Quinto interludio


Febrero, año 2000

—Un grupo de tres no funciona comercialmente, por lo menos no con lo que pretendemos lograr con ustedes. Necesita haber variedad de rostros, de personalidades, para que las personas puedan tener con quien sentirse identificadas. Así, si alguien no simpatiza con alguno de ustedes, puede concentrarse en otros miembros.

La mesa era rodeada por los actuales miembros de The Kings: Víctor Nikiforov, J.J. Leroy y Otabek Altin. Justo enfrente suyo se encontraban los dueños de DV Records: Nikolai Plisetsky y Franco Doberti, así como el actual productor principal: Celestino Cialdini. Quien exponía los planes que DV Records tenía respecto a la nueva banda era el viejo Frederick Laberto, el jefe de mercadotecnia y promoción. 

—¿Quién no me amaría? 

La expresión de Víctor, llena de fastidio, fue una clara respuesta a lo que J.J. soltó tan de repente, pero una expresión que nadie más notó a excepción de Christophe Giacometti y por la cual soltó una carcajada que le fue inevitable ocultar, pese a que de inmediato intentó cubrirse los labios con una mano. Yakov Feltsman, el representante de los chicos, lo recriminó con la mirada, mientras que J.J. dejó bastante claro la molestia que aquella burla le provocó al codear a Yakov para pedirle que intercediera al respecto. La mayoría creyó que la risa de Chris había sido propiciada por el solo comentario de J.J. y, en silencio, recriminaron su imprudencia, volviendo a cuestionarse qué es lo que hacía ahí.  

—No tenemos intención de aceptar un nuevo integrante. 

Yakov ganó la palabra y volvió la atención al tema principal que se discutía en esa reunión. Él ya había conversado con los tres chicos que representaba. Lo que DV Records pretendía al agregar a una persona más a la agrupación era uno de los puntos que continuaban negociándose, pese a las protestas de Víctor, quien tampoco estaba contento con la idea de no poder usar ninguna de sus canciones ya compuestas en ese primer disco que se produciría. Pero Felstman ya se lo había advertido: “Hay que ceder algunas cosas para poder negociar otras”. Víctor no estaba muy seguro sobre qué idea le desagradaba más.

—Ni siquiera nos están permitiendo una oportunidad, cosa que nosotros estamos haciendo con ustedes —Celestino fue quien respondió—. No olviden de dónde vienen y piensen en lo que pueden lograr. Fuera de los clientes habituales del bar donde ustedes solían tocar, son un trío de desconocidos. Estamos apostando miles de dólares en su producción y promoción, lo mínimo que deberían es permitirnos manejarlo a nuestra manera. Tenemos experiencia, estudios de mercado que avalan esta decisión. Además ya tenemos una propuesta que seguramente se acoplará de maravilla con su estilo. —Hubo una ligera pausa en la que Celestino se concentró en sonreír, deseando sonar seguro de sus propias palabras, cosa que no logró por completo—. Su nombre es Yuri Plisetsky. 

Ninguno de los chicos de The Kings pudo reconocer el nombre, pero la expresión sorprendida de Yakov, que posó su vista en uno de los dueños de DV Records, hizo evidente que él sí parecía saber de quién se trataba. 

—¿Plisetsky? —preguntó Felstman, sonando quizá algo temeroso por lo que seguro escucharía después. 

—Sí, mi nieto —El hombre mayor, Nikolai, respondió con orgullo. 

Oh, genial. Nadie lo dijo en voz alta, pero todos los presentes, a excepción del hombre, pensaron lo mismo: había influencias familiares detrás de todo eso. Para los chicos de The Kings no fue necesario conocer ni saber más sobre ese tal Yuri, pues creyeron visualizarlo a la perfección: un mocoso malcriado y caprichoso, un chico que se valdría de que su abuelo era cofundador de DV Records para volver el grupo suyo y que se hiciera su santa voluntad. Incluso comenzaron a sospechar que la decisión de no usar sus canciones había sido influenciada por él. 

—No creo que vaya funcionar —Víctor habló levantándose de la silla. Era más de lo que estaba dispuesto a aceptar—. Ya es demasiado con el hecho de que nuestro primer disco sea completamente creado por ustedes. Ni siquiera desean escuchar nuestra propuesta.

—Así como ustedes no parecen escuchar la nuestra… —respondió Celestino sin sorprenderse por aquella reacción—. Pero, finalmente, es decisión suya. Eso es lo que ofrecemos y no tenemos interés en ser flexibles con nada más. Lo toman o lo dejan, chicos. Claro que nadie sabe si en el futuro tendrán una oportunidad parecida.

Celestino tomó el contrato que durante todo ese tiempo se había mantenido sobre el medio de la mesa y comenzó a arrastrarlo hacia su lado, alejándolo de Víctor poco a poco, casi con una lentitud premeditada. Sin embargo, a medio camino, Nikiforov fue rápido y lo tomó de vuelta. Mientras lo sostenía entre sus manos, miró al resto de sus compañeros y a Yakov. Entendió la mirada que este último le dedicó: la decisión era suya, como Celestino les había dicho.  

—Qué más da —fue la respuesta de Leroy tras encogerse de hombros. Otabek solo asintió en silencio.

Víctor soltó un suspiro y miró el contrato una vez más. Segundos después colocó su firma en él.


Marzo, año 2000

Era bastante obvio que Yuri Plisetsky no deseaba estar ahí, él solo intentaba cumplir un sueño que no era propio, sino de su abuelo, quien no había podido seguir el camino de convertirse en un músico reconocido y tuvo que conformarse con ser el dueño de una disquera. Cuando supo que su nieto estaba interesado en la música, hacía tantos años atrás, su corazón latió de gozo: creyó que podría vivir a través de él ese sueño que pensó siempre permanecería trunco. Sin embargo, el interés de Yuri nunca fue más allá de un simple hobbie pasajero, inspirado en la niñez tras escuchar los relatos de su abuelo sobre todo lo que intentó hacer para cumplir sus sueños. Si él no lo hubiera presionado, seguro Yuri hubiera tomado otro giro artístico: tal vez la danza…  o el patinaje. Pero, pese a eso, estaba decidido a intentarlo por su abuelo, por la siempre adoración y el amor que sentía por él. Sin embargo, desde el primer momento en que colocó un pie en la misma sala donde se encontraba el resto de la agrupación denominada The Kings, para él fue evidente el rechazo que esos tres jóvenes mostraron a su presencia. Ese primer encuentro bajó sus ánimos hasta el suelo, así como su ímpetu por intentarlo y esforzarse para que el proyecto funcionara lo mejor posible. Pero si se mantuvo ahí, pese a todo, fue por su abuelo.  

Los prototipos de las canciones estaban listas y ya habían escuchado los demos interpretados por músicos promedio. Trabajarían en conjunto para dar los arreglos finales, ajustarlos al estilo de The Kings y comenzar así por fin con la grabación. No obstante, Yuri, al igual que todos, pensaba que todas esas canciones eran asquerosas: demasiado comerciales, empalagosas y cursis, algo que ya había escuchado demasiado en tantas voces y géneros distintos. Pero todos en DV Records juraban que sería un éxito. Sí, claro

Entró al estudio. Era temprano debido a que había llegado ahí en compañía de su abuelo, quien tenía una junta importante en ese momento. Creyó que podría pasar un rato a solas en lo que llegaban los demás, pero no fue así, pues alguien ya se encontraba en ese lugar: Víctor Nikiforov. Apenas abrió la puerta, llegó a sus oídos algunas notas desconocidas interpretadas por una guitarra acústica. En ese momento Yuri no sabía que escuchaba “******”, la canción que se convertiría en su himno grupal; pero, de alguna forma, supo anticipar que algo en ella era bastante especial… y potente. Si solo la tonada fue suficiente para atrapar su atención y congelarlo en la entrada, escuchar cantar a Víctor por primera vez lo dejó sin aliento.

Era normal que un músico que tocara en solitario, siendo solo él con la música, lo hiciera de forma baja, como si la melodía y él mismo al cantar fueran tan solo murmurllos incapaces de ser apreciados por los demás. Sin embargo, Víctor en ese instante cantaba con bastante fuerza y volumen, como si se encontrara arriba de un escenario, con los reflectores apuntando hacia él y con el trabajo de impresionar a un público. En ese momento Yuri era su público, uno que quedó boquiabierto y con la piel erizada, con espasmos que fueron capaces de hacerlo vibrar desde las entrañas, como hacía demasiado tiempo no le ocurría. A él le bastó esa primera vez para que la letra de “******” quedará grabada por siempre en su memoria. 

No se movió de su sitio hasta que Víctor terminó y soltó un suspiro como si no solo Yuri hubiera contenido el aliento todo ese tiempo, sino también él. Fue entonces, cuando ambos volvieron en sí mismos y salieron de aquel universo que los había aislado del resto, que Víctor se percató de su presencia y Yuri fue capaz de sentir su corazón volcarse en una abrupta demolición al sentir la mirada de Nikiforov en él. 

—Ah, hola —Víctor lo saludó sin muchos ánimos, pero Yuri no fue consciente de eso… Continuaba aún embelesado por la melodía subterránea y emocional de “*******”, y la voz aguerrida y vibrosa de Víctor al acompañarla. Sin duda, Yuri lo miró como el genio que todavía no sabía que era y Víctor fue incapaz de notar que esos ojos serían los primeros que lo mirarían con una genuina admiración. 

—Eso… ¿Tú la compusiste? —Yuri jadeó al sentirse desesperado por escuchar detalles al respecto, quería conocer todo sobre esa canción y Víctor, e incluso deseaba profundamente volver a escucharla. Se acercó unos pasos, como un pequeño felino que ha encontrado algo de su completo interés. 

—No es nada que te importe…  —No obstante, ese comentario seco y lleno de fastidio fue suficiente para reventar en la cara de Yuri la burbuja de admiración que había creado. 

Víctor en ese momento no tenía la mala intención de ser grosero con el chico, era simplemente que seguía creyendo que era culpa de ese “mocoso” que tanto “******” como el resto de sus canciones no pudieran forma parte de lo que sería su primer álbum. Y claro, estaba fastidiado con su presencia, una que nunca debió existir en sus planes. Fue evidente que alguien con el temperamento de Yuri no se quedaría callado ante tal comentario, sobre todo cuando, tras este, se sintió como un verdadero estúpido al creer, aunque fuera durante un segundo, que Víctor era genial. 

—Me importa. Estamos en la misma agrupación ahora, que no se te olvide. 

Víctor suspiró al hacer su guitarra a un lado y ponerse de pie. Entonces encaró al menor con ese ligero dejo de superioridad que sentía gracias a la diferencia de edad que había entre los dos.  

—Escucha, nadie te quería en este grupo. Pero supongo que al ser el nieto de Plisetsky, eso es algo que no debe importarte. Estás aquí solamente por eso, así que por lo menos sé un buen chico, hazte a un lado y no te entrometas más de lo necesario. 

Eso fue un golpe certero que se impactó directo en el orgullo de Yuri. Él sabía perfectamente que habían forzado al grupo a que lo aceptaran dentro de él, pero nunca se imaginó que lo ningunearan de esa manera. Aunque, claro, eso no lo haría amedrentarse nunca. —¿Creen eso? Pues es una lástima, tendrán que soportarme ahora, anciano.
A Yuri no le gustaba hacer halago de la relación que tenía con su abuelo, pero si ellos creían que el ser nieto de ese hombre era el único de sus méritos para estar ahí, estaban completamente equivocados… Y se los iba a demostrar. Aquella admiración que tan solo instantes antes había sentido por Nikiforov, se había transformado ahora en unos insaciables deseos de superarlo. Sería una mejor estrella que él, aunque para lograrlo tuviera que observar y aprender en silencio. 


Mayo a Julio, año 2002

Había sido un mes tenso, sobre todo del lado de DV Records. Pese al fracaso de Love, Víctor y J.J. casi se regocijaban al restregarselo a Celestino. Tenían esa tranquilidad gracias al contrato firmado, mismo que les había asegurado una segunda producción discográfica sin importar que tan bien o mal le hubiera ido a la primera. Ahora tendrían la libertad creativa de crear el disco de sus sueños. Pusieron sobre la mesa aquellas canciones con las cuales ya habían trabajado para que, como una agrupación, crearán el resto para complementar lo que en ese momento se barajeaba ya con el nombre de Zombie.

Sin embargo, aunque Yuri se mostró inicialmente entusiasmado y deseaba aportar ideas, nadie además de Otabek lucía interesado en escucharlo. J.J. y Víctor estaban enfrascados en sus versiones, al punto en que ya les era demasiado considerar las ligeras sugerencias que los productores de sonido les hacían. ¿Por qué escuchar también lo que un mocoso inexperto tenía que decir?

Era obvio que un temperamento como el Yuri terminaría por explotar hacia algún extremo. Si antes lo había hecho con la convicción de superar a Víctor, en ese momento lo hizo para mandarlos a todos a la mierda y abandonar la agrupación. Otabek fue el único en salir tras él e intentar detenerlo, pero incluso él, pese a su evidente pasividad en la mayoría de los problemas dentro del grupo, era bastante consciente de cómo sus compañeros ninguneaban al menor. 

Claro que una vez deshecho el estorbo al cual a veces llamaban Yuri, ninguno espero que, pese al fracaso, la disquera siguiera creyendo que tres no era un número adecuado para una banda de rock. E insistieron, insistieron hasta colocar frente a ellos a Mila Babicheva con la esperanza de que tal vez lo que les había hecho falta con anterioridad había sido una figura femenina que atrajera a un público mayor. Ella llegó a la disquera para crear un dúo con una amiga, pero sin duda su talento era mayor al de la chica, demasiado destacable como para que ambas pudieran brillar a la par. Se barajeó la posibilidad de volverla el próximo icono pop de la industria, pero ese no era el giro que Mila deseaba lograr: no se veía a sí misma con ropa diminuta, haciendo grandes coreografías en un escenario mientras era acompañada con decenas de bailarines que seguro lo harían mejor que ella. No, Mila deseaba tocar instrumentos en escena y demostrar todos esos años de estudio que comenzó desde los tres; después de todo, no cualquiera podía ser multiinstrumentario y tocar al piano, la guitarra y el violín de forma tan hermosa y limpia como ella lo hacía. 

A diferencia de Yuri en sus principios, Mila se mostró encantada con el proyecto al cual le propusieron formar parte. ¿Y quién podría negarse a sus adorables encantos? ¿A su elocuencia? ¿A su innegable talento y entusiasmo? Fue más sencillo para todos adoptarla. Incluso para Víctor, quien volcó en ella un ligero resquemor de protección que la distancia con Mónik había creado en él.

El grupo estaba una vez más conformado y con ella la producción de Zombie continuó…  No obstante, sin saber muy bien por qué, un día Yuri volvió. Con ese regreso, para Celestino y mercadotecnia surgió una nueva cuestión: ¿qué podría ser mejor que un grupo de cuatro integrantes? Uno de cinco, por supuesto. Por esa razón, pese al abandono, le abrieron los brazos al niño, lo recibieron de vuelta en casa y nadie del resto de la agrupación, ahora sin nombre, tuvo derecho de réplica. Claro que Yuri siguiera siendo nieto del cofundandor no tenía nada que ver, por supuesto que no. 


Noviembre, 2002

Se había decidido enterrar toda existencia de The Kings en el olvido. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que otorgándole a la agrupación un nuevo nombre y, con ello, una nueva identidad? Sobre todo cuando, tras el regreso de Yuri, la antigua tensión entre los chicos se había disipado bastante. Aunque las gracias no eran para él, sino para Mila, quien se convirtió en el punto de equilibrio y tranquilidad que les había hecho falta todo ese tiempo. A ella nadie le podía discutir sus acciones, por eso, cuando se esforzaba por hacer que incluyeran a Yuri en las decisiones de la agrupación, todos terminaban por escucharlo a regañadientes.

Era molesto en un principio, sí, pero de pronto J.J., producto de aún los ligeros roces y discusiones que tenía con Yuri (más que nada infantiles y caprichosos), tuvo la maliciosa idea de llevar aquello al extremo. Y se alió con Víctor para ello, en una especie de tregua por un “enemigo” mayor. Cada sugerencia de Yuri era aplaudida de forma exagerada por ambos chicos y aceptada al unísono, sin importar cuál fuera esta. Extraño que gracias a ello “U R Mine” tuviera dicho nombre, que  “Do I Wanna Know?” terminara por convertirse en la genialidad que es y que Mila cantara junto con Víctor en “Irresistible”. 

Pero quizá la mayor incidencia de ello fue el nuevo nombre de la agrupación. Yuri se había dado cuenta de lo que J.J. y Víctor estaban haciendo; por ello, mientras algunas veces se aprovechaba de eso para que ideas genuinas fueran tomadas en cuenta, otras veces sugería cosas ridiculas por el simple hecho de llevarlos también a un límite. Y On Ice fue una de ellas, en una burla sobre una conversación que todos habían tenido previamente sobre sueños frustrados, en los que tanto J.J. como Víctor habían coincidido en el patinaje artístico. Yuri también, pero en lugar de empatizar, decidió burlarse de ello: “¡Parece que a todos nos gusta! No debimos formar una banda… ¡debimos ser patinadores! Tal vez por eso Love fue una basura…  ¡Oigan! ¿Y si llamamos al grupo de esa forma? Tal vez… Roller Skates, o… Skating Rink…  Ice Rink… ¡O On Ice, tal vez! Sí, que sea On Ice. On Ice me encanta”. 

J.J. y Víctor aplaudieron la idea, creyendo que el chico iba en serio con ello y casi seguros que, de entre todas las sugerencias, esa no iba a ser aprobada por el resto. Pero tuvieron la “mala suerte” de que Yakov los escuchara creyendo que dicho consentimiento era unánime. Y cuando la idea fue aprobada por Cialdini, no hubo más que hacer…  Quizá, solo pensar en una mejor historia para contar a la prensa sobre como On Ice se había terminado por llamar así.

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