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Amar con los ojos abiertos (Esposo de placer)


Yuuri estaba nervioso, faltaban quince minutos para las diez de la mañana, hora en la que Víctor había quedado de pasar a buscarlo, y aún no estaba seguro de que atuendo llevar puesto. Se miraba al espejo sin saber si estaba vestido adecuadamente: no tenía idea de dónde pretendía llevarlo el ruso, aunque la noche anterior le dijo que llevara ropa cómoda. 

A las diez de la mañana aún no estaba completamente seguro de estar bien vestido para la ocasión, finalmente había decidido ponerse un conjunto deportivo de colores negro y azul marino. Nervioso acomodaba su cabello cuando el timbre del departamento sonó, prácticamente corrió a abrir la puerta. 

Yuuri sonrió al ver a Víctor, también lucía ropa deportiva, de colores gris y rojo.

—Me alegra haber acertado con el atuendo —dijo Yuuri. 

—Estás perfecto —contestó Víctor mirándolo con esas preciosas lagunas que eran sus ojos, brillantes y anhelantes—, ¿vamos? —preguntó extendiendo su mano. 

—Vamos —contestó Yuuri tomando su mano, regalándole a Víctor la calidez de ese inocente contacto. 

—Por cierto, buenos días —dijo el ruso inclinándose y dejando un beso en la mejilla izquierda de Yuuri.

—Buenos días —respondió el japonés devolviendo el gesto con sus mejillas coloreadas. 

Ambos caminaron en un cómodo silencio hasta el automóvil de Víctor.

—¿A dónde iremos? —preguntó Yuuri cuando ya estaban sentados en el cómodo auto del alfa. 

—Es una sorpresa —respondió Víctor guiñandole un ojo para luego poner el marcha su Mercedes Maybach 6 negro. 

Veinte minutos después Víctor estacionaba su automóvil.

—Una pista de patinaje —dijo Yuuri sonriendo al ver el lugar en el que habían aparcado.

—Cuándo estuvimos en Barcelona comentaste que habías practicado patinaje sobre hielo por un tiempo, pese a eso, nunca hemos patinado juntos —respondió Víctor sonriendo.

—No sabía que sabías patinar.

—Me ofendes —dijo Víctor con falsa molestia—, soy ruso después de todo —agregó después—. Mi madre me enseñó a patinar cuando era pequeño, era una de las pocas actividades que podía disfrutar con ella. 

—¿Por qué?

—Mamá… ella salía muy poco de casa.

A Yuuri le pareció ver tristeza en esos hermosos ojos azules, y aunque tenía curiosidad por preguntar más sobre su madre y su familia, prefirió no decir nada más, hasta que el propio Víctor decidiera hablar de ella. 

Víctor sacó un bolso del automóvil y luego, de la mano, caminaron hasta el edificio que albergaba la pista de hielo, estaba vació. 

—¿Alquilaste el lugar? —preguntó Yuuri al notar que ni siquiera había empleados.

—Sí, ¿por qué?

Yuuri rió, aunque no debería sorprenderse de lo que el poder adquisitivo de Víctor era capaz de lograr, aún lo maravillaba. 

—Tengo algo para tí —dijo Víctor sentándose en las gradas. 

En el bolso que Víctor llevaba había dos pares de patines de cuchillas doradas. Los de Víctor eran negros con detalles en rojo, los que obsequiaba a Yuuri eran muy parecidos, pero los detalles eran azules.

Yuuri observó sus patines y se dio cuenta de que en las cuchillas estaba grabado su nombre, sonrió.

—Muchas gracias, Víctor. Son una belleza. 

—De ahora en adelante podremos venir a patinar cada vez que queramos —sentenció el de ojos zarcos. 

—Hace mucho tiempo que no patino —dijo Yuuri dentro de la pista, sosteniéndose de Víctor.

—No te preocupes, cariño —sonrió Víctor—. Es algo que no se olvida, como andar en bicicleta.

—Es verdad, debo dejar de temer —contestó Yuuri mirando directamente a Víctor con sus expresivos ojos marrones.

Sin soltar sus manos Víctor y Yuuri comenzaron a deslizarse suavemente sobre el hielo. De pronto, las notas de Absolute Beginners de David Bowie comenzaron a inundar por completo el lugar. 

—Víctor —susurró Yuuri cuando el alfa lo abrazó sin dejar de deslizarse sobre el hielo.

—I Absolutely love you —cantó Víctor con voz suave cerca del oído del omega. 

Los ojos marrones de Yuuri brillaban completamente extasiados al sentir las manos cálidas de Víctor sobre su espalda mientras él cantaba en voz baja, sólo para él.

—If our love song could fly over mountains, could laugh at the ocean, just like the films, there’s no reason to feel all the hard times to lay down the hard lines, it’s absolutely true.

Ambos se miraron con todo el amor que eran capaces de sentir, mientras la canción continuaba sonando, hasta que Yuuri, adelantándose a Víctor, también cantó.

—Nothing much could happen, nothing we can’t shake. Oh we’re absolute beginners,

with nothing much at stake, as long as you’re still smiling there’s nothing more I need.

—I Absolutely love you.

—But we’re absolute beginners.

—But if my love is your love we’re certain to succeed.

Siguieron mirándose completamente embriagados. Víctor se sentía embobado por las mejillas ruborizadas de Yuuri, cautivado por sus ojos marrones, enamorado de sus labios, de su piel, de su imagen, de su aroma y de todo lo que era. 

Yuuri se sentía transportado a un lugar donde nada malo podía suceder, como si cualquier dolor, temor o inseguridad hubiera perdido sentido. Embelesado por el aroma de Víctor, encantado con el sonido de esa voz que coloreaba su mundo, hechizado por esos ojos claros, cristales transparentes que lo miraban con amor. Enamorado, completamente enamorado. 

La música se detuvo y ellos siguieron mirándose en silencio, de pie en medio de la pista con el hielo como mudo testigo de los sentimientos que se expresan sin palabras.

Hasta que Víctor habló:

—Te amo, te amo completamente. Por eso, creo que no hay ninguna razón para pensar que debamos rendirnos ante los malos tiempos. 

—Ambos somos principiantes, pero creo que mientras puedas sonreír para mí no necesito mucho más. 

—Si mi amor es tu amor…

—Tendremos éxito.

—Tendremos éxito, pero debemos amarnos con los ojos abiertos. 

—Con cordura, sanamente, poco a poco. 

—Aunque, es difícil eso de ir poco a poco —dijo Víctor mirándolo intensamente. 

—Pero las citas también son para besarse, ¿no? 

Yuuri llevó sus manos a las mejillas de Víctor y sus ojos se posaron en los delgados labios color durazno mientras humedecía los suyos con una sensualidad de la que era inconsciente. 

—Creo que tienes razón —respondió Víctor acercando su rostro al de Yuuri. 

Hicieron contacto visual mientras sus narices se rozaban y sus respiraciones se mezclaban. Los labios rosados de Yuuri recibieron los cálidos labios de Víctor y su boca se abrió para ser nuevamente explorada, mientras su propia lengua también exploraba. 

Víctor apretó el cuerpo de Yuuri contra el suyo, Yuuri se aferró al cuello de Víctor. Se habían extrañado tanto que sus cuerpos se encendieron rápidamente y ambos supieron que debían detenerse o ya no podrían parar. 

Se despegaron lentamente y volvieron a mirarse. Sonrieron como el par de tontos enamorados que eran y Víctor lo tomó de la mano para luego patinar rápidamente sobre el hielo, haciendo que Yuuri riera mientras patinaba sin soltarlo, dejándose guiar, confiando. 

Phichit estaba sentado en la cama, cubierto por la sábana blanca mientras miraba su teléfono celular sin pestañear. 

—Ya relájate —dijo Chris a su lado quitándole el teléfono móvil para dejarlo sobre la mesita de noche a su lado.

—Pero hoy es su cita, ¡necesito saber como están! ¡Yuuri no contesta mis mensajes! —exclamó el moreno intentando tomar su teléfono nuevamente. 

—Están bien, ambos son adultos y se aman —dijo Chris tomando las manos del omega menor y empujando lo suficiente para tumbarlo sobre la cama. 

—Pero Chris…

—Ambos están trabajando en sí mismos para poder comenzar de nuevo, no debemos meternos más en su relación. Mejor concentrémonos en nosotros —Chris sonrió juguetonamente mientras subía sobre el cuerpo moreno para luego mordisquear delicadamente el cuello del más joven.

—Chris… —pronunció Phichit en medio de un suspiro. 

—Me encanta el color, el olor y el sabor de tu piel travieso omega —dijo Christophe haciendo reír a Phichit.

—No hables como si de los dos tú ocuparás el lugar del alfa, o me darán ganas de estar sobre ti. 

—No me opongo, versatilidad ante todo.

—¿Ah sí?

—Claro, ambas cosas se disfrutan, ¿quieres sentir lo delicioso que es estar adentro del cuerpo de tu amante? 

Phichit mordió su labio inferior, como omega jamás se planteó esa posibilidad y quedó completamente sorprendido cuando notó que Chris quería seducirlo. Se sorprendió aún más cuando el suizo le mostró lo buen amante que era, no tenía nada que envidiarle a los alfas con lo que había estado antes.

—No lo pienses tanto, Phichit, eres un hombre también y eso que tienes entre las piernas no es un adorno, úsalo. Luego le puedes decir a Yuuri que tan bien puede un hombre omega utilizar sus cualidades. 

—¿A Yuuri? ¡Pero si Víctor es alfa! Un alfa jamás dejaría que un omega…

—¿Estás seguro? —preguntó riendo suavemente mientras lo miraba con picardía. 

—¡Qué! No puede ser… ¿acaso tú…?

—Ya basta de hablar de otras personas mientras estoy sobre ti. Si no decides pronto serás tú quien abra sus bellas piernas. 

—Pero…

Chris silenció a Phichit con un húmedo y sensual beso mientras su mano traviesa recorría la piel del más jóven hasta llegar a sus pequeños y redondos glúteos. Phichit imitó al mayor y sus manos comenzaron a recorrer el pecho del suizo, bajando lentamente hacia su abdomen hasta sumergirse en el suave vello púbico y luego continuar hasta tocar la dureza que se erguía entre sus piernas. 

—Este lugar es precioso —dijo Yuuri, que se encontraba sentado en una manta que habían extendido en el suelo, apoyando su espalda en un árbol de cerezo. 

Víctor lo llevó al parque Kiyosumi, un pequeño y hermoso lugar en el cual se sentaron sobre la manta marrón que el alfa había llevado para luego comer algunos onigiris que compraron en el camino, nada muy especial o elaborado, pero lo disfrutaron como si fuera la mejor comida del mundo, contemplando ese hermoso lugar en compañía de la persona que más amaban. 

—Lo es —confirmó Víctor dejando su cabeza descansar sobre las piernas de Yuuri, recostándose sobre la manta. 

Yuuri comenzó a acariciar el cabello platinado, haciendo que el ruso se relajara y se quedara dormido. El omega sonrió mientras una lágrima traicionera abandonaba su ojo y recorría su mejilla izquierda, el único anhelo que había en su corazón era el de poder disfrutar de más días como ese, días en que la dulzura y el amor de Víctor lo envolvieran por completo. 

—Y si encontramos la forma de que nuestra canción de amor vuele sobre las montañas —cantó Yuuri— y navegue sobre la angustia, justo como en las películas…

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