La segunda primera vez (Esposo de placer)


—¿Estás bien? —preguntó Víctor a Yuuri mientras se dirigían al departamento del alfa a bordo de su automóvil. Víctor lo había ido a buscar a su casa, el japonés pasaría los siguientes días en el departamento del mayor ya que al día siguiente debía llegar su celo y habían acordado pasarlo juntos. 

—Estoy nervioso. Ya tuvimos sexo antes, pero las circunstancias son distintas, aquella vez sólo estaba pensando en el dinero para salvar la fuente de ingresos de mis padres. 

—¿Sólo en eso? ¿Acaso no lo disfrutaste? —preguntó el de ojos zarcos mirándolo con una expresión traviesa. 

—Sí, pero… pero no es lo mismo Víctor. Ahora te conozco y… te quiero —dijo Yuuri bajando la vista y jugando con sus manos. 

Víctor se detuvo en un semáforo en rojo y acercó su rostro al de Yuuri, dándole un beso suave mientras unía sus manos. 

—Te quiero también, Yuuri —le dijo cuando se separaron y antes de volver a conducir. 

Yuuri esbozó una pequeña sonrisa. Sabía que no se referían exactamente a lo mismo al decir “te quiero” pero en ese momento no quería pensar en ello. Víctor había estado con él cada día desde que firmaron el contrato y tenía la esperanza de que siguiera siendo así. Deseaba que a Víctor le bastara su compañía, sus besos y el calor su cuerpo.

Poco tiempo después llegaron al departamento, Víctor cargaba unas bolsas con comida que les había preparado Hiroko. La calentaron y comieron mientras conversaban de cómo había sido su día. Al terminar, Yuuri recogió la mesa y Víctor lavó la loza.

—¿Quieres darte un baño, cariño? —dijo Víctor al terminar—, o tal vez debería preguntar si quieres darte un baño conmigo —le dijo abrazándolo por detrás y dejando suaves besos sobre su cuello. 

En ese momento las inseguridades atacaron a Yuuri. Es cierto que ya se había entregado a ese alfa cuando vendió su primera relación sexual, pero ahora las cosas eran diferentes. Aquella noche, Phichit le había ayudado a maquillar las estrías que tenía debido a los cambios bruscos de peso que había tenido en el pasado, además, la luz del cuarto en el que tuvieron sexo era tenue y algo rojiza. Yuuri en ese entonces pensaba en el dinero que debían sus padres por lo que tampoco estaba realmente preocupado de agradar demasiado al alfa que comprara esa noche con él. Las cosas eran diferentes ahora, él realmente quería gustarle a Víctor. 

—Es mejor bañarse por separado —dijo finalmente el omega. 

—Está bien —contestó Víctor algo desilusionado. 

—Ve tú primero. 

—Como prefieras —Víctor sonrió y dejó un suave beso en los labios de Yuuri, luego se dirigió al cuarto de baño. Yuuri entonces se sentó en el sofá a esperar al ruso. 

♠︎

—Es tú turno, Yuuri —dijo Víctor después de haberse duchado y apareciendo en la sala con tan solo una toalla alrededor de la cintura. Yuuri lo miró y tragó en seco, ese hombre era perfecto: su cuerpo trabajado, su rostro, su cabello. El japonés no pudo evitar sentirse avergonzado.

—Voy inmediatamente —dijo apresurandose en desaparecer de la sala. Dejando tras él a un alfa bastante confundido. 

♣︎

Cuando Yuuri entró al cuarto de baño comenzó a desvestirse lentamente, se miró en el espejo de cuerpo completo que había a un costado y suspiró derrotado. Apretó con su mano su abdomen algo abultado y sus ojos se nublaron.

—He subido de peso desde aquella vez —dijo en voz baja recordando cuando estuvo con Víctor en Eros—. ¿Por qué demonios me cuesta tanto mantenerme delgado? —reclamó. 

Entonces sus ojos se fueron a las estrías que adornaban sus muslos y sus caderas. 

—Mi cuerpo no se compara con el suyo, él es perfecto, es hermoso, y yo… yo ni siquiera puedo mantenerme en mi peso ideal. 

Por un momento sintió ganas de golpear el espejo, de romperlo, pero se contuvo y en lugar de eso se puso bajo la ducha. 

Mientras tanto, Víctor terminó de secar su cuerpo y se puso unos holgados pantalones de pijama. Fue a la cocina y tomó una botella de vino tinto con dos copas, Víctor amaba el carmenere, los dejó en la mesita de noche y luego puso algo de música suave. Se sentó en la cama y esperó a Yuuri. 

Cuando Yuuri salió del baño ya se encontraba seco y con su pijama puesto. Se sonrojó al ver a Víctor esperándolo en la cama y con el dorso desnudo. 

—Ven aquí, cariño —le dijo Víctor con una sonrisa, llamándolo a su lado. 

—Sí —respondió Yuuri subiendo a la cama y quedando junto a Víctor, apoyado en sus rodillas mientras escondía la mirada. Víctor se incorporó un poco y acunó el rostro de Yuuri entre sus manos. 

—Te deseo mucho, Yuuri —dijo el alfa para luego besar profundamente al omega. Durante el beso, Víctor metió las manos bajo el pijama de Yuuri, recorriendo y acariciando su espalda y luego su abdomen. En ese momento Yuuri se separó de él bruscamente. 

—¿Qué ocurre? —preguntó Víctor algo desconcertado. 

—Nada —respondió Yuuri tratando de relajarse. Sin embargo, cuando Víctor se acercó nuevamente él volvió a apartarse—. Lo siento —dijo el omega, temblando. 

—Yuuri, cariño, no te obligaré a hacer algo que no quieras —dijo Víctor al verlo tan angustiado—. Ven aquí, déjame abrazarte —Yuuri se acercó y Víctor lo atrajo con suavidad hacia su cuerpo, se recostó con el omega sobre su pecho y comenzó a acariciar su espalda lentamente. 

—Perdóname, Víctor. Sé que tu quieres…

—Tranquilo, cariño. Tenemos tiempo para eso, puedo esperar. 

—La verdad es que yo también lo deseo —Yuuri se separó de Víctor para mirarlo a los ojos—, yo te deseo mucho, por favor, hazme tuyo ahora. No quiero que nuestra segunda primera vez sea estando en celo, quiero sentir que estoy consciente de lo que hacemos. 

—¿Estás seguro, cariño? Puedo comprarte supresores si lo prefieres. 

—Estoy seguro —Yuuri esbozó una sonrisa tímida en sus labios. 

—Entonces me esforzaré para que sea muy especial —Víctor alcanzó los labios de Yuuri dándole un suave beso y lo empujó con delicadeza sobre la cama. Se estaba acomodando sobre el omega cuando él lo miró y le dijo:

—Podrías apagar la luz, por favor.

—Hagámoslo con la luz encendida —pidió Víctor mientras besaba el rostro de Yuuri—, quiero verte, deseo ver todo cuerpo. 

—No, por favor. Apaga la luz, por favor —Víctor miró el rostro de Yuuri, su expresión era de angustia y sus ojos marrones estaban a punto de ponerse a llorar. 

Víctor se sentó en la cama y tomó la mano de Yuuri para ayudarlo a levantarse también. 

—¿Qué es lo que ocurre, cariño? —preguntó mientras acariciaba el rostro del omega—. Puedes decirme lo que sea. 

—Nada, en serio. 

—Cariño, estás a punto de llorar. No me mientas, por favor, dime que te ocurre. 

Yuuri bajó la vista y comenzó a juguetear con sus manos. No se atrevía a empezar a hablar. Entonces Víctor decidió ser más directo, se había dado cuenta de que Yuuri no quería que lo viera.

—¿Te avergüenza algo de tu cuerpo? —preguntó. 

Yuuri se puso de pie. 

—Lo siento —dijo en voz baja—, creo que no me he cuidado lo suficiente, subí de peso. Tiendo a engordar rápidamente y tengo algunas estrías por eso. 

—Oh Yuuri, eso no me importa. Tú me gustas, me gustas mucho. 

—Pero tú… tú eres tan perfecto, tu cuerpo, tu rostro, tus ojos, tu boca… nunca podré compararme contigo —dijo Yuuri derramando las lágrimas que ya no podía retener. 

Víctor se puso de pie y atrajo a Yuuri hacia él abrazándolo y secando sus lágrimas. 

—Cariño quiero que te veas a través de mis ojos —dijo Víctor cuando Yuuri se tranquilizó y dejó de llorar. 

El alfa miró a Yuuri y se alejó y se dirigió hacia el armario con vestidor que tenía en su habitación, volvió con un pañuelo de seda negro bastante largo.

—Confía en mí, cariño ¿está bien? —La mirada de Víctor estaba llena de ternura haciendo que Yuuri asintiera a la petición del alfa. Entonces Víctor vendó con cuidado los ojos de Yuuri, quitándole por completo el sentido de la vista. 

Víctor comenzó a acariciar el cabello y las mejillas de Yuuri.

—¿Te dije antes que me encanta tu cabello, Yuuri? 

—El tuyo es mucho más… —Víctor puso sus dedos sobre los labios de Yuuri, silenciando sus palabras. 

—Sé que el mío es llamativo, Yuuri. Pero yo prefiero el tuyo, porque es de una belleza simple, una belleza que combina con todo. Tu cabello es precioso, brillante, aromático y suave, tan suave como tu piel. —Víctor se detuvo en las mejillas sonrojadas de Yuuri, acariciando, besando—. Tus labios son tan dulces que me incitan a besarlos constantemente —Víctor dio un beso suave sobre ellos— y a embriagarme en la humedad de tu boca. —Volvió a besar, fue un beso profundo, apasionado, demandante, voraz. Sus lenguas se enredaron mientras Víctor invadía por completo la boca de Yuuri, robándole el aliento, haciéndolo estremecer. Cuando el beso concluyó, Víctor acercó su rostro al cuello de Yuuri, aspirando su aroma—. Hueles a las flores del ciruelo blanco, y como ellas, eres un soplo de primavera en medio del invierno. —Yuuri temblaba al sentir el aliento de Víctor sobre la delicada piel de su cuello, tanto así que no se dio cuenta de que mientras le hablaba había comenzado a desabotonar la parte de arriba de su pijama. No se percató de ello hasta que sintió las frías manos del alfa rozar su piel al quitarle por completo aquella prenda. 

—Víctor, no —dijo Yuuri intentando cubrirse con sus manos. 

—Eres precioso, Yuuri. Me encantas. —El alfa tomó las manos de Yuuri y las besó con cariño—, tus manos son delicadas y cálidas, deseo ser tocado por ellas — Víctor puso las manos de Yuuri sobre su pecho desnudo. Yuuri comenzó a acariciarlo con timidez, luego Victor se inclinó para besar el pecho de Yuuri, entreteniéndose con sus pezones oscuros—. Hermoso, delicioso —decía contra la piel de Yuuri, mientras bajaba besando hasta que llegó a su abdomen y sintió que Yuuri se tensaba y apretaba un poco sus manos, las que ahora estaban sobre los hombros del alfa. Víctor siguió acariciando y besando mientras bajaba el pantalón de pijama y los boxer de Yuuri, las estrías de sus caderas se hicieron visibles. Víctor sonrió y comenzó a acariciarlas y besarlas una a una.

—Víctor… por qué…

—Me gusta todo de ti, Yuuri. 

—Pero…

—Yuuri, tu cuerpo es tu hogar y como todo hogar tiene cosas bellas y otras que tal vez no lo son tanto, pero es el reflejo de la vida que has tenido, de tu historia. Todas las experiencias que vives de una u otra forma terminan por marcarse en tu cuerpo y es precisamente eso lo que lo hace especial y digno de ser apreciado, tal como es, único. Lo precioso de tu cuerpo es lo que has vivido con él. 

—Víctor.

—Eres hermoso, Yuuri. No necesitas ser perfecto para serlo. Tus miedos y ansiedades han quedado grabados en tu cuerpo. Tu primera relación sexual también, tal vez por eso me hace feliz que haya sido conmigo. Yuuri, quiero grabar este cuerpo, tu cuerpo, con placer ¿me lo permitirás? No tienes nada de qué avergonzarte.

Víctor se puso de pie y comenzó a quitar la benda de los ojos de Yuuri, sus ojos marrones estaban colmados de lágrimas.

—Tus ojos Yuuri, tus ojos son los más hermosos que he visto porque su mirada es pura, honesta y amorosa. 

—¿Por qué me dices estas cosas, Víctor? 

—Sólo he dicho lo que pienso.

—Pero para ti yo sólo soy…

—Eres una persona muy especial, querida y valorada. Yuuri, no pienses cosas innecesarias, yo sólo pienso en ti ahora, cada vez que estoy contigo lo único en que pienso es en ti. 

—Víctor…

—Por favor, Yuuri. Piensa sólo en mí, en lo mucho que me gustas, en el deseo que despiertas en mí y lo difícil que ha sido controlarme todo este tiempo. Te deseo, Yuuri, te deseo. ¿Me deseas?

—Te deseo, Víctor. Te deseo mucho. 

—Entonces, no me contendré más. 

Víctor tomó a Yuuri en sus brazos y lo depositó sobre la cama, luego se quitó el pantalón de pijama que llevaba puesto y se acomodó entre las piernas del omega, llevó sus largos dedos hasta la entrada estrecha y caliente de Yuuri, estaba húmeda y dilatada debido a las palabras y besos que el alfa había prodigado antes en el cuerpo del omega, aún así, quiso prepararlo un poco más, buscando asegurarse que sería placentero para él. Introdujo dos dedos dentro del cuerpo de Yuuri y comenzó a estimularlo con destreza, logrando acariciar el punto especial que lo llenaba de placer. Mientras lo hacía, juntoó sus miembros, ambos estaban erectos y humedecidos por líquido preseminal, con su mano libre los tomó y comenzó a masturbarlos al mismo tiempo. 

—Víctor más —dijo Yuuri ya envuelto en el calor que el placer le otorgaba—, te quiero dentro de mí, por favor. 

—Como ordenes, cariño —dijo Víctor retirando sus dedos y llevando su erguido miembro a la entrada de Yuuri, comenzó a entrar con cuidado mientras lo besaba y lo seguía masturbando. 

Un audible gemido escapó de la garganta de Yuuri cuando tuvo a Víctor profundamente enterrado en su cuerpo. Víctor esperó unos segundos y cuando las caderas de Yuuri se movieron indicando que estaba listo, el alfa comenzó también el movimiento de sus propias caderas, primero suave, después con fuerza. 

Yuuri envolvió la cadera Víctor con sus piernas y se aferró a su cuello, rogando por más mientras enredaba sus dedos en el cabello platinado y rasguñaba la espalda del alfa. Víctor embestía con fuerza mientras sus manos apretaban las caderas de Yuuri buscando mayor profundidad, mayor contacto. 

Cuando sus ojos hicieron contacto ya no pudieron desviar la mirada, absortos completamente en la expresión de placer del contrario. Víctor embelesado con los ojos brillantes y llorosos de Yuuri, con sus labios entreabiertos que dejaban escapar suaves jadeos y con su piel ruborizada. Yuuri cautivado con la mirada apasionada que oscurecía los ojos claros de Víctor, con su piel perlada por el sudor y sus finos labios color durazno apretados por el esfuerzo. 

Y así, mirándose mutuamente, alcanzaron el orgasmo. Primero fue Yuuri a quien inmediatamente le siguió Víctor. Quien cayó sobre el cuerpo de Yuuri agitado y con los ojos cerrados. 

Espero que les haya gustado el capítulo. 

♪♫♬♪♫♬♪♫♬♪♫♬♪♫♬

Tanto creo en ti, tanto creo en ti 

que mis pensamientos 

veo en el futuro un jardín florecer 

flores aparecer. 

♪♫♬♪♫♬♪♫♬♪♫♬♪♫♬

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