Still Standing


OS dedicado a JosephineRC como regalo al #IntercambioVictuuri realizado en el grupo Victuuri is love & life. Su regalo consistía en un relato en donde Víctor fuera director de orquesta.

Pasaron varias cosas, y solo tengo la primera parte. Espero pronto tener la conclusión. Una disculpa a Jose, por esto.

Recomiendo que escuchen la canción que se indica en el momento que aparece el link.

¡Disfrútenlo mucho!

– 1 –

You could never know what it’s like

Your blood like winter freezes just like ice

—De nuevo.

Los acordes de un piano se vuelven a escuchar. Cada nota se une a la anterior para conformar una hermosa melodía. Con destreza, el ejecutor de dichas notas las alarga o acorta, dependiendo del momento. Escuchar a Yuuri Katsuki tocar el piano es como contemplar la lluvia que llega una tarde de verano y, con su sencillez, logra refrescar el calor bochornoso de la temporada.

—Alto.

Yuuri deja de tocar. Sus manos, antes posadas sobre las teclas del elegante instrumento, ahora lucen estáticas, han perdido la gracia que anteriormente mostraban al moverse al ritmo del elegante piano.

—No has practicado.

—No es así. —El muchacho, de 15 años, se apresura a contestar. La voz le tiembla. Mira a su interlocutor, mas la mirada adusta que él le dedica, sirve para que el chico emita un leve brinco y apriete los labios como signo claro de su ansiedad naciente.

—Mientes.

La oración, aunque sencilla, se siente como una sentencia digna de una dolorosa ejecución. Yuuri siente el cuero del taburete contra sus dedos contraídos. Él ha practicado. Lo hace todos días, en casa de su maestra Minako y de la mano de su elegante piano de cola larga. También practica durante la quietud de la noche, con el teclado gastado que sus padres le han facilitado. Un par de audífonos y la compañía de su hermoso cachorrito Vicchan a la par de la tranquilidad del anochecer suelen ser su compañía nocturna. Sí, Yuuri practica, siempre, en todo momento, mientras tiene tiempo. Con todo el esfuerzo posible en su joven alma. Es por eso que las palabras de ese cruel verdugo carcomen su corazón y traspasan su alma frágil.

—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.

—Parece lo contrario.

—¡He practicado sin parar! —Cálidas lágrimas de impotencia surcan las mejillas redondas que se han puesto rojas ante el llanto contenido—. ¡Día y noche! ¡Lo hago! ¡Se lo juro!

—No es suficiente. Nunca lo es.

Nunca lo fue.

Yuuri al fin abre los ojos. Inhala hondo y con mucha prisa, pues la recurrente pesadilla que ha tenido logra arrancar de él la poca tranquilidad que podemos poseer al dormir.

Dicen que al soñar viajamos a un mundo que es completamente nuestro. Para Yuuri no es así, él teme de ese mundo que parece querer destrozar por completo todas sus esperanzas cual espeso vórtice cuyo único deseo es verlo a él derrotado, sin un sueño por el cual luchar. El muchacho sigue con su ejercicio de respiración un poco más hasta que, al fin puede tranquilizarse y procede a levantarse con lentitud y arreglarse para comenzar un día lleno de labores.

El joven, de ahora 23 años, se mira en el espejo, donde observa un par de violáceas ojeras que demacran un poco su rostro y le conceden un aspecto menos vivaracho. Yuuri las observa minuciosamente. Hay ocasiones en las que no es fácil dormir, otras en las que desearía no despertar en un largo rato. No obstante, todo comienzo tiene un fin. Ninguna crisis es eterna, así como la felicidad es efímera. Solo había que enfocarse, vivir un día a la vez. Disfrutarlo si era posible. Sentirse bien consigo mismo y si no era posible hacerlo ese día seguir adelante, no darse por vencido, continuar… avanzar. Yuuri jamás se dará por vencido. Aun cuando esos feos sueños fueran recurrentes o todo en su vida intente decirle que renuncie, él se alzará victorioso un día.

Yuuri observa la foto que suele tener atorada en el espejo de su baño. Su hermoso perrito Vicchan parece sonreírle a través de la cámara. Sus ojitos negros relucen de felicidad, a pesar de mirar a la nada a través del papel fotográfico. Yuuri lo toma como una forma de su adorable perrito de darle ánimos, así que sonríe.

—Seguiré de pie. Lo prometo, Vicchan.

– 2 –

Don’t you know I’m still standing better than I ever did

Looking like a true survivor, feeling like a little kid

—¡Vamos, Víctor! quita esa cara. —Chris intenta animar a su amigo, quien desde la mañana ha estado alicaído—. Fue solo un accidente. Esas cosas pasan más seguido de lo que tú crees.

Chris toma un poco de su bebida, la termina y le indica a la bartender que le sirva otra igual. Víctor, en cambio, solo atina a suspirar y tomar el pequeño vaso con whisky para agitarlo mientras sigue contemplando el piano con la mirada perdida.

—Estoy acabado, Chris.

—Estás exagerando.

Los ojos azules de Víctor brillan con un dejo de recriminación. ¿Exgerando? Cualquiera al que su pianista principal se hubiera lastimado un día antes de su debut como director de orquesta tenía derecho a estar postrado por la pena. El día que Víctor Nikiforov había planeado durante los anteriores 3 años de su vida se había echado a perder. ¡Qué desastre!

—¿Me podrías decir, de nuevo, qué fue lo que le pasó a Georgie?

—Le propuso matrimonio a Anya y ella obviamente se negó. Georgie estaba devastado. Como él aseguraba que su novia diría que sí, ya traía puesto su anillo. Al intentar quitarlo con su dramatismo acostumbrado, Georgie se torció el dedo anular.

—Era de esperarse —musita un divertido Chris.

—¿Qué se lastimara el dedo? —El tono de voz de Víctor muestra incredulidad—. Chris, ¿quién casi se fractura un dedo intentando quitarse un anillo?

—Conociendo a Georgie, supongo que eligió un anillo demasiado elaborado, pero yo no me refería a eso—. Víctor observa curioso a su amigo, quien con parsimonia, se toma el tiempo para volver a saborear su bebida, y después, recargarse con naturalidad sobre la barra—. Yo hablaba del matrimonio. ¿Quién, en su sano juicio, querría casarse? ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—Dos…

—¿Dos meses?

—Dos semanas, déjame terminar.

—¡Vaya!, hasta yo hubiera salido corriendo.

—Así fueran dos milenios, tú saldrías corriendo con una propuesta —interfiere Víctor, quien más resignado que por gusto, toma un poco de su bebida.

—No es así. Yo solo estoy buscando a la persona correcta— Chris dirige su mirada a la bartender que está preparando una bebida cerca de ellos. El buen casanova le sonríe coqueto—. Mi primera opción es Mari, pero ella parece no tener ojos para mí.

Chris observa a la bartender que le devuelve la mirada con un dejo de reproche en sus ojos color café. Sin dudarlo, la chica se acerca a ellos, avienta sobre la barra la bebida que estaba preparando, la cual es atrapada por Chris.

—La semana pasada jurabas que era un tal Masumi —interviene Mari y Víctor no puede evitar sonreír ante el atrevimiento de la intrépida muchacha—. Y hace más de un mes andabas con Phichit, ¿no le juraste que era el único en tu vida?

—¡Lo era! —ataja Chris, al realizar el ademán para contestar, un poco del whisky cae del pequeño vaso—, solo que él decidió que le gustaban más los coreanos.

—¿Entonces lo que estás haciendo es intentar remediar tu corazón roto?

—Solo quiero dejar en claro que eres mi pareja ideal —sonríe Chris, mientras Mari niega, con resignación en su rostro—. Claro, si Yuuri no está disponible.

—Ahí vas de nuevo. —Mari sirve una copa más, y ante la mirada cuestionadora de Chris, ella hace un ademán con la mano, en forma de indicar que este trago también va por la casa—. Lo necesitarás, ¿es la tercera o cuarta vez que te rechazaría con esta?

Chris se encoge de hombros y toma el líquido ámbar del recipiente. Gracias al alcohol, su voz adquiere un tono grave y sugerente:

—A estas alturas ya perdí la cuenta. Parece que a tu hermano solo le interesa tocar ese piano viejo.

Víctor dirigió su mirada al viejo piano del cual Chris hablaba. Lo había notado al entrar, pero absorto en su problema con la lesión de Georgie, poco o nada de atención le había procurado.

—Es su forma de relajarse —Oyó Víctor decir a Mari. El concertista le da la razón, tocar las teclas del piano y dejarse llevar por las notas que producía en varias ocasiones también se había vuelto una especie de terapia para él—. No todo el mundo piensa en sexo mientras toca un instrumento.

—Cada quien a su inspiración —concede Chris con el trago nuevo en la mano. A Víctor no se le escapa la forma en que él y Mari se coquetean, a pesar de la plática—. Aún así, entre ambos Katsuki, tú eres mi favorita.

Pasan unos minutos sin que nada más que el leve aroma a tabaco y el constante murmullo de conversaciones ajenas sean lo único que reina en el ambiente del modesto bar. Víctor escucha que Chris y Mari siguen platicando, mas él no tiene gran interés en sumarse a la plática. Está un poco intrigado, sigue observando el piano e incluso se plantea en acercarse para analizarlo de cerca.

A punto está Víctor en decidir si debe levantarse, cuando una persona entra al bar. De cabello negro y delgado, la apariencia del chico de ojos azules parece un tanto fuera de lugar. No porque el chico estuviera mal vestido o fuera poca cosa, todo lo contrario, en opinión de Víctor, un chico con esa apariencia inocente en su vida habría asistido a un bar, aunque fuera el respetable establecimiento propiedad de Minako Okukawa, la antigua directora de orquesta que recién se había retirado y, para no aburrirse optó por seguir otra de sus pasiones: el alcohol.

Absorto, Víctor no deja de observar al misterioso muchacho. Se da cuenta que su presencia es una constante en ese lugar, pues varios comensales le sonríen o extienden una mano en señal de saludo a su paso hasta llegar al viejo piano que también llamó su atención. Víctor sonríe inconscientemente al darse cuenta de que el piano y el muchacho lucen muy bien juntos. Ambos se complementan a la perfección, como dos piezas de rompecabezas que no toman una forma entendible hasta que pueden contemplarse juntas. Es por esta razón, que a Víctor no le sorprende el momento cuando el muchacho se sienta, observa con atención las teclas del piano y deja ir los dedos entre ellas para comenzar a interpretar una canción que transmite mucho más de lo que el director de orquesta ha escuchado antes.

I’m Still Standing – Elton John

La energía y la pasión con la que el joven comienza a tocar, solo es igualada por la entonada voz que comienza a cantar dicha melodía después de unos cuantos acordes que usa como introducción para comenzar a crear un mundo mágico al que comienza a invitar a los presentes. Es extraño de explicar, pero Víctor siente cada sentimiento de esperanza impregnado en esa hermosa voz. Una especie de súplica que, a pesar de contar que los tiempos pueden ser difíciles, siempre existirá una razón para seguir adelante.

El ritmo de la canción es contagioso y envolvente. No fue necesaria una presentación, tampoco un carraspeo de parte del músico para hacerse notar. No hace falta. La energía con la que el muchacho comienza a interpretar los primeros acordes de I’m Still Standing fueron más que suficientes para acaparar la atención del público del pequeño bar.

Con el piano como excelente acompañante, Víctor imagina sin ninguna dificultad el acompañamiento instrumental para tremendo tema. Puede escuchar con claridad una batería marcando el ritmo, a las trompetas que enmarcan cada compás de la canción para hacerla más elegante, a una guitarra eléctrica esperando el momento para hacer su solo e incluso a un par de coristas encargadas de hacer lucir la entonada voz que tiene cautivado a los presentes.

Víctor no sabe en qué momento comienza a marcar el ritmo con la mano sobre su pierna, tampoco le importa, solo se deja llevar. Deja que sus pies se muevan solos, que su cuerpo se mueva al compás de la música, del ritmo marcado por el hermoso muchacho, quien concentrado a veces cierra los ojos para sentir con sus demás sentidos la maravillosa música creada por él y dejar que sus cuerdas vocales hagan lo suyo.

Al entrar a la segunda parte de la canción, Víctor está más que encantado. A pesar de ser un clásico originalmente interpretado por Elton John, el intérprete tiene la capacidad de hacer la canción suya y atrapar a todos en una burbuja musical creada por y para ellos. Se deja llevar, y comienza a aplaudir a la par de los demás presentes. No quiere quitar los ojos del lindo intérprete, mas lo hace solo para asegurarse de que Mari e incluso Chris le dedican toda su atención y, justo como él, no dejan de marcar el ritmo de la melodía.

—Don’t you know I’m still standing better than I ever did. I’m looking like a true survivor, I’m feeling like a little kid. —Víctor canta la melodía, está encantado por lo que sus sentidos captan, todas las sensaciones que puede percibir solo de un piano y una simple voz—. I’m picking up the pieces of my life without you on my mind. I’m still standing… yeah, yeah, yeah…

El único acompañamiento del muchacho ahora son las palmas de todos los comensales que le hacen segunda, mientras el virtuoso en el piano, no para de tocar con ese sentimiento esperanzador que los ha contagiado a todos. La sensación es preciosa y no deja de sentirse hasta que los acordes finales comienzan a hacerse presentes en la increíble interpretación.

—Don’t you know that I’m still standing better than I ever did. I’m looking like a true survivor, I’m feeling like a little kid —Víctor y el chico cantan a la par, a todo volumen. Con esta interpretación, incluso al director de orquesta se le ha olvidado su extravagante problema con Georgie, sus dedos torcidos y la propuesta de matrimonio fallida.

Y él quiere estar al lado del muchacho dirigiéndolo, acompañándolo a interpretar las más hermosas melodías. La solución a su problema ha caído del cielo y, una vez que termine esa maravillosa canción, él, Víctor hará hasta lo imposible en conseguir su solución. Está decidido a hacerlo y no piensa fallar.

Espero tener pronto la parte 2.
¡Gracias por leer!

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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