Track 5: Centuries


And I can’t stop till the whole word knows my name
‘Cause I was only born inside my dreams
Until you die for me, as long as there is a light
My shadow is over you ‘cause I am the opposite of amnesia
And you’re a cherry blossom You’re about to bloom
You look so pretty, but you’re gone so soon

>2018<

Víctor había perdido la cuenta de las veces en que miró el vídeo de Yuuri Katsuki tocando la innombrable en el parque. De alguna forma se había adueñado ya de la imagen que ese chico, absorto en su propia realidad, otorgaba al interpretar esa canción y cómo la hacía completamente suya, como si él la hubiera compuesto y pudiera sentirla en cada fibra de su ser. No le importaba en absoluto la multitud de personas que lo habían rodeado, eran solo él y las notas, solo él y su guitarra, solo él y su voz dándole sentido a cada frase dentro de ella. Era sencillo, hermoso, admirable, y Víctor todavía no podía creer que, sin importar las veces que lo mirara y lo escuchara, seguía causándole la misma emoción y empatía que la primera vez. ¿Era extraño que justamente él sintiera tal admiración por alguien más? Que pudiera desdoblarse del hombre sin ilusiones que era en ese momento y que no soportaba siquiera nombrar esa canción para volver a sus años de antaño, cuando era un joven ilusionado con el amor a su propia música, tan entusiasta de lo que había sido capaz de crear.

Muchas veces, Víctor cerraba los ojos y dejaba que la voz suave de Yuuri llegara hasta a él, que lo sumergiera en un oleaje calmo de aguas azules, donde él era el único dueño de cada uno de sus pensamientos y emociones. Para Víctor, era como si se escuchara a sí mismo de nuevo, como si se volviera a encontrar después de tanto tiempo sintiéndose perdido. En otras ocasiones, prefería ver el video a detalle, sin poderle quitar los ojos de encima a ese chico, preguntándose tantas veces qué de diferente había en él… qué lo hacía tan especial y cómo, durante tanto tiempo, permaneció invisible ante tantos cuando era tan evidente que dentro suyo había un fuego que deseaba explotar. Era sin duda otra persona cuando tocaba de esa manera, otro Yuuri del cual ahora debía hacerse responsable para sacarlo a la luz de forma tan natural como en aquella vez. Porque, si lo comparaba con el Yuuri de la vida real, ese chico tímido y algo patoso que era capaz de ser tragado por el propio escenario, no parecían la misma persona, y no lograba entender el porqué.

Chris se lo había dejado claro: ya que fue él quien más insistió en convencer a Yuuri de hacer la audición, ahora debía ser quien procurara prepararlo para cuando eso ocurriera dentro de tres semanas. Yuuri tenía el talento en voz, pero no el espíritu histriónico para soportar el peso de hacerse lucir ante muchas personas. Y eso era algo en que lo Víctor siempre fue un experto. Tuvo que aceptar, pese a que la situación le incomodaba demasiado. Hacía algo de tiempo que no convivía de esa manera con alguien que no fuera Chris y siempre tenía esa persistente paranoia de que iba a ser descubierto pronto, peor si tenía que estar tanto tiempo con alguien que era un completo fan de On Ice. 

Suspiró de forma profunda cuando llegó al punto de encuentro que había acordado con Yuuri. Por supuesto, seguía manteniendo esa pinta desaliñada de vagabundo que lo hacía poco llamativo para los demás. De alguna forma, eso le hacía sentirse un poco más seguro, como si aquella barrera descuidada pudiera cubrir por completo su verdadera identidad.

Yuuri apareció casi veinte minutos después y corría apresurado hacia su dirección, al punto en que estuvo a punto de chocar con un tipo en una bicicleta. Víctor hizo un gesto antipático que ni siquiera intentó ocultar: cada segundo estaba más convencido de que el Yuuri del video y el que tenía enfrente suyo en ese momento no eran los mismos y de que no tenía idea cómo lograr que se volvieran uno. 

—Lo siento, lo siento… De verdad lamento el retraso. 

Yuuri lucía bastante apenado con respecto a su tardanza, pese que Víctor no parecía molesto. Sabía que venía del hospital, sin contar que una parte muy dentro suyo deseó tanto que Yuuri no se presentara ese día ni nunca.

—No importa, vamos.

Claro que Víctor se reprendió de inmediato por el pensamiento: ¿tanto insistir que Yuuri aceptara la audición solo para simplemente tirar la toalla un par de días después? En realidad, eso resultaba bastante común para él, no sería la primera vez que sucedería algo así, y ciertamente nunca se imaginó que terminaría por coachear al chico. Creyó que su trabajo terminaría con el convencimiento.

Ninguno de los dos dijo nada durante el camino. Habían acordado que usarían la casa de Katsuki para practicar, lo que aumentaba la incomodidad de Víctor al respecto, pese a que aceptó que era la mejor opción para ambos: su departamento era un desastre que no tenía ganas de limpiar y tal vez, que Yuuri se sintiera cómodo en un lugar que conocía tan bien, podía ayudarle. Lo único que Víctor de verdad esperaba era que Yuuri no fuera esa clase de fan que tuviera pósteres suyos y del grupo en todos lados. Claro que estaba bastante equivocado: Yuuri era un fan mucho peor.

—Quítate los zapatos, por favor. 

La casa de Yuuri se encontraba cerca del hospital, en una zona bastante modesta y repleta de casas cuya apariencia era algo similar entre sí. Era de un solo piso y con medidas bastantes reducidas. Víctor se sorprendió mucho por ello cuando entró, pues incluso el departamento donde vivía en ese momento, y que él mismo consideraba bastante modesto y pequeño, era más grande que ese sitio. Además, no había nada en ella que destacar. Los muebles eran viejos, pero la casa estaba perfectamente pulcra y ordenaba, lo que le daba un aire acogedor que a Víctor no le molestó en absoluto.

Mientras Yuuri dejaba sus cosas en un perchero y le ofrecía agua para tomar, Víctor se entretuvo en mirar las fotografías que había por toda la sala: muchas de ellas eran de un Yuuri un poco más joven, apenas un par de años, ya fuera solo o en compañía de una mujer mayor que, supuso, se trataba de su madre. Sin embargo, encontró un par más, muy pocas, que retrataban un escenario distinto: eran de un Yuuri como de cinco o seis años de edad, junto con su madre y, quienes creyó, se trataban de su padre y una hermana mayor cuya apariencia era la de una joven de unos catorce años. Víctor se preguntó por qué en otras fotos no estaban ellos ya de mayores, ¿acaso les había ocurrido algo? No recordaba que Chris hubiera mencionado nada al respecto.

Yuuri se acercó con un vaso de agua mientras Víctor tomaba uno de los retratos que se encontraba sobre una mesa decorativa: era de un Yuuri abrazando a un pequeño caniche. Víctor recordaba que él siempre quiso tener un perro de esa raza, pero de joven su abuelo era alérgico y ya de mayor nunca se atrevió a tenerlo, pues no podría cuidarlo como quería debido a su pesado ritmo de trabajo y sus viajes constantes con la banda. ¿Tal vez ahora era un buen momento para cumplir ese pequeño sueño?

—¿Lo tienes aquí? —preguntó Víctor algo ilusionado de conocerlo y poder acariciarlo, aunque supo que no había hecho pregunta prudente al notar la expresión entristecida que Yuuri hizo al mirar el retrato. 

—No, él murió hace un año. Se llamaba Vicchan.

—¿Vicchan?

Víctor pensó en ese nombre, en que lo había escuchado en algún otro lugar. Claro que fue solo cuestión de unos instantes para que el dueño de aquel blog dedicado a On Ice viniera a su mente. 

—Ah, sí… La verdad es que… le puse así por Víctor. Él siempre quiso uno… y yo también.

Por un momento se sorprendió que Yuuri supiera eso, pero después recordó que ese dato llegó a mencionarlo bastantes veces en algunas entrevistas, al punto en que varios fans le regalaron peluches de caniches. Tampoco le pareció tan extraño que llamara así a su perro. Seguramente Yuuri conocía ese blog y tomó el nombre de ahí, inspirado también en el suyo.

—¿Te molesta que lo hagamos en mi habitación? Es que ahí tengo el amplificador… 

Víctor negó suavemente la cabeza al devolver el retrato a la mesa. El lugar donde practicaran le era indiferente; aunque apenas puso un pie dentro, se arrepintió por completo de aceptar: Yuuri sí era esa clase de fan que temió, e incluso era peor, pues no había un solo pedazo de pared en que no hubiera algún poster de On Ice o suyo. Con lo que detestaba verse en ese tipo de imágenes, pues era cuando más falso y diferente se sentía de lo que reflejaba en ellas. Aquello, más que molestarlo, llegó a abrumarlo por completo, como si todos aquellos pósteres fueran a caerle encima hasta asfixiarlo. Pegó su espalda contra el marco de la puerta, mientras cubría su boca para no vomitar. 

—¿Estás bien? Luces pálido. 

Víctor tragó todo el aire que le fue posible: ¿cómo podría explicarle a Yuuri que aquel escenario le incomodaba muchísimo? Que solo deseaba salir corriendo de ahí, abrumado de todas esas imágenes que ya no le correspondían, que nunca sintió como suyas. Por supuesto, no podía hacerlo sin levantar sospechas, sin dar una explicación que no lo vinculara consigo mismo. Tenía que aguantar. 

—No desayuné, es solo eso. —No fue una mentira del todo. 

—¿Quieres algo de comer? Puedo ofrecerte…

—No, no, solo hagamos esto rápido. 

Víctor trató de mantener su mirada en Yuuri para evitar observar a su alrededor, pero era imposible no fijarse en los detalles cuando todo le saltaba en la cara apenas la giraba un poco, sobre todo cuando comenzó a notar que varios de esos pósteres no eran cualquier cosa: muchos de ellos eran ediciones limitadas, algunos exclusivos de conciertos que solo pudieron conseguirse en otros países. ¿Cómo ese chico los había obtenido? Se sintió más mareado, al punto en que terminó por sentarse en la cama.

—De… verdad te gustan —masculló sin aliento, con un tono irónico y agrio que seguro él solo comprendió. 

Yuuri sonrió con un gesto tímido mientras se acercaba a una puerta que Víctor creyó era su armario. Sin embargo, al abrirlo mostró que no se trataba realmente de eso y que su basta colección de pósteres no era lo único por lo que debía preocuparse: dentro de ese pequeño espacio, Yuuri Katsuki había creado algo que solo podía calificarse como un santuario a On Ice. Ahí se encontraba toda la colección discográfica completa, incluidas ediciones deluxe, tickets de conciertos, así como camisetas y demás merchandising que Víctor pudo identificar como oficial. 

—¿No eres algo mayor para tener una colección así?

Víctor veía con un evidente desprecio todo lo que albergaba ese armario, mientras Yuuri sacaba de él un estuche de guitarra y jalaba hacia afuera un pequeño amplificador algo anticuado, el cual tenía muchas calcomanías con el logo de On Ice y el de otras bandas.

—¿No te agradan? —Para Yuuri aquello fue evidente al notar la expresión de Víctor, a quien conocía como Iván—. Creí que trabajabas con ellos como el señor Giacometti.

Víctor se mantuvo pensativo un par de segundos, pues debía medir sus palabras y tener cuidado con qué mentiras le diría. 

—Lo hacía antes. Esto es un favor que Chris me ha pedido. 

—No te agradan… —Eso ya no fue una pregunta—. ¿Por qué? ¿Acaso te hicieron algo cuando trabajaste con ellos?

Víctor abrió sus labios, más que dispuesto a inventar toda una gran historia para dejar en mal a sus excompañeros, pero observó la expresión de Yuuri, quien lo veía fijamente con un brillo genuino de preocupación: seguramente temía descubrir que sus ídolos fueran unos completos idiotas. Lo eran, incluyéndolo, pero no supo por qué no se atrevió a hacérselo saber. 

—No. Solo… no me gusta su música.

Yuuri hizo un gesto extraño, como si en silencio se burlara de Víctor por no apreciar la genialidad que On Ice creaba con su música. Eso lo hizo molestar un poco y se arrepintió de haber sido condescendiente con él. 

—¿Qué es lo que te gusta tanto de ellos? —preguntó Víctor de una manera brusca, quizá tratando de dejar a Yuuri en evidencia. Este lo miró pensativo unos segundos antes de sonreír: a Víctor le pareció que ese gesto fue sumamente adorable.

—Responder que «su música» es una respuesta algo genérica, pero es así. Adoro cada una de las letras que Víctor ha compuesto y el sentimiento que logra transmitir en ellas, junto a la música que todo el grupo hace. Me siento identificado de una forma que… —Yuuri bajó su rostro, aunque la sonrisa se mantuvo sobre sus labios—, me hace sentir comprendido… que soy yo quien ha creado eso, que estoy en su lugar y ambos sentimos lo mismo, como si estuviéramos en conexión. 

Curioso, Víctor se sentía de una manera parecida cada vez que reproducía el video de Yuuri tocando en el parque y, ciertamente, no se había esperado una respuesta así. Eso abrió por completo su curiosidad: ¿qué pensaba realmente de él? ¿De su desaparición? ¿De su trabajo en el último disco? Desde tiempo atrás dejó de tener en consideración lo que sus fans pensaban y creían, sin embargo, por alguna razón, se sintió tentando con saber lo que ese chico en particular sentía al respecto.

—Sobre Nikiforov… —Era tan extraño para él hablar de esa forma de sí mismo—. ¿Qué piensas de él? ¿De su desaparición?

Yuuri dejó el estuche de su guitarra sobre la cama y lo abrió, respondiendo sin mirarlo directamente. A Víctor le hubiera encantado ver a detalle su expresión. 

—Pensarás que fue ridículo, pero lloré, porque de alguna forma temía que algo así pudiera pasar. 

La plática comenzó a ir por un rumbo que a Víctor ya no le agradaba; no obstante, le fue imposible contenerse pese al miedo que sintió de escuchar la respuesta.

—¿Por qué?

—Lo noté en sus dos últimos discos. Que Víctor dejara de componer las canciones al no tener la pasión para eso debió ser horrible, sobre todo para alguien que solo sabía expresarse a través de ellas. Que de pronto se quedara sin voz cuando eso era su único momento de ser él mismo… Puedo imaginarlo, lo duro que fue. Era bastante obvio que lo que cantaba en los últimos discos no lo sentía, que no tenía amor puesto en ello. Y cuando se pierde eso y la pasión, lo pierdes todo.

Víctor sintió un nudo en la garganta.

—Y otra ridiculez de fan: escribí mensajes de apoyo para Víctor en su cuenta de Instagram, pero era bastante obvio que no los leería.

Claro que Víctor dejó de hacerse cargo de sus cuentas personas en redes sociales y Christophe era quien lo hacía en su lugar, así que no, nunca leyó nada de lo que sus fans pudieron escribir. Ni siquiera ahora, tras su desaparición, se había atrevido a ello. 

—¿Y cómo sabes que fue por él y no por problemas con la disquera?

Yuuri finalmente lo miró, al tiempo que reacomodaba sus anteojos y sonreía en un gesto que a Víctor le pareció algo arrogante. 

—¿Conoces la historia de Love? El primer disco que sacaron, aunque bajo otro nombre. Fue un completo fracaso porque era un disco sin alma, las canciones no las compusieron ellos. Con eso, Víctor exigió tener la libertad para crear un nuevo disco a su antojo… Y así nació Zombie, donde lo dieron todo de sí mismos. Y durante los otros discos fue así. Víctor siempre pareció luchar contra las ideas de otros para mantener las suyas a flote. E incluso hizo un último intento con «Where is love?», aunque… ese no era el Víctor de antes. Fue triste darse cuenta que se había perdido tanto, que ni siquiera cuando intentó volver con todas sus fuerza, pudo encontrarse de nuevo.

Víctor se había quedado sin aliento… ¿Cómo ese chico era capaz de entenderlo tanto? Hablaba como si él mismo le hubiera contado lo que pasó y lo que sintió en ese entonces, o incluso más, como si Yuuri lo hubiera vivido en carne propia. 

—Conoces mucho de ellos. —Para Víctor fue evidente su propia incomodidad. 

—Qué ridículo, ¿no? Pero… On Ice, y sobre todo Víctor, siempre han sido una enorme inspiración para mí. Por eso, aun cuando ahora tengo esta oportunidad, una que nunca creí posible, no me gusta que haya sido gracias a que Víctor desapareció… Y que posiblemente esté muerto. Siempre tuve el sueño tonto de cantar un día junto a él, en el mismo escenario. 

Víctor no deseó preguntar más, aunque varias cosas terminaron por quedar en su lengua como pequeñas cosquillas que le serían difíciles de ignorar. Pero no, no deseaba remover más pensamientos internos, no ahí, no en ese momento, no cuando podía perder el control y desmoronarse como tantas veces hizo antes. Incluso podía sentir la garganta seca, en esa previa necesidad de tomar algo de alcohol… Y tal vez fumar algo.

Se puso de pie y, mientras Yuuri hacía los arreglos necesarios con el amplificador, caminó hasta el armario. Por lo menos ahí no veía tantas imágenes suyas ni de On Ice que pudieran perturbarlo, por lo que pudo notar con mayor detalle la gran cantidad de cosas que Yuuri tenía. ¿Su antiguo yo se hubiera sentido halagado de encontrar un fan así en lugar de asustado como se sentía en ese momento? Entre todos los discos, playeras y demás merchandising que había, dos cosas terminaron por llamar su atención: la primera era una camiseta negra la cual, a diferencia de otras, no tenía estampado en ningún lugar algún logo de On Ice o de sus discos. Eso le hizo preguntarse por qué la tenía ahí, entre el resto de cosas que representaban de alguna forma al grupo y su fanatismo por él.

—¿Por qué tienes esta camiseta negra aquí? No hay nada de On Ice en ella.

—Es de Víctor. La lanzó durante un concierto al que fui. 

—Vaya… —Sí, siempre fue común en él hacer eso en los conciertos, pero nunca se había puesto a pensar que alguien de verdad se quedara con alguna de sus camisas y la guardara de esa manera. Mucho menos que conocería en persona a un fan que lo hiciera. Nuevamente se sintió incómodo… ¿Ante quién se estaba exponiendo?

La segunda cosa que llamó su atención fue un espacio en el cual debía encontrarse un disco. Por la forma tan organizada en que Yuuri los había acomodado, se imaginó de cuál se trataba y le resultó raro que un espécimen tan extraño hiciera falta en una colección tan completa como la de él.

—¿Tenías la versión Deluxe de Zombie?

—Sí, fue un regalo… Y estaba autografiada por los cinco. 

—¿Por qué ya no la tienes? 

¿Cómo un fan como Yuuri parecía haber dejado que su colección se desacompletara de esa manera? Sobre todo porque la versión que le hacía falta era seguramente aquella limitada que solo estuvo disponible para el público europeo.

—¿Sabes cuánto ofrecían por algo así?

—¿La vendiste? 

Aquello le sorprendió aún más, tanto que no pudo evitar girar su rostro y mirarlo con atención. Yuuri se encontraba sentado en el suelo, sosteniendo la guitarra mientras pretendía afinarla, aunque, tras escuchar aquella pregunta, se detuvo y miró al techo durante unos segundos antes de volver a lo que hacía. 

—Eran tiempo difíciles. Fue cuando diagnosticaron a mi madre y necesitaba comenzar el tratamiento cuanto antes. Fue la forma más rápida de conseguir algo de dinero. 

Yuuri lo decía como si no fuera la gran cosa, pero la realidad era que había empacado ese disco para realizar el envío a su comprador con lágrimas en los ojos. Y, durante casi una semana, apenas le dirigió la palabra a su madre. Después se sintió muy mal por eso, pues ella era la menos culpable de que Yuuri hubiera tenido que ceder a algo tan valioso para él. 

Víctor no solía ser demasiado empático con los sentimientos de otros, por lo menos no cuando terminó por encerrarse dentro de sí mismo y su propio egoísmo, pero Yuuri le estaba resultando demasiado transparente de leer en ese aspecto: casi podía escuchar lo que pasaba por su cabeza a través del ligero brillo que titiló en su mirada. Se acercó hasta a él y se sentó en la orilla de la cama. 

—Toca algo, lo que sea, quiero escucharte. 

Yuuri suspiró y miró al frente, justo al armario que se había quedado abierto. Su vista se enfocó en toda su colección, sobre todo en aquella camiseta que le había pertenecido a Nikiforov. Sonrió y colocó sus dedos en los acordes correctos, entonces comenzó a tocar «Centuries». De alguna forma, Víctor había esperado que tocara la innombrable, y resultaba curioso que, proviniendo de él, no le hubiera molestado que fuera así. Por eso le sorprendió tanto escuchar los primeros acordes y la voz de Yuuri alzarse con potencia ante el primer «Some legends are told» de la canción. Hubiera querido ver como eran sus expresiones al tocar, pero el solo sonido había sido capaz de abstraerlo por completo, porque la fuerza del chico logró retumbar incluso en sus entrañas.

En vivo, sin ese filtro que la mala grabación de un celular provocaba en el video, la voz de Yuuri era más similar a la suya de lo que pensó en un principio. Se sintió abrumado con el parecido, mientras la piel se le enchinaba conforme la canción y las letras caían con intensidad contra sus oídos. Se sintió sin aliento, tembloroso, con la garganta rasgándose como si fuera él mismo quien cantara en ese momento. 

Cerró los ojos y se imaginó a Yuuri de esa manera, con miles de personas bajo sus pies coreando su canto con un vigor electrizante. Y él con el cuerpo alzado en el escenario, triunfante y poderoso, así como tantas veces Víctor llegó a sentirse cuando cantaba esa canción, cuando quería que esta fuera su himno, ese por el que pudieran recordarlo por millones de siglos. Pero aquella no era su fuerza, no eran sus palabras, era la voz de Yuuri la que parecía perpetuar por toda la eternidad. E incluso así, cuando no se trataba de él, se sintió profundamente emocionado. 

Cuando Yuuri terminó la canción, Víctor miraba a la pared con una expresión que era difícil de entender, incluso para él mismo. Estaba impresionado, eufórico, con el corazón a punto de explotarle en el pecho, pues había luchado con todas sus fuerzas para contenerse y no cantar junto con él. Hacía tanto tiempo que no sentía esos endemoniados deseos de cantar, brincar, dejarse contagiar por la música… mucho menos cuando esta era producida por alguien más. 

—¿Tan mal lo hice?

Claro que Yuuri interpretó ese silencio y esa expresión de una forma completamente diferente, porque en él siempre había duda, siempre había temor y desconfianza de lo que era capaz de lograr. En ese momento temía que Iván pudiera arrepentirse de la propuesta de llevarlo a la audición. 

—¿Qué? —Víctor salió de su trance y lo miró—. No… Es solo que… ¿Por qué no puedes tocar siempre así? Como lo hiciste también en el parque. Es… fantástico. Realmente lo es. ¿Por qué cuándo te vimos en el bar no cantaste así? 

Por supuesto, Yuuri no se percataba de la diferencia que había en él; ya fuera en el parque, en el bar o incluso en ese instante, él creía estarlo haciendo de la misma forma en todas las ocasiones. Víctor se puso de pie. 

—Vamos. Iremos al bar y tocaras hoy tú solo.

—¿Qué? 

Yuuri obviamente protestó, pero fue imposible combatir contra un Víctor cuya alma se había encendido por aquella canción. Tan solo media hora después, ambos estaban en el bar Skating y Víctor era quien hablaba con el personal a cargo para que dejaran a Yuuri interpretar un par de canciones en solitario. Fue sencillo que aceptaran porque ya conocían a Yuuri y a su banda, y los dejaban hacerlo con cierta regularidad. 

—Yo… nunca he subido al escenario solo.

Yuuri abrazaba su guitarra, mientras los encargados arreglaban el escenario y ponían todo en orden. Era un día entre semana, uno en el cual no salía haber música en vivo debido a que la afluencia de gente era mínima. 

—Entonces es tu día de suerte. 

Víctor sonrió y le dio un par de palmatidas en la espalda antes de lanzarlo prácticamente al escenario. Su primera teoría era que la presión de su banda hacía que Yuuri perdiera esa fuerza y convicción que sí tenía cuando tocaba en solitario. Sin embargo, un minuto de canción después, se dio cuenta que era el escenario lo que en realidad lo devoraba. ¿Cómo sacar a flote ese Yuuri que era explosión y llamas cuando se encontraba tan encerrado en sí mismo? No sabía si lograría prepararlo en tan solo tres semanas, sobre todo porque aún no comprendía del todo los motivos de su cambio, pero si esa tarde había estado tan temeroso de hacer ese trabajo, en ese momento estaba más que motivado: volvería a Yuuri su perfecto sucesor. Y el fuego en su mirada lo declaraba con más fuerza aún.

No tenía mucho tiempo, eso era lo que más le preocupaba a Víctor: tan solo tres días después de que habían comenzado sus «prácticas», estaba aún convencido de que tres semanas le serían insuficientes para descifrar qué es lo que ocurría con Yuuri. Cuando tocaba en solitario, sentía que no tenía nada que enseñarle, que ese Yuuri era explosión pura, sentimientos regurgitando en él y en cada una de sus letras; sabía tan bien hacerlas por completo suyas, adueñarse incluso del aire a su alrededor… La música, sin duda, le pertenecía. ¿Por qué no podía mostrarse de esa forma ante los demás? Solo el primer día habían podido asistir al bar, lo que le daba todavía un menor margen para descubrir lo qué sucedía. Quizá la cuestión de Yuuri no estaba en el lugar en sí, sino en lo que este representaba para él. ¿Había ocurrido algo? Pensó en que tal vez podía intentar llevar a Yuuri frente a un público distinto, con su banda y sin ella, para ver si había algún cambio en él en alguna de esas situaciones. Por supuesto, había conversado de su predicamento con Chris, quien le sugirió también que le preguntara a Yuuri qué pensaba o sentía cuando tocaba, pues tal vez ahí encontraría la clave. A Víctor le pareció una buena idea. 

En ese momento se encontraba en la habitación de Yuuri, mientras este, de nuevo en el suelo, tocaba de forma dispersa una melodía improvisada, pues Víctor le había dicho que tomara un pequeño descanso.

—Yuuri, ¿qué piensas cuando tocas?

Yuuri se detuvo de golpe después de escucharse un tono distorsionado de su guitarra. Cuando Víctor volteó a verlo, notó que una de las cuerdas se había roto. El chico se mostró bastante molesto, pese a que esa era una situación muy común. Solo haría falta buscar un repuesto. 

—¿Dónde las guardas? —Víctor preguntó poniéndose de pie. 

—¿Qué?

—Las cuerdas. 

—Ah… —Yuuri titubeó—. No tengo, lo siento. 

Víctor alzó una ceja: ¿qué clase de guitarrista no tenía cuerdas de repuesto?

—Vamos por una, entonces. ¿Dónde las consigues habitualmente?

Yuuri dudó un momento, más de lo que debería ser común para un asunto tan sencillo. Víctor no comprendía por qué no parecía agradarle la idea de salir a buscar una simple cuerda de guitarra, ¿que acaso no entendía que sin ella no podrían continuar?

—Es cerca —finalmente aceptó.

Y tal como dijo: la tienda de discos en la cual Yuuri solía surtirse se encontraba tan solo cinco calles lejos de su casa, justo por la avenida principal. Era una tienda pequeña que estaba en la parte baja de un edificio. Al llegar a la puerta, justo antes de abrirla, Yuuri pareció titubear de nuevo e incluso tomó un gran respiro. ¿Por qué parecía nervioso de entrar? Una pequeña campana anunció su presencia cuando la puerta fue finalmente abierta. Yuuri era quien se había mostrado algo inquieto de estar ahí, pero cuando Víctor entró detrás suyo y miró a la persona que estaba tras el mostrador, se quedó completamente paralizado. 

—¡Yuuri! Te dije que no era necesario que vinieras hoy.

—Lo sé, Georgi, pero necesito una cuerda nueva para mi guitarra. 

Víctor fue incapaz de dar otro paso: prácticamente estaba frente a la aparición de un fantasma de su pasado, uno con el cual nunca imaginó que tendría que enfrentarse de nuevo. Fue claro que Georgi sintió esa mirada ajena, clavada con espanto en él, y al enfrentarlo, le frunció el ceño con un gesto lleno de desagrado. 

—¿Se te ofrece algo?

Víctor sintió como, durante un breve segundo, su corazón se detuvo por completo, congelado con el miedo latente de que su viejo amigo lo hubiera reconocido tras su disfraz. 

—Viene conmigo —anunció Yuuri mientras caminaba al mostrador. 

—¿En serio?

Claro que Georgi no lo reconocía, ¿cómo imaginarse siquiera que el mismísimo Víctor Nikiforov podría estar detrás de un aspecto tan desaliñado? Lo que le sorprendía era que alguien así estuviera acompañando a Yuui. 

—Sí… —Este se detuvo en el mostrador y se recargó en él. Nuevamente lucía nervioso y titubeante—. Resulta que hay una noticia que no te he dicho aún.

Yuuri comenzó a relatarle su historia: como Christophe Giacometti y el hombre que lo acompañaba se acercaron a él para ofrecerle que hiciera una audición ante On Ice para volverse su nuevo vocalista, esto después de que el video donde tocaba en el parque se volviera viral. Hablaba con una timidez muy diferente a lo que debía ser un evidente entusiasmo. 

Víctor hubiera hecho demasiadas conjeturas ante ese comportamiento, pero en ese momento estaba intentando no dejarse hundir en el pánico: seguía sin creer que realmente su amigo de la preparatoria estuviera ahí, enfrente suyo, sobre todo porque el aspecto que tenía no era del todo lo que hubiera esperado: a pesar de tener la misma edad, sin duda Georgi lucía un poco más viejo y cansado de lo que debería, como un treintañero a quien la vida no lo había tratado muy bien. Y casi estaba seguro que ese semblante amargado que tenía sobre su rostro era ya algo habitual en él, algo que se había convertido en su máscara de diario. 

—Entonces él trabajaba para On Ice y ahora me está preparando para esa audición. Su nombre es Iván —Yuuri finalizó su relato de esa manera.

Georgi había escuchado todo aquello en completo silencio, sin que la mueca de desagrado y recelo sobre su rostro cambiara ni una sola vez. 

—On Ice, ¿eh?

Víctor sintió los ojos de Georgi penetrarlo con violencia. En ese momento creyó quedarse sin aliento mientras sus manos comenzaban a sudar. Aún tenía demasiado miedo de que pudiera reconocerlo tras la farsa que tenía sobre sí. ¿Qué iba a hacer si eso sucedía? ¿Cómo lo enfrentaría? ¿Sería siquiera capaz de intentarlo o huiría como siempre para ocultarse una vez más, para borrarse el nombre de nuevo, sus facciones, todo lo que pudiera relacionarlo con ese pasado del cual tanto deseaba deshacerse?

Yuuri se metió tras el mostrador, como si fuera un empleado cualquiera, y comenzó a buscar algo entre los anaqueles que estaban en la pared. 

—No tengo afuera —le comentó Georgi—. Hay un paquete en el almacén. Sacalo. 

Víctor y él se miraban fijamente, aunque el primero era porque no se sentía capaz de mover uno solo de sus músculos, como si creyera que con la falta de movimiento, sería invisible ante esos ojos que deseaban encontrar lo que había tras su barba descuidada y sus lentillas oscuras. Se mantuvieron así, en silencio, hasta que Yuuri desapareció por la parte trasera. 

—¿De verdad trabajas para On Ice? —Víctor creyó que Georgi saltaría del mostrador hacia él—. Si esto es alguna clase de engaño, te juro que yo mismo te romperé todos los huesos y haré que te los tragues. Te estás metiendo con el chico equivocado. 

Víctor abrió sus labios, pero no fue capaz de decir nada. No comprendía por qué la amenaza, sobre todo porque el Georgi que recordaba nunca tuvo una actitud tan agresiva como esa. Además, le daba miedo a hablar frente a él por temor a que pudiera reconocer su voz. 

—¿Eres mudo, acaso? 

Yuuri reapareció por la puerta trasera poco después, tomó una de las cuerdas y el resto de la caja la dejó en el mostrador, como Georgi le indicó. Entonces él agradeció, pero antes de irse, Georgi lo tomó del brazo y lo acercó a él para susurrarle algo al oído. Yuuri hizo la expresión típica de alguien quien es reprendido por alguno de sus padres.

—Está bien, te mantendré al tanto —fue su respuesta al separarse. 

Salió de la tienda y Víctor lo siguió con rapidez. Las primeras tres calles ambos caminaron en completo silencio, sobre todo porque Víctor trataba de sobreponerse a la sorpresa y el pánico de ese encuentro.

—Es… ¿amigo tuyo?

Ahora Víctor necesitaba saber con desesperación como el chico que coacheaba para volverlo su reemplazo se encontraba ligado con su viejo amigo. 

—Sí. La verdad es que gran parte de las cosas de On Ice que tengo él me las regaló… En parte, a cambio de vez en cuando suelo ayudarlo con cosas de su tienda, a realizar inventarios, acomodar nuevos productos, hacer limpieza, cuidar cuando él debe ir a otro lado… 

—Entonces, ¿también es un fan?

Yuuri rio de forma nerviosa. 

—No, en absoluto. Él los odia por completo. Específicamente a Nikiforov. Por eso… no había querido contarle aún sobre la audición, no sabía cómo iba a reaccionar. No quería que me odiara también, aunque al parecer él cree que intentan engañarme. Me dijo que tuviera cuidado, que no confiara en ustedes. 

A Víctor no le sorprendía que fuera así, sobre todo si recordaba lo que le había hecho. Quizá al resto de su antigua agrupación no le había importado demasiado, pero siempre fue consciente que Georgi terminó bastante lastimado por ello… Claro que se arrepentía de cómo actúo, pero en ese tiempo había sido demasiado joven, tonto y egoísta como para comprender las repercusiones: solo había intentado cumplir su sueño. Pese a todo, fue imposible que no se sintiera decepcionado que, incluso tantos años después, Georgi aún le guardara tanto rencor. 

—¿Te ha dicho por qué los odia?

—Él fue compañero de Víctor en la preparatoria. ¡Y es verdad! Incluso me regaló una foto donde están ambos juntos, puedo mostrártela al volver a casa. Y bueno, tenía una banda con él, pero al parecer Víctor la abandonó para juntarse con Leroy y Altin. Lo llama traidor. Realmente dice cosas espantosas sobre Víctor. Pero, aunque aprecio mucho a Georgi, no creo en muchas cosas que dice sobre él. 

—¿Por qué? 

En realidad, Víctor pensaba que el criterio de Georgi era más objetivo, pese a hablar a través del odio y el resentimiento. Yuuri lo admiraba, demasiado, era obvio que no se dejaría convencer tan fácilmente de que su ídolo fue una mala persona. 

—Nadie que componga las letras que Víctor hizo puede ser realmente malo. Era obvio que solo trataba de encontrarse con él mismo. Si tú no logras comprenderte, ¿cómo ser capaz de comprender al resto del mundo? No dudo en realidad que Víctor haya hecho cosas cuestionables para cumplir sus sueños, solo creo que no lo hizo con la mala intención de aplastar a alguien más, como Georgi cree. Además eran jóvenes… 

Víctor no entendía cómo era posible que un extraño, un chico que era menor que él y alguien con quien nunca tuvo contacto antes, pudiera comprenderlo de esa manera con solo haber escuchado las canciones que compuso. Seguro había demasiadas personas como él, que también amaban su música, pero que seguro ni siquiera se imaginaban las implicaciones ocultas en cada una de sus letras. Pero Yuuri sí lo hacía y, ciertamente, Víctor no sabía cómo sentirse al respecto. 

—Me preguntaste en qué pienso cuando toco. Admito que cuando lo hago ante muchas personas, solo pienso en que no debo equivocarme. Pero cuando estoy solo eso realmente no me importa… pienso en cómo se sentía Víctor cuando compuso esa canción. Él seguro se sentiría decepcionado de mí, con lo mucho que luchó para ser el mismo músico frente a miles como frente a pocos… 

Y, sin saberlo, Yuuri le había dado tantas respuestas que Víctor no sabía que buscaba.

Some legends are told
Some turn to dust or to gold
But you will remember me
Remember me, for centuries
Just one mistake
Is all it will take

We’ll go down in history
Remember me for centuries

2 comentarios sobre “Track 5: Centuries

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