Capítulo V – [Hana 花]


Yuuri consideraba que el bosque donde solía vivir su hermana era extenso, mas no pensó que al disminuir su propio tamaño, esta extensión significaría algo completamente diferente. Ya no solo se trataba de calcular cuántos kilómetros de vegetación había a su alrededor, ahora el bosque parecía ser un mundo distinto. Cada árbol se veía más grande que el edificio más alto que Yuuri conociera hasta la fecha, e incluso el mismo lago se extendía frente a él como un mar inmenso que ofrecía una vista impresionante ante sus ojos.

El chico observó impresionado el centenar de plantas acuáticas que les daban la bienvenida, complementado con los capullos que aguardaban silenciosos su momento, la combinación resultaba en un hermoso paisaje.

Los colibríes aterrizaron a la orilla del lago, Seung ayudó a Phichit a bajar del ave. A pesar de las protestas del moreno, el General cargó al Rey de forma nupcial y con un gesto, indicó a los presentes que lo siguieran. Yuuri observaba con asombro a su alrededor, claro que había visto las hojas, las plantas acuáticas y los lotos que solían flotar al lado de ellas, pero verlas a esta escala era una experiencia completamente diferente. El chico observaba anonadado los detalles como los pliegues en las hojas, las raíces que sobresalían del agua y el aroma que las flores despedían. No cabía duda que la naturaleza era hermosa, Yuuri lo sabía, y comprendía la emoción de Mari por estudiar acerca de ella y también su obsesión por cuidarla.

Lo que los ojos marrones de Yuuri vieron a continuación, lo dejaron asombrado. Una hermosa cabaña (si podía llamarse así), se erigía oculta entre la vegetación. Construida con algunas plantas y pétalos de los lotos que había en el lago. Yuuri no salía de su asombro, pues era una hermosa aunque sencilla edificación.

—Y eso que no has visto mi seta. —interrumpió Plisetsky, alardeando—. Es más cómodo que vivir en un montón de hojas.

—A mi me parece más fresco —Intervino J.J.—. Aunque no niego que extraño mi antigua casa.

La mirada de advertencia de Seung hizo callar a sus dos subordinados. Phichit ya no hacía nada por ocultar su dolor, se quejaba y respiraba sonoramente, recargando su cabeza en el cuello de su general. Sin decir una palabra más, Seung se acercó a la casa y se introdujo en ella sin ningún miramiento.

—¿En dónde estamos? —preguntó Yuuri.

—Es aquí donde se supone llevaríamos a cabo la ceremonia de selección —contestó J.J. divertido de tener alguien con quien hablar.

—¿Ceremonia de Selección? —volvió a cuestionar Yuuri, realmente no entendía nada de nada. Plisetsky chasqueó la boca en señal de impaciencia. Yuuri también se molestó, no era su culpa estar en este nuevo y loco mundo así que en uno de sus arrebatos agregó—: ¿Algún problema, Yurio? 

Plisetsky lo observó asombrado, abrió la boca con molestia, pero cual pez fuera del agua la cerró no una sino dos veces. Al final, decidiendo que era mejor quedarse callado, Plisetsky solo acertó a decir que no era nada importante. 

—Comprende, Yuri, que todo esto es nuevo para él —concilió J.J., actitud que sorprendió a Yuuri, no se esperaba que el chico fuese tan empático—. No quiero imaginarme lo asustado que estaría de encontrar que puedo encogerme más.

—Yo no tengo miedo —afirmó Yuuri a la defensiva—. Solo me da curiosidad cómo funciona su mundo. ¿A ustedes no les da curiosidad cómo funciona mi mundo?

—Realmente no —se apresuró a contestar Plisetsky—. Son solo un monto de pisa-tontos lentos como no hay, que pisan y destruyen todo a su paso. 

—No entiendo ese calificativo… —intentó argumentar Yuuri, pero fue interrumpido. Seung había salido de la casita y les ordenaba entraran a ella cuanto antes. 

Una vez dentro, Yuuri observó fascinado el lugar. De haberlo visto desde su perspectiva normal, el chico juraría que no era más que una tierna y muy creativa maqueta. Las mismas plantas que conformaban la casita formaban una especie de muebles necesarios para convertirla en acogedora. Una idea pasó por la mente del muchacho, ¿cuánto pesaban realmente si, por lo que él había observado, los aguantaba un pétalo de flor? La curiosidad crecía cada vez más en Yuuri, olvidando un poco la razón principal por la que había accedido a acompañar a perfectos desconocidos a este lugar, Mari.

—¿Así que tú eres Yuuri? —el aludido dirigió su mirada al origen del sonido, el muchacho que le había hablado lo observaba sonriente. Ya que estaba vestido igual que Plisetsky y J.J., no fue difícil para Yuuri adivinar que se trataba de otro hombre hoja—. ¡Vaya! Luces casi tan lindo con Guang. 

Yuuri se sonrojó por el cumplido y Plisetsky exclamó que no era momento para esas tonterías. El chico y J.J. rieron por las ocurrencias del rubio y, con toda la confianza del mundo, el castaño extendió su mano hacía Yuuri para presentarse:

—Soy Leo de la Iglesia, es un placer conocerte.

Yuuri estrechó su mano y procedió también a presentarse. La atmósfera que rodeaba a Leo solía ser tranquila y relajante. Su carácter se notaba más amigable, por lo que Yuuri no sintió pena alguna de preguntarle acerca de los pequeños muebles hechos con los tallos de las plantas.

—Parece que conoces a la perfección el lugar —comentó con sorna Plisetsky después de cinco minutos de explicación—. Cualquiera diría que ya llevas un tiempo viviendo aquí.

Leo se sonrojó ligeramente, trastabilló un poco y sin medir las consecuencias de sus palabras, se defendió:

—Bueno, a mi no me da pena presumir a mi pareja. Recuerdo cuando tu no aceptabas que te gustaba…

—¡Leo! —intervino J.J. al ver la expresión desconcertada de Plisetsky. Yuuri lo observó con atención. Su mirada jade, por lo regular intimidante, ahora además reflejaba el dolor de quien había perdido a alguien importante. Yuuri reconocía esa mirada, pues era la misma que lo recibía al mirarse al espejo cada mañana. Mientras Leo intentaba disculparse por su torpeza, Yuuri se acercó poco a poco al rubio, quien de espaldas, no alcanzaba a notar la presencia del muchacho de lentes.

Antes de tocar el hombro del chico, Seung, junto a un muchacho de apariencia delicada aparecieron en la sala. El chico se identificó como Guan Hong Ji, el médico real.

—No tienen que preocuparse, Phichit se encuentra fuera de peligro —comentó el muchacho—. Sin embargo, la situación no es del todo alentadora.

—¿A qué te refieres? —preguntó Leo.

—Bueno… —Guang miró de soslayo a Seung, al ver que este no reaccionaba de ninguna manera, prosiguió con su respuesta—. Será mejor que lo vean con sus propios ojos.

Cuando todos hubieron subido a la habitación en donde reposaba Phichit, el chico los recibió con una débil sonrisa. Aún con todo lo que había pasado, Yuuri comenzaba a admirar el positivismo del Rey. Por estar observando este detalle, Yuuri no se percató de que todos los presentes se habían inclinado. Avergonzado, Yuuri estaba a punto de hacer lo mismo cuando fue interrumpido por la voz del Phichit.

—No es necesario que hagan eso. Yuuri, ¿puedes acercarte un momento?

Yuuri se acercó lentamente al Rey, sentía la mirada de todos sobre él y eso lo ponía ligeramente nervioso. Al final, el calor de la mano suave del soberano hizo contacto con la suya. Phichit tomó su mano con firmeza y suspiró un poco, momentos después.

—Lo sospechaba —dijo—. Yuuri, me alegra tanto que nos hayamos encontrado el día de hoy.

Yuuri correspondió el agarre del Rey e intentó contestar a la sonrisa del mismo con una propia; no obstante no pudo hacerlo en totalidad.

—Esa persona que viste se llama Anya y se ha autoproclamado como la Emperatriz de los Boggans. El día de hoy, ella intentó matarme —Yuuri contuvo un grito de la impresión. Claro que él, en su ignorancia, solo intentaba ayudar a los heridos. Había estado frente a una asesina y no había manera de que él lo supiera en ese momento.

—Muchas gracias por salvarme, Phichit-kun —se apresuró a agradecer Yuuri. Sin embargo, Phichit negó con la cabeza y continuó:

—Quien debe agradecerte, soy yo Yuuri. Tú me salvaste de Anya.

Ante la cara de confusión de todos los presentes, Phichit se aclaró la garganta y continuó:

—¿Recuerdas lo que pasó después, Yuuri? —preguntó.

Yuuri hizo un poco de memoria, no le costó mucho trabajo. Los recuerdos seguían vívidos en su mente, después de todo:

—Anya intentó acercarse, pero entonces algo impidió que cumpliera su objetivo ya que  salió volando por los aires.

—No fue algo, Yuuri, fuiste tú. 

Los presentes dirigieron su mirada al Rey Chulanont, algunos como Plisetsky susurraron expresiones que sonaban a “no es posible”. De antemano todos sabían que un humano no poseía tales poderes.

—Lo que quiero decir. —agregó el Rey para aclarar los detalles de lo sucedido—. Es que de alguna forma parte de mis poderes se han transferido a ti debido al trueno, y eso fue lo que te permitió repeler a Anya en ese momento. 

Todos comentaron en voz baja sus impresiones. Por su parte, Yuuri no podía creer lo que estaba sucediendo. Si en algún momento el chico volvió a pensar que esto era un sueño, ahora terminaba por descartarlo completamente. Yuuri dudaba tener la capacidad de soñar con tantos detalles, era demasiado, su imaginación no daba para tanto. Aun así, el hecho de que Phichit le mencionara que poseía sus poderes, era ilógico para él.

—Eso no es posible. Yo solo soy un humano. —Yuuri señaló con un gesto a Plisetsky—. Ellos no han dejado de repetirlo. Yo no puedo tener poderes.

—No son tuyos, son míos y ni siquiera es todo mi poder. Tranquilo —argumentó Phichit, quien sonrió luego de ver la expresión de Yuuri—. Sé lo que estás pensando, ¿cómo lo sé? Puedo sentir ese poder al tocarte.

Instintivamente, Yuuri se soltó del agarre de Phichit. Estaba confundido y asustado. ¿Qué haría él con un poder que no era suyo? ¿Cómo se había adueñado de él? ¿Tendría alguna consecuencia haberlo hecho?

—Será mejor que le digas lo que acordamos —inquirió Seung. Phichit aclaró su garganta y con tono vehemente continuó:

—Podemos encontrar una solución. Lo cierto es que no puedes quedarte con estos poderes. Como bien dices, solo eres un humano. 

—Escuchar eso es un alivio —respondió en medio de su confusión, Yuuri. A ciencia cierta, le chico no sabía qué más decir.

—Para eso… bueno, Yuuri vamos a necesitar…

—Estamos contra reloj —Seung se adelantó. Se acercó a la cama donde reposaba Phichit y se encargó de enseñarle a Yuuri lo que ocurría. En el costado izquierdo, donde Phichit había sido alcanzado por la flecha, en lugar de sangre (como lo que Yuuri se hubiera imaginado), se adivinaban pequeñas y asquerosas agallas que comenzaban a formarse en el cuerpo del Rey. Phichit manoteó molesto y ocultó con toda la rapidez que pudo la herida; sin embargo, ya era tarde, todos los presentes la habían observado. Ignorando la mirada molesta de su pareja, Seung continuó—: tenemos hasta mañana o el Rey morirá.

Yuuri sintió el peso de las últimas palabras caer a su estómago. 

Yuuri se encontraba sentado sobre las plantas flotantes. Como lo había supuesto horas antes, ellos eran tan ligeros como para sostener su peso sobre ellas. El ligero vaivén del lago le servía al chico para relajarse. Había pasado mucho en tan poco tiempo, de un momento se había encogido de tamaño y luego, resultaba que además, tenía poderes extraños y era partícipe de una guerra en la que no sabía que estaba invitado. Como le había dicho Phichit, su vida corría peligro; sin embargo, esa era la cuestión que menos le importaba al muchacho. 

Phichit era comprensivo. Entendía que Yuuri necesitaba su espacio para meditar. Seung, por otra parte, instaba a todos a emprender la búsqueda para devolver cada cosa a su lugar. Yuuri había aceptado ir con ellos, pero por ahora, solo observaba el lago y meditaba cuánto había cambiado su vida.

—Sé que estás ahí, no es necesario que te escondas —murmuró Yuuri. De inmediato, la delgada figura de Yuri Plisetsky hizo su aparición. En un intento de darle su espacio a su tocayo, el chico se sentó alejado de él—. ¿Es hora de irnos?

—Aún no —contestó el rubio, bajando la mirada.

—¿Entonces? —volvió a preguntar Yuuri. Plisetsky carraspeó e intentó ocultar el leve sonrojo que nació de sus mejillas. Yuuri sonrió un poco, la preocupación del rubio lo ayudaba a sentirse un poco mejor—. ¿Estás preocupado por mi?

—¡Claro que no! —Plisetsky contestó a la defensiva—. Solo cuido tu trasero por si un boggan aparece. 

—Gracias. —se sinceró Yuuri. Él sabía las intenciones del rubio, no podía más que agradecerlas—. No entiendo muy bien porqué te preocupas por mi, pero gracias. 

—Es lo que Mari hubiera querido —argumentó Yuri, había ocultado su rostro entre sus brazos por lo que Yuuri era incapaz de ver la expresión en su rostro—. Ella querría que estuvieras a salvo.

—¿Conociste a Mari? —inquirió Yuuri, Plisetsky asintió con una ligera sonrisa.

—Ella era muy divertida y sarcástica —mencionó el rubio—. Me caía muy bien. 

—Así es ella —coincidió Yuuri, sonriendo con nostalgia—. ¿Tú podrías decirme dónde…?

Pero el final de la pregunta nunca llegó, con los reflejos adquiridos de toda una vida de entrenamiento, Plisetsky se paró de su lugar y tomó del brazo a Yuuri, para juntos, ocultarse entre las plantas que crecían al inicio del enorme lago. 

—¿Qué sucede? —susurró Yuuri con tono de alarma en la voz.

—Alguien nos está observando —apremió Plisetsky. 

En guardia, después de desenvainar su espada, Yuri esperó paciente por una señal de ataque. Yuuri pegó un grito del susto, pues una figura encapuchada irrumpió frente a ellos y atacó a Plisetsky con una espada hecha de huesos, probablemente de la misma rata a la que pertenecía la piel que el sujeto vestía. Con energía y potencia, el rubio contestó el ataque, mandando de un empujón varios centímetros atrás a su adversario. Las ondas provocadas por el choque de ambas espadas, provocaron que Yuuri trastabillara y buscara detenerse con el tallo de la planta más cercana.

—¡Quédate ahí, yo acabaré con él! —ordenó Plisetsky, quien saltó con extrema habilidad por cada una de las plantas. Al llegar cerca de su contrincante, el sujeto volvió a chocar espadas con él, ambos aguantando, frente a frente, sin ceder a la fuerza de su adversario.

La fuerza de ambos era similar. La fortaleza de Plisetsky nada tenía que ver con su cuerpo delgado, pues aprovechando el momento, el rubio logró empujar con la espada a su adversario, de inmediato ambos comenzaron a chocarlas con impresionante rapidez. Yuuri observaba asombrado la batalla, o lo que podía, la velocidad de ambos era imposible de seguir para la vista del chico de lentes. 

Era simplemente impresionante.

—¿Eso es todo lo que tienes? —vociferó el rubio, después de haber chocado una vez más las espadas, ambos se separaron, agotados—. ¡Contesta, carajo! ¿Has venido a espiarnos?

—Yo solo cumplo órdenes —el sujeto se bajó la capucha. Yuuri vio con horror, como Plisetsky se quedaba paralizado ante la presencia del muchacho de cabello oscuro que se acercaba dispuesto a atravesarlo con la espada. Como pudo, Yuuri comenzó a correr en su dirección. Él esperaba que Plisetsky reaccionara pronto; no obstante, antes de llegar una nueva presencia arrojó al contrincante del rubio más lejos de lo que Yuri lo había hecho anteriormente. J.J. había aparecido a tiempo y ahora se ponía en posición de guardia para sustituir a Yuri en el combate.

—Tiempo sin vernos, Otabek —saludó J.J. aunque su expresión confiada siempre prevalecía, Yuuri observó que tampoco estaba del todo cómodo peleando contra ese adversario—. ¿Ahora Anya los está usando como espías?

—Eso no les incumbe —contestó Otabek, quien sin agregar nada más procedió a huir de ahí. Seguido de cerca de J.J., quien no lo dejaría escapar tan fácilmente.

—¡Yuri! —Yuuri terminó por acercarse al rubio, que seguía hincado en el suelo. Observaba el lugar por donde habían desaparecido J.J. y Otabek—. ¿Estás bien, Yuri?

—¡Maldición! —Yuri golpeó la planta con los puños con toda su fuerza, ambos se tambalearon con el golpe, pero eso no inmutó a rubio—. ¡Esto es una mierda! ¡Maldición!

—Tranquilo, Yuri…

—Estuvo frente a mi y no me reconoció… —Yuuri observó la espalda del rubio, temblaba ligeramente, producto del llanto y la frustración—. Él no me reconoció y yo no pude hacer nada… ¡no pude mover ni un puto músculo!

Yuuri solo atinó a tocar el hombro del rubio. Como todo en ese día, no entendía lo que pasaba, sin embargo, tampoco podía dejar que el chico se quebrara bajo toda su frustración.

—No acabo de entender lo que sucede, pero estoy aquí. Tranquilo.

Después de un momento, Yuri se calmó un poco. Limpió disimuladamente sus lágrimas y Yuuri observó sus ojos jade bañados en rojo, producto del llanto reciente. 

—Cuando Anya tomó el poder de los Boggans, ella consiguió la forma de hacerse con alguno de nuestros hombres —explicó Yuri, Katsuki lo miró atento—. Entre ellos, logró hechizar a tres elementos de nuestro equipo de élite. A la fecha, hemos sufrido de las bajas de nuestros hombres bajo su hechizo a lo largo de las batallas; sin embargo, la cercanía con Anya y la habilidad de Georgie, Mila y Otabek nos ha impedido hacerlos regresar a la normalidad.

Yuuri entendió la reacción del rubio y sintió pena por él. No se quería imaginar qué se sentía pelear contra un amigo y que este no te reconociera. 

—Lo siento mucho.

—No es tu culpa —replicó—. Con la ceremonia de selección y renovación quizás logremos revertir este hechizo, sin embargo, ahora estamos atorados contigo y la lesión de Phichit.

—Respecto a eso…

—Sé que nos ayudarás. Descuida. —Repuso el rubio, por primera vez, Yuuri observó un dejo de sonrisa en su rostro—. Mari me contó que eres incapaz de romper una promesa. Después de todo, eso es lo que te mantiene en este lugar. Ahora, vamos con Seung. El general querrá saber todos los detalles de la aparición de Otabek y también, debemos movernos pronto, este lugar ya no es seguro.

¡Hola!

Aquí yo reportándome con un nuevo capítulo. Espero les siga emocionando este fic tanto como a mi 😀

De antemano, muchas gracias por su estrellitas y comentarios. Espero volver pronto con un nuevo capítulo 😀

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

Un comentario en “Capítulo V – [Hana 花]

  1. Mi phichit esta grave omg, ;___; salem te dare chanclazo como mendejes morir al.phichito 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 en serio ahhh pero amo la historiaaaaaaa

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