Green light: Capítulo 6


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«No he visto a mi ex desde que rompimos».
«Probablemente porque no quiso crecer».
«Ahora estoy afuera usando algo escotado».
«Para llamar la atención de alguien mayor».
«Porque tú me abrazas como a una mujer».
«De una forma que jamás había sentido antes».
«Y eso me hace querer esperar…».
«Y eso me hace querer ser toda tuya».
[Hey violet – Guys my age]

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—No me siento bien… ¿Puede ser ahora? Por favor.

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[Sí, por supuesto, señor Plisetsky, venga de inmediato y lo revisaré]

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—Gracias.

Yuri cuelga y le indica al taxista la dirección del consultorio privado.

Al llegar, el doctor lo está esperando.

—Relájese… —le dice el doctor, con una sonrisa algo apagada e intentando calmarlo. Entonces, y recién, pasa suavemente el aparato sobre su vientre, y su expresión cambia.

—¿Qué pasa?

El doctor se queda en silencio.

—¡Dígame qué le pasa a mi bebé!

El grito de Yuri hace que el dolor en su interior se incremente terriblemente, haciéndolo encogerse sobre la camilla.

El doctor posa una de sus manos en su hombro, indicándole que mantener la calma es definitivamente lo mejor.

—Por favor… —le suplica Yuri, y sus ojos verdes le escuecen—. ¿Cómo está mi pequeña? ¿Está bien?

El doctor mira a Yuri y luego a la imagen que ve en la pantalla, entonces quita rápidamente el aparato y le entrega papel para que se limpie el gel.

—Empeoró. No lo resistirá.

—¿Qué? No me diga eso… —le dice Yuri, limpiándose con cuidado a pesar de que su aroma demuestra ira y descontento—. ¡Usted es doctor, por dios! ¡No puede ser tan pesimista! ¡Deme esperanzas al menos!

—Soy doctor, Yuri. Seré honesto, no positivo. El bebé no resistirá la lejanía de su padre, no más. Debes decidir pronto qué es lo que harás al respecto si no quieres más dolor.

—No. ¿Sabe qué? ¡Olvídelo! Olvide que vine y olvide que estuve aquí.

Yuri se dirige a la puerta, pero el doctor lo detiene.

—No eres un niño, Yuri, esto es peligroso. Decide pronto o el bebé te llevará consigo, y lo hará con mucho dolor.

—¡Pero yo no quiero perder a mi bebé, maldición! ¡La quise desde que la sentí creciendo dentro de mí! ¡La amé! ¡Todo de mí la ama!

—Entiendo, pero… ¿Qué quieres que haga, Yuri? La única razón por la que el bebé sigue aquí, quizá es porque te has aferrado al embarazo con todas tus fuerzas. Lo has ocultado y lo has protegido celosamente todo éste tiempo, pero no podrás seguir así, no más. Debes decidir ya.

—¡Bien! ¡Entiendo! —le dice Yuri—. Lo pensaré y decidiré cuándo.

—Te deseo mucha suerte, la necesitarás.

Yuri no le responde, sale del consultorio y en cuanto pone un pie fuera, su cuerpo inconscientemente oculta el aroma de su bebé, cubriéndolo con el suyo y resguardándola de toda mirada y de toda amenaza.

Había sido así desde el principio.

Desde que supo que la tenía.

Cuando despertó a media noche en medio de su cama y palpó preocupado la zona en la que sentía «Algo».

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«Hay algo dentro de mí».

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Había dicho, y se puso de pie de inmediato sin importarle despertar a su acompañante para ir al baño a ver ése algo.

Ella era tan pequeña e indefensa.

Tanto que su lado Alfa de inmediato se alteró ante la idea de que cualquier aroma, cualquier presencia, cualquier contacto externo pudiera lastimarla.

Sabía que era niña.

Lo supo en cuanto se miró en el espejo.

La miró por tanto tiempo que le pareció una eternidad, y la amó durante toda esa eternidad.

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«Mi bebé».

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La llamaba.

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«Mi gatita».

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Le decía.

Y la acariciaba cada que podía, sintiéndola a salvo, protegida y feliz.

Todo se había desmoronado de un día para otro.

Ahora estaba allí.

Frente al lugar exacto en el que lo perdió todo.

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«Una vez, hace como mil años, dije que el único lugar al que podía seguirte era la muerte».

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Piensa Yuri, y observa cómo el semáforo cambia de color a uno muy similar a sus ojos.

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«¿Lo comprobamos, mi amor?».

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Piensa, justo antes de lanzarse a los autos.

Dio tres, quizá cuatro pasos, y cerró los ojos.

No sintió nada ante la fuerza inhumana que lo destrozó.

Ni dolor, ni temor, ni nada.

Lo último que pensó es que si Victor no estaba vivo, y ahora ya ni siquiera la pequeña que le regaló lo estaría, entonces… sencillamente, ya no había nada más para sí mismo.

Ya no existía nada en el mundo.

Nada.

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Publicado por ArikelDT

Un comentario en “Green light: Capítulo 6

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