Green light: Capítulo 7


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«He visto el mundo, he hecho de todo».
«Ahora tengo mi pastel. Diamantes, brillantes, y Bel-Air».
«Las calientes noches de verano a mediados de julio».
«Cuando tú y yo éramos salvajes por siempre».
«Los días alocados, las luces de la ciudad».
«La manera en la que jugabas conmigo como un niño».
«¿Me seguirás amando cuando ya no sea joven y hermoso?».
«¿Me seguirás amando cuando no tenga nada más que mi alma adolorida?».
«Yo sé que lo harás».
[Lana del rey – Young and beautiful]

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—Ha sido una semana difícil… —susurra Yuuri, mientras observa a Otabek Altin y Chris Giacometti, quienes junto a él son accionistas de la multinacional petrolera—. Yo… seguramente saben que…

Las palabras mueren en su boca.

Apenas el día anterior estaba hablando con Yuri Plisetsky en esa misma sala, y ahora le decían que su cremación sería el mismo día que la de Victor.

—Necesito respirar, lo siento… —les dice, y se pone de pie para salir de allí hacia el balcón del departamento.

Chris quiere irse, no soporta estar en ese lugar. Por su parte, Otabek también quiere irse.

Yuuri se tarda, así que Yakov les pide que se vayan.

—No tiene por qué afectar sus intereses, señor Katsuki… —le dice Yakov, mientras posa uno de sus brazos alrededor de su cintura—. Plisetsky le dejó todo lo suyo a Otabek Altin y Mila Babicheva, y todo lo de Victor es de usted. Nada se mezcla y todo sigue como hasta ahora.

Yuuri asiente en silencio.

—Por otro lado… si necesitas cualquier otra cosa… sabes que puedes contar con mis servicios. Te garantizo que haré absolutamente todo lo posible para seguir llevando con mis manos la empresa.

Yuuri vuelve a asentir. Las manos de Yakov lo acarician y él cierra los ojos.

Es asqueroso.

—Quiero estar a solas… —le dice Yuuri, y se aleja rápidamente de su lado para luego dirigirse hacia la puerta de salida, abrirla y señalársela—. ¿Podemos hablar de esto en otro momento, señor Feltsman?

Yakov se va, y solo cuando se queda a solas es que Yuuri se deja caer sobre el sofá y permite que sus ojos se humedezcan.

Es extraño no sentir dolor.

Lo que siente es quizá nostalgia.

Recuerda los momentos que pasó junto a Yuri Plisetsky.

Lo recuerda sentado en ese sillón, riendo y hablando en ruso con Victor, un ruso fluido y perfecto, imposible de seguir y entender.

Lo recuerda parándose y yendo hacia la cocina, insistiendo en que Victor quemará el departamento, insistiendo en que él cocina mejor.

Recuerda cosas.

Recuerda a Victor sonriendo y ofreciéndole una copa de vino, Yurio tiene las manos ocupadas con el sartén, así que Victor le da de beber con una sonrisa divertida.

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«Podríamos ir a Japón éste fin de semana».

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Le había dicho Yurio a Yuuri la noche en que regresaban de la morgue de la clínica, después de que Yurio hubiera reconocido el cadáver de Victor.

Yuuri había notado la súplica en su voz.

Había tantas cosas que no entendía.

¿Por qué Chris lo odiaba?

¿Por qué Yurio había hecho algo tan horrible como lanzarse a aquella camioneta?

Eran preguntas terribles, y Yuuri estaba seguro de que no encontraría la respuesta sentado, así que rápidamente se pone de pie y va al dormitorio. Saca un abrigo, se lo pone y sale.

Ahora Makkachin está con Chris, él se lo llevó y Yuuri no se lo objetó. La verdad era que el esponjoso can se deprimía cada día a su lado.

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«Hubiera sido mejor si Yurio se lo llevaba».

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Piensa Yuuri, recordando cómo cada vez que Makkachin veía al rubio ruso quería lamerlo y lanzársele encima.

Sus pasos por la ciudad son silenciosos y tranquilos, la persona a la que va a ver vive cerca suyo así que no toma un taxi y aprovecha el tiempo para despejar un poco la cabeza.

Al llegar a la susodicha puerta y tocar el timbre, una mujer de cabello rojizo le recibe.

—¿Qué hace aquí? —le pregunta Mila, mientras intenta secarse la húmeda nariz.

—Quisiera saber si puedes llevarme al departamento de Yurio. No conozco la clave, y quisiera… —Yuuri la mira, buscando ayuda, pero al ver la mirada confundida de Mila, prosigue—. Necesito respuestas, ¿Sí?

—Yo puedo darle esas respuestas… —le dice Mila, apoyándose en el marco de su puerta y sin invitarlo a pasar—. ¿Quiere saber qué pasaba? ¿Quiere saber por qué Yura se suicidó?

Yuuri cierra los ojos al escuchar esa última palabra, se da media vuelta y empieza a caminar.

—Es claro que no debí venir aquí… —le dice, y escucha a Mila gritando un «Espere», así que se detiene en su sitio y espera.

Segundos después, Mila susurra un «Ya vuelvo, Potya» y cierra la puerta de su casa con llave.

—Tomemos un taxi, le contaré algunas cosas, y… luego veremos qué decide…

Yuuri va a preguntarle sobre qué, pero se calla, la sigue y toman juntos un taxi hacia el departamento de Yurio.

—Empezó hace como… no sé… —dice Mila, mirando hacia la ventanilla de su lado y tratando de recordar—. Creo que fueron tres años y algo. Yuri había terminado con Otabek, como tantas otras veces, y Victor estaba enfadado con él porque, bueno, era el cuento de siempre. Otabek no quería que nadie se enterara de su amorío y Yura estaba cansado, pero aun así volvía con él y siempre terminaba con el corazón roto y con la frente pegada a la barra de algún bar.

—Otabek Altin va a casarse ahora, ¿Verdad?

—Sí, con Sara Crispino. De hecho las invitaciones ya fueron repartidas hace unos días… —le dice Mila—. El problema es quizá la familia de Otabek. Su padre es un Alfa muy creyente en la jerarquía, ver a su hijo con otro Alfa le pone los pelos de punta, además siempre fue muy claro en decir que su hijo debía conquistar a un Omega, marcarlo, preñarlo y cuidarlo de por vida. «Los Omegas dependen de su Alfa. Y un Alfa debe vivir para cuidar de su Omega», eso es lo que el padre de Otabek cree, o eso le dijo a Yuri y él me lo comentó.

—Entonces fue por eso que… —Yuuri se calla, Mila no vuelve a hablar.

El silencio sepulcral del auto es cortado varios minutos después, cuando el conductor les dice que ya han llegado.

Entonces Mila baja y es Yuuri quien paga y luego la sigue.

Suben por el ascensor, llegan al piso y Mila ingresa la contraseña en la puerta.

El aroma a rosas tan conocido casi imperceptible pero reconocible golpea a Yuuri como un bate en el pecho, logrando formarle un nudo en la garganta.

Allí está Victor.

Sentado en la sala de sillones color vino.

Yuuri finge no verlo, pero la mirada azul lo sigue centímetro a centímetro con cada paso que avanza adentrándose en el hogar de Yurio.

—Bien, ya estamos aquí… —le dice Mila, mientras recoge un par de juguetes de Potya del piso y los coloca en su bolsillo para llevárselos después a su casa—. ¿Qué quiere hacer?

—Tú dime… dijiste que sabías… —le dice Yuuri, tratando de ubicar la fuente del aroma a rosas que vaga por el departamento.

Mila nota esa búsqueda, así que se dirige al dormitorio y entra.

Yuuri la sigue despacio.

Al entrar observa la cama con las sábanas azules revueltas y las cortinas cubriendo la habitación.

Mila toma un objeto de entre las almohadas y se lo arroja.

Yuuri apenas logra atrapar aquella prenda, pero en cuanto lo hace la reconoce a la perfección. Es de Victor.

Es la chaqueta del traje azul que Victor llevaba cuando salió aquel último día hacia aquella reunión.

Allí aún están las llaves del auto, su billetera, su celular y un par de caramelos con sabor a durazno.

—Chris quería llevarse a Yura a Suiza, ¿Sabe? —le dice Mila, mientras descorre las cortinas para permitir a la luz del sol ingresar e iluminar la estancia—. Pero Yura quería pasar el mayor tiempo posible con usted. Ya sabe, por la marca.

—¿La qué? —le pregunta Yuuri, mirándola y aún sin captar con exactitud lo que tiene entre las manos.

—La marca de Victor en usted aún tiene de alguna manera el aroma, la… esencia… de Victor… —le dice Mila—. Eso le ayudaba a la bebé a estar tranquila y no lastimar a Yuri.

—O sea…

—Espere, los papeles están por aquí… —le dice Mila—. El abogado se los dejó a Yuri ayer en el buzón. Los de divorcio fueron quemados por Yura, pero éstas añadiduras que Victor hizo en su testamento dejando todas sus posesiones a Yuri y a su hija, pues… aún están aquí. Por su parte, Yuri le dejó todo lo suyo a Otabek y a mí, y pues… no creo poder volver a trabajar jamás allí…

Yuuri alza la mano apenas un poco, dándole a entender que necesita silencio ahora.

Pasan un par de minutos inmóviles, hasta que Yuuri aprieta la chaqueta de su esposo entre sus manos y se dirige a la salida.

Mila no lo detiene, tan solo se sienta en la cama y se queda allí un rato más, quizá disculpándose con Yura por haber revelado lo que él prefería mantener en secreto.

Mientras tanto, al salir del edificio, Yuuri eleva la mano y toma un taxi de regreso a su propio departamento.

Al llegar allí arroja la chaqueta de Victor sobre uno de los sillones, luego camina despacio hacia el dormitorio.

Al entrar se dirige hacia una de las esquinas, abre el pequeño tacho de la basura y observa dentro de el.

Allí está esa hoja blanca de alguna libreta, y Yuuri puede leer sin levantarla lo que hay escrito en ella.

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«Como esmeraldas».

«Así son tus ojos».

«De un brillante y hermoso color verde».

«Como la primavera».

«Como la selva».

«Salvaje, cruel y feroz».

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Había visto esa nota la mañana del día en que Victor murió, y la había arrojado a la basura sin que Victor lo notara.

Casi podía recordarlo.

Se habían saludado fríamente como todos los días, y Victor se había dado una ducha.

Mientras lo hacía, Yuuri se había aproximado a esa misma chaqueta que ahora reposaba en su sillón.

Allí la había encontrado.

Al instante de leerla el celular de Victor sonó anunciando un nuevo mensaje.

Yuuri recuerda haber leído algo como «Te espero junto a Kitty», y algo como «Ya se los compré».

Ahora que Victor ya no está, Yuuri toma el celular ajeno entre sus manos, desbloquea la pantalla, accede a la conversación que tuvo con Chris y pasa el dedo por allí, subiendo para entender de qué hablaban.

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[Te digo que me odia, Chris]

[Me dijo que se iría de vacaciones con Mila a dios sabe dónde, y soy capaz de matar a esa bruja si se lo lleva]

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[¿De qué hablas, Victor?]

[Matarla por qué, no entiendo]

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[Porque resulta que Otabek Altin también va a pedir vacaciones, ¿Entiendes ahora? ¡Justo al mismo tiempo!]

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[Jajajajajaja]

[Esos son los celos parlando]

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[No te rías, Chris, ¿Eres mi amigo o mi enemigo?]

[Fue un error, ¿Tú sí me entiendes? ¿No?]

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[Claro, decirle al pequeño Alfa explosivo casualmente embarazado de ti que Yuuri y tú se besaron la noche anterior es… muy inteligente, «Amigo»]

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[No me llames así, eres mi enemigo ahora, maldición]

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[Escucha, Victor, solo discúlpate]

[Llévale rosas o algo]

[Él te ama]

[¿Tú lo amas?]

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[Sabes que sí, hasta le escribí un poema]

[¿Cuándo me has visto hacer eso?]

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[Nunca]

[Así como nunca te vi ser tan idiota]

[Era el último día del celo de Yuuri, no debiste dejar que te besara]

[A eso se le llama estupidez y lentitud. Lo empujaste, sí, pero te tardaste]

[Además, ¿Qué no le has dado ya los papeles de divorcio?]

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[Aún no, voy a dárselos hoy con Yura]

[Él vendrá antes porque no quiero que se agite, la bebé es muy inquieta]

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[¿A quién se parecerá?]

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[Cállate]

[Yo recogeré el anillo de compromiso, lo llevaré a nuestro departamento, ojalá Potya no lo encuentre y destroce la caja]

[Y luego me reuniré con Yura aquí, con Yuuri]

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[¿Se lo dirán juntos?]

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[Yura dijo que si en serio voy en serio, haremos esto juntos, él quiere estar presente]

[También dijo que me perdonaba porque fui sincero y le conté lo del mini beso]

[Pero me amenazó con irse y me dijo que me odiaba y que no quería hablarme ni verme]

[Por eso hablo contigo ahora, no quiero agitarlo]

[El embarazo de un Alfa es frágil porque su cuerpo no está especialmente hecho para ser impregnado, sino para impregnar]

[Quiero cuidarlo bien]

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[Eso está bien, todo saldrá bien]

[Además, que te perdonara es definitivamente un gran avance. Recuerdo cuando Yura no quería volver a verte y juraba a los mil vientos que cada beso y cada mirada eran un error, incluso te dejó todo tirado y maltrecho, casi agonizabas por él]

[¿Cómo lograste conquistarlo?]

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[Ni yo lo sé]

[Creo que es porque me ama]

[Se enamoró de mí sin darse cuenta]

[Para entonces yo ni siquiera podía apartar los ojos de él]

[Luego se dio cuenta de que alguien más había estado con nosotros durante estos últimos días, y fue precioso]

[¿Sabías que los Alfas impregnados ocultan al bebé con su aroma? Lo ocultan tanto que ni siquiera su pareja se da cuenta]

[Decidimos que se llamará Ekaterina, como mamá. Kitty.]

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[¿Kitty?]

[¿Cómo saben que es niña?]

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[¡Lo es! Solo lo sabemos y ya]

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[¿Apostamos?]

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[No apostaremos con mi bebé, Christophe]

[Voy a bañarme]

[Luego voy a comprar helado para Yura]

[A Kitty le gustan las cosas frías y dulces]

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[¿Ya terminaste?]

[Estoy por la plaza cerca del departamento de Yura]

[Te espero junto a Kitty]

[Ya se los compré]

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Yuuri deja de leer allí.

Su mirada vaga por el departamento, busca a Victor pero no lo encuentra.

Había cosas que él había olvidado quizá porque ahora que lo pensaba, se había tropezado cuando Victor se fue aquella mañana.

El golpe había sido tan leve que apenas había un pequeño moretón en su cabeza, era imposible que ese golpe hubiera causado su olvido.

Pero entonces qué pasaba con lo que mencionó Yurio. Eso del suicidio y del supuesto bebé que perdió, ¿También había olvidado eso de pronto?

No tiene tiempo para pensarlo más, no cuando observa fuera de la ventana.

Ya es de noche.

Y el sonido de los pasos tras él le hace saber que ya no está solo en el departamento.

—¿Qué es lo que quieres? —le pregunta Yuuri, y el beso frío sobre su mejilla le hace temblar.

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Publicado por ArikelDT

☆ 1-6-96 ☆ Multishiper . ○●○ Amante del misterio, de las emocionas a flor de piel y de las memorables tragedias románticas. Enamorada del arte, de la música, de los versos y de los minutos de silencio. Puedo ofrecerte libros que hablan de corazones sedientos, con vidas vibrantes, e historias, a veces, sangrantes. ○●○ .

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