Quiebre (Flor de Agua)


—¿Le ha pasado algo bueno, Nikiforov? —dijo la mujer pelirroja acercándose al piano que era tocado por Víctor.

—Maestra Babicheva —dijo Víctor mirándola con una sonrisa—, ¿por qué piensa eso?

—Tú música no suele ser alegre. 

—Oh, bueno. Creo que no tener familiares en un convento ya es ganancia —se burló.

—Ni me lo recuerdes. La única explicación posible es que Mila haya querido matarme… de un infarto o algo así. 

—Bueno, los hijos tienen por qué pensar igual que los padres.

—Lo tengo claro. ¡Pero monja! Oh, jamás lo superaré —dijo llevándose las manos al pecho y haciendo un puchero. 

—No sea dramática, profesora.

—¿Y eres precisamente tú el que me lo pide?

—¿Qué está tratando de decir?

—Creo que lo entendiste muy bien.

—Como sea, usted ya está muy mayor para esas cosas. 

—¿Me estás llamando vieja?

—No, pero su hija debe tener más o menos mi edad, eso no la hace precisamente una niña. De todos modos, es usted una mujer hermosa, lo que ciertamente hace que la edad no sea tan importante. 

—Eres un descarado, Nikiforov. 

—Sólo digo lo que pienso. 

—De todos modos, ¿qué estás haciendo aquí? Es horario de clases y definitivamente no tienes clases de música. 

—Resulta que detesto al profesor de historia. Un buen libro del tema es mucho mejor que sus clases. 

—Eres demasiado arrogante, Nikiforov. Entiendo que odies que te traten según tu apellido, pero tú tampoco eres de los que les da oportunidades a las personas. 

—Pero si yo soy gentil con todo el mundo, cualquiera puede venir y hablarme. Yo no rechazo la compañía de nadie. 

—Tu gentileza es tan cálida como los copos de nieve. 

—Pero hay personas con las que sí comparto algo de verdadera amabilidad, calidez o cariño. A usted le tengo afecto, por ejemplo. 

—Yo también te quiero, Nikiforov. Ahora lárgate que tengo que dar clases en unos minutos más. 

—Nos vemos entonces, maestra Babicheva —Víctor sonrió y se retiró del lugar. 

♤♡◇♧

El día domingo Yakov llegó junto a sus hermanas a la mansión Nikiforov. La pequeña Irina tenía muchas ganas de jugar con Yuuri. Lydia y Yulia tenían curiosidad por conocer al omega que se había robado el corazón de la más pequeña. 

El día estaba más cálido que de costumbre, por lo que aprovecharon para jugar en el jardín. Yuuri jugaba y corría por el pasto con las niñas mientras Mari, Yakov y Víctor tomaban un refrigerio y charlaban sentados en una manta. 

—Víctor, también quiero que juegues —dijo Irina tomándolo de la mano. Lydia y Yulia secundaron a su pequeña hermana. 

Víctor sonrió, las hermanitas de Yakov le parecían adorables y no tenía problemas en jugar con ellas y Yuuri. Alfa y omega se lanzaban una pelota mientras las niñas intentaban quitarselas. 

Treinta minutos después Víctor estaba bebiendo una limonada que Lilia junto a Anastasia habían llevado. 

—Yuuri se lleva bien con las pequeñas —comentó Anastasia—, seguramente será una excelente madre. ¡Cómo quisiera que la futura madre de mis nietos fuera como Yuuri! 

Víctor no dijo nada, simplemente miró a su madre intentando que ella no percibiera lo desagradable que le resultaron aquellas palabras. 

Anastasia volvió a entrar a la mansión mientras que Lilia se quedó charlando con Yakov. Mari decidió molestar a su hermano menor aliándose a las niñas que intentaban atraparlo. Víctor entró a la mansión, deseaba cambiarse la camisa porque había sudado un poco jugando con las niñas y odiaba sentirse sucio. 

Antes de llegar a la escalera sintió la risa de su madre que subía la escalera con Hiroko, iban tan concentradas en su charla que no notaron a Víctor. 

—Las cosas están resultando tal y como lo hemos planeado —dijo Anastasia—, realmente irnos donde los Popovich fue una buena idea, Yuuri avanzó mucho en su relación con Víctor. 

—¿Tú realmente crees que tu hijo está interesado en Yuuri?

—¡Claro! Víctor trata de manera muy fría a todo el mundo, pero a Yuuri lo mira con afecto.

—Me alegra tanto, serán una bonita pareja. 

—Seremos familia, amiga mía. Ya lo verás. 

Ambas desaparecieron escaleras arriba mientras Víctor esperó un tiempo prudente y comenzó a subir también, sus ojos fríos mostraban enojo y sus puños apretados hacían que sus uñas se encajaran con fuerza en la palma de sus manos, lastimándolo. 

Caminó hasta su habitación y una vez ahí tiró los libros que había sobre su escritorio. 

—Así que lo han estado planeando —dijo Víctor con una expresión sombría—, ya veremos como resultan sus planes, mis adorables arpías. 

♤♡◇♧

Yakov y las niñas se fueron después de cenar. Sergei llevaría a las niñas a casa y luego pasaría a dejar a Yakov al instituto. 

Después de jugar una partida de naipes, los Katsuki y los Nikiforov subieron a sus respectivas habitaciones. Yuuri y Víctor se habían quedado rezagados, el omega leía para el alfa que lo escuchaba mientras bebía una copa de vino. 

—Estoy algo cansado —dijo Víctor poniéndose de pie—, me iré a dormir. 

—¿Vendrás a mi habitación? —preguntó Yuuri ruborizándose. 

—Esta noche no, ya te dije que estoy cansado ¿o no escuchaste? —Víctor miró a Yuuri con severidad, el omega bajó la vista. 

—No quería molestarte, lo siento —dijo Yuuri saliendo apresurado de la sala. 

Víctor bebió de golpe lo que quedaba de vino en su copa y luego salió también del salón, dirigiéndose inmediatamente a su alcoba. Ni el ruso ni el japonés pudieron dormir esa noche. 

♧◇♡♤

Al día siguiente Víctor se marchó de la mansión más temprano de lo habitual, sin ver ni despedirse de nadie. 

La semana se la pasó encerrado en el cuarto con un humor de los mil demonios, no asistió a sus clases con la maestra Babicheva y ni siquiera Yakov podía aguantarlo. Por primera vez, el alfa no fue capaz de decirle a su amigo lo que le sucedía, y no era porque no quisiera hacerlo, simplemente no podía ponerlo en palabras. Su cabeza era un caos y no entendía muy bien los sentimientos que tenía. Se sentía herido y decepcionado. 

—Realmente deseaba darte una oportunidad, pequeño japonés —pronunció cerrando los ojos mientras se dejaba caer en su cama. Recordaba los momentos que habían pasado juntos en su cabaña, no recordaba haber vivido momentos tan dulces como aquellos. Pero luego rememoraba las palabras de su madre. Todo había sido planeado y manipulado para que él se interesara en ese omega, tal vez incluso el que Yuuri se mostrara tan dispuesto a cuidar de Irina al saber que la niña era hermana de su único amigo. ¿Cómo pudo llegar a pensar que ese omega en verdad lo quería? Era imposible, ese omega no podía decir la verdad al afirmar que lo amaba desde hace tanto tiempo. No había razón que sustentara aquello—. Pero aún puedo jugar, pequeño japonés —dijo esbozando una sonrisa mientras sus ojos se tornaban más fríos de lo habitual. 

♤♡◇♧

El sábado siguiente Víctor llegó temprano a la mansión. Lo primero que vio fue a Yuuri esperando por él.

—¿Acaso estabas pegado a la puerta? —dijo Víctor burlesco y apenas mirándolo.

—Necesito hablar contigo —respondió acercándose a él—, es urgente —su voz sonaba ansiosa y un leve temblor se filtraba en ella.

—Lo siento, estoy cansado. Anoche dormí mal y hoy me levanté temprano —contestó con frialdad. 

—Pero…

—No insistas. Me iré a descansar, hablaremos durante nuestro encuentro nocturno, me esperarás en el jardín. Por favor, no me molestes durante el día. 

El alfa se alejó del omega y luego comenzó a subir las escaleras al segundo piso. Los ojos de Yuuri se llenaron de lágrimas, que se obligó a contener. No entendía porque Víctor había cambiado tan radicalmente su actitud con él, hacía un par de semanas había sido tan dulce y ahora… parpadeó intentando controlarse, si comenzaba a llorar no podría detenerse. 

♧◇♡♤

Al llegar la noche, mientras todos ya descansaban, Yuuri esperaba a Víctor entre los árboles que los llevaban a la cabaña. Durante el día Víctor no le había dirigido la palabra, ni siquiera lo había mirado, sin embargo, Yuuri esperaba ilusionado que Víctor apareciera. Quince minutos tuvo que esperar antes de que el alfa de cabellos platinados apareciera frente a él. 

—Víctor —pronunció en un susurró al ver esa mirada fría en el rostro del alfa. 

—Pequeño japonés —respondió formando una sonrisa en su rostro. 

Víctor tomó a Yuuri por la cintura y comenzó a besarlo fervorosamente, pero sin una pizca de ternura. Yuuri respondió al beso, un beso que sabía diferente a cualquiera que Víctor le hubiera dado, que era más amargo y agresivo que ninguno. 

En un movimiento rápido, el alfa recostó a Yuuri en medio de los árboles y se posicionó entre sus piernas, volvió a besarlo mientras desabotonaba la camisa azul que llevaba puesta el omega. 

—No, Víctor. Vamos a tu cabaña, o volvamos a la mansión —pronunció Yuuri entre jadeos—. Debemos hablar, también —suplicó. 

—¿Quieres hacerlo en una cama? —preguntó Víctor con burla mientras tocaba la piel del omega—, pues yo opino que para ti es mejor el suelo y la tierra. 

Víctor atacó nuevamente los labios del omega, quien está vez no respondió. Sus ojos castaños se anegaron de lágrimas que comenzaron a correr sin que Yuuri pudiera hacer nada para detenerlas. Víctor al darse cuenta frenó sus acciones y lo miró fijamente. 

—¿Por qué, Víctor? —Yuuri habló con angustia—. Yo pensé que tú y yo…

—¿Qué era lo que querías decirme? —preguntó el alfa poniéndose de pie, ignorando los cuestionamientos del omega. 

Yuuri se puso de pie lentamente. Bajo la vista, apretó sus labios y jugó con sus dedos. ¿Cómo decirle ahora lo que estaba sucediendo?

—Si no vas a decir nada me marcho —afirmó Víctor con fastidio.

—No, debes escucharme, es importante —dijo Yuuri levantando su mirada. Tenía que decirlo de una vez—. Estoy embarazado. 

—¡Qué! —exclamó Víctor abriendo los ojos con sorpresa. 

—Yo seguí las instrucciones de Lilia, pero falló —dijo con la voz rota, tenía miedo, y sólo deseaba que Víctor lo abrazara y le prometiera que todo estaría bien. Su mirada le suplicaba que lo abrazara. 

—¿También era parte del plan? —preguntó Víctor sujetándolo del brazo. 

—No sé a qué te refieres —contestó temblando el omega. La expresión de Víctor no era nada amable. 

—Bueno, eso ya no importa —Víctor soltó a Yuuri y se acomodó el cabello mientras pensaba qué decir—. Buscaré a alguien que nos ayude a solucionar el problema. 

—¿A qué te refieres? —preguntó con el corazón en la mano, asustado. 

—No creerás que pienso ser padre a esta edad —contestó con indiferencia.

—No. No, no, no. Me niego. Yo lo quiero —las lágrimas corrían sin control sobre las mejillas de Yuuri, mientras los sollozos se hacían cada vez más audibles. 

—Tú harás lo que yo te ordene. 

—¡No! —La voz de Yuuri sonó firme pese a su estado, miró directamente los ojos del alfa—. No lo haré. —El japonés secó sus lágrimas y comenzó a alejarse rápidamente sin mirar atrás. 

Víctor comenzó a dar vueltas, su cabeza era un caos. Primero caminó hasta su cabaña, pero al entrar sintió que todo ese lugar contenía la presencia de Yuuri. Se marchó inmediatamente y caminó de regreso a la mansión. Al llegar subió las escaleras y sus pies lo llevaron directamente frente a la habitación del omega, puso su mano sobre la puerta de madera oscura, apoyó su frente en ella. ¿Debía entrar? ¿Debía hablar nuevamente con Yuuri? ¿Debía olvidar la conversación que escuchó entre su madre y Hiroko? ¿Debía pedir disculpas a Yuuri, abrazarlo y prometerle que todo estaría bien? Había una parte de Víctor que le decía que eso era lo correcto, pero él seguía sintiéndose herido y traicionado, necesitaba tiempo. Tal vez no era mala idea dejar las cosas así por un par de semanas más. Se convenció de que eso era lo mejor para aclarar su cabeza, se alejó de la puerta y se fue hasta su propia habitación. 

Víctor había estado tan absorto en sus propios pensamientos que no había notado que al otro lado de la puerta Yuuri también se apoyaba en ella. 

—Víctor —pronunció Yuuri cuando el aroma del alfa que se colaba por debajo de la puerta se disipó—, si tan solo hubieses entrado yo aún habría sido capaz de perdonarte. 

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