UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD


III. El Secreto de Yuuri Katsuki (Disfraces/Cena Romántica)

“Yuuri Katsuki”

La dirección de ese hombre se encontraba al otro lado de la ciudad. Lo que significaba que se trataría de un viaje que le llevaría al menos la mitad del día si decidía ir a su casa.

—¿Tienes auto propio?–pregunto Víctor preocupado una vez que Yuri le informara la situación.

El muchacho se encontraba sentado en su silla giratoria frente al escritorio de su computadora donde minutos antes tecleara la dirección de ese tal Yuuri.

—No, después el accidente decidí usar solamente el transporte público–dijo suspirando                       —Francamente no había tenido necesidad de preocuparme por eso, mis traslados son en su mayoría al trabajo y mudarme a este departamento significaría reducir mis tiempos de traslado.

—Sería mejor que le marcaras primero, tal vez te diga lo que necesitas por teléfono.

—Si, eso espero. Aunque por el tono de Otabek parece que hay algo más—dijo recordando lo sucedido horas atrás—En todo el tiempo que llevo de conocerlo no recuerdo que se haya portado de esa manera antes, bueno debo admitir que después de mi accidente también se mostraba muy raro, pero supongo que es normal no saber cómo lidiar con estas cosas y yo tampoco fui muy cooperativo.

—Oculta algo, de eso estoy seguro—comento con cierta malicia Víctor frotándose la barbilla.

—¿Tienes algo en contra de mi amigo?—pregunto de inmediato molesto Yuri con toda la intención de defender a su amigo.

—No digas tonterías Yuri, ni siquiera lo conozco.

—Eso debería decirte yo a ti. No puedes juzgarlo a la ligera, ni siquiera yo lo hago y tengo años de conocerlo.

—No, pero hasta tú mismo lo acabas de decir. No se había comportado antes así contigo e independientemente de eso ¿Por qué solo te dio ese contacto? Hubiera sido mejor si él te dijera lo que sabe en lugar de enviarte con un completo desconocido.

Yuri se froto con cansancio el puente de la nariz. Aquello que en un principio le pareció un simple favor a un alma en pena se estaba convirtiendo en algo más complicado que para colmo ahora era personal.

—Francamente es lo mismo que pienso. Otabek no es así. Aquí hay algo y ahora si me incumbe—Yuri se levantó cansado de la silla y se estiro un poco. En este punto comenzaba a sentirse algo frustrado de tanto hermetismo.

—¿Estás cansado?—pregunto Víctor observando con atención sus movimientos.

–No, de hecho voy a marcarle a ese tal Katsuki.

—Bien, oye no es necesario que te exijas demasiado en esto ¿de acuerdo?—dijo dirigiéndole una mirada preocupada. Lo que al principio pensó que sería una tarea medianamente sencilla y que solo tenía que ver con él comenzaba a tomar un camino bastante extraño al grado de involucrar al hombre con quien debía compartir techo. Como sea no le estaba gustando a Víctor el rumbo que comenzaban a tomar las cosas. Además si a ello le añadía lo lastimado que se mostraba el rubio con todo aquello que tuviera que ver con su pasada hacia que cambiara de opinión y prefiriera dejar las cosas como estaban.

—Oye ni se te ocurra mirarme de esa manera—advirtió enojado y es que en los últimos minutos la mirada de Víctor se había concentrado en él.

—¿Qué?

—Sí, esa mirada de lastima o no sé. Más te vale que no vuelvas a hacerlo o de olvidas de mi ayuda.

Ni siquiera se había dado del tipo de mirada que le había dirigido.

Después de la advertencia Yuri camino hasta el otro lado de la habitación por su celular y sin dudarlo marcó el número telefónico del papel.

El teléfono timbro una…dos…tres… y nada.

 No obtuvo respuestas por lo que volvió a intentarlo…uno…dos…tres…

—Hola, hablas al número de Yuuri…

Esa voz…

Su corazón dio un doloroso vuelco y su mente viajo, viajo a una vida que parecía no pertenecerle.

—Yuri, no sabes lo feliz que me siento por ti, de verdad felicidades…

Una voz y una escena desconocida aparecieron en su mente, un enorme jardín de un campus universitario, pero no podía ver a su interlocutor, con claridad  solo escuchar su voz.

Un agudo dolor lo atravesó en la cabeza donde de inmediato se llevó ambas manos a cada lado sujetándola con fuerza esperando que el dolor aminorara.

—¡Yuri!—Víctor fue hasta él e intento tomar con sus manos las del joven quien de inmediato sintió el frio que aquel ente despedía. De alguna manera el helado aire le ayudo a calmar el dolor.

—¿Qué fue eso Yuri?

—No sé, creo que…era un recuerdo o algo así—respondió bastante confundido—Solo escuche su voz por el buzón y algo hizo conexión aquí…—dijo señalando su cabeza.

–Después del accidente perdí los dos últimos años de mi vida y los médicos analizaron el daño, consideraron que era prácticamente imposible recuperar esos recuerdos, claro que había posibilidades, pero eran remotas,  ese día cuando me dieron la noticia mi abuelo me abrazo con fuerza y se limitó a susurrar en mi oído “tal vez sea lo mejor…” por supuesto que no entendí a qué se refería, pero preferí hacerme el fuerte y no decir nada más, después de todo había más cosas que afrontar—dijo completamente ensimismado como si solo hablara para sí mismo.

—Tal vez fue demasiado por hoy Yuri.

—¡No!, volveré a marcarle. Hay algo aquí y quiero saberlo—dijo volviendo a tomar su celular.

—Yuri tal vez sea mejor que te detengas. No creo que sea tan malo que compartamos espacio, puedo ceder ante muchas cosas…

–¡No!, claro que no, además tú fuiste quien quería saber que pasaba, pues bien ahora yo quiero saberlo también ya que estoy más que involucrado—alego mientras desbloqueaba el aparato, pero antes de que alguno de los dos argumentara algo más este sonó.

—¿Diga?

–Buenas tardes, tengo una llamada pérdida de este número. ¿Puedo ayudarle?—Era una voz amable que desprendía cierta calidez en cada palabra, sin saber por qué sintió ganas de llorar en cuanto la escuchó, pero se contuvo.

—¿Yuuri Katsuki?

—Si, soy yo ¿en qué puedo servirle?

—Soy Yuri Plisetsky. Escuche yo le marque porque….—Al otro lado de la línea escucho el sonido de sorpresa del interlocutor y de inmediato lo interrumpió cambiando el tono calmado por uno que mostraba entre alegría y emoción.

—Yuri que gusto saber de ti ¿me has recordado?—pregunto con cierta ilusión que se reflejaba en su tono de voz.

—No, escúchame, tal vez me estés confundiendo. Habla Yuri Plisetsky—Quiso aclarar, pero compartía la emoción de su interlocutor. Algo en él sabía que Yuuri no se equivocaba.

—No, no te estoy confundiendo. Sé muy bien quien eres y si estas marcándome es porque no puedes continuar en la ignorancia.

—¿Me llamaste ignorante?—pregunto entre ofendido y perturbado por escuchar esas palabras.

—Si Yuri.  De antemano quiero pedirte una disculpa, yo no pude hacer nada y lamento que haya sido así, pero ahora las cosas son diferentes…tal vez aún se pueda hacer algo.

—Oye espera, no te estoy entendiendo.

—Tal vez sería mejor si nos viéramos. Dime dónde vives e iré.

Ni loco le daría su dirección a quien bien podría ser un chiflado.

—No, en realidad no te recuerdo, no sé quién eres así que preferiría verte en un lugar público.

El hombre tras la línea no lo dudó ni un segundo.

—Por supuesto, te entiendo. ¿Tienes tiempo el día de hoy?

Acordaron una cita en la cafetería de un centro comercial en un punto intermedio de la ciudad, se verían a las seis de la tarde  y mucho antes de ello el joven rubio ya se encontraba listo.

—Será mejor que me vaya ahora.

—Espera, vas a llegar mucho antes—Lo detuvo Víctor nervioso de lo que esta ola de coincidencias pudiera significar.

—Me tomaré mi tiempo—respondió tomando una mochila en el hombro, su bastón y las llaves. Víctor soltó un suspiro, en realidad tenía miedo de lo que podría significar aquel encuentro.

—Oye no pongas esa cara. Puede que este sujeto sea la clave a todo esto. Estaré feliz si antes de que terminen mis vacaciones logramos solucionarlo y una vez antes de que decidas descansar en paz tal vez decidas ayudarme a abrir el armario—bromeo intentando restarle tensión al ambiente.

—No seas tonto, nadie toca mis cosas, no importa lo que hagas no te ayudare a eso. En fin, me gustaría acompañarte.

Yuri alzo una ceja de inmediato completamente incrédulo ¿Víctor era capaz de salir de ahí?

—¿Has salido antes de aquí?

—Lamentablemente no puedo hacerlo, lo único que puedo hacer es llegar al pasillo, si trato de salir regreso automáticamente al departamento—respondió apesadumbrado.

—Eso suena horrible, bueno al menos espero que con esto tu alma descanse en paz, vaya hacia la luz, el cielo o infierno. Como sea, deséame suerte.

—Ten cuidado Yuri.

ﻼ            

Como Víctor lo había dicho, llego demasiado temprano al lugar de encuentro, pero era mejor de esa manera. A veces le era complicado desplazarse en transporte público y prefería tomarse su tiempo para lo cual debía salir con bastante tiempo de anticipación.

—Supongo que este es el lugar —Se dijo soltando un largo suspiro—Bueno, no queda más que esperar.

Yuri pidió un café con leche y bastante azúcar mientras dejaba el tiempo pasar y pensaba las cosas con calma.

—Yuuri Katsuki—Lo nombro de manera pausada intentando recordar más allá de lo que había en su mente.

Bebió su café con lentitud intentándolo una y otra vez, pero no había nada, no podía recordar nada más, ni siquiera darle coherencia a la imagen que horas antes tomara forma en su mente al escuchar esa amable voz. Probablemente tardo bastante en ello porque cuando menos lo espero un joven oriental de amables ojos castaños, lentes de montura azul y cabello negro lo saludo.

—Yuri, que gusto volver a verte—dijo e inmediatamente no pudo contenerse de abrazarlo, por supuesto el rubio no tuvo idea de cómo reaccionar. Probablemente con cualquier otro desconocido de inmediato lo habría rechazado, pero con él fue diferente. De inmediato aquel gesto le transmitió una mezcla de sentimientos que le parecieron tan familiares, una infinita paz que sin saberlo añoraba.

—Lo siento, pero…—Intento explicarse Yuri.

—No hace falta que digas nada, te entiendo —Lo calmo de inmediato al sentirlo algo incómodo.

—Tomemos asiento y ¿te importa si pido algo antes de comenzar? —dijo a manera de calmar la tensión que notaba en Yuri.

—Adelante, yo también pediré algo mas—Pasaron varios minutos en un incómodo silencio que el oriental intentaba romper hablando de todo y nada mientras la mesera tomaba la orden y entregaba sus bebidas.

—Hace buen clima, dime ¿tuviste problemas para llegar aquí?

—No realmente, vine con tiempo suficiente.

—Sí, bueno jamás te ha gustado la impuntualidad—dijo soltando un suspiro recordando viejos tiempos.

Yuri no dijo nada, tenía tanto que preguntar, pero debía ordenar primero sus pensamientos.

—Aquí tienen su orden—dijo la mesera acomodando sobre la mesa dos tazas de café.

—Gracias—agradeció Yuuri y le dio un sorbo a su taza.

—Actualmente he tenido bastante trabajo y no había podido venir a esta cafetería, ya extrañaba su café, y sus tartas de pera son deliciosas, no olvides llevar al menos una antes de irte.

—Si…claro —respondió tenso, pero Yuuri no se animaba a hablar.

—En fin—dijo después de dar otro sorbo a su café dejando la taza sobre la mesa—Creo que deberíamos comenzar, seguramente en este punto tienes demasiadas dudas aunque debo decirte que lamentablemente no seré yo quien pueda responder a todas.

En verdad que si las tenía y por supuesto sabía de antemano que era un milagro esperar que ese joven aclarara todo aquello que nublaba su mente, pero en aquellos momentos incluso saber porque lo trataba de manera tan familiar ya era ganancia.

—Voy a comenzar, si quieres puedes interrumpirme, pero antes espera—dijo y de la mochila que cargaba saco una pequeña caja de cartón la cual abrió y sustrajo una  fotografía—¿Recuerdas esta fiesta? —pregunto mostrándosela.

Una fiesta de disfraces, instintivamente sonrió aunque no tuviera idea de que hablaba, pero con sorpresa se encontró en aquella fotografía, estaba en medio de Otabek como vampiro y un Yuuri más joven disfrazado como policía, ahí estaba el también años más joven en un disfraz de pirata, pero había más personas que no conocía. Detrás de el un hombre con una boba sonrisa disfrazado de faraón y a su lado otro hombre de cabello platinado cuyo disfraz representaba al parecer al fantasma de la ópera. 

—Imposible…—Se dijo asociando de inmediato la imagen de aquel hombre con el fantasma de su hogar.

—Veo que no lo recuerdas, pero estoy seguro de que hay algo en ti que sí, me lo dice tu sonrisa y tu expresión.

—Déjate de rodeos y explícame—pidió comenzando a impacientarse, Yuuri sonrió y le entrego la fotografía.

—La paciencia sigue sin ser una de tus virtudes. Tú y yo fuimos compañeros en la Universidad, bueno en realidad nos conocimos en los últimos semestres cuando llegue por intercambio.    Compartimos algunas materias optativas y a pesar de que en distintas ocasiones eras grosero o agresivo con los demás e incluso conmigo por algún motivo decidiste defenderme.

—¿Defenderte?

—Sí, yo era el chico nuevo, el intercambio de Japón. Mi educación, usos, costumbres y valores eran muy diferentes a los de occidente y por consiguiente no tarde en ser el blanco de burla y bromas de los más inmaduros, pero tú inmediatamente interviniste. No puedo decir que éramos amigos cercanos, porque es claro que Otabek siempre ha ocupado ese lugar, pero tú y yo teníamos ciertos gustos en común y pasamos buenos momentos. Esta foto es de mi primer Halloween aquí, Otabek era muy amigo de Jean Jacques Leroy, uno de los chicos más populares de nuestra generación y quien al parecer tenía un especial interés en ti, pero bueno JJ como le gustaba que lo llamaran invito a la fiesta a Otabek, él a ti y tu a mí. Fue muy curioso, pero la pasamos muy bien.

No lo entendía, nada tenía coherencia, nada. Si eran tan amigos como decía ¿porque jamás lo volvió a ver?  ¿Por qué ni siquiera lo visito en el hospital? El accidente lo había tenido un año antes de graduarse y el jamás vio a ese tal Yuuri hacerle una visita.

—No te creo.

—Lo sé, por eso traje esa foto y esto, aunque esto cuenta una historia distinta—dijo señalando la caja, Yuri hizo además de querer tomarla, pero el oriental la aparto de la mesa dejándola sobre sus piernas.

—No te entiendo, si éramos tan buenos amigos o conocidos ¿Por qué no te volví a ver después del accidente? ¿Acaso visitarme en el hospital fue demasiado para tus sensibles ojos? Solo Otabek estuvo ahí conmigo y aún continúa conmigo—No habría querido que aquello sonara a reclamo, pero su tono de voz no ayudo. Aun sentía mucho dolor por todo lo que cambio en su vida y por tener que reconocer que su único amigo después de ese terrible suceso era Otabek. No iba al caso, pero se trataba de un dolor difícil de superar.

—Pasaron muchas cosas, pero estuve ahí—respondió sin alterarse.

—No me mientas.

—No lo hago Yuri. No gano nada con hacerlo, solo por favor termina de escucharme. En esta fiesta pasaron muchas cosas y es mejor comenzar por el inicio—Continuo aun con su actitud tranquila, la cual ayudo a Yuri a regresar a la calma.

—A veces creo que hay ciertas cosas que están bien en el pasado.

—El pasado es cierto que es algo irrepetible y no podemos cambiarlo, al final es el responsable de quienes somos. En ocasiones puede ser complicado enfrentarse a él, pero dime ¿estás bien con tu amnesia? —Cuestiono mirándolo fijamente, los verdes ojos de Yuri intentaron sostenerle la mirada, pero había algo, un sentimiento, cierta nostalgia que le obligaban a esquivarlo.

Su pregunta había sido retórica y era obvia la respuesta. Por mucho tiempo fingió para los demás estar bien, incluso el mismo lo creyó, pero la realidad era otra. Necesitaba la verdad, una parte en él la anhelaba por fuerte que fuera y es que era una mierda haber perdido dos años de su vida de la manera más estúpida posible. Sin poder hacer preguntas, porque cada cuestionamiento solo traería dolor a aquellos que estuvieron a su lado.

—Bien, bien, adelante.

—Como te lo mencione al principio JJ estaba interesado en ti y no tardo en intentar acercarse, pero al parecer tú lo odiabas así que no tuvo de otra que pedirle como favor a uno de sus amigos que trabajara como intermediario.

—Que estupidez.

—Francamente pensé lo mismo, pero en fin. Así fue como lo conociste.

—¿Lo conocí?  ¿A quién?

—A tu última pareja—Eso último lo dejo frio, la conversación comenzaba a incomodarlo, su corazón quería más, pero su mente quien siempre guiaba sus decisiones le dictaba que era hora de detenerse.

—Esto es una tontería, he venido aquí por otra razón y terminas contándome una historia de amor—dijo irritado, aquella sarta de cosas inútiles no las necesitaba saber, ¿Por qué le estaba diciendo eso justo ahora? Y pese a estos pensamientos, su corazón dolía demasiado, él no sabía nada de los años que perdió tras el accidente, que tipo de vida vivió y con qué personas se relacionó. Lo único que sabía es que esos dos últimos años los había vivido de manera independiente en un departamento compartido cercano a la universidad que asistía, tampoco sabía que había propiciado el accidente ni bajo qué circunstancias ocurrió. Solo conocía tecnicismos por sus médicos y la aseguradora de su coche que después de una larga lucha había cedido en darle la parte de dinero que le correspondía.

 —¿Otra razón? —pregunto contrariado Yuuri.

—Sí, como sea si estuve con alguien tampoco apareció en ningún momento por lo que no tengo interés en saber de esa persona si tampoco se preocupó por mí, no necesito de toda esa mierda. Me sentiría mas cómodo si cambiamos el rumbo de esta conversación.

—¿Estas seguro?

—Claro. Ahora bien, comenzare a explicarte la verdadera razón del porque te llame. Hace unos días me mude al edificio Dakota. Otabek me dio tu contacto porque al parecer tú tienes información de los anteriores dueños del departamento. Necesito rastrearlos o al menos saber que fue de ellos.

—¿Por eso me has llamado? —pregunto incrédulo.

—Si, solo eso.  

—Vaya…—dijo algo avergonzado—Creo que he hablado de más, o tal vez Otabek determino que ya es tiempo de hablar.

—¿A qué te refieres?

—A la verdad.

Yuri lo medito, frente a él se encontraba un hombre que supuestamente había sido su amigo, la persona que fue testigo de los dos años perdidos en su memoria y quien al parecer estaba más que dispuesto a darle las respuestas que en el pasado quiso buscar, pero que ahora tal vez solo lo harían sufrir innecesariamente. Ya con lo que le había contado era más que suficiente, no había porque continuar ¿o si?

—¿Tú conoces cual fue el detonante del accidente? —pregunto tanteando a la suerte.

—Si.

Aquella era una oportunidad única, la oportunidad que le negaron en su momento su madre, Otabek e incluso su abuelo.

—Jamás nadie quiso hablarme de ello y yo preferí evitar preguntas innecesarias.

—Te estaban protegiendo, bueno a ambos.

—¿A ambos?

—¿Eso dije?

—Si, dijiste a ambos, ¿Qué quiere decir?—pregunto ansioso—Cuando desperté nadie me dijo que había alguien más conmigo en el auto.

—No tenía sentido que te lo dijeran Yuri.

—¿Porqué? ¿Qué fue de esa persona? Y ¿Quién era?

—Creo que he hablado demasiado—dijo notándose algo incómodo, pero intentando disimular.

—Yuri, tú no me contactaste para conocer toda la verdad ¿cierto? Y francamente tampoco puedo decírtelo todo.

—Eso no importa, quiero saber que fue de esa persona. ¿Quiero saber si por mi culpa su vida también  cambio tanto como la mía? —pregunto desesperado.

—Saberlo solo te lastimaría y no cambiaría nada. Toma..—dijo entregándole la caja que al inicio resguardo celosamente—No sé si tus recuerdos regresen después de ver esto, pero más adelante podremos hablar de esta persona. Solo después de que veas y analices el contenido.

Yuri necesitaba respuestas ahora, no quería dejar pasar más tiempo, pero el japonés pese a mostrarse al principio bastante comunicativo y abierto a todas sus dudas en este punto mostraba un hermetismo inflexible.

—Bien, en ese caso háblame del departamento 201 del Dakota.

—¿Es el que compraste?

—Si…dime todo lo que sepas.

Yuuri lo medito, tomo la taza de café entre sus manos y le dio un sorbo más.

—Supongo que uno siempre regresa a donde fue feliz—susurro.

—¿Qué?

—El Dakota es un edificio muy especial, es antiguo y lleno de leyendas, incluso se le ha considerado un edificio histórico. A pesar de sus años es muy hermoso por fuera, por dentro he escuchado que sufre de varios defectos.

—Ve al grano—pidió irritado.

—Si, bueno, cuando comencé mis pasantías de la escuela comencé a trabajar para una notaría. Por lo que mi primer encargo fue arreglar toda la parte administrativa de la venta o alquiler (lo que sucediera primero) del departamento. El dueño había muerto y su sobrino prefería venderlo o alquilarlo antes que vivir en él, la parte legal no era complicada, los papeles estaban en regla pero en si el departamento era un desastre ya que el dueño por su avanzada edad los últimos años no logro darle el mantenimiento adecuado. Sin embargo la ubicación ayudo bastante a que un joven abogado lo alquilara.

—¿Un abogado?

—Si, era conocido mío y le facilite los tramites, accedió de inmediato. El deseaba vivir en Nueva York a bajo costo y yo deseaba despachar cuanto antes el asunto.

—¿Cuál era su nombre?

—Victor Nikiforov.

—¡Victor…!

—Si—dijo con el mismo animo el oriental analizando las reacciones del rubio con atención.

—¿Y … que paso con él? ¿puedo contactarlo? —pregunto tanteando terreno.

Yuuri abrió los ojos de sorpresa por las palabras del rubio, no sabía cómo interpretarlas.

—Yo…, bueno. Abandone tiempo después la notaria y tuve un problema con Víctor, por lo que no pude seguirle la pista. Lo siguiente que supe es que el departamento quedo bastante tiempo vacío.

—Víctor fue algo así como el último dueño.

—Si, según lo que conozco.

Yuri tomo la fotografía entre sus manos y la miro detenidamente.

—¿En esta foto se encuentra Víctor? —pregunto entregándosela.

—Si…

El primer acierto en su búsqueda, aunque aún se sentía tan irritado ¿Por qué ese hombre tenía que ser tan misterioso? 

—¿Me dirás algo más?

—Hay cosas que debes de descubrir por ti mismo. Después de que veas el interior de la caja sería bueno reunirnos nuevamente.

A pesar de lo afable que podría mostrarse Yuuri Katsuki no le revelo más, prefirió acordar un segundo encuentro una vez que revisara el contenido de la caja que le había entregado.

Durante todo el camino a casa llevo aquella caja en el regazo sintiéndose sin las fuerzas suficientes para abrirla. Era cierto que la curiosidad lo carcomía, pero algo más fuerte que él mismo le hizo esperar.

Una vez de regreso en el departamento Víctor le recibió ansioso de noticias.

—Bienvenido Yuri.

—Hola Víctor—respondió sin ganas de iniciar una conversación, dejando de lado las llaves, quitándose la mochila y botando el bastón. Fue directo a sentarse a un sillón, en aquel punto habría deseado retirar la prótesis, se sentía tan agotado y había mucho que pensar.

—¿Cómo te fue? —pregunto de inmediato.

—No puedo decir que muy bien—dio por toda respuesta y antes de más preguntas se levantó y fue lo más rápido posible hasta su recamara sin decir más palabras. De alguna manera Víctor entendió que aquel momento no era el indicado para preguntas por lo que respeto su privacidad.

Apenas llego a su habitación y tomo una larga ducha, había tanto en que pensar, pero no deseaba hacerlo tan rápido. Deseaba descansar y olvidarse de todo lo que había escuchado. De repente todo se le antojaba tan irreal, tan complicado, había tantas preguntas en su mente pero antes de buscar respuestas debía ordenarlas. Agradeció que Víctor fuera lo suficientemente comprensivo como para dejarlo a solas por lo que aprovechando decidió tomarse su tiempo para relajarse y después ir a dormir dejando la misteriosa caja en su escritorio. Sin embargo esa noche se le hacía demasiado complicado conciliar el sueño por lo que antes de acostarse encendió su computadora para jugar una nueva partida. La computadora comenzó a cargar el juego y mientras esperaba presto atención a la caja sobre su escritorio.

La curiosidad termino por vencerlo y no lo pensó más.

—Bien, mejor que sea rápido y sin dolor—Tomo la caja llevándola consigo hasta su cama y ahí abrió descubriendo su contenido.

Varios sobres, postales, notas de estudiantes, peluches pequeños, boletos de teatro, cine, conciertos y dos cajitas…la historia de un romance era la que se encontraba en el interior de esa caja. Con cierta desazón extrajo cada una de las cosas de su interior. Tontas notas de amor estudiantil deseando una “buena clase”,”suerte en los exámenes”, “No olvides desayunar” cosas así de ridículas que dos estudiantes a punto de graduarse escribirían. Las miro con una sonrisa en el rostro algo burlona. No les dio mucha importancia y las dejó de lado. Comenzó a ver las postales, estas eran de Rusia, Roma e Inglaterra e iban dirigidas a él.

“Desearía que estuvieras aquí…”

“Te extraño tanto que cada noche desearía cambiar esta experiencia por solo pasar más tiempo a tu lado…”

Él era el destinatario, pero no había remitente.

<<<Así fue como lo conociste…A tu ultima pareja>>> Esas habían sido las palabras de Yuuri. Y  al ver el contenido de esa caja es que se daba cuenta que en su contenido estaba la historia de esa relación.

Se llevó una mano a los labios cuando tomo una cajita negra. No tenía idea del contenido en su interior, pero su corazón palpitaba con fuerza al verla. Tal vez Yuuri tenía razón, su mente se encontraba nublada, pero algo más importante en su corazón no.

Con temor tomo la pequeña cajita y la abrió descubriendo en su interior un anillo. Una sencilla argolla de oro, la tomo con cuidado como si tuviera miedo de romperla y la miro de cerca.

Por inercia la coloco en su dedo medio y ajusto a la perfección. Se la retiro y la miro a fondo, quería saber que era, que significaba.

Lo giro entre sus dedos y noto que estaba grabado, había una fecha en el interior.

15 de marzo 2016.

Un mes antes del accidente.

—¿Qué? —Asustado lo soltó, no le importo que el anillo  rodara al otro extremo de la habitación, el agudo dolor de cabeza había regresado con mayor intensidad mostrándole una nueva escena.

Estaba sentado en la mesa de lo que parecía un elegante restaurante, la velada pertenecía a un romántico ambiente, un arreglo floral sobre la mesa, velas y dos copas de vino.

—Yuri Plisetsky, prometo permanecer a tu lado en las buenas y las malas, amarte y atesorarte todos los días y juntos superar cualquier obstáculo…—Alguien sostenía su mano, esa voz, la solemnidad de aquellas palabras le había sacado algunas lágrimas. Era un momento tan hermoso y tan triste, levanto la mirada secándose las lágrimas y la verdad lo golpeo con todas sus fuerzas al reconocer su mirada.

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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