El tiempo pasa (El fin de amar)

Yuuri caminaba por los pasillos del palacio real del Reino de Cristal, era la primera vez en seis años que visitaba ese lugar; desde que se marchó a desposarse con Víctor no había vuelto a ver a su padre. En sus brazos cargaba una bebé que no superaba los cinco meses desde su nacimiento. LaSigue leyendo «El tiempo pasa (El fin de amar)»

Juntos otra vez (El fin de amar)

Otabek había llegado al punto de encuentro antes de la salida del sol. El palacio de Plata estaba a tres días galopando sin descanso, más que los absolutamente necesarios para comer y dormir, y él minimizó al máximo las horas de sueño. Estaba cansado, al igual que su caballo, pero el ansia por llegar aSigue leyendo «Juntos otra vez (El fin de amar)»

El plan (El fin de amar)

Víctor se encontraba en una reunión mientras las niñas y Yukio tomaban clases particulares. La educación de las princesas siempre había sido exigente, y ahora Yukio también debía adaptarse a ella, aunque los profesores habían sido instruidos en darle el tiempo necesario para tomar el ritmo; lamentablemente en el hogar donde vivió todos esos añosSigue leyendo «El plan (El fin de amar)»

Un momento perfecto (El fin de amar)

Yuuri había salido del Reino de Cristal escoltado por Otabek Altin. Al igual que la vez en que Yulia iba camino a contraer matrimonio, Otabek fue enviado a servir a su príncipe en el reino vecino. Tendría que separarse de Yurio. Y aunque ambos lo resintieron, estuvieron de acuerdo en hacerlo, en ese momento ambosSigue leyendo «Un momento perfecto (El fin de amar)»

Interludios (El fin de amar)

Yurio aún no sabía cómo sentirse con respecto a la confesión que le hizo Otabek. Sabía que era estúpido, pero sentía celos, después de todo siempre fue comparado con ella “parecen dos gotas de agua” o “es tan hermoso como su hermana mayor”, eran frases que frecuentemente le dirigían. Y ahora tenía terror de queSigue leyendo «Interludios (El fin de amar)»

Verdad revelada (El fin de amar)

—Yuuri, te amo.  —Yo también te amo. —¿Estás seguro de esto? —Confío en ti. Huiré contigo, iré donde me lleves.  —Mi hermoso príncipe, mi perfumado lirio. Estaremos siempre juntos.  Los amantes se besaron resguardados por la oscuridad de la noche, y la luna fue la única testigo de la mutua entrega de sus cuerpos. 

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