Poner en palabras (Esposo de placer)


Yuuri y Phichit se encontraban tomando un descanso. Afortunadamente sus horas libres solían coincidir y aprovechaban la belleza de los jardines para disfrutar del aire libre mientras conversaban animadamente o disfrutaban de sus refrescos entretanto esperaban que el tiempo transcurriera antes de ir a sus próximas clases. Ambos habían entrado a la universidad en el recién comenzado año escolar, Yuuri a medicina, como siempre soñó, y Phichit a bellas artes, y aunque sus facultades eran distantes, se las arreglaron para encontrar un punto intermedio entre todos los edificios que albergaba la universidad a la que ambos asistían. 

Los amigos disfrutaban compartir de la compañía del otro y siempre se sentían relajados y a gusto aunque no tuvieran nada que decirse y simplemente se recostaran en el pasto a disfrutar del cálido viento que mecía sus cabellos. Pero en está ocasión, Phichit sentía que su consciencia no lo dejaría tranquilo hasta poner en palabras lo que había estado haciendo a espaldas de Yuuri. 

—Me acosté con Chris —soltó de pronto y sin previo aviso, queriendo liberarse lo antes posible y provocando que Yuuri se atorara con su refresco y comenzara a toser. 

Cuando al fin logró tranquilizarse y volver a respirar adecuadamente, Yuuri miró a su amigo como si esperara que le dijera que había sido una broma o que había entendido mal.

—Es verdad, me acosté con Chris —repitió Phichit, viendo los ojos de Yuuri abrirse para después dibujar una mueca de fastidio. 

—Ya veo —dijo Yuuri sin mirarlo y concentrando su atención en el refresco que tenía entre sus manos.

—¿Sólo eso dirás? 

—¿Y qué más quieres que te diga? Es tu vida, puedes hacer lo que te venga en gana. 

—¿Estás molesto?

—¿Por qué habría de estarlo? 

—Yuuri…

—Iré a clases —Yuuri se puso de pie. Ambos habían estado sentados en las bancas del jardín que rodeaba los edificios de las diferentes facultades que albergaba la universidad a la que ambos habían ingresado en el recién comenzado año escolar. 

—Pero, Yuuri…

—Debo ir a clases.

Yuuri se alejó de su amigo mientras que los ojos de Phichit lo miraron cansados hasta que desapareció de su campo de visión. El moreno se sintió culpable por haber sido seducido por Chris, porque aunque Yuuri guardara silencio al respecto, Phichit sabía que el sensual omega suizo le provocaba sentimientos negativos.

—Me sentí decepcionado —dijo Yuuri removiendose en el asiento de aquella consulta a la que acudía dos veces por semana. 

—¿Qué fue exactamente lo que te decepcionó? —preguntó Isabella.

—No lo sé —dijo titubeante, preguntándose si de verdad tenía derecho a juzgar tan duramente al que por años había estado a su lado—, me duele —expresó con honestidad llevando su mano hasta su pecho y sintiendo el nudo que se formaba dentro de él—. Víctor se acostó con Christophe cuando ya estaba conmigo. —Los sentimientos de inferioridad contra los que luchaba volvieron a atormentarlo—. Y ahora Phichit me desplaza por ese mismo omega —finalizó en voz baja y apagada. 

—¿Te desplaza? —preguntó Isabella intentando indagar más en aquellos sentimientos.

—Yo soy su mejor amigo, debería entender lo que siento —su voz sonó demandante, era una exigencia que quería hacer a su amigo—, debería saber que me duele pensar en las cosas que Víctor y ese Suizo hicieron, pero a Phichit no le importó —reclamó, sentía rabia—. ¿Qué demonios tiene Christophe? ¿Por qué es capaz de hacer que hasta Phichit me traicione? —Sus puños se apretaron mientras la mezcla de emociones se agitaba en su interior. 

—¿Le has dicho a Phichit exactamente como te sientes con respecto a Christophe? —quiso saber la psicóloga. 

—No —confesó Yuuri relajando sus manos y encorvando su espalda. 

—¿Y a Víctor? 

—No lo sé. —Yuuri desvió la mirada, fijándola en los cristales de la ventana que dejaban entrar los rayos de sol anaranjados del atardecer. Sus ojos brillaron debido a las lágrimas contenidas que humedecían sus pestañas—. Víctor sabe que ese omega me molesta, pero nunca le hablé de mis sentimientos calmadamente. Se lo gritaba cuando discutíamos y lo acusaba de cosas que sólo eran ciertas en mi cabeza. —Yuuri comenzó a jugar con los dedos de sus manos mientras mantenía la vista baja—. Pensándolo bien, yo nunca pude decirle a Víctor lo que en verdad pensaba o sentía, y al final, todos esos miedos e inseguridades me volvieron absorbente y controlador. En lugar de comunicarme con él terminé por… —Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Yuuri, ya no podía contenerlas, pese a que no sabría decir si eran lágrimas de dolor, amargura o rabia—. Nunca he sido bueno para hablar sobre mis sentimientos o necesidades —confesó más para sí mismo que para Isabella—, la mayoría de las veces me guardo las cosas y finalmente terminan explotando de la peor forma. —Miró a Isabella como si también estuviera descubriéndose, pese al caos que había en su interior—. Phichit ha sido una excepción en muchas ocasiones, es mi mejor amigo, mi único amigo… pero aún así hay cosas a las que he decidido enfrentarme solo, los sentimientos confusos y contradictorios que siento por Christophe, por ejemplo. 

—Quiero que pongas en palabras todo lo que pasa por tu cabeza cuando piensas en ese omega. 

Chris y Víctor almorzaban juntos en el restaurante del hotel en el que ambos se hospedaban. Era miércoles y el alfa de ojos zarcos había decidido no ir a la oficina ya que Chris había estado ocupado con sesiones fotográficas los dos días anteriores y quería pasar tiempo con él antes de que el omega volviera a Suiza, dentro de pocos días. 

—Así que ya lo sabes —dijo Chris entre risas—, si en el futuro Yuuri quiere follarte es culpa de lo que le dije a Phichit. 

Víctor reía ante la desvergüenza de Chris, sin lugar a dudas su descaro era una de las cosas que más le gustaba a Víctor de su mejor amigo. 

—Debo estar preparado entonces —dijo sin poder dejar de reír mientras acariciaba su suave cabello color plata. En ese momento una notificación llegó al teléfono del ruso, quien en cuanto leyó cambió su expresión y una sonrisa dulce se dibujó en sus finos labios. 

—¿Es Yuuri? —preguntó Chris, curioso. 

—Sí, dice que quiere verme hoy —respondió Víctor—, habíamos quedado el sábado para nuestra segunda cita, pero confieso que muero de deseos por estar con él. 

—Ten cuidado, tal vez Phichit ya le contó lo que le dije y quiere ponerlo en práctica inmediatamente —bromeó Chris riendo fuerte. Víctor rió también y después volvió a leer el mensaje, decía:

“Sé que quedamos de vernos el sábado, pero me preguntaba si puedes cenar conmigo hoy. Quiero que hablemos de algo, es importante.”

Victor entonces contestó:

“Claro amor. ¿Paso por tí a las siete?”

“¿Conoces un lugar donde podamos cenar en privado? O podría ser en el departamento, puedo cocinar katsudon”

“¡Me encantaría comer katsudon preparado por ti!”

“Entonces te espero :D” 

“Hasta más tarde, cariño”

“Te amo”

“Y yo a ti”

—Te lo dije, prepara ese culo —dijo Chris después de quitarle el teléfono a Víctor y mirar los mensajes. 

—Tal vez tengas razón —contestó Víctor siguiendo el juego y mirándolo serio mientras ponía su índice derecho sobre sus labios. 

—Por algo te citó en el departamento, ese chico quiere darte duro —indicó Chris con la misma seriedad.

—Me pregunto de qué quiere conversar —dijo Víctor suspirando y dejando de lado el juego—, tal vez sea de las cosas que está trabajando en terapia. 

—Víctor, supongo que Yuuri quiere conversar de algún tema difícil y por eso prefiere que sea en el departamento, sólo los dos. Por favor, se paciente. 

—Lo seré, además, creo que Yuuri también está interesado en expresar lo que siente de mejor manera. Ambos estamos interesados en hacerlo y en reconstruir nuestra relación. 

♠︎

Víctor llegó puntual al departamento que anteriormente compartía con Yuuri, sonrió al verlo vestido con la ropa holgada que acostumbraba usar dentro de casa y que a sus ojos lo hacía ver adorable. Besó con suavidad los labios del japonés y luego entró sintiendo nostalgia al ver nuevamente el que por tanto tiempo había sido su hogar.

—Se siente extraño volver a entrar aquí, aún así, se sigue sintiendo como mi hogar… nuestro hogar —dijo Víctor mirando a su alrededor y pasando sus dedos sobre los muebles, todo seguía igual. 

Yuuri lo abrazó por la espalda, aspirando el aroma del alfa y buscando tranquilizar su corazón.

—Mi hogar es donde estés tú —susurró el omega—, por eso anhelo el día en que decidas volver. 

Víctor se giró entre los brazos de Yuuri y acunó su rostro para dejar suaves besos en su rostro. Después de unos instantes sonrieron y se separaron para servir la cena. 

—Está delicioso —elogió Víctor mientras comía con placer el plato que, sin lugar a dudas, se había convertido en uno de sus favoritos. 

—Me alegra que te haya gustado, lo he preparado con mucha dedicación —respondió Yuuri con un leve sonrojo. 

Ambos se miraban y comían en silencio. Ambos temerosos de la conversación que se avecinaba, pero deseando fervorosamente mejorar su comunicación. 

Terminaron de comer y Víctor recogió los platos. Ambos se sentaron en el cómodo sofá de la sala y el silencio se extendió por largos minutos. 

—¿De qué querías hablar conmigo, amor? — preguntó el alfa al ver que Yuuri parecía ansioso y jugaba con sus manos. 

—Estoy un poco nervioso, pero creo que es algo que debo decirte. Es sobre Christophe. 

—Te escucho. 

Yuuri suspiró y recordó lo que había hablado en sesión con Isabella el día anterior. 

—A veces siento que no puedo hacer que mi lado emocional y mi lado racional se conecten. Sobre todo cuando pienso en él. 

Yuuri se detuvo un momento, Víctor lo miraba con interés y seriedad. 

—Mi lado racional sabe que él no me ha hecho nada malo. Después de todo, él llegó a tu vida antes que yo y tengo claro que tú nunca me mentiste, ni antes ni ahora.

Yuuri guardó silencio unos instantes, suspiró y continuó. 

—Pero, aunque sé todo eso, cuando pienso en él siento rabia. Siento rabia por todo lo que vivió contigo mientras ya estábamos juntos, rabia porque sé que con él no tendrías tantas complicaciones, rabia porque incluso Phichit, mi mejor amigo, se dejó seducir por él… Lo siento, pero incluso siento que lo odio. 

Yuuri bajó la vista sintiendo miedo de lo que Víctor pensara sobre su confesión. Pasaron unos minutos en los que ninguno dijo o hizo algo. Yuuri se ponía cada vez más nervioso, hasta que sintió las grandes y delgadas manos de Víctor sobre su rostro, tomándolo con delicadeza y levantándolo para que sus miradas se encontraran. 

—No tienes que obligarte a aceptar a Chris —dijo Víctor mirándolo con comprensión, aunque deseaba que Yuuri y Chris se llevaran bien, como cualquiera lo desea cuando se trata de su mejor amigo y su pareja, Leo de la Iglesia lo había ayudado a comprender que en el momento actual eso era imposible—, yo no te pediré que interactúes con él ni que seas su amigo —continúo sin dejar de mirarlo a los ojos—: Entiendo lo que sientes y agradezco mucho que lo compartas conmigo. Confío que con el tiempo y cuando nuestra relación nos de la felicidad y la seguridad que ambos necesitamos, esos sentimientos se modificarán o al menos serán menos intensos. —El alfa de ojos zarcos sonrió—. Te agradezco mucho que pese a sentir de está manera estés confiando en mí.

—Yo entendí que la única manera de restaurar nuestra relación es a través de la confianza mutua. Si no confío en ti no habría nada que salvar. 

Los ojos castaños de Yuuri mostraron honestidad y decisión. Víctor sonrió orgulloso y más esperanzado que nunca. 

Un comentario en “Poner en palabras (Esposo de placer)

  1. Me encanta lo comprensivo que es Víctor. Es muy difícil aceptar al ex de tu pareja, más si atraviesa inseguridades. No digo que este mal pero es algo incomodo frecuentar a él de ru pareja.

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