Lo mejor y lo peor de ti (Flor de Agua)


Era lunes nuevamente, y ya habían pasado dos semanas desde el último encuentro de Víctor y Yuuri. El omega no se acercaba ni le dirigía la palabra al ruso y Víctor tampoco daba su brazo a torcer, aunque muchas noches llegó hasta la puerta del cuarto donde Yuuri dormía, quedándose ahí largos momentos sin atreverse a entrar. 

Ese lunes, Yakov se encontraba en la habitación del instituto, recién había terminado de vestirse y se disponía a leer un libro mientras tomaba su café. Sin embargo, de pronto la puerta de la habitación fue abierta para luego ser cerrada con fuerza. El beta miró preocupado al alfa platinado, quien sin siquiera saludarlo se lanzó sobre su cama. 

—Sigues con tu mal humor —dijo Yakov enfocando su mirada en Víctor. Mas no obtuvo respuesta—. ¿Podrías dejar de ser un idiota y decirme lo que te ocurre? 

—No me pasa nada, deja de molestar —respondió cortante. 

—Sí, claro. Porque no te pasa nada desde hace tres semanas estás insoportable y te la pasas encerrado en el cuarto. ¿Tampoco te aparecerás por clases está semana?

—Es mi problema si no lo hago. 

—Si sigues faltando a clases ni siquiera tu lindo apellido te librará de repetir el año.

—Me tiene sin cuidado. 

—Vamos, Víctor. Soy tu amigo, me preocupas. 

—No soy un niño, déjame en paz. 

—Pues te comportas como si lo fueras. Eres un idiota, necesitas hablar de lo que te ocurre o no lograrás tranquilizarte. Confía en mí. 

—Confío en ti, Yakov —dijo Víctor incorporándose en la cama hasta quedar sentado. Bajó la cabeza y su rostro se vio totalmente cubierto por sus hebras plateadas, sus manos sobre la colcha se apretaron—. Confío en ti, pero no sé cómo poner en palabras lo que estoy sintiendo. 

—¿Qué ocurrió con Yuuri?

—Yo… Yakov, no sé qué me pasa con ese omega. Le dije cosas horribles, pero es como si con ello me hubiese lastimado a mí mismo. 

Yakov se sentó en su propia cama, quedando frente a Víctor.

—Cuéntame desde el principio.

Víctor suspiró y comenzó a contarle a Yakov lo que hasta ese momento había sido su relación con el omega, y como le había afectado lo que escuchó decir a su madre y Hiroko. Al terminar, recibió un buen golpe en su cabeza.

—¡Yakov! —reclamó mientras se acariciaba sobre el área golpeada. 

—Te lo merecías. Estúpido, si me hubieses hablado de esto desde un principio tal vez se hubiera evitado tu horrible comportamiento con el pobre chico. Está embarazado, Víctor, necesita más que nunca de tu apoyo. 

—¡Lo sé! ¿Pero qué quieres que haga con la rabia que siento? Durante toda mi vida sólo me he rodeado de personas que, por uno u otro motivo, quieren sacar provecho de mi posición. Y cuándo al fin pensé que alguien me quería sinceramente me doy cuenta de que no es así…

—Víctor, lo que escuchaste no quiere decir nada.

—¿Cómo que no? Ese par de arpías lo único que quiere es que me case con Yuuri. A los japoneses les conviene, están en la ruina después de todo. Y mi madre me vendió para que su mejor amiga esté feliz. 

—Tu madre simplemente vio en Yuuri un buen chico y seguramente piensa que es un bien para ti estar con él, y la madre de Yuuri debe pensar algo parecido. Sólo son un par de mujeres que quieren ver felices a sus hijos y se inmiscuyeron más de lo debido. Eso no quiere decir que hayan planificado nada con Yuuri. Ese pobre omega no debe tener idea de lo que pasa y ahora debe estar confundido pensando que lo desprecias, y que no te importan ni él ni el hijo que espera. 

—No lo desprecio —dijo Víctor dibujando una sonrisa triste y mirando a Yakov a la cara por primera vez—, por eso me dolió escuchar eso. Imaginar que la persona con la que estaba creando mis más dulces recuerdos sólo estaba fingiendo me hirió. 

—Víctor, ¿me estás escuchando? Estoy seguro de que ese omega no tiene nada que ver con lo que tu madre y su madre han estado haciendo. 

—Estoy confundido. 

—Debes hablarlo con él. 

—Necesito tiempo.

—Él no tiene tiempo, está esperando un hijo. Pronto se le empezará a notar.

—Eso no será un problema para él. Simplemente dirá que lo embaracé y mis padres me obligarán a casarme con él.  

—¿Quieres que sea así? No crees que es mejor que fueras tú quien se disculpe y le pida estar a su lado. Tienes que decidir pronto Víctor, puedes salvar lo que estaban comenzando a tener o destruirlo por completo. 

Víctor se extendió sobre la cama y puso uno de sus brazos sobre su rostro. 

♤♡◇♧

Víctor generalmente se iba los días sábado a su casa, pero ese día viernes se sentía inquieto, ansioso, por lo que decidió marcharse inmediatamente. Llegó a su casa cerca de las ocho de la noche. Lo recibió Lilia mirándolo con una expresión extraña, no obstante, no dijo nada. 

Víctor se dirigió a la sala, sus padres, los padres de Yuuri y Mari se encontraban ahí con expresiones tristes en sus rostros. En cuanto entró, Marí lo sujetó por la camisa y lo azotó contra la pared.

—¿Qué le hiciste a Yuuri? —Los ojos de esa joven alfa mostraban una mezcla de rabia y dolor. 

—Yuuri —pronunció Víctor—, ¿dónde está Yuuri? 

Hiroko se acercó a Mari y la alejó de Víctor.

—Yuuri se ha marchado —dijo la mujer con voz triste. 

—¿Qué? ¿Pero a dónde? —preguntó Víctor comenzando a angustiarse.

—Yuuri nos ha pedido que no te digamos —dijo Alexander acercándose y mirando severamente a su hijo—, él no quería decir el motivo de su partida, pero… 

—Pero finalmente lo encontré llorando desconsolado y me confesó que se habían entregado a ti, que te amaba y que tú solamente jugaste con él —gritó Mari, quien fue sostenida por sus padres o se habría lanzado sobre el alfa. Los padres de Yuuri, a diferencia de Mari, sólo mostraban tristeza en sus acciones. 

—Yo… yo no… 

—Será mejor que vayas a tu cuarto —interrumpió Alexander a su hijo—, mañana regresarás al instituto, desde ahora en adelante será internado completo. No quiero volver a verte por el momento, jamás pensé que mi hijo pudiera actuar de manera tan miserable. 

—Padre, yo…

—Fuera de mi vista. 

Víctor se dio la vuelta y se dirigió a su habitación, mientras caminaba escuchó los llantos de su madre, quien era consolada por Alexander. 

Víctor entró a su habitación azotando la puerta, comenzó a caminar de un lado a otro, sintiéndose impotente y angustiado. De pronto sus ojos se encontraron con el libro que le había regalado a Yuuri, estaba sobre su escritorio, se acercó y lo tomó con cuidado, una carta cayó de entre sus páginas. 

Víctor recogió la carta con su corazón latiendo con fuerza. La abrió y la caligrafía de Yuuri apareció escrita en azul. Comenzó a leer.

Amado Víctor. 

No te preocupes amor, esta es la última vez que te llamaré así. No debes preocuparte ya de nada pues no te impondré mis sentimientos, tampoco a mi hijo. Nadie sabe de mi embarazo, y te aseguro que no lo sabrán, a decir verdad tampoco quería que se enteraran de lo que ocurrió entre nosotros, pero insistieron tanto que finalmente no me pude contener y se lo revelé a Mari. Perdoname por favor por haber sido tan débil, realmente no quiero causarte problemas con tus padres. 

Yo estaré bien, cuando leas esta carta ya habré llegado a mi destino. Es un buen lugar para mí y el bebé que espero. No te necesitaremos. Puedes estar tranquilo, amor. Sólo espero que realmente encuentres a alguien que sí te merezca, al parecer yo he sido muy poco para ti y lo acepto. Tal vez te resulté muy fácil, sumiso y dispuesto a entregarte todo de mí sin poner condiciones ni trabas, realmente debí ser aburrido, perdóname por eso. 

Una vez me preguntaste por qué te amaba. Preguntaste si era por tu cabello, tus ojos, o sólo me bastaba el apellido. Lo preguntaste, pero no te interesó escuchar la respuesta. Ahora quiero contarte que no fue por nada de eso, aunque admito que la primera vez que te vi pensé que eras hermoso, no me culpes por eso, eres bello amor mío y a veces es inevitable ser superficial, perdóname también por eso. De todas formas, tu precioso rostro no es la razón por la que te amo. 

¿Recuerdas los dos meses que pasaste en Japón? Como te lo dije antes, al verte pensé que eras hermoso, pero esa belleza en lugar de acercarme me alejó. Tenía mis complejos en ese momento, ¿recuerdas que era gordito? Sólo podía conformarme con verte de lejos, mis complejos y mi timidez jamás me permitieron acercarme a tí. Sin embargo, conocí cosas de ti que no le mostraste a nadie. Esas cosas, amor, siempre fueron mi tesoro y la razón por la que te amé y te amo con tanta intensidad. 

Supongo que no entiendes a qué me refiero. Si te nombro el orfanato Himawari tal vez lo comprendas. ¿Ya te has dado cuenta? Sí, te seguí y me enteré de que ibas a jugar con los niños del hogar. Ellos te amaban, les gustaba encontrar nuevas maneras de comunicarse contigo a través de juegos y dibujos ya que no podían conversar debido al idioma. Cuando regresaste a Rusia tomé tu lugar, ellos me hablaron mucho de ti. Perdóname por dejar que las palabras de esos niños hicieran crecer los cálidos sentimientos que ya tenía por ti, tal vez nunca tuve derecho de sentirme así. 

La otra razón es Makkachin, sí, supe que adoptaste a ese perrito callejero y que ibas a jugar por las tardes con él. También te vi el día de su muerte. Lloraste tanto mi amor. Lloraste tanto que lloré contigo, aunque no me atreví a acercarme a ti y consolarte. Estabas temblando y mojado por haberte lanzado al rió en tu intento por salvar a ese pequeño caniche marrón, pero aún así no fui capaz de acercarme y abrazarte. Perdóname por eso, tal vez si lo hubiese hecho las cosas entre nosotros habrían sido diferentes. 

Como puedes ver, he conocido lo mejor de ti. Pero también lo peor. Me duele saber que ya no volveremos a estar juntos, pero es lo mejor. Podrás seguir llevando la vida que deseas y yo me encargaré de que mi hijo sea feliz. Espero que también logres serlo, mi amor. 

Tuyo,

Yuuri, el pequeño (insignificante) japonés.

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