Tabú 33


Salí corriendo como si huyera del mismo diablo.

El momento que ingresé a mi auto temblaba sin parar y aún no podía procesar lo que me estaba sucediendo. No estaba dentro de una pesadilla, el pasillo no se iba a convertir en un interminable callejón sin salida, no había un monstruo detrás de mí. Yuri sí había manipulado las llamadas de Anya para alejarla de los dos.

Yuri se dio la libertad de actuar como un amante, no como un hermano y yo estaba aterrado porque frente a mis ojos comenzaba a cobrar vida lo que hasta hacía pocos días era solo una fantasía prohibida. Una fantasía con mechones rubios, con olor a menta y con el deseo desbordando por cada poro de su cuerpo.

Salí del edificio sin ningún destino fijo y manejé durante algo más de una hora dando vueltas por la ciudad, cualquiera que me hubiera seguido pensaría que ese momento yo buscaba una dirección y no podía encontrarla.

Traté de no apretar demasiado el acelerador concentrándome en calmar mis emociones acumuladas que apretaban las válvulas del corazón intentando escapara en un grito o una lágrima. Las luces de la ciudad no me ayudaban a despejar mi cabeza porque muchas de ellas me hacían recordar la candente llama que inundaba mi ser.

Eufórico, así me sentía y con cada calle recorrida, con cada vuelta a la siguiente esquina mi arrebato aumentaba hasta cubrir con un halo de rubor mi rostro y mantener mi cuerpo bajo el ataque de un incesante hormigueo que me recordaba cuánto estaba disfrutando el momento.

Había estado tan aterrado cuando Yuri comenzó a confrontarme que mi cuerpo se preparaba para lo peor, su rechazo y su odio. Pero no fue así, a cambio de todo ese discurso maléfico con el que Yuri me hizo sentir el más miserable de los hombres, recibí el mejor de los regalos: su amor.

Me sentía tan complacido por la revelación que no sabía cómo sacar de mi pecho tanta felicidad. En algún momento desvié por la ruta y me quedé mirando el puente Tuchkov que se elevaba como un gran coloso. Salí de mi coche y aproveché el sonido para gritar al mundo mi felicidad.

Yuri era mío, solo mío para hacer con él lo que yo quisiera. Para acariciarlo como se acarician los lirios en mayo, para adorarlo como se adora a dios en los altares o para convertirlo en mi esclavo y mantenerlo encadenado a mi corazón. Yuri era mío para revolcarnos entre sábanas de seda o en  pútrido fango.

Recordarlo con su actitud de niño malo enfrentando mi autoridad y verlo casi desnudo ofreciéndose sin ningún pudor me hizo sentir el hombre más poderoso porque había logrado lo que muchos no pueden, había hecho realidad un caro deseo, un sucio anhelo que fue mi compañero durante muchas noches de placer en solitario.

Maldita serpiente de ojos verdes que enredada entre mi lengua y la punta de mis pies desató lo peor en mí y me convirtió en una marioneta gobernada por sus deseos. Su veneno me tenía paralizado pensando todo el tiempo en su aroma, su calor y su mirada de los que no podía escapar.

Cuando por fin paré mi loca búsqueda de la nada noté que estaba duro y que había sido tanta la complacencia de mi mente que mi cuerpo reaccionó de inmediato con punzadas placenteras de mi pequeño gran dictador que hicieron temblar mi piel.

Dentro de mi cabeza la legión entera de monstruos festejaba su gran triunfo y alababan sin parar mi gran hazaña. Yuri era mío sin siquiera haber tocado su cuerpo, yo era su dueño y me sentía al borde del éxtasis. Estaba tan lleno de mi placer que solo un par de toques por encima del pantalón fueron suficientes como para que todo mi cuerpo se moviera sin control y se desatara en mí la locura, la risa, el llanto, el deseo y la plenitud al saberme un ganador.

Como el torero que, tras dar la última estocada en el lomo del moribundo toro, ingresa al camerino y al observar su ropa interior comprueba que tuvo una abundante eyección, así me sentí al saber que Yuri también correspondía a mi perverso amor.

Cuando sentí el bajón de mi excitación me puse a pensar en la responsabilidad que implicaba esas revelaciones y no sabía bien qué haría las siguientes horas cuando tuviera que encontrarme cara a cara con el dueño de mis polutas fantasías.

Intenté tranquilizarme para poder pensar mejor y continué dando algunas vueltas más por la ciudad en mi coche. Varias horas después de haber huido como un pequeño ratón tuve que volver a llenar el tanque del auto con nafta y regresé muy cansado al departamento. Olvidé a Anya y mi sentimiento de culpa, olvidé a todas esas chicas lindas con las que me había ido a la cama y, sobre todo, olvidé por fin al hombre por el que sufrí en el pasado.

Yuri fue la medicina para curar todos esos males, aunque sabía bien que como toda droga dejaría secuela en mi mente y mi cuerpo. Pero eso no me importó ya que estaba dispuesto a pagar el precio por ser el amo y señor de ese pequeño hijo de Satán.


En plena madruga regresé a casa con los ojos cansados y el aliento convirtiéndose en vapor. Mis pies congelados avanzaron presurosos el último tramo del corredor y se detuvieron frente a la oscura puerta de mi departamento, mis manos temblaron presintiendo que adentro me esperaban las flamas del infierno sobre su piel y que el azufre se había transmutado en menta.

Ingresé a mi departamento y caminé por la sala que permanecía con las luces encendidas, descalcé mis pies para no hacer ruido al caminar y así poder entrar a mi habitación sin que el fiero dragón notase mi presencia.

Como de costumbre dejé las llaves del auto y mi celular en la puerta en la mesa de la sala y de inmediato llegó a mi mente la imagen de Yuri tomando mi teléfono y borrando los mensajes de Anya. Atrevido niño que en una sola jugada lo había apostado todo y que a pesar del riesgo ganó.

Apagué las luces con el control pues no quería que Yuri escuchara mi voz; desistí de ir a la cocina a prepararme una taza de té para calentar mi cuerpo, di media vuelta rumbo a mi habitación y frente a mí como un espanto apareció la recia figura de mi hermanito que permanecía parado bajo el dintel de su habitación observando mis últimos intentos para no hacer ruido.

—¡Yuri! —Temblé como un niño ante su presencia.

—¿Vas a huir de nuevo como un perro cobarde? —Como siempre fue implacable.

Su pijama tenía el cuello desbocado y me permitía ver la tierna piel de su hombro y su fino cuello ofreciéndose en sacrificio ante mis ojos.

—Yuri espera, tenemos que hablar. —Quería convencerlo de tomar las cosas con calma y pensar mejor la situación y a la vez quería convencerme a mí también con esa vaga idea.

—¿Quieres hablar? Entonces escúchame. —Y una vez más en su clara lógica él tuvo la razón—. No quieras darle la vuelta a la tortilla. Me amas, te amo, me deseas, te deseo… esa es la única puta verdad que existe entre los dos.  

Se acercó paso a paso con la postura aguerrida y los ojos furiosos, tomó mis manos que permanecían heladas y las llevó a sus mejillas que ardían como si estuviera afiebrado. Y yo… no quise evitar el contacto.

—Víctor di que no me deseas, dime que no me quieres. —Las cálidas manos de Yuri retuvieron las mías sobre su delicada piel y yo estaba dividido intentando elegir entre volver a huir de mi guarida o devorar a besos a ese niño cruel—. Dilo mirándome a los ojos y te juro que mañana me iré a vivir con Lilia y no volveré a molestarte más.

Hasta el día de hoy no sé si fue una amenaza o si mi niño estaba dispuesto a hacerlo. Lo único que sé es que sentí el corazón estrujarse dentro del pecho, lo sentí convertir su carne, sus nervios y sus arterias en una sola masa deforme que se empequeñecía ante la posibilidad de perder a Yuri y de no volver a tenerlo junto a mí como lo tenía esa noche.

Mis manos reaccionaron y apretaron la tierna piel, me acerqué a su rostro mirando sin cesar sus bravos ojos que me atraían como imanes. Dentro de mi mente una batalla sangrienta daba lugar entre mis deseos de hombre y mis deberes de hermano, era tal la fiereza del combate que remecía mi cuerpo mientras mis sentidos se llenaban con su aliento y el perfume frutal de su cuerpo.

—Yuri no podemos… —Mi pulgar acarició con suavidad sus labios.

—Si podemos hacerlo. —Yuri atrapó mi dedo entre sus dientes.

—No debemos… —Absorbió mi dedo como un caramelo y en vano intenté resistir esa invitación.

—¿Qué puede pasar? No te voy a dar hijos deformes Víctor. —El diablo volvía a utilizar sus argumentos para convencer al pecador de caer en la dulce tentación de la concupiscencia—. Esa es la razón más lógica, más real y más natural por el que los hermanos y hermanas no pueden tocarse entre sí. Es una ley que existe solo para preservar la genética sana de la humanidad.

—Yuri… tengo miedo. —A pesar que mi ser entero se estremecía conmovido porque estaba a punto de transgredir la ley más sagrada entre los parientes me seguí acercando a su boca—. Estoy espantado por lo que voy a hacer…

—Hazlo Víctor… —Yuri rodeó mi cuello con sus brazos y ya no quedó espacio entre los dos.

Cómo podía detenerme si Yuri me ofreció su boca y ésta era como el pozo de agua fresca que se presentaba frente a los ojos del sediento que caminó durante cuarenta días por el desierto. Un manantial de placer que yo quise probar para calmar el ardor de mis entrañas.

La punta de mi lengua rozó la suave piel de sus labios y Yuri permaneció estático dejando el control absoluto del pecado en mis manos. Sentí su textura suave y repasé con ardor sus pequeñas aristas mientras mis manos cobraban vida sobre sus mejillas. Con gran lentitud ingresé en la cálida oquedad y sentí la humedad de su lengua que esperaba por la mía paciente y sumisa. La toqué un poco sintiendo su aliento quemar mi paladar e inundar con su perfume mi nariz, fueron unos segundos mágicos porque solo lo estaba probando un poco, tal vez intentando obedecer la voz de mi ángel que me pedía a gritos detenerme y retirarme de inmediato para cumplir con mi papel de buen hermano.

Pobre de mi ángel que se quedó esperando en vano. Mi lengua exploró cada detalle de esa boca que había provocado durante muchos días mis más excitantes fantasías y con cada movimiento que hizo permitió que mis labios toquen los de Yuri.

Él me miraba complacido, podía ver la inocente lujuria en sus pupilas brillando bajo toda esa gruesa capa de pestañas doradas y al perderme en el abismo de sus ojos mi boca comenzó a devorarlo desesperada tratando de succionar su sabor, su calor, sus jugos y su vida. La hice mía con la furia de mi pasión reprimida intentado borrar todos los besos que dio en el pasado y procurando beber de un sorbo sus límpidas aguas.

Lo besé hasta que se quejó, hasta que se quedó sin aire, hasta sentir que sus labios se hinchaban y las yemas de sus manos palpitaban sobre las venas de mi cuello. Lo besé hasta que caímos en el enmaderado piso y nuestros cuerpos agitados pidieron una tregua momentánea para respirar.

—¿Vas a follarme en tu cama? —Yuri respiraba con dificultad mientras sus manos caían por el cuello de mi abrigo.

—No nos precipitemos por favor. —No sé de donde saqué voluntad para poner freno a mi impulso lujurioso, ese que se había apoderado de mí convirtiéndose en una poderosa erección—. Quiero que vayamos de a pocos.

—¿Cómo si yo fuera una dama y tú un caballero? —Yuri movió la cabeza de un lado a otro rodando los ojos decepcionado—. No me hagas reír Vitya. Sabes que estás actuando como un imbécil.

Yuri se puso en pie y me dejó tendido en el piso. Yo esperaba que regresara furioso a su habitación, pero él volteó mirándome coqueto, sonrió y caminó moviendo las caderas hasta volver al umbral de su puerta.

—Si no te apuras tal vez vas a perder la oportunidad de ser el primero que inaugure mi agujerito, hermano. —Yuri era un chiquillo muy malo que acaba de revelarme una verdad que provocó una vez más a mis ya alterados sentidos.

—Tú eres… —Hasta ese momento yo estaba seguro que entre él y el chico musculoso había pasado todo.

—Virgen, casto, puro… —Se rio de mí y mi incrédula expresión—. Sí lo soy.

—Ese chico y tú no… —Los había imaginado tantas veces juntos y con cada detalle hasta el punto de herirme el alma que no podía creer lo que me acababa de revelar.

—Unas cuantas mamadas no te quitan la castidad o será que por detrás se debería decir virginidad… no lo sé. —Volví a sentir su risa diabólica penetrando mis oídos hasta que quedó atrapada en un rincón oscuro de mi mente.

Se dio la vuelta empinando su duro trasero y entró en su habitación para calmar a su gato que había estado maullando a sus pies esos últimos minutos. No relamí mis labios evitando provocar de nuevo a mi hermano, pero cuánto quería probar ese delicioso bocado.

Imagina la escena.

El impala observa con sus hermosos ojos al león que se mueve entre los matorrales de la sabana, lo ve correr y en lugar de escapar dando grandes saltos comienza a caminar, mordiendo de vez en cuando la hierba y contoneando su pequeña cola. El depredador está a solo un salto de él y éste lo mira ofreciéndole el cuello para que lo muerda.

El león se relame, sabe que la sangre de esa presa pronto correrá por su garganta; pero se queda algo intrigado al comprobar que el pequeño no se aleja y sigue moviendo sus caderas invitándolo a abrir sus fauces y clavarlas en su carne. El gran melenudo se acerca despacio y en lugar de tirar al impala sobre el cálido suelo del Serengueti lo empuja y rasga ligeramente su grupa, lame con suavidad su afilado hocico, juega con él y lo acicala, frota su gran cabeza contra el arqueado cuerpo de su presa y luego lo suelta para que salte libre a la vista de los demás depredadores.

El león ha dejado ya su huella, pero el impala podría caer en cualquier momento entre las garras de un jaguar, un guepardo, una hiena u otro león que no dudarían en clavarle los colmillos y devorarlo en un par de horas.

Esa madrugada besé a Yuri con la fuerza de un depredador y luego lo solté sabiendo que podría tenerlo para mí en cualquier momento. Solo quería algo de tiempo para pensarlo mejor, para ordenar mis ideas, para no terminar infringiendo las reglas, para sentirlo mío sin mancillar su cuerpo.  

Tuve la oportunidad de saciar mi curiosidad por el sabor de Yuri, pero quedé con ganas de probar más y mi apetito se desató con incontrolable intensidad. No podía darme el lujo de dejar a esa presa libre entre tantos hombres lujuriosos y hambrientos por su sonrisa, su mirada y cuerpo como yo.

Me puse en pie con cierta dificultad y aunque había llegado casi helado a casa tomé una ducha fría porque besar a mi hermano desató un frente cálido y húmedo en mi cuerpo. Cuando el agua chocó contra mi piel fue convirtiéndose en vapor y como cuando era un adolecente inexperto tuve que complacerme bajo el chorro de agua fría para calmar el deseo que sentía por Yuri y al que solo lo detenía ese minúsculo hilo de razón que aún conservaba en algún lugar de mi mente.  


Al día siguiente Yuri lucía algo pálido y tenía los labios inflamados. Estaba vestido con su uniforme y preparaba dos tazones de fruta picada con yogurt y avena para un desayuno saludable.

—Buenos días ¿dormiste bien? —le dije y me senté en el lugar de siempre observando al trasluz de la ventana su delicado perfil.

—Sí ¿Y tú dormiste bien luego de masturbarte en la ducha? —Se acercó a la mesa con los cuencos, me miró con picardía, me ofreció una vez más sus labios y yo lo besé con ternura.

—Hay un chico nuevo que entró a reemplazar a Zhúkov en el equipo, es un kazajo de piel bronceada, ojos y cabello negro, muy serio, musculosos y está bien bueno —comentó Yuri, se sentó frente a mí y comenzó a comer con cierta prisa.

—Bien para el equipo. —Mi buen humor desapareció de inmediato y aunque sabía que Yuri me estaba molestando no pude evitar que los celos volvieran a cobrar fuerza en mi mente haciendo que imagine la figura de ese nuevo estudiante.

—Me voy. Regresaré algo tarde porque estamos preparando las nuevas posiciones del equipo. —Tomó su mochila y guardó el termo lleno de té de moras en uno de sus bolsillos—. Dentro de dos semanas comenzaremos los partidos para el campeonato de colegios a nivel regional y debemos estar bien preparados.

—¿A qué hora saldrás? —Allí estaba de nuevo ese sentimiento. El perro guardián había regresado.

—A las siete y media… estaré aquí como a las ocho y diez. —Se puso la bufanda, los guantes y una gorra dispuesto a salir.

—Iré a recogerte y no protestes. —Quería saber cómo era ese chico nuevo y pensé que tal vez podría ubicarlo entre los demás jugadores a quienes conocía bien.

—Como quieras. —Se acercó y me besó una vez más como despedida.

Tuve ganas de detenerlo, de tomarlo por la cintura y llevarlo hasta mi cama, desnudarlo de inmediato y sentir su calor bajo mi cuerpo. Quise volver a besarlo con la furia de un león hambriento; pero me contuve porque Yuri aún mostraba esos rasgos inocentes que yo intentaba conservar.

De pronto un sentimiento nuevo afloró en mi pecho y me sentí culpable. No había medido mis acciones y sucumbí ante un impulso básico. ¿En qué estaba pensando cuando besé a Yuri? ¿Cómo podía imaginar una relación con él? ¿Cuándo había dejado de ser el hermano y me convertí en su celoso y desconfiado enamorado?

Estaba actuando como un adolescente que se enamora por primera vez y ese no era el rol que me correspondía. Yuri y yo llevamos la misma sangre, no existe oportunidad para nuestro amor. La moral y la virtud debían imponerse frente al natural deseo de la carne.

Con cierto temor me prometí que el beso que Yuri me dio antes de ir a la escuela sería el último y en la noche hablaría seriamente con él. Si Yuri me amenazaba otra vez con irse a vivir con Lilia no lo impediría y tal vez hasta sería la mejor solución. En unas semanas yo volvería a entrar en razón y Yuri olvidaría ese sentimiento insano que nos consumía.

Levanté la vajilla de la mesa y comencé a lavarla mientras miraba a Yuri que salía del edificio y tomaba la ruta hacia su escuela. En ese momento uno de los poderosos amos de mis profundidades se hizo presente para llenar mi cabeza de dudas. Retornaba después de un corto periodo desde que ese chico musculoso dejó la escuela y a Yuri.

Se presentó poderoso y revitalizado, con ganas de seguir hurgando dentro de mis pensamientos oscuros, revolviendo con su espada entre mis deseos y mis temores y convirtiendo todos mis planes mesurados y correctos en cenizas. Escuché su voz y otra vez el Víctor posesivo retornó.

No dejaría que ningún otro depredador tocara mi presa, esa que ya había marcado. La seguiría muy de cerca viéndola moverse grácil entre el río y las manadas y cuando menos lo pensara saltaría sobre su hermoso y fino cuello y lo haría mío, solo mío devorando su boca, sus ojos, su piel, sus manos, sus pequeños abdominales, sus caderas filosas, sus duras nalgas y su tierno sexo.

Yuri.

Esa noche fui a recogerlo al colegio y mis ojos observaron con detalle a cada chico que salía por la puerta principal. Entonces vi a mi hermano caminando tras algunos muchachos del equipo conversando con uno de ellos a quien no conocía. Ese debía ser el kazajo y era tal como Yuri lo había descrito, solo que más serio. Iba vestido con jeans, borceguíes militares y chaqueta gruesa de cuero, todos negros. Se despidió con un choque de puños de algunos jugadores y subió a su inmensa motocicleta de largos manubrios plateados.

Antes que partiera vi que Yuri se acercó a él y le dijo algo en el oído, él también hizo lo mismo y ambos sonrieron. Se dieron la mano y mi hermano buscó con la mirada mi auto en el estacionamiento. Al ubicar mi coche caminó sin prisa mientras sujetaba su larga melena dorada con una liga y su compañero partía a prisa en su ruidoso caballo de hierro.

Descubrí entonces que otra vez volví a juntar el entrecejo y morder el interior de mi mejilla, mientras observaba por el espejo retrovisor a mi hermano y pensé con malicia que tendría que investigar de alguna forma quién diablos era ese chico de Kazajistán y por qué hablaba con tanta cercanía con mi niño.

Yuri abrió la puerta del auto, tiró la mochila al asiento de atrás, se sentó junto a mí y me regaló su cálida sonrisa.

El impala había regresado a las fauces del depredador.  

Notas de autor:

¿Cómo puedes detener los sentimientos y el deseo? ¿Cómo frenas la pasión? ¿Se puede evitar las órdenes del corazón con razones?

Muchas gracias por leer Tabú.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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