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9. Sé tu secreto – Al final del Verano


Despertar al día siguiente junto a Yuri no tuvo nada de romántico. No es romántico que un chico esté completamente estirado, con la cara en la almohada, la boca abierta y haciendo ruidos extraños. Me pareció ver su lado más infantil y despreocupado.

Pero cuando notó el movimiento de mi cuerpo todo cambió, se acurrucó como un gato y al instante buscó mis brazos. Lo abrigué una vez más y acomodé sus cabellos desgreñados para observar su rostro apacible durmiendo junto a mí.

Hubiera deseado quedarme así por siempre, pero esa mañana tenía que hacer algo urgente y debía ir al Templo para entregar material, así que tenía que darme prisa. Una ducha fría arreglaría mejor las cosas.

Antes de salir de la suite seiscientos tres, me despedí de Yuri con un beso en la frente. Las gotas de mi cabello mojado que cayeron sobre sus mejillas lo terminaron de despertar.

—¿Dónde vas? — Abrió a penas los ojos.

—Voy al Templo a esta hora debe estar el administrador y tengo que hablar con él. —Acaricié con cuidado su mejilla—. Te recojo a medio día, si puedo antes lo haré.

En la recepción del hotel vi al administrador que estaba dando órdenes a los botones y recibiendo un grupo grande de turistas, al parecer chinos. Él se me quedó mirando con detenimiento y sentí que debía salir de inmediato, así que apreté los pasos hasta llegar al estacionamiento.

En el Templo esperé por diez minutos a Mikel, el administrador, un moreno alto de cabello hirsuto y músculos muy desarrollados. Estaba ocupado con algunos proveedores y cuando me atendió le pedí que me diera esa noche libre.

—Me deben más noches libres, pero solo te pido esta, yo estuve coordinando con Bass y no tiene problemas para traer hoy un invitado especial y armar la fiesta. —Estaba muy ansioso y era notorio por mi forma apresurada de hablar.

—No lo sé Otabek, sabes que esta clase de pedidos deben ser hechos con anticipación, Víctor podría incomodarse por lo sorpresivo. —Sabía que él tenía razón, pero ¿cómo explicarle a Mikel que quería hacer que esa noche sea mucho más especial para Yuri? Imposible.

—¿Podría permutar mi horario con el de Bass? —Al ver que no era posible convencerlo decidí que de alguna manera tenía que salir temprano de la discoteca.

—Está bien, toma el primer show. —Aceptó con pocas ganas —. Pero que sea la última vez Otabek.

Llamé a Bastijn y después de pedirle unas seis veces y de diferentes maneras que cambiáramos horarios logré convencerlo, esa noche él tendría la responsabilidad de poner el ambiente para la presentación de los gemelos y yo llevaría a Yuri a un lugar especial. Noche de tapas, vino, un concierto al aire libre de música de cámara como la que él solía tocar en el piano y… mi departamento. Tendría que convencer a los chicos de ir a otro lugar.

Hablé con un amigo del Ushuaia para que dejen entrar a Emil y Guang Hong, era la fiesta de espuma de la discoteca y seguramente esos dos estarían más que entretenidos con la presentación del concurso de camisetas mojadas que venían promoviendo desde el inicio de temporada. Esa noche sería la final. Confirmé sus entradas y solo me restaba conversar con Sala y Michele para que pudieran coordinar su presentación junto a Bass.

Le llamé y respondió al segundo intento.

—Beeekaaaa —ella dijo mi nuevo nombre con algo de gracia—. Perdón salía recién de la ducha por eso no pude responder antes.

—Sala hoy no podré ponerles la música voy a tomar el primer show del Templo. —Mientras me dirigía al estacionamiento en busca de mi moto trataba de decirle todo de una vez—. Pero Bass como siempre irá esta noche temprano para que puedan coordinar.

—¿Será que tienes planes para salir con ese chico ruso? —Sala había adivinado, yo me quedé callado—. Otabek, ¿qué tanto sabes de ese muchacho? Quiero decir, ¿realmente lo conoces bien, sabes lo que en verdad hace por la vida?

­—¿Qué sucede Sala? ¿Por qué me hablas de esa manera? —Noté un tono de preocupación en su voz.

—Víctor nos mostró anoche información muy interesante de tu amigo, le había caído tan bien y como dijiste que es una figura reconocida de su país, se interesó mucho. Parece que investigó en las redes y páginas y nos mostró todos los artículos escritos sobre tu Yuri. ─¿Artículos sobre Yuri?, No entendí bien qué quería decir con eso y Sala no dejaba de hablar—. Voy a enviarte ahora mismo la información que Víctor compartió con nosotros. ¡Ah! y respecto a lo de esta noche no te preocupes amigo, iremos temprano a la discoteca a coordinar con Bass.

Esperé un par de minutos por esa información, yo supuse que se trataba de algo relacionado con la música, conciertos de piano, tal vez la participación en alguna orquesta importante de su país. ¿qué más podría ser?, ¿algo malo?, ¿Yuri me habría mentido y ocultado algo de él?, ¿por qué lo haría?

Cuando abrí los enlaces que me envió Sala entendí perfectamente que Yuri no me había dicho la verdad… o por lo menos no toda la verdad. Me quedé unos minutos repasando la información que podía entender y volví con prisa al Templo debía hablar nuevamente con Mikel para confirmar la permuta.

Llegué al hotel una hora después del mediodía, estaba algo confuso y quería aclarar el tema con Yuri, quería saber su versión y sobre todo conocer los motivos por qué me engañó de esa manera absurda. Vi mi cara de limón en el espejo así que respiré profundo y decidí hablar con la mayor calma posible.

—Dijiste medio día o antes de mediodía. —Estaba molesto y su expresión volvía a convertirlo en el gato salvaje del día que lo conocí— ¿Te has fijado qué hora es? Sé que tenías que hacer muchas cosas, pero por lo menos pudiste haberme llamado…

—Yuri, debemos hablar seriamente así que te pido abandones esa postura infantil y me escuches —Me mostré muy serio—. Conozco tu secreto Yuri Plisetsky y quiero que me digas tu versión.

Lo vi palidecer, sus ojos se convirtieron en enormes faros de luz esmeralda, parecía que dejó de respirar y lo vi tensionando sus brazos a los costados y elevando sus hombros.

—¿A qué te refieres? —Dubitativo me miró a los ojos sin responder a mi pregunta.

—Yuri, creo que sabes muy bien de lo que hablo y si en verdad sientes un poco de aprecio por mí deberías en este momento decirme qué es aquello que hasta ahora vienes ocultando sobre tu vida en Rusia. ─Lo miré sin parpadear, quería la verdad.

—Mi vida… mi madre no quería que yo viniera, pero mi abuelo insistió que debía darme esta oportunidad, allá las cosas son difíciles… yo quise venir para alejarme de todo eso Beka. —Lo vi confuso tratando de hilar las ideas o inventar algún argumento, así que decidí no jugar más a la adivinanza.

—Yuri me refiero a esto. —Tomé el móvil y le mostré en la pantalla el cartel y toda la información que Sala me pasó minutos atrás.

Yuri dio una breve mirada a toda esos artículos y carteles que aparecían, cerró la sesión y me devolvió el aparato.

—Bien, ya lo sabes ahora, yo no quise decírtelo porque me parecía arrogante de mi parte y no quería que me veas como algo fuera de este mundo, extraño, inalcanzable. —Vajó la cabeza y su tono de voz—. Es así como siempre me trataron las personas que recién me conocían y desde que te vi quise que me trataras como al resto de la gente.

Lo miré y me puse un rato en su posición. Yuri tenía razón. Si un chico se presenta y te dice de primer plano que es un gran concertista de piano, aspirante a ocupar un lugar importante entre los Virtuosos de Moscú con los que compartió algunas temporadas, que desde muy pequeño ganó el reconocimiento en su país y en algunos circuitos en Europa, pensaría que está alardeando y no dudaría en dejarlo de lado.

No quise ahondar mi enojo, Yuri no merecía una mala palabra, un tono amargo o una mirada de enfado, él estaba pasando sus últimos dos días en Ibiza y lo hacía esperando que yo fuese un buen compañero para él.

—Yuri —Puse mi mano en su hombro—, no te sientas mal, perdóname, no quise ser rudo contigo. Me sorprendí mucho por toda esa información y por el hecho que no me dijeras nada de tu verdadera actividad.

Me miró pidiendo más arrepentimiento de mi parte.

—Entiendo que desees pasar de incognito, pero no quiero que me guardes secretos, eres lo más hermoso que me ha sucedido hasta ahora y quiero todo de ti. Si brillas como una estrella o si vas a ser un chico más de la calle, estarás siempre aquí Yuri Plisetsky. —Señalé el centro de mi pecho y busqué con mis ojos su mirada que aún guardaba enojo—. ¿Me perdonas?

—Perdóname tú a mí, no quise ocultarte esto. —Nuevamente los destellos de sus ojos invadieron mi alma—. Sí estaba dispuesto a decírtelo, pero no encontraba el momento adecuado y los días pasaron y… yo solo quiero que me lleves a pasear, caminar junto a ti, tomar un trago, comer algo, escuchar música o bañarme en la playa. Lo que ves en los carteles no me hace distinto a ti o a tus amigos.

—Yuri, prométeme que nunca me ocultarás nada de ti. —Rocé su mano—. Ni tus momentos más exitosos, ni tus caídas, ni tu alegría o tu tristeza, tus miedos y tus problemas, tus sueños, tus gustos, tus palabrotas y tu sonrisa.

Vi como su rostro se encendió, creo que me excedí en halagos y palabras cursis, esas que salen del corazón y que todos ridiculizan, pero que dicen muchas verdades cuando uno ama en serio.

Yuri agachó la cabeza, para luego volverla a subir y mostrarme una mirada cargada de sensualidad y picardía que me desestabilizó por completo.

—Ya, te lo prometo, ahora prométeme que me vas a llevar a un buen restaurante a comer en grande porque me muero de hambre. —Alzó la ceja y amenazó—: Y deja de mirarme con cara de tonto.

Le sonreí, solo pude hacer eso frente a todo ese mar de gente que caminaba alrededor nuestro, entonces vi al administrador del hotel observando desde la ventana de la entrada nuestra conversación, estaba como siempre muy serio y en cuanto me vio fingió una sonrisa y saludó con un movimiento de cabeza.

—Yuri, mejor nos vamos de aquí. —Me encaminé hacia la moto y nos dirigimos a uno de los lugares más representativos de la comida ibicenca donde conseguí una mesa.

Esa noche iríamos al Templo. No pensaba dejar a mi lindo chico esperando en algún lugar, aunque ese lugar fuera mi habitación, lo quería junto a mi todo el tiempo, pero antes hice algo que me pareció justo.

Llegamos cerca de las seis de la tarde al estudio de música de una amiga. Ana José la ex novia de Mikel. Ella tenía un pequeño taller donde dictaba clases particulares a varios grupos de niños y adolescentes de la isla, la música de cámara era su especialidad. Aparqué frente al edificio donde se ubicaba su estudio y al ver el anuncio, Yuri se quedó sentado en la moto.

—Me viste trabajar la otra noche, fue muy difícil hacerte entrar al Templo, ahora quiero ver algo más de ti. —Le mostré mi mirada más seria.

—No, no estoy preparado, además hace un buen tiempo que no toco el piano con habilidad de concierto. —Siguió sentado y desvió la mirada.

—Yuri, me lo debes por no decirme tu verdad. —Quería saber todo de él y verlo tocar un piano clásico era la mejor forma de conocerlo un poco más—. Solo una pieza. No te pediré más.

Bajó de la moto de mala gana, caminó alejándose de mí, no ingresó al estudio cuando mi amiga nos atendió. Yo solo le expliqué que mi amigo había querido demostrarme que sí era buen pianista y le pedí que nos permitiera aprovechar unos minutos con el hermoso Stainway & Son que su abuela le había regalado. Cosas de chicos, le dije para no darle más explicación.

No éramos muy cercanos con Ana José, mucho menos desde que ella y Mikel terminaron, pero siempre que nos veíamos en cualquier lugar nos hablamos muy bien. Así que ella aceptó el pedido a cambio de unos pases para la fiesta de final de verano. El trato estaba hecho.

Salí y vi que Yuri no se había movido de la puerta del estudio de música, le dije que teníamos el tiempo exacto para que me demuestre algo de su arte, antes que mi amiga inicie la siguiente clase. Caminó arrastrando los pies, lo bueno fue que no se negó.

Dentro del salón, Ana José explicó en español a los alumnos que estaban de salida y los pocos que habían llegado que una persona muy especial llegada desde Rusia les iba a dar una clase de demostración con el piano, así que pidió a los pequeños y pequeñas que se sentaran en los costados del salón.

Volvió a nosotros y observó con cierta curiosidad a Yuri, le preguntó qué pieza desearía tocar para buscar la partitura. Yuri le pidió algo de Mozart y se dirigió hacia el gran piano de cola, lo acarició por breves segundos, parecía que estaba presentándose ante él.

Observé a Ana entregarle una de las partituras que Yuri acomodó en el atril. Yo recordé que ella y Mikel eran inseparables, hasta que se enteró que él se había casado dos años antes de conocerla y no le dijo nada. En verdad Mikel era un hombre casado, pero solo lo hizo para que su compañera de instituto pueda obtener la nacionalidad. Tenía que esperar un tiempo para tramitar el divorcio. Ana no le creyó o no quiso creer y desde esa vez nunca más volví a verla en El Templo.

Cuando todo estuvo listo, Yuri se sentó en el pequeño taburete acomodó las mangas de su chamarra y empezó a deslizar sus manos sobre las teclas.  En cuanto comenzaron a escucharse las primeras melodías de la obra, se transformó por completo. La expresión de su rostro se tornó más dulce y llena de alegría, sus ojos parecían mirar un mundo distinto frente a él, sus manos se movían con tanta suavidad, velocidad y precisión que era difícil observar todos sus movimientos.

La melodía colmó el espacio. Era Mozart, ese rato reconocí el estilo alegre y vivaz del compositor y no me equivoqué. Yuri me dijo después que se trataba de la Sonata número dieciséis en Do mayor del genio austriaco.

No fui el único que quedó encantado con la demostración, las pequeñas alumnas lo observaron con admiración y Ana José no despegó sus grandes ojos negros ni un segundo de la interpretación que hizo. Al final y con un delicado movimiento de su cuerpo, Yuri agradeció los aplausos y dejó atrás al gran piano de cola negro.

Tras los aplausos, el entusiasmo de las niñas fue tan grande que todas le pidieron autógrafos, quisieron tomarse fotos con él, parecían mariposas revoloteando en torno a Yuri. No sé cómo mi querido concertista se mostró amable con todas ellas, en especial con Ana José que fue durante esos minutos la más entusiasta admiradora del genio ruso. Genialidad que supe después la heredó de su famosísima madre.

—A eso me refería cuando te dije que no quería que alguien supiera sobre mi relación con la música. —Yuri me jaló del brazo a viva fuerza fuera del estudio.

—Fue hermoso Yuri. —Seguro puse mi cara de bobo una vez más, él me arrastró hacia la calle.

Luego de sacarme del trance en el que me quedé al contemplar la belleza en la interpretación de Yuri, corrimos hacia El Templo, el primer show tenía que empezar y yo todavía no había preparado mi material.

A esa hora la discoteca estaba medio vacía, así que experimenté un poco en la cabina. Yuri se sentó a mi lado y juntos armamos mezclas muy interesantes. Sin duda, Yuri sabía mucho de música y conocía un gran repertorio que no se limitaba a los grandes de la música clásica, así que le fue fácil escuchar en interno los temas y señalarme los nombres para que los pusiera y jugara con ellos. Así pasaron cuatro horas mágicas que se fueron sin pensar, cuatro horas que quedaron arraigadas en mis oídos y mi pecho.

Al salir del Templo manejé a toda prisa para llegar rápido al departamento, la noche estaba fresca y solo nos detuvimos para comprar unas tapas. Yuri no quiso conciertos, ni vino, ni luces. Quería estar a solas conmigo y yo moría por tenerlo solo para mí.

El ambiente en casa era especial, algo de jazz blues y pocas luces, vodka tonic y la voz de Nina Simone diciendo “tú no sabes bebé, como es amar a alguien como yo te amo”. (1)

Labios incansables, fuego en la mirada, seda entre mis manos. Ese fue Yuri para mí toda la noche, besé su tibio cuerpo de pies a cabeza. Me enredé entre sus finos y dorados cabellos, bebí de los manantiales de su boca, exploré entre sus entrañas hirvientes, me rendí una vez más ante toda su belleza.

Sus ojos me invitaron una y otra vez a ser su hombre, a reclamar como mía su suave carne y con cada golpe de mis caderas abrirnos paso hacia el efímero paraíso del placer.

¿Cuántas veces surqué su piel con furia y absorbí sus hinchados labios?, ¿cuántas veces pronunció mi nombre mientras se corría entre mis brazos?, ¿cuántas veces apretó mi sexo en su interior provocando las sensaciones más ardientes y gozosas que jamás había sentido?, ¿cuántas veces ahogué sus gritos con el ardor de mi boca? y ¿cuántas veces volvió a provocarme con una caricia lasciva, una mirada insinuante o un beso profundo?

No las conté.

Solo recuerdo su calor, su aliento, sus besos, sus palabras sucias que sonaban como melodía, sus gemidos desgarrados, su piel húmeda resbalando sobre la mía, su líquido lechoso escurriendo entre mis dedos y sus ojos, sus hermosos ojos, sus provocativos ojos que me miraban cargados de lujuria.

Su olor y el mío crearon un aroma nuevo, su sabor dulce y salado me dejaba con ganas de más, el roce de su palpitante pene contra mi vientre me provocaba invadirlo con más fuerza, el ritmo de sus caderas subiendo y bajando sobre mi cuerpo producían una vibración placentera que avivaba mis instintos.

Yuri, mi bello chico ruso, mi hermoso genio del piano, mi amante ardiente, mi gato montés, me tuvo cautivo de su impudicia y pendiente de sus mínimos deseos lujuriosos.

Me gustó ser su prisionero y me fascinó ser su carcelero hasta el amanecer.

Notas de autor.

  • Coro de la canción To Love Somebody de Nina Simone, ella fue una compositora, cantante y pianista estadounidense de jazz, blues, rhythm and blues y soul. Conocida también con el sobrenombre de Alta Sacerdotisa del soul. Lanzó el álbum Love Somebody en 1969 con RCA studios.
  • Quiero pedir disculpas por el retraso en la publicación de los capítulos, fue algo involuntario. Además quiero comunicar a mis queridas lectoras que estaré subiendo los capítulos con más frecuencia.
  • Espero que sigan disfrutando la historia y muchas gracias por leerla
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Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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