¿Enamorarme? ¿Yo? (Esposo de placer)


Decir que Yuuri estaba nervioso era poco. Su madre, en agradecimiento, había invitado al Alfa a cenar a su pequeño puesto de comida y él había aceptado. Yuuri intentó distraerse de todas las maneras posibles, pero fue inútil. Sus manos temblaban y su estómago se rehusaba a mantener dentro de su cuerpo cualquier cosa que se atreviera a ingerir. Conforme avanzaba el día y se acortaban las horas que faltaban para encontrarse nuevamente con el Alfa de cabello plateado que había comprado su primera vez, su ansiedad aumentaba. En ese momento, Yuuri agradecía que sus padres fueran Betas y no tuvieran la facultad de leer las emociones que se desprendían a través de su aroma. 

A las ocho de la noche, el Alfa de ojos azules entró al pequeño local de comida, fue recibido por Hiroko que le daba la bienvenida con una sonrisa.

—Él es mi esposo Toshiya —dijo la mujer presentando al hombre que estaba unos pasos más atrás— y este es mi hijo menor, Yuuri —sonrió. 

—Es un placer conocerlos —respondió Víctor con una brillante sonrisa. 

—Por favor Yuuri, acompaña al señor Nikiforov, nosotros llevaremos la comida —solicitó Hiroko animada, y totalmente ignorante del estado en que se encontraba su hijo. 

—Venga por aquí, por favor —dijo Yuuri, avanzando por el pequeño pasillo del local y guiandolo hasta una de las mesas que se encontraban más apartadas, no eran muchas. 

—Es un lugar muy acogedor —indicó el Alfa cuando al fin estuvieron sentados, frente a frente.

—Usted debe estar acostumbrado a lugares más elegantes —respondió con la cabeza gacha y la mirada puesta en sus manos, que descansaban sobre la mesa. 

—Mirame a los ojos, Yuuri —dijo Víctor tomando la mano derecha del Omega y depositando un beso en ella—. Trata de relajarte, yo no le diré a tus padres como nos conocimos. 

—Lo sé —contestó Yuuri levantando su rostro, completamente ruborizado pero intentando mantener el contacto visual— Víctor, que estés aquí… ¿no es una casualidad, verdad? —preguntó para luego apretar sus labios en una fina y tensa línea recta. 

—¿Te gustaría que no lo fuera? —preguntó Víctor dibujando una sonrisa coqueta en sus labios, sin embargo, la súplica en esos hermosos ojos color vino lo hizo dejar todo atisbo de broma, y con sinceridad respondió—: No, no es una coincidencia, Yuuri. Ya te había dicho que volveríamos a vernos. 

—¿Por qué de esta manera?

—Averigüe un poco sobre ti y quise ayudar a tu familia. No le des más vueltas al asunto, Yuuri —Víctor lo miró intensamente—, simplemente quiero que nos conozcamos un poco mejor. Acepta por favor salir conmigo en calidad de amigo, ya veremos qué pasa después, ¿te parece bien?

—Sí —respondió el tímido japonés esbozando una bonita sonrisa. 

Poco después Hiroko y Toshiya llegaron con tazones de katsudon. Había más gente en el lugar, por lo que no podían sentarse a cenar con ellos, pero cada tiempo libre que tenían iban a conversar o atender a su invitado. 

A las 10:30 de la noche, Victor se retiró del lugar. Yuuri estaba más tranquilo después de charlar con él. El Alfa era gentil y lo escuchaba con atención, parecía interesarse genuinamente por sus opiniones y por sus deseos. Sin saber cómo, terminó contándole que estaba frustrado por no haber podido entrar a la universidad ese año escolar y que su sueño era ser médico pediatra.

—Muchas gracias por venir y disculpenos por no haber podido conversar más con usted —dijo Hiroko con su eterna sonrisa.

—No se preocupe, la compañía de Yuuri ha sido encantadora —respondió mirándolo con esa mirada intensa y transparente—, ya estoy deseando volver a charlar con él —sonrió. 

—No lo puedo creer… ese Alfa debe estar loco por ti, Yuuri —gritó Phichit en medio de la avenida, haciendo que Yuuri se avergonzara.

—Baja la voz, Phichit —respondió el japonés tapando la boca de su amigo y mirándolo reprobatoriamente—. Además no lo he visto en cinco días, tampoco me ha llamado por teléfono, y eso que pidió mi número —dijo cabizbajo. 

—Pero él mismo te dijo que estaría en Suiza durante dos semanas. Si fue por negocios debe estar muy ocupado, si a eso le sumamos el cambio de horario… debe ser realmente complicado llamarte por teléfono —razonó Phichit.

—Podría enviarme un mensaje, al menos —insistió Yuuri. 

—¿Y por qué no se lo envías tú? —preguntó.

—¡Yo! —Yuuri prácticamente gritó mientras su piel enrojecía furiosamente.

—Yuuri, pareces un tomate —se burló Phichit mientras reía. 

—No me atrevo, ¿y si le molesta?

—Si le molestara no te habría dado su número. Vamos, Yuuri, es obvio que le gustas. Si no le gustaras no se habría molestado en averiguar sobre ti, no se habría comprometido a pagar el tratamiento de Mari, no se habría aparecido en el local de tus padres. 

—Tal vez tienes razón —esbozó una pequeña sonrisa tomando su teléfono móvil y mirando el contacto de Víctor. 

—¡Claro que tengo razón! Vamos escribele algo…. si aquí son las 4:15 allá debe ser de mañana. 

—Está bien.

Yuuri comenzó a teclear, no sabía muy bien qué escribir, borraba una y otra vez los mensajes al no poder estar conforme con lo que decía. 

—Así está perfecto —dijo Pichit quitándole el teléfono ya cansado de verlo dudar. Leyó en voz alta—: “Hola, Víctor. Sólo escribo para saber cómo estás, Yuuri”. Sí, está bien para comenzar, aunque yo sería algo más atrevido —reflexionó para luego presionar “enviar” ante la incrédula mirada de Yuuri.

—¡Qué has hecho Phichit!

—No seas dramático —respondió el moreno devolviendole el teléfono, que en ese mismo instante comenzó a sonar.

—Es… es él, Phichit, ¿qué hago?

—¡Contestar!

—Sí, sí, contestar, contestar. 

—¡Apresúrate! 

—¡Sí! —Yuuri contestó el teléfono y se lo llevó al oído, Phichit se pegó a él para poder escuchar también— Ho… Hola, Víctor.

Hola, Yuuri. Estoy muy feliz de que me hayas escrito un mensaje —contestó una adormilada voz desde el otro lado del auricular.

—¿Estabas durmiendo? —preguntó preocupado—. No quise despertarte, lo siento.

No te preocupes, Yuuri. Aquí ya son más de las 9:30, anoche estuve hasta muy tarde en una fiesta con algunos inversionistas y he dormido poco, pero ya no estaba dormido. Debo salir de la cama pronto o me atrasaré con mi trabajo —rio. 

—¿Estás muy ocupado? Siento molestar.

No molestas, Yuuri. Al contrario, me alegró ver tu mensaje. Me hace feliz escuchar tu voz. Yuuri, desearía que me llamaras o enviaras mensajes cada vez que quieras hacerlo. Yo soy muy distraído con esto de los cambios de horarios y el día se me pasa rápido entre papeleos y reuniones. Pero pienso en tí, en nuestra charla de la última vez, en tus hermosos ojos…

—Yo… no sé qué decir. 

Lo que quieras, cariño. Pero por favor, no te disculpes por todo. Jamás me molestaría porque quieres hablar conmigo, aunque esté dormido o tenga trabajo. 

—Lo siento… —dijo Yuuri ruborizado—. ¡Ah! No debí decir eso —el Alfa al otro lado de la línea rio haciendo que Yuuri riera también. 

¿Cómo has estado, Yuuri? 

—Bien. Las cosas están mejor en casa gracias a ti. Mis padres ya no están preocupados por el dinero para el tratamiento de Mari y ella saldrá del hospital en dos días. La verdad es que mi madre está muy feliz desde que te conoció, si no supiera que ama a mi padre podría pensar cosas extrañas —se atrevió a bromear.

Bueno, eso pasa porque soy encantador —respondió Víctor risueño.

—Sí, lo eres —dijo Yuuri antes de poder frenar esas palabras— yo… quiero decir… yo…

Y tú eres completamente cautivante, Yuuri —contestó el Alfa dejando a Yuuri sin palabras. 

Después de un corto silencio el Alfa volvió a hablar.

Debo dejarte por el momento, Yuuri. 

—Gracias por llamar. 

Estoy ansioso por verte, pequeño. 

—Yo también —se atrevió a confesar casi en un susurro.

Ten un buen día, Yuuri, adiós.

—Adiós, Víctor.

En cuanto Yuuri cortó la llamada, Phichit dio un salto y luego abrazó a Yuuri. 

—¡Ese Alfa está loco por tí! —gritó sin importarle la gente que caminaba por el lugar. 

—¡Phichit! —exclamó Yuuri mirándolo reprobatoriamente, aunque en el fondo, se sentía feliz. 

—Eres cruel Víctor. Ser tan dulce con ese chico después de haber pasado la noche conmigo —reclamó con su voz grave el Omega de ojos verdes y mirada sensual. 

—Vamos Chris, ¿acaso estás celoso? —respondió Víctor risueño mientras se levantaba de la cama que compartía con el Suizo y se ponía un holgado pantalón de pijama que estaba tirado en el suelo para cubrir su desnudez. 

—¿Celoso? ¡Por favor! Sentir celos de ti es la cosa más ridícula del mundo, una total pérdida de tiempo —respondió Chris moviéndose en la cama. 

—¡Exacto! —concedió Víctor. 

—Sin embargo, no sueles ser tan dulce. Generalmente vas directo al grano cuando un chico te gusta.

—Bueno, admito que ese chico es especial. 

—¿Te estás enamorando, Nikiforov?

—¿Yo? ¿Enamorado? —preguntó sorprendido por las palabras de su amante—.  Eso sí que sería una novedad —reflexionó poniendo su dedo índice sobre los labios y ladeando la cabeza haciendo que su flequillo cayera sobre sus ojos. 

—Yo más bien pienso que sería un milagro, mon chéri.

—¿Tan mala opinión tienes de mí? Y yo pensé que te había tratado muy bien durante estos cinco años de relación, mon amour.

—Bueno, si dejamos de lado que ser fiel te es imposible, la verdad es que no me puedo quejar, pero te conozco. Sé perfectamente que detrás de todo tu encanto y galanura hay un corazón de hielo que parece más muerto que vivo. 

—Eres realmente cruel, nunca pensé que pudieras decir algo así de mi noble corazón. Además, te recuerdo que la fidelidad tampoco es algo que puedas ofrecer. ¿Masumi se llama el último?

—Sí, Masumi. Un francés muy fogoso por lo demás. Lo veré dentro de un mes, cuando viaje a París a hacer las fotos para Vogue. 

—Entiendo, dame las fechas para no molestarte en tu pequeña aventura. 

—Eres encantador, querido. Gracias por permitirme esas pequeñas travesuras —Chris se levantó de la cama dejando ver su trabajado cuerpo desnudo—. Ahora me voy a la ducha, tengo una sesión fotográfica dentro de dos horas —sonrió. 

—Cualquier cosa por hacer feliz a mi hermoso Omega —sonrió Víctor—, pero te recuerdo que mientras esté aquí ese trasero es solo mío, así que a las 8 te quiero aquí. 

—Como ordenes —respondió con coquetería acercándose al Alfa—, a mi trasero también le gusta que estés aquí —le dio un beso suave y luego caminó hacia el baño. 

Víctor sonrió, se divertía jugando con Chris, le gustaba su ingenio audaz y descarado. Se acercó a la mesa de noche, tomó su teléfono móvil y buscó entre su galería de fotos hasta que encontró la que buscaba. Apreció en ella la hermosa figura y el dulce rostro del japonés dormir, su sonrisa se volvió aun más genuina mientras recordaba el dulce aroma de Yuuri, una fragancia pura y delicada, sutil, tan distinta a la de Chris, cuya mezcla de miel y almizcle desborda sensualidad. 

—¿Enamorarme? ¿Yo? Si fuera de Yuuri tal vez no estaría mal —sonrió—. Aunque Chris tiene razón, mi corazón no sirve para esas cosas. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: