¿Quién es Víctor Nikiforov? (Esposo de placer)


En ese pequeño punto en que Rusia, Kazajstán, China y Mongolia parecían unirse, había un pequeño principado de nombre Fanelia. El soberano de Fanelia, al igual que todos los alfas nobles de este principado, tenía derecho a tener varios omegas, pero siempre rigiéndose por su antigua ley: sólo podían tener tres esposos legítimos más cinco esposos de placer al mismo tiempo. Los esposos de placer eran personas con las cuales firmaban un contrato mediante el cual se comprometían a cumplir con algunas obligaciones por un tiempo determinado y definido de antemano. 

Víctor Nikiforov era hijo del soberano de Fanelia, pero no era hijo de sus esposos legítimos. Víctor era hijo de una omega rusa que fue esposa de placer de su padre. Ella fue quien lo crió en Rusia, a su padre lo había visto pocas veces, aunque este siempre procuró que su hijo y su madre vivieran llenos de lujos. La madre de Víctor murió cuando él tenía dieciocho años y su vida desde entonces había sido solitaria, aunque nunca le faltaban omegas para compensar en algo esa soledad. Sin embargo, Víctor podía contar con los dedos de una mano los omegas que realmente le interesaron más allá de una revolcada casual. Chris había sido el primero.

La relación de Víctor y Chris era extrañamente fraternal. Podía decirse que eran dos buenos amigos que tenían sexo, aunque la verdad había más que eso. 

Víctor desde joven se hizo cargo de algunas empresas que su padre puso a su nombre, una de ellas era una agencia de modelaje bastante importante. Christophe llegó a un casting que buscaba la contratación de nuevos jóvenes talentos. Lamentablemente, el agente que estaba a cargo de la contratación intentó abusar de él. Cuando Chris opuso resistencia, aquel alfa mayor se burló de él; Chris era un muchachito de 18 años sin familia y sin un centavo, si no accedía a sus solicitudes sexuales, amenazó, se aseguraría de que nunca pudiera sobresalir en el mundo del modelaje. Chris tuvo mucha suerte de que Víctor escuchara las palabras amenazantes de su empleado. 

Víctor inmediatamente comenzó una investigación dentro de la agencia de la que recientemente se había hecho cargo, se dio cuenta de que muchos omegas eran abusados sexualmente y no sólo por ese alfa. Nikiforov no tuvo reparos en recabar las pruebas necesarias para mandar un buen tiempo a prisión a todos los abusadores, poco le importó la imagen de la empresa. Aunque finalmente las noticias que salieron en la prensa fueron positivas, resaltando la labor de Víctor y la gratitud de los omegas que ahora trabajarían seguros y con la certeza de que si algo así volvía a ocurrir, Víctor Nikiforov los apoyaría. 

El acercamiento entre Víctor y Chris fue inevitable, el omega de 18 años lo vio como un verdadero héroe y se enamoró tontamente de él. Sin embargo, pronto descubrió que Víctor podía darle muchas cosas: amistad, protección, cariño, sexo, dinero, incluso el departamento de lujo en Suiza en el que ahora vivía, pero nunca le daría ese tipo de amor ni se ataría a él. 

Cinco años después los sentimientos de Chris tampoco eran los mismos. Christophe reconocía que Víctor podía ser absolutamente generoso con los bienes materiales, pero sabía que su carácter también podía volverse egoísta cuando se encaprichaba con alguna cosa. También sabía que pese a su encanto natural que atraía a las personas como moscas a la miel, en el fondo era un hombre solitario. Víctor era demandante y siempre conseguía lo que quería, era honesto hasta rozar la crueldad y tenía comportamientos bastante infantiles. Sin embargo, su carácter era gentil y trataba de ser justo con todas las personas. A Víctor también le gustaba el sexo, y cuando conocía a un bonito omega iba directo al grano y la mayoría de las veces terminaban en la cama. El alfa no era fiel, pero sí leal, cumplía lo que prometía y se negaba a prometer cosas que no deseaba cumplir. Ahora que el suizo conocía mejor a ese excéntrico platinado, sabía que el tipo de relación libre que mantenían era la mejor para ellos 

Después de las dos semanas que Víctor pasó en Suiza, visitando a Chris y cerrando algunos negocios, volvió a Tokio. Lo primero que hizo fue llamar a Yuuri para invitarlo a cenar. Después se dirigió al departamento que tenía en Ginza y durmió un poco. Era temprano y no había podido conciliar el sueño durante el vuelo. 

Cuando ya oscurecía, pasó a recoger a Yuuri en su automóvil negro. El omega se encontraba nervioso por verlo nuevamente y Víctor no pudo más que sonreír ante la adorable imagen del japonés con sus mejillas sonrojadas y el leve temblor en el cuerpo que la cercanía del alfa le producía. 

—Estoy muy contento de volver a verte, Yuuri —dijo el alfa de ojos zarcos mientras conducía su precioso Mercedes Maybach 6.

—Yo también estoy feliz de volver a verte —respondió tímidamente Yuuri, pero regalándole al Víctor una bonita sonrisa. 

—¿Cómo está tu hermana?

—Mucho mejor, ya la dieron de alta. Si sigue el tratamiento estará bien, y gracias a ti podrá seguirlo. Gracias, Víctor. 

—No tienes que agradecerme tanto. Es un placer para mí poder ayudar a personas tan amables como tu familia. 

Poco tiempo después llegaron a su destino. Víctor entró al estacionamiento del Hotel Park Hyatt ubicado en Shinjuku y luego subió con Yuuri hasta la planta 52, donde se encontraba el New York Grill, un famoso restaurante que, además de sus deliciosos platillos, les ofrecía una vista inigualable de la ciudad. 

Yuuri estaba fascinado con la vista. 

—Sé que muchas personas prefieren el campo o la playa —comenzó a decir Víctor— pero, sinceramente, antes de ver bonitos paisajes yo prefiero ver la ciudad. Por eso me gusta mucho este lugar. Las luces de Tokio me fascinan. 

—También prefiero la ciudad —contestó Yuuri sin dejar de mirar hacia afuera—, es decir, me gusta mucho el mar, podría pasar tardes enteras sentado en la playa observando el oleaje y también puedo disfrutar de un bonito paisaje. Pero las luces, la arquitectura, la multitud de gente con tantos estilos diferentes, el contraste que hay cuando de un lado de la calle hay un parque y del otro grandes edificios, realmente me fascina. 

—Multitud de personas con tantos estilos diferente… sí, esa es una de las cosas que más me gustan de Tokio. Hay lugares en los que todas las personas se visten igual, parecen uniformadas. Y si hay algo que odio son los uniformes, cuando salí de la escuela empecé a probar diferentes maneras de vestir y dejé crecer mi cabello, lo corté hace solo un año.

—¿Tenías el cabello largo?

—Muy largo.

—Precioso —se le escapó a Yuuri, quien se sonrojó inmediatamente—, quiero decir que tu cabello es muy bonito, debió ser lindo verlo tan largo. 

—Gracias —dijo Víctor con una radiante sonrisa—, tu cabello también es muy lindo.

—Es negro, es muy común  —respondió Yuuri sintiéndose avergonzado. 

—Es de un negro brillante como el de un cielo nocturno sin estrellas. Es suave y perfumado —dijo Víctor extendiendo su mano y acariciando suavemente las hebras azabaches—. No es común, es perfecto. 

Yuuri pensaba que no podía ruborizarse más de lo que estaba, su piel ardía y sus ojos no podían alejarse de la intensa mirada del alfa aunque estuviera avergonzado y sólo quisiera escapar de aquellos ojos azules. 

Víctor apreciaba el rostro de Yuuri con verdadera devoción, a sus ojos era hermoso. 

—Tus ojos marrones también son perfectos, tienen ese brillo rojizo que los hace parecer del color del vino, y me miran de manera tan pura. 

El corazón de Yuuri palpitaba con fuerza. Y sus ojos comenzaron a aguarse, Yuuri jamás se había visto a sí mismo como un omega hermoso. Siempre pensó que todo en él era común, incluso había tenido problemas de peso y tenía que cuidarse mucho para mantenerse delgado. Sin embargo, el alfa lo miraba como si realmente observara algo hermoso y eso lo llenaba de calidez. 

—Tus labios —dijo finalmente—, son tímidamente carnosos y su sabor es dulce al igual que las sonrisas que dibuja. 

Víctor acercó su rostro al de Yuuri y el omega pensó que lo besaría en los labios, sin embargo, lo que recibió fue un suave beso en la frente.

Durante el siguiente mes, Yuuri y Víctor continuaron con sus citas, o salidas de amigos, como le había propuesto Víctor cuando cenaron en el local de sus padres. 

Para Yuuri, esas salidas eran un sueño. Y ya no tenía ninguna duda de que se había enamorado perdidamente de aquel alfa. 

Para Víctor, esas salidas le confirmaban que quería una relación con Yuuri. Pero no estaba seguro de que el japonés se adaptara al estilo de vida que él tenía. No lo iba a engañar ofreciéndole algo que no podía dar, como una relación de novios en las que existía fidelidad y esa clase de amor que él estaba seguro que jamás podría sentir. Víctor quería poder acceder sexualmente a Yuuri cada vez que deseara hacerlo, también quería brindarle cariño y protección, quería poner al alcance del omega aquellos sueños que anhelaba, como el de ir a la universidad y estudiar medicina. Víctor también quería cumplirle todos los caprichos que el dinero pudiera obsequiar, quería disfrutar de su compañía, escuchar su dulce voz diciéndole todo aquello que pasaba por su cabeza y verlo sonreír. Pero lo que no quería Víctor era sentirse atado a él, Víctor quería seguir siendo libre para tener las aventuras que deseara y con quien deseara, además, Víctor tenía dos amantes con los que tenía un vínculo que no quería romper. Chris era uno de ellos. 

La noche en que Víctor haría su propuesta a Yuuri lo invitó a su departamento. El omega estaba nervioso de visitar aquel lugar por primera vez, además, se sentía intimidado de que fuera en Ginza, la zona más costosa de Tokio. Aunque no era algo que le sorprendiera, después de todo, ese alfa ya le había mostrado lo rico que era. 

Cenaron escuchando jazz, la música era suave y no les impedía conversar. Yuuri era un ávido lector, por lo que le conversaba de los libros que leía y los autores que más disfrutaba. 

—Mi último descubrimiento es Ursula Le Guin —comentó Yuuri—, sinceramente nunca me había interesado la ciencia ficción hasta que la leí. “La mano izquierda de la oscuridad” es una novela maravillosa. 

—La verdad es que el único libro de ciencia ficción que he leído es “Un mundo Feliz”, es excelente, pero aún así no me llama la atención ese género. 

—Es porque no has leído a Le Guin.

—¿De qué trata el libro que mencionaste?

—De amor —sonrió Yuuri—, el personaje principal es Genly Ai, un hombre Beta que viaja a un planeta lejano llamado Gueden. En Gueden las personas son diferentes a todos nosotros. No existen divisiones de sexo, no hay hombres ni mujeres, tampoco existen divisiones por clase, no hay alfas, betas u omegas. 

—¿Entonces? ¿Cómo son esas personas?

—¡Son sólo personas! Pero cada cierto tiempo entran en estado de Kemer, que es como nuestro celo, y durante ese periodo su cuerpo presenta los órganos reproductores de uno u otro sexo. Las personas sin pareja van a las casas de kemer en las que pueden encontrar una pareja sexual con la que pasar el calor del celo. Aquellos que se vuelven parejas estables sincronizan sus celos, el kemer de uno provoca el kemer del otro, y si el primero en ese momento desarrolla los órganos reproductores femeninos, el otro, en respuesta, desarrolla los órganos masculinos, o viceversa. 

—Wow, eso es muy extraño. 

—¡Te imaginas lo extraño que fue para Genly Ai llegar a ese lugar! Además, él era mal visto por algunas personas, al ser hombre beta, ellos decían que estaba en kemer constante y que eso era perverso. Es una novela fabulosa, porque retrata muy bien lo que es el encuentro de dos culturas sumamente diferentes, los malentendidos que esto provoca, y como aún así puede surgir un amor verdadero. 

Víctor no dijo nada ante el último comentario de Yuuri. Y decidió cambiar de tema.

—Tal vez debería leerla, pero, como te he dicho antes, prefiero el cine. Claro que no veo toda la basura Hollywoodense que llega a los cines, pero disfruto mirando una y otra vez las películas que me han gustado. Últimamente he estado un poco obsesionado con Takashi Mike, especialmente con “13 asesinos”.

—Me han dicho que esa película es muy violenta.

—Lo que pasa es que la gente se acostumbra a esas mierdas estadounidenses donde se disparan mil balazos y no corre ni una gota de sangre. En “13 asesinos” hay acción de verdad. 

Yuuri rió ante la seriedad con la que el alfa decía aquello. 

Durante la cena siguieron conversando sobre algunos de sus gustos. Cuando terminaron de comer, Víctor invitó a Yuuri al balcón. El viento suave mecía sus cabellos mientras admiraban la luna llena. 

—Yuuri — dijo Víctor llamando la atención del omega —¿has oído hablar de Fanelia?

—No —respondió el japonés mirando al alfa. 

—Es un pequeño principado que limita con Rusia —comenzó a contar—, yo me considero ruso, después de todo me crié en Rusia y mi madre era rusa. Pero Fanelia es el país de mi padre. 

Yuuri lo miró interesado. Sintiéndose feliz de que el alfa compartiera cosas personales con él. 

—En Fanelia ciertos alfas tienen privilegios que tal vez te parezcan arcaicos, pero es un principado con tradiciones muy arraigadas. Los alfas privilegiados son… somos, alfas con poder económico o emparentados con la nobleza. 

—¿Qué tipo de privilegios son esos? — preguntó interesado. 

—Bueno, de muchos tipos… pero el que me interesa discutir contigo es el de la poligamia. En Fanelia podemos tener tres esposos legítimos y…

—¿Estás casado? —preguntó con miedo. 

—No —respondió el alfa haciendo que Yuuri suspirara aliviado—, no en el sentido tradicional de la palabra —agregó, el omega se tensó. 

—Como te decía, en Fanalia la ley nos permite tener tres esposos legítimos, yo no tengo ninguno. Pero también permite otro tipo de contrato, al que se le llama esposo de placer. 

—¿Esposo de placer? 

—Es un contrato que define ciertas obligaciones y derechos en una relación entre un alfa y un omega. Es un contrato más libre porque los términos no están prefijados, además, se fija el tiempo de duración del vínculo desde un comienzo. Aunque si hay acuerdo mutuo se puede extender una vez finalizado. 

Yuuri comenzó a juguetear con sus manos, nervioso, suponiendo que lo que venía no sería de su total agrado. 

—Yuuri. Te he contado esto porque ese es el tipo de relación que me gustaría tener contigo. 

—Yo…

—Por favor escucha mi propuesta y después me das tu respuesta. Yo escucharé lo que tengas que decir al respecto, pero por favor, escúchame primero —el japonés asintió y Víctor retomó la palabra—. Quiero que seas mi esposo de placer. Tu única obligación será venir conmigo cuando yo te lo solicite, aunque lógicamente yo entenderé si tienes alguna razón importante para no venir. Lo que quiero decir es que lo único que deseo de ti es tu compañía, esto incluye relaciones sexuales, pero no es lo único. Podemos salir a cenar, conversar, ir al cine, en fin, todo lo que hemos estado haciendo las últimas semanas. A cambio, yo también estoy dispuesto a ir contigo cuando tú necesites o quieras verme, esto obviamente está condicionado a mis posibilidades, yo viajo mucho, mis negocios no sólo están en Japón y constantemente debo estar en Rusia, Suiza, Francia, España y otros lugares. Si lo deseas, también puedes acompañarme en alguno de estos viajes. —El alfa bebió un poco del vino que tenía en su copa—. También te ofrezco otros beneficios: pagar tu universidad, darte una mesada para tus gastos personales, regalarte un automóvil. Cualquier cosa que desees la puedo comprar para ti. 

—¿Y si quisiera algo que no se puede comprar? —preguntó el omega levantando su rostro y fijando sus bonitos ojos color vino en los zafiros de Víctor. Lo miraba con esperanza y nerviosismo. 

—Yuuri —dijo Víctor acercándose a él y acariciando su rostro—, hay cosas que yo no te puedo ofrecer, pero tampoco voy a exigirlas. Amor romántico y fidelidad son el tipo de cosas que no busco en una relación. Tú me gustas mucho, me encanta tu compañía y te deseo no sabes cuanto. Quiero que formemos un vínculo, que nos acompañemos y nos apoyemos mutuamente, pero no quiero sentirme atado a ti ni sentir que te ato. 

—Tú tienes… tienes… —La voz de Yuuri temblaba mientras apretaba la copa del vino que aún no había probado. 

—Sí, Yuuri. Tengo otras parejas a las que les he ofrecido un contrato similar. Pero no viven en Japón.

Los ojos de Yuuri se aguaron y finas lágrimas comenzaron a correr en contra de su voluntad. 

—Yuuri, no llores —pidió el alfa sin saber cómo actuar frente a las lágrimas del omega. Sólo atinó a secarlas con sus dedos—. Te prometo que podemos tener una bonita relación aunque no sea del tipo convencional. Seguirás siendo libre de hacer lo que deseas y no tendrás que lidiar con los estúpidos celos y los nocivos sentimientos de propiedad que manifiestan la mayoría de los alfas. 

—Yo necesito… quiero irme —Yuuri entró nuevamente al departamento, dejó la copa de vino sobre la mesa y recogió sus cosas. Se ponía el abrigo cuando Víctor le dijo:

—Te iré a dejar a tu casa.

—No es necesario.

—Claro que sí, ya es muy tarde. 

—No quiero. Puedo tomar un taxi.

—Entonces pediré uno para ti —suspiro derrotado. Tomó su teléfono móvil y abrió la aplicación de Cabify para solicitar un automóvil—. Llega en 10 minutos. 

—Ví-Víctor —dijo de pronto Yuuri mirándolo asustado, como si recién se hubiera dado cuenta de algo—, el tratamiento de mi hermana, acaso tú…

—No —contestó Víctor inmediatamente, frenando los pensamientos del omega—, eso no tiene nada que ver con lo que hablamos. Yo seguiré financiando el tratamiento de Mari aunque ya no quieras verme más. No debes preocuparte por eso. 

Yuuri suspiró aliviado. 

Diez minutos después se marchó, pero no fue hasta su casa, se dirigió a casa de Phichit. En esos momentos necesitaba a su mejor amigo. 

¿Cómo nació esta historia? Bueno, hace un tiempo leí un reportaje que hicieron sobre Jill Dodd, fundadora de la marca internacional de ropa deportiva Roxy. Ella en la entrevista contó que cuando tenía 20 años y era modelo fue esposa de placer de un comerciante de armas de Arabia Saudita, parte de su harén. Supuestamente él tenía 3 esposas legales y 11 esposas de placer. 

Las opiniones vertidas sobre “13 asesinos” y “La mano izquierda de la oscuridad” son de mi entera responsabilidad.

¡Amo a Ursula K. Le Guin!

Muchas gracias por leer :*

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