Make History – Capítulo 5.


Yuuri se sienta junto a su casillero en cuanto ve la pequeña y delgada figura de Yuri Plisetsky desaparecer tras la puerta del camarín, rumbo a la pista de patinaje. Está solo ahora. Y es precisamente estando así, en soledad, que al fin se permite un momento para drenar parte de la angustia que pasara momentos atrás.

Estaba asustado, reconoce. Porque, ¿cómo no estarlo, cuando se está rodeado de más de una decena de personas?, ¿cómo no hacerlo, cuando Yuuri ve el juicio y las malas intenciones en cada uno de ellos? Tal vez la prensa creyó estar en su derecho. Sin embargo, imponerse así, obligando a Yuuri a lidiar con su ansiedad mientras se ve sometido a la atención de los medios y más de una decena de miradas ajenas. No había sido justo para él. No hubo forma de hacerlo.

Ellos no iban a escucharme. No querían saber la verdad, se dice mientras recuerda las preguntas mal intencionadas dirigidas hacia él. La prensa sólo había venido en busca de declaraciones subidas de tono, mentiras o reproches. Ellos sólo habían estado ahí por conveniencia. Para vender un poco más del escándalo que suponía ver a Víktor Nikiforov involucrado con otro patinador. Un doncel.

Con cuidado, Yuuri acaricia su antebrazo recordando los arañazos y pellizcos de periodistas que buscaron arrancarle alguna declaración. Fue injusto, piensa. En menos de diez minutos los medios de comunicación le habían anulado a tal punto que su propia ansiedad había surgido, casi volviéndose contra sí mismo. Sus miedos e inseguridad le habían hecho sentirse mal físicamente. Yuuri, quien se había acostumbrado a lidiar consigo mismo en las competencias, casi había perdido el control de su propio cuerpo. Por suerte Yuri Plisetsky y las damas de la delegación rusa habían aparecido justo a tiempo.

Gran parte de la práctica en la pista de patinaje la pasa repasando su coreografía con ayuda de Minako-sensei. Su entrenadora no había dicho nada respecto al incidente con la prensa. Al menos no de momento. Yuuri lo agradece internamente, consciente de que lo que su entrenadora pretende es que ambos olviden el asunto y se concentren en la competencia. Así, Yuuri se enfoca en su expresión corporal, realizando uno que otro salto de bajo impacto —con menos rotaciones—, para cuidar sus músculos en preparación para el inicio de la primera etapa clasificatoria.

El tiempo transcurrió rápido y, diez minutos antes de dar por terminada la práctica, Yuuri se retira de vuelta a los camarines. Tiene tiempo de sobra, se dice. Su entrenadora y él lo han acordado así con el único propósito de evitar repetir el asedio de la prensa. Minako-sensei seguramente esté coordinando la llegada del furgón y el cambio de locación, de regreso al gimnasio del hotel, para seguir con su último bloque de entrenamiento. Yuuri se levanta, guardando ordenadamente su ropa. El bolso donde carga los patines, descansando a un lado del que guarda sus toallas y el resto de su equipo de entrenamiento.

La puerta del camarín se abre anunciando la llegada de Yuri Plisetsky. Yuuri le dirige una mirada y una pequeña sonrisa de cortesía mientras el joven doncel ruso chista y maldice en voz baja, ignorándolo —o fingiendo hacerlo— mientras arroja sus propias pertenencias desordenadamente en una banca cercana.

Pronto, Yuuri puede oír a su contraparte rusa mascullar por lo bajo, regañando mientras intenta acomodar su ropa y el resto de sus pertenencias dentro de una maleta que no parece dar abasto para el doncel. Yuuri está seguro de que el desorden de medias, zapatillas y prendas tiene algo que ver, pero prefiere callar. Poco dispuesto a tentar el delicado estado de ánimo del joven doncel. Sólo espera que su entrenadora aparezca y así abandonar las instalaciones del gimnasio central. Sin embargo, cuando algo golpea accidentalmente su pierna, Yuuri baja la mirada, encontrando un mitón de cuero negro, o lo que sería si no estuviese tan gastado. Cuando lo levanta, se da cuenta de que las costuras parecen casi desechas alrededor de la muñeca y entre los dedos. Sin duda es muy, muy viejo.

— ¡Dame eso!

Yuri Plisetsky aparece frente a él con el único propósito de arrancar el gastado mitón de entre sus dedos. Yuuri deja ir la prenda en silencio, viendo como el doncel ruso sostiene ahora ambos guantes con molestia mientras regresa junto al resto de su desorden.

— ¿Por qué sigues guardándolos? —no puede evitar que la pregunta escape de sus labios, con genuina curiosidad—. Están muy gastados.

Por un momento cree que el doncel ruso va a matarlo. Los afilados ojos verdes de Yuri Plisetsky se detienen en él, amenazantes, sin embargo —y para su sorpresa—, el otro termina por desviar la mirada con incomodidad.

—Lo sé. No estoy ciego ¿de acuerdo? —responde de mala gana—. Es sólo que aún no he tenido tiempo para ir a una maldita tienda deportiva.

Lo último lo suelta en un apresurado murmullo malhumorado. Yuuri le escucha maldecir y chistar por lo bajo, girando nuevamente hacia sus pertenencias.

Yuuri lo entiende, de hecho. Con las jornadas de entrenamiento y el riguroso horario de actividades al que se ajustaban todos los patinadores y sus entrenadores, no era extraño que no les quedara tiempo para nada. En silencio, se levanta comenzando a rebuscar entre sus pertenencias. Estoy seguro que me los traje, piensa a medida que mueve prenda tras prenda buscando sus mitones de repuesto. Por suerte los encuentra debajo de uno de los pantalones de entrenamiento. Yuuri los saca con cuidado, observándolos con cariño y algo de extrañeza. Sin lugar a dudas el diseño es único. Regalo de las trillizas de Yuuko, cuando se enteraron de su clasificación oficial a los Juegos Olímpicos. Según las niñas los mitones estampados en animal print estaban a la última moda entre los patinadores de categoría mundial. Yuuri, en lo personal, dudaba que algún día estuviese preparado para usarlos.

—Yuri, toma —se acerca al doncel ruso, extendiéndoselos con una sonrisa amable—. Estos están nuevos y me dijeron que son muy cómodos. Espero que no te moleste el diseño.

Los ojos verdes del doncel le observan un instante con evidente desconfianza, antes de acercarse y tomar lo que Yuuri le extiende, en silencio.

—Oh, maldición.

El joven doncel abre y revisa los mitones. Yuuri incluso cree ver un ligero temblor en sus pálidos dedos, mientras los gira y se los prueba. El diseño es, sin lugar a dudas, llamativo. De cuero negro con el dorso estampado en un llamativo patrón manchado de amarillos, marrones y negros, como la piel de un leopardo.

—S-spasibo. (G-gracias)

La palabra es apenas un murmullo torpe y contenido. Los ojos verdes de Yuri Plisetsky se detienen en él una milésima más de lo acostumbrado, antes de finalmente apartarlos, cubriéndolos con su largo flequillo dorado.

— ¿Estás ahí, Yuuri? El transporte acaba de llegar. Nos está esperando afuera.

Minako Okukawa le llama desde fuera del camarín. Sus palabras son calmadas, por lo que Yuuri deduce que no tendrán que enfrentar los mismos problemas de la mañana. Con eso, se permite recoger sus cosas, colgando el bolso más pesado de uno de sus hombros, mientras sostiene los patines entre sus brazos.

—De nada, Yuri. Nos vemos en el siguiente bloque.

•*’¨’*•

Maldición.

Yuri arruga el entrecejo, sintiendo como un rastro de incomodidad sube y se agita insistente en su pecho. Los guantes que Yuuri Katsuki le entregara momentos atrás le quedan bien. Y el diseño, es definitivamente lo mejor. Son increíbles y perfectos, tanto que —en el momento en que los vio— se quedó callado, mirándolos, completamente aturdido y sin palabras.

Maldición con el japonés, piensa enojado mientras mete sus ropas sin orden dentro de su maleta. Así ¿cómo se supone que va a odiarlo?

Usando sus guantes nuevos, Yuri termina de arreglarse y sale del camarín para encontrar a Irina y Mila esperando, unos metros más allá, frente a las puertas que dan a la salida del gimnasio central. Con el ceño fruncido, Yuri se acerca casi oyéndolas cuchichear mientras intercambian miradas preocupadas hacia fuera del gimnasio. ¿Qué demonios?, se dice, aunque a él no le importa un carajo. La verdad, lo único que quiere ahora es que llegue el maldito furgón a recogerlo para llevarlo al gimnasio del hotel, donde está asignado su siguiente bloque de entrenamiento.

— ¿A qué hora se supone que llegan el idiota de Víktor, Georgi y el jodido furgón? —pregunta de mala gana cuando llega junto a ellas, dejando caer sus cosas al suelo.

Irina y Mila se giran hacia él, reconociendo su presencia, pero no le responden. En realidad, no dicen nada. Yuri gruñe y está a punto de patear a Mila, cuando es la misma pelirroja la que se adelanta y —poniendo una mano en su cabeza— le obliga a girar y ver la realidad del panorama frente a ellos.

—Ya llegaron, Yurio.

—Blyat! (¡Mierda!)

En efecto, el furgón que les traslada ya está allí, estacionado junto a la acera y completamente rodeado de cámaras y periodistas. La prensa nuevamente está al asecho y la verdad sea dicha, Yuri no necesita ser un genio para saber a quién están persiguiendo.

—Madame Baranovskaya ya fue a buscar a seguridad. Yakov salió hace poco, para tratar de hablar con la prensa. —comenta Irina, sin apartar la mirada de la escena.

De pronto, a lo lejos, Yuri puede ver como las puertas del furgón finalmente se abren, casi al mismo tiempo en que la desordenada marea de personas explota, cerniéndose sobre los recién llegados. Los gritos se sienten incluso desde donde está. Yuri no alcanza a distinguir las preguntas, pero tampoco es que lo necesite ¡maldición! Ve al larguirucho de Georgi abrirse paso por un costado, casi sin ser tomado en cuenta. Y, con algunos tropiezos de por medio, al fin logra entrar al gimnasio central, arrastrando su equipo a duras penas.

— ¿Y Yakov? —pregunta Irina cuando el varón llega a su lado—. Pensé que había ido para llegar a un acuerdo con la prensa

—Yakov se quedó con Víktor, allá atrás —Yuri lo ve tomar una bocanada de aire, mientras se gira hacia el lugar de donde tanto le había costado salir—. No creo que lleguen pronto. No han dejado bajar a Víktor.

—Si esto sigue así —comienza Mila, de pie junto a Yuri, frotándose el entrecejo exasperada—. No sé cómo lo soporta.

— ¿Víktor? —pregunta Irina.

—Ese maldito calvo está acostumbrado. Le encanta ser el centro de atención —interrumpe Yuri, sin importarle el regaño implícito en la mirada de sus compañeros de delegación.

—Uhm, ¿saben si el doncel japonés ya se fue? —pregunta Georgi de repente—. Víktor no ha parado de hablar de él en todo el camino…

Yuri bufa. Claro que no, ¡ese idiota!, piensa recordando muchas de las actitudes que detesta del varón. Víktor es un estúpido sentimental, con una mentalidad a veces demasiado infantil dentro del cuerpo de un adulto. O de lo que debería ser un adulto. Ni hablar de su responsabilidad, o de mantener sus jodidas promesas. Yuri lo odia muchísimo. Más aún cuando el resto del mundo lo pinta como un ejemplo de perfección, respeto y éxito. Para él, Víktor Nikiforov está jodido.

—A quién le importa lo que quiera ese idiota —gruñe, dando un pisotón impaciente—. ¿Por qué demonios no entra?

—Calma Yurio. Está haciendo lo mejor que puede.

Yuri arruga graciosamente el ceño, indignado, volviéndose hacia Mila con expresión fiera.

— ¡Ya te dije que ese no es mi nombre, BRUJA!

Víktor está impaciente al tomar el transporte que se encargaría de llevarlo en compañía de Georgi, al gimnasio central para su primera rotación del día. Lo único que espera es llegar a la pista de patinaje a tiempo.

Necesito ver a Yuuri, necesito encontrarlo, piensa preocupado. Con un poco de suerte, cree, podrá eludir a Yakov y dar con el doncel antes de que este tenga algún desagradable encuentro con la prensa. Víktor necesita advertirle, pedirle disculpas por su estupidez y hablar con él de todas las cosas que ahora cruzan como estrellas fugaces por su cabeza.

No quiere perjudicar a Yuuri o hacerle sentir incómodo, sabiendo que mañana da inicio la competencia. Víktor no se lo perdonaría, porque quiere ver a Yuuri en el hielo. Por primera vez en mucho tiempo tiene el deseo real de ver a alguien más en la pista. No por interés. No por ver si podrán alcanzarlo. Sino porque quiere descubrir lo que el doncel con «el corazón de cristal más grande del mundo» tiene para dar.

Víktor quiere verlo por sí mismo, sin trabas, sin la presión de los medios. Sin habladurías y mentiras que puedan estropear el programa corto del japonés. Y es que, luego de que se destapara el supuesto escándalo de su «nueva relación sentimental con el doncel», Víktor había navegado revisando algunos diarios y revistas. Yuuri y él eran portada obligada en casi todos ellos. Las mentiras que corrían por internet, usando como única base su publicación, eran una bofetada enorme a la realidad. Muchos incluso habían caído en habladurías respecto al «derecho y la valía» de Yuuri de estar junto a él. Incluso se había metido a revisar su pasado como patinador profesional, resaltando su conocida renuncia y repentino abandono de la final del Grand Prix de Barcelona en 2016.

Pocas veces había sentido tanta impotencia en su vida. Víktor sabía que, por muy inocente que fueran sus intenciones, estas dañarían a Yuuri. No sabía hasta qué punto, pero lo harían. Y estaba molesto consigo mismo y con los medios por eso. Por entrometerse en su vida, por idealizarlo, juzgarlo y elevarlo al punto de transformarlo en un intocable. Alguien demasiado perfecto para que cualquiera que no sea juzgado «digno», se le acerque.

—Necesito hablar con Yuuri.

—Víktor, recuerda lo que dijo Yakov. —comenta Georgi, sentado a su lado.

En silencio le da la razón a su compañero. Yakov era otro problema. Luego de su charla inicial, el viejo varón le había amenazado con regresar a Makkachin en un vuelo directo a Rusia, si Víktor insistía en acercarse una vez más a doncel japonés.

—Pero tú puedes ayudarme, ¿verdad, Georgi? —pregunta, volviéndose esperanzado al otro varón—. Sólo necesito distraer a Yakov y disculparme con Yuuri. Eso es todo.

—No lo sé, Vitya. Yakov parecía muy enojado, pero… uhm, ¿qué es eso? —Georgi interrumpe sus palabras, señalando hacia el frente a medida que se van acercando al gimnasio central.

La prensa está acá, piensa Víktor, porque no necesita dar un segundo vistazo para darse cuenta de las cámaras y la docena de personas que esperan con impaciencia su llegada.

¿Acaso Yuuri ya había pasado por eso? Sinceramente espera que no. Porque eso significaría que no ha llegado a tiempo para explicarse y disculparse como es debido con el doncel japonés.

El furgón se detiene frente a la entrada del gimnasio central. La prensa se aglomera a su alrededor, impaciente. Y, de pronto, todo se transforma en caos a su alrededor. Cuando Georgi abre la puerta y trata de arrastrarse para salir del atolladero, comienzan las preguntas. Son cientos, cada una más maliciosa que la anterior. Víktor trata de bajarse mientras escucha los gritos de Yakov. Su entrenador también está ahí, tratando de sacarle a la prensa de encima.

Es un esfuerzo inútil, piensa Víktor, o a menos lo es por los próximos cinco minutos en los que finalmente baja del transporte, pero sin lograr avanzar ni un paso hacia el gimnasio. Atrapado como está, Víktor se dedica a escuchar las calumnias y mentiras que intentan ensuciar la reputación de Yuuri. Por experiencia, sabe que debe mantenerse callado, que defender al doncel sólo lo haría peor. Pero hay algo más fuerte e instintivo que le quema el corazón. No puede creer todas las barbaridades que los medios están diciendo sobre él, así como del doncel. Y todo por una pequeña publicación.

Como puede, Víktor se aguanta el enojo y finge sonreír —como lo ha hecho siempre— brillante y perfecto, como si estar en medio de la tormenta mediática fuera cosa de todos los días. Por fortuna, Yakov logra sacarlo del atolladero unos minutos después, ayudado del equipo de seguridad dispuesto por el Comité Olímpico. Así, a paso rápido, Víktor al fin logra ingresar al gimnasio central y reunirse con el resto de sus compañeros.

—La prensa te adora —suelta Mila con un bufido, a modo de bienvenida.

Víktor ignora el caluroso recibimiento, volviéndose en todas direcciones buscando a Yuuri con la mirada. No lo disimula, por supuesto, distraído como está, lo único que quiere es encontrar al doncel y disculparse por lo que ha pasado.

— ¿Alguien ha visto a Yuuri? —pregunta, ignorando la presencia de Yakov justo tras él.

— ¡VITYA! —grita de pronto, logrando que todos den un respingo—. ¡Es que eres idiota!, te lo dije antes y te lo vuelvo a repetir. ¡Te prohíbo acercarte de nuevo a ese doncel! ¿ME OÍSTE?

—Pero Yakov…

— ¡No! No me hagas repetirlo otra vez, te lo advierto. —amenaza su entrenador—. Debiste pensarlo mejor antes de exponer a ese doncel. Esto es TU CULPA. ¡Eres egoísta! ¡Nunca piensas en las consecuencias!

Yakov se gira, dándoles la espalda mientras se acerca a la rígida figura de Lilia Baranovskaya, probablemente para discutir la distribución de los entrenamientos durante el resto de la jornada.

—Lo siento, pero Yakov tiene razón, Víktor —suelta Mila, preocupada—. Cuando llegamos esta mañana, Yuuri tenía a toda la prensa encima, igual que tú. Estoy segura de que no se lo esperaba. Tuvimos que sacarlo y traerlo aquí.

Víktor aparta la mirada, sintiéndose nuevamente frustrado consigo mismo. Esto es su culpa, por ser abierto y sincero con su vida privada, por mostrarle al mundo sus momentos de felicidad; es su culpa por descuidado y por fiarse de las buenas intenciones de la gente. Y no por primera vez Víktor siente la soledad y el peso de ser quien es, o de sostener la imagen que el resto ha formado de él.

Víktor hace a un lado esos pensamientos. Su deseo por encontrar a Yuuri crece, aún con las sugerencias de sus compañeros y las amenazas de Yakov. No importa qué, pero necesita hablar con él. Sus ojos azules se levantan y repasan, obstinados, el pasillo que conduce a camarines.

—Él ya se fue. —las palabras de Yuri Plisetsky le disuaden esta vez, definitivas.

La decepción opaca su mirada al ser consciente de que no podrá encontrar a Yuuri al menos hasta el siguiente bloque de entrenamiento. No podrá hablar con él, aún si es lo único que quiere.

—Y tú, ¿cómo sabes eso, Yurio?

La atención de todos, incluida la suya, se vuelven hacia el patinador más joven de la delegación rusa.

—Compartimos el camarín —suelta el doncel, cruzándose de brazos, exasperado—. ¡Sólo lo sé, maldición!

Mila Babicheva sonríe a Víktor, guiñándole un ojo con la travesura brillando felizmente en su mirada. Él parece confundido un instante, antes de que la comprensión le golpee de pronto, porque al parecer no es el único que ha estado prestando atención al doncel japonés.

—Gracias, Yurio.

— ¡Que no me llamo así!

Intentará encontrar a Yuuri una vez más, durante la rotación en su segundo y último bloque de entrenamiento.

•*’¨’*•

Yuuri llega a su segundo bloque de entrenamiento sin problemas. Afortunadamente no ha vuelto a encontrarse con la prensa en su camino de regreso al hotel. Sin embargo, eso no significa que esté libre de la atención de los medios. Es por eso que Minako le insiste en entrar lo antes posible. Así, apenas el furgón se estaciona frente a su destino, ambos descienden del transporte, caminando a paso rápido hasta que atraviesan el hall del hotel.

—Yuuri, ve a dejar lo que no necesites a tu habitación —sugiere su entrenadora—. Te espero en diez minutos en el gimnasio ¿de acuerdo?

—Sí, vuelvo enseguida.

Yuuri acepta, porque han llegado con tiempo de sobra. Después de todo, Minako-sensei ha sido prudente en sugerir que se retiraran antes de finalizar el primer bloque de entrenamiento. Todo para evitar cualquier encuentro indeseable con los medios.

—Y Yuuri —ella lo detiene frente a los ascensores—No pienses en lo que pasó ¿bueno? —sugiere—. No te preocupes por lo que el resto diga o piense de ti. La prensa o los fanáticos no importan ahora.

El ascensor abre sus puertas en ese momento y Yuuri entra, dejando que estas se cierren en silencio. Reconoce que hay verdad en las palabras de Minako-sensei. Que lo mejor sería hacer a un lado lo que pasó y concentrarse en la competencia. Sin embargo, los recuerdos de las miradas y preguntas maliciosas le queman por dentro. Cuando finalmente llega a su habitación, dejando el bolso con sus patines dentro del armario, la curiosidad finalmente triunfa por sobre las recomendaciones de su entrenadora. Así, impulsado por esa creciente necesidad, Yuuri se deja caer a los pies de la cama, tomando el teléfono y quitando el ajuste «modo avión», conectándose a internet. Será sólo un vistazo, se dice. Algo que le permita darse cuenta de la realidad a la que se enfrenta. Que le permita ver lo que ahora se dice de Víktor y de él.

La avalancha de notificaciones no se hace esperar. Yuuri mantiene la calma, en la medida de lo posible, consciente de que ya se ha divulgado su nombre y procedencia. Ahora todos saben que es un patinador profesional, un doncel japonés. Desplegando sus notificaciones, Yuuri ve como los comentarios aparecen y desaparecen a medida que la lista se actualiza a toda velocidad. Unos minutos después, cuando el caos finalmente se detiene, Yuuri se desplaza entre los comentarios y vínculos adjuntos, presionando una publicación al azar.

Sin embargo, nada le prepara para lo que encuentra.

**

Clowzia @Clowzia • hace 22 minutos

¡Basta! No podemos seguir dando vueltas a lo mismo. Víktor realmente tiene derecho a estar con quien quiera. ¡Respetemos su privacidad!

Bird_Phoenix @birdonfire • hace 21 minutos

¿Privacidad? Siendo un atleta y modelo famoso, Víktor no tiene derecho a eso. Ya vendió su vida al mundo. Ahora debe aguantar los juicios y corregir sus errores.

LuciaMendez @LuciaMendez821 • hace 19 minutos

¿Errores? ¿Te estás leyendo @ birdonfire? Publicar una foto con un compañero o un amigo NO es un crimen. Recordemos el centenar de fotos de @v-Nikiforov con @christophe-gc, cada una más caliente que la anterior, por cierto…

Blue-poison @bluepoison • hace 17 minutos

@christophe-gc NO ES un DONCEL. La leyenda viviente debería entender que, al subir una foto así, obviamente sería malinterpretarle.

Bird_Phoenix @birdonfire • hace 17 minutos

Lo único que importa ahora es alejar a ese @katsuki-yuu de @v-Nikiforov. Por favor, nadie puede estar de acuerdo en que alguien tan patético esté a su lado. ¡Hablamos de un atleta de elite junto a un DON NADIE!

Blue-poison @bluepoison • hace 15 minutos

Eso es cierto.

JennNic @JennNic • hace 13 minutos

Siento tanta vergüenza de la humanidad. ¡Prejuiciosos! @v-Nikiforov tiene derecho a estar con quien quiera. Amigos o amantes, no es problema de nadie más que de ELLOS.

Moon-darkness @moondarkness • hace 12 minutos

Pero ¿cómo se sentirá @katsuki-yuu? Es decir, ¿qué logro importante tiene él que pueda presumirle a Nikiforov? Yo en su lugar me sentiría abrumado… Es decir, sin títulos y expuesto a la opinión pública, cualquiera podría malpensar.

Bird_Phoenix @ birdonfire • hace 12 minutos

Exacto. @katsuki-yuu se acercó por conveniencia… Pero, recuerdan cuando @v-Nikiforov se involucró con la modelo de Victoria Secret @tasha_poly. Eran taaaan perfectos. Ellos sí hacían buena pareja. Debería volver con ella.

Jessica’Pech @ jessicapech • hace 10 minutos

No puedo creer que haya gente tan superficial. @katsuki-yuu tiene tanto derecho a estar a su lado como cualquiera. ¿Y si a Víktor le gusta? Entre atletas siempre hay respeto y admiración. Tal vez Víktor admira a Yuuri y viceversa.

Booh-legasov @ boohlegasov • hace 8 minutos

Seguro es al revés. @katsuki-yuu no creo que logre pasar la primera ronda clasificatoria. Apuesto a que sale huyendo igual que en la final del Grand Prix de 2016. No cualquiera puede estar junto al amado hijo de Rusia. Como ruso sé que @v-Nikiforov le debe honor a su patria y sabrá que no le conviene estar cerca de alguien que no vale la pena.

Linaz62 @ linaz62 • hace 5 minutos

Espero que @katsuki-yuu salga adelante y que estos envidiosos se traguen su odio.

Booh-legasov @ boohlegasov • hace 3 minutos

Ya veremos. Roguemos que no salga huyendo…

**

Yuuri aparta el teléfono, dejándolo en la mesita de noche, diciéndose que ya es suficiente. No necesita revisar más publicaciones, enlaces o noticias. No, cuando resulta evidente que todos ya se han formado un juicio propio sobre las razones que Víktor tuvo para hacer pública una imagen de ellos dos.

Su encuentro fortuito con el varón parece haber derivado en un debate sobre el derecho de Yuuri a acercarse y estar junto a la leyenda viviente. Las críticas y los comentarios son duros. El juicio de muchos está sesgado, lleno de malas intenciones. Son hirientes, piensa Yuuri, al recordar cómo han menospreciado su carrera como patinador profesional, ignorando sus sueños y su deseo de conocer a Víktor Nikiforov en igualdad de condiciones. Yuuri no había pensado acercarse al varón ruso antes de tiempo. Su encuentro había sido fortuito, breve pero inesperadamente agradable. Sin embargo, eso no le daba derecho al resto del mundo para burlarse o hacer suposiciones de su repentino retiro en la final del Grand Prix de Barcelona.

Yuuri exhala un lento suspiro, negándose a sentir enojo, tristeza o cualquier rastro de ansiedad. Desearía haber podido hablar con Víktor y preguntarle porqué había hecho pública esa fotografía. Tal vez incluso hablar con el varón le hubiese servido para prepararse y enfrentar de mejor manera el juicio de la gente y los malos entendidos. Pero ya es tarde, Víktor no está aquí y tampoco puede ayudarle. Ahora todo depende de él. Así, haciendo a un lado la amargura y el ardor inicial por todo lo que acaba de leer, Yuuri se dice que debe ser fuerte. Porque ahora tiene la oportunidad de demostrarle al mundo que no ha sido casualidad su clasificación a estos Juegos Olímpicos. Él va a competir mañana dando todo su potencial.

Y una vez que lo haga. Una vez que clasifique y avance a la siguiente ronda. Una vez que demuestre su valía a los medios de comunicación y al mundo entero, tal vez se acerque a Víktor Nikiforov por cuenta propia. Tal vez sea Yuuri quien, esta vez, tenga la oportunidad de iniciar una conversación con el varón y pueda agradecerle con sinceridad todo lo que ha hecho por él.

Así, consciente de su decisión y del camino a seguir, Yuuri se levanta y deja la habitación para ir donde Minako-sensei. Necesita hablar con ella, si quiere darlo todo durante la primera fase clasificatoria.

•*’¨’*•

Minako está preocupada porque, desde que se enterara de la inesperada publicación de Víktor Nikiforov, no ha dejado de revisar el caos mediático que se ha formado entre Yuuri y el varón con más títulos de patinaje de todos los tiempos. Dormir fue una tarea casi imposible, como era de esperarse. Y así, con tres horas de sueño y cientos de titulares, foros de debates y publicaciones leídas en internet, ahora tiene una muy buena idea de cual es el panorama general en el mundo. La situación no es favorable para su pupilo, por supuesto. Sin embargo, ella se ha negado a decirle y sinceramente agradece la decisión de Yuuri de mantenerse alejado del caos, aislándose de internet.

Así, esperando en el gimnasio del hotel y con los diez minutos de descanso ya casi cumplidos, Minako ve como Yuuri nuevamente aparece. Su pupilo parece tranquilo en apariencia, sin embargo, Minako nota la decisión y un calor distinto en su mirada.

—Minako-sensei, no quiero seguir con los estiramientos. Necesito que me ayudes en el programa de mañana.

Yuuri no parece molesto. No. Él parece decidido y casi obstinado, en un nivel que ella nunca había visto.

— ¿Qué?, Yuuri, llegamos a un acuerdo —le dice ella, sin entender el cambio de opinión en el doncel—. Tu programa es lo suficientemente bueno para mañana. Vas a alcanzar a clasificar.

—No, Minako-sensei —interrumpe Yuuri—. No quiero alcanzar. Quiero ganar. Quiero clasificar al tope de la tabla.

—Pero, Yuuri —trata de razonar a cambio—. Forzarte a entrenar más fuerte ahora sería castigar a tus músculos antes de tiempo. Es peligroso. ¿Te das cuenta lo que me estás pidiendo?

—Sí. Lo siento, Minako-sensei —suelta el doncel, bajando la mirada, pero sin llegar a rendirse —. Sé que me falta mucho para pulir ese programa, pero quiero hacerlo. Por favor, déjame intentarlo antes de mañana.

Ella lo observa y a pesar de toda la decisión y la seguridad que aparenta, aún puede ver ese ligero rastro de indecisión y la ansiedad subyacente en Yuuri. Ambos saben perfectamente cual es el principal problema de su programa corto y no es algo fácil de corregir. La decisión ya está tomada.

—No estoy de acuerdo en que te castigues así —suelta ella, decidida—. Pero espero que lo estés haciendo por las razones correctas. Vámonos, hay un espacio que podemos usar, pero está en el último piso del hotel.

—Sí, muchas gracias, sensei.

Es la decisión correcta, se dice mientras ve a Yuuri desaparecer de vuelta a los ascensores, otra vez. Minako echa un último vistazo al gimnasio vacío, preguntándose qué pensará la delegación rusa cuando no vean a Yuuri entrenando allí. Sólo espera que no crean erradamente que su pupilo se ha dado por vencido.

•*’¨’*•

El sábado diez de febrero, Pyeongchang amanece preciosa y nevada, dividida entre la expectación y la ansiedad, consiente del inicio de una de las competencias más representativas y vistosas de los Juegos Olímpicos: el patinaje artístico sobre hielo. La prensa nacional e internacional se ha abalanzado a las calles, buscando captar el sentir de la gente frente al inicio de esta importante competencia.

Las delegaciones, por otra parte, comienzan desde temprano con sus preparativos. La primera categoría en abrir la serie clasificatoria será la de varones, en donde el favorito al podio y pentacampeón del Grand Prix, Víktor Nikiforov será quien de cierre a la competencia. Luego de un descanso para dar mantenimiento a la pista, se reiniciará la primera fase clasificatoria con la categoría de donceles. Finalmente, la primera jornada dará termino con la categoría de damas, quienes cerrarán la ronda por ese día.

La competencia está programada para dar inicio a las diez de la mañana. Sin embargo, incluso antes de las ocho, ya puede verse a algunos espectadores haciendo fila con sus boletos, ansiosos por alcanzar el mejor lugar posible que les permita disfrutar de la competencia.

Las delegaciones participantes llegan temprano, en compañía de sus patinadores. El área de preparación y los camarines, por otra parte, yacen listos y dispuestos a ser ocupados, siguiendo los requerimientos de la ISU y los organizadores que forman parte del Comité Olímpico.

Pronto la hora de inicio se cumple y los varones del primer bloque clasificatorio ingresan a la pista de patinaje a realizar su calentamiento. El público aplaude, maravillado al ver a grandes figuras del patinaje artístico internacional, todas ellas reunidas en estos Juegos Olímpicos. El resto de los varones que forman parte del segundo bloque clasificatorio espera, en tanto, agrupados alrededor de las pantallas dispuestas dentro de la zona de precalentamiento. Algunos observan la competencia, otros entrenan o se aíslan del mundo mientras esperan su turno para salir a la pista.

Así, de acuerdo al cronograma de estos Juegos Olímpicos, todos los patinadores ejecutarán un programa corto de dos minutos y medio, con distintos niveles de exigencia de acuerdo a cada categoría. El programa largo, por otra parte, se ejecutará al día siguiente y tendrá una duración de cuatro minutos para las damas y cuatro minutos y medio para donceles y varones. Posterior a eso se llevará a cabo la selección de los mejores doce exponentes de la disciplina en cada una de las tres categorías. Los seleccionados podrán avanzar a la siguiente ronda clasificatoria, a realizarse dentro de tres días más.

Christophe llega con media hora de anticipación al gimnasio central. Está tranquilo, incluso al punto de sentirse relajado. Junto a él, el resto de su delegación espera pacientemente a un costado de la zona de precalentamiento. Sin embargo, pese a que no se encuentra nervioso por su inminente participación en esta primera ronda clasificatoria, Chris está inquieto. Esperando. Sus ojos verdes se pasean insistentes alrededor del salón, buscando a la única persona que ha deseado ver desde que se enterara del escándalo mediático la tarde de ayer. Por fin, unos minutos después, su mirada se detiene en la esbelta figura de Yuuri Katsuki, de pie justo en medio de la delegación japonesa.

—No te atrevas, Chris.

El varón se vuelve, con sus curiosos ojos verdes hacia Josef Karpisek, su entrenador. Ni siquiera ha alcanzado a dar medio paso hacia Yuuri, cuando el mayor le detiene, tomándole firmemente por el antebrazo.

—Sólo quiero saludar a Yuuri, Josef. —explica con una sonrisa tranquila.

— ¿No entiendes nada, Chris? —responde a cambio su entrenador—. No es bueno que te acerques a Yuuri. Lo único que ganaras será la atención indeseada de la prensa.

—Josef, sólo quiero saber si está bien. Nada más. —Chris insiste, intentando hacer entender a su entrenador.

—Sé lo que sientes por ese doncel, Chris —insiste el varón—. Pero lo único que conseguirás es perjudicarlo más. Yuuri no necesita más atención sobre él ¿entiendes?

Chris suspira, resignado, porque entiende lo que Josef quiere decir. Si Yuuri obtiene más atención indeseada, podrían iniciarse aún más rumores en su contra que tal vez llegarían a perjudicar su desempeño en esta competencia e incluso su carrera como patinador profesional, a la larga. Su atención varía desde el doncel japonés, ubicado en un extremo de la zona de preparación, al otro donde distingue a todos los miembros de la delegación rusa.

•*’¨’*•

El segundo grupo de varones da termino a su serie clasificatoria y enseguida se hace el llamado al tercer y último grupo. Los ocho exponentes más importantes del patinaje artístico en la categoría se acercan, formando una fila frente a la puerta que da paso a la pista de patinaje. Víktor Nikiforov es último de ellos. Apenas cinco minutos después, los organizadores del evento dan paso al grupo, haciéndoles ingresar al hielo para realizar el calentamiento de rutina entre los emocionados gritos de la multitud. Los flashes y la atención de las cámaras centradas en el máximo exponente vivo del patinaje artístico a nivel mundial.

Víktor ha realizado su calentamiento de acuerdo a lo previsto, como es su costumbre. No hay muchos saltos, sólo un breve repaso de los puntos fuertes en su rutina, sumando uno que otro giro y está listo para la competencia. Tanto en su ingreso como en la salida del hielo, elige ignorar las cámaras y los insistentes murmullos de los reporteros que se encuentran apostados en una esquina. Por desgracia, tiene una buena idea de lo que pueden estar comentando.

—Concéntrate, Vitya. —el viejo Yakov interrumpe sus pensamientos entregándole una botella de agua y su dispensador de pañuelos, un peluche que es la réplica exacta de su linda Makkachin.

—Estoy concentrado, Ya~kov. —canturrea él, en respuesta, logrando un gruñido de su entrenador.

Concentrado, repite para sí mientras bebe ausente un trago de agua. Víktor prefiere callar y no decirle a Yakov que, por primera vez, ha hecho un calentamiento por pura memoria muscular. Sabe que eso enojaría y le quitaría años de vida a su viejo entrenador. No quiere decirle, porque sabe que Yakov no aprobaría el que aún no pudiese dejar de pensar en Yuuri. El doncel ha permanecido en sus pensamientos desde que le conociera, hace sólo un par de días atrás. Los recuerdos de su primer encuentro ahora yacen arruinados por su propia culpa a causa del centenar de rumores que aún circulan por internet. Y lo único que quiere Víktor, desde entonces, es tener una oportunidad para disculparse apropiadamente con el doncel japonés.

Voy a encontrarlo, se dice, después de la competencia o antes. Encontraré a Yuuri y le explicaré todo. Me disculparé con él.

Víktor se encuentra haciendo estiramientos junto a las bancas que rodean la pista de patinaje, ignorando las cámaras que le enfocan de vez en cuando. De fondo puede escuchar a medias una parte de la melodía que compone el programa corto del primer varón del tercer bloque en competencia. Está ajustando sus patines, en medio de los aplausos de la multitud, cuando alguien más llega, llamando su atención tras tocar su hombro.

—Víktor —Christophe Giacometti se sienta tranquilamente junto a él.

—Chris.

El varón suizo extiende una mano, con gesto amigable, mientras Víktor la estrecha amablemente con la propia. Es habitual en ellos, una especie de tradición previa al inicio de cada competencia en la que se enfrentan. Ese apretón de manos simboliza su amistad y el hecho inequívoco de que, pese a los resultados, ambos permanecerán unidos. Sin penas ni rencores.

—No sé qué pensabas cuando hiciste público tu encuentro con Yuuri —suelta Chris de pronto, acompañando sus palabras con un apretón un poco más ajustado, acercándose a Víktor—. Apuesto a que ni siquiera recordaste todo lo que te dije.

Víktor puede ver un rastro de enojo en los ojos del suizo. Sin embargo, acepta sus palabras sin responder nada a cambio, porque acepta que se ha equivocado

—Voy a vencerte hoy, Vitya —declara su amigo, a cambio—. Y si veo que Yuuri cae en alguno de sus saltos, prepárate porque te derribaré y ocuparé el primer lugar. Te quitaré el oro y te dejaré en vergüenza frente a todos.

—Entonces, suerte y que gane el mejor —desea Víktor, dando un último apretón antes de soltar la mano de Chris.

—Suerte con tu segundo lugar —responde confiadamente el varón—, porque yo voy a ganar.

Víktor calla y le sigue con la mirada mientras Christophe regresa junto a su entrenador. Nunca antes lo había visto así, tan decidido y seguro en una competencia, aunque supone que esto debe tener mucho que ver con Yuuri Katsuki.

— ¿Qué demonios estás haciendo, Vitya? —el áspero gruñido y la presencia de Yakov a su lado, aleja ese último nombre de sus pensamientos—. ¿Ahora permites que te amedrenten así?

—Chris no me está amedrentando…

—Sí lo estaba. Antes tenías más pasión —interrumpe su entrenador, mientras niega. Sus pequeños ojos azules clavándose como dagas sobre él—. Si sigues así, involucrado en problemas y sin concentrarte en tus entrenamientos o en la competencia, tu carrera como patinador profesional acabará antes de que terminen los Juegos Olímpicos.

—Lo sé, Yakov.

—No, no lo sabes —interrumpe nuevamente el mayor antes de agregar, con un gruñido, una última advertencia—. No puedes pretender estar en la cima por siempre, Vitya.

Lo sé. Víktor aparta la mirada, regresando a sus estiramientos, mientras el amargo peso de las últimas palabras dichas remueve viejos recuerdos.

Y es que, desde muy joven, apenas iniciada su carrera como patinador profesional, Víktor se había acostumbrado a estar en lo alto. La gracia con la que creaba e interpretaba cada uno de sus programas siempre había buscado trasmitir con cada gesto y cada mirada, historias con emociones tan intensas y opuestas como el amor, la inocencia, la sensualidad y la traición. El cosquilleo que le producía ver al público apropiarse de su interpretación, viéndola brillar en sus ojos, era lo que le impulsaba a crear rutinas, buscando siempre impresionar con cada nueva interpretación.

Sus primeros años fueron así, magníficos. La comunidad mundial le idolatraba tan profundamente que, antes de darse cuenta, ya había sido catalogado como leyenda viva dentro de su disciplina.

Y ahí es donde su mundo, lleno de colores y alegría, había comenzado a decaer. Muy pronto, Víktor se había visto sólo —de pie en lo más alto—, rodeado de rivales incapaces de alcanzarlo y un público acostumbrado a verle ganar. Sin emociones y sin sorpresas. Con los años, la soledad había dado paso a la monotonía y esta se había transformado al fin en resentimiento. Víktor, encerrado en sí mismo, también se había dado el tiempo de trabajar en eso, ocultando todos sus sentimientos tras un guiño coqueto y una sonrisa, resignado a ser lo que esperaban de él: un trofeo, un nombre y una leyenda.

Así, tras esperar durante años, Víktor al fin se había rendido, tomando la secreta decisión de retirarse apenas tenga en sus manos su última medalla de oro, esta vez en los Juegos Olímpicos. Con esos pensamientos, Víktor ingresa a la pista para ejecutar su programa corto. Interpretar «Stay closet o me» es más difícil que otras veces y Víktor se fuerza a fingir una pasión y un arrojo ya muertos, desterrados de su vida hace tiempo. El programa es, como siempre, un deleite. Pese a la falta de sinceridad en sus emociones, la prensa y el mundo entero parecen rendirse una vez más ante él, confirmando con amargura que ha estado en lo cierto.

Ya es tiempo de abandonar el hielo.

•*’¨’*•

Yuuri es el último patinador en llegar esa mañana al gimnasio central. Con sólo quince minutos antes del inicio de su serie clasificatoria, Minako le urge a caminar de prisa y encerrarse con sus cosas directo en el camarín. Tiene sólo diez minutos para alistarse y apenas otro cinco para llegar a la zona de preparación. Sin embargo, el cuerpo de Yuuri está listo, sus músculos preparados y calientes por el reciente entrenamiento y los ajustes de último minuto.

Nunca antes había hecho algo así, reflexiona, calzándose el traje negro que ahora se envuelve y ajusta sedosamente a su cintura. Está agotado y no es para menos. Después de todo, ha estado preparándose desde ayer, trasnochando hasta altas horas de la madrugada en compañía de su entrenadora, hasta que al fin ambos habían quedado satisfechos con el nuevo concepto que Yuuri había impregnado a su programa corto.

Frente a los espejos del baño, Yuuri termina de arreglarse, ordenando su cabello tal y como Minako-sensei había sugerido. Sintiéndose un poco audaz, incluso se permite ahumar y delinear sus ojos con algo de sombra. Nada demasiado cargado. Lo justo para que, como doncel, se resaltasen las líneas y formas de su rostro. Unos toques de glitter plateado en el cabello juguetean lanzando destellos en los mismos tonos que aparecen y desaparecen por el resto de su traje.

Yuuri suspira, observándose antes de tomar el último accesorio ubicado junto al lavabo. Una cascada de pequeñas campanillas plateadas coquetea melodiosa mientras la ajusta al faldón negro de su traje. Ahora está listo, piensa, dándose un último vistazo antes de abandonar el camarín, rumbo a la zona de precalentamiento.

La estructura del gimnasio central vibra, a medida que Yuuri avanza, sintiendo el clamor del público que ha terminado de ver lo que, sin lugar a dudas, es otra magnífica presentación.

—Yuuri, ven aquí —su entrenadora lo recibe, apenas pone un pie en la zona de preparación—. Víktor acaba de terminar su programa corto. Camina, tienes que formarte ahí.

Víktor, piensa, lamentándose en secreto el no haber tenido tiempo para ver aunque sea una parte de la presentación del varón. A cambio, Yuuri se deja guiar, avanzando entre el resto de patinadores y sus delegaciones, formándose junto a la pequeña fila de donceles que esperan impacientes la salida del tercer y último grupo de varones. A pesar de las miradas que levanta a su alrededor, Yuuri elige ignorar la atención y los murmullos que nacen con su llegada. El suave y rítmico tintineo de las campañillas que penden de su traje, ayudándole a distraerse mientras se forma y espera junto al resto de los competidores.

Los murmullos y miradas maliciosas persisten, incluso cuando la puerta que da a la pista de patinaje se abre y el tercer grupo de varones hace abandono, cediendo el turno al primer grupo de donceles en competencia. Yuuri avanza, dejándose guiar por el resto de sus compañeros, encontrándose a último momento con la mirada de Phichit Chulanont. El doncel tailandés salta, haciendo señas y aspavientos desde un costado, con la boca entreabierta y su teléfono en mano.

Está tomando fotos, estoy seguro. ¡Qué vergüenza!, piensa sintiendo el sonrojo subir por sus mejillas. Yuuri trata de ignorar como puede a su mejor amigo y resulta a medias porque, por accidente, tropieza y se distrae con uno de los varones que viene abandonando la pista. Yuuri no alcanza a verle el rostro o a disculparse por su torpeza, lo único que distingue mientras se aleja es a un joven —algunos centímetros más bajo que él— de cabello corto, casi negro y espalda ancha.

No lo reconoce, pero a medida que se aleja se disculpa con el varón en sus pensamientos.

Yuuri hace ingreso a la pista sin demora, mientras su entrenadora se ubica a un costado junto a las barras de contención, atenta a sus movimientos. Las cámaras se enfocan en él y hay algunos murmullos insistentes a su alrededor que Yuuri ignora adrede. No tiene tiempo para habladurías, ni siquiera para descartar o fomentar rumores. Las campanillas que penden de su faldón le ayudan a marcar el ritmo y diluyen sus pensamientos, obligándole a centrarse en los recuerdos de los recientes ensayos de su programa corto.

Para sorpresa de muchos, Yuuri elige no hacer ningún salto, a cambio se pasea alrededor de la pista realizando algunos estiramientos mientras reconoce el hielo. No hay saltos, ni giros. No hay ensayo, ni repaso de coreografía. El desconcierto es generalizado. Sin embargo, el calentamiento termina y Yuuri, junto a otros seis competidores, abandonan la pista.

Minako-sensei le espera junto a la puerta de salida, entregándole sus guardias mientras pide, con un gesto, que se saque y le entregue la chaqueta de la delegación japonesa. El traje, negro y ajustado, queda a la vista con sus pequeños detalles en plateado. Los costados están cubiertos con una sugerente malla negra translucida que dejaba ver parte de su piel. Al costado derecho, un pequeño faldón cubre parte de su pierna y de éste pende un ensortijado de cascabeles plateados que se mecen suavemente con cada contorneo de sus caderas.

Los primeros competidores realizan sus programas sin mayores complicaciones. No son rutinas exigentes, sólo algunos saltos triples y coreografías de dificultad media. Yuuri los ve pasar uno por uno, mientras espera pacientemente su turno. Esta tranquilo. Consciente de que necesita estar concentrado si desea demostrarle al mundo lo que es capaz de hacer, lejos de rumores o falsas acusaciones.

—Ya es casi tu turno, Yuuri. —le avisa de pronto su entrenadora, haciéndole un gesto para que se acerque a la puerta que da entrada a la pista.

El tercer patinador en competencia da termino a su programa. Yuuri puede verlo saludar y agradecer a los presentes, mientras el público aplaude su esfuerzo. Tras abandonar la pista, un miembro del Comité Olímpico al fin le da la señal para permitirle ingresar al hielo. Con movimientos suaves, Yuuri se desliza en sus cuchillas, saludando al público mientras llega al centro de la pista. Su ansiedad se ha ido lejos, ahogada por el clamor de la multitud y el posterior silencio mientras él adopta al fin su posición de partida.

Apenas un segundo después la música comienza y la sorpresa se filtra a través del gimnasio central al oír los primeros acordes de la sensual melodía. En el centro de la pista, Yuuri comienza a moverse siguiendo con deliberada elegancia cada compás, marcándolo sinuosamente con sus caderas. El eco de los cascabeles sigue y marca cada acorde con presteza. En respuesta, su cuerpo se abre a medida que su programa avanza, deslizándose y contorneándose con un encanto y una belleza que raya en el erotismo. Su rostro pasando rápidamente de la arrogancia a la coquetería.

Jamás había interpretado un programa con tanta pasión. Le había costado horas de trabajo y sufrimiento, pero finalmente lo había conseguido.

El primer salto llega —para sorpresa de todos— pasada la segunda mitad en la forma de un Axel triple. Los cascabeles marcan con gracia el perfecto aterrizaje. Apenas un segundo después, Yuuri vuelve a sorprenderlos a todos clavando delicadamente un cuádruple lutz. El salto que tanto sufrimiento le había causado hace sólo un par de días atrás. Casi enseguida, su cintura se arqueaba con delicia mientras se permite sonreír sugerente hacia el jurado. Sus manos se alzan, acariciándose con sensuales movimientos ondulantes a medida que la euforia se abre paso por su sistema, sin dejar espacio a la ansiedad. Yuuri se deja fluir, clavando como si nada un último triple toe loop en combinación con un triple lutz. Los acordes de la guitarra inundan el gimnasio central mientras él realiza su último spin con un deliberado y placentero contorneo, antes de dar termino a su rutina abrazándose a sí mismo, sonriendo con insolente sensualidad. La música deteniéndose justo a tiempo.

La multitud, que hasta ese momento se había quedado absorta contemplando cada uno de sus movimientos, estalla aplaudiendo a gritos. Decenas de flores y animales de peluche son lanzados entre eufóricas exclamaciones de aprecio. A su alrededor, los flashes de las cámaras le ciegan mientras sonríe agradecido, inclinándose con elegancia, sus mejillas fuertemente sonrojadas por el esfuerzo.

•*’¨’*•

Víktor había abandonado la pista, de regreso a la zona de preparación, en compañía de Yakov y Georgi.

— ¿Mhn? —suelta de pronto su compañero de delegación, incorporándose a su lado, mientras el tercer grupo de varones le cede su turno al primer bloque clasificatorio de donceles—. ¿Qué es eso?

Por un momento Víktor mira a Georgi confundido hasta que, de pronto, él también lo escucha. Es pequeño, apenas el murmullo de un melodioso y pausado tintineo que se acerca y luego desaparece, coqueteando dulcemente junto a su oído.

—Yuuri.

Delante de él, Chris aparta la mirada hacia uno de los costados de la pista, donde espera el primer grupo de donceles. Víktor lo sigue por instinto y, para su sorpresa, sus ojos azules pronto se encuentran con el joven doncel japonés. Yuuri está allí, de pie, con su cuerpo envuelto en un traje que resalta cada una de sus curvas de la mejor manera. Víktor tiene que contener el silbido que amenaza con escapar de sus labios, apreciando las hermosas curvas del doncel. Sus facciones concentradas le dan un aire arrebatador que le resulta casi irresistible. Y recién entonces descubre que el rítmico y coqueto tintineo que ha danzado junto a su oído, no es más que el rastro que dejan las pequeñas campanillas que forman parte del traje del japonés.

—Yuuri luce tan erótico. Me encantaría secuestrarlo.

— ¡CHRIS!

Víktor escucha el acalorado reclamo de Josef Karpisek. Sin embargo, él no es quien para culpar a su mejor amigo. Menos aún cuando Yuuri al fin se había quitado la chaqueta, haciendo sus últimos preparativos antes de ingresar al hielo. Bastaba con dar un vistazo al público y a la prensa en general. Nadie parecía capaz de quitar su atención de la sinuosa y agradable figura del doncel japonés.

Algunos patinadores se acercan a las pantallas de la zona de precalentamiento, en compañía de uno que otro miembro de su delegación. Víktor ve a algunas damas y varones, y también a la mayoría de los donceles en competencia. Incluso distingue a Yuri, dando un disimulado paso más cerca, observando las pantallas de reojo. En su opinión esa era una actitud obstinada muy dulce, casi tanto como la del doncel de ojos rasgados y tez morena que daba pequeños saltitos emocionados. Seguramente algún buen amigo de Yuuri.

En cuanto a él, trata de permanecer bajo perfil, manteniéndose alejado sólo mirando de vez en cuando a la pantalla, para luego echar un rápido vistazo a su entrenador. Sabe que es mejor fingir algo de desinterés frente a Yakov, aún si Víktor siente que se quema por dentro a causa de la creciente curiosidad que despierta la actitud que Yuuri adopta apenas entra a la pista. Víktor lo ve en el cambio y el nuevo brillo que surge en la mirada del doncel, su cuerpo se adapta y cambia al mismo ritmo, luciendo arrebatador en cuanto termina de saludar y adopta su posición de partida.

Los primeros acordes del programa se filtran desde la puerta que da acceso a la pista. Y simplemente no puede serpiensa aturdido mientras la canción avanza y el cuerpo de Yuuri se abre y envuelve a todos con el sedoso ritmo de su coreografía. La secuencia de pasos que generalmente se deja al final, ha sido puesta deliberadamente al inicio, para aumentar el puntaje del programa y su grado de dificultad. Víktor ve a Yuuri ejecutar su primer y segundo salto de forma perfecta mientras siente como su corazón late, golpeando contra su pecho a un ritmo rápido, casi violento.

Yuuri es melodía. ¡Él es melodía! El repentino descubrimiento obliga a Víktor a dar un tentativo paso hacia un costado, dirigiendo una mirada urgente hacia Yakov, quien —para su sorpresa— parece igualmente concentrado en la pantalla. Y, de pronto, la certeza lo golpea.

No puede estar acá. No puede esperar. Víktor tiene que encontrar la manera de colarse de vuelta a la pista y ver con sus propios ojos a Yuuri realizando, aunque sea una parte de su programa corto. Así, aprovechando la distracción de la mayoría, él se aproxima a la puerta que separa a la zona de precalentamiento con el resto de la pista. Escabullirse le toma dos desesperados intentos. Sin embargo, es al tercero que logra abrir la puerta, colándose de regreso a la pista sin ser visto, o al menos eso espera.

Los seductores acordes de la guitarra y un magnífico cuádruple lutz, reciben a Víktor obligándole a contener un inesperado jadeo. Yuuri es un sueño, una maravilla. Sin embargo, se fuerza a salir del aturdimiento, apretando su dispensador de pañuelos al que se ha aferrado de forma inconsciente desde que saliera de la pista. A paso lento, Víktor se acerca hasta alcanzar la muralla de contención, ubicándose justo a un lado de la entrenadora del doncel. No sabe nada de ella, ni siquiera su nombre, aún si recuerda escasamente a Yuuri hablando de ella.

—Es impresionante, ¿verdad? —habla la mujer, sorprendiéndole mientras gira parcialmente hacia él, reconociendo su presencia—. Yuuri me hizo ensayar toda la noche hasta quedar satisfecho y conseguir esta maravilla.

—Él es increíble —confirma, sonriendo complacido, sin perder de vista al doncel.

—Me recuerda a ti, ¿sabes? Al tú de hace muchos años atrás.

Víktor calla, sin decir nada. La inquietud revolotea inquieta en su corazón, mientras se vuelve hacia la entrenadora de Yuuri con un particular brillo en sus intensos ojos azules.

—Yo, bueno —él comienza, tropezando con sus palabras, mientras sigue los últimos segundos del doncel japonés en el hielo—. Sé que es mi culpa y tal vez no lo merezco, pero me gustaría hablar con Yuuri. Necesito explicarle. Disculparme…

—Lo siento, Víktor, pero no puedo dejar que te acerques a él—interrumpe la entrenadora del doncel—. Tú mejor que nadie debe saberlo. Incluso Yuuri lo entiende. Su carrera como patinador profesional está en juicio después de verse expuesto a tantos rumores. Por eso ahora lo ves así. Yuuri necesita dejar en claro cuanto ama el patinaje artístico, no sólo a ti, al mundo entero.

Víktor aparta la mirada de Yuuri para fijarla en su entrenadora. Y tiene que reconocerlo, que hay verdad en cada una de sus palabras. Sin embargo, está cansado de lo mismo. Víktor trata de disimular su mirada ausente y opaca. Porque verse privado de Yuuri es lo último que desea, más aún cuando ahora se da cuenta de lo mucho que quiere conocerlo. Sus ojos azules vuelven hacia el doncel, ignorando la insistente y cuidadosa mirada de su entrenadora. Yuuri ha dado cierre a su programa de forma magnífica y ahora, tras despedirse de los jueces y agradecer a la bulliciosa multitud, comienza a deslizarse lentamente rumbo a la salida.

—Mh… oh, bueno —las repentinas palabras de la mujer a su lado, le obligan a regresar su atención hacia ella—, olvidé el dispensador de toallas de Yuuri. Y pensar que él realmente lo necesita

Por alguna extraña razón, Víktor no necesita que le repitan esa fingida insinuación dos veces, con una sonrisa levanta a la pequeña réplica de su preciosa Makkachin, entregándosela casualmente a la entrenadora del doncel.

—Tome. Yuuri puede usar este todo lo que quiera.

La entrenadora de Yuuri recibe el dispensador con una sonrisa torcida y una mirada curiosa, sin dejar de observar con insistencia el curioso rostro de peluche y los bonitos ojos de botón.

—Vicchan.

— ¿Vicchan? —repite Víktor, recordando de pronto las primeras palabras que le escuchara a Yuuri, tras su inesperado encuentro con Makkachin.

—No. Bueno, no tiene importancia —responde la entrenadora del doncel a toda prisa, recomponiéndose—. Bien, intentaré que Yuuri te devuelva a Vicchan lo antes posible. Pero no puedo prometer nada, Víktor. Le preguntaré y, si él quiere, encontrará la forma de acercarse a ti. Ahora no es el mejor momento para que ustedes conversen.

Aceptando la oferta, Víktor se dice que ya es suficiente. Tiene que regresar a la zona de preparación si no quiere que Yakov se de cuenta de que ha desaparecido. Sin embargo, antes de marcharse, un último vistazo revela la inesperada presencia de un teléfono móvil, descansando parcialmente oculto entre los pliegues de una chaqueta con los colores de la delegación de japonesa. Víktor se acerca y lo toma, sin pensarlo dos veces. Para su fortuna el aparato está sin contraseña.

Voy a encontrar una oportunidad para hablar contigo y pedirte disculpas, Yuuri. Y así, tú también podrás decirme quien es Vicchan.

Continuará.

Notas Finales:

Muchas gracias por leer, gracias por introducir esta historia entre sus preferencias.

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Les comento que he creado un grupo de lectores llamado Mimmulus ✿ Fanfics donde estaré subiendo noticias y compartiendo contenido tanto de YOI como de mis historias. Están cordialmente invitados a participar de esta pequeña iniciativa.

(✿◠‿◠)ɔ ~ Espero e invito a quienes lo deseen a seguir acompañándome en esta nueva aventura.

Nos vemos.

Cariños ♡

ᙢᓰᙢᘎ~

Un comentario en “Make History – Capítulo 5.

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