Matryoshka II (Cap 50)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 50. Trofeo de Francia: Puedo perderlo todo

Esa mañana, Yurathka despertó con el toque cuidadoso de su mamá.

Por un momento fue ese niño de cinco años que después de haber llorado toda la noche con el rostro pegado a la almohada, se levantó para comprender que todo fue una pesadilla y que mamá nunca se fue.

Mamá estaba allí, abrazándolo sobre su pecho y haciéndole sentir querido en ese mundo. Mamá no lo había abandonado. Yurathka se abrazó fuerte de ella y le permitió que siguiera peinando sus cabellos dorados mientras respiraba el calor del cuerpo ajeno que se sintió tan necesario. Aunque esperó doce años, la necesidad permanecía vigente.

Por otro lado, Larissa se sentía pesada y aturdida ante el rumbo que había tomado todo, pero sobre todo ello: genuinamente feliz. A pesar de sus ojos cansados e hinchados por tantas lágrimas vertidas en la noche, su mirada brillaba incandescente y su pecho se sentía henchido de felicidad. Los dedos peinaron los mechones dorados de su hijo mientras su mirada estaba en un punto ajeno del espacio. Todos sus otros sentidos estaban pendientes de la caricia sobre el cabello de Yuri, de su aroma corporal, el calor de su contacto abrazados y los sonidos de su respiración calma.

Ambos habían deseado tanto un momento así, que al haberse concretado se sentían respirando en un nuevo espacio. Como si les hubieran robado a los dioses un pedacito de la ansiada paz.

—Larissa, ¿por qué te fuiste? —Yuri susurró contra su pecho, dejándola peinar sus largos cabellos dorados. 

—¿De verdad quieres hablarlo ahora? —Ella preguntó, pero apretó el cuerpo de Yuri como si quisiera hacerle saber que lo haría, aún si eso significaba tocar esas viejas heridas—. Me gustaría contarte mejor un cuento de niño.

—Ya no soy un niño… 

Los ojos de Yuri la buscaron con la necesidad brillando en sus iris verdes. Larissa acarició su rostro con las yemas de los dedos, pasó por las bolsas cansadas bajo sus ojos, por las hebras doradas que se habían pegado en su cara. Y comprendió, con solo esa firmeza de su mirada, que sí, no era un niño. Asintió.

—Esta es una historia que me avergüence, ¿sabes? —Yuri no dijo nada, solo la contempló en silencio—. Espero no juzgues la tontería de tu madre cuando era más joven. —Ella suspiró y levantó los ojos al techo de la habitación, haciendo que su pequeña nariz se alzara como si buscara alcanzar al espacio—. Tenía diecisiete años cuando tres amigas y yo decidimos formar un grupo de música. Veíamos los grupos que habían sido populares en América y quisimos hacer algo así. Entonces, después de clase, nos reunimos en casa de Elena para practicar. Siempre me gustó bailar, no era tan buena como para el ballet, ni tan elegante, pero me gustaba seguir los ritmos y el pop me sedujo muy rápido. Mi voz también sobresalió, y el hecho de haber tenido un estudio en la coral, me había enseñado a educarla. 

»Todo surgió así, de la nada. Ensayos internos y luego nos presentamos en el colegio. Llamamos la atención rápidamente de varias personas y empezamos a ir a cumpleaños y algunos eventos de deportivos. Nos hicimos llamar Power Girls!. Nos pintamos los labios de rojos para resaltar nuestras pieles blancas y bailábamos sincronizadamente al ritmo de la música. Entonces, lo conocí a él, a tu padre. —En ese punto, ella buscó la mirada de su hijo—. ¿Quieres que te hable de él?

—No me interesa nada de ese tipo.

—Bueno… —Ella suspiró al sentir necesario recuperar el aire. Las memorias flotaban sobre sus ojos, como fotografías añejadas en el agua—. Él nos ofreció un futuro. Trabajaba en la disquera y no tardó en hacer los contactos. Nuestros padres firmaron por nosotras por ser menores de edad y se establecieron los beneficios. Sentí que toda mi vida tendría un nuevo rumbo. —Su sonrisa estuvo llena de nostalgia—. Fui bastante ilusa, tanto en eso… como en las palabras de él. En su forma de mirarme y decirme maravillas, de llamarme a casa para decirme que me extrañaba, de asegurarme que todo iba mal con su matrimonio desde que me conoció.  Fui muy tonta…

Yuri apretó la garganta porque el odio formaba una bola en ella. Larissa, tan joven, la imaginaba como una tonta y manipulable niña con demasiados sueños y poca experiencia. 

—Era verdad que estaba casado —dijo. Ella solo asintió con dificultad.

—Fui muy tonta al creerle, lo sé. Pero me convenció. Regalos, ramos de rosas tras las presentaciones, halagos… después de una vez fue imposible negarme. Estaba enamorada Yuri, muy enamorada. —Se quebraba—. De esa forma tonta y estúpida en la que se enamoran las personas por primera vez. —Su voz se quebraba—. Tanto que crees que esa persona va a dejar todo por ti, que lograrás cambiar todo y será a tu favor. Tenía solo diecisiete años, Yura. No tenía a mamá Nasha para hablarlo, con papá era difícil tocar esos temas.  Me hubiera gustado tener alguien que me dijera que tuviera cuidado, pero ¿sabes? probablemente , no hubiera hecho caso.      

Yuri supo que su mamá fue tonta. Lo supo después. Tras haberse entregado sin medida a ese amor mientras acariciaba su sueño, su cuerpo presentó los primeros síntomas de que algo había cambiado en él. Mareos y náuseas fueron adjudicados a los extensos ensayos, la escuela y el stress de una dieta pues no era permitido que subieran de peso. Empezó a sentir desesperación al ver cómo su rostro palidecía. Siempre fue irregular, así que no, no pudo siquiera imaginarlo. Y cuando la verdad cayó sobre ella, todo lo que creyó estaba a su lado se hizo añicos.

Allí entró su abuelito. Él fue quien la acogió en esa noche de lluvia cuando ella, abandonada y desechada, se encontró sola con un embarazo en curso. Su lugar en la agrupación fue cambiado inmediatamente por otra chica, pero los rumores en la prensa se mantuvieron a lo largo de dos semanas. Su mamá tuvo que abandonar su número de teléfono cuando recibió decenas de mensajes llenos de odio y encerrarse para no salir a la luz hasta que la tormenta acabara mientras su abuelito trabajaba para que ambos tuvieran sustento.

—¿Qué ocurrió con esas chicas? —preguntó Yuri, con la mirada al techo mientras estaba acostado con ella.

—No sé… Power Girls! no duró más que dos años antes de que fuera superado por otro más. Hace varios años me encontré con una en el mercado. Me notó desde la otra esquina y bajó la mirada antes de irse.

—¿No que eran amigas?

—No… en ese momento supe que no tenía amigas.

Mamá continuó. A pesar de lo difícil que significó convertirse en madre, la experiencia le llenaba de cariño y satisfacción. Mamá veía a Yurathka crecer tan rápido, que a veces quería detener el tiempo para disfrutarlo más siendo pequeño. Sin embargo, abuelito tuvo que dejar a la fábrica cuando su problema de columna empeoró junto a su respiración. Y entonces, ella no pudo quedarse más tiempo en casa. Salió a buscar trabajo para sostener a su abuelito, mientras este lo cuidaba.

Pero siendo tan joven, sin estudios y bonita, se enfrentó a tantas propuestas indecorosas y tantos momentos humillantes que ella llegaba cansada, aturdida y frustrada. El dinero no alcanzaba y la deuda que su abuelito había adquirido para el pago del parto y los primeros cuidados empezaron a crecer en intereses. Trabajó de mañana en una cafetería, de noche en un bar y ya no pudo detener el tiempo, ya ni siquiera pensaba en ello. Por dentro, admitió, deseaba que corriera. Porque cuando Yurathka quiso patinar y su abuelito contraía nuevas deudas para comprar los patines e ingresarlo al estadio, su mamá lloró desesperada. Se sintió hundida. Se sintió ahogada. Como si todos vivieran, excepto ella. Como si el reloj solo se detuvo para su vida.

Hasta que llegó esa oferta por un desconocido. Su mamá, asustada, no supo si debía tomarla. La oportunidad de poder cantar, de crecer, de cumplir un sueño mientras ganaba más de lo que podía ganar en esos trabajos, la endulzó. Con abuelito investigó todo e hicieron el trámite: Yurathka podría patinar, podría pagar las deudas en un año, podría optar por cambiar su vida para siempre. Con la esperanza de que de allí obtendría un futuro prometedor, zarpó. Zarpó lejos.

—Cada vez que desembarcaba, papá había adquirido nuevas deudas. Entre su tratamiento para la columna y su problema respiratorio, se sumaban también las facturas de todo lo que había que pagar para el patinaje. Discutimos muy fuerte una noche. Nos dijimos cosas muy feas. Me sentí tan ofendida… sé que no iba a poder ser como mamá. Sé que ambos la extrañábamos, pero la comparación fue tan dura que…

«Estás llorando», se dijo Yuri, al ver las lágrimas correr por el rostro de su madre mientras estaba acostada. Sin maquillaje, despeinada y pálida, se le notaba así las arrugas que ella cubría diligentemente con el maquillaje. Y, aun así, seguía siendo muy bella.

—¿Lo hablaron? —preguntó. Larissa observó a su hijo, mientras intentaba secar su rostro—. Con abuelo… ¿lo hablaron? —Ella contuvo el aire por unos segundos.

—Mucho tiempo después, sí —desvió Larissa la mirada a la pared—. Él me pidió perdón y yo le prometí que ese sería muy último año en los barcos. Que estudiaría, estaba reuniendo para ello ya que todo lo de convertirme en una estrella en los barcos era una mentira. Estudiaría para enorgullecerlo y volvería para cuidarlos a ambos, como antes. No me di cuenta de que cuando volví, ya era demasiado tarde… el tiempo corrió rápido y me había perdido años tan importante en tu vida, Yura… —Ella le miró—. Cuando llegué y supe que te habías ido a San Petersburgo, me di cuenta de que demoré demasiado.

Y esa parte del cuento, Yuri la conocía. Recordaba las veces que ella intentó acercarse y él la alejó. También las ocasiones que él cortó las llamadas y la vio lejos en las gradas para simplemente ignorarla. Tras cinco años lejos de ella, no podía reconocerla. Había aprendido a no extrañarla, o a fingir no hacerlo. Decidido a no ser un fracaso como ella, tenía como modelo al hombre duro que había logrado mantenerlo a pesar de su enfermedad y vejez. Él también se sentía avergonzado de tenerla como madre, porque ella no tenía ningún mérito ante sus ojos, nada que rescatar. Ella representaba todo lo que él no quería ser…

Estuvo equivocado, tan equivocado que ahora se sentía un imbécil al notarlo tras tantos años. En esos doce años desde que su madre abandonó su trabajo en los barcos, ella sacó su carrera en administración mientras trabajaba en la venta de distintos productos y servicios en empresas. En el trabajo actual llevaba ya cinco años, escalando entre las vendedoras hasta alcanzar el puesto de gerente de zona en Moscú. Después de un largo camino de trabajos mal pagos, de deshoras y quebrantos, ella había logrado forjar su camino. Al menos, su abuelo murió después de verlo… 

—¿Estás seguro de que no quieres ir a entrenar? —preguntó ella al acomodarse de costado, para mirar con calma a su hijo que seguía metido bajo las sábanas, como un niño que no quiere ir a la escuela.

—No. Tengo hambre.

—¿Por qué no vamos a comer algo? Creo que ya la ropa debió haber sido lavada. —Ella se levantó mientras Yuri le veía de reojo, envuelto en las sábanas porque debajo se encontraba desnudo. Su madre llamó a la recepción y preguntó si ya la ropa que habían enviado en la mañana se encontraba lista, obteniendo una respuesta positiva—. ¿A qué hora debes estar en el estadio?

—A las 2, a más tardar.

—Entonces debemos apresurarnos. —Insistió al ponerse de pie y tratar de acomodar sus mechones desordenados. Se vio al espejo y suspiró—. Comemos algo y vamos a buscar tu ropa para que puedas prepararte. Hay que demostrarle al Señor Federación que esa medalla de oro es tuya.

—¿Señor Federación? —recordó el rostro furioso de Dmitri cuando su madre lo había encarado de esa manera—. ¿Crees que podré ganar después de lo que pasó ayer? —preguntó cabizbajo y miró los pliegues de las sabanas que había enrollado bajo su brazo.

—¿Creerlo? —Ella inquirió al voltear. Yuri levantó la mirada y lo que encontró en los ojos hinchados de su madre fue pura seguridad—. ¡Estoy completamente segura! —Manoteó en el aire—. No me cabe duda alguna de que vas a ganar, Yuri. ¿No te acuerdas? Ese día que ganaste el Grand Prix, cuando el chico japonés ganó el récord.

—Pero aquella vez yo también había marcado un récord y por poco él me alcanzó. —Le recordó. Pero el cálido sentimiento de memorar aquellas competencias, todas las emociones sentidas, el respaldo de todo los que estuvieron allí, incluso de Víctor, le llenó de calidez. Su madre solo enarcó una ceja ante la aclaración.

—¿Y quién dice que no puedes marcar un récord ahora? —La seguridad de Larissa le apretó las entrañas—. Si algo me has dejado en claro, Yura, es que no hay nada imposible para ti. Eres capaz de evolucionar cuando nadie lo espera, de mostrar tu fuerza y dejarnos anonadados. Y eso me hace sentir muy orgullosa… papá hizo un gran trabajo al cuidarte.

Sobrecogido, Yuri bajó la mirada tras esas palabras. ¿Estaría a la altura de las expectativas de su madre?

DRAMÁTICA CAIDA DEL CAMPEÓN OLÍMPICO EN LAS PRACTICAS DEL TROFEO DE FRANCIA
Paris, 19 de nnb oviembre del 2022

En medio de las prácticas de patinaje en el estadio, el campeón olímpico Seung-Gil Lee sufrió una aparatosa caída en medio de la pista, ante la mirada confusa de todos los presentes. El joven deportista de 26 años tuvo que ser auxiliado por varios de sus compañeros para salir de la pista, después de que aterrizara mal un Axel Triple y cayera de cadera al hielo. Todavía no hay información oficial, pero se espera la confirmación de su participación en el Free Program que tendrá lugar a horas de la tarde.

Seung-Gil Lee logró un histórico desempeño en el Short Program del día de ayer, cuando alcanzó la puntuación que Yuri Plisetsky estableció en el 2016. Es uno de los favoritos no solo para clasificar en la Gran Final, sino para obtener la medalla de oro.

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KpopForeverLove: Maldición. ¡Esa caída se ve dolorosa! ¡No puede ser que el mejor patinador se lesione ahora! #Season 2022-2023 #GoldForKorea

HenryMontreal: Ojalá que Seung-Gil se encuentre bien después de esa caída. ¡Tú puedes! ¡Sabemos que te mereces esa medalla de oro! #GoldForKorea #PrayForSeungGil

AlfonsoD’Lourel: Terrible la caída de un gran deportista. Esperemos que no haya sufrido una lesión mayor. #Season 2022-2023 #GoldForKorea

JuanCamiloOasis02: Por un momento tuve un deja vu al recordar a Víctor Nikiforov #PrayForSeungGil #NoMásLesiones #TrofeoFrancia

NikitaPetrov: Si Seung-Gil no participa, Yuri Plisetsky no tiene excusa para no clasificar. ¡Vaya suerte con la que cuenta el ruso! #Season2022-2023 #YuriPlisetsky #TeamRussian

AnastasiaAragon: ¡No! ¡Pobre Seung-Gil! ¡Miren como se toma la cabeza! ¡Estoy preocupada! #PrayForSeungGil

AugustSalinaSpain: Una caída terrible. Ya decía yo que era demasiada buena racha para ser verdad. ¡Seung-Gil no podrá enfrentarse de nuevo al verdadero rey!  #Season 2022-2023 #JJStyle #JJIsTheKing

RoseSarah: ¿Alguien notó que Otabek Altin fue quien lo ayudó a levantarse? ¡Esto es una muestra de sana competencia y compañerismo! #TrofeoDeFrancia #GoldForKorea #GoldForKazajistan

Cassius Halleweell: ¿Alguien se dio cuenta qué salto estaba intentando hacer Seung-Gil antes de caerse? ¡Me suena que quiso imitar al rey y al rey nadie lo imita! #Season 2022-2023 #CanadaKing #JJStyle #JJIsTheKing

Phichit revisó la noticia publicada en la página de fans franceses al patinaje y revisó lo que aparecía en el video. La secuencia del salto la repitió varias veces mientras mantenía la mandíbula trabada y veía la media vuelta de más que hubo en el Axel Triple. No eran novios de toda la vida, no hizo falta. Antes que novios, ambos habían sido contrincante y observar las competencias del otro fue un acercamiento habitual que hubo antes de que iniciaran el ser amigo o el ser amantes. Así que para Phichit fue bastante claro lo que ocurrió y su sentir deambulaban entre la indignación y la compresión. Esperaba sentado fuera de la sala mientras los médicos atendían a Seung-Gil.

Por un momento se sintió frustrado por no haber estado allí. Algo le decía que, de haberlo hecho, Seung-Gil no hubiera intentado esa locura. En todo caso ya no había nada qué hacer al respecto, Phichit sabía que no tenía la culpa, aunque de vez en cuando su mente buscara posibilidades para evitar la catástrofe. Y tenía que esperar hasta tener una respuesta oficial por parte de los médicos, porque sin ello sería irrelevante cualquier conclusión que pudiera sacar del estado de su novio.

—¿Estás nervioso? —preguntó Min-so Park, su entrenadora, quien se sentó a su lado con un vaso de café entre sus dedos—. Estará bien. Las heridas en el rostro suelen ser escandalosas.

—Intentó hacer el Axel cuádruple ¿no? —La mujer calló antes de soplar sobre el café caliente. Eso fue suficiente confirmación para Phichit y solo renegó.

—Quiso intentarlo. Me dijo que había notado bastante seguridad con el triple Axel y había visto la grabación del salto de Leroy incontable veces.

—Ha sido un imprudente —gruñó. Ella solo asintió—. Espero que no se haya lastimado en serio.

Por un momento pensó que había sido culpa de la noche, pues no fue la más calmada. Phichit casi no pudo dormir después del altercado y Seung-Gil se vio afectado por ello. Pero al revisar los videos se dio cuenta que no fue por falta de descanso, fue por la testarudez de su novio que al ver que ha tocado el cielo, ya quiere saltar al espacio.

Lo comprendía: Seung-Gil era un hombre lleno de ambiciones, terco y perfeccionista. Pero no dejaba de irritarle y preocuparle la falta de cuidado y mesura que tenía, poniéndose en riesgo innecesariamente.

Entonces, salió el médico de cabecera y tanto él como Min-so Park se pusieron de pie.

—No hay nada de qué preocuparse. No hubo fracturas ni fisuras, tampoco un desgarro de sus articulaciones. Pero su cadera presenta un hematoma y deberá esperar a que se desinflame.

—¡Gracias al cielo! —exclamó su entrenadora, casi como si le volviera el color al cuerpo.

—No obstante, si la inflamación en su cadera y muslo persiste, competir será bajo su propio riesgo. El competidor Seung-Gil considera que no habrá problema, pero es mi deber advertirlo.

—Gracias por informarnos. —El hombre solo respondió con un asentimiento antes de abandonar la estancia.

A la salida de los médicos, Phichit pudo por fin entrar a la habitación. Su novio estaba con bolsas de hielo sobre su muslo y cadera, de costado mientras reposaba con una venda que sujetaba la gasa para parar el sangrado de su ceja izquierda. La mirada de Seung-Gil a su novio fue comunicativa, apenas se percató de su presencia.

—Tienes cara de culpable —dijo Phichit al acercarse, mientras Min-so Park cerraba la puerta a su espalda—. La misma cara de tu perro cuando sabe que hizo mal. —Seung-Gil suspiró—. ¿Cómo se te ocurre?

—Solo quería int…

—¡Pudiste lesionarte seriamente y perder la oportunidad de clasificar! —Phichit se detuvo con los brazos cruzados al llegar a la camilla donde su novio reposaba, evidentemente preocupado por la situación. Seung-Gil solo cerró sus ojos, con cansancio—. ¡Debes tener más cuidado! ¿Por qué los médicos dijeron que podías participar bajo tu discreción?

—Podría lesionarme con más gravedad. —Esas palabras dejaron a Phichit mudo—. Pero ya estoy cerca de clasificar y podré descansar por casi un mes, no voy a detenerme ahora.

—Seung-Gil…

—Ya dije, no me voy a detener ahora. —Los ojos oscuros de Seung-Gil miraron a su entrenadora y a su novio con decisión—. Estaré bien, ya estoy pensando en cómo organizar mi rutina para evitar lastimarme. Pero voy a pasar con dos oros al Gran Prix.

—También existe la plata y el bronce, ¿sabes? —Phichit dijo de mala gana, se cruzó de brazos y Seung-Gil enarcó una de sus gruesas cejas—. Puedes clasificar con ellas, no tienes porqué sobre esforzarte.

—No quiero conformarme…

—Oh, no sabía que tener un bronce o una plata era conformarme —el tono de Phichit fue una alarma encendida para Seung-gil—. ¿Acaso le estás dando razón ahora a Giacometti? Soy un conform…

—¿Quieres callarte? —Seung-Gil gruñó al cerrar los ojos y sentir la jaqueca venir. Phichit dejó caer sus brazos con sorpresa e irritabilidad, pero la expresión adolorida de su novio lo contuvo un momento—. Me duele la cabeza, en serio…

—¡No puedo creerlo…! —Phichit se dejó caer sobre el asiento al lado de la camilla y apretó sus dedos sobre las sienes. También sentía palpitar la rabia contra su cabeza a modo de un ligero, pero molesto, dolor de cabeza—. ¡Tu terquedad es estúpida y te estás comportando como un irresponsable!

—Solo dame la mano —exigió su novio. Phichit, tras un resuello inconforme, extendió su mano para que Seung-Gil la tomara. Su novio la puso sobre su cabeza, como si le instara a acariciarle su cabello mientras reposaba. Parecía un perrito consentido buscando mimos tras el regaño.

Phichit no pudo resistirse a eso. El enojo bajó dramáticamente conforme sus dedos acariciaban el espeso cabello de Seung-Gil, lizo y negro, esparciéndose sobre sus yemas. La mirada se suavizó y sus labios se mantuvieron cerrados tal como su novio se lo había pedido, para no incomodarlo más con la perorata y dejarlo descansar. No pasó mucho tiempo para que Seung-Gil empezara a respirar profundamente dormido.

Pero su preocupación era genuina. Entendía perfectamente el sentir de Seung-Gil porque había estado con él en esos últimos años de esfuerzo, porque reconocía que tuvo que luchar duro para alcanzar el nivel que posee y lo conoce lo suficiente como para saber que pondrá su cuerpo a romper los límites sin misericordia. Él no quería que su estrella se apagara súbitamente por una mala lección. Solo buscaba protegerlo y, por primera vez, se sentía impotente por no saber cómo hacerlo. Era más sencillo manejar para él los problemas de seguridad de Yuuri que la terquedad de Seung-Gil, aunque, inevitablemente, también fue esa tenacidad lo que conquistó su corazón.

—Estará bien para la competencia —aseguró Min-so Park, con la mirada firme y sus manos tomadas. Al verla, Phichit la contempló relajada—. Tú lo sabes tan bien como yo, también patinaste. Todos sabemos reconocer nuestros límites.

—No siempre, Min-so, no siempre —murmuró Phichit al dirigir la mirada a su novio—. Pero no puedo negar que está decidido a hacerlo. No creo que haya algo que podamos decir que lo convenza de lo contrario.

—Así es. —Min-so soltó el aire, sin embargo, su rostro cubierto por la sabiduría que lega los años miró a Phichit con la rectitud de una madre preocupada—. Supe que ayer tenían reunión con Giacometti para el proyecto. —Phichit la miró tenso—. ¿Dijo que eras un conformista por tus medallas?

—Algo así. —No quiso hablar mucho al respecto.

—Giacometti dirigió toda su carrera a superar a Nikiforov, por esa razón, su talento estuvo por mucho tiempo opacado. —La mirada de Phichit fue hasta la mujer que se sentó en el borde de la camilla, con cuidado de no despertar a Seung-Gil—. Fue tanto la influencia de Nikiforov en su patinaje que cuando él no estuvo en la pista, no pudo encontrarse a sí mismo y, por ello, no logró el anhelado oro que estuvo buscando por años. Debe sentirse ahora un conformista.

Phichit apretó las cejas al intentar comprender las palabras de Min-so Park, mientras ella le miraba con compresión y seriedad.

—Las personas solemos detestar aquello que nos recuerda nuestra debilidad. Tenlo presente cuando alguien busca insultarte. Probablemente, esté proyectando su propia inseguridad en ti.

Aunque Min-so Park no tuviera idea de todo lo que había ocurrido en esa escena, ni de las profundas recriminaciones que se dieron lugar en esa noche lluviosa, a Phichit le pareció que sus palabras fueron muy claras y que quizás tenía razón: algo debía haber de auto recriminación en las acusaciones sin sentido. Mirando por un momento a Seung-Gil dormido, Phichit recordó aquella ligera discusión que tuvieron en la noche tras haber regresado a la habitación del hotel.

—Yo puedo entender a Christophe. —Esas fueron sus palabras, ante su propia turbación—. Si Yuuri te hubiera lastimado, no me importaría si estuvo en medio de un ataque de ansiedad o no, simplemente no lo querría cerca de ti para impedir que vuelva a lastimarte. —Seung-Gil le había mirado con una calma helada, después de haber dejado caer el paño caliente sobre su cabeza.

Es injusto, pensó. Ni Seung-Gil, ni Christophe sabían qué era un ataque de ansiedad.

Era fácil hablar desde la ignorancia.

Después de lo ocurrido en la pista, Víctor necesitó tomar aire. La imagen de Seung-gil lastimado y saliendo con ayuda de la pista de hielo, fue lo suficiente potente para agriarle el estómago y tener una sensación de constante mareo conforme caminaba. Se detuvo en medio del paseo de Elíseos para ver a la gente que pasaba y los locales llenos de productos listos para ser disfrutados. No obstante, no tuvo ánimos de comprar, solo necesitaba desconectarse. Así que ignoró el incómodo dolor de su rodilla, que había vuelto como un silente recordatorio, para continuar caminando hacia adelante e intentar no pensar.

Yuri no había aparecido aún, tampoco se había comunicado con él en el teléfono. Cuando Yuuri le escribió para saber cómo había avanzado las cosas con su pupilo, Víctor tuvo que admitir que no hubo avance alguno, que ni siquiera lo había visto. El silencio de Yuuri ante su respuesta ya lo había hecho sentir un pésimo entrenador, pero en ese instante, con la imagen en su retina de un Seung-Gil saliendo herido del hielo, no tenía ánimos de ser uno. Tenía que serlo.

Se detuvo en la esquina con la ruta de Tilsitt y observó al BigBus con variados turistas, sobre todo asiáticos. Los miró de lejos con la extraña (y tonta esperanza) de ver a un Yuuri bajar de allí.

A pesar del malestar anímico que tenía, incluyendo el dolor de su rodilla por el cansancio, Víctor experimentó la necesidad de comer. Un consomé fue suficiente para matar el apetito. Después de ello tomó un taxi para el hotel, porque el dolor en su rodilla había aumentado como para animarse a caminar. Con un suspiro, abrió la puerta de su habitación dispuesto a descansar un poco, hasta que se encontró con la sorpresiva presencia de Yuri junto a Larissa.

—¡Apareciste! —Fue el reclamo de Yuri, quien al intentar moverse recibió un jalón de su madre para que volviera a mirar hacia arriba—. ¡Joder, Larissa! ¡Me arrancarás la cara!

—¡Quédate quieto! ¡No vas a salir a patinar con esas ojeras!

Fue surreal para él. Por un momento pensó que estaba alucinando a causa del dolor; pero ver a Yuri sentado en el borde de su cama con Larissa maquillando diligentemente su rostro lo dejó pasmado, en el borde de la puerta.

—¡Pero ya nos aplicamos hielo! —Yuri lucía impaciente. Golpeaba con la suela de sus zapatos al piso.

—¡Todavía se nota! —Larissa se enderezó para revisar el acabado de su obra mientras Yuri dibujaba una mueca. Víctor seguía en el borde, incrédulo—. ¿Ves que mis productos son perfectos para esto? —Y le dio vueltas al aplicador de esponja que tenía en manos—. Ya las ojeras están listas, ahora un poco de rubor.

—¡No te emociones con esa cosa!

—¡Wow! —Finalmente Víctor reaccionó y entró para cerrar la puerta de la habitación—. Siento que viajé en el tiempo.

—Estás cojeando —acotó Yuri, antes de escapar como gato roñoso de la brocha de su madre. Víctor sonrió con una sensación de extraño alivio llenándole el cuerpo, pese al malestar de su rodilla.

—Me tomaré la pastilla.

Víctor se sentó en su cama para descansar y notar lo que estaba ocurriendo en el lado contiguo. El que Yuri se llevara a su madre a la habitación fue algo que él no pensó ver al menos en lo que quedaba de temporada. Pero allí estaba, Yuri ya tenía su uniforme deportivo de la federación y su cabello ya estaba peinado con las trenzas que se unían a su cola alta. Todo indicaba que Larissa se había ocupado diligente de que su hijo se encontrara listo para competir.

La situación era bastante sorprendente, pero no iba a detenerse a preguntar qué ocurrió o cómo llegaron allí. El que Yuri estuviera ya preparado para enfrentarse a la competencia era más que suficiente. No obstante, fue imposible que no se percatara de la manera en que Yuri apretaba sus rodillas como si estuviera tenso, mientras mantenía el rostro levantado para que su madre tuviera acceso para retocar el maquillaje. También la forma en que su espalda parecía una pared de concreto y sus pómulos estaban tirantes. Era evidente los nervios y la presión ante la última oportunidad que tenía para clasificar: era la misma que él tenía cuando estuvo sentado en esa banca, esperando su turno, minutos antes de que la catástrofe ocurriera.

Que extraño se sintió en ese momento volver a experimentar la profunda desesperación y tensión ante la posibilidad de perder que alguna vez tuvo cuando era muy joven. No supo manejarlo y empujó su cuerpo hasta límites peligrosos y provocó que la caída terminara de quebrar su figura poderosa en el hielo. Ahora que lo veía en perspectiva, Víctor podía comprender hasta donde lo había empujado el miedo. No quería que Yuri sufriera una catástrofe similar.

Si lo pensaba con detenimiento, Yuri se encontraba en ese momento como Yuuri debió sentirse en Rostelecom cuando él tuvo que regresar por Makkachin: nervioso ante la posibilidad de no clasificar, cargando una derrota (cúmulo de derrotas) que habían quebrado su confianza hasta hacerlo dudar de su propia valía como deportista. Yuri era un hombre de riesgo, desde que era un pequeño había demostrado su determinación y disposición para avanzar y lograr lo inimaginable. Pero era humano y era completamente valido sentirse asustado.

—Supe que Seung-Gil se cayó —soltó Yuri con la garganta tensa, mientras Larissa retiraba por fin sus manos de la cara. Había una línea delineando los ojos de Yuri que los hizo ver mucho más expresivos. Víctor lo observó y asintió—. Joder, ¿fue muy fuerte?

—Estaba distraído así que no vi el momento del impacto, pero parecía muy fuerte. De todas maneras, por lo que vi en las redes de la federación coreana esto no afectara su participación. —Yuri asintió. Larisa los miró a ambos con interés—. Voy a alistarme. ¿Ya comieron?

—Sí. —Víctor asintió al levantarse para buscar el traje que había guardado en el armario—. ¿Estás enojado por no haber ido a practicar?

Víctor se giró con el perchero en la mano para notar que Yuri no pudo mantenerle la mirada y en cambio, la volteó como si buscara algo con qué entretenerse. Soltó un suspiro.

—No, no lo estoy. De hecho, solía quedarme dormido hasta que iba a iniciar la competencia. —Caminó cojeando hasta el baño y, en el borde de la puerta, puntualizó—. Sé que clasificarás.

«¡Solo quédate a mi lado y no digas nada!»

Esa había sido la petición que años atrás, Yuuri le había hecho a él como entrenador. Quizás Yuuri y Yuri no fueran exactamente iguales, pero sintió que eso era justamente lo que Yuri necesitaba en ese momento. No más presión, confianza.

Horas más tarde, ya los tres se estaban dirigiendo al estadio. Víctor vigiló sigilosamente los movimientos de Yuri y notó la manera en que movía su pie contra el piso, como apretaba sus puños sobre la rodilla y mantenía su mirada al frente mientras los audífonos le llenaban los oídos de música metal. La presión seguía allí, pero Víctor debía dejarle el espacio para que él mismo encontrara la paz. Seguiría observándolo hasta que viera alguna señal que le indicara que era momento de actuar.

En cambio, Larissa decidió tomar cartas en el asunto de inmediato y con la firmeza de una Plisetsky, tomó la mano derecha de su hijo para apretarla a modo de confianza. A pesar de que Yuri no respondiera al gesto, ella permaneció con su rostro fuerte y su mirada al frente, orgullosa de estar allí con él. Para Víctor la situación no dejaba de ser surreal, pero al menos estaba pintando mucho mejor de lo que había esperado. Yuri contaba con el apoyo de muchas personas, solo esperaba que fuera capaz de notar que nunca había estado en completa soledad.

Llegaron al estadio y la prensa los abordó cuando salieron de la camioneta. Víctor puso su brazo sobre la espalda de Yuri mientras avanzaba en medio de ellos, decidido a no dar ninguna entrevista, más bien dispuesto a entrar lo más pronto posible. No obstante, al mirar de reojo a Larissa, ella relucía por el brillo de orgullo que le llenaba el rostro y su mano era ahora apretada por Plisetsky mientras atravesaban a los periodistas.

Ya dentro del estadio, ella los acompañó hasta que llegaron al área oficial, donde solo podían tener acceso aquellos los que tenían pase. Víctor miró a Larissa tomar las manos de su hijo al despedirse. Yuri la miró desde su altura, con la cabeza cubierta por la chamarra y sus ojos achicados por los nervios.

—Lo harás bien, amor. —La escuchó—. Sé que sí… ¿Quieres que te acompañé adentro?

Víctor miró todo desde la prudente distancia. Yuri simplemente negó suave a través de un movimiento de su cabeza.

—No, ya necesito estar solo, dile a eso a Lilia también. Voy a clasificar.

—Sé que así será. —Ella le aseguró con una calma que solo la certeza pudo darle. Víctor contempló el momento en que Larissa se puso en puntillas, tomando el rostro de su hijo entre sus manos para posar un tierno beso en su frente—. Te amo.

Plisetsky no le respondió. Apretó sus labios con fuerza, de una forma que torció la sonrisa que quiso surgir de ellos y solo asintió antes de separarse de ella para proseguir su camino. Víctor se despidió de ella.

Dentro, el aire empezó a cargarse de emociones y dudas. Afuera se disputaba las medallas de la categoría de danza.

—Los movimientos de Taylor y Martin fueron fluidos y muy bien llevados. —La voz del comentarista resonaba incluso en los pasillos, a pesar de estar amortiguada por los gritos de los fans—. Su coreografía ha ayudado a pulir su secuencia de pasos, pero sus problemas con los aterrizajes han bajado su calificación. ¡Taylor y Martin se queda con el quinto puesto de la competencia!

Víctor, ya en el pasillo, veía a todos los contrincantes en sus posiciones, esperando el fin de la categoría de Danza sobre hielo, donde la favorita de la competencia acababa de caer en posición después de una aparatosa presentación. Observó a los jóvenes acompañados por sus entrenadores, algunos terminando de amarrar las agujetas de sus patines, mientras lucían en sus rostros nervios y sobrecogimiento. A una esquina, Seung-Gil estaba sentado sobre la banca con las manos tomadas sobre su rodilla y su cabello despeinado gracias a las vendas que aún cubría su frente. Los audífonos lo tenían abstraído, mientras Phichit estaba a su lado, tenso.

A pocos pasos, estaba Otabek realizando estiramientos, aunque ya había notado en varias oportunidades las miradas de reojo que echaba hacia Yuri. Le sorprendió ver que no se acercara, también el que el mismo Yuri hubiera decidido hacer calentamientos en vez de acercarse a su amigo para tratar de distraerse en la espera. Los ojos de Víctor se movieron hacia su pupilo, ocupado haciendo rotaciones de torso mientras los audífonos seguían llenándole la cabeza de metal. Echó una mirada más allá, donde Giovanni estaba de pie contra el pasillo, con las manos ocultas entre sus brazos cruzados y los ojos verdes fijos en Plisetsky. Los grandes audífonos cubrían sus oídos, pero lucía confiado, apacible. A su lado, Masumi conversaba con Min-so Park, seguro enterándose de los pormenores ocurridos con Seung-Gil.

Con la participación de la última pareja de danzantes, la categoría de danza sobre hielo dio su final con la victoria implacable de China sobre Estados Unidos, Canadá y Japón. El estadio se estremeció entre los aplausos mientras era llevada la coronación de las ganadoras. Víctor observó con preocupación el modo en que Yuri se detuvo y su torso se encogió tras un sobrecogimiento. Reconoció el miedo en su mirada.

—Ya nos estamos preparando para el primer grupo de la categoría Masculina. ¡El día de ayer fuimos testigos de un acto maravilloso! ¡Seung-Gil Lee, nuestro favorito de la temporada, logró marcar un récord, ¡alcanzando el puntaje que Yuri Plisetsky había alcanzado en el 2016!

—Con una secuencia maravillosa de saltos y un pulido trabajado en sus saltos, ¡Seung-Gil ha llegado a la serie Grand Prix alzándose como uno de los más poderosos contrincantes! ¿Yuri Plisetsky buscará la revancha? ¡Su programa mostró un increíble avance en comparación al Skate América!

—Sin embargo, no podemos olvidar que Giovanni, quien está en casa, está dispuesto a cubrir su lugar para la competencia. Ayer nos sorprendió a todos clavando su primer Lutz cuádruples. ¡Es ahora uno de los pocos competidores capaz de lograrlo en competencia!

Víctor observaba a Yuri, leía sus movimientos cuando detuvo su trote y comenzó a extender sus músculos como si quiera sacudirse las hormigas que se subían por su espalda. Los labios le temblaban imperceptibles y por un momento vio a Yuuri en aquella copa China, con los ojos dilatados, con sus manos temblando e intentando distraerse con el ejercicio.

—Giovanni logró realizar el salto emblemático que fue tan visto en los programas de Christophe Giacometti. ¡Por otro lado, tenemos al héroe Kazajo! El programa del día de ayer fue potente y lleno de emotividad. ¡Sin duda un trabajo increíble para un patinador que ha sabido demostrar que puede alcanzar los méritos para alcanzar la medalla de oro! ¡El actual campeón del mundo sigue sorprendiendo con su original estilo de patinaje! 

—Después de la plata en el Skate Canadá, Otabek solo necesita clasificar para estar dentro de los seis mejores patinadores del mundo, junto a su compañero de pista, J.J.

—¿Podrá lograrlo también Jae-gang? El patinador coreano, a pesar de tener la presión de estar con el ganador olímpico, ¡el día de ayer se mostró dispuesto a demostrar que también puede brillar con luz propia!

—¡Y no olvidemos a Arai! ¡A pesar de que no tuvo su mejor día ayer, en la entrevista aseguró que iba a dar lo mejor de sí para lograr alcanzar el podio!

—¡Ya lo veremos! ¡Estamos listos para recibir a los patinadores del primer grupo de la categoría masculina! —Los aplausos llovieron sobre su cabeza—. ¡La competencia por el Grand Prix Final no ha acabado!

Seung-Gil se quitó los audífonos en ese momento en que los jóvenes del primer grupo avanzaban para salir a la pista. Con cuidado, se retiró la venda que cubría su cabeza, ante los ojos atónitos de Phichit. Víctor lo vio levantarse de la banca, estirarse tras entregarle la venda a su entrenadora y comenzar a hacer estiramientos, con la mirada firme y seguro, llena del fuego de quien está apuntando la cima. Víctor sintió ese calor en su pecho al notar la determinación del coreano, quien parecía listo para correr allí mismo por alcanzar el podio, seguro de sus posibilidades.

Con los aplausos que se escuchaban desde afuera y el calentamiento del primer grupo, las llamas de la competencia se encendieron en los que quedaban en el interior del pasillo y los que tenían las mayores posibilidades de alcanzar el podio debido a su alto puntaje en el programa corto. Giovanni le sonrió a Seung-Gil lleno de orgullo y Víctor allí notó ese sentir con solo mirarlo a la distancia. Por su parte, Otabek se sentó en la banca para tomar agua de la boquilla de su termo mientras escuchaba las palabras de Natallie Leroy, quien lo había acogido como una madre. El patinador se limpió los labios con decisión mientras escuchaba las instrucciones de su entrenadora.

En ese mismo momento, Yuri empezó a ejecutar ejercicios de respiración, dándoles la espalda a todos. Apretó sus puños y expulsó el aire cargado de electricidad mientras los nervios se movían en sus piernas.

Solo quedaba treinta minutos para salir.

Treinta minutos.

Yuri intentaba no pensarlo demasiado, pero en treinta minutos él sería el siguiente en pasar, el primero del segundo grupo y de su patinaje dependía toda su carrera. Dependía seguir contando con la federación, dependía su temporada entera y dependía la reputación de Víctor como entrenador ahora, tras su regreso. Todo ello se sentía cayendo como ladrillos contra su espalda y sus hombros, y el dolor se acumulaba en sus músculos él intentaba disiparlo. Los nervios estaban tomando terreno en sus piernas, los sentía hormiguear contra sus tendones. Porque, muy a pesar de que su madre llamara a Dmitri “Señor Federación” en broma, él sabía que era en serio. Una sola decisión de ese hombre sería suficiente para acabar por completo lo que había forjado durante toda su vida.

Pensó en su abuelo, quien durante esos años en los que Larissa no estuvo, sacrificó y dio todo para que él pudiera comenzar su camino en el hielo. Pensó en esos ojos claros y afables que le miraban con orgullo cada vez que era capaz de lograr un salto, quien lo vio en la sala de su casa moviéndose para practicar los pasos del ballet, quien nunca lo crítico por sus decisiones, y quien estuvo allí cuando ella no estuvo.

No podía fallarle. No iba a fallarle. Yuri apretó sus labios, casi los mordió, mientras tomaba esa determinación tácita. Aunque no estuviera allí para verlo, aunque no pudiera verlo ni siquiera desde la distancia, en su casa, con un abrigo y sus pantuflas; no iba a fallarle.

No iba a fallarle a Yakov, quien seguramente lo estaba viendo desde Rusia, en la habitación de la casa de Georgi.

No iba a fallarle a Yuuri, a quién le había prometido clasificar y quien seguro lo estaba viendo desde Japón, a pesar de que eran altas horas de la noche.

No iba a fallarle a Mila. No iba a fallarle a Víctor…

—Yuri.

El aludido subió un poco su rostro para notar en ese momento lo mordido que tenía sus labios. Víctor estaba frente a él, a pesar de la altura, sus patines le permitían ver a Víctor desde abajo, en una corta distancia. Los ojos azules de Víctor estaban calmos, no había señal de nervios, como si su carrera en ese momento no estuviera pendiendo de un hilo. De lejos se escuchaba el final de un programa.

—Te voy a dar un último consejo antes de que salgas a patinar. Ya casi es hora —puntualizó y Yuri tragó con dificultad la saliva acumulada—. Patina como más te guste hacerlo.

Los ojos de Yuri se abrieron para captar toda la potencia de ese mensaje.

—Patina como más te gusta, ese es el único secreto para ganar. Sé tú en el hielo. Sin miedo, sin expectativas, sin presiones. Solo baila como te gusta hacerlo.

El abrazo de Víctor lo tomó desprevenido, pero no dudó no solo en aceptarlo, sino apretarlo con toda su fuerza. Se encogió en los brazos de su entrenador y por un momento tuvo el recuerdo de ese abrazo en esa gran final, cuando se encontraron en el pasillo y les dijo que regresaría a competir. Todo lo que su mente tuvo en ese momento era que iba a pasar con Yuuri, verlo en perspectiva le hizo comprender que su fijación con Yuuri había empezado mucho antes de haberse dado cuenta. Sin embargo, el abrazo que Víctor le dio, en silencio, sin necesidad de palabras, lo había sobrecogido con tanta fuerza como lo hacía ahora que lo abrazaba de nuevo. Se sentía poderoso y electrizante. Se sentía demoledor.

Tengo toda mi fe en ti. Tal cual, como aquella vez, tal cual ahora, Víctor tenía toda su fe en él. Tuvo un nudo en la garganta mientras apretaba su espalda. Se preocupó un momento por la rodilla de Víctor, pero no se alejó cuando notó que el mismo Víctor lo había impedido. Solo se dejó sobrecoger por esa fuerza magnánima que la fe de Víctor producía en él.

—Este año, hubo un momento en el que pensé, en verdad, lo bien que me hizo levantarme ese día de la cama —Víctor susurró contra su oreja—. Fue el día que le demostraste a Dmitri de qué estabas hecho al hacer Allegro Apassionato. Ese día supe, por primera vez en años, que estaba en el lugar correcto.

—Maldito anciano, no me hagas llorar ahora —refunfuñó en voz baja y apartó a Víctor para mirarlo con determinación—. Voy a clasificar. Nuestra temporada no va a acabar aquí… te lo juro.

—Demuéstralo a todos.

Notas de autor: ¡FELIZ NAVIDAD y FELIZ CUMPLE VICTOR! Lo he publicaod primero aquí como regalo de navidad e inauguración de este espacio. Falta tres capítulos para acabar esta parte, veamos si puedo darle final para regalo de los reyes magos. ¿Cruzamos los dedos?

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

9 comentarios sobre “Matryoshka II (Cap 50)

  1. ¡Al fin termino de leerlo!
    Disculpa la tardanza, ToT
    ¿Qué puedo decir del capítulo? La historia de Larissa me ha encantado, es un claro ejemplo de perseverancia y superación, una muestra de que un tropiezo (enamorarte de la persona equivocada), solo tendrá peso en tu vida si tu dejas que así sea. Me alegra demasiado que la relación con Yura vaya avanzando, ya que ambos se necesitan 💖

    Seung, dios… seguro hará una buena presentación, pero creo que estoy del lado de Phichit, no tiene que presionarse tanto, ¡qué dejé lo mejor de lo mejor para el GPF!

    Estoy muy de acuerdo con lo que dijo Mink-So (espero escribirlo bien), nos molestan las cosas que vemos en nosotros, bien dicen “lo que menos has de querer, en tu casa lo has de tener”, yo espero que con el tiempo Chris se libere de ese sentimiento tan negativo que lo está convirtiendo en esa persona que muchas de las lectoras odian 🤣

    ¡El abrazo de Víctor y Yuri me emocionó mucho! Me agrada que hayas hecho el paralelismo con la escena del anime porque ay, no… podría escribir una biblia de teorias acerca de eso 🤣 ¡me ha encantado, es un lindo detalle!

    Pues la competencia ya está puesta, estoy ansiosa por ver a estos niños, no tan niños, dejando todo en la pista 💖💖💖💖

    Gracias por la actualización!!!

    Me gusta

  2. Bueno, me emocioné con la historia de Clarissa, casi mato a Seung Gil por su terquedad y me encantó leer sobre “la mediocridad” que Chris probablemente como suya.
    El Chris de Matry es un gran personaje, lo detesto con todo mi corazón xD Un buen personaje te provoca sentimientos, en mi caso negativos jajaja
    Muchas gracias por la actualización Caro.
    ¡Feliz Navidad, Caro! Lindo regalo nos das con una actu 😘

    Le gusta a 3 personas

    1. Me alegra mucho Naty! La historia de Larissa es bastante sencilla pero a mi parecer muy dura. Debe ser dificil ser madre tan joven y además cargar con sueños sin cumplirse. Entiendo el dolor de Yuri y es completamente justo, pero me conduelo con Larissa. ¡Espero no ser la única!
      Jajaja Seung-Gil es un neció, pero es algo que parece Phichit busca en las personas xD y Chris, pues bueno, ya le tocará su hora. Por ahora anda tranquilo.
      Gracias por comentar Naty, ¡me alegra verte aquí!

      Le gusta a 1 persona

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