VICDER: CAPITULO TREINTA Y SIETE


Estaba tumbada de espaldas, escuchando el tamborileo constante de sus dedos metálicos contra el suelo de resina blanca de su celda. De todos los pensamientos que podrían mantener su mente ocupada, un solo momento parecía varado en su memoria, estancado en una repetición infinita.

Día del mercado, el bochorno, el olor de los panecillos dulces de Sara impregnando la plaza de la ciudad. Antes de que nada de todo aquello hubiera sucedido: antes de que Yuko hubiera caído enferma, antes de que Minako hubiera llegado  a la tierra, antes de que Yuuri le hubiera pedido que la acompañara al baile. Ella solo era una mecánica y él el príncipe cuyos encantos fingía ser inmune. Yuuri estaba allí, justo enfrente, mientras ella se tambaleaba sobre un solo pie e intentaba dominar su pulso acelerado. Vicder apenas podía sostenerle la mirada. Él se inclinó hacia adelante y la  obligó a mirarlo. Y sonrió.

Eso.

Ese momento. Esa maldita sonrisa.

Una y otra vez más.

Vicder suspiró y varió el ritmo del tamborileo de los dedos.

Por la red proliferaban vídeos del baile, de los que había visto exactamente 4,2 segundos a través de su conexión -ella, con su sucio vestido de gala, cayendo por la escalera-, antes de apagarla. En la secuencia parecía una loca. Estaba convencida de que no habría humano que no se alegrase de deshacerse de ella cuando la reina Minako exigiera su entrega y se la llevara de vuelta a Luna, para «juzgarla».

Oyó los pasos del guardia, amortiguados, al otro lado de la puerta de la celda. Todo era blanco, incluido el mono de algodón, de un blanco oxigenado intenso, que le habían proporcionado después  de obligarla a entregar el maltrecho vestido de la fiesta y el pedacito de guante de seda que había sobrevivido al calor y las rozaduras. Tampoco se habían molestado en apagar las potentes luces, por lo que estaba aturdida y exhausta. Empezaba a pensar si no acabaría siendo un alivio que la reina fuera a buscarla con tal de poder dormir al menos unos minutos.

Y solo llevaba allí catorce horas, treinta y tres minutos y dieciséis segundos. Diecisiete . Dieciocho.

Vicder se sobresaltó cuando la puerta produjo un ruido sordo y metálico. Entrecerró los ojos, dirigiéndolos hacia la ventanilla que se había abierto en lo alto de la plancha metálica, y vio la sombre de la cabeza de un hombre. La nuca. Los guardias ni siquiera la miraron.

—Tienes visita.

Se enderezó, apoyándose en los codos.

—¿El emperador?

El guardia soltó un resoplido burlón

—Sí, el mismo.

La sombra desapareció de la rejilla.

—¿Sería tan amable de abrir la puerta, por favor? -dijo una voz conocida con un acento familiar-. Debo hablar con ella en privado.

Vicder se levantó con cierta dificultad, sosteniéndose sobre su único pie, y descansó el cuerpo contra la pared, suave como el cristal.

—Es una celda de máxima seguridad -replicó el guardia-. No puedo dejarle entrar. Tendrá que hablar con ella a través de la rejilla.

—No sea ridículo. ¿Le parezco una amenaza para la seguridad?

Vicder se acerco renqueando hasta la ventanilla y se puso de puntillas. Era el doctor Feltsman, con una bolsa de lino blanco. Todavía llevaba la bata de laboratorio, las diminutas gafas plateadas sobre la nariz y la gorra. Aunque el hombre tenía que levantar la barbilla para poder mirar al guardia a la cara, su actitud dejaba bien  claro que no pensaba dejarse intimidar.

—Soy el director del equipo de investigación de la letumosis de la casa real -insistió el doctor- y esta joven es mi sujeto de estudio más importante. Necesito extraerle muestras de sangre antes de que abandone el planeta.

Saco una jeringuilla de la bolsa y la blandió ante el guardia, quien retrocedió sorprendido y asustado antes de cruzar los brazos sobre el pecho.

—Obedezco órdenes, señor. Tendrá que obtener una autorización oficial del emperador para poder entrar.

El doctor Yakov pareció desinflarse y volvió a meter la jeringuilla en la bolsa.

—De acuerdo. Si es una cuestión de protocolo, lo entiendo -sin embargo, en vez de dar media vuelta, se estiró el puno de las mangas antes de dedicarle una nueva sonrisa al guardia, aunque con un aire ligeramente siniestro-. Tenga, ¿lo ve? -dijo. Vicder sintió un pequeño escalofrió le recorría la columna vertebral al oír aquella voz. El doctor continuó hablando con un tono que convertía sus palabras en un arrullo-. He obtenido la autorización pertinente del emperador- Dirigió  ambas manos hacia la puerta de la celda, con decisión- Ya puede abrirla.

Vicder parpadeó, tratando de despejar la mente. Era como si el doctor Feltsman quisiera que lo arrestaran; sin embargo, en ese momento el guardia se volvió hacia ella con expresión aturdida y pasó su chip  de identidad  por el escáner. La puerta se abrió.

Vicder retrocedió tambaleante y recupero el equilibrio apoyándose en la pared.

—Muchas Gracias -dijo el director, que entró en la celda sin darle la espalda al guardia-. Si no es mucha molestia, le agradecería que nos concediera un poco de intimidad. No tardaré ni un minuto.

El guardia cerró la puerta sin rechistar. Sus pasos se perdieron al final del pasillo.

El doctor Yakov se dio la vuelta y se quedó sin habla al posar sus ojos azules en ella. Momentáneamente Boquiabierto, aparto la mirada y cerró los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos, pareció haberse recuperado ligeramente de la sorpresa.

—Si alguna vez hubo alguna duda, ahora ya no existe. No le vendría mal empezar a practicar a controlar su don.

Vicder se tocó la cara con la mano 

—Pero no estoy haciendo nada.

El doctor se aclaró la garganta, incómodo.

—No se preocupe, ya le cogerá el truco -el hombre miró a su alrededor- Menudo lío en el que se ha metido ¿no cree?

—Antes de que me regañe, tuve que hacerlo por una emergencia, solo que se salió todo de mi control -replico haciendo un puchero-

—Realmente no me extraña de usted, desde el primer momento en que la conocí sabía que no me haría caso con mis ordenes.

Vicder señalo la puerta con el dedo

—Tiene que enseñarme ese truco.

—Sera un honor, señorita Vicder. En realidad, es muy sencillo, solo tiene que concentrarse, conseguir atraer hacia usted los pensamientos del sujeto en cuestión y exponer con claridad qué es lo que desea. Todo ello mentalmente, por descontado

Vicder frunció el ceño, no parecía tener nada de sencillo.

El doctor le restó importancia con un gesto.

—No se preocupe, ya vera como le saldrá natural cuando lo necesite, pero ahora no tenemos tiempo para darle clases particulares. Debo darme prisa si no quiero levantar las sospechas de nadie.

—Las mías ya las ha levantado.

El doctor Feltsman pasó por alto el comentario y repasó a Vicder con la mirada: el mono blanco, demasiado grande y amplio para su esbelto cuerpo, la mano metálica abollada y rayada por culpa de la caída, los cables de múltiples colores colgando por la vuelta del pantalón…

—Ha perdido el pie

—Si, ya me he dado cuenta. ¿Como esta Yuuri?

—¿Cómo? ¿no va a preguntar por mí primero?

—Usted parece estar bien -contestó Vicder-. En realidad, mejor que de costumbre. -Era cierto, la luz que proyectaba los fluorescentes  de la celda le restaba diez años como mínimo. Aunque lo más probable era que todavía persistieran los efectos de haber usado el don lunar con el guardia-. ¿como esta él?

—Confuso, creo -El doctor se encogió de hombros- Estoy convencido de que estaba enamorado de usted y descubrir que era, en fin…Supongo que es difícil de asimilar.

Con gesto frustrado, Vicder se pasó una mano por el pelo, enredado después de catorce horas de estar moviendoselo entre los dedos.

—Minako lo obligó a elegir: o se casaba con ella o me entregaba. Si e negaba a una u otra cosa, dijo que le declararía la guerra bajo no sé que ley acerca de dar refugió a lunares.

—Por lo que parece, el emperador ha tomado la decisión correcta. Será un buen gobernante.

—Esa no es la cuestión. La decisión de Yuuri no contentará a Minako para siempre.

—Por supuesto que no. Y aunque Yuuri hubiera aceptado el matrimonio, ella tampoco habría permitido que usted viviera demasiado tiempo. Necesita verla muerta, mucho más de lo que usted se imagina. La considera un obstáculo en todos los sentidos. Por eso nos conviene hacer creer a Minako que Yuuri ha hecho todo lo posible para tenerla «encerrada» y que esta dispuesto a entregársela cuando decida partir hacia Luna, lo cual supongo que sucederá de un momento a otro. De lo contrario, este asunto podría tener consecuencias terribles para él… y para la Comunidad.

Vicder entorno la mirada.

—Pues yo diría que Yuuri está haciendo todo lo posible por tenerme encerrada.

—Así es -el doctor empezó a darles vueltas a los pulgares-. Eso complica mucho las cosas, ¿no cree?

—¿Que quiere…?

—¿Por qué no nos sentamos? Debe de ser muy incómodo mantener el equilibrio sobre un solo pie. -el doctor se sentó en el único camastro de la celda. Vicder se dejó resbalar por la pared frente a él-. ¿Como tiene la mano?

—Bien -la joven flexionó los dedos metálicos- La articulación del meñique esta rota, pero podría ser peor. Ah, y … -se señalo la sien- ningún agujero en la cabeza. No puedo quejarme

—Si, ya he oído que la reina intento atacarla. La salvó su programación ¿no es cierto?

Vicder se encogió de hombros.

—Creo que sí. Recibí un mensaje diciendo que estaba sufriendo una manipulación bioeléctrica justo antes de que… Nunca había recibido ese mensaje, ni siquiera cuando estuve bajo su hechizo. 

—Fue la primera vez que un lunar le obligo hacer algo en vez de limitarse a hacérselo creer o sentir. Y parece que su programación respondió tal como se esperaba. Un nuevo e impresionante acierto de su cirujano, o puede que todo el merito sea del dispositivo de su padrastro. En cualquier caso, a Minako debió de cogerle completamente desprevenida. Aunque sospecho que los fuegos artificiales con que usted nos regalo no deben de haberle granjeado el afecto de demasiados terrestres.

—No sabia como controlarlo, no sabía que estaba ocurriendo -recogió las rodillas contra el pecho- seguramente lo mejor es que este aquí adentro. Ahí afuera no tengo  a donde ir, y menos después de esto. -Señalo un lugar inexistente al otro lado de las paredes blancas- Por lo menos así Minako acabará con mi desgracia de una vez.

—¿Así lo cree, señorita Vicder? Qué lástima. Esperaba que hubiera heredado más coraje de nuestro pueblo.

—Lo siento, por lo visto lo perdí cuando se me cayó el pie en medio de una emisión en directo.

El doctor arrugó la nariz

—Se preocupa demasiado por esas tonterias.

—¿Tonterías? 

El doctor Yakov sonrió con suficiencia.

He bajado hasta aquí por una razón muy importante, ¿sabe?, y no tenemos todo el día.

—De acuerdo. -Vicder gruño mientras se arremangaba y le tendía el brazo- Saque la sangre que necesite, no voy a necesitarla.

Feltsman le dio unas palmaditas en el codo.

—En realidad eso no era más que una excusa. No he venido a llevarme muestras de sangre. Ya encontraré lunares en África si necesita hacer pruebas.

Vicder dejo caer el brazo en el regazo.

—¿En África?

—Si, me voy a África.

—Cuando?

Se escucharon unos pasos firmes en la puerta y luego esta abriéndose de un empujón. Una mujer de perfil severo, cabello negro y unos penetrantes ojos verdes se asomaron por la puerta.

— ¡Yakov! Estas dándole muchas vueltas al asunto, Minami esta que le da el infarto por ser descubierto. ¡apúrate! -miro a Vicder unos instantes y agacho la cabeza en modo de saludo- Señorita, es agradable saber que se encuentra bien.

Sin previo aviso y sin esperar respuesta de la joven volvió a cerrar la puerta.

Ambos se quedaron sin palabras asombrados por la intromisión.

—¿Quien es ella? se me hace familiar su rostro.

Yakov sonrió de medio lado sonrojado

—Es mi mano derecha en el laboratorio, la recordara que fue mi asistente la primera vez que nos conocimos. Se llama Lilia Baranovskaya, fue transferida hace cuatro años en un intercambio y se quedo permanentemente como parte del equipo médico del palacio.

—Y… ella sabe que usted y yo somos Lunares?

—Si… como pudo notar, tiene un carácter muy fuerte y es muy persistente. Al final tuve que confesarle todo lo que ha pasado y me ha estado apoyando con respecto al asunto del estudió de su sangre. Me acompañara a África para seguir con la investigación.

—¿Cuando se van?

—De aquí a unos tres minutos, si no es que vuelve a entrar a llevarme a rastras. Hay mucho trabajo por hacer y sería difícil llevarlo a cabo en una celda, así que he decidido ir al lugar donde se documentaron los primeros casos de letumosis, a un pequeño pueblo al este del desierto de Sáhara. -dibujó una espiral en el aire, como si señalara un mapa  invisible- Espero encontrar huéspedes portadores de la enfermedad y convencerlos para que colaboren con la investigación.

Vicder se desenrollo la manga.

—Entonces, ¿por que esta usted aquí?

—Para invitarla a visitarme. Cuando le venga bien, por descontado.

Vicder lo miro con el ceño fruncido.

—Hombre, gracias, doctor. Miraré mi agenda, a ver cuando podría pasarme por allí.

—Espero que lo haga, señorita Vicder. Tenga, le he traído un regalo. En realidad son dos. -el doctor extrajo del interior de la bolsa una mano y un pie metálicos, deslumbrantes bajo la cruda lus de los fluorescentes. Vicder enarcó las cejas, visiblemente sorprendida-. Es lo último de lo último, completamente equipados. Titanio al cien por cien. ¡Y mire! -como un niño con un juguete nuevo, toqueteo los dedos de la mano metálica, bajo los que se ocultaba una linterna, un estilete, un lanzador de proyectiles, un destornillador y un conector universal- más útil imposible. Los dardos tranquilizantes se guardan aquí, fue idea de Lilia en agregarlos -abrió el compartimiento de la mano, que almacenaba una decena de dardos diminutos- una vez que sincronice sus conexiones, debería ser capaz de armarlo solo con pensarlo.

—Es… fascinante. Así, cuando vaya de camino a mi ejecución, al menos podré llevarme por delante a varios curiosos conmigo.

—¡Exacto! -el doctor Feltsman ahogó una risita- Los he hecho fabricar especialmente para usted. He utilizado el escáner que teníamos de su cuerpo para asegurarme de que no nos equivocamos de talla. Si hubiera dispuesto de más tiempo, los habríamos cubierto con un injerto de piel, pero supongo que no se puede tener todo.

Vicder aceptó los repuestos cuando el hombre se los tendió y examino el trabajo con nerviosismos.

—Que no los vea el guarda o me meteré en un buen lío -le advirtió el hombre-.

—Gracias, pero no entiendo porque me los da, voy a usarlo en los últimos días de mi vida.

Con una sonrisa maliciosa, el doctor miró a su alrededor antes de dirigirse a ella.

—Es curioso ¿verdad?, Tantos avances, tanta tecnología y a nadie se le ha ocurrido diseñar un sistema de seguridad a prueba de ciborgs lunares. Supongo que debemos dar gracias de que no haya muchos como usted dando vueltas por ahí o tendríamos fama de expertos en fugas.

—¿Qué? ¿Está usted loco? -dijo Vicder, bajando la voz hasta convertirla en un susurro ronco- ¿Está animándome a fugarme?

— Para serle franco, últimamente se me va un poco la cabeza -el doctor Feltsman se rascó la arrugada mejilla- ¿Que se le va hacer?. Pero no, señorita, no estoy animándola a fugarse, estoy diciendo que debe fugarse y que debe hacerlo pronto. Sus posibilidades de supervivencia serán prácticamente nulas cuando Minako venga por usted.

Vicder apoyó la espalda contra la pared, con un incipiente dolor de cabeza.

—Mire, le agradezco que se preocupe por mi, de verdad. Pero es que, aunque consiguiera descubrir el modo de salir de aquí, ¿sabe lo furiosa que se pondría Minako? Usted mismo lo ha dicho que habrá consecuencias terribles si no obtiene lo que quiere. No provocare una guerra, no lo valgo.

Un brillo atolondrado animó los ojillos del hombre tras los cristales de las gafas. El doctor Yakov pareció rejuvenecer por un instante.

—En realidad, si la vale.

Vicder ladeó la cabeza y lo miró con recelo. Tal vez estuviera loco de veras.

—Intenté decírselo la semana pasada cuando vino a mi despacho, pero tuvo que salir corriendo para tratar de ayudar a su hermana… Ah, por cierto, mis condolencias por lo sucedido.

Vicder se mordió el interior de la mejilla.

—En fin, verá, pedí que secuenciaran su ADN  y este no solo me informo de que usted era lunar y de que no era un caparazón, sino también de parte de su herencia. De su linea de parentesco por consanguinidad.

Vicder sintió que el pulso se le aceleraba.

—¿De mi familia? 

—Sí

—¿Y? ¿Tengo familia? ¿mis padres están…? -vaciló. La mirada del doctor se había entristecido ante la repentina animación de la joven-. ¿Están muertos?

El hombre se quitó la gorra.

—Lo siento Vicder, tendría que haber enfocado este asunto de otra manera. Si, su madre está muerta. Aunque permitame decirle que tiene características físicas parecidos a ella, por ejemplo su cabello y color de ojos. No sabría decir quién es su padre o si sigue vivo. Se madre era, digamos que… conocida por su promiscuidad.

Vicder sintió que sus esperanzas se marchitaban.

—Ah…

—Pero.. tiene una tía…

—¿Una tía?

El doctor Yakov estrujó la gorra en sus manos.

—Sí, la reina Minako -Vicder parpadeó- Mi querida niña, eres la princesa Svetlana.

TAN TAN TAN TAN!!!!! Y como muchos sospechaban y se hizo realidad!!! :O 

Tenemos otro capitulo de sorpresas!!! espero que les guste mucho, y comenten que les parece? ya sospechaban que Vicder era la princesa? Lilia se nos va con Yakov! 

Quiero comentarles que este sera el antepenúltimo capitulo de Vicder, y luego estaríamos por la segunda parte de la Historia 😀 estén atentos a más noticias.

Quisiera saber que sospechas o teorías tienen?

un abrazo! ❤ ❤ ❤ ❤

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

2 comentarios sobre “VICDER: CAPITULO TREINTA Y SIETE

  1. exprésate!!! me encanta leer esas emociones jajaja
    sii!!! al fin descubrimos que era la princesa, ahora falta que se decida que hacer!!! en un momento estaré actualizado el último capitulo 😀

    Me gusta

  2. LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO SABIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA CARAJOOOOOOOOOOOOOOOOO ES LA PINCHI PRINCESAAAAAAAAAAAAAAAAAAA !!!!!!!!! FELICIDAD, ENORMEEE Y COCHINA FELICIDAD !!!! ❤

    AHORA FUGATEEEE MALDITA SEA XDDDD!!!! NO PUEDES MORIR VICDER!!!!! XDDD

    pdt: señorita Dmoon disculpe mis comentarios guarrescos :'v es que me emociono con cada capi xDDDD GRACIAS POR ESTO!!!

    Le gusta a 1 persona

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