Matryoshka II (Cap 51)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 51. Trofeo de Francia: Hasta el último respiro

Atención: Tener a la mano las canciones Lose Yourself por David Garret, Winter 3 de Max Richter, Daniel Hope, Konserthaus Kammerorchester Berlin, Oblivion de Zyrah junto a Rain — Simple Three para mejorar la experiencia de lectura en los programas.

El primer grupo terminó. La mayor puntuación hasta ese momento la tenía Asuka Arai, quien acumuló 278,98, seguido de Kim Dae-Hoon con 275,46 puntos. El público contempló nervioso y expectante al segundo grupo que entró a la pista para calentar antes de su presentación y gritaron eufóricos cuando aparecieron Yuri Plisetsky, Seung-Gil Lee, Otabek Altin y Giovanni Gitz con sus trajes de patinaje y la chamarra deportiva de su federación representante.

Seung-Gil no levantó las manos hacia el público ni buscó realizar saltos en medio del calentamiento; eso empezó a crear mella en la confianza de su fan preocupados por la caída que tuvo en las prácticas de la mañana. A diferencia de Giovanni, quien se dio el lujo de saludar a todos y lanzar besos a las gradas, donde las mujeres gritaron llenas de energía. Yuri patinó con calma, tampoco decidió dar un solo salto. Desde las gradas, Larissa y Lilia lo veían con el corazón sujeto en las manos viviendo la misma angustia, aunque Lilia fuera capaz de disimularlo.

El otro que lo miró patinar en el calentamiento con solo deslizamientos fue Otabek. Vio sus movimientos de lejos mientras él realizaba los suyos, pero parecía que un agujero drenaba a sus pulmones. La distancia que él se había propuesto para con Yuri desde la noche, lo dejaba con una soledad palpable en la pista. Patinaba tras él, aprovechando el espacio de la pista, pero lo sintió más lejos que nunca. Eso comenzó a arder en su garganta.

Otabek respiró por su boca y trató de aminorar ese dolor que empezaba a abrirse con raíces por su tórax. Necesitaba apartar los recuerdos de la discusión de la noche, de las palabras dichas y del roto verde que vio en los ojos de Yuri cuando lo confrontó con su sentir de forma inevitable. Intentó dejar todo eso fuera del hielo porque debía concentrarse: las esperanzas de su país estaban sobre su espalda y, tan cerca del oro, no podía ahora perder el enfoque.

—El segundo grupo está terminando su calentamiento. Estamos ansiosos por ver su increíble presentación para ver quiénes darán un paso al frente para la gran final.

Los aplausos iban y venían. Giovanni deslumbró a su público con un cuádruple Toe Loop que acrecentó la euforia por la competencia. Otabek respiró hondo y miró el rostro de Natallie, seria y firme, esperándolo en la salida.

—¡El primero en presentarse en este segundo grupo es Yuri Plisetsky! Su programa Lose Yourself es enérgico y lleno de fuerza, sin embargo, no pudimos ver lo mejor de esta presentación en el Skate America.

Los otros competidores salieron de la pista al acabar el tiempo. Él único que quedó dentro del hielo fue Yuri, quien buscó a Víctor en la barrera. Otabek recibió los protectores de su entrenadora y se los colocó, aunque sus ojos estuvieran hacia Yuri: lo miró quitarse la chaqueta e inhalar mucho aire. Vio su perfil alzado y tenso mientras recibía instrucciones de Víctor, las manos de Yuri sostenían sus propios protectores y Víctor usó las manos desocupadas para expresarse. Otabek distinguió el traje que Yuri vestía: la camisa vinotinto, la corbata amarrada en un nudo sobre su pecho, el pantalón negro que forraba sus trabajados músculos y allí, avistó la expresión de soldado, los ojos afilados como quien va a morir en la guerra no sin antes acabar con todas sus municiones, todas.

—¡Yuri Plisetsky está recibiendo las últimas instrucciones de su entrenador Víctor Nikiforov antes de iniciar!

—¡Ambos se ven muy serios! ¡Yuri Plisetsky necesita alcanzar la plata para tener posibilidades de alcanzar la gran final!

—¡Ya estamos listos! ¡Yuri Plisetsky le entrega sus protectores y chamarra a su entrenador y se desliga de la barrera!

Víctor soltó el aire al sujetar todo contra su regazo mientras observaba a Yuri deslizarse entre los aplausos de la gente. Otabek también le miró desde la barrera y sintió la necesidad de levantar su pulgar para darle esa señal íntima que solo ellos tuvieron, pero desistió al notar que en ningún momento Yuri giró su mirada hacia él. Hizo puño su mano y contuvo el impulso: el agujero se hizo más grande.

Entonces, Yuri cerró los ojos al ponerse en posición: de frente, con sus brazos relajados a ambos lados de su cuerpo y su rostro inclinado. Soltó el aire contenido y solo escuchó sus propios latidos sonar contra su cabeza. Inhaló de nuevo y las memorias volvieron a él como relámpagos que atravesaron el cielo ennegrecido. Pudo ver a su madre con el rostro cansado y libre de maquillaje en la mañana. Recordó también la cabeza de Yuuri durmiendo en su mueble en Rusia y la felicidad que sintió al ver que estaban bien las cosas así. El rostro de Yakov, tan anciano como fue el suyo, contemplándole con la misma preocupación que alguna vez Nikolai le dirigió. La expresión de Mila mientras lo despedía asegurándole que todo iba a estar bien, la sonrisa confiada de Georgi que no dudaba de su victoria. Víctor y sus ojos que gritaban que su fe estaba puesta en él.

[Lose Yourself — David Garrett]

Los movimientos de Yuri comenzaron con sus manos extendidas al ritmo del piano, patinando como si estuviera reconociendo el terreno. La música suave era casi bohemia y lo sumergía en la aparente calma; pero la atención de Yuri estaba en los deslizamientos de sus pies mientras se acercaba al punto donde iniciaría todo, junto a la velocidad de la melodía. Ese tema era su batalla, una muestra de su lucha por acallar a todos y por demostrar quién era.

Era su canto de victoria.

Lo que creía Petra, Dmitri o la gente en Rusia nunca fue relevante. Lo que pesó fue lo que él creía de sí mismo. Sus miedos, sus inseguridades, todo lo que brotó como lava de un volcán en erupción tras la partida de Yuuri, fue lo que mantuvo sus pies en el suelo, atado durante años. «Ya no más», se dijo mientras la música iniciaba su camino de ascenso. Ya no más. Ya no hacía falta la penitencia, era hora de volar.

Saltó.

El salchow cuádruple se clavó con violenta perfección y arrancó los aplausos de todos los presentes en el estadio. Yuri Plisetsky aterrizó con gracia y rápidamente enlazó su secuencia de pasos, esquivando con sus movimientos a cada mal pensamiento, cada recuerdo que lo hacía sentir inmerecedor o insuficiente para la vida de las personas que amaba, ese sentimiento que estuvo con él desde niño y que intentó ignorar durante años. Saltó de nuevo y su cuerpo giró con preciosa agilidad hasta completar los cuatro giros de su Toe Loop y aterrizar con su pierna firme, sin ningún desequilibrio en su postura. Movió sus brazos para arrojar la carga de viejas culpas al vacío e inmediatamente inició una secuencia de piruetas altas que picaban el hielo con soltura, como si estuviera combatiendo con agentes imaginarios que buscaban detenerlo. Pero no, nadie podría, nadie podría hacerlo. Ahora que volaba nadie iba a hacerlo.

Avanzó con velocidad en el hielo, sin dejar la fluidez y belleza de sus pasos alternados. Se preparó para el triple Salchow y lo ejecutó con sus manos sostenidas sobre su cabeza, hasta picar en el hielo y liberar sus brazos como alas. El cuerpo de Plisetsky se sacudió con energía y volvió con la secuencia de paso que agitaba la velocidad del violín y el resto de la orquesta que representaba la fuerza de una enorme guerra que estaba librando solo: contra los que le juzgaban, los que había abandonado y también lo habían dejado de él. Contra su mente que lo hizo sentir culpable de cada abandono.

Los giros altos fueron ejecutados con agilidad, pasos raudos y precisos colorearon una línea al rojo vivo a donde sus hojillas picaban. Su cuerpo era una perfecta representación de arte y fuerza, tanto que Lilia sintió su garganta encogida mientras sus manos apretaban el pecho. Su corazón latía con fuerza al reconocer que estaba viendo a ese chico en la pista que la hizo llorar con su maravillosa fuerza y pasión en el hielo; que estaba contemplando a esa hermosa ave mística que Yuri Plisetsky siempre fue ante sus ojos.

Víctor, atónito, no dejó de seguir los pasos de Yuri mientras este se impulsaba en la pista. Saltó con él cuando ejecutó el acrobático salto emblema de Georgi, cayó ignorando el dolor de su rodilla mientras Yuri volvía a deslizarse hasta tocar el hielo con sus manos, como si evadiera un misil que estuviera dispuesto a clavarse en su corazón. Apretó las manos contra la barrera, se inclinó siguiendo el ritmo de la música y se sacudió cuando Yuri se preparó para el siguiente salto y al inició del segundo tiempo, el flip cuádruple lo dejó sin aire y empujó la euforia del grupo cuando fue clavado sin errores.

«Patina como te gusta».

El corazón de Víctor se infló de orgullo cuando vio la perfecta ejecución del flip cuádruple, reconociéndose por un momento a sí mismo en la preciosa fuerza de Yuri, dispuesto a quemarlo todo. Y Yuri solo podía escuchar esas palabras de Víctor mientras patinaba de espalda, haciendo preciosas figuras veloces al ritmo del violín. Solo podía pensar en patinar cómo le gustaba.

Ejecutó el Axel triple y se movió con agilidad en la pista mientras sentía a sus extremidades hechas de fuego.

«Se tú. Solo tú. No necesitas nada más».

Hizo varias piruetas altas que se movían a toda velocidad como si fuera un huracán formándose en medio de una noche tormentosa. Saltó para iniciar una secuencia de piruetas bajas a toda velocidad, sujetando su patín dentro de sus brazos. Solo negro, amarillo y rojo se distinguía en la rutina; su cuerpo se veía en la pista como un tornado de fuego y sangre que besaba el hielo. Así lo vio Otabek, con el corazón encogido. Así lo sintió al saberse él una piedra pesada en el camino de vuelo de Plisetsky, que estaba siendo pulverizada justo en ese instante. Al verlo tan libre, tan sereno, tan fuerte en el hielo, todo lo que pudo pensar lo que significaba sus sentimientos ante el vuelo de ese fénix que deslumbraba a todos en la pista. Tan lejano que ya era imposible ignorar la distancia que existía entre ambos.

Yuri acabó la presentación con sus manos en alto, como si rompiera las cadenas. Para Otabek fue claro que las había roto antes de presentarse. Mientras los aplausos se estrellaban contra sus oídos, Otabek contempló todo como si hubiera ocurrido en cámara lenta, observó la expresión de Yuri al ver todo el estadio levantándose para arrojarle regalos. Admiró su rostro rojo por el cansancio y las primeras lágrimas que escaparon de sus ojos mientras sonreía ante todos, frente a la cámara y el público.

Apretó el agujero que sangraba ya en su garganta.

—¡Magnífica presentación nos ha dado, Yuri Plisestky! —La euforia del presentador hervía en la sangre de todos los presentes—. ¡Impecable, gloriosa, impredecible!

—No tuve ni tiempo de cerrar la boca después de su primer cuádruple. ¡Ha sido una presentación sublime! ¡Yuri Plisetsky ha vuelto!

—Maravillosos sus cuádruples, impresionante verlo clavar de nuevo el cuádruple flip como en antaño. ¡Víctor Nikiforov debe estar orgulloso!

—¡Una presentación inolvidable y una muestra que en el patinaje nada está escrito! ¡El Yuri Plisetsky que ha llegado al Trofeo de Francia no es el mismo que vimos en el Skate America y nos lo ha demostrado!

Lilia sonrió ante esas palabras y aplaudió al lado de Larissa, quien tenía su rostro mojado de lágrimas, pero sin dejar de gritar por su hijo. Desde allí contempló a cuando Yuri recogió un peluche de Hello Kitty que cayó de regalo, para dirigirse hasta donde lo espera su entrenador. Víctor recibió a su estudiante con un sentido abrazo tras haber besado con profundo cariño su frente.

—¡Eso fue magnífico! —dijo un emotivo Víctor, mientras sostenía a su pupilo. Yuri seguía incrédulo, con su rostro mojado de euforia y lágrimas, de libertad y nostalgia. Con su pecho vacío después de haberse drenado en el hielo. Ni siquiera tenía palabras.

Ambos avanzaron al Kiss and cry mientras eran grabados de cerca por Phichit, quien no desaprovecharía la oportunidad para pasarle el video de lo ocurrido a su mejor amigo. Seung-Gil lo observaba en silencio conforme aguardaba su turno de patinar. A quien él sí pudo notar nervioso desde allí fue a Giovanni Ritz, quien sería el siguiente en participar. Estaba en compañía de Masumi, su coreógrafo junto al entrenador Joseph. Seung-Gil entendía sus nervios, él mismo empezaba a vivirlos, aunque estos venían matizados por una cantidad increíble de euforia. La competencia se había vuelto reñida y estimulante, eso solo le impulsaba a dar lo mejor. Agitó sus hombros y soltó el aire, con las ansias anidadas en su estómago.

Entonces, notó cuando Phichit se giró para evitar el contacto visual hacia donde dirigía su cámara y Seung-Gil ojeó curioso el por qué. Christophe Giacometti se unió al equipo suizo, le entregó a la bebé a Masumi y se acercó a Giovanni para posar sus manos sobre los hombros. Giovanni lucía un traje engrillado en plata y celeste, con piedras brillantes que se alzaba desde su cinturón hasta el brazo derecho. El cabello negro lo tenía recogido y su pecho se movía agitado, con la respiración apretada.

—¡217,24 puntos! —Los ojos de todos se posaron en la pantalla de puntuación. Yuri alzó sus brazos con emoción y apretó sus dientes como si contuviera una mala palabra—. ¡Yuri Plisetsky sube al primer lugar con 327,82 puntos! ¡Qué alucinante! ¡Qué impredecible, señores!

—El equipo ruso celebra en el Kiss and Cry en medio de la sorpresa y lágrimas. ¡Un merecido puntaje para una presentación tan majestuosa!

—Yuri Plisetsky se ha acercado, junto a J.J, al récord que ha dejado Yuuri Katsuki antes de retirarse. ¿Acaso veremos el rompimiento de ese récord esta temporada?

—¡Debemos estar preparado para todo porque Giovanni Ritz ya está listo para presentarse! ¡Tendrá que defender su posición en el podio después de esta magnífica presentación!

Y Giovanni sintió el peso de esa terrible verdad enroscando los intestinos. Ante la mirada verde de Christophe, el patinador se sacudió sus hombros y trató de recoger aire de nuevo, aunque lo encontró lleno de estática. Perdía el foco de su mirada y Christophe pudo identificar perfectamente esos nervios de Giovanni ante lo que venía, podía reconocerlo y al mismo tiempo rechazarlo. Era el mismo que vivió cada vez que Víctor hizo maravillas y los superó con demasiada ventaja, sin que él pudiera hacer nada más porque aún estaba lejos de alcanzarlo. Pero en este caso no era así, Giovanni no estaba lejos de superar a Yuri Plisetsky. Era un digno rival.

—Escúchame —ordenó con voz ronca. Giovanni asintió a las palabras de su ídolo—. Puedes vencerlo, sé que puedes hacerlo. Relájate y haz lo que siempre haces en la pista. Demuéstrate que eres más que esos nervios y danza.

—Voy a quedarme en el podio —dijo Giovanni con la voz carente de suficiente aire. Ante esas palabras, Chris solo mantuvo su mirada.

—No te conformes con el podio, ve por el oro.

Giovanni se mantuvo por unos segundos en silencio antes de afirmar con un movimiento de su rostro. Se soltó de Christophe y le entregó la chamarra que aún tenía en sus brazos a Masumi, para adelantarse a la pista en compañía de Joseph. Ambos esposos se miraron, luego se acercaron para esperar los resultados de Giovanni en el programa libre.

—¿Estás bien? —preguntó Masumi y pasó una mano conciliadora en la dura espalda de Giacometti, consciente de las emociones discordantes de su esposo al querer que Víctor se sienta bien con su trabajo y, al mismo tiempo, apoyar al adversario de Yuri. Victoria señaló balbuceando hacia la pantalla.

—Lo estoy. Giovanni merece el oro más que Plisetsky. —Chris hizo una pausa—. Víctor podría ser un maldito dios en el hielo, pero jamás aplastó el sueño de las personas que nos inspiramos en él. Merecía ser la leyenda viva del patinaje. —Apretó su puño contra el estómago—. De Yuri Plisetsky no puedo decir lo mismo.

Giovanni se deslizó en el hielo en medio de los aplausos del público. Su corazón no dejó de latir con fuerza, pero intentó controlar su respiración lo más que pudo para dar un buen espectáculo. Esa sería su primera competencia de la serie de Grand Prix, pero tenía que dejar su puntaje en alto para que, al enfrentarse al NHK contra Michelle Crispino, Alain Leroy, Gabriel Hernandez y Guang Hong Ji (los competidores más importantes del evento), pudiera alcanzar su puesto en la gran final. Michelle y Gabriel ya tenían la plata y el bronce en América, Alain alcanzó el bronce en Canadá y Guang Hong apenas tendría su primera participación en China, pero había sido el ganador anterior de la serie de Grand Prix. No era un adversario al que ignorar. Giovanni tenía muy en cuenta a cada adversario al que tendría que derrotar en su camino a la final.

—¡Giovanni Ritz ya está en posición! En el programa corto logró superar el puntaje de Plisetsky por unas décimas, ¿podrá hacerlo de nuevo?

—Su tema de temporada es Invierno, basada en composiciones de Max Ritcher. La música ha sido preparada por su padre, quien es seguidor del artista.

Giovanni se posicionó en el centro de la pista con ambas manos sobre su cabeza, su pierna derecha flexionada en el hielo y sus ojos cerrados. Inspiró de nuevo, justo en el momento en que el primer violín empezó a sonar.

[Winter 3 de Max Richter, Daniel Hope, Konserthaus Kammerorchester Berlin]

Empezó a deslizarse de espalda en el hielo y miró hacia atrás mientras sus piernas se movían en la superficie blanca. Dio algunos semigiros, aunque movió sus manos como si estuviera pintando con la punta de sus dedos a cada nuevo copo de nieve que traía su inmensa presencia. Giovanni lucía como el dios del invierno que llegó después de un largo descanso, en medio de una noche oscura. Apareció como un dios benevolente y frío que hacía dormir a los árboles y las flores, dibujaba pequeñas lágrimas de hielo en las ramas y dejaba una estela blanca en las ventanas.

Se preparó para el primer salto del programa. Clavó con certeza su combo de dos triples con un loop por medio y logró los aplausos de los presentes. Más seguro de sí mismo ante la maravillosa caída, se deslizó hasta levantar la pierna y hacer una pirueta formando una T con su cuerpo, como si congelara una gran masa de agua. Giovanni danzó con calma en la pista, avanzó hasta tomar la velocidad que necesitaba conforme más violines se unían al primero, formando una sinfonía de cuerdas que llaman al invierno como una ventisca suave, pero indetenible. Se preparó para volver a saltar, con toda seguridad.

Saltó su salchow cuádruple y los aplausos estallaron en el estadio. Giovanni avanzó moviéndose en zigzag dentro de la pista, con la melodía moviéndose al son de sus pasos, sin prisa, pero penetrando el otoño hasta congelarlo con su presencia fría para quebrar a los rojos, naranjas y amarillos con su helado gris.

—¡Magnífico inicio de Giovanni! Muestra su calma y seguridad a la hora de patinar, ahora con este nuevo combo de triple flip y triple loop.

Puedo hacerlo…

Pensaba mientras se deslizaba de espalda tras la pirueta alta que había ejecutado, estableciendo la secuencia de pasos que estaba al ritmo de los violines. Su invierno podría apagar el fuego que Plisetsky había dejado en la pista, podría apagar esas llamas y hacer olvidar el brillo de su vuelo ante su paso. El congelaría las alas de Plisetsky con su poderosa presencia, porque había trabajado mucho para hacerlo. Había entrenado duro durante años para ese momento. Clavó el Axel triple con firmeza al término del primer tiempo con la seguridad de que su programa podría vencer a Plisetsky.

El recuerdo de lo ocurrido dos años atrás volvió quemándole las entrañas mientras ejecutaba su ciclo de piruetas bajas. Su mente se remontó al inicio de su ascenso en la categoría senior dos años atrás, cuando apenas había logrado pasar con diecinueve años. Admiraba a Plisetsky porque había competido con él cuando era un adolescente y habían compartido varias veces el podio. Le admiró e inspiró verlo convertirse en el más joven ganador del Grand Prix. Aquella vez, cuando compartieron podio en la Copa Rostelecom, donde Seung-Gil había ganado el oro, Yuri la plata y él el bronce, se acercó para felicitarlo. Su respuesta y el desdén en su mirada que le hizo sentir menos que nada, golpeó su admiración hasta hacerla añicos.

«¿Y tú quién eres?»

Giovanni ejecutó el Luzt Cuádruple y detuvo su caída con su mano derecha, recuperándose rápidamente. El público recogió aire mientras él intentó retomar el ritmo, preparándose para el siguiente salto.

«No sé quién eres. ¿Has ganado un oro? ¿No? Entonces no me hagas perder el tiempo».

Calló. Su muñeca resintió el impacto cuando la metió de nuevo para evitar golpearse.

—Parece que Giovanni tiene problemas con la concentración, de nuevo ha tenido una caída al aterrizaje del cuádruple Loop.

—Su programa había empezado muy bien, pero ya tiene dos penalizaciones. Esperemos que pueda retomar el ritmo ahora que se acerca los dos nuevos triples.

Su corazón se congeló por los nervios. La sensación de que lo arruinaría todo comenzó a acosarlo como si el fantasma de la muerte estuviera agarrado de su espalda. Sus ojos escocieron, sintió inmensas ganas de llorar.

«—¿Qué opina de los contrincantes que enfrentará en unas horas?
—No hay nadie en esta competencia que pueda ser mi rival. ¡Será pan comido!»

El desprecio en los ojos de Plisetsky en aquel día congeló su corazón. Lo hizo sentir impotente, insignificante, vacío. Lo llenó de un rencor que fue echando raíces en su pecho, hasta hacerse un árbol frondoso y oscuro que alimentaba su fuerza con la más pura rivalidad y deseo de demostrarle que estaba equivocado. Que nunca debió subestimarlo.

¡No, no puedo permitirme perder por su culpa!

Christophe lo contempló desde la distancia, con el corazón encogido. Masumi siguió al pendiente de cada movimiento del estudiante, quien se arriesgó y cambió el combo triple que tenía para repetir el cuádruple Loop que acababa de fallar.

—¡Lo clavó! —La gente volvió a gritar con euforia. Masumi apretó el puño y lo agitó con júbilo. Chris aplaudió festejando el salto clavado.

—Giovanni parece haber recuperado su concentración, ¡su secuencia de piruetas es veloz y perfecta!

—¡Había perdido la velocidad antes de ejecutar el Luzt Cuádruple, pero se está recuperando rápidamente!

No podía permitírselo, Giovanni no podía permitirse perder porque se había prometido a sí mismo que vencería a Yuri Plisetsky y avanzaría al Grand Prix. Le demostraría que tendría que acordarse de su nombre, que él fue siempre su rival en la junior y sería su rival en la senior. Que él sería el mejor y le arrebataría el oro que con tanto ahínco le pidió en el pasado.

El combo de triple Salchow y triple Flip se clavó con soltura, solo con una ligera desviación del aterrizaje del segundo. Se preparó para iniciar la secuencia de piruetas altas del final. Se movió con soltura y giró, giró tan fuerte que su tornado de hielo lleno de escarcha todo.

—¡Potente recuperación de Giovanni para el final! Recibe al público que lo aplaude en medio de los regalos.

Pero entre los aplausos de las personas que habían visto su presentación, Giovanni sabía que no había sido suficiente. Sus errores pesarían y le impedirían cumplir su deseo de superar a Plisetsky, pues la diferencia en el programa corto para ambos fue muy poca. A pesar de que sonreía, su pecho respiraba dolorosamente, como si tuviera insertada una cuchilla en medio del esternón. Desilusionado consigo mismo, todo lo que quiso realmente fue llorar de frustración. Pero se forzó a dibujar una sonrisa a los espectadores y evadió algunos de los regalos en la pista que eran recogido por los niños para ir hacia donde lo esperaba su entrenador y Masumi.

—Lo hiciste bien —recibió de Masumi, quien le extendió su chamarra de vuelta—. Lo hiciste muy bien, no lo dudes.

Lo dudaba, claro que lo hacía. Hasta no ver a los ojos de Plisestky temblar ante la posibilidad de perder, no encontraría paz a ese sentimiento negro que le había embargado. No tuvo el valor de mirar a los ojos de Christopher, no se sintió lo suficiente merecedor de en ese momento tener una mirada condescendiente de él. Christophe lo supo, bastó con contemplar su rostro enrojecido por más que el esfuerzo que había hecho su cuerpo al patinar. Ese rojo era la frustración nauseabunda que él había probado mil veces en el pasado. Apretó a Victoria en sus brazos, dejando a su esposo dirigirse con Giovanni al Kiss and Cry.

—Otabek —dijo Natallie, mientras él levantaba la mirada preparándose para salir—. Ya es hora.

El patinador miró a su alrededor por un segundo. Notó la presencia de Seung-Gil quien estaba empezando a calentar con movimientos de sus hombros, ansioso por entrar al hielo. Phichit grababa con su teléfono, Christophe se había quedado detrás del equipo Suizo que fueron a esperar la puntuación de su programa. Giovanni se encogía en el asiento, mientras Josepth se mantenía sereno y Masumi parecía dispuesto a consolar al chico y animarle por su actuación.

Yuri Plisetsky no estaba. Otabek lo había visto moverse al pasillo sujetando a Víctor de su cintura como apoyo, mientras lo ayudaba a caminar. Parecía que Víctor se había lastimado de nuevo la rodilla. La imagen de ambos ardía como el contacto de una brasa al rojo vivo contra su piel abierta. Se sentía todo tan lejano, tan diferente a cómo lo dejó.

—Otabek —insistió Natallie, ahora preocupada. Los ojos oscuros del kazajo la miró en apariencia indiferente—. Es hora de salir.

—Sí.

Separó la espalda de la pared y solo agitó los brazos. Repentinamente, los sintió lleno de agua. Sus ojos oscuros se fijaron en la pista larga que le estaba esperando y extendió su chamarra a las manos de Natallie, quien le observaba con el conocimiento de una madre.

—¡311,68 puntos! ¡Giovanni avanza hasta el segundo lugar de esta competencia!

—¡Con una presentación hermosa, ha logrado conmover al corazón del público y de los jueces!

—Esto ha sido un momento increíble, estamos entusiasmado al ver como la competencia se ha transformado en una muestra de belleza y fuerza en el hielo. ¡De esto se trata este deporte!

Los comentaristas seguían alabando las presentaciones observadas, pero cuando Giovanni abandonó el Kiss and Cry, no había satisfacción en su rostro. Ya esperaba quedar de cuarto lugar, Otabek había tenido una presentación magnífica en Canadá, quedando con la plata. Y Seung-Gil pese a su caída, parecía preparado y dispuesto a todo. Fue imposible contener más las lágrimas que empezó a secar con rabia mientras caminaba bajo el brazo de Masumi. A pesar de las amables palabras de su tutor, no pudo contener la sensación de derrota.

Otabek lo miró de reojo, antes de soltar el aire mientras sostenía con las manos enguantadas la barrera. Natallie Leroy estaba frente a él, animándolo. Su camisa azul acero brillaba ante la iluminación del lugar y su pantalón plomo apretaba suavemente a sus muslos tensos. Pero Otabek seguía sintiendo que cada extremidad estaba llena de agua, la perfecta metáfora para su programa en donde el protagonista caminaba en medio de la lluvia.

—Concéntrate —le dijo Natallie, mientras lo miraba—. Es tu momento.

¿Lo era? Otabek por un momento lo dudó, a pesar de asentir. Lo dudó cuando soltó la barrera, cuando empezó a deslizarse frente a todos en medio de los aplausos y se percató que aquel agujero lleno de sangre en su garganta se sentía como una piedra de concreto en la faringe. Sin más, extendió su brazo derecho al vacío y su rostro se inclinó hacia esa dirección mientras cerraba sus párpados. El rostro roto de Yuri, su voz cortada, el rojo de sus mejillas y el horror de su mirada se filtró: potente. Se sintió como una puñada.

«También te dije que yo no… ¿No lo estás ignorando también?»

Y justo allí, en esa herida sangrante que se abrió en su pecho, empezó su presentación.

[Oblivion – Zirah]

Otabek inició su presentación con ese golpe en su tórax, letal. Su cuerpo pareció empujado por una fuerza invisible hasta doblarse herido, mientras apenas se deslizaba en el hielo. Con pasos lentos y agónicos, el amante dejaba atrás a su ser amado, apretando el paso de espalda. Se alejaba como quien no quiere desprenderse de un recuerdo. Se alejaba de esos ojos de Yuri, verdes y poderosos, que jamás lo verían como él deseaba.

«—¿Qué quieres tú de mí, Yuri?
—Que te resignes…
—¿Resignarme a qué…?
—A que no te voy a corresponder…»

¿Cómo podía permanecer a su lado? ¿Cómo lograría que sus sentimientos llegaran a él? ¿Cómo haría para conquistarlo? ¿Tendría sentido? ¿Tendría sentido?

«No pierdas tu tiempo en esa mamada…»

¿Podría alcanzarlo?

«—¿Es por Mila?
—No.»

Saltó. El salchow cuádruple cayó antes de terminar su última rotación y forzó su caída al hielo, de forma aparatosa. El público aguantó el aliento mientras Natallie abría sus párpados y sintió el helado malestar aferrado en la nuca. Otabek se levantó rapídamente para continuar con su presentación, resintiendo el dolor en su muslo por la caída, pero su cuerpo estaba mojado, lleno de agua, estaba lleno de lágrimas acumuladas.

«¡Se jodió, Bek!»

Aumentó la velocidad para buscar ejecutar el combo de Toe Loop cuádruple con un doble.

«Te perdí… perdí a mi amigo.»

Saltó.

«Quise repararlo y te perdí…»

Giró.

«Que puto asco…»

Cayo.

El fuerte golpe contra su brazo se sintió como golpear con acero. Otabek logró levantarse casi al instante, pero su brazo ardía muchos más que sus ojos que intentaban ver con claridad el hielo. Fue un estúpido, se dijo, mientras apresuraba el paso para continuar con la secuencia de pasos hechas con tanta intensidad que le dolían las articulaciones, los músculos, los huesos. Necesitaba saltar, necesitaba dejar de pensar en las decisiones que lo llevaron a perderlo todo.

Fue un estúpido por intentar cambiar los sentimientos de Yuri, por intentar cambiar los sentimientos de Mila, por intentar acomodar todo bajo su conveniencia, como si estuviera en su mano el cambiar los sentimientos ajenos. Fue un estúpido, mientras giraba la pirueta alta, a toda velocidad, sosteniendo su patín con su mano. Fue un estúpido por creer que podría alcanzarlo con solo voluntad.

Algunos aplausos comenzaron a sonar, pero Otabek los escuchó bajo la misma agua que había sentido en sus articulaciones que llenó a sus pulmones adoloridos. Se preparó para hacer un Axel triple, picó, giró y en el aterrizaje metió su mano hasta sentir el ardor en la palma enguantada por evitar caerse de lado en el hielo.

Mila, perdiste a Mila.

Estúpido, se gritó, mientras se entregaba en la coreografía, con rabia, con impotencia, con la frustración llenándole el alma, el cuchillo clavado en el esternón. Estúpido, perdió a Mila. Perdió a la mujer que lo amaba, la perdió. La perdió.

Persiguiendo un imposible abandonó el lugar que siempre le había sabido a un hogar. Lo arruinó todo ante la posibilidad de poder cambiar los sentimientos de Yuri. Estupido, los sentimientos no trabajaban de esa manera, nadie tiene el poder de cambiar los sentimientos ajenos. No es así, no es así.

Estúpido, perdiste a Yuri.

Saltó. El combo de dos triples cayó aparatosamente, como si estuviera en sus dos piernas grilletes que le impidiera volar.

Y Yuri vio. Yuri vio cómo se cortaban las alas, como en la carrera por escapar de ese ser que tanto amaba y tanto daño le hizo, se estaba haciendo pedazos. Contempló e identificó su propio dolor, perplejo, con la garganta ahogada y los ojos rojos que empezaban a llamar a la lluvia. El temblor le llenó las mano ny por un momento quiso detenerlo. Detener ese camino rumbo al desastre.

El estadio se quedó en silencio. Phichit no pudo seguir grabando a partir de la segunda caída y observaban horrorizado el curso de la presentación. Seung-Gil estaba perplejo, tomado por sorpresa. La presentación se acercaba a su final y Otabek no dejó de patinar aun con sus alas rotas. Hasta el final.

La súbita caída al precipicio. Esta vez, Otabek no hizo nada para evitarlo. Apenas acabó la melodía, sus piernas dejaron de aguantarlo y cayó de rodillas al hielo, vencido. Sus puños golpearon la superficie que amplía desesperación y sus ojos se llenaron rápidamente de lágrimas al pegar su frente sobre él.

Por unos largos segundos, nadie habló.

—Esto ha sido la presentación de Otabek Altin, representando a Kazajistan. Sumamente emotiva, pero con demasiados errores técnicos que no se puede ignorar.

Los aplausos empezaron a aparecer de a poco, a cuenta gotas. Uno a uno, como una lluvia que pronto caería suave sobre el techo del estadio.

—Una dura presentación y realmente estoy preocupado. ¿Acaso Otabek está…?

—Se ha levantado sujetándose su costado izquierdo con fuerza, bajo su brazo. Los paramédicos están en alerta ante la posibilidad de que esté lesionado tras las caídas en sus saltos.

—Toda la secuencia de paso fue impecable, las piruetas ejecutadas con soltura y velocidad, pero al momento de los saltos cada caída fue más dolorosa de ver que la anterior. Vimos un programa que tenía todo para ganar, pero no logró hacerlo.

—¡El público aplaude la tenacidad del patinador que llevó la presentación hasta el final!

Yuri intentó tragar, pero no pasó saliva. Miró a Otabek deslizándose en el hielo hasta la salida sin dejar de sostener su pecho, justo al lado de su corazón. Natallie lo recibió con sus brazos abiertos y cubrió al patinador con su propia chamarra mientras este se dejaba hacer por el toque maternal de su entrenadora.

—Seung-Gil se prepara para la presentación. ¡Será el último contendiente de esta categoría masculina!

—El día de ayer, Seung-Gil Lee nos sorprendió a todos superando el récord que Plisetsky había marcado en el 2016. ¿Estará dispuesto a luchar por el oro?

Otabek llegó al Kiss and Cry en compañía de Natallie y se sentó con el cuerpo completamente agachado ante las cámaras. Sostenía ambas manos con fuerza mientras la entrenadora acariciaba su espalda y le hablaba con delicadeza.

Seung-Gil, entre tanto, dejó su chamarra en manos de Phichit, listo para entrar a la pista. Entregó a Min-So Park sus protectores para ingresar al hielo, pero su novio le tomó del brazo con apremió. Bastó ver los ojos de Phichit para notar el «no hagas una locura». Le sonrió con calma, como si todo estuviera bajo control.

—No necesitas el oro… —le susurró, con el temblor alojado en su garganta. Seung-Gil simplemente negó.

—Lo necesito. Haré todos los cuádruples antes de que acabe la primera parte —aseguró y miró hacia el frente, para agitar su brazo y provocar que su novio lo soltaré. Phichit palideció al instante.

—¡No seas estúpido!

—Iré por el oro. Solo obsérvame.

Las puntuaciones de Otabek fueron entregadas y los números cayeron como una aplanadora en la espalda del patinador. Bajó su posición hasta quedar en el quinto lugar de la competencia. El anuncio fue como una lluvia ácida para los presentes, pero Seung-Gil ajustó sus guantes y lució su precioso traje en negro y blanco. La camisa adornada por las gotas de cristal brilló en medio de la pista de hielo y Seung-Gil soltó la barrera para empezar a deslizarse ante su anuncio.

Sin embargo, a pesar de la amenaza que era Seung-Gil en la pista, Yuri no pudo prestarle atención cuando vio a Otabek acercarse tras haber abandonado el Kiss and Cry. Sus ojos verdes lo miraron como si buscara alguna manera de consolarle tras el trágico resultado en la competencia y al no encontrar palabras, solo se acercó. Se armó de valor y buscó eliminar la distancia entre ellos, pero en el momento justo en que rozó el hombro de su amigo, este lo apartó con brusquedad.

Hubo en ambos un sentimiento de culpa, no obstante, no hubo espacio ni tiempo para hablar. Otabek no quiso verlo, no allí. Todo lo que deseó fue estar a solas.

Con esa firme convicción, Otabek volvió su vista al frente y apretó más bajo su costado, donde sentía un dolor inmensurable al caminar. Pero ese dolor no era físico: dolía a desamor, a frustración, a decisiones tomadas. Dolía como las consecuencias que cambian irremediablemente su vida. Yuri no fue tras él porque en el lenguaje tácito que siempre estuvo en su amistad, pudo comprender que ese no era el momento de hacerlo. Y Otabek lo agradeció, porque no podría con ello.

[Rain — Simple Three]

Seung-Gil inició su programa de patinaje y Víctor escuchó en el pasillo la lluvia. Sentado en la banca al lado del Hello Kitty que Yuri recogió, también vio a Otabek ingresar con paso rápido mientras se agarraba del costado, tras haberse separado del toque de Natallie. La mujer lo siguió en una prudente distancia, consciente de que era mejor darle espacio, pero dispuesta a esperarlo lo más cerca que pudiera para darle el abrazo de una madre. Otabek pasó frente a él sin decir nada, Víctor tampoco quiso hacerlo porque los comentaristas habían dicho lo suficiente como para saber el desenlace. Tomó aire y sintió una nueva punzada en su rodilla que le hizo sisear.

Mantuvo su pierna en una posición que no doliera tanto, porque ya faltaba poco y debía estar allí para cuando declararan los lugares del podio, donde ya Yuri había alcanzado el suyo. Eso le llenaba de calma.

—Veo que Plisetsky ha contado con suerte —escuchó de Chris y aquello se sintió como una patada en la rodilla. Víctor le dirigió una mirada iracunda y el suizo entrecerró sus párpados. Justo sonaron fuerte los aplausos—. No estás de humor.

—No fue por suerte… no tienes idea de lo que ha luchado para lograr que el programa de hoy saliera así.

—Bien, me retracto. —Chris levantó sus palmas en señal de rendición. Víctor solo rodó los ojos y dejó de mirarlo—. ¿Por qué estás tan pálido?

—Me emocioné tanto que empecé a saltar con Yuri… —Víctor dibujó una sonrisa agotada mientras miraba a su rodilla—. Ahora duele.

—¡Maldita sea, Víctor! —El tono de Chris sonó ronco—. Voy a buscar de inmediato a los paramédic…

—No, calma. Tengo que estar para cuando le den la medalla a Yuri. —De nuevo se escuchó la algarabía y Víctor levantó la mirada al techo—. No puedo irme ahora…

—Estás pálido, no seas irresponsable.

—Estaré bien, puedo soportarlo.

—No seas imbécil…

Christophe no pensaba esperar allí a que Víctor le diera la gana de atenderse, así que estuvo dispuesto a emprender el viaje. Se detuvo por la insistente mano de Víctor que le agarró la muñeca. Allí Chris le miró con ojos preocupados, pues fue evidente que Víctor estaba conteniendo el dolor y no le gustaba para nada el aspecto pálido que tenía su rostro. Sin embargo, una nueva ola de aplausos cayó sobre ellos, sobrecogiéndolo. El público estaba extasiado.

Ambos miraron hacia la salida del pasillo, donde solo se podían observar a algunas personas del cuerpo técnico pendiente de la presentación que los cubría a todos como una densa lluvia llena de colores.

—Plisetsky va a tener que conformarse con la plata… —murmuró Chris.

—Quizás… Tenías razón aquel día en Chicago, la competencia es increíble… —dijo Víctor tras tragar con dificultad—. Y no solo eso, es terriblemente cruel.

—¿Cruel?

—Sí… porque no hay suficientes medallas para tanta tenacidad.

Yuri lo miraba también desde su lugar en el estadio, observando atónito a Seung-Gil preparándose para su cuarto cuádruple, antes de que termine el primer tiempo de su programa Rain. Se sintió sacudido por la determinación de Seung-Gil, por el arrojo, por la fuerza con la que se enfrentaba al hielo con la plena seguridad de que estaba haciendo lo correcto. Sorprendido ante su terrible terquedad. Y allí, si miraba a un lado, podía ver a Phichit grabando la presentación pero con las manos temblorosas; sacudiéndose de manera perceptible cada vez que Seung-Gil aterrizaba un nuevo salto. Vio en él tanta entrega y tanto miedo que supo de inmediato que solo alguien así podría ser el mejor amigo de Yuuri y comprender su verdadero sentir. Casi podía verlo reflejado allí: observando con fascinación el programa de la persona que más ama.

—¡La increíble fortaleza de Seung-Gil nos tiene con sangre en las venas! ¡Este ha sido su cuarto cuádruple clavado! ¡Pasó todos los cuádruples al primer tiempo de su programa!

—En la rueda de prensa antes del inicio, el campeón olímpico había declarado que realizó ajuste a sus rutinas para obtener los resultados que desea. ¡Ha venido a defender al oro a costa de lo que sea!

Pero en el siguiente salto, que era un combo de triple, Seung-Gil tuvo una desviación con la que casi perdió el equilibrio. Todos en el estadio agarraron aire como si hubieran caído bajo el agua y el propio Phichit se tensó de forma indecible mientras se aferraba a su lugar.

Sin embargo, Seung-Gil siguió patinando. Continuó deslizándose con la soltura de un turista en un país desconocido, sin restricciones, sin barrera. Se dejó llevar al límite con mesura, pero convicción. Ejecutó un Triple flip y aterrizó con firmeza, provocando nuevos aplausos en el público. Danzó y enlazó su secuencia de pasos con un triple Axel que realizó limpiamente. Su cadera y muslo dolía, pero mientras patinaba el dolor pasó a otro plano de importancia. Pensó en Phichit… pensó en su rostro cuando regresara de la pista y le dijera: «te lo dije». Y eso lo llevó a disfrutar del baile como si estuviera bajo la lluvia.

Patinó, patinó como si estuviera solo. Dedicó esos últimos segundos en pensar en su pareja y su forma de patinar, de vivir. El último triple loop cayó limpiamente y Seung-Gil se halló satisfecho. Phichit era esa lluvia, suave, serena y envolvente que llenaba su vida de colores.

Giró, giró con soltura, levantó las manos y aprovechó la velocidad para acabar con fluidez el programa.

—¡Maravilloso programa! ¡Maravillosa presentación! ¡Maravillosa muestra de tenacidad!

—¡Hasta el final! Llevando los elementos más complicados al inicio del programa y acabando serenamente como una lluvia, Seung-Gil ha venido a demostrar que no va a detenerse.

—¡Sacrificó la complejidad de los elementos del segundo tiempo por un programa estable, completo y, sobre todo, seguro!

Los aplausos llovieron sobre ellos. Yuri ni siquiera quiso contenerlo y también lo aplaudió conforme observaba a Seung-Gil recibiendo sus vítores merecidos mientras respiraba agotado, pero ampliamente satisfecho por su participación. En las cámaras, también aparecían Phichit y Min-so Park festejando abrazados por lo que había logrado. Los había sorprendido a todos por su madurez competitiva.

—¡Aseguró tener una participación soberbia para mantener su lugar entre los seleccionados a la final del Grand Prix! ¡Sin comprometer su cuerpo con una lesión!

—¡Esta es la valentía del campeón olímpico!

Seung-Gil fue recibido por su entrenadora y su pareja apenas llegó a la barra. Contestó los abrazos de ambos, aunque se veía con la respiración afectada. Mientras los comentaristas seguían alabando la gran hazaña, en espera de los resultados, Yuri sintió un retorcijón en el estómago. Seung-Gil merecía ese oro, no le cabía duda alguna.

Después de lo que vio en Rostelecom y lo que acababa de presenciar, Seung-Gil era, indiscutiblemente, uno de los mejores patinadores de la época. Al mirarlo dirigirse al Kiss and Cry en compañía de los suyos, apretó sus manos en la barrera y solo escuchó a su corazón latir. La competencia era tan compleja que no podía pestañear ni un segundo: pocos años fueron suficiente para que aquellos que él consideró inferiores, avanzaran para convertirse en rivales. Dignos rivales.

La hegemonía del oro ya no estaba en Rusia como fue en antaño cuando Víctor pisaba la gloria y Japón, quien logró sostenerlo por pocos años, no fue el único país que se levantó con atletas dispuesto a quebrar sus propios límites. Los otros también habían logrado alcanzarles, incluso con las limitaciones a las que pudieron enfrentarse. Yuri subió la mirada hacia la pantalla enorme que había en el estadio y vio de nuevo la repetición de ese cuádruple Luzt tan hermoso con el que Seung-Gil empezó su programa. Su estómago empequeñeció al ritmo de los nuevos comentarios y todo, por un momento, se ralentizó. Fue como percatarse que el tiempo se detenía y los ruidos disminuyeron su volumen. De repente, sintió el golpe de una espada contra su cabeza.

Al girar la mirada, identificó de dónde provino aquella sensación de ahogo que lo envolvió. Los ojos verdes de Giovanni lo miraron con una mezcla de repulsión, rabia e impotencia. Sus iris enrojecidos empujaron hacia él esa combinación de emociones tan poderosas y tan amargas que, por un momento le quitó la capacidad de hablar. Solo era eso, una mirada, una mirada potente y agria.

«¡No vengas a fingir que realmente lo sientes, Plisetsky! ¡No después de que ya lo habías hecho! ¡No después de todas las veces que me empujaste y me insultaste en los pasillos también!»

Los gritos de Minami en aquel baño de Chicago lo embargó, porque podía reconocer en esos ojos caramelos la misma furia, rabia y asco que Giovanni le transmitió con la mirada.

«—Masumi se encargó de coreografiarle los programas a Giovanni Ritz y son bastante buenos también.
—¿Quién es ese?
—Si dejarás de pensar que el mundo gira en torno a tu nariz, lo sabrías. »

Pasó saliva con dificultad al recordar las palabras que Christophe le dijo aquella vez, mientras admiraba las exhibiciones. Yuri incluso sintió que su corazón latió pesado, aplastado por el abrumador reclamo silencioso que el patinador suizo lanzó contra él.

—¡327,58 puntos! —Toda la atención volvió a la pantalla que estaba sobre ellos. Allí, Seung-Gil arrugó sus ojos, mordió sus labios y sonrió, resignado, mientras recibía las caricias sobre su cabeza de Phichit—. ¡Increíble!

¿Eh?

Yuri miró estupefacto la tabla actualizarse en medio de la algarabía. Su estómago se cerró al instante.

—¡Seung-Gil queda en segundo lugar después de esta grandiosa presentación!

Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. Toda el agua se hizo una bola de calor en su garganta y las piernas empezaron a temblarle.

—¡Ya tenemos a los ganadores de la categoría masculina de patinaje artístico!

Por pocas décimas, Yuri alcanzó la medalla de oro. Las Yuri Angel gritaron frenéticas en el estadio y Larissa abrazó emocionada a Lilia sin pensarlo. Víctor, en el pasillo, celebró emocionado, con ansias de saltar y abrazar a su pupilo que lo había dado todo en la pista para hacerlo posible.

Y Yuri se encontró arrodillado, aún sosteniendo sus manos en la barrera, escondido mientras escuchaba los aplausos. Su rostro incrédulo estaba lleno de lágrimas.

Notas de autor: ¡Estoy feliz por llegar al antepenúltimo capítulo! No tienen una idea de cuánto esperé este momento para escribirlo. Desde cuándo lo tengo planeado, como le puse corazón a ellos. Estamos cerrando ya el trofeo de Francia y a Matryoshka II, el fenix. ¿Qué nos espera en el vuelo? ¡Muchas sorpresas! ¡Les animo a seguir lo que se viene!

¿Esperaban este desenlace? ¿Qué esperaban en realidad? Espero que al menos haya podido emocionarlos. Yo me emocioné escribiéndolo y sobretodo recuperando esto de describir los programas con la música. ¡Gracias por todo el apoyo!

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

8 comentarios sobre “Matryoshka II (Cap 51)

  1. Aaaaah todo fue tan emocionante y dios!!! Son demasiadas emociones
    Viktor tiene razón, no hay suficientes medallas TwT
    Me encantó leer las coreografías, lo sentí como verlas en el anime con el trasfondo de lo que pensaba cada quien, soy super feliz por Yuri, a Chris quiero cachetearlo, a Seung también pero un poquito nada mas xD y luego abrazarlo ♥
    Otabek duele, duele bastante TTTwTTT
    Gracias por escribir Caro ♥♥♥

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    1. Aowww me alegra mucho que te haya gustado Mariv. ¡De verdad me emociona que sientas todo ese cumulo de emociones! Me alegra que pueda ver las coreografias como en el anime y que disfrutes de ello. Chris ya tendrá su momento, igual que Seung xD pero de momento todo se va solucionando. Otabek ahora tiene mucho que resolver. ¡Espero te guste el nuevo capítulo!

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  2. Sentí que en este capitulo el villano fue Yuri muajajajaja Ay Yuri! Eres la desgracia de algunos xDD

    F por Otabek, ya esta muerto y nada mas no le han avisado. Eso te pasa por dejar a una buena mujer, cabronete muajajaja
    Bueno ya, pobrecito. Necesita procesar su duelo de la mejor manera, debe entender que ya lo pasado es pasado y ni a fuerza los zapatos entran. Es hora de decirle adiós al rubio y continuar con su vida. Hasta que no lo haga, no podrá estar en paz. Difícil situación la que se le viene.

    Me gusto como narraste las coreografías, la música me encanta y me gusto mucho la mirada de veneno de Giovanni a Yuri. Al menos las palabras de Chris resuenan en su cerebro y tiene razón, me pregunto hasta cuando Yuri se redimirá aunque sea un poco con sus compañeros? Hay que admitir que se comportó peor que una diva y eso no se hace. Cabrón, cuando leo cosas así de él, se me olvida la empatía que le tuve en capítulos anteriores xD.

    Espero que Giovanni no se llene de rencor injustificado. Es un personaje que me gusta mucho y entiendo su coraje pero al final perdió la medalla por su falta de concentración, ni moda!!.

    Otro que tiene razón es Victor, es una lastima que no haya suficientes medallas para todos. De merecer todos lo hacen, esta fue una batalla brutal y se sintió toda la tensión de la competencia, juro que pensé que Seung se iba a llevar la medalla. Bien por Yuri, es bueno leer que esta recuperando la confianza en si, y ya esta madurando… A su manera.

    Gracias por publicar y esperaré el siguiente capitulo con ansias. Bye bye~~~

    Le gusta a 1 persona

    1. Aowww Angy, sí que la cosa está bien fuerte para Otabek, pero ya tendrá que darle un punto final a la situación, por su bien y el bien de la amistad que podría tener con ellos dos.
      Por parte de Yuri, apenas va a empezar a entender lo que hizo con sus compañeros competidores y que debe bajar la guardia. Ya no es un adolescente para que le justifiquen sus malas pasadas. Jajajaja te entiendo D pero quería mostrar de forma muy humana a Yuri: sigue siendo un cabroncito, solo está creciendo y viendo todo lo que ha hecho para intentar hacer ahora las cosas mejor. Giovanni es un persona interesante y seguro lo veremosmás. ¿Conseguirá alguna disculpa de Yuri? ¡Ya lo veremos!
      Víctor creo que soltó mi pensamiento como escritora, ojalá pudiera darle la medallaa todos. ¿Acaso kubo y Sayo llegaron a sentir eso? ¡No lo sé! Que Yuri ganara lo tenía decidido hace mucho y tenía miedo de como lo fueran a tomar xD ¡Me alegro que les gustara!
      ¡Gracias por leer Angy!

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  3. Yuri merecía su podium, es decir , todos lo merecen, esta competencia fue dura, pero con Yuri se vio ese cambio clavando todos sus saltos a la perfección!!!! joder si seung clavase bien ese Cuadruple del final y no un triple, se lo pasaba por completo, YO LO QUE SI QUIERO VER ES QUE YA VICTOR ME LE HAGA UN JODIDO PARON AL CHRIS… XD ya te he dicho que amo a Chris y a cualquier Chris que lea de cualquier fic, pero el de matry no lo puedo pasar por su actitud y tomar a pecho ciertas atribuciones que no le corresponden. xD

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    1. Jajajajaja si, Yuri s elo merecía también. Luchó mucho por él y tuvo que hacer mucho para lograrlo. Aunque como dices, Seung Gil estuvo a nada. Es un adversario de cuidar xD
      Chris ya tendrá su momento, mi Shary, solo hay que esperar. Esto ocurrirá en el vuelo 😉
      Gracias por leerme, a pesar de que no te guste mi Chris xD

      Le gusta a 1 persona

  4. Sigo impresionada por tu forma tan fluida de escribir las coreografías. Las descripciones se complementan a la perfección con la música y forman, en definitiva, una hermosa experiencia al lector.

    ¡Este capítulo está que arde! Emocionante e impredecible agggghhh yo quisiers que todos se llevaran la medalla 😭 Yuri superado una barrera enorme, sin embargo, el daño que ocasionó ahí sigue y precisa hacerse cargo de algunas cosillas de su pasado. No obstante, la fortaleza y el desempeño de este programa da a entender que nos espera un Yuri más maduro y consciente de sus acciones. ¡Su desarrollo ha sido magnifico!

    Por otro lado, Beka, creo que en esta guerra, él ha sido el soldado que más se ha expuesto a las balas… me dolió mucho leer su presentación, sentí cada caida como si fueran las mías y una tristeza al saber que las cosas pudieron haber sido diferentes. Creo que Otabek ya pagó con creces las decisiones mal tomadas de su haber. Espero que, ahora que esta deuda está saldada pueda resurgir con mayor fuerza. ¡Lo merece!

    Ufff Seung pinta como un acérrimo competidor, eso es muy canon con él y, en verdad admiro su desarrollo: querer ganar, pero estar al tanto que una lesión podría costarle la carrera. Un chico callado, apasionado y prudente. ¡Bien por él!

    Espero ansiosa el siguiente capítulo, ahora sí me apuré a leerlo jeje

    ¡Mil gracias por actualizar! n.n

    Le gusta a 2 personas

  5. No sé qué comentar aaaaahh!!
    Bueno, la verdad me había resignado a que Yuri quedara en segundo lugar o tercero no sé, pero… ¡Fue un final increíble! Lloré, en serio lo hice 😭
    Fue tan bello ❤️
    ¡Muchas gracias por este capitulo tan lleno de sentimientos Caro!

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