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La respuesta de Yuuri (Esposo de placer)


Phichit escuchó atentamente lo que su amigo le contó. El moreno estaba en pijama sentado sobre su cama, Yuuri estaba a su lado relatando lo sucedido. Cuando terminó de hablar Phichit guardó silencio por largos segundos, algo que era bastante raro en él, y que mostraba la seriedad que le estaba dando al asunto. 

—Acepta —dijo finalmente mirando a Yuuri. 

—¡Pero, Phichit! Yo estoy enamorado de ese alfa idiota.

—Por lo mismo, así estarás más cerca de él.

—¡No quiero compartirlo! 

—Mira Yuuri, objetivamente lo que te está ofreciendo te conviene. ¡Te pagará la universidad! Por dios, no todos los días alguien viene y te ofrece eso y dinero a manos llenas. 

—Pero el dinero no es lo único importante.

—Lo sé, lo sé: el dinero no hace la felicidad —imitó la voz de Yuuri—, pero paga el tratamiento de Mari y tu carrera de medicina. 

—No me estás ayudando, Phichit.

—Si estás enamorado de ese alfa y te alejas ahora de él, pasarás toda la vida preguntándote “qué hubiera pasado si…” en cambio, si aceptas, pueden pasar varias cosas. La primera es que el tipo de relación que te ofrece definitivamente no te guste y el amor que sientes por él se vaya extinguiendo. En ese caso, te aprovechas de su dinero, de su bello cuerpo y, sin culpas, te buscas otro alfa para cuando quieras otro tipo de relación. La segunda es que te enamores más de él. En ese caso tienes dos opciones: aceptas su estilo de vida y vives del modo en que te propone aprovechando el tiempo juntos, o lo conquistas definitivamente y haces que deje a sus demás parejas. De todos modos, y pase lo que pase, es mejor arrepentirse de algo que hiciste que de algo que no hiciste. 

Yuuri se mordió el labio inferior. Por un lado quería echarse a llorar y no ver más a Víctor, pero por el otro las palabras de Phichit le hacían sentido. Realmente no sabía qué hacer. Después de pensarlo un poco miró a Phichit, y no del todo convencido, le dijo:

—Pero tú tendrás que soportarme cada vez que llore por ese alfa idiota, o cada vez que sienta rabia y quiera asesinarlo. 

—¡Por supuesto! Yo siempre estaré aquí para ti, pero estoy seguro de que si te lo propones puedes conquistarlo. Demuéstrale que no necesita más omega que tú —Ie dijo mirándolo fijamente con sus ojos aceitunos llenos de determinación. 

Y Yuuri se preguntaba si realmente era capaz de hacer una cosa así. 

Víctor no podía dormir. Estaba preocupado por Yuuri, sobre todo porque vio a través de la aplicación que cambió el destino de su viaje. Marcó al chófer del auto a través de la aplicación móvil y él le dijo que Yuuri le había solicitado el cambio de destino. El alfa marcaba a Yuuri, pero el teléfono lo enviaba directo al buzón de voz, envió algunos mensajes, pero no eran contestados. Aún así, seguía con el móvil en su mano mientras se paseaba por la sala de su departamento. 

Tres horas después de que Yuuri salió de su casa le llegó un mensaje desde su número:

“Hola, soy Phichit, el amigo de Yuuri. Él está conmigo así que relájate, recién se durmió”.

Víctor suspiró aliviado y después respondió:

“Muchas gracias por avisarme, Phichit. Por favor cuida de él” 

Inmediatamente recibió contestación:

“Es un placer cuidar de él, es mi mejor amigo, ahora ve a dormir porque mañana lo enviaré temprano a tu departamento ;)” 

Víctor sonrió genuinamente, realmente ese Phichit le caía muy bien, le contestó:

“Lo estaré esperando 😀

Buenas noches, Phichit”

Víctor se sintió más animado y se fue inmediatamente a su habitación. Puso el despertador a las siete de la mañana y finalmente se durmió. 

A las diez de la mañana del día siguiente Yuuri tocó la puerta de Víctor. Se veía tranquilo, aunque por dentro no lo estaba. Habría llegado a las nueve si no hubiera entrado en pánico, Phichit tuvo que tranquilizar a su amigo y poner de nuevo todas las posibilidades sobre la mesa, convenciendo al omega que lo mejor para su destino era aceptar. Al menos sería un médico si aceptaba. 

—Me alegra que hayas venido, Yuuri —dijo Víctor invitándolo a pasar. Yuuri entró sin decir nada—. ¿Quieres un café? ¿Té? ¿Chocolate?

—Café está bien. 

—Toma asiento, por favor, vuelvo enseguida. 

Yuuri se sentó en un sofá individual que quedaba cerca del ventanal por el cual se salía al balcón. Entraba mucha luz, dándole una nueva perspectiva del departamento que sólo había visto de noche. Era grande, limpio, con finos muebles y sin decoración excesiva. 

Víctor regresó de la cocina pocos minutos después, se sentó frente a Yuuri y puso la bandeja con las tazas de café sobre la mesa de centro. Yuuri tomó su taza con las dos manos, haciendo que la calidez traspasara hacia su piel, respiró hondo, aspirando ese aroma intenso que tenía el buen café e intentando que este lo relajara. 

—La verdad no sé si esta es la mejor decisión —dijo Yuuri sin levantar la mirada de la taza de café—, pero lo he pensado y creo que aceptar tu propuesta es lo mejor para mí. 

—Te agradezco mucho que le des una oportunidad a esta relación —dijo Víctor esbozando una sonrisa. 

—¿Hay algo más que deba saber al respecto?

—No, yo… llamaré a mi abogado para que traiga el contrato. Después él lo legalizará en Fanelia. 

—¿Es necesario que sea tan formal?

—Por supuesto que sí. Imaginate si a mí me llegara a suceder algo, quedarías como al principio. No. El contrato también prevé ese tipo de cosas. Si me llegara a suceder algo, un accidente, por ejemplo, tú serás uno de mis herederos. 

—¿Qué? Pero…

—Pero nada. Es necesario, es la manera que tengo de asegurar que efectivamente puedas cursar la carrera universitaria que quieres sin contratiempos, o de que tu hermana siga recibiendo siempre su tratamiento. En el contrato quedará estipulado que si yo fallezco tú heredarás un monto importante de dinero y también propiedades, todas las que poseo en Japón, incluyendo este departamento. 

—No puedo aceptarlo, es demasiado —dijo Yuuri dejando la taza de café y poniéndose de pie.

—Yuuri, es sólo precaución —dijo el alfa poniéndose de pie y acercándose al omega—, te aseguro que pretendo vivir hasta ser un ancianito —Víctor rio, haciendo que Yuuri se relajara y volviera a tomar asiento.  

—Entiendo —dijo finalmente el japonés. 

—¿Te parece bien que el contrato sea por tres años con la posibilidad de duplicar el tiempo si al llegar la fecha límite aún queremos mantener la relación? 

—Parece como si fuera un contrato laboral —dijo Yuuri haciendo una mueca. El alfa no dijo nada, Yuuri suspiró—. Acepto, que sean tres años —contestó finalmente—, pero — agregó— quiero tener la posibilidad de acabar con esto al finalizar el primer año si no logro acostumbrarme. 

—De acuerdo. 

—Falta bastante tiempo para que pueda dar el examen de acceso a la universidad, el año escolar ha comenzado hace poco —comentó Yuuri—, quisiera tomar clases de preparación. Me iba bien en la escuela, pero me sentiría más seguro si pudiera asistir a una de esas escuelas de preparación para el examen de admisión.

—Por supuesto. ¿Conoces alguna? 

—Sí. 

—Perfecto. ¿Hay algo más que necesites? 

—No. 

—Quiero hacerte algunos regalos, mañana podemos ir a ver algunos automóviles ¿cuál te gustaría?

—Eso no es necesario, Víctor. No necesito tener un auto. Además, no podría explicárselo a mis padres… la verdad, es que no sé qué les diré con respecto a las clases y la universidad. La vez pasada, cuando me diste el dinero por mi primera noche, yo les mentí, les dije que hice unas fotos para una revista de moda extranjera que quería chicos orientales en su catálogo. Pero esa mentira no me servirá nuevamente. Ya costó convencerlos de que era cierto y eso que Phichit me ayudó diciendo que él también había modelado. 

Víctor hizo un gesto pensativo, nunca había salido de esta manera con un chico como Yuuri, que tenía una familia tan cercana a la que dar explicaciones.

—Puedes decirles que estamos saliendo y que te pagaré la universidad porque deseo que cumplas tus sueños. No será una mentira, y no tienen por qué saber los pormenores de nuestra relación. 

—¿No te molesta que ellos sepan?

—Claro que no, Yuuri. Además, hemos salido ya bastante este último tiempo, supongo que saben que me interesas. 

—Es cierto. 

—Yuuri, hay una cosa más de la que tenemos que hablar. 

—Te escucho.

—Hay una sola cosa que no puede ocurrir, Yuuri. No puedes quedarte embarazado. 

—Lo sé. Yo tampoco quiero tener hijos ahora. Quiero terminar de estudiar antes de siquiera pensar en esa posibilidad. 

—¿Yuuri, tomas anticonceptivos?

—Claro que no, yo sólo tuve relaciones sexuales esa vez en el club, contigo. 

—¿Y fuiste a ese lugar sin tomar anticonceptivos? ¿Te das cuenta de lo que pudo haber pasado? 

La cara de Yuuri perdió el color, él jamás pensó en las consecuencias que esa noche pudo haber tenido. Yuuri estaba desesperado por obtener dinero para sus padres, surgió esa posibilidad y simplemente la tomó. 

—Oh, por dios, soy un imbécil —dijo Yuuri cubriendo su rostro—, estaba tan desesperado que no pensé en nada, no planifiqué nada, simplemente fui a ese lugar —dirigió su mirada a Víctor—. Eso, eso no pudo haber pasado ¿verdad?

—No lo creo, ya han pasado más de dos meses, supongo que te habrías dado cuenta. Además, no estabas en celo por lo que las posibilidades de embarazo son bajas. 

—Aún así soy un imbécil. 

—Claro que no, ven aquí, Yuuri —Víctor extendió sus brazos y Yuuri, con algo de duda, accedió a acercarse a él. Víctor lo sentó en su regazo y le acarició el cabello—. El imbécil soy yo, me di cuenta de lo inocente que eres y aún así no te pregunté nada. Y yo no llevaba ni un solo condón encima. Esa noche no tenía intenciones de ir a Eros, sólo acompañé a unos inversionistas con los que cerré un trato, insistieron mucho en llevarme, en ese momento fue tan molesto… pero ahora lo agradezco —sonrió—. Yo no pretendía pasar la noche con ningún omega del lugar, pero te vi y me pareciste irresistible. Fui irresponsable, pero te prometo que eso no volverá a suceder. 

—Sé que ha pasado un tiempo desde esa noche, pero aún así me siento intranquilo. Ha habido casos de omegas que no se enteran de sus embarazos hasta varios meses después. Tengo miedo. 

—Iremos juntos a ver a un médico, para que te revise y te recete anticonceptivos.

—Y si yo…

—Tranquilo, cariño. Te prometo que todo estará bien, pase lo que pase. 

Víctor abrazó a Yuuri y el omega se aferró a su camisa, su cabeza descansó en el hueco del cuello del alfa y aspiró aquel aroma a sándalo que lo relajaba y lo hacía olvidarse de todo lo demás.

 

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