que limar sus uñas.

Yuri elevó sus caderas ronroneando, buscando que el alfa dejara los juegos previos y lo complaciera por fin. Quería tenerlo dentro de él, su cuerpo entero suplicaba por ello. Los ojos azules se rasgaron por la provocativa invitación y asiéndolo fuertemente por sus caderas se hundió en él sin preparación, pues el cuerpo de un omega se adaptaba de forma natural al de un alfa.

Yuri entonces gimió con fuerza, al sentirse lleno por primera vez. Pudo notar el miembro grande y duro que palpitaba abriéndose paso en su interior. No era desagradable, pero sí más intenso de lo que podía soportar.

Sus uñas se enterraron de nuevo en la piel sudorosa y morena, dejando marcas profundas que al mayor no parecieron molestarle, en lugar de eso se inclinó sobre él volviendo a lamerlo y besarlo de forma dedicada, evitando moverse hasta que el de abajo se acostumbrara a su tamaño.

Fue el mismo Yuri el que de nuevo comenzó a revolverse, exigiendo que se moviera dentro de él, ansiando algo que no sabía pero que juraba debía ser bueno. La primera embestida fue un delicioso cosquilleo, un placer puro y primitivo viajó por el cuerpo de ambos haciéndolos jadear. El cuerpo de Yuri era estrecho, cálido y muy húmedo, atrapaba su pene obteniendo un placer asfixiante y adictivo, haciendo que sujetara sus caderas para chocar una y otra vez con fuerza contra el pálido trasero.

En un segundo, Yuri fue volteado y quedó en la hierba sobre sus manos y rodillas, con su trasero elevado para facilitar el acceso a su entrada y, aunque se resistió a dejar de ver el fascinante cuerpo bronceado y lleno de músculos perfectos, el agarre en sus caderas le impedía moverse, condenándolo a clavar las uñas en la tierra para arañarla con frustración. No había podido imaginar que las embestidas pudieran ser incluso más profundas e intensas.

Lejos de amedrentarse, sus caderas se movían hacia atrás, buscando chocar con fuerza contra el delicioso miembro que sacudía violentamente su interior, haciéndole gemir con fuerza para tratar de recuperar el aire entre cada dulce embate.

Sus ojos se nublaban de placer, le costaba mantenerlos abiertos, y cuando los cerraba parecía que la única parte del cuerpo que sentía era su culo, recibiendo goloso lo que le daban. El cuerpo cálido de su alfa sobre él lo cubría y le hacía sentir seguro para bajar sus defensas y sus murallas y dejarse llevar, olvidándose de su nombre y de todo lo que no fuera chillar de placer.

Su entrada se contrajo, avisándole que se acercaba el fin, y el alfa comenzó a olisquear su cuello, lamiendo y mordisqueando la zona para prepararla a lo que venía. Yuri sintió un par de colmillos introducirse en su piel, su corazón palpitó con fuerza contra su pecho y sintió como parte de su alma escapaba para unirse al cuerpo contrario. No había forma de explicarlo con palabras, pero, a medida que la marca aparecía en la base de su cuello él se sentía profundamente unido al alfa, no sólo de forma física, sino emocional. Más que a cualquier otra persona en el mundo.

La espalda de Yuri se arqueó como un arco, el orgasmo lo sacudió y con un grito terminó viniéndose en la tierra, manchando la hierba que la recubría. Segundos después el moreno lo hizo dentro de él, pudo sentir un río tibio mojando su interior, mezclándose con sus propios jugos. Se sintió totalmente satisfecho, completo y feliz mientras sus ojos se cerraban por el sueño, sin importarle dormir con el miembro del alfa aún dentro de él, formando un nudo que los mantendría unidos durante horas.

Yuri despertó cuando el Sol ya se había elevado, iluminando todo el bosque a su paso. Su cabeza daba vueltas, mientras que los recuerdos del día anterior comenzaban a agolparse de forma brusca en su mente: su frustrado intento de huida, como se había llegado a sentir en sintonía con el bosque, el terror que sintió cuando ese alfa intentó violarlo, una pelea, uñas y dientes chocando y ¡Oh, no! Con rapidez llevó la mano a su cuello comprobando la marca que ahora se encontraba en él. ¡Había follado y había sido marcado por un alfa! Y, para lastimar más su orgullo, recordaba también lo mucho que lo había disfrutado.

Abrió sus ojos despacio, con temor a qué encontrarse. Quién sea que estuviera a su lado lo reclamaría como pareja de por vida. Vio a un hombre alto, de rasgos varoniles y atractivos que dormía plácidamente a su lado. Eso era, claro, hasta oír su grito.

—¡¡TÚ!! ¡Por toda la mierda!¡ ¿por qué tú, entre tantos alfas?! ¡JODIDO JJ!

Jean abrió los ojos con sorpresa y su boca se desencajó al ver a Yuri desnudo a su lado.

—¿H e-hemos…?

Calló al ver cómo Yuri trataba de separarse de él, pero su pene seguía dentro, aprisionándolos con un nudo que no se disolvería aún. El omega tiró bruscamente y ambos aullaron de dolor.

—¡Basta! ¡Es imposible que nos separemos de esa forma! Dios…—Jean se llevó las manos al rostro, frotándose con desesperación —. Isabella me va a matar.

Sus palabras sólo hicieron enfurecer más a Yuri, quien comenzó a bramar y a golpearle el pecho encolerizado. Y saber que ni siquiera le estaba haciendo daño, solo acrecentaba más su enfado.

—¡Eres lo peor que podría haberme pasado, demonios! ¿Por qué tú? —volvió a sollozar y Jean Jacques se sintió perdido sin saber cómo consolarlo. ¿Cómo habían llegado a esa situación? Buena pregunta.

Porque él había usado inhibidores para no verse afectado por el celo de los omegas y para no perder los estribos y dejar que saliera su instinto. Participar en el ritual de emparejamiento debía ser una mera formalidad para él, pues su compromiso con Isabella estaba anunciado desde que era un mocoso que sólo pensaba en jugar y no en los omegas.

Ambos tomaron los inhibidores antes del ritual, sólo debían reunirse en el punto de encuentro y marcarla allí. Se suponía que las dichosas píldoras rojas habían funcionado, recordaba haberse encontrado con varios omegas en celo por el camino y los había ignorado sin problemas…luego oyó un rugido.

Un rugido de omega que le pareció enigmático y fascinante, sin saber exactamente el porqué, corrió a toda velocidad hasta el lugar de dónde provenía, clavándose todas las ramas que obstaculizaban el paso. Y, cuando al fin estaba llegando el ambiente comenzó a cambiar, feromonas de terror inundaron sus fosas nasales.

Pudo ver a un omega acorralado por un alfa que parecía tener claras intenciones violentas.

La furia lo invadió y, hasta ahí era normal. No podía soportar que dañaran o maltrataran a ningún omega, para él eran criaturas bellas y perfectas a las que respetaba y trataba de forma gentil sin importar su físico, carácter o procedencia. No podía hacer menos que defenderlas.

Lo que no fue normal es que, luego de derrotar al alfa, todo se volviera borroso. Al ver a Yuri los efectos de las pastillas se habían reducido a nada, como si no las hubiera tomado nunca.

Y eso que los inhibidores que habían comprado eran los más eficaces y caros que se vendían en el mercado. Su familia no había querido correr riesgos para garantizar el compromiso que tenían pactado y de que poco había servido.

El nudo se deshizo y Jean salió cuidadosamente de su interior. Yuri fue más brusco al levantarse recibiendo una punzada de dolor en su parte baja. Gruñó molesto al ver que de momento sólo se había incorporado y no levantado por completo. Su ropa estaba hecha jirones y fulminó al culpable con la mirada, todo menos tener que volver desnudo a casa, rezó.

Jean le tendió amablemente su camiseta, a él le bastaba con sus pantalones y su parte de arriba le iría lo bastante grande para cubrirle hasta los muslos.

El pequeño omega se mordió el labio, un gesto propio en su familia cuando meditaban profundamente sobre algo.

Quería rechazar la prenda y no aceptar nada más de JJ pero, la verdad es que no tenía más opciones. Se la arrebató bruscamente y se la puso sin mencionar un gracias.

—Puedo cargarte en mi espalda y llevarte hasta tu casa. Necesitas descansar.

Yuri bufó aún más y se levantó ignorando el dolor, comenzando a caminar orgulloso a pesar de que su postura revelaba que lo hacía con bastante dificultad. A Jean no le quedó más remedio que interpretar su silencio y miradas de odio como una negativa pero no pensaba dejar a su suerte al omega.

—Aun así, te acompañaré hasta casa —dijo seguro y caminó junto a él sin darse por vencido por los grititos del rubio que le deseaban todos los males existentes.

———————————————————————————-SL

Jean llegó a su casa agotado después de dejar a Yuri en la suya, no tanto por la noche—maravillosa— que había tenido, sino por pensar en las consecuencias que vendrían de esta.

Su madre lo recibió con ojos tristes y desilusionados.

—¿Marcaste a otro? —La respuesta era obvia.

Él asintió, incapaz de pronunciar las palabras. Tampoco se atrevió a mirar a los ojos a los padres de Isabella que lo esperaban en el salón-comedor, furiosos.

—¿Dónde está ella?

—Arriba, llorando en la habitación de invitados —pronunció el padre de la chica con marcado desprecio.

El corazón del joven alfa se estrujó. Adoraba a Isabella e Isabella lo adoraba a él. Puede que no sintiera mariposas en el estómago cuando la veía, ni tampoco había experimentado ningún tipo de pasión o ganas de intimar con ella aún con el tiempo que pasaron juntos, pero ella era bonita y siempre dulce y atenta con él. Jean no hubiese esperado más de una esposa.

Además, se habían criado juntos desde pequeños, cuando sus padres habían decidido que sería beneficiosa una alianza entre las familias. Desde ese entonces se habían cuidado y apoyado. Pero él, ahora la había herido de la peor manera, algo que jamás podría perdonarse.

—¿La marcó otro alfa? —Preguntó dudoso. No sentía el ardor de los celos, pero esperaba que ningún alfa desgraciado la hubiese hecho sufrir en su ausencia.

El padre de ella se levantó furibundo, obligando a los guardias que acompañaban a la madre de Jean a intervenir poniéndose en medio de ambos. Se miraron fijos, sin amedrentarse ante la amenaza que flotaba en el aire.

—¡¿Cómo te atreves?! ¡Mi hija es digna! ¡Ella sí cumplió su parte pactada! —Escupió otra voz con veneno.

Su marido alfa se giró hacia ella, chistándola con la mirada. Puede que estuviera de su parte y compartiera su opinión, pero un omega jamás debía dirigirse así a un alfa, era una afrenta peligrosa. Por suerte Jean Jacques no era el tipo de alfa que tomaría represalias por eso.

—Voy a verla, puesto que era mi pareja prometida es a ella a la que debo explicaciones —su voz salió autoritaria, dejando en claro que no aceptaba réplicas ni nadie iba a impedírselo. Así, subió las escaleras de caracol hasta llegar a una habitación apartada de las principales, donde llamó suavemente a la puerta.

Isabella había tomado sus inhibidores esa noche, había corrido hasta el punto de reunión y se había encaramado con esfuerzo a un árbol alto con sus tacones en la mano. Ahí sería mucho más difícil de ver y oler hasta que Jean fuera a buscarla, porque la buscaría.

Ella había confiado en él, aunque pasaran las horas. Sólo cuando los primeros rayos de Sol habían aparecido en el horizonte, la omega había comenzado a llorar comprendiendo que no vendría y no había parado de hacerlo hasta ahora.

Jean entró en la habitación a pesar de no recibir respuesta e Isabella se llevó las manos al rostro cubriéndose. Era extremadamente presumida y siempre cuidaba su aspecto para verse perfecta, ahora sus labios se habían secado y el rímel había seguido el surco de sus lágrimas, tenía varias ramas rotas entre los cabellos enmarañados. Al alfa no le importó y se arrodilló frente a ella, tomando sus manos y besándolas para disculparse.

—¿Por qué ocurrió?

—Los inhibidores que tomé no funcionaron.

Ella suspiró de forma triste. Había imaginado algo así, Jean Jaques no sería capaz de romper una promesa conscientemente. Debía haber algo más fuerte. Su labio tembló, sabiendo que la respuesta le dolería…pero tenía que saberlo.

—¿…L-lo conozco?

Jean bajó los ojos. No era fácil, pero merecía saber la verdad.

—Yuri Plisetsky.

El sonido de una cachetada cruzó el aire, marcándose en la cara de JJ.

Ella se llevó las manos a la boca, horrorizada por lo que acababa de hacer, había sido instintivo.

—No importa, lo merezco—terció sin prestar atención a su mejilla rojiza.

—Yo…imaginaba que sería él —Ahogó un hipido para comenzar a sollozar de nuevo.

No soportaba a ese chico. Para ser de buena cuna era un omega salvaje y maleducado, incluso alguna vez se había atrevido a insultarla y llamarla bruja, pero JJ no le veía como ella y, aunque su ex prometido siempre era atento y caballeroso con todos los omegas, con Yuri sus ojos brillaban de forma especial. Aun cuando este último era agresivo y odioso con él, JJ parecía emocionado siempre que lo veía, mirándolo con adoración.

Sabía que el torpe de Jean no se había dado cuenta de sus sentimientos, pero ella si los había visto, tan claros cómo el agua.

Como Jean se erguía cada vez que veía pasar al omega rubio, como sus manos sudaban y su tono de voz salía mucho más coqueto en su presencia. Como parecía ser capaz de notar su presencia en cualquier lugar y su atención quedaba completamente cautivada ante el mínimo gesto del menor. ¡Maldita sea!, a ella le costaba un horror que Jean le prestara atención cuando hablara o que no desviara su atención hacia el mismo y el rubio maleducado lo conseguía sin siquiera intentarlo.

Había luchado muchos años tratando de ignorar la verdad que martilleaba su corazón. Creyendo que la nobleza de Jean a la hora de cumplir una promesa y un par de inhibidores caros bastarían para luchar contra el bosque que unía a las parejas destinadas.

Se enjuagó las lágrimas y trató de recomponerse, no quería dañar su orgullo más de lo que ya había sido dañado esa noche.

—Te conozco lo suficiente para saber que elegirás el camino correcto, no eres la clase de alfa que abandona a su pareja marcada —hizo una pausa, lo justo para que Jean bajara los ojos y negara con la cabeza. Ahí moría su última esperanza —. Sólo espero que el valga lo suficiente para que sepa lo que se está llevando… Él no te merece.

Hipó de nuevo.

—Isabella…

—No, no digas nada nada— su mirada había cambiado por una mucho más determinada aunque solo fuera un velo para ocultar su tristeza—. Nada de lo que digas puede aliviarme. Lo único que deseo es no verte más, JJ. Sólo así será menos doloroso.

Su voz se apagó hasta imitar un suave murmullo, se había quedado sin fuerzas y solo quería recoger sus cosas, marcharse y…poder olvidarle.

—Pero aun así deseo que seas feliz, Jean.

——————————————————————————————-SL

Yuri abrió los ojos, esta vez se levantaba en un suave y mullido colchón de plumas. Después de haber dormido las horas que le faltaban. Instintivamente se llevó la mano a la zona del cuello, la marca seguía allí, podía palpar claramente los bordes cicatriciales que había dejado la hilera de dientes del alfa mayor.

Suspiró y medio segundo después, Mila entró en su habitación sin llamar a la puerta, como ya era costumbre.

—¡Así que JJ! Los rumores vuelan ♥

Yuri la miró con odio.

—¡Si vienes a reírte de mi desgracia puedes…!  

—En realidad, ¡estoy feliz, Yuri! Con tu carácter, temía que te emparejaras con un alfa que te domesticara a las malas. Pero conozco a JJ, es extremadamente dulce con los omegas, jamás te levantaría una mano.

—¡Es la peor opción posible!

Mila rió y agitó la mano frente a su cara.

—Sí, sí, lo odias. Todos lo sabemos.

Yuri tembló apretando las sábanas, ella le restaba importancia a su problema.

—Hablemos de otra cosa, si quieres —Mila estiró dos de sus dedos.

—¿Dos?

—Dos omegas. Con ambos a la vez. La verdad es que fue una noche apasionada.

—¿No marcaste a ninguno? —Yuri sonrió malicioso sabiendo la respuesta —. Mira por dónde, tal vez seas tú la que acabe sola y amargada, vieja bruja.

Ella infló los mofletes.

—¡No es como si fuera mi culpa!

Bien, era cierto que un alfa podía elegir marcar a un omega o no hacerlo conscientemente. Pero el inconsciente también influía, si el deseo por el omega era fuerte el alfa podía perder la razón y marcarlo aunque no fuera su objetivo. Mila jamás había sentido ese impulso.

Y para ser francos, ella tampoco deseaba comprometerse con un único omega, ni siquiera formar una familia de la que tuviera que preocuparse cuando combatiera en el ejército. Prefería su vida de libertad actual.

Eso le recordaba… había castigado a alguien en su habitación. El deseo creció en ella como el humo en una fogata y, deseando conocer más a fondo a su víctima, se despidió de Yuri que dejó que se marchara de su habitación casi implorando por ello.

Bajó al primer piso donde preguntó por la habitación del chico. No solía visitar ese ala de la casa, compuesta exclusivamente por las habitaciones pequeñas y mucho más humildes de los criados, no era de extrañar que la miraran entre sorprendidos y curiosos, fingiendo que hacían sus quehaceres.

Una mujer mayor y regordeta vio su oportunidad de despotricar con un acento marcado extranjero en cuanto la alfa preguntó, segura de que el criado debía haber hecho algo realmente malo para que un amo se interesara en él.

—Ese holgazán no ha querido mover su culo en todo el santo día, y sin dar una razón para ello, tan siquiera. Íbamos a decírselo señora, para que usted pudiera castigarlo y ponerlo de patitas en la calle a más tardar. Esta casa siempre ha sido honrada con sirvientes trabajadores y temerosos del patrón, pero ese chico, desde que vino, ya olía a cuerno quemado. Se juntaba con el señorito, no conocía su lugar en la casa…

Mila interrumpió mareada el largo discurso de la mujer que poco le importaba.

—¿En todo el día? ¿Quiere decir que tampoco salió a comer?

La mujer pareció indignada.

—¡Acabose el cielo que le hubiésemos puesto un plato de comida a ese haragán después de lo hecho! No, no llego a esos límites de desvergonzonería y no salió de su habitación desde que llegara entrada la noche.

Mila se relamió los labios con una mirada sádica. Había tomado al pie de las letras sus palabras y no había puesto un pie fuera de su habitación, aunque eso significase no comer ni beber durante todo el día.

Ese nivel de obediencia le hacía hervir la sangre de excitación.

Entró en su cuarto sin llamar, y ahí lo vio. Sentado en su cama e imperturbable ante su presencia.

—Levántate.

Otabek lo hizo sin chistar, complaciéndola.

—No vengo mucho por aquí, así que puede que no me conozcas.

—Te conozco.

Mila se sorprendió, no había esperado que lo interrumpiera.

—¿Me conoces? ¿Y quién soy, según tú?

—Mila Babicheva. La capitana más joven de nuestro ejército. Has ganado más de un centenar de batallas en estos últimos dos años y tienes más condecoraciones de las que puedes guardar en tu cuarto. Eres famosa por ser analítica y estratega, también sabes entrenar muy bien a tus hombres. Todos te respetan y conocen como una de las mayores promesas de la milicia.

Ella dio un paso hacia atrás, no era normal que un sirviente dedicado a limpiar estuviera tan informado de su carrera. Por norma, no se metían en los asuntos personales de sus amos y su conocimiento no debería llegar a más de “es una militar respetada, agacha la cabeza cuando pase a tu lado”.

Pero Otabek había pasado años alistando su habitación cuando ella venía; limpiando, una a una, todas sus medallas —incluidas las tres nuevas que había traído de su último viaje—, la había admirado en silencio, viendo como cumplía un sueño que deseaba para sí mismo con desesperación.

—Si yo hubiese entrado en el ejército, te habría superado.

Los ojos de Mila pasaron del azul del cielo al rojo del infierno, apresó las manos del beta por encima de su cabeza, estrellándole contra la pared. Había lanzado sus feromonas de alfa de forma descontrolada y Otabek sintió la temible sensación agobiante que lo asfixiaba.

Sólo dos veces había sentido esas feromonas, aunque eran de sobra conocidas por los betas. Eran la forma en que los alfas desplegaban su dominio y conseguían que los de escalones inferiores agacharan la cabeza. Las dos veces las había sentido de Mila, y en menos de 24 horas, pero esta segunda vez estaba siendo más intensa, se notaba que ni ella misma podía controlarlas. Podía ser peligroso.

Él inclinó la cabeza, mostrando su cuello libre por si quería rompérselo, una señal de sumisión. Y Mila, poco a poco, se fue tranquilizando y librando el ambiente de sus feromonas.

—Mi sueño era ser soldado —terminó con melancolía y tristeza.

Ella parpadeó, sorprendida de haberse dejado llevar. Solía mantener la cabeza fría cuando la situación lo ameritaba, pero ese beta… le hacía ver que era más pasional de lo que incluso ella misma pensaba. Tal vez no se conocía tanto como creía.

—Así que… ¿tu sueño es ser soldado?

Él asintió.

¿Y por qué no? La única cosa que no disfrutaba del ejército es que no había omegas con los que divertirse en misiones demasiado largas, con noches demasiado frías. Pero los betas sí podían entrar, y ese posiblemente fuera el único beta que deseaba.

¿Por qué no llevárselo para disfrutar de él, cuando no hubiera omegas disponibles? Aunque no fuese de gran ayuda para el ejército…podía permitirse ese capricho.

—Otabek, ¿verdad? ¿Sabes que el castigo por tu falta es perder la vida?.

Este asintió.

—Entonces, a partir de ahora… tu vida me pertenece.

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2 comentarios sobre “SinLímites: III. Consecuencias.

  1. Orale D: ese giro en mila, me gustaria saber si Beka sera capáz de cambiar ese modo imperioso en ella al punto de comprender más a quienes le rodean?

    Y la escena de Jean con Yura xD ahhhhh fue
    Muy movida

    Le gusta a 1 persona

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