Condescendencia


En la mayor parte de la vida de Emil Nekola, las relaciones sexuales carecían de interés para su gusto.

A los 13 años, cuando fue donde le comenzaron a dar aquella plática sobre educación sexual en su colegio, no había causado ninguna otra emoción más que la curiosidad, pero en el modo en que pudiese saber cómo era que las personas podían utilizar ese “método” en medio para procrear vidas, y que también podían causar enfermedades, desde las menos dañinas hasta las más mortales. Así como también, verificar métodos que pudiesen controlarlos y eliminarlos.

Hasta ahí, había creído que era lo único que importaba saber.

De todas formas, pensó que la falta de interés se debía a que su pequeña cabeza estaba más centrada con las prácticas de patinaje, las competencias, y los deberes escolares, para un niño de su edad, había responsabilidades que no fluían en algún tipo de relación más que de sí mismo.

El sexo podía esperar un poco más.

¿Hasta cuando por fin inicia una relación amorosa?

Para los 15 años, su primera novia, quien había sido una vecina de su antiguo vecindario, no dió por alto el tema de la sexualidad. Para la frustración de la chica, había tenido que iniciar ella las insinuaciones, porque Emil en ningún momento pasó más allá de los besos y los mimos empalagosos.

—No seas tímido.

Había comentado la checa de cabellos castaños, mientras bajaba el zipper del pantalón del otro. Sin saber que este ni siquiera le encontraba algo más allá de la duda de cómo se siente que le chupen su miembro, junto a luego introducirlo en la vagina.

Y ahí entró su primera vez.

Para la sorpresa de Emil, no había sido como había esperado; bueno, no iba a decir que esperaba toda una chispa, o que llegara a tocar las estrellas como muchos habían exagerado, pero… Ciertamente, ni su orgasmo había sido bueno, en general no había sido nada placentero, y en la mayoría del acto, se preocupaba de que el condón se le pudiese salir y quedarse dentro de ella.

No quería culpar a su novia por ello –La cual si se había conformado por el esfuerzo de Emil– había creído ciegamente que entre más veces lo hicieran, más podrían hallar la manera de que ambos disfrutarán mejor.

Después de 2 veces más, Emil ya no quería volver a intentarlo.

Aún así había tenido positivismo, como siempre solía hacer, pero ante la falta de actividad, la adolescente se había negado a seguir su relación.

Había querido sentirse mal por su rompimiento, pero fue peor cuando se dió cuenta que no le había afectado demasiado.

A pesar de la mala experiencia, lo había vuelto a intentar; a los 18 años, conoció a un chico. La diferencia de su anterior relación, esa vez no llegaron a más que una salida casual, lo que los llevó al acto. Pero para la casi nula decepción de Emil, no consiguió mucho más que descartar su heterosexualidad.

A él no le gustaba el sexo en lo absoluto.

Eso estaba bien, ¿no? Había leído lo suficiente para saber que no había nada de malo que alguien no sintiera nada por las relaciones sexuales, e incluso conoció más gente en medio de las redes y sus fanáticos sobre la asexualidad, que lo hicieron compadecerse y ayudarse a sobrevivir con este tipo de orientación.

Emil había sido feliz hasta ese punto.

El compartimiento corporal no era una necesidad para fortalecer una relación.

¿verdad?

.

.

.

.

—Emil, estás desperdiciando aquella energía que a kilómetros se te nota querer soltar.

Sara había bebido rápidamente el sobrante de su cerveza. Había estado esperando a Mila, que fue al baño; estaba recargada en la mesa donde el hombre checo y el gemelo de la chica se encontraban sentados.

El mencionado por esta solo rió quedito, tomando un sorbo de su bebida en lo que se le ocurría una ingeniosa respuesta.

—Mi energía se está resguardando para otra cosa, Sara. —Con su vista zafiro señaló a su preciado chico, cuya expresión no pasaba de ser recta, nada fuera de lo normal— Estoy esperando a que Mickey me diga que quiere hacer.

—Oh, ahora es mi culpa, ¿no? —Reprochó el mayor, intensificando su malhumor.

Emil no se sintió afectado ante el gesto grosero de su pareja, se le unió mucho más para alcanzar a besar su mejilla, pero hizo un puchero al ver que el moreno no se inmutó ni para un sonrojo.

Aún así, no era como si esperara que cambiara su humor. Sabía la poca tolerancia que su amado tenía con este tipo de lugares, y es que no tenía pensado llevarlo a un club en primer lugar, pero cuando él y Mila llegaron a Italia, la propuesta de Sara sobresalió más, y Mickey solo pudo sacar un refunfuño en respuesta, mas no se opuso mucho en la idea.

Pero bueno, su expresión gruñona no había cambiado desde que se tomó la idea, así que Emil sabía que se estaba resistiendo, por alguna razón.

Sara estaba por regañar a su hermano, pero el grito de Mila ante su regreso la había hecho retroceder, decidida en ignorar cualquier cosa que arruinara su noche.

—Bueno Emil, sabes dónde encontrarnos. —Le guiñó un ojo al rubio, y descendió a dónde su pelirroja rusa.

El checo resopló al tiempo que daba una última mirada de momento a sus amigas, volvió su atención al italiano, que para su extrañes, había suavizado un poco su semblante arisco.

—¿Mickey? —Tocó su hombro, no siendo apartado, como había esperado.

Michele había dejado escapar un suspiro que en cierto punto estuvo conteniendo, fue pesado; Miró a su novio con la misma cara indiferente. A Emil en cierto modo lo había enternecido.

—Si… si quieres ir a bailar, puedes hacerlo. —Se encogió de hombros, haciendo que el rubio retirara su mano— Sé que quieres divertirte.

Él asintió, nada más, no hizo mucho para demostrar lo contrario, pero tampoco es que estaba queriendo acceder. Solo era la comprensión, ahora sabía un poco las intenciones de Mickey al haber aceptado estar aquí.

Sus dedos rozaron el mentón tostado. Consiguió lo que quería, la presencia del violeta en sus ojos, que combinaba exquisitamente con el rubor carmesí que empezaba a teñir parte de su rostro.

—Me divertiré si tú lo haces. No mentí cuando le dije a Sara que estaba esperando a que digas lo que quieres hacer.

Michele había apretado sus labios entre sí, quiso apartar su vista, pero Emil había terminado por apretar mucho más los labios de este con los suyos. Un beso sin pizca de de otras intenciones, más que las de una oportunidad de demostrar un cariño especial.

El único que solo a Crispino podía dar.

A pesar de la correspondencia del italiano, no hizo más que solo abrir muy poco sus labios. Hizo distancia, solo quedando el roce de ambas extremidades.

—N-no, no. Hagamos lo que tú quieras.

Emil había resistido a soltar una risita; le fascinaba el esfuerzo de Mickey, de su preocupación. Prefería consentirlo, a pesar de que bien podía ir en contra de lo que el italiano realmente quería.

Bueno, en eso ambos coincidían; Emil también prefería hacer feliz a Mickey haciendo lo que quisiera, pero la diferencia se daba a qué, precisamente era eso lo que quería.

Quería consentirlo.

—Lo que yo quiero se debe a lo que estás anhelando desde hace semanas.

Había considerado ser mucho más directo, pero creo que aquello fue suficiente para dar a entender a lo quería llegar. Obtuvo su resultado con el estremecimiento de su novio y con el nerviosismo al tope que coloreó por completo el rostro moreno.

La relación a larga distancia podía ser un tanto difícil, más para Michele. Emil no tiene mucha experiencia, pero podía manejarlo; total, con las llamadas y videos telefónicos le era en cierta parte suficiente para mantener contento al checo, de calmar ese suave sentir de ver a su novio y sabía que a veces a este también le bastaba.

¿Pero qué podía hacer uno cuando… Sus deseos traspasaban más allá de un pequeño mimo y palabras cariñosas?

Emil también había sonrojado, pero se encontraba un poco más tranquilo. Pensó mejor las cosas y entonces, se levantó, y tomó la mano de su novio para que hiciera lo mismo.

—¡E-Emil! —Michele en tropiezos siguió el camino del checo, tratando de tranquilizarse y respirar. Su vista fue hacia su hermana y novia— ¿N-No deberíamos hablar con las chicas?

—Seguro sabrán a donde fuimos.

Pudo oír el sonido que hizo la garganta del castaño tragar saliva. No volteo a verlo, no hasta que salieron y lo dejo a su lado para caminar de hombro con hombro. Sus manos seguían sostenidas, lo que le hizo verificar los escalofríos que el mayor estaba tratando de disipar.

El checo se había detenido a un callejón bastante solitario, los pies de Crispino se habían detenido. No sé atrevió a mirarlo demasiado, ni cuando él mismo lo arrastró a dicho lugar, ocultándose en las sombras de aquello para tener la libertad de juntar una vez más sus labios.

Emil no dudo en corresponder, muy a pesar de que ese beso estaba dándose con intenciones más… Subidas que la del beso que se dieron en el club.

Pero no era algo que no había visto venir, y la verdad es que ese tipo de situaciones habían pasado antes.

Michele solía ser bastante tímido ante decir lo que quería, y más si era algo que tuviese que ver con cierto contacto físico, más allá de lo que los besos y los abrazos ofrecían. La intimidad era otra cosa, por lo que no era tan sencillo en ningún sentido para el italiano querer pedirle ese tipo de cosas.

Y Emil agradece que su novio fuese demasiado transparente para detectarlo sin necesidad de que fuese la intención.

Sus manos aprisionaron más el torso, sin ir a más que los toques encima de las ropas, pero bien eso fue lo único que se necesito para que Mickey retrocediera hasta pegar a la pared, durando pocos segundos sin contacto labial hasta que Emil se volvió aferrar a él.

Michele tenía ese poder. Esa esencia de provocarle como nunca nadie había hecho, que con el simple roce de piel necesitada él pudiese absorber esa misma sensación.

Y rápidamente lo logró, el primer gemido de la noche por parte de Crispino hizo que Emil se perdiera en él en su totalidad.

—A-Aquí no… —Mickey dio indicio de súplica, pero muy en contra de lo que pedía, sus caderas se movían para obtener más— Tampoco quiero exhibirme de más.

—¿Qué es lo que quieres? —Emil ignoró la consciencia de su novio, y prosiguió con los besos, más rápidos y algo desesperados, en otros sitios aparte de los labios— Dime que quieres que haga.

—Q-Quiero irm… ¡Ah!

Las manos de Emil habían bajado hacia la parte trasera, no teniendo mucho pudor en estrujar un poco, y al mismo tiempo su lengua daba presencia para tocar la piel expuesta del cuello del mayor.

—¿Qué es lo que quieres, Michele?

El apretón se hacía más fuerte, casi en amenaza amistosa por si el italiano se atrevía a dar una respuesta “incorrecta”, que dijera algo que no se acercaba a lo que Emil quería oír.

A Mickey le ardía la cara. No era molesto, no estaba incómodo en lo absoluto, ni siquiera sabía porque seguía ahí, perdiendo el tiempo cuando Emil ya había demostrado que estaba dispuesto a darle lo que quiere.

Y solo tenía que decirlo directamente.

—Te… T-te quiero a ti.

Rápidamente Emil unió nuevamente los labios, está vez acechando dentro de la boca contraria con su lengua, juntandolas, marcando mucho mas diferencia a los besos anteriores, desde el primero hasta ahora.

Siguió hasta que se sintieron sofocados, y fue necesario; Emil no quería desaprovechar más tiempo solo haciéndola de emoción con los besos. Sus manos liberaron el trasero de su novio y tomó las extremidades frías para seguir su camino de regreso al apartamento de los Crispino.

Se dejaron de rodeos, no hubo ninguna plática extra durante lo que quedaba de caminata, ni cuando estuvieron en el ascensor, y no resistieron mucho incluso; un minuto antes de que las puertas se abrieran, ambos hombres volvieron a unirse.

Entre tropiezos y pequeños empujones llegaron a la puerta donde el italiano vivía, logró con éxito girar la perilla para pasar, y tras cerrarla, solo compartieron una fugaz mirada, para luego volver a repetir las acciones.

Mickey no calló mucho como lo había hecho en el callejón, y era demasiado, a veces no podía seguir el ritmo de Emil cuando se trataban de besos; le era curioso, por más que el checo perjuraba que todo ese tipo de cosas no eran mucho de su interés, no se veía la falta de experiencia.

Replantearse el hecho de que su novio no solía importarle tanto este tipo de encuentros lo hizo agitarse mentalmente, recobrando fuerza de voluntad para cortar el beso y mirarlo fijamente.

—N-No debemos de hacer esto si no quieres…

Una risa agitada fue lo primero que recibió en respuesta del rubio.

—Mierda, Mickey… —Lo besó— Eres tan lindo cuando piensas en mí de sobra.

El gruñido tenue de Crispino no le hizo cambiar de parecer a lo que había dicho.

—Hablo en serio, Emil.

—Yo también, cariño. —Un beso más fue compartido, unos cuantos más— Te amo, Mickey, y lo único que quiero es siempre estar para ti.

—¿A… A pesar de estar bajo estas… circunstancias? —Su espalda había recibido una vez más la pared que Emil lo había obligado a retroceder— Y-Yo…

El rubio no quería más palabrerío innecesario, así que al momento que callaba a Mickey con su boca, se atrevió a tomarlo en sus muslos para cargarlo y llevarlo a como pudo al lugar más cómodo en donde podían seguir.

El lugar estaba de lo más solitario, y seguramente Mila y Sara estarían fuera durante casi toda la noche hasta el amanecer, como sea, menos podían importarle ahora –Incluido Michele, sorprendentemente–, pero aún así Emil se dispuso a también cerrar la puerta de la habitación de su amado, y con agilidad repentina, llevarlo directo a la cama donde seguiría con sus actos.

El menor se impulsó a separarse muy poco, detenerse, solo para contemplar la vista de lo que estaba siendo Mickey hasta ahora, de cómo reaccionaba a él, con solo la vista podía sentirse tocado, y reaccionaba como tal; lo que había querido en un principio en lo que comenzaron todo este camino, lo que siempre hacía cada vez que estaban por tener relaciones.

Porque claro, no era la primera vez que sucedía, no era nuevo el hecho de que Michele se sintiera avergonzado por tener que pedir en medio de su malhumor y frustración que Emil se lo hiciera. No era algo que no haya hecho antes el que tuviese que asegurarse de que Nekola no estaba sintiéndose presionado por realizar dicho suceso.

Y por supuesto, no era como si no disfrutara del sexo con su pareja.

—E-Emil… —Llamó en un jadeo indecoroso cuando sintió las manos pálidas del checo subiendo la camisa que cubría su cuerpo tibio, y poco a poco iba subiendo la temperatura corporal gracias a los besos que volvían a ser repartidos en otras partes de su ser.

Cuando Emil se había propuesto a consentir a Mickey de cualquier forma, no llevaba una consecuencia alguna. Ningún pero se había atravesado en él para cuando siempre sucedía está situación.

Creo que por ello, su relación había sido de las más sugestivas, tanto para los espectadores como para el mismo checo, y eso había sido gracias a que habían marcado la diferencia, incluso en el tema que Emil había dado poca importancia, que lentamente había cobrado terreno.

Pero aún así, eso no había ocurrido de la noche a la mañana; su noviazgo con Michele era primeramente construido por el amor incondicional; independiente, y en cierto modo lleno de inocencia, esta última seguía considerándose a pesar de haber rebasado más allá del deseo carnal.

El sexo había entrado poco a poco a su relación, iniciando con el pequeño apetito, que lo llevaba a la masturbación; luego se dejaba llevar un poco e ir ha algo más que simples toques a sí mismos. Pero, a pesar de tener una actividad sexual considerablemente activa, no había llegado a ser el principal factor, por lo menos no para Emil.

Sin embargo, había llegado a ser tolerable, al grado de unirse mucho más a sus instintos.

—Ah… —Mickey gimió en cuanto su erección oculta por sus pantalones había chocado con otro bulto más grande.

Emil quería seguir oyéndolo, así que comenzó a frotar sus dos miembros para seguir arrancando más sonidos de Michele, que entre aquellos y la fricción, su excitación aparecía más y más.

Una sincronización espléndida.

—E-Espera… —El italiano logró tocar el hombro del rubio, no deteniéndolo por completo a su acción— Q-quiero correrme de otra forma.

La voz entrecortada de Mickey fue un extra que había mejorado el estado de ánimo, y no tenía precio aquella leve mordida de labio que solo hacía más provocativo su pedido.

Que la mierda, ¿Tenía que ser tan hermoso?

No se hizo esperar, no dejo que Crispino terminara de explicarse; sus manos ya se hallaban desvistiendo a ambos para seguir con el contacto físico, y entre las pérdidas de las prendas, los deslices al cuerpo de Mickey seguían, haciendo que soltara gemidos que habían sido más que suficientes para el deleite de Emil.

Los besos se habían retornado, dejando un hilito no visible alrededor de casi todo el pecho y torso de Mickey; No lo pensó más de una vez cuando optó por una que otra mordida, sacando aún más altos sonidos preciosos del italiano, que de a pocos había dado sus manos sujetadas en las sábanas, bastante ansioso.

Cerca de devorar parte de su pecho, había sido rápido para tomar el lubricante que se encontraba en dónde mismo; debajo de la cama, lo que indicaba que fue reciente el que Mickey se había tocado pensando en él.

Fue un diminuto alivio al tener en cuenta que no había esperado demasiado.

—¿Qué tanto me quieres, milackù? —Había optado por una pregunta sencilla, evitando ir fijo a la intención de burlarse un poco de su amado.

Mickey solo pudo removerse, era difícil hablar, más cuando las manos del checo no dejaban de brindarle la atención en sus partes sensibles y escondidas, por más que una seguía sosteniendo la botella.

Ante un intento que resultó fallido, soltó un grito cuando Emil, después de mojar sus dedos los había dirigido cerca de su entrada dispuesta.

—A-ah… Po-Por favor…

—¿”Por favor”? —El checo había lamido sus labios; no se arrepentía, sabía que su novio disfrutaba de su descarada manera de provocarle— necesito que seas más claro, bebé.

Si bien aún seguía sin poder hablar claramente, pero no fue hasta que con un movimiento de caderas lo que hizo que Emil entendiera lo que Mickey exigía.

Algo asequible de percatar, sus dedos estaban preparados para introducirse dentro de la cavidad del castaño.

Inmediatamente, la reacción de Mickey había sido un aumento más de su sensualidad. Emil se sintió más duro que antes, y no ayudó mucho cuando su novio seguía con los meneos de las intranquilas caderas, queriendo encontrar más contacto alguno.

El rubio no temió en introducir un segundo dedo, y el desasosiego de su novio había disminuido leve; a cambio de ello, su cuerpo completo había sido removido, casi arqueándose mientras apretaban sus entrañas.

—M-más rápido…

Un sollozo fue acompañado en las palabras entrecortadas, llenas de placer; los dedos del italiano dolían por toda la fuerza que estaba haciendo al empuñar sus manos sobre las sábanas, y sus piernas más abiertas que antes.

Emil quería más de eso.

Segundos después fue sacando sus dedos. Algo inusual; solía meter el tercer dedo para estar más seguro de que Michele lo recibiría todo, pero no podía esperar más esas ansias de visualización erótica.

Mordió su labio con una fuerza inigualable, el placer que le causó introducirse en Mickey había cubierto el dolor de la primera acción.

—¡E-Emil…!

El gemido había sido de alguna forma un ademán de que continuara, y puso su confianza en ello; obtuvo una gran reacción en cuanto dió la primera estocada, así que después de ahí el poco porcentaje de inseguridad ya no estuvo más presente durante su cabeza.

Michele cierra los ojos, y él trata de no hacer lo mismo; quería presenciarlo todo, cada expresión y suplica facial, quería ver qué tan buen trabajo estaba haciendo.

Siempre había sido así, ese era su manera de regocijarse en el sexo, en base de lo que él provocaba en Michele, que no le importaba obligarse a tener una erección si eso haría que el castaño gritara su nombre, y que al mismo tiempo le robe el aliento; Emil quería que el cuerpo marcado se retuerce debajo suyo, que todo ese carácter áspero se rebajara en la fragilidad que tanto le daba su virilidad entre sus muslos, penetrado en lo más profundo de su ser, y lo que causaba un intenso placer.

Que se sintiera amado por lo que le hacía

Porque ante todo, eso era; amaba a Michele, demasiado, casi de lo que nunca había amado a nadie más, y por ello lo motivaba a tocarlo, besarlo, y follárselo cuántas veces quisiera.

Y este momento no sería excepción en lo absoluto.

—¡Emil! A-Ah… —al parecer las caderas de Crispino vuelven a estar incómodas; serpentean un poco, chocando más contra el pelvis del dueño del nombre gritado— ¡Emil, no p-pares…!

—No si me lo pides así… Ah… —Fue sujetando las piernas de su novio para posicionarlas por encima de sus hombros.

Va mucho más rápido, alcanzando el punto preciso que causa más gemidos en el italiano, hace que su pene se apunte mejor; Emil se fuerza para tener la voluntad de probar sus labios con una sensación amarga causada por tener que callar esos sonidos placenteros del moreno, pero de a pocos su goce regresa al enredar ambas lenguas y sentir la suave textura de los labios contrarios.

Pasan algunos segundos y Mickey baja un poco las piernas hacia los brazos del rubio; las manos reemplazan aquellas, y pasa a un abrazo que Emil no se atreve a negar, sin parar las embestidas ni los besos.

Se miraron a los ojos, el brillo que resaltaba el color violeta de Mickey lo hacía mucho más hermoso, y más irresistible como para no tocarlo.

—Te amo… Mhg, Mickey… Mickey te amo…

Michele solo alzó ruidosamente la voz en respuesta, mientras hacía para atrás su rostro en demostración de su lujuria. Emil no necesitaba de una respuesta en concreto, él sabía perfectamente que su pareja también lo amaba.

Unas cuantas arremetidas más, causó una venida inesperada por parte de Crispino. No fue molesto para el checo, por más que su miembro siguiera duro, estaba dispuesto a parar y dejar su propia erección abandonada.

Pero los planes de Michele fueron otros. El empuje que le dió a Emil fue suficiente para que saliera de él, solo para lograr recostarlo en la cama y él terminar sentado entre su torso.

—Sería una pena no darte la atención merecida.

Y solo basto en reincidir la penetración, para que el miembro del italiano volviera a animarse a un siguiente round, y a otros más que venían por el resto de la noche.

Y Emil tuvo energía suficiente para no objetar y recibir lo que su amado tenía para él.

….

A la mañana siguiente, la alarma de su teléfono había sido la responsable de haber irrumpido el sueño más profundo del checo, pero solo fue suficiente una alzada de brazo hacia el suelo para tomar el pantalón y sacar su móvil para apagar dicho sonido.

Después de eso, dejó el aparato encima de la madera fría de la mesita de noche, regresando su brazo a envolver el cuerpo de su gruñona pareja, que solo se dispuso a emitir unos gruñidos de molestia, y removiéndose para acomodarse mejor en el pecho pálido.

Emil rió con ternura, alcanzó a besar la frente del italiano, quedando aún en cama, por más que el sueño ahora se haya esfumado de su sistema.

No le incomodaba en lo absoluto, al fin de cuentas, esto era un punto más a favor de tener estas actividades físicas, que era la cercanía que le complacía su corazón.


Mi segundo smut sin necesidad de trama, o no mucha, pero el chiste es que resalta más la suciedad (?) Me siento como una campeona.

Y debo decir que por esa misma razón, puede que no se entienda mucho lo que Emil es realmente, pero igual dejo mi explicación más explícita.

Considere el punto demisexual en el sentido de que a él no le interesó nadie en ámbito sexual hasta que se enamoró EN SERIO de alguien, quien fue Mickey; al formar una relación más especial con él fue ahí cuando los deseos de Emil se presentaron.

PERO tampoco quería descartar la opción de presentar a alguien asexual de diferente manera a la cual normalmente la gente toma: como alguien quien NO siente la necesidad de coger con alguien y por eso no las tiene; quería hacer que de cierta forma encajara en la personalidad de Emilindo, por lo que podría ser que él si bien no le interesa, pero por Mickey es que resulta ser tolerante, y le halla sus ventajas para también disfrutarlo.

Si bien, creo que resulta con más sentido la segunda opción, pero aún así opté por dejar la interpretación libre, lo que les sea más cómodo :’D

¡Espero les haya gustado!

Publicado por franckbolton04

∆ Pasiva-Agresiva ∆ Buen pedo 🙋 ∆ Escritora de fanfics por Hobbie, pero no significa que no acepte críticas constructivas o consejos para mejorar mi escrito 🙆

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