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7. Déjame entrar en tu corazón – Al final del verano


Desperté con el ruido que hicieron Emile y Guang Hong cuando llegaron a casa y durante media hora no pude conciliar el sueño. Es tan incómodo dormir en un lugar que no sea tu propia cama y sobre tu propia almohada, pero mi motivo justificaba cualquier molestia.

La luz de la mañana se colaba por las delgadas rendijas que dejaban las cortinas y se sumó el bullicio que la encargada de la limpieza hacía en ese instante. No tuve más remedio que levantarme e ir a la playa a despejar mi cabeza.

Dejé que Yuri durmiera un rato más, se veía tan apacible que no tuve corazón para hacerle despertar.

Después de caminar un buen rato, me quedé sentado cerca de las escaleras que llevan a la avenida. Todo pasaba muy rápido en mi mente, la presentación con Darko Dee, mi futuro y ese sentimiento que se apoderaba de mí sin encontrar barreras. Estaba tan metido en mis pensamientos que no me di cuenta que Yuri se encontraba a mi espalda. Debió estar observándome por algunos minutos.

—¿Dónde te perdiste, Beka? —La mano de Yuri rozó mi hombro.

—Por aquí y por allá, buscaba algo de tranquilidad. ­—El tigre ruso estaba hecho un desastre.

—Yo tampoco debí beber tanto. —Yuri desvió la mirada hacia la playa—. ¿Hice algo indebido?

—¿Además de bailar alrededor del fuego como si fueras el brujo de una tribu? —Vi que su rostro se encendía como el sol de la tarde—. No

—¿Qué haremos hoy? ­ ─Seguro que esperaba algo especial.

—Si quieres podemos pasear en mi moto —le dije al tiempo que me ponía en pie—. Hay lugares espectaculares que podría mostrarte, pero si ya te sientes muy bien podemos dar un paseo en una embarcación rumbo a las islas cercanas. —Lo vi dudar.

—Vamos a las islas, Beka. —Sus ojos reflejaron la ansiedad que solo muestran los niños pequeños frente a un regalo.

Era temprano así que tuvimos tiempo de pasar por el hotel para que Yuri se refrescara y cambiara de ropa. Como siempre el solícito administrador nos saludó y preguntó por nuestro periplo. Luego nos recomendó la empresa de un amigo y dijo que lo llamaría. Eso determinó qué rumbo tomaríamos ese día.

El velero nos llevó por Atlantis y sus extrañas formaciones rocosas, nos detuvimos en sus tranquilas aguas para nadar un buen rato y tomar muchas vistas espectaculares. El guía nos dijo que con los cortes hechos en la roca se construyó la fortaleza de Ibiza. Estar en ese lugar nos dio la sensación de nadar en una enorme piscina de aguas cristalinas.

Luego de una deliciosa barbacoa en la proa, el barco se dirigió a los islotes que estaban frente a nosotros: Es Vedra y Es Vedranell. Gigantescas rocas que sobresalen del mar y que Yuri no dudo en fotografiar todo el tiempo. Por supuesto que yo tomé cientos de vistas de él con ese maravilloso fondo y algunas selfies en las que hicimos caras y gestos graciosos.

Cuando llegó la hora de regresar Yuri se mostraba algo callado. Pensé que tal vez el viaje le sentó mal o no le gustó del todo. Los dos teníamos los ojos puestos en la costa y observábamos en silencio los espectaculares paisajes de las playas y calas que dibujaban sus mejores colores a esa hora de la tarde.

Contemplé por unos minutos el perfil de Yuri, sus cabellos agitados por el viento, su pequeña y puntiaguda nariz, sus ojos que a cada instante reflejaban el color del mar, su suave mentón, sus ángulos perfectos. Él pareció notar mi embeleso y dejó que lo observara por unos minutos más.

En forma inesperada posó sus ojos sobre mí. Eran en verdad hermosos, no solo sus destellos aguamarina, también todos los mensajes que decían y que yo quería interpretar. Los ojos hablan mucho más que los labios y los ojos de Yuri eran poesía, hablaban de intensidad y de vida.

—¿Ahora donde iremos? —preguntó sin quitarme la mirada de encima.

—No puedo llevarte a otras discotecas, no tengo influencias en ellas, pero podemos pasear por el puerto, estar un rato en las terrazas o tal vez quieres ir de tapas. —Me pregunté cómo podía contentar a este chico ruso que me pedía algo mucho más especial con la mirada.

—Otabek —Oírlo decir mi nombre me causó sorpresa—, quiero estar a solas contigo, no quiero gente ni música reventando mis oídos ni tragos. Tampoco paseos. Quiero que estemos solos tú y yo.

—En mi casa no te garantizo soledad absoluta, Yuri. — Sabía que los chicos aparecerían en cualquier momento y tal vez lo harían en compañía de alguna chica o una docena de ellas.

—Entonces acompáñame al hotel a cambiarme y luego veremos. —Parecía algo desilusionado.

No era problemático estar junto a Yuri, yo también quería un momento a solas con él, pero desde ese instante una gran preocupación empezó a morder mi cabeza como un pequeño roedor. ¿Qué hago si Yuri desea algo más que un beso o un abrazo o una caricia? Me entusiasmaba la idea, pero siendo sincero, no sabía cómo abordar a un chico.

No quise que se sintiera mal por mi indecisión, me acerqué más a él y con el meñique acaricié el dorso de su mano. Yuri respondió de igual manera y enlazamos nuestros dedos por algunos minutos mientras seguimos contemplando el puerto que cada vez estaba más cerca.

El sol comenzó a caer una vez más, aún no se encendían las luces en las costas, a pesar que algo de penumbra las cubría ya. El vaivén de las olas nos mecía con suavidad, el paseo estaba a punto de terminar y mi corazón me dijo que no termine de esta manera. Esta vez sí escuche su voz fuerte y clara.

—Yuri… —Lo volví a mirar y sin querer dejé que la voz de mi corazón saliera por mi boca—. Me estoy enamorando de ti.

Con su dedo meñique apretó el mío y no dijo nada. Solo me miró con una dulce sonrisa en los labios.

Al entrar en la habitación de su hotel, Yuri caminó un par de pasos y cuando cerré la puerta se volteó de improviso, rodeó con sus brazos mi cuello y me besó. Uno de mis brazos rodeó su cintura y con mi otra mano sostuve su cabeza. Cuando nos separamos dijo sin ninguna duda.

—No soy bueno para las palabras, soy demasiado estúpido cuando se trata de hablar de sentimientos. —Su mirada furiosa atravesaba mi alma—. Te voy a abrazar, te voy a besar… pero no me pidas que te declare lo que siento por ti.

—Yuri… ¿me dejas entrar en tu corazón? —No me importaba si ese momento parecía el tipo más cursi, yo sí deseaba decirle todo lo que estaba experimentando junto él.

Con el rostro sonrojado Yuri miró al techo, hacia la ventana y al piso. Volvió a besarme y apretarme entre sus delgados brazos.

—¿Eso es un sí? —Yo quería alguna respuesta.

—¡Sí, tarado! —Me volvió a besar.

El segundo beso se prolongó hasta que nuestros cuerpos empezaron a reaccionar. Era natural que yo lo deseara y él a mí.

Aun sobre su ropa recorrí su espalda con mis manos y sentí su caliente respiración sobre mi cuello. No sé cómo llegamos al sofá. Yuri se echó y yo me tendí sobre él. Sujeté una de sus manos por encima de su cabeza y me entretuve sintiendo la humedad de su boca y sus suspiros calientes. Su perfume se esparcía por toda la habitación: una mezcla extraña de mar, sándalo y caramelo de menta. Así olía mi Yuri. Me dejé llevar por el calor y mi pelvis buscó la suya. Bajo sus apretados pantalones pude notar cómo crecían sus deseos con cada roce. El roce avivaba más y más mi erección.

Sí que estaba gozando del momento, del calor, de los suaves jadeos que Yuri dejaba escapar agitado, de su sabor y del brillo de su mirada. De pronto paré de golpe toda esa excitación y me senté en el sofá.

—¿Qué pasa? —Yuri me contemplaba con los ojos abiertos como lunas.

—Yuri… yo no sé si esto… —No sabía cómo explicar lo que sentía—. No sé si estamos haciend  lo correcto.

­—No soy un niño. —Su asombro crecía con el rubor de sus mejillas—. ¿Es porque soy varón?

Lo miré sabiendo que, en parte, había acertado la respuesta.

—¡Me dices que te gusto y que me amas y luego me rechazas! —El diablo comenzaba a asomar su rostro en el de Yuri—. ¡Beka eres un estúpido! ¡No, yo soy el estúpido! ¡Maldición no sé cómo sentirme! ¡Me haces ver como un idiota y el idiota eres tú!

Lo tomé de la mano y acaricié con suavidad su mejilla. Él me miró enojado y apretó el puño, parecía que en cualquier momento me lanzaría un golpe.

—Yuri, no eres tú, soy yo… yo no… no sé… cómo hacerlo.

—¿Es tu primera vez? —Volvió a agigantar sus ojos y pronto su mirada curiosa me escudriñó de pies a cabeza.

—No y sí. —Bajé la mirada. Estaba muy avergonzado. Se suponía que mi experiencia previa bastaba para hacer mío a Yuri, pero mi experiencia se limitaba a un par de chicas en el pasado─. No es mi primera vez haciendo esto, pero no sé cómo hacerlo contigo… no es igual que con una chica tú me entiendes y ¿tú sabes cómo?

─La otra noche cuando como un ladrón me robaste un beso… ─Yuri desvió la mirada, estaba abochornado y me parecía divertido ver cómo luchaba contra la natural vergüenza que uno tiene cuando habla de sexo─. Esa fue la primera vez que alguien me besó.

─¿Ni con una chica? ─No podía creerlo y pensé que sí que estábamos en problemas. Sería la primera vez de Yuri y yo no sabía cómo hacer el amor con un chico, pero lo deseaba tanto.

─Salir un par de veces al cine a los once con la hija de la amiga de mi mamá no es precisamente estar dentro de una relación. —Yuri comenzó a hacer bailar uno de sus pies de un lado a otro. Estaba más nervioso que yo—. Pero ese no es punto, Beka. Estamos duros… ¿qué hacemos ahora?

Mantuvimos nuestros ojos en cualquier parte de la habitación por algunos minutos, sin decir nada, tratando de buscar una respuesta o solución.

—Veamos un video.

Sugirió, yo negué con la cabeza.

—Busquemos información.

Sacó su móvil. Yo levanté los hombros.

—Entonces dejémonos llevar a ver qué pasa.  

Me tomó de la mano.

—Yuri por qué no lo tomamos con calma…

—Beka, el mundo se puede acabar mañana, no me pidas que espere, solo tenemos el presente, estamos aquí y ahora, no hay nada más. —Su mirada, entre molesta y suplicante detonó mi instinto de protección. Quería complacer a mi Yuri.

—Yuri, déjame hacer una llamada. —En mi mente se formó un rostro, una sonrisa, una voz.

Necesitaba el consejo de un experto, así que fui al balcón de la habitación escuchando el tono de espera del contacto que marqué. Deseaba que respondiera de inmediato y fueron segundos angustiantes los que tuve que esperar. Me apoyé en la baranda sintiendo como si toda mi vida dependiera de esa llamada.

—¿Hola? —La voz me devolvió en parte la calma.

—Víctor buenas noches… ummm, soy Otabek —No sabía cómo preguntarle esto a mi jefe, pero de alguna manera tenía que comenzar—. Necesito hablarle con urgencia.

—Está bien… tengo unos minutos, ¿por qué no vienes? —No escuchaba bullicio del Templo y deduje que Víctor estaba en su oficina.

—No puedo ir ahora. Solo quiero pedirle un consejo…

Al regresar a la sala de la suite, mi seguridad había regresado por completo. Miré a Yuri manipulando su móvil buscando información y videos y con una sonrisa le hice un pedido.

—Yuri espérame solo unos diez minutos, no creo que tarde más —Le sujeté el mentón y levanté su rostro para ver sus ojos—. Y por favor, cuando regrese, no te arrepientas.

—Buscaré algo de música —dijo y me besó la mano. Yo le robé otro beso a sus cálidos labios.

Caminé calle abajo buscando una farmacia, en mi cabeza se repetían una y otra vez los consejos del señor Nikiforov.

«Trátalo con amabilidad. Pregúntale todo el tiempo si le gusta. Observa sus gestos, eso dice mucho. Acarícialo hasta que te desee con todo el cuerpo. Bésalo y no solo en la boca. No te apresures. Dile palabras bonitas. Usa protección. Si no sabes cómo hacer algo díselo, juntos pueden encontrar la solución. Usa lubricante en gel. Mucho lubricante en gel, si tiene efecto dilatador mejor. No busques solo el placer. Cobíjalo en tus brazos al terminar. Dile cuánto lo amas», frases que me repetía para tenerlas en cuenta todo el tiempo. Luego sabría que el amor y el sexo no necesitan de ningún manual.

Tardé exactamente trece minutos. Trece minutos que parecieron horas, en especial cuando el dependiente de la farmacia tardó en atender a otro cliente. De vuelta en la habitación de Yuri vi que estaba dispuesta sobre la mesita una botella de espumante, unos bocadillos salados y algunas frutas.

Yuri me abrazó de frente, restregó su rostro contra mi pecho y me dijo con gran determinación:

—Beka, ahora sé exactamente qué vamos a hacer.

Bebimos algo de espumante solo para entrar en calor. Le dio play al equipo y comenzó a sonar la música más perfecta para hacer el amor. Yo sabía que no solo era sexo, era amor. Amor del puro y del bueno.

Seguíamos algo nerviosos y nuestros primeros movimientos así lo decían. Mis manos estaban duras y mis dedos se trabaron en el botón de su pantalón. Él tampoco pudo desajustar mi correa, me fue difícil quitarme el chaleco y de repente chocamos nuestras cabezas. Reímos sin parar por tanta torpeza, la risa de Yuri se unía a la perfección al sonido sensual del saxofón. Ese momento tomé una estrategia nueva para dejar de lado la tensión: le hice cosquillas a Yuri hasta que suplicó que parase y vi una pequeña lágrima asomarse por sus ojos.

Lo besé.

No sé cuánto tiempo me tomó besar sus labios, sus suaves mejillas sonrosadas, su cuello lleno de delgadas cadenillas, pero gracias a ese beso largo el toque mágico retornó a nuestras manos, a nuestros labios… a nuestros cuerpos.

Nuevamente la guitarra de King parecía gemir en medio de la noche y marcó el ritmo de nuestros movimientos. Yuri se levantó del sillón y comenzó a bailar como lo hizo hacía dos noches en mi departamento. Sus caderas llevaban el compás de la batería, se movían de atrás hacia adelante y me obligaban a menear mi torso siguiendo el lento compás de la música.

Me tomó de la mano y me haló junto a él. Con el ritmo apoderándose de nuestras venas, músculos y huesos, Yuri logró desabotonar mi camisa y la bajó hasta que solo pendía de mis dedos, la solté al suelo. Se dio media vuelta y bailando de espaldas muy junto a mí levantó los brazos, yo subí su remera hasta lograr sacarla y la lancé a algún rincón de la sala. Mis manos se deslizaron sobre su pecho y ajusté su torso contra el mío sintiendo su calor. Comenzamos a mover las caderas en igual sintonía que la batería de un tema de blues.

Mis dedos desabrocharon el botón de sus pantalones y bajaron su ajustada cremallera. Sus pantalones no tardaron en estar en sus tobillos y en ser pateados con fuerza bajo uno de los sillones. Pude sentir la dureza de su falo asomar por entre su ropa interior, la acaricié sin prisa y sentí a Yuri temblar con cada toque.

Se dio la vuelta y una nueva ronda de besos alimentó el deseo. Sus manos tomaron mi pantalón por la cintura y se deslizaron hacia adentro hasta que alcanzaron mis nalgas y las apretaron sin piedad. Eso me hizo recordar que estaba jugando con un gato salvaje capaz de cualquier cosa, un gato que pegaba su piel contra mi vientre y su mejilla contra mi pecho, mientras dábamos vueltas al compás de la grave vibración de un bajo.

Tuve que desabrochar el botón y bajar la cremallera de mi pantalón porque el gato se volvió tímido y no quería hacerlo. O tal vez solo era parte de su juego pues cuando lo vio a la altura de mis muslos lo deslizó hasta mis pantorrillas. Me hizo un guiño coqueto y puso a frotar su pelvis contra la mía. Su falo y el mío que parecían estar hechos de piedra calentada al fuego de una hoguera.

La guitarra no paraba de sacar ritmos agudos y prolongados haciéndome imaginar cómo serían los gemidos de Yuri.

No queríamos dejar de jugar. el calor y el deseo aumentaban y también el ritmo de la guitarra de BB King y su voz diciendo “I believe to my soul”. Con cada acorde crecía nuestra emoción y todas las intenciones de la carne.

Curiosos, jalamos la parte delantera de nuestra ropa interior. Yuri dijo un prolongado “Wow” al ver el mío, yo solo sonreí orgulloso y complacido. Juntamos nuestros falos y movimos nuestros cuerpos bajo el frenético solo de guitarra mirándolos a intervalos, buscando las chispas en nuestros ojos, apoyando nuestras cabezas una contra la otra y sujetando nuestras cinturas para mantener el perfecto ajuste.

Era un juego delicioso, lascivo, acompasado, torturante. No había forma de complacernos por completo estando allí parados en medio de la sala y sin embargo no dejábamos de frotarnos sin parar. Hasta que los últimos acordes de la guitarra y los últimos golpes de la batería nos dijeron que teníamos que finalizar.

─¿Qué quieres hacer Yuri?

─Vamos al sofá.

Desnudos frente a frente sobre ese sillón revelamos nuestra desnudez. Era tiempo de poner a prueba todos los consejos de Víctor Nikiforov, toda la información que Yuri leyó por la web en mi ausencia, todo lo que nuestros sentidos demandaban. Era tiempo de comprender ese extraño lenguaje que suele hablar el corazón, que nos impulsaba a tocarnos con los ojos, con las manos y los labios y se convertía en encendida pasión bajo las notas de un buen blues y

Levanté su melena con mis manos y atraje su rostro hacia mí. A escasos milímetros de sus labios me detuve y vi sus pupilas oscuras contemplarme a través del velo de sus pestañas. Rocé sus labios lentamente y Yuri me atrajo hacia su cálido cuerpo.

Yuri era un territorio inexplorado y yo un aventurero a punto de conquistarlo.

Intentando encontrar el amor en Yuri, me perdí en su boca y me perdí en su piel.

Notas de autor:

I believe to my Soul: Originalmente un clásico de la leyenda del rhythm and blues Ray Charles, BB King interpreta «I Believe To My Soul» durante su presentación en vivo en África en 1974. Fue escrito por el mismísimo Ray Charles e incluido en su álbum, «The Genius Sings the Blues».  «Fue lanzado en octubre de 1961 bajo Atlantic Records.

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Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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