Make History – Capítulo 4.


Regresar le toma exactamente quince minutos a paso rápido.

Yuuri entra, atravesando el hall del hotel, intentando no pensar demasiado en su repentino e inesperado encuentro con Víktor Nikiforov. Con los recuerdos de su reciente conversación aún demasiado frescos en su memoria, lo único que necesita es tiempo. Tiempo para detenerse y pensar. Para repasar y descubrir lo que esa primera y sorpresiva interacción con el varón ruso significa para él.

Sus pasos le guían a través de los pasillos y hacia el elevador con rapidez. Está vacío. Y es un alivio, piensa, agradeciendo secretamente que no haya otros atletas a su alrededor. Las escasas personas con las que se ha cruzado son sólo algunos rezagados que forman parte del staff de técnicos de las delegaciones.

No hay nadie que le reconozca abiertamente por ahí.

— ¿Dónde estabas, Yuuri Katsuki?

Su sangre se hiela cuando, al abrir las puertas del elevador en el tercer piso — piso asignado a su delegación—, Yuuri se encuentra cara a cara con su entrenadora. Minako parece todo menos amigable. Su ceño fruncido y la creciente decepción en su mirada le hacen sentir profundamente incómodo y enojado consigo mismo. Escapar de su habitación fue un error. Sin embargo, preocupar a su entrenadora es aún peor.

—Minako-sensei —Yuuri se muerde el interior de la mejilla, mientras ella suspira con gesto cansado.

—Vamos.

Sin más palabras ambos avanzan a través del corredor hacia la habitación del doncel. Cuando entran, Minako se sienta en la única silla ubicada junto al pintoresco escritorio con que cuenta la habitación. Yuuri la imita, en su cama y luego, espera.

— ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? —comienza ella, con gesto grave.

—Lo sé. Lo siento.

—Tienes una conmoción cerebral, Yuuri. —su entrenadora suspira, mientras trata de razonar con él, para que vea y entienda lo peligroso que fue escapar así, aún si Yuuri lo entiende—. Golpeaste tu cabeza contra el hielo. ¿Y si te hubiese pasado algo? ¿De quién crees que sería la responsabilidad?

—Lo sé.

—No, no lo sabes. Si lo supieras no lo habrías hecho —contradice ella de inmediato—. Dime ¿de quién sería la responsabilidad, Yuuri?

—Mía. Y después, tuya… y de la delegación japonesa. Lo siento —repite.

Minako Okukawa le mira, pareciendo satisfecha con sus palabras. La preocupación aún yace velada en su rostro. Sin embargo, parece mucho más ella misma. Más tranquila.

—Acepto tus disculpas, Yuuri. Y sé porque lo hiciste, pero por favor, no vuelvas a intentarlo otra vez —comenta, antes de agregar en un tono más ausente y distante, como si hablara para ella misma—. No sé qué le diría a Hiroko si te pasara algo…

Las manos de Yuuri se aprietan sobre sus rodillas. Las palabras de su entrenadora y el suspenso en la última frase están de más para él. Ambos saben que la familia de Yuuri es lo más importante para él. La pesadez que en un inicio se asienta en la boca de su estómago, se diluye apenas siente el peso de una mano amable sobre su hombro.

—Asunto olvidado. —Minako le palmea el hombro un par de veces más, sonriendo, como siempre—. Ya fue. Ahora quiero que descanses el resto de la tarde. Mañana comenzaremos el entrenamiento con tu programa largo. Hay que recuperar el tiempo perdido.

—Sí. Gracias, Minako-sensei.

—Gracias a ti, Yuuri —rebate ella sin disimular ahora el orgullo en su mirada—. Tú eres el que nos puso aquí ¿recuerdas? Hagamos que valga la pena.

Con ordenes estrictas de permanecer en reposo lo que resta de la tarde. Yuuri se recuesta en su cama, poco después de aceptar el refrigerio en reemplazo del almuerzo que Minako ha traído para él. Ha pasado casi una hora desde eso y está dormitando, dejándose arrastrar por el cálido sopor del sueño cuando una notificación de entrada ilumina la pantalla de su teléfono móvil.

—Mari-neesan. —suelta de inmediato, incorporándose mientras piensa en su hermana, en su familia y en la llamada que les debe para avisar que se encuentra bien, que está en Pyeongchang y que está listo para competir.

Su intención de tomar el teléfono de la mesita de noche se ve interrumpida cuando, inesperadamente, el aparato se ilumina y comienza a vibrar de nuevo, sin detenerse. La serie de notificaciones que le siguen pronto se transforma en una cadena que hace que el móvil se sacuda y convulsione, atravesando el poco espacio que le queda, antes de que Yuuri reaccione y consiga tomarlo aún vibrando furiosamente entre sus dedos.

— ¿Qué pasa? —la preocupación se filtra en sus palabras cuando el teléfono vuelve a iluminarse y permanece así, vibrando escandaloso, casi como si se hubiese averiado.

Con dedos nerviosos y cientos de ideas aterradoras en su cabeza, Yuuri tropieza y trata de desbloquear la pantalla fallando cinco veces y teniendo que esperar treinta dolorosos segundos antes de volver a intentarlo de nuevo. La avalancha de mensajes y entradas sigue creciendo exponencialmente aún con teléfono desbloqueado.

Son cientos. Con notificaciones de comentarios entre usuarios que Yuuri no reconoce. Todos haciendo mención o etiquetando sus cuentas en redes sociales. A la infinita seguidilla de comentarios se intercalan ahora algunos mensajes a su número personal. Yuuri los observa aparecer al azar en su bandeja de entrada, hasta que distingue el nombre de su mejor amigo y presiona sobre éste antes de que desaparezca, ahogado por el resto.

**

Phichit Chulanont

últ. vez hoy a las 16:41

Yuuri! 16:40

Estás acá?! 16:40

YUURI DONDE ESTÁS?? 16:40

<(‘o'<) 16:40

Yuuri Katsuki

En línea

Phichit-kun! 16:42

Qué está pasando? 16:42

Mi teléfono no deja de vibrar!!!!!!! 16:43

Phichit Chulanont

En línea

OMG 16:43

Pero por qué me preguntas a mí?! 16:44

Tú eres el que 16:44

estuvo hoy con Nikiforov toda la mañana? 16:44

**

¡Qué!

Yuuri reacciona con un pequeño sobresalto, casi dejando que el teléfono resbale de sus manos. ¿Cómo lo sabe?, piensa preocupado. Se supone que su encuentro con Víktor, en el que ni siquiera había tenido tiempo de pensar, había sido una casualidad y un secreto que esperaba que ambos guardaran, juntos. Pero y si no había sido así. Yuuri necesitaba saber lo que estaba pasando, aún si eso implicaba admitir ciertas cosas.

**

Phichit Chulanont

En línea

… 16:45

Yuuri??? 16:45

Yuuri Katsuki

En línea

C-cómo te enteraste??? 16:46

**

Envía ese último mensaje, negándose a pensar, mientras intenta hacer a un lado cualquier suposición precipitada y espera. Rogando que su mejor amigo responda antes de que sus nervios y su ansiedad comiencen a luchar contra él.

Su atención vuelve rápidamente a la pantalla, tras una nueva notificación del tailandés.

**

Phichit Chulanont

Activo(a) ahora

Oh 16:46

Oh, Yuuri 16:46

… 16:46

Víktor Nikiforov subió una foto de ustedes a su cuenta 16:47

No sé cómo, pero alguien más te reconoció 16:47

Tal vez un fanático 16:47

Y bueno… te etiquetó 16:48

… 16:48

Lo siento, Yuuri 16:49

… 16:49

ya se volvió viral 16:49

**

Tras ese último mensaje, Phichit anexa un enlace externo que le guía directamente hacia la última publicación en la cuenta oficial de Víktor Nikiforov. Y ahí está. La ve. La fotografía que a ambos les había gustado. La misma donde aparecen sonriendo felices junto a Makkachin mientras de fondo puede verse lo que queda de la plazoleta y alguna que otra persona caminando a lo lejos.

v-nikiforov

Sankt Peterburg, Rossiya

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v-nikiforov With @makkachin ‘s first friend. Great moments!!Fleeing of practice #first meeting #olympicpark #ipoddle #wearethechampions ♪ ♫

Have a great day @olympics @pyeongchang2018

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**

Phichit Chulanont

En línea

Yuuri… sigues ahí? 16:54

Estás bien? 16:55

Yuuri Katsuki

En línea

Lo siento Phichit-kun 16:59

Iré a dormir… 16:59

R.I.P. 16:59

Phichit Chulanont

En línea

Qué? 17:00

Pero qué, Yuuri! 17:00

YUURI? 17:00

No 17:01

… 17:01

NO TE VAYAS 17:02

NO TE MUERAS!!!! 17:03

ಥ_ಥ 17:03

Yuuri Katsuki

últ. vez hoy a las 16:59

**

Yuuri se desconecta y pone su teléfono en modo avión. El shock inicial pronto da paso a la negación y al cansancio. Ya no quiere saber nada. No importa. La ansiedad nace y sube, deslizándose y apretándose en un vicioso nudo alrededor de su garganta. Le ahoga. ¿Qué se supone que haga? Su encuentro fortuito con Víktor Nikiforov ahora se encuentra arruinado. Expuesto al escrutinio y la opinión de la gente.

¿Por qué lo hizo?… ¿es porque quiere burlarse de mí?, Yuuri niega, dejándose caer de espaldas en la cama mientras cubre su rostro con el dorso de sus manos. La ansiedad susurra maliciosa, obligándole a imaginar cientos de escenarios en donde Víktor Nikiforov, el amado hijo de Rusia, expone a Yuuri con el único afán de mostrarle al mundo lo que realmente es. Un admirador. Un fanático que lucha y que ahora vive su minuto de gloria al lado del patinador más famoso del mundo.

—Ugh…

El nudo se aprieta y el asco sube en oleadas nauseabundas que queman su garganta. Basta, se dice, porque sabe que todo lo que imagina es un error. Que es parte de su ansiedad y el miedo que siente de llamar la atención —de forma positiva o negativa— sobre él. Víktor seguramente debe tener una explicación, trata de convencerse. Él seguramente tuvo sus motivos para publicar la imagen. Debe haber una razón. Tiene que.

— ¿Yuuri?

Su entrenadora elige ese momento para entrar a la habitación. Ni siquiera llama a la puerta. Su tono urgente y preocupado resultan una clara señal de que ahora no es el único en su delegación que lo sabe. El impacto de la publicación se está filtrando rápidamente.

—Yuuri. Yuuri, mírame. —pide ella, acercándose y tomando asiento a su lado.

Cuando al fin él saca fuerzas y obedece, la mirada que su entrenadora le dirige es de pura preocupación. Seguramente ella es la única que entiende hasta cierto punto todo lo que está pasando por su cabeza.

—Así que ya te diste cuenta —comenta, dando inicio a la conversación girándose en su dirección, ambos aún sentados en la cama del doncel—. ¿Por qué no me lo dijiste?, que te encontraste con Víktor Nikiforov.

Su entrenadora deja las palabras ahí, en el aire. Yuuri sabe que ella espera lo que sea que él tenga que decir, aún si no tiene idea de como explicarse. De cómo comenzar frente a las mismas dudas que ahora se atropellan sin orden en su cabeza.

—Fue un accidente —intenta—. Estaba sentado y luego… Fue su mascota. Ella me encontró y no sabía de quién era. Estaba a punto de levantarme a preguntar cuando él llegó.

Yuuri guarda silencio, mordiendo repetidamente su labio inferior mientras trata de ahuyentar las diferentes teorías sobre los motivos que empujaron a Víktor Nikiforov a publicar esa imagen de ellos, juntos.

—Después, nosotros sólo… no lo sé. Conversamos —Yuuri tropieza con sus palabras, mientras trata de explicarse lo mejor posible—. Sólo se dio y… Minako-sensei, no sé qué está pasando.

Su entrenadora le mira con aire comprensivo y luego suspira, levantándose de su lado para alcanzar el teléfono móvil del doncel. Yuuri no dice nada, pero tras un rápido vistazo superficial, ella parece conforme al comprobar el cambio de ajuste en su dispositivo. El “modo avión”, aún activado luego de la breve charla informativa que Yuuri tuviera unos minutos atrás con su mejor amigo.

—Bien. Entonces, dejémoslo así —continúa ella, devolviendo el teléfono a la mesita de noche—. No hay nada que hacer. No importan las razones de Nikiforov. Y, sobre todo, no importa lo que el resto diga ¿de acuerdo?

Su entrenadora hace énfasis en la última oración. Y Yuuri sabe que esas últimas palabras no están dirigidas a él, al menos no directamente. Minako Okukawa le habla a su ansiedad. A esa parte de sí mismo a la que le cuesta dominarse frente a situaciones extremas o incómodas. Y por esta vez funciona. Porque Yuuri siente como lentamente el caos comienza a decrecer. Sus pensamientos no callan por completo, pero por ahora es más que suficiente.

—Sí, lo sé. Esto no me detendrá. —dice, tanto para sí mismo como para su entrenadora.

Frente a él, Minako Okukawa sonríe a medias. Después de todo, lo hecho, hecho estaba. Mal que mal, había sido el ruso quien había subido la imagen a su cuenta oficial. Lo mejor sería que el varón lidiara con los medios o con cualquier problema que pudiese surgir, si es que lo hubiera. Ahora lo único importante era la salud mental de Yuuri, su estabilidad y su tranquilidad.

Dependían de eso para avanzar en la ronda clasificatoria y luchar por un lugar en el podio en la final.

Así, con la activa sugerencia por parte de su entrenadora de volver a descansar. Yuuri regresa a su cama, sintiéndose más calmado y decidiendo que lo mejor era alejar cualquier inquietud de su mente y entretenerse en arreglar su equipo de entrenamiento antes de dormir y así comenzar su tercera jornada, previa a la primera ronda clasificatoria en estos Juegos Olímpicos.

•*’¨’*•

El favorito indiscutible al oro olímpico se ve envuelto en un nuevo escándalo amoroso.

Esta tarde se ha dado a conocer a través de la cuenta oficial de la estrella del patinaje, el varón ruso Víktor Nikiforov, una imagen que le muestra en compañía de un doncel desconocido. Las especulaciones tras el estallido viral de la publicación apuntan a una nueva conquista del patinador más famoso del mundo. Recordemos que la imagen fue subida a la cuenta oficial de Nikiforov alrededor de las 16:35 hora local…

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El secreto mejor guardado de toda Rusia. Un escándalo más del famoso patinador, Víktor Nikiforov.

Un nuevo escándalo protagonizado por el patinador más famoso de todos los tiempos, Víktor Nikiforov, ha enlutado nuevamente a la madre Rusia. Esto debido a que el varón fue visto el día de ayer en compañía de un doncel extranjero. Los rumores señalan que se trataría de otro atleta, un patinador japonés…

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La oscura verdad tras de la imagen de Víktor Nikiforov y el desconocido patinador japonés.

Tras exponer a su nueva conquista, el actual campeón mundial y cinco veces campeón consecutivo del Grand Prix, no ha prestado declaraciones. Desde la Federación Rusa de Patinaje Artístico (RSU), prefirieron omitir comentarios, enviando un comunicado oficial donde desvinculan las actividades personales y la vida privada de su patinador estrella con las del doncel japonés, otro atleta de la misma disciplina. El entrenador de la delegación rusa, Yakov Feltsman…

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¿Quién es Yuuri Katsuki y cuál es su relación con el ídolo del patinaje artístico, Víktor Nikiforov?

Yuuri Katsuki. Tal vez el nombre no diga mucho en la historia del patinaje. Sin embargo, el doncel de 23 años de edad, ha practicado la disciplina profesional desde hace más de diez años. Incluso tuvo oportunidad de clasificar para la final del Grand Prix el año 2016 en Barcelona, ocasión en la que, tras la ejecución parcialmente fallida de su programa corto, se retiró de la competencia y anunció su retiro anticipado del patinaje profesional. Lo que se sabe hasta ahora…

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•*’¨’*•

— ¡VITYA!

El eco profundo y el malestar subyacente en los gritos de Yakov Feltsman remecen toda el ala izquierda del décimo piso del Intercontinental Resort Alpensia, hotel donde actualmente se alojaba el resto del equipo ruso.

El viejo varón avanza a pisotones a través del corredor, ignorando todas las puertas hasta llegar a la última. Yakov ni siquiera se toma la molestia de llamar. No hace falta. Indignado como está, simplemente empuja la manilla y entra con violencia a la habitación. Tras él, ignora la discreta presencia del resto de sus patinadores. Irina, Georgy y Mila le han seguido calladamente en su iracundo recorrido, a sabiendas de la tormenta que está por venir. Yuri Plisetsky, por otra parte, sólo ha sido una víctima indirecta que ha caído previo al estallido, viéndose vilmente arrastrado por Babicheva.

Ninguno de lo presentes se sorprende al encontrar a Víktor Nikiforov saliendo tranquilamente del cuarto de baño, envuelto en una toalla. Su mascota, en cambio, yace recostada tranquilamente a los pies de su cama. Ambos parecen relajados, incluso felices. Makkachin sobre todo, pues agita y menea su cola rítmicamente, recibiendo encantada a las nuevas visitas.

Víktor no está seguro de lo que está pasando. Sabe que aún no es hora de bajar a desayunar. Sabe que tampoco planea saltarse otro bloque de entrenamiento. Sin embargo, por alguna razón que desconoce, tiene a Yakov justo aquí, frente a él. Ignorando el hecho de que es temprano y de que Víktor está casi prácticamente desnudo.

— ¿Por qué gritas tanto, Yakov? —elige preguntar, para tratar de ver en qué se ha metido.

Víktor se sienta junto a Makkachin, ladeando graciosamente su cabeza hacia un lado. El flequillo húmedo y platinado cubre parcialmente su desconcierto mientras, de un rápido vistazo, descubre al resto de sus compañeros semi ocultos tras su viejo entrenador.

— ¿Que por qué grito? —Víktor nota que el varón trata de contenerse, lo sabe por el desagradable color granate que sube desde su cuello y colorea la punta de sus orejas— ¿Me quieres decir que significa ESTO?

Yakov comienza con calma y termina gritando. Víktor no entiende que pasa, pero intuye que algo ha hecho para dirigir el enojo visceral de su entrenador hacia él, otra vez. Su suposición es medianamente confirmada cuando su entrenador lanza su propio teléfono móvil a la cama, la pantalla iluminada con la última publicación que Víktor ha hecho ayer en su cuenta personal. Frente a él, su propio rostro iluminado junto al de Yuuri, sonríen tranquilamente en compañía de Makkachin.

— ¡Ah! Ese es Yuuri Katsuki. Es un patinador japonés que… —el viejo varón se acerca, arrebatándole su teléfono con brusquedad de las manos, cortando sus palabras.

— ¡Sé que es un patinador, Vitya! Ese doncel está inscrito en la misma categoría que Yura. Lo que quiero saber es ¿QUÉ DEMONIOS HACES CON ÉL?

Puede ver los esfuerzos de Yakov por tratar de contenerse, pero aun así grita con igual o más fuerza que antes. Sus palabras resuenan en advertencia antes de perderse en un pesado eco al fondo del pasillo.

—Estaba paseando a Makkachin y de pronto salió corriendo. Cuando fui a buscarla, Yuuri estaba en una banca con ella. —explica Víktor, sin poder ver el motivo de su enojo—. No es tan grave. No entiendo que tiene de malo.

Yakov le ve como si quisiese matarlo. En cambio, tras su entrenador, el resto de sus compañeros de delegación solo apartan la mirada, frunciendo el ceño o haciendo muecas que Víktor no puede entender. Irina incluso parece enojada.

—Como siempre eres egoísta, Vitya —sentencia su entrenador y Víktor ve como ahora, tras revisar nuevamente su teléfono, vuelve a lanzárselo sin mayores explicaciones—. Si no entiendes nada, entonces mira.

Víktor toma nuevamente el teléfono y descubre el sitio online de uno de los periódicos más importantes de Rusia. Sin saber qué es lo que Yakov le intenta decir, mira más abajo encontrando en brillantes letras amarillas el titular de hoy. En la portada adjunta aparece su propia publicación. El titular trata de ellos. De él y Yuuri. Ahí, en letras claras y grandes, se acusa abiertamente al doncel de hostigamiento, teniendo como única prueba la imagen y el comentario que él mismo publicara la tarde de ayer.

¿Qué es esto?, piensa a medida que lee. Víktor baja presuroso a través de páginas y páginas hasta llegar al artículo, descubriendo palabras como “conveniencia”, “seducción”, “robo de medallas” y “descarado” entre tantas otras a lo largo de la publicación. La noticia pinta a Yuuri como un trepador convenenciero y a Víktor como una víctima que ha caído ante los encantos del doncel japonés.

¡Es mentira! Víktor siente el enojo ardiendo en su pecho, quemando sus venas. Yuuri no es así. No es como lo pintan. Él es una buena persona, amable, atento. En la breve conversación que tuvieron el doncel jamás pidió un solo consejo. Jamás intentó aprovecharse de la situación. ¡Él es inocente y en Rusia lo hacen ver como el culpable de distraer a la leyenda viviente en su propósito por alcanzar el oro!

Víktor hace a un lado el aparato, dividido entre el escozor que siente a causa de la vorágine de emociones. La frustración y el enojo resaltan, finalmente, a causa de la absurda cantidad de mentiras inventadas en su propio país.

—Este es sólo uno. Hay cientos más circulando —suelta Yakov, antes de agregar con voz endurecida— ¿Es verdad entonces?

— ¿Qué cosa? —Víktor levanta la mirada de inmediato.

Su viejo entrenador hace un gesto amargo hacia la publicación y no necesita nada para entender lo que Yakov está insinuando.

— ¡No! ¡no! ¡Por supuesto que no! —suelta, ofendido— ¡Yuuri jamás haría eso!

—La prensa y tus fanáticos dicen otra cosa, Vitya.

— ¡No me importa lo que diga la prensa! ¡O el mundo! ¡Der’mo! (Mierda!)

Víktor se levanta agitado, comenzando a pasearse de un lado a otro por la habitación. Yuuri seguramente ya debe haberse enterado. La preocupación tropieza con sus deseos de ir a desmentir todas las calumnias y mentiras que se han formado en torno a ellos. No por él. No. Por Yuuri. Porque Víktor, quien ha tenido años para aprender a adaptarse y convivir con lo que se espera o se dice de él, sabe lo que se siente ser juzgado por el resto. Y ya no le importa. Ha aprendido a vivir con eso. Pero Yuuri, piensa, y es que si algo de lo que Christophe ha dicho es verdad, el doncel es conocido por tener corazón frágil, demasiado susceptible a la presión dentro de la competencia. Víktor ni siquiera quiere imaginar lo que Yuuri podría llegar a sentir ante la presión externa. Más si el mundo insiste en querer perjudicarlo y hundirlo en mentiras.

—Necesito hablar con la prensa, Yakov —suelta el varón, deteniéndose y girando abruptamente hacia su entrenador— ¡Desmentir todo! ¡Nada es verdad!

—Quédate donde estás, Vitya —le ataja el viejo, estricto—. No harás declaraciones a la prensa. Ya lo hice yo a nombre de la delegación.

Víktor exhala el aire con brusquedad, tratando de encontrar otra solución. Una salida que le permita recalcar que todo ha sido un gran malentendido. La repentina necesidad de hablar con el doncel japonés y pedir disculpas por lo que sea que esté viviendo surge de pronto, obligándole a levantarse de la cama nuevamente.

—Entonces déjame encontrar a Yuuri —pide—. Déjame disculparme con él.

— ¡IDIOTA! —el grito surge de improviso, encarnando todo el enojo y frustración de su entrenador— ¡Aún no entiendes nada, Vitya! ¡A partir de ahora no vas a ver más a ese doncel! ¡No volverás a hablar con él!

— ¡Pero Yakov!

—Ya has causado demasiados problemas —ataja el viejo mientras sus pequeños ojos azules se estrechan con desagrado—. Te saltas los entrenamientos para pasear a tu perro. Eres egoísta. Ni siquiera te importa lo que la RSU hizo para conseguir el maldito permiso para que tu mascota este aquí, contigo —enfatiza con enojo, señalando a Makkachin—. Y ahora, te paseas con un doncel… ¿Y más encima quieres ir a buscarlo? ¿TE VOLVISTE LOCO, VITYA?

Yakov termina gritando, perdiendo una vez más la compostura.

Decepcionado, Víktor se sienta en su cama haciendo oídos sordos al resto de los reclamos y sermones de su entrenador. Todas las buenas intenciones que tuvo en un inicio al hacer pública una imagen donde se sentía relajado y feliz, donde Makkachin parecía tan tranquila en compañía de su primer amigo, se quiebran bajo la presión y las expectativas externas. El mundo ha manchado sus recuerdos, recordándole nuevamente lo que se espera de él.

Y no por primera vez se siente traicionado. Por los medios de comunicación. Por el mundo entero. Por su entrenador, la federación rusa de patinaje y por Rusia entera.

Al parecer, para ellos, la leyenda viviente no tiene derecho a la felicidad. No tiene derecho a vivir, o tener sus propios sueños.

Cuando vuelve a tomar conciencia de sí mismo, Yakov ya se ha ido, dejando únicamente a sus compañeros de delegación. Cada uno de ellos ahora le miran con reticencia.

—Víktor, ¿de verdad ese Yuri japonés no te pidió nada?

— ¿Nada de qué, Irina? —pregunta apartando la mirarla, prefiriendo hundir sus dedos en el rizado pelaje de Makkachin, que aún permanece obediente a su lado.

—Algún consejo. No sé. Sobre sus saltos o sus giros. Tuvo una caída en su quaz lutz ayer, así que tal vez…

— ¡No! ¡Ya dije que Yuuri nunca me pediría algo así! —suelta harto de lo mismo—. Él no es así.

De pronto tiene a Mila Babicheva interponiéndose entre él y su compañera de delegación.

—Tranquilo, Víktor. Sólo era una pregunta. No te desquites con Irina. —interviene ella.

El incómodo silencio entre él y el resto de sus compañeros de delegación deja en evidencia otra cosa. Sus ojos azules vuelven y repasan a cada uno de ellos. Y no necesitan decir nada, porque Víktor lo ve, ve la desconfianza que sienten hacia Yuuri. El recelo nacido y dirigido sin fundamento hacia el doncel. En respuesta la decepción crece y Víktor se odia un poco más a sí mismo. Yuuri no merece esto. No merece que nadie haga un juicio de valor hacia él. Menos aún si no se dan el tiempo de conocerlo, de compartir una tarde con el doncel. En silencio, les da la espalda a sus compañeros, entrando nuevamente al baño, azotando con fuerza la puerta cuando cierra. Enojado.

¿Cómo una publicación podía hacerles tanto daño?

•*’¨’*•

Yuuri Katsuki, amistad o interés tras su casual encuentro con el famoso patinador Nikiforov.

Análisis detallado, pinche aquí.

Comentarios destacados.

souldeath-slh • hace 49 minutos

¿Realmente alguien cree en esta basura?… Nikiforov jamás se fijaría en otro patinador. A lo que me refiero es que veamos la evidencia. 1) Víktor lleva casi 20 años en el deporte y más de 10 en la categoría senior. Nunca se le ha visto involucrado con otros patinadores y digo NUNCA. 2) A él le gustan las damas. Todos sus líos amorosos han sido con mujeres muy guapas y de farándula. Todas rusas. Entonces un asiático… ¿es enserio? 3) La prensa está desviando la atención para disimular las acusaciones de dopaje de otras delegaciones. ¡Por favor! Los alemanes y los canadienses otra vez montando espectáculo a costa del único atleta digno en estos J.J.O.O.

Noriega-adrilove • hace 38 minutos

¿No huele a sexismo por aquí? No porque desprecies a los donceles puedes ir imponiendo lo que a Víktor le gusta. Si le van las damas o los donceles es asunto suyo. Sí, se le ha visto involucrado en muchos escándalos con mujeres, pero ¿y qué? Cada quién hace con su vida lo que quiera. Víktor perfectamente puede haber fijado su interés en un doncel.

Sandybbshita • hace 31 minutos

¡Concuerdo, Noriega-adrilove! Víktor puede hacer con su vida lo que quiera. La prensa amarillista debería desaparecer. ¡Que desperdicio de aire! Buscar derribar una vez más a la leyenda viviente con artimañas tan despreciables como esa.

Zoey-namine • hace 25 minutos

No sé ustedes, pero yo quiero saber ¿quién es Yuuri Katsuki? Ahora que lo pienso se parece a esa película… ¿Cómo se llamaba? Donde la muerte encarnaba usando el cuerpo de Brad Pitt. ¡Como sea! ¿Quién es esa belleza asiática? No me importaría estar metida en un escándalo con él.

Sagraxoflowers • hace 17 minutos

¿Belleza dices? He visto donceles más lindos que ese. ¡Incluso usa lentes, que asco! Ese perdedor es Yuuri Katsuki, el antiguo mejor patinador de Japón. Salió huyendo de su primer y única final en el Grand Prix ¿se imaginan? Ni siquiera pudo soportar la presión. Da pena verlo junto Víktor.

Sandra_Guerra • hace 17 minutos

Gente como tú no debería existir, sagraxoflowers ¡Estas tan podrida! Ese doncel que tanto desprecias fue el campeón de América y ganó el bronce en el Internationaoux de France dentro de su categoría, el año 2016. Incluso llevaba tres años consecutivos ganando el oro en el NHK Trophy antes de sufrir una lesión de tobillo en 2015. Para tu información, Yuuri Katsuki clasificó segundo para la final del Grand Prix de Barcelona en 2016. Sí, es verdad que tuvo que retirarse, pero por razones que NINGUNO DE NOSOTROS CONOCE. Fue lamentable, ¡pero ya está! Yuuri es fuerte, así que NO TE ATREVAS a despreciarlo.

xSweetLadyx • hace 5 minutos

No sé ustedes, pero yo sólo quiero ir y abrazar a Yuuri. Seguro no la está pasando bien. Ojalá la prensa amarillista desapareciera de la tierra. ¡A quién le importa si Víktor y él se llevan bien! Es decir, ¡por favor, gente! No han notado lo solo que Víktor se ve a veces. Sería bueno que se volvieran cercanos y bueno… si pasa algo más entre ellos ¿qué?, es su asunto. ¡Entiendan! ES SU VIDA.

Yuzuki_Castillo • hace 2 minutos

¡Sólo espero que todo este escándalo no afecte el delicado corazón de mi bebé!

•*’¨’*•

Luego del incidente y el caótico revuelo causado por la última publicación en la cuenta personal de Víktor, Yuuri logra dejar a un lado sus preocupaciones, teniendo una noche de descanso más o menos decente. Todo gracias a su decisión de mantener el ajuste de su teléfono en “modo avión”. Así, sin llamadas, mensajes o notificaciones, Yuuri puede concentrarse en iniciar el día con sus acostumbrados estiramientos matutinos. Apenas terminé, esperará a Minako-sensei y al resto de su delegación para bajar a desayunar y luego, al fin podrá dirigirse a la pista de patinaje en el gimnasio central.

— ¿Yuuri? —Minako Okukawa entra, tras llamar suavemente a su puerta—. El resto de la delegación ya está lista, ¿bajas?

—Sí.

A quince minutos de la hora que da inicio a la práctica, Yuuri hace arribo al gimnasio central en compañía de su entrenadora. Está nevando en Pyeongchang y es casi seguro que escarche durante lo que resta del día. Su entrenadora es la primera en bajar del furgón que todas las mañanas les acerca a la pista de entrenamiento. Yuuri la sigue, tomando rápidamente su bolso mientras ella carga otro más pequeño, con parte de los implementos que usarán ese último día, previo al inicio de la primera fase clasificatoria.

Ambos están concentrados en sus labores, sosteniendo sus cosas, agradeciendo y despidiéndose del chofer, cuando el repentino caos de lo que parecen cientos de cámaras y periodistas, les rodea y tira de ellos con fuerza.

— ¡Yuuri Katsuki!

Las cámaras, los periodistas y los micrófonos se empujan alrededor de su cuerpo y sobre sus ojos. Es una situación caótica. Yuuri no entiende nada. Un hombre incluso logra darle un codazo en su desesperación por llamar la atención. Duele, pero lo soporta lo mejor que puede, mirando al frente en busca de un espacio que le permita avanzar hacia el gimnasio y la seguridad que representan los camarines y la pista de patinaje.

— ¡Patinador Katsuki!… ¡Patinador Yuuri Katsuki!, ¿es verdad que mantiene una relación amorosa con Víktor Nikiforov? —las palabras son dichas en un inglés algo torpe, revelando el fuerte acento de un periodista extranjero.

¿Qué?, piensa, sorprendido por lo absurdas que le resultan esas palabras. ¿Así que de eso se trata? Todo este escándalo, toda la conmoción. ¿Todo el caos que le rodea se debe la publicación que Víktor subió la tarde de ayer?

— ¡Patinador Katsuki! —al no obtener respuestas algunos periodistas tiran de sus ropas.

Es ruidoso, caótico. Un desastre en el mejor de los casos.

— ¿Es cierto que se conocieron aquí en Pyeongchang?

Yuuri siente como alguien se acerca y empuja un micrófono directo en su mejilla. Otra mujer sin rostro, incluso le agarra y con sus uñas pellizca dolorosamente su antebrazo, obligándolo a girar hacia ella.

— ¿Le ha pedido algún consejo a Víktor para su presentación de mañana?

— ¿Víktor le hizo algún comentario sobre las rutinas que ejecutará? —pregunta con acidez otro periodista, casi presionando su micrófono contra la boca del doncel.

— ¿Qué se siente estar en una relación con el atleta más cotizado de los Juegos Olímpicos?

Dentro de la espiral de flashes y cámaras, Yuuri puede sentir como su entrenadora trata de hacer lo mejor que puede por mantenerse a su lado. Y de pronto, siente el frío en sus venas. Su corazón late más lento. Su ritmo cardiaco y su circulación bajan cuanto más se ve sumergido en el caos y la atención negativa de quienes hacen juicio y buscan aprovecharse de su situación, aún con mentiras. El calor es abrazador y la conmoción le ahogan rápidamente en medio de una serie de preguntas maliciosas, violentas e impertinentes.

— ¿Qué dicen sus padres sobre su aventura con la leyenda viviente?… seguramente están muy contentos de tener a su hijo emparejado con un varón de elite. —suelta cínicamente otra periodista.

Yuuri puede ver como Minako-sensei da un paso al frente dispuesta a responder ante semejante barbaridad. Sin embargo, en un arranque de fuerza, es él mismo quien la contiene.

Suficiente, se dice, tragando y girándose dispuesto a enfrentar las acusaciones de la prensa.

Yuri Plisetsky está molesto porque, al igual que ayer, ha tenido un jodido comienzo de lo que —muy seguramente— será otro gran día de mierda.

La prueba de que está en lo cierto es la absurda y asquerosa muchedumbre que bloquea su entrada al gimnasio central y a la pista de patinaje. Después de levantarse temprano, lo segundo que Yuri más odia son las multitudes, ya sea de fanáticos o periodistas, cualquiera de las dos le cabrean de la misma forma.

— ¿Qué pasa ahí? —a su lado, Mila Babicheva parece levantarse de puntillas, observando el tumulto con curiosidad.

— ¡Y a mi que putas me importa!

—Yurio no maldigas. Creo que son periodistas, pero ¿por qué? —comenta Irina, reprendiéndole adrede, de pie un poco más atrás.

— ¿Ese de ahí no es Yuuri Katsuki? —suelta Mila y Yuri puede sentir como un molesto tic aparece en su ojo izquierdo.

Jodido Yuuri japonés.

Yuri siente como el enojo vibra caliente en sus venas. Está tan, tan cabreado con el maldito japonés. Sus días han sido una asquerosa miseria por su culpa. Primero el estúpido apodo con el que ahora le molestan cada cinco segundos. Luego todo el jodido problema entre él y el estúpido de Víktor. ¡Ayer Yuri incluso tuvo que tragarse una hora de sermones ininterrumpidos de Yakov, mierda!

—Seguro que es por todo el asunto ese de la publicación de Víktor. Ayer lo estaban acusando de acercarse a él por interés y un millón de otras cosas. Pobre Yuuri —se lamenta Mila en voz alta—. La verdad no creo que sea su culpa. Víktor parecía tan enojado ayer, cuando Yakov insinuó algo sobre eso.

—Tal vez ni siquiera pueda competir y tenga que retirarse otra vez. —comenta Irina con lástima.

Yuri aprieta sus puños, enojado. Sus uñas recortadas se entierran con fuerza en sus palmas. Y mierda, muy pocas veces había estado tan enojado como ahora.

—Si ese cerdo no compite, iré a echarlo yo mismo.

Sus compañeras de delegación lo miran con sorpresa y luego Mila sonríe con algo más brillando en sus radiantes ojos azules. Odia cuando hace eso. Ella trama algo. Seguro.

—Entonces vamos a sacarlo de ahí. Así puedes enojarte y hacer tu berrinche como corresponde, Yurio.

Yuri puede ver a Irina mirar hacia atrás sólo para comprobar que, a unos pasos de distancia, Yakov y Lilia se encuentran hablando con el chofer del furgón que les ha traído hasta acá. Parecen estar coordinando el horario al que vendrán a recogerles. Un poco antes que los dos días anteriores, ya que deben pasar un poco más de tiempo en el gimnasio del hote para prepararse frente a las primeras clasificatorias de mañana.

—Distraeré a Yakov y a madame Baranovskaya, también llamaré a seguridad. Ustedes vayan. —suelta Irina, alejándose hacia sus entrenadores sin decir más.

Así, sólo quedan él y Mila. Ambos se miran hasta que Yuri chista y aparta la mirada de regreso hacia el tumulto que se ilumina a ratos por los flashes de las cámaras.

— ¿Vamos, gatito?

Yuri se muerde el interior de la mejilla con rabia, dirigiendo sus rugientes ojos verdes hacia su compañera.

—Muérete, bruja. —gruñe, dando un pisotón hacia adelante y luego otro y otro más.

—Eso —lo aviva ella, siguiéndolo desde atrás—. ¡Muéstrame tus garras!

Yuri la maldice internamente, avanzando hasta que llega al inicio del tumulto. Sin más preámbulo y haciendo gala de su experiencia, comienza a abrirse paso a pujones y codazos. Los cabrones serán más altos que él, pero Yuri tiene el combustible de su enojo. Es toda la fuerza que necesita. Así, maldiciendo a voz en cuello, va abriéndose paso sin dificultades hasta el centro mismo del atolladero, encontrando al jodido japonés, pálido como si hubiese visto un fantasma.

Maldito debilucho, piensa con rabia.

—Es Yuri Plisetsky, el campeón Junior del Gra…

— ¡VÁYANSE A LA MIERDA!

Con un cabreo fenomenal, empuja a la estúpida que ha comenzado a hablar, como si él no supiese su propio nombre. Jodidos idiotas. Sin cuidado, se detiene delante del doncel japonés, empujándolo a propósito en el proceso.

— ¡Ey, tú! —suelta con voz profunda y de mala gana, cogiendo al otro doncel por el cuello de su chaqueta, acercándolo con violencia hasta que está a un palmo de distancia—. Si quieres perder tu maldito tiempo aquí en vez de practicar, ¡mejor retírate de la competencia, IDIOTA!

Yuri puede ver con cierta satisfacción la sorpresa y el aturdimiento en el rostro del japonés. La prensa no le importa un carajo. Así, sintiéndose mucho más ligero, empuja al otro doncel a un lado, terminando de abrirse camino entre la multitud. Los maldice a todos, claro. Tapando de insultos a los periodistas en los dos idiomas que conoce.

Tras un rápido vistazo hacia atrás, puede ver a Mila siguiéndole de cerca. Yuuri Katsuki está sólo un paso detrás de ella, sostenido y arrastrado por la pelirroja desde el antebrazo.

—Camina, Yuuri —la escucha decir, mientras la ve tirar firmemente del doncel—. Irina está llamando a la seguridad del Comité Olímpico. Ya deben estar por llegar.

Mila calla y se concentra en tirar del cerdo, mientras le sigue a él. Así, en cuestión de segundos, Yuri y los otros dos se encuentran al fin dentro de las instalaciones del gimnasio central, camino a los camarines. Cuando se detienen frente al área exclusiva de donceles, Yuri chista y mira con mala cara a su compañera.

— ¿Qué demonios sigues haciendo aquí, bruja pervertida?

Frente a él, su compañera parece meditarlo un segundo hasta que sus brillantes ojos azules parpadean con malicia.

— ¿Me dejas ayudarte a cambiar de ropa? —preguntó con falsa ilusión.

— ¡VETE A LA MIERDA! —grita a todo pulmón, poniéndose en guardia enseguida, entrando a los camarines y cerrando de un portazo.

Estando a salvo en los baños, Yuri deja caer su bolso y comienza a revisar su desorden. Aún sigue cabreado, sin embargo, ahora se siente un poco más ligero. Después de todo ya ha tenido la oportunidad de sacarse el enojo con gran parte de la prensa, incluyendo el doncel japonés.

Hablando de él. Yuri siente a alguien detenerse a su lado y luego, tiene los irritantes ojos oscuros de Yuuri Katsuki sobre él. Jura que lo odia un poco más cuando la mirada ajena se posa sobre él y Yuri puede leer un sinfín de veladas emociones brillando en sus ojos.

De pronto le recuerda al estúpido de Víktor. Su malhumor vuelve a hacerse presente, subiendo un peligroso escalón.

—Gracias.

—No te atrevas —interrumpe él, de mala gana, lanzando su chaqueta con fuerza sobre el bolso—. No hice nada por ti, cerdo.

—Igual —insiste el japonés, inclinándose en una breve reverencia—. Muchas gracias por todo, Yuri.

—Lo que sea —gruñe por lo bajo, dándole la espalda de camino al cuarto de baño—. Vete. Retírate de las clasificatorias o húndete si quieres. No me importa. Ya no me hagas perder el tiempo, imbécil.

Entra al sanitario y cierra de un portazo, tratando de ignorar la pequeña sonrisa agradecida que alcanza a ver en el rostro del doncel japones. Lo jura. Odia a ese idiota.

Continuará.

Como siempre, les doy gracias por continuar acompañándome en esta historia. Gracias por sus estrellitas  y comentarios.

Este capítulo trajo muchos recuerdos y gratas sorpresas para mi. Por ejemplo el reencuentro con mis betareaders maaeaca e irinaromanov, quienes se subieron de inmediato al mismo tren de regreso que yo. Gracias a ellas tienen este capítulo más pulido. Y bueno, yo a ellas ya les debo demasiado. 

 En fin, este capítulo ha tenido de todo un poco y ha sido realmente fascinante poder publicarlo. 

A algunas les dejé otra sorpresita por ahí, espero se den cuenta 😉!

Nos vemos en la siguiente actualización.

Cariños,

ᙢᓰᙢᘎ.

Publicado por Mimmulus

ᙢᓿᙢᙢᘎᒪᘎS. ╚ Buscando transmitir sentimientos. ╚ Enamorada de las sorpresas y los cambios de perspectivas. Les doy la bienvenida y espero podamos disfrutar de un mundo lleno de sueños hermosos.

Un comentario en “Make History – Capítulo 4.

  1. Yurio es mi heroe lo adoro !!!!!! Ajjajaj me hizo mucha gracia que insultara a toda la prensa se lo tenian bien merecido por agredir a mi yuuri bebe

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