Golpe de Suerte – Parte II


Yuuri no solo sintió que la libido se había ido al suelo y que su cuerpo, antes caliente, se había enfriado como si una nevada le cayera encima. También sintió la horrorosa sensación de haber hecho el ridículo. J.J quería casarse y permanecer virgen, lo cual dejaba en claro que definitivamente no compartían los gustos. Y que su gustar era como decir: me gustaron las palomitas azucaradas, pero prefiero las de sal.

O algo peor, terminar siendo solo una forma gentil de rechazarle para no quedar mal y de paso derrumbarle su estima.

Así que, sin más, Yuuri se bajó de las piernas de J.J recordando repentinamente que él aún tenía un yeso y que prácticamente se había violado a un inválido. Se mordió dentro de la mejilla mientras se levantaba para arreglar su pantalón desabrochado.

—Bueno, me voy —dijo sin más. No creía que, de todos modos, hubiera algo más que aclarar. Había sido un error y él tenía que asumir las consecuencias como un adulto. Tan adulto que iba a encerrarse en su cuarto a comer un bote de helado mientras veía toda la temporada de Love Prince Victooru, solo de nuevo y llorando por su desgracia.

—¿Eh? ¿A dónde?

Yuuri no le dejó hablar; comenzó a recoger todo mientras caminaba aceleradamente. J.J, al percatarse de lo que realmente estaba ocurriendo, se levantó con dificultad para ir tras él.

—Yuuri, ¿qué pasó? ¿Te enojaste?

—No —respondió, aunque todo gritara “sí”. Yuuri recogió los envases con lo que trajo su katsudon dispuesto a ya no volver.

—Ey, en serio, tenemos que hablar.

—No hace falta —haciendo acopio de la poca fuerza que le quedaba, subió la mirada para dibujar la sonrisa más falsa que pudo lograr. J.J lucía completamente desarmado, como si no supiera qué hacer con lo que estaba pasando, porque en realidad no entendía exactamente qué era lo que pasaba.

Le había dicho que le gustaba, ¿no? ¿Por qué Yuuri se iba enojado?

—Ya tienes mi número llámame para la próxima consulta médica. Ya teníamos claro que te llevaré hasta que te hayan quitado el yeso.

—Yuuri.

—¡Hasta entonces!

Apresurándose, abrió la puerta y la empujó para cerrarla. J.J la abrió tan rápido como pudo tras arreglarse el pantalón y empezar a caminar cojeando hasta él. Yuuri no pensaba detenerse. Necesitaba preservar un poco de su dignidad y fue peor la sensación de haberla perdido cuando vio a Isabella aparecer en el pasillo, mirándolos a ambos con clara contrariedad. Apenas se despidió sin pensar en pararse a saludarla.

—Yuuri, ¡espera! —“¡No!”, se dijo internamente, apretando con impaciencia el botón del ascensor que tardaba en aparecer. Viendo que no llegaba y J.J aceleraba el paso, no dudó un segundo más en usar las escaleras.

Isabella miró todo y extrañada, observó a J.J ahora esperando el ascensor con intenciones de bajar también. Tal parecía que las cosas habían avanzado, pero no estaba segura hacia qué dirección.

En aquella carrera atípica en él, Yuuri llegó agotado hasta la planta baja tras haber bajado los cuatro pisos sin siquiera respirar. Le dolían las piernas, aunque ya no sabía si el temblor era por el sobreesfuerzo inesperado del ejercicio o por los restos del delicioso orgasmo que había tenido. El hecho de haber salido y sentir el viento helado golpeando su rostro, lo hizo consciente de que apenas se había limpiado los rastros de semen de la cara y que se sentía absurdamente pegajoso.

Oh y que le estaban llegando ganas de llorar.

De paso, había dejado sus lentes con la chamarra en el apartamento, para variar. ¿Acaso podía ser más imbécil? Ofuscado, llegó a su automóvil mientras buscaba con manos temblorosas las llaves. Podía escuchar la voz de J.J cerca, lo cual hizo que apretara los labios y maldijera la persistencia de la que J.J hacía gala. No quería demorar más todo aquello así que buscó abrir la puerta con prisa, aunque los nervios le estuvieran pasando factura. Cuando creyó haber pasado el seguro, sintió el golpe del brazo de J.J sobre la puerta que le imposibilitó abrirla. Yuuri no pudo evitar responder con un manotazo alterado al sentirse acorralado y con la garganta cortada de indignación.

—Pero ¡qué es lo que…!

Lo primero que recibió fue un acercamiento violento de los labios de J.J a los suyos, quien torpemente no midió y terminó chocando nuevamente los dientes, provocándole que su labio inferior sangrara. Apenas le dio espacio para medio separarse, cuando J.J volvió a intentarlo y esta vez, no hubo forma de detenerlo. Yuuri fue besado con todas sus ansias, resultando imposible el no tomarle de la camisa y hacerla puños con sus manos mientras apremiaba por más contacto; a pesar de estar entre enojado, frustrado, contento y asustado. J.J respondió presto, ignorando el extraño sabor que había en la boca de Yuuri.

Después de la inicial soltura de pasión, J.J comenzó a bajar erráticamente los movimientos hasta recuperar el aire, que ya empezaba a faltarle. Los besos se volvieron contenidos y necesitados, pero parecían caricias que buscaban cuidar la herida hecha y saborear la sangre derramada. Yuuri se dejó caer contra la puerta de su carro, completamente sin fuerzas y con las piernas hormigueándole.

Tragó grueso mientras J.J también respiraba por la boca, aun sujetándolo de la cadera regordeta. Su mirada le apremiaba por un poco de tiempo.

—Te partí el labio… —comentó J.J en tono casual y pasó el pulgar sobre el labio lastimado de Yuuri. Este se removió inquieto, pensando que realmente le gustaría que le partiera más que el labio, pero era un buen comienzo—. Ey… ¿quieres ser mi novio? —Yuuri abrió los ojos ampliamente de la pura sorpresa, mientras que J.J intentaba medio explicarse—. Nunca he hecho esto, pero en verdad quisiera…y bueno, lo único es que…

—¿Estás seguro? —preguntó sin creérselo aún, pero J.J, solo esbozó una sonrisa confiada.

—¡Claro que lo est…! —Yuuri, sin dejarlo terminar, se le fue encima colgándose de su cuello para buscar otro beso. Uno que J.J respondió con ansias contenidas, pero sin ningún reparo. Sus manos apretaron la cadera de Yuuri, picando por las ganas de agarrar ese enorme trasero mientras respondía el beso.

Yuuri, en cambio, no podía creer el extraño golpe de suerte que tenía. La emoción le había hecho olvidar incluso el reparo que solía tener al contacto. No lo podía creer, ¡le habían pedido que fuera su novio! Nada malo podría pasar a partir de ese momento.

Después de aquel beso, se despidieron sin mucho protocolo, ya que a J.J no le hacía nada bien el estar en la intemperie con su pierna aún en proceso de curación. Yuuri partió muy feliz a su propio departamento tras recibir las pertenencias abandonadas en el apartamento de mano de una sonriente Isabella. Él catalogó el malentendido que tuvieron arriba como un simple problema de mala comunicación y su necedad de siempre llenar los puntos suspensivos con ideas fatalistas lo había agravado. Quizás había entendido mal. O tal vez J.J hubiera estado tan nervioso que se le ocurrió decir tal burrada. El hecho era que ahora era su novio y Yuuri casi podía saltar en medio de la nieve a hacer ángeles blancos de la pura felicidad. Hasta se animó a llamar a Phichit y contarle las nuevas buenas, ganándose risas y gritos exaltados de vuelta mientras se dirigía hasta su casa.

Allí iniciaron lo que Yuuri llamó su primer noviazgo. Y al inicio, nada podía ser mejor. Yuuri salía del trabajo, ahora más animado y se dirigía hasta el apartamento donde J.J lo esperaba. Hablaban durante el día de varias cosas y J.J le comentaba que se estaba poniendo al día con Love Princes Victooru, el cual tenía ya más de 180 capítulos. Le había parecido impresionante que aún hoy el anime estuviera en emisión pese a varias complicaciones; y aprovecharon para compartir eso que se había convertido en un punto en común para ambos para compartir más.

Cuando Yuuri iba a visitarlo, además de conversar de las aventuras de Victooru, también propiciaba momentos donde sus besos ocuparan algo del tiempo de charla. J.J aceptaba más que complacido a los contactos a veces pequeños y traviesos, como si se acostumbraran a la novedosa sensación, que luego se volvían ávidos e indetenibles. Era J.J quien hacía distancia, sacando la excusa de que había gente en casa. Yuuri no le vio mayor problema; podía esperar todo el tiempo del mundo, o que estuvieran solos, para continuar. Ya él venía preparado.

Claro, después de lo que había ocurrido en el mueble, Yuuri no iba a ser tomado por sorpresa de nuevo. Se había animado a documentarse muy bien para la próxima vez mostrar mejores capacidades amatorias, aunque no se quejaba de lo que había pasado ni del cómo. Los besos, conforme aumentaban, también se hacían más densos, húmedos y profundos. Yuuri estaba seguro de que cuando volvieran a intimar de aquella manera igualmente la práctica los haría más diestros y ávidos para procurar más placer.

Además, se había vuelto exigente y estaba aprendiendo a cómo salirse con la suya ya que J.J, muchas veces, llegaba a ser tan manejable que le era fácil tomar el control del beso solo para complacerse con el hecho de convertir al sexy dueño del gym en un adorable desastre en sus brazos. Claro que esperaba a que el yeso fuera retirado para poder buscar al fin y con todas sus letras, el anhelado encuentro sexual. Pero, mientras tanto, valdría muy bien para practicar.

Así fue como ese viernes se encontró sobre las piernas de J.J, restregándose contra la entrepierna que ya sentía nítidamente bajo la tela, mientras se besaban sin contemplaciones. Sentía el hormigueo por todos lados y la forma en que sus pieles al frotarse creaban estática, mientras sus manos no dejaban de tocar la mandíbula cuadrada y áspera por los vellos de J.J Yuuri no le daba tregua a la hora de besarlo, porque ahora que había comprendido el delicioso placer de surgía de juntar sus lenguas en medio del beso, no había nada que lo detuviera de buscarlo una y otra vez. Egoístamente, buscaba sentir su propio placer esperando que J.J, lo estuviera disfrutando de la misma manera.

Por tanto, J.J estaba hecho gelatina entre los brazos del japonés, quien había resultado ser alguien calenturiento y difícil de detener. No podía creer que el chico inicialmente tímido ahora fuera un hombre con sensualidad avasallante que lo atropellara tantas veces sin siquiera dejarle opción a réplicas. Sus manos, aun así, no podían evitar el delicioso camino de ascenso y descenso por la sudada espalda de Yuuri, debido a los múltiples contactos. Le gustaba no solo la sensación que disparaba desde sus yemas al resto de su cuerpo, sino también el escalofrío que creaba en Yuuri, quien no dudaba en acompañarlo con un sensual gemido.

Pero ya estaba duro y todavía seguía con la idea de llegar virgen al matrimonio, que Isabella catálogo ridícula. Y como en Canadá el matrimonio entre personas del mismo sexo era una realidad, pensaba continuar con su decisión hasta el final.

Sacando fuerza de voluntad de no sabía dónde, J.J apartó a Yuuri, quien ya estaba al rojo vivo y con la sudada camisa blanca pegada a su espalda. Una estampa visual capaz de encender a cualquiera.

—Yuuri… creo que ya fue suficiente… —Apretó los labios al decir lo último porque Yuuri había dejado caer los labios sobre su cuello húmedo, enviándole toneladas de electricidad—. Jajajaja, ¿es en serio? Mira todo lo que has sudado. Bajarás peso así.

—Me gusta este ejercicio —le dijo con un tono de voz sugerente y J.J ya estaba a punto de mandar la objetividad a la borda.

Para fortuna de J.J, Yuuri hizo un mal movimiento y a él le dolió la pierna, lo que expresó sin siquiera pensarlo. Eso fue suficiente para que Yuuri tomara en serio sus palabras y se bajara de él, ahora preocupado por la pierna enyesada que había terminado olvidada en el calor del momento. J.J tenía también la piel mojada y llena de ansiedad, pero creía ser capaz de controlarlo. Incluso a esa dura erección que se asomaba en su pantalón… Aunque, mirando la de Yuuri, lo sentía esa decisión cuesta arriba. 

—Lo siento, estoy un poco ansioso —confesó Yuuri con una sonrisa tímida, que contrastaba con la bella estampa de su rostro sonrojado y sudado, sin los lentes (pues ya se los había quitado antes de iniciar aquella cadena de besos) y con el cabello hacia atrás debido a todas las caricias. 

—¿Ansioso de…? —quiso saber. Yuuri le miró como si aquello fuera obvio, pero al notar que no era así, dirigió la mirada hacia la entrepierna de J.J En respuesta, J.J se erizó y pasó saliva—. Oh…

¡Mierda! Con razón Yuuri estaba tan difícil de detener.

—Mira, Jean —se estaba convirtiendo un hábito el llamarlo directamente por su nombre—. Eres mi primer novio también, pero… ya sabes, como te diste cuenta esa tarde soy virgen y, bueno… quisiera dejar de serlo pronto. Así que… —Yuuri le tomó la mano y J.J apretó la garganta.

Mierda…

—¿Podemos hacerlo cuándo te retiren el yeso? —J.J pensó en hablar, pero Yuuri, con la misma exaltación, prosiguió—. ¡Sé que aquí es complicado por lo de tus padres visitando, e Isabella viviendo aquí! Pero… en mi departamento… —Su voz comenzó a bajar y bajar debido a la vergüenza.

—Yuuri… —Los ojos del aludido le miraban con aprehensión esperando una respuesta—. Dios… es que, ese día hablaba en serio.

—¿Hablabas en serio?

—Con lo de llegar virgen… hablaba en serio. ¡Quiero que esperemos hasta casarnos!

Era demasiado evidente de que las cosas saldrían mal apenas él mencionó semejante invitación. Yuuri discutió lo ridículo que sonaba esperar hasta casarse porque, para empezar, ¡él jamás había pensado en casarse! Así que, el que Yuuri saliera molesto de su cuarto y J.J se quedara molesto en su cama, no fue novedad; algo que Isabella Leroy esperaba que ocurriera desde que supo que habían empezado a salir.

Así pasaron los tres días sin comunicarse, sin mensajes de buenos días y buenas noches, sin preguntas sobre qué desayunaron o almorzaron. Yuuri los extrañaba, sí, pero estaba demasiado ofuscado como para dar su brazo a torcer. Su vida no podía ser tan ridículamente desgraciada. No, no era posible que de todos los gays del mundo agarrara al gay cristiano. Era para volarse la cabeza.

—No solo es el gay cristiano —Phichit dio vueltas a la leche en su café, mirando como éste cambiaba el color de su bebida. Y luego, sonrió—. Es el gay cristiano que se cae de bueno.

—Siento que si lo toco con un mechón de mi cabello recibiré castigo divino.

Vaya golpe de suerte, ¿no? No todo podía salir bien, ya había sido demasiado beneplácito divino el haber atropellado al gay sexy de la cuadra y que resultara que le gustaban los gorditos. Yuuri resopló frustrado y decaído en la mesa, después de acabarse toda su comida más la que dejó Phichit, más tres manzanas… tenía tanta ansiedad y desánimo que solo le provocaba comer.

Estaba seguro de que en tres días había subido cinco kilos.

Phichit soltó un soplido indiferente mientras abría la cáscara de una banana para dársela a Yuuri, aderezando su estado de consternación alimentado por comida.

—Bueno, ¿qué piensa hacer?

—¿Qué quieres que haga?  —replicó, agarrando la banana y acabándosela en menos de tres bocados. Tragó con prisa—. No voy a prometerle casarme con él. ¡Apenas tengo unas semanas conociéndolo!

—Eso no importó para metértela en la boca sin condón —le recordó su jefe y amigo, provocando un gemido apesadumbrado.

Ay, esos recuerdos ahora tan vagos. Aunque no fuera algo que le hubiera confesado abiertamente a Phichit, estaba seguro de que hubiera dejado que se la metiera por completo en el recto, sin condón ni culpa alguna. Con lo caliente que estaba, todo sentido de autopreservación se había ido al carajo.

—Pues, yo digo que no te rindas —sugirió Phichit con tono conocedor, a pesar de ser un hetero con todas las de la ley que incluso había probado solo para convencerse de que lo suyo eran las chicas—. ¡Ve por él! Sedúcelo… haz lo de ahora, pero sé tú quien te detengas y lo dejes a medio camino. Verás como él solito manda sus ideas de virginidad al retrete.

—¡Dios te oiga! —dijo con burla.

Esa podría ser una opción, consideró Yuuri mientras iba despejando un poco el nublado ambiente de su cabeza. La verdad, él no quería terminar su primer noviazgo, menos en lo que tardó dos semanas. Resultaba ridículo rendirse ahora, cuando el premio era indiscutiblemente alto. De repente, un apabullante deseo de ganar le embargó y Phichit le miró como si le hubiera salido otra cabeza. ¡Seduciría a J.J Leroy aunque fuera lo último que hiciera! ¡Sería el tazón de cerdo seduce gays de closet cristiano de Canadá! Fue tanta su exaltación interna que se había puesto de pie sin ninguna justificación, mirando el infinito con energías renovadas.

—¿Yuuri…? —el aludido miró a su amigo, quien contenía una risita—. Te echaste el agua encima.

—Oh, lo siento.

Después de haber arreglado su pequeño accidente en el comedor, Yuuri preparó mentalmente el nuevo plan trazado para salvar a su noviazgo y voltear la situación a su favor. No sería él si no buscara enfocar sus puntos fuertes y tratar de superar sus propias limitaciones. Ya había logrado más de lo que había pensado lograr en su vida: ser novio del tipo más sexy ni siquiera estuvo en su lista de cosas por hacer antes de los cuarenta. Ahora que había logrado ese paso, no iba a detenerse. Buscaría por todos los medios superar la virginidad de J.J

Con esa nueva determinación llegó hasta el apartamento de J.J y lo buscó en su habitación. La expresión de J.J delataba el desánimo que tenía desde que había peleado con Yuuri. Eso Yuuri lo notó por la forma en que fue mirado, como si se tratara de un cachorro abandonado en la cama. Sin embargo, no se lo iba a poner tan fácil. Yuuri guardó distancia y escondió sus manos nerviosas en los bolsillos de su pantalón de vestir, mientras le dirigía una mirada dubitativa.

—¿Cómo sigues? —preguntó preocupado. J.J hizo un mohín con sus labios.

—Bien. Aunque mi novio me haya abandonado en esta cama.

—Oh, es que mi novio salió con una idea extraña que une “ser virgen” y “casarse” en una misma oración —J.J volvió a torcer la boca al escuchar a Yuuri, pero no quería discutir. Aunque fuera algo inevitable.

—¿Entonces qué? ¿Ya no tengo novio porque mi novio está muy calenturiento? —Fue el turno de Yuuri de suspirar y negar. Se separó del marco de la puerta y se animó a sentarse en el borde de la cama, de espaldas. Pensaba explicarle lo ridícula que sonaba su idea, pero le sorprendió sentir el abrazo intempestivo de J.J contra su cuerpo y el modo en que éste restregó la nariz contra su nuca—. De verdad me gustas, Yuuri.

La culpabilidad entonces echó raíces en Yuuri, siendo él el ahora desarmado ante la honestidad con la que J.J le abrazaba y demostraba su afecto. Quizás tenía razón, quizás la calentura no le estaba dejando pensar con claridad. Porque fuera del cuerpo de infarto que tenía J.J, también le gustaban otras cosas de él, como la forma en que se reía, lo apasionado que era con lo que creía y su personalidad.

Iniciar una relación de adolescente a esa altura de su vida nunca estuvo en mente, pero considerando que nunca había tenido alguna, ¿por qué no vivirla? Decidió cambiar las reglas del juego y atrasar un poco sus planes. Quizás si dejaba que la vida lo siguiera sorprendiendo, encontraría que vendrían cosas mejores. ¿Por qué no intentarlo? Yuuri suspiró resignado, recibiendo las manos de J.J sobre su estómago, quien aún seguía abrazándolo.

—Supongo que tu novio puede seguir jugando con sus juguetes por un tiempo más. Pero al menos dime… ¿esto es porque eres cristiano de alguna denominación?   

—¿Eh? ¡Ah no! —Se apresuró a explicar, mientras Yuuri le devolvía la mirada curiosa detrás de sus lentes—. Solo… soy un poco chapado a la antigua.

¿Qué persona chapada a la antigua era un gay con tatuajes, un gym y su propio método de vida saludable con su propio nombre, además de guapo?

¿Era posible tener más disparidades a la vez?

Decidieron seguir su noviazgo con besos y arrumacos que no llegaban a intimar, ambos procuraban no llevarlo demasiado lejos por la comodidad del otro. Pensó que se le haría más difícil, pero terminó encantado con las tantas otras cosas que descubría de J.J cuando el yeso desapareció y éste estuvo libre de salir con gusto a donde fuera. Yuuri no lo supo en ese momento, sin embargo, al darse la oportunidad comprobó con creces que las apariencias engañaban y que J.J le había dado una impresión completamente diferente a lo que realmente era él.

Lo primero, era que cuando J.J hablaba de su estilo de vida lo hablaba muy en serio y era el primero en seguir esa filosofía. Miraba extrañado y hasta admirado la forma en que J.J a sus veinticinco años cuidaba su dieta y su ejercicio, e incorporaba otras cosas como leer, cantar, bailar y hasta patinar sobre hielo a su rutina. Nunca se quedaba quieto, todo cuánto quería probar, lo probaba, siempre que esto fuera sano para su cuerpo y legal. De ese modo, se encontró con un hombre que nunca paraba de experimentar y crear cosas, sonriendo en cada uno de sus intentos.

Lo segundo que notó, era la importancia que le daba a su familia. A pesar de que se manejaba independientemente, siempre se daba tiempo de convivir con ellos, disfrutando de su compañía. Era un hijo cariñoso y abnegado, un hermano leal y protector. Respetaba a cada uno de los miembros de su familia y les colaboraba cada vez que le era posible, demostrando así la unión familiar que había.

La primera cita que tuvieron en la pista de hielo resultó inolvidable. Yuuri había ido con toda la familia y se divirtió enseñándole un poco a los pequeños a estar sobre el hielo. La familia Leroy lo recibió sin ninguna queja, parecía que todos ya hubieran esperado el momento en que J.J, con los nervios en la garganta, lo presentaba al resto con orgullo. Yuuri no creyó que eso fuera posible pero casi todos lo trataron como un miembro de la familia más, invitado a sus comidas y salidas. La afabilidad que recibió lo llenó de pura calidez.

Wow, ¡era un noviazgo de verdad! Yuuri a veces no se lo creía. Cuando llegaba cansado tras haber ido a visitar a J.J en el gym y tenerlo que perseguir por todos los pisos mientras le hablaba de todo, se quedaba mirando al techo pensando que la situación era mejor de lo que hubiera esperado. Y aunque aún las ganas estaban y, a veces lo embaucaban con sueños húmedo en la cama, era de momento, tolerable.

Así pasó navidad y se sorprendió cuando después de la cena de acción de gracias, J.J lo empujó hasta una esquina para luego mencionarle el muérdago sobre su cabeza y buscar ese beso anhelado. Pasó año nuevo y los encontró en el patio de la casa con todos afuera mirando los fuegos artificiales estallar. Sintió el cálido abrazo de J.J que lo envolvía y le daba más calor que los abrigos, calcetines, bufandas y gorros tejidos que le regalaron cada miembro de la familia. El beso en su mejilla y la forma en que J.J vertió promesas de un año próspero y juntos, enfatizando que valdría la pena su espera, le hizo sentir pleno.

Y llegó el día de reyes, donde J.J demostró por qué se hacía decir rey y lo volvió a sorprender una vez más; cuando lo llevó en su moto hasta el orfanato y comenzó a dejar regalos y a atender niños con su flamante sonrisa, Yuuri supo, inevitablemente, que ya no habría manera de destronarlo. Acababa de ganarse un lugar en su corazón de cristal y se sintió derretido de amor cuando J.J, con una sonrisa encantada, le invitaba a acercarse para que fuera parte de ello.

El momento fue tan memorable, que el tiempo pasó volando entre las risas y los juegos de los niños, contentos por recibir un regalo en esa época. Yuuri se dio tiempo de hablar con algunas de las encargadas, quien terminó comentándole de lo asiduo que era J.J en ese tipo de actividades y que, prácticamente, se había encargado de apadrinar a varios de esos niños, pendientes de que pudieran tener estudios y a su vez, recibir regalos en sus cumpleaños. Yuuri no cabía de la emoción y su pecho se había inflado de pura felicidad. Jugó con algunos de ellos, se animó a contarles cuentos japoneses y le sorprendió la atención que los chiquillos había puesto en él. Le gustó tanto la idea que, al abrazar a J.J de vuelta en un momento dado, le expresó que le gustaría ir con él en la siguiente oportunidad.

Por lo tanto, cuando llegaron en casa, fue inevitable que Yuuri se sintiera con ganas de muchas cosas. No solo era el deseo de su cuerpo lo que le empujaba a besar y abrazar a J.J hasta que no hubiera mañana y, por fortuna, J.J sentía lo mismo; así que cuando Yuuri le propuso subir con él, su novio aceptó en medio del nerviosismo.

El apartamento de Yuuri era pequeño y no contaba con demasiadas cosas. Tenía un sofá cama que se veía de esos modelos de una tienda departamental, la cocina era pequeña y estaba muy limpia, parecía que no cocinaba demasiado allí. Además, tenía algunas fotos de su familia, entre ellos un pequeño cachorro. J.J se acercó intrigado, mientras Yuuri dejaba su abrigo en el perchero y se retiraba la bufanda. También encendió la calefacción y la hornilla para preparar chocolate caliente.

—Nunca me habías hablado de tu perro —Yuuri se acercó mientras se frotaba sus brazos y al ver que J.J empezaba a retirarse su chamarra, lo ayudó.

—Su nombre era Vicchan, murió hace un par de años —J.J se giró intentando disculparse, pero la mirada nostálgica de Yuuri no dio pie para hacerlo. Por el contrario, parecía feliz de compartirlo—. Era mi mascota cuando era niño. Estuvo conmigo por diez años. Lo llamé Vicchan por Víctor —sonrió avergonzándose, pero a J.J le pareció el asunto muy adorable.

—Realmente eras muy fan desde niño de Victooru. 

Así que lo abrazó buscando el calor de su cuerpo y Yuuri le recibió con calma. Sus corazones latían al unísono en medio de ese acogedor contacto, pero ninguno dijo nada y se abocaron a disfrutarlo en silencio. Había estática en el aire, que se encargaron de ignorar. Se quedaron un rato así hasta que escucharon el agua hervir y se separaron; J.J siguió curioseando a sus alrededores y Yuuri se dedicó a preparar el chocolate que luego sirvió en dos tazas con imágenes sublimadas de la serie. J.J no pudo evitar reír al notarlo.

—¿Sabes…? Me alegra mucho haberte acompañado hoy al orfanato —suspiró Yuuri, bebiendo de a poco el chocolate para no quemarse. J.J hacía lo mismo, sin perderlo de vista—. Fue muy divertido y se veían felices… ¿desde cuándo lo haces?

—Bueno, es una tradición familiar —explicó emocionado y Yuuri le escuchó atento—. Mis abuelos empezaron, luego siguieron mis padres, ¡y yo decidí seguirlos! Creo que estamos destinados a dejar huellas en la vida. Debe haber una razón más para estar aquí ¿no? —Yuuri sonrió al escucharlo, admirado e incrédulo.

—De hecho… creo que eres muy optimista. Podríamos estar aquí producto de la casualidad.

—Me gusta pensar que hay un motivo detrás de esto —le dio un nuevo sorbo, antes de dirigirle la mirada a su novio—. Por ejemplo: esa fractura valió toda la pena del mundo.

Yuuri enrojeció copiosamente y sus pálpitos incrementaron ante aquella declaración. J.J lo miraba tan seguro de aquello que había provocado que todo su cuerpo respondiera con felicidad a esa premisa. Sí, Yuuri venía pensado que aquel accidente había sido un golpe de suerte en su vida, pero todavía no llegaba a dilucidar hasta qué punto lo afectaría. De lo único que estaba seguro, es que la inicial atracción a J.J había mutado a algo impresionantemente grande. Ya eran más las veces que admiraba las características de su carácter, su temperamento, de lo mucho que le hacía reír y como le impulsaba ser mejor persona; que en sus rasgos físicos que seguían siendo igual de fascinantes. ¿A eso le llamaban enamorarse?

Dubitativo y todavía lleno de tanto calor que, en vez de buscar encender el deseo, le envolvía en una calidez reconfortante; Yuuri se avergonzó y buscó de nuevo la taza de chocolate para beber. J.J rio, eso lo hizo reír también y cuando sintió la mano de su novio despeinando los cabellos negros, Yuuri le dejó hacer cuanto quisiera. Igual su felicidad era tan apabullante que no bastaban palabras para decirlo. Simplemente estaba allí, para disfrutarse a sorbo y sentirla derretir en el paladar.

Al acabar los chocolates, J.J puso su taza y la de Yuuri sobre el suelo, mirando a su compañero con los ojos desbordados de un sentimiento que hizo que el estómago de Yuuri diera un vuelco. Toda esa electricidad en el ambiente tomó forma, erizándole la piel.

Cuando J.J se acercó de tan entregado, Yuuri sintió que el aire escapó de sus labios. El beso sobrevino sin duda alguna, sus brazos buscaron el cuerpo del otro para acercarse mientras dejaban que sus bocas se reconocieran de nuevo. Se sentían las ansias contenidas en la manera en la que se tocaban y, a su vez, una terrible y sobrecogedora muestra de cariño y anhelo en cada nuevo toque. Yuuri cerró sus ojos, aun cuando J.J se apartó un momento para retirarle los lentes y volver a juntar sus labios. Los cerró porque, se sentía tan íntimo así…

Habían estado muy poco tiempo a solas en las últimas semanas por las festividades, por lo que habían extrañado esa privacidad. Y se notaba. Era evidente por el modo en que las caricias comenzaron a volverse profundas y ansiosas, mientras Yuuri sentía su espalda caer sobre el mueble y el peso de J.J sobre él.

Le apretó la espalda y se dejó llevar. Yuuri abrió sus labios presto a recibirlo y disfrutó del peso extra sobre su cuerpo, restregándose con la misma necesidad que él. A veces entreabría sus ojos para notar las pupilas oscuras de J.J mirándolo, pero luego los cerraba para solo prestar atención al bombeo de su pecho y la forma en que su cuerpo se sentía explotar. Ni siquiera estaba pensando en que dejaría de ser virgen, el asunto había tomado un valor muy inferior.

Esto iba mucho más allá.

Se frotaron sin demora, con las respiraciones desatadas y sin ritmo, tratando de recoger aire entre cada beso dado. Las manos de J.J tallaban las caderas de Yuuri, apretando sus rollos de grasa con sobrado justo y provocando que el japonés soltara gemidos complacidos. Las manos de Yuuri se habían entretenido en la espalda de J.J delineando los duros músculos hasta bajar a su trasero para estrujar sobre las ropas. Jadearon los dos, desbordados. La nariz de J.J a veces se frotaba con la de Yuuri mientras intentaba recordar cómo respirar, aunque todo lo que inhalaba fuera el adictivo aroma a sexo de ese cuerpo, a sudor, e incluso de esa loción con toques de madera de fondo.

Yuuri supo en ese momento que quería hacer el amor. Y ante la certeza de que J.J buscaba exactamente lo mismo, no pudo evitar el dejarse embargar de felicidad, seguro de estar preparado para ello.   

Pero J.J se detuvo. Yuuri abrió los labios hinchados tratando de agarrar aire, mientras el cuerpo estático de J.J estaba sobre el suyo junto al calor desbordante, las manos quietas y temblorosas. Sentía que su corazón latía en cada punto de su cuerpo, sus ojos veían solo puntitos de colores estallar y su garganta estaba seca. J.J se había detenido y parecía que la magia había acabado. No pudo contener la decepción que lo envolvió.

—Lo siento…

Hasta que lo escuchó, con la voz cortada. Yuuri se asustó y se preocupó de inmediato, por lo que buscó subir el rostro de J.J, quien se había quedado pegado contra su hombro, sin moverse, sin permitirle verle. Pero pudo escuchar el difícil trago de saliva que dio y sintió su corazón encogerse.

—Sé que quieres y yo quiero… ¡Quiero hacerte el amor! —exclamó al alzar su roja mirada llena de tribulación y Yuuri apretó la garganta. El rojo subió furiosamente a su rostro, aunque ahora no solo por lo que el cuerpo de J.J le había hecho sentir—. ¡Quiero hacértelo duro! Me la paso imaginándolo… que te lo hago en el auto, en mi cama, en el baño, en el mueble… ¡en el gym!

—Jean… —La franqueza de J.J lo había tomado de sorpresa, llenándolo de muchas cosas inexplicables.

—¡Y sé que quieres! Y me cuesta… me cuesta aguantarme…

—No creo que haya nada de malo en hacerlo… —susurró Yuuri, buscando acariciarle el rostro para tratar de calmarlo, pero J.J renegó—. Tú quieres, yo quiero… eso debería bastar, ¿no…?

—Siento que me fallaré a mí mismo —confesó, dejando a Yuuri sin habla ante tamaña expresión—, que no fui fuerte para mantener lo que me prometí. Si no soy capaz de cumplirme a mí mismo, ¿cómo puedo cumplirles a otros? Y sé que quieres y tengo miedo de que te aburras… y me dejes.

Yuuri intentó decir algo, pero no pudo encontrar palabras para decirlo. Lo único que pudo hacer fue llevar las manos sobre el rostro atribulado de su novio y tratar de tranquilizarlo, mientras lo escuchaba repetirse. Ciertamente, no se había dedicado a entender por qué J.J había tomado esa decisión, de dónde venía lo que en un inicio consideró un capricho; porque había decidido enfocarse en otras cosas de su relación y disfrutarla. Había creído que el tiempo haría lo suyo, ahora no estaba tan seguro de ello. Solo que no quería dejarlo, no lo había pensado como una posibilidad.

—Ey… —Le dio una palmada en la cabeza y provocó que J.J subiera la mirada extrañada para ver a Yuuri, sonrojado, pero con los ojos calmos—. Ya no quiero perder la virginidad —aclaró frunciendo su ceño—, solo quiero hacerlo contigo. Y si no te sientes seguro en este momento, está bien. Si esto es importante para ti… está bien.          

—Yuuri…

—Lo que quiero decir es: intentémoslo a tu modo —no sería sencillo, Yuuri lo sabía, pero tanta determinación de J.J junto a toda la tribulación que tenía por sentirse flaquear, le había conmovido—. Hagámoslo a lo J.J Style.

Los ojos de J.J se abrieron con pasmo, en respuesta a la claridad y seguridad que Yuuri le demostró al decirlo, aún a pesar de sentirse tan caliente bajo él, de sus cabellos alborotados por las caricias y sus labios rojos por la pasión. Aquello, era la muestra más preciosa de amor que J.J pudiera pedir en ese momento. Se sintió tan emocionado, que no pudo contener el impulso de besar a Yuuri por toda la cara mientras éste se removía inquieto, riéndose a su vez. Porque había tenido miedo de expresarlo y escuchar esas palabras de Yuuri significaban que no necesariamente era el final.

Cuando Yuuri gimió ante el excesivo contacto, J.J tuvo que apartarse porque de seguir así le sería imposible cumplir con lo que acaban de acordar juntos. Se sentó en el mueble mientras Yuuri hacía lo mismo, acomodando su camisa y tratando de mantener todo en su lugar.

Para nadie fue secreto que aún con la decisión, sus sexos seguían endurecidos y ya dolientes. Yuuri necesitaba atenderse urgentemente y J.J lo entendió, necesitando lo mismo, por lo que se apresuró a retirarse. Al despedirse, un abrazo fuerte y necesitado fue suficiente para hacerle saber lo agradecido que estaba por comprenderlo y por permitirle intentarlo un poco más.

—Jean… —susurró Yuuri en su oreja, mientras le apretaba fuertemente la espalda ya cubierta con el abrigo—. Solo, ¿puedes pensar sobre lo de hacerlo hasta casarnos? Yo… ni siquiera me vi casado alguna vez —la expresión interrogativa de J.J fue elocuente y Yuuri se animó a explicar—. En Japón no es legal, así que en cuanto supe que me gustaban los chicos me hice a la idea de que nunca me casaría.   

—Oh… —J.J suspiró antes de tomarle las mejillas a Yuuri, buscando besarle suavemente los labios—. Aquí es legal… y aunque fue hace poco que acepté que me gustan los chicos, siempre quise casarme como mis padres y mis abuelos… ¿Podríamos hablar de esto mañana? Quería venir a buscarte y…

—¿Vamos al jardín japonés? —J.J lo miró con asombro, antes de sonreír en respuesta. Un beso fue todo lo necesario para propiciar la para nada deseada despedida.   

Cuando J.J se fue, Yuuri hizo lo propio con su excitación, mas no tuvo la sensación de estar perdiendo el tiempo o hacer el ridículo. Admiraba la voluntad de J.J; si él perdiera eso, sería como quitarle algo de esa personalidad que tanto le gustaba. Y si iban a hacerlo juntos, debía ser cuando ambos estuvieran listos para ello, sin espacios a dudas ni a remordimientos. Ya había esperado veinticuatros años. Podía esperar un poco más.

Pero le daba miedo hasta qué punto J.J quería esperar y si sería capaz de hacerlo. Las inseguridades llegaron en la noche, haciéndole temer sobre cada paso que estaba dando. J.J le gustaba muchísimo, no quería perder lo valioso que estaba descubriendo de él por la necesidad de dar un paso más. ¿Por qué quería tener sexo? No solo era porque quería experimentarlo, también estaba esa sensación fascinante de pensar que sería uno con él. ¿Cómo podría manejar eso?

La salida al jardín japonés aclaró todas sus dudas al día siguiente, cuando salieron juntos. Tomados de las manos, recorrieron el lugar mientras hablaban y conversaban de todas aquellas cosas importantes que consideraron aclarar si querían seguir con la relación. El hecho de que se gustaban estaba claro, la atracción que había también, desde un inicio. J.J le hizo saber que amaba cada parte de Yuuri, desde sus ojos rasgados y pequeños de color chocolate, hasta su gordo y esponjoso trasero. Eso provocó un sonrojo apenado en el japonés, quien se quedó corto nombrando todo lo que le gustaba físicamente de J.J en medio de sus nervios.

Luego de ello, tocaron el tema álgido de la situación: el voto de castidad de J.J, su deseo de casarse y lo que Yuuri pensaba al respecto. Yuuri reflexionó muy seriamente que si su deseo por perder la virginidad fuera más fuerte que sus sentimientos por J.J, lo hubiera buscado por su cuenta, a fin de quitarse esa espina; pero no, no podía. Ya se había enamorado, declaración que provocó en J.J una terrible y abrazadora conmoción. Terminó por abrazarlo con fuerza para decirle que sentía exactamente lo mismo y sin soltarlo hasta el atardecer.

Entonces, tras haber hablado, decidieron que iban a continuar así hasta donde a ambos le fuera posible, dejando espacio a la flexibilidad.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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