Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Contrato (Esposo de placer)


Yuuri finalmente se durmió en el regazo de Víctor. El omega había pasado una mala noche, despertando continuamente ante la angustia que le provocaba la decisión que debía tomar. En su corazón sentía que cualquiera cosa que hiciera lo haría sufrir. Intentaba pensar frío como le había dicho Phichit y sólo centrarse en que tendría el dinero para convertirse en médico y para cubrir cualquiera de sus necesidades o las de su familia. Pero era difícil. 

El aroma de Víctor logró tranquilizarlo y hacerlo olvidar cualquier pensamiento que en esos momentos pasaba por su cabeza, y al fin pudo dormirse profundamente entre sus brazos. 

Víctor, al darse cuenta, lo llevó hasta su habitación y lo acostó en su cama. Yuuri se acomodó sin despertar, envuelto en el aroma a sándalo que había entre las sábanas. El alfa se quedó un momento, lo observó  de cerca y aspiró de su cuello el suave aroma a ciruelo blanco que Yuuri desprendía. Tan dulce, tan puro. 

Después de unos momentos Víctor salió de la habitación y se dirigió al despacho que tenía en otra de las habitaciones. Un lugar bastante amplio e iluminado, se sentó en su escritorio, tomó su teléfono móvil y marcó a su abogado:

Al fin llamas, estúpido mocoso. Aún no envías los documentos para la compra de acciones de la agencia de Barcelona —fue lo que se escuchó del otro lado de la línea en cuanto contestaron el teléfono. 

—No te preocupes por eso, Yakov. No es urgente. 

¡Qué no es urgente! —Víctor tuvo que alejar el teléfono de su oído o corría el riesgo de quedar sordo—. Tenías que enviarlos la semana pasada y ni te has aparecido por la oficina, sólo eres un mocoso estúpido y mimado, todo te lo tomas a la ligera, incluso negocios tan importantes.

—Para eso los tengo a ustedes. Sé que cuento con los mejores así que puedo relajarme de vez en cuando —Víctor volvió a alejar el teléfono de su oído, definitivamente un día se quedaría sordo por culpa de Yakov. 

El alfa ignoró el teléfono hasta que ya no escuchó el parloteo de Yakov. Entonces lo tomó nuevamente y comenzó a hablar.

—Los documentos están casi listos, siento si me demoré más de la cuenta, pero he estado ocupado. 

Ocupado…. claro. 

—¿Recuerdas que te dije que prepararás un nuevo contrato? 

Para tu nuevo esposo de placer, sí. 

—¿Puedes traerlo hoy a casa? Sólo necesito que hagas unas pequeñas modificaciones. Yo me comprometo a tener listos tus documentos y te los entrego hoy también. 

—¿Qué modificaciones? 

—El contrato será por tres años con la posibilidad de duplicar al finalizar, pero quiero que Yuuri pueda romper el contrato sin necesidad de pedir mi consentimiento cuando cumplamos un año.  

—Es absurdo, después de todo, jamás le negarías romper el contrato cuando guste. 

—Pero así se sentirá más tranquilo. 

De acuerdo.

—También quiero que agregues que cuando cumplamos tres años le daré un departamento. Y que me comprometo a pagar sus estudios hasta que los finalice independiente de lo que ocurra con nuestra relación. 

—¿Algo más?

—Sí…. Yakov, por favor elimina la cláusula sobre el embarazo. 

—¡Qué! ¡Te volviste loco!

—Si me sigues gritando de esa manera voy a quedar sordo. Y no me volví loco, sólo borra eso. 

—Vitya, conoces a ese muchacho hace sólo un par de meses. Te vas arriesgar a que…

—Yakov, elimina esa cláusula. No es algo que esté en discusión. 

—Dejaré la parte que dice que el omega tomará los resguardos del caso para evitar embarazos. Quitaré lo del aborto en caso de que este ocurra de todos modos. 

—Eres peor que un padre, ¿sabías? 

—¡Ja! Si Lilia y yo hubiésemos tenido un hijo, créeme que no sería un mocoso tan estúpido y despreocupado como tú. 

—¡Yakov! —Víctor hizo un puchero, para después sonreír— ¿Cómo está Lilia? ¿Se ha quejado de Yuri? 

—Lilia está bien, y no ha tenido problemas con Yuri. Ese chiquillo tiene mal carácter, pero ya sabes como es Lilia; firme, calmada y estricta, la mujer ideal para domar su carácter. Además, Yuri está muy motivado con su próximo debut con el teatro Bolshoi. Realmente desea convertirse en un gran bailarín. 

—Ese gatito será el más hermoso bailarín de Rusia. 

—¿Irás al estreno? No te perdonará si no estás ahí ese día. Es en tres semanas por si lo habías olvidado. 

—Claro que no lo he olvidado. Iré a Rusia antes de viajar a Barcelona. 

—Bueno. En dos horas estaré en tu casa. Nos vemos. 

—Te estaré esperando. 

Dos horas después, Yuuri abría sus ojos para encontrarse dentro de una cálida cama impregnada con el aroma de Víctor. No pudo evitar sonreír ante ese exquisito olor que lo hacía sentir tan tranquilo. Sin embargo, el golpe de realidad lo hizo sentir triste nuevamente. 

—¡Oh! Por dios, Yuuri Katsuki. ¿En qué mierda te estás metiendo? Esto te hará sufrir, lo sabes bien —suspiró—. Definitivamente soy un idiota. —Miró a su alrededor y vio una puerta, supuso que era el baño por lo que se dirigió hasta el. Después de refrescarse un poco salió del cuarto y se dirigió a la sala. 

Cuando Yuuri entró a la sala vio a Víctor sentado leyendo unos documentos, y junto a él, un hombre mayor estaba concentrado en otros documentos. Yuuri se quedó mirando, sin saber si podía interrumpir, pero antes de responderse a esa pregunta, Víctor levantó su rostro al sentir su suave aroma. Sonreía. 

—Yuuri, ven acá —lo llamó—, te voy a presentar a Yakov, él es mi abogado. 

Yuuri miró al hombre mayor, tenía una apariencia seria e intimidante, pero lo saludó con cortesía. 

—Trajo nuestro contrato —dijo Víctor—, lo he leído y creo que está todo de acuerdo a lo que habíamos hablado. Por favor leelo con calma y luego me dices si hay algún problema. 

Yuuri tomó los documentos que el alfa le entregaba, se sentó en el mismo sofá que había ocupado con anterioridad y comenzó a leer. 

—¡Víctor! —exclamó Yuuri poco después de empezar a leer.

—¿Qué ocurre? —preguntó el alfa, serio. 

—Es demasiado dinero, yo no necesito una mesada tan alta. ¿En qué lo voy a gastar? No podría gastar ni la tercera parte de todo esto. 

—Lo siento, eso no es negociable. 

—Insisto, Víctor. Es demasiado, no lo necesito. 

—Insisto, Yuuri. No es negociable. Puedes hacer lo que quieras con ese dinero; lo puedes ahorrar, donarlo a la caridad, regalarselo a tus padres, repartirlo entre tus amigos, tirarlo en la calle… pero no reduciré el monto. 

—Está bien —dijo Yuuri suspirando derrotado. 

Después de la lectura del contrato, ambos firmaron. Yakov se despidió y se marchó sin emitir mayores comentarios. 

—Yuuri, pedí hora para la cita con el médico, es para esta misma tarde —dijo Víctor cuando se quedaron solos. 

—Gracias.

—¿Qué te parece si te invito a comer, caminamos un poco y luego vamos juntos a la cita médica? 

—Sí, creo que está bien —respondió con la mirada en el suelo. 

—Yuuri, ¿estás bien? —preguntó Víctor acercándose a él, acariciando su rostro y levantando su quijada para que sus ojos se encontraran. 

—Sí… sólo estoy un poco nervioso.

—¿Nervioso? Tal vez lo que te pone nervioso es que yo pueda hacer algo como esto —dijo Víctor con una suave y masculina voz, pasando a abrazar con fuerza a Yuuri, acercando el cuerpo del omega hasta pegarlo al suyo—, o esto —Víctor, sin dejar de mirarlo a los ojos acercó su rostro al de Yuuri, rosó sus labios haciéndolo estremecer—,  o tal vez —dijo susurrando sobre los labios del otro—, algo así —Víctor cerró los ojos y comenzó a dar un suave beso a Yuuri, quien no tardó en corresponderle. Poco a poco, el alfa comenzó a profundizar el beso, volviéndolo más apasionado, Yuuri intentaba seguir los movimientos de Víctor, rindiéndose a sus impulsos y dejando que el alfa explorara la humedad de su boca. 

Cuando se separaron, Víctor acunó el rostro de Yuuri entre sus grandes y delgadas manos. Se dedicó a observar los brillantes ojos marrones y las sonrojadas mejillas. Un cuadro hermoso. 

—Vamos a comer, cariño. En Shinjuku hay un restaurante donde hace un pescado buenísimo —sonrió el alfa tomando a Yuuri de la mano.

Después de almorzar, Yuuri y Víctor caminaron por las calles de Shinjuku tomados de la mano. Yuuri iba bastante silencioso, trataba de no pensar en el extraño acuerdo al que había llegado con Víctor y sólo disfrutar de su presencia, después de todo, estaba con él, en Japón, en esos momentos sólo eran ellos dos. Pero no podía, además, no era sólo eso lo que lo tenía sumergido en sus pensamientos. 

—Yuuri, ya hemos llegado —dijo Víctor sacándolo de sus pensamientos—, esta es una clínica ginecológica bastante prestigiosa.

—No me di cuenta de que caminamos tanto, ya no estamos en Shinjuku. 

—Parecías demasiado absorto en tus pensamientos para prestarle atención al camino, o a mí —hizo un puchero gracioso que hizo reír a Yuuri. Víctor sonrió—, entremos —le dijo besando las manos del omega. 

Alfa y omega esperaron diez minutos en la sala de espera antes de que un médico beta saliera a recibirlos y los hiciera pasar a su consulta. La cual era bastante amplia e incluso tenía un ultrasonido a disposición.

—Me alegra mucho que hayan venido juntos —dijo el médico ginecólogo—,  generalmente los omegas vienen solos a estas consultas, pero el tema de la planificación familiar es un asunto de la pareja —sonrió, luego miró al omega—. ¿Es la primera vez que viene a control ginecológico, señor Katsuki?

—Así es —respondió el omega—, Víctor y yo planeamos… usted sabe, comenzar una vida sexual activa —dijo atropellandose con las palabras y sonrojándose a más no poder. 

—Lo que ocurre —dijo Víctor interviniendo al ver que Yuuri se quedaba callado— es que, como dijo mi pareja, comenzaremos a mantener relaciones sexuales regulares, pero no queremos tener hijos. Aunque fuimos irresponsables con nuestra primera vez juntos y queremos asegurarnos de que no haya traído consecuencias. 

—¿Alguno estaba en celo cuando eso ocurrió? —preguntó el médico.

—No —respondieron al unísono. 

—Eso es bueno, pero de todas maneras lo examinaré señor Katsuki, por favor pase al baño y colóquese la bata que encontrará colgada. 

—Claro —Yuuri se levantó y fue a hacer lo que el médico le indicó. Al volver, se recostó en la camilla y el médico le practicó la ecografía. Miraba seriamente la pantalla mientras Yuuri jugaba con los dedos de sus manos, esperando impaciente que el galeno hablara.

—No hay embarazo señor Katsuki, puede estar tranquilo —sonrió—, pero —advirtió ahora con seriedad— deben ser más responsables de ahora en adelante. No pueden confiar en la suerte. 

—No se preocupe, seremos precavidos —respondió Víctor sonriendo. 

Yuuri se fue a cambiar nuevamente y se sentó a contestar algunas preguntas que el médico comenzó a hacerle:

—¿Cuándo será su próximo celo?

—En diez días —contestó sonrojado. 

—Las pastillas anticonceptivas protegen del embarazo recién después de un mes de consumirlas. Le recetaré un anticonceptivo de emergencia que debe tomar después de las relaciones sexuales durante 30 días. Después podrá seguir sólo con los anticonceptivos normales. 

—Está bien. 

—Eso es todo, por favor venga a control dentro de tres meses para asegurarnos de que el anticonceptivo no le esté causando problemas. 

—Como diga. 

—¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó Víctor después de salir de la farmacia en la que habían comprado los anticonceptivos de Yuuri.

—Hoy me toca ayudar a mis padres en el negocio. No puedo fallarles, es el día libre de Yuuko, la chica que les ayuda con el servicio a las mesas.

—El Katsudon de tu madre es delicioso, creo que quiero probarlo nuevamente. Iré contigo.

—Pero no podré sentarme contigo como la vez pasada, debo trabajar. 

—Eso no es problema, vamos por mi auto. 

Víctor fue recibido con alegría por Hiroko, la madre de Yuuri adoraba a ese alfa platinado gracias al cual su hija Mari se encontraba mejor de salud. Además, había notado que el último mes Yuuri había estado más alegre debido a las salidas con él. 

—Estoy muy feliz de que esté aquí nuevamente —le dijo Hiroko haciéndolo pasar y sentándose con él y Yuuri. Aún era temprano y el lugar aún estaba vacío. Faltaba aún para la hora de la cena. 

—Me alegra oírlo, porque vendré más seguido —respondió Víctor—: a comer su delicioso Katsudon y también para ver a Yuuri. 

El omega enrojeció ante lo dicho por Víctor, quien además tomó sus manos y las besó. Hiroko cubrió su boca y soltó una risita. Esa noche no permitió que Yuuri ayudara hasta que Víctor se marchó. 

Gracias por leer 

♫♪♫♫♪

Me quedé encerrado en este juego denso,

me dejaste atado por mi voluntad,

quiero descolgarme para ya no puedo,

tú tenías mi llave y la tiraste al mar.

Me fui, pero volví, un rato,

Me fui, quería verte, otra vez y otra vez.

Me fui, pero volví, por siempre,

Si siempre es lo que dura otra noche, otra noche

♫♪♫♫♪

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: