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Capítulo 20: Un disparo


Víctor se miró frente al espejo: debía preocuparse por la quemadura en su hombro, pero realmente sus ojos pararon sobre la parte quemada de su cabello. Puntas negruzcas decoraban aquellos trozos platinos que habían sido consumidos por las llamas. Algunos mechones ahora llegaban apenas poco abajo de la oreja y, al encontrarse casi al frente, desentonaban demasiado con el largo del resto de su cabello. Era obvio que debía cortarlo, aunque la sola idea le generó una sensación nauseabunda que le oprimió el estómago. 

Desde que huyó de casa de su padre, desde que su madre fue asesinada, nunca volvió a cortarse el cabello. Solo de vez en cuando recortaba un poco las puntas para quitar el maltrato y asegurarse que siguiera creciendo, pero decir que cortaba más de un centímetro en aquellas ocasiones era decir demasiado. 

Durante largos minutos, observó con determinación la imagen que reflejaba sobre el cristal, buscando otras alternativas que no involucraran cortar la mayoría de su cabello. No era la imagen lo que le causaba cierta repulsión, era el perder el símbolo de su rebeldía y libertad ante su padre: la marca que lo hacía sentir diferente a él, que lo separaba de sus expectativas, de su poder. Sentía que, al cortarlo, iba a perder todo lo que había logrado hasta ese momento. 

Un suspiro quedó atorado entre sus labios, pues su cavilación se vio interrumpida por el sonido de su celular ante una llamada. Al ver que en la pantalla apareció “Mila”, lo tomó de inmediato y respondió. 

—Informes. —Había exasperación en su voz, algo que Mila, al otro lado de la línea, pudo percibir perfectamente. Por eso, fue directo al grano. 

—Ha sido difícil convencerlos, ya que el estado de Yuuri es algo delicado, pero logramos que finalmente lo dieran de alta.

—Nos costó casi veinte mil dólares…  ¡Veinte mil dólares! —escuchó a Yurio farfullar de fondo. 

—Solo estamos esperando a que se hagan los trámites debidos. Lo llevaré de inmediato a mi casa y ahí…

—No —Víctor la interrumpió bruscamente—. Traelo a mi departamento, lo atenderás aquí. Dime qué cosas necesitas y las haré traer también. 

Yuuri iba a necesitar un poco de instrumental especializado para atenderlo, pero, pese a la situación, dejarlo en el hospital, aun con vigilancia, era prácticamente una sentencia de muerte.

Tras colgar, Mila le envió un listado por mensaje sobre todo lo que sería necesario. Víctor reenvió el mismo a Otabek y Chris, quienes serían los encargados de conseguirlo lo más pronto posible.

El suspiro que antes había quedado atorado en su garganta, creando un nudo que apenas lo dejaba respirar, finalmente fue exhalado. Después, Víctor volvió a mirarse al espejo, pero esta vez con una chispa de decisión. Era ridículo que sobrepensara tanto el asunto de su cabello…  Era solo eso, cabello, algo que crecería de nuevo tarde o temprano. En cambio, ese día había estado a punto de perder a Yuuri bajo dos situaciones e incluso se había puesto en peligro a sí mismo. Había sido tonto, impulsivo… ¿y aun así se preocupaba solo por cabello?

Cortárselo no le quitaría nada de lo que había logrado hasta el momento, ni siquiera su libertad. Así, buscó en su botiquín unas tijeras, tomó uno de los mechones quemados y comenzó a cortar las puntas para eliminar aquello negro y dejar solo cabello sano. Tuvo que recortar más de lo pensado, aunque eso había sido la parte fácil: lo difícil fue mutilar su lado sano. Cerró los ojos, tomó uno de aquellos mechones completos y el primer corte lo hizo a ciegas, así como el segundo, el tercero y el cuarto. Para el quinto, había abierto los ojos para asegurarse de no cortar de más y dejó que el resto simplemente sucedería. Se limitó a mirarse solo lo estrictamente necesario, en especial cuando el cambio fue tan evidente: sus mechones más largos terminaban apenas un poco abajo de sus orejas… Había perdido volumen y la imagen final no fue para nada de su encanto: se recordó a sí mismo de niño, de adolescente, de joven aún prisionero en las garras de su padre y hermanos, pero bastaba mirarse a los ojos para saber que no era el mismo, que su cabello no lo definía, que había determinación, lucha y muchos deseos de venganza. 

Cuando terminó, con un evidente temblor en su mano, dejó las tijeras sobre el lavabo, junto a mechones platinados regados por todo el suelo. Después caminó hasta la ducha y tomó una, aguantando el dolor de su quemadura. Solo quería quitarse el olor a hollín y fuego de su cuerpo. 

Tras eso, solo le quedó esperar ansioso el momento en que llevaran a Yuuri a salvo hasta su persona. Para entonces, Chris y Otabek habían comprado ya lo que Mila solicitó y, junto a otros hombres, se encargaron de instalarlo todo en una de las habitaciones del departamento. Por esa razón, había varias personas entrando y saliendo del sitio, lo que hizo a Víctor sentirse algo paranoico ante la idea de que pudiera haber algún infiltrado de su padre entre todos ellos. Claro que no notó como toda persona que se cruzaba frente a él se quedaba congelado apenas lo miraban, con una expresión de sorpresa y su boca abierta en forma de “O”. Claro que nadie se atrevía a decir nada, no cuando podían presentir la aura negra, malhumorada y preocupada a la vez que lo rondaba. 

Casi dos horas después, Yuuri ya se encontraba instalado en una de las habitaciones extras. Chris había ido por ellos y, junto a Otabek, lo habían cargado con cuidado para poderlo sacar del vehículo y subirlo hasta el departamento de Víctor. Apenas sobre la cama, Mila se encargó de realizar una revisión exhaustiva para verificar que lo que los médicos les habían dicho era cierto y que no se había hecho más daño durante el traslado. Todo se encontraba en orden y, por suerte, Yuuri aún descansaba gracias a los medicamentos que le habían proporcionado en el hospital.

—Necesitará monitoreo las veinticuatro horas, así que supongo que también me tendrás viviendo aquí por un rato.

Mila trató de bromear para difuminar la tensión del ambiente, pero los ojos de Víctor estaban sobre Yuuri de una manera que casi dolía. Era fácil adivinar que este se sentía responsable de lo sucedido. Se había mantenido en la habitación desde que Yuuri fue colocado allí, pero estuvo distante, silencioso, dejando a Mila hacer su trabajo en paz. 

—Yurio se robó el expediente, por cierto, así será más sencillo proceder. —La mujer le mostró con orgullo la carpeta con la información. 

Había sido complicado, pero Mila y Yurio lograron sobornar a unos médicos y enfermeras para que les dieran a Yuuri. Y, durante el proceso, tras estos negarse pese a todo a entregarles el expediente —podían mirarlo, pero no podían sacarlo del hospital—, Yurio había logrado infiltrarse a las oficinas para tomar la información. Con esto, pudieron tener más detalle del estado del chico: tenía dos costillas rotas, al igual que su pierna derecha y una de sus muñecas, y algunas quemaduras de primer y segundo grado a lo largo de todo su cuerpo, especialmente en la parte superior. Pero, pese a todo, sus vías respiratorias no se habían visto comprometidas, por lo que Mila supo que podría hacerse cargo de su cuidado sin temer a las complicaciones. De haber sido diferente, sacar a Yuuri del hospital en esas condiciones hubiera sido igual de riesgoso que mantenerlo dentro. 

—Quita esa cara, él estará bien. —La mujer tomó un respiro y trató de sonreír. Sabía que eliminar la expresión ofuscada de Víctor sería imposible, pero por lo menos deseaba que no se sintiera tan presionado por dentro. —Por cierto, ese corte te va genial, aunque este no te define.

Solo los más cercanos a Nikiforov conocían la implicación que su cabello tenía en la pelea contra su padre. Y Mila era uno de esos pocos. Incluso tuvo la confianza de tocarlo, apenas unos mechones que estaban sobre su oído. 

—Aunque está un poco disparejo. ¿Me dejas darle un poco más de estilo?

Una fría mirada cayó sobre ella, al igual que unos labios apretados en una fina línea. Pero, finalmente, el cuerpo de Víctor dejó atrás su tensión y asintió hacia ella. ¿Qué más daba? Sabía que no podía quedar peor. 


Yuuri podía sentirse aún atrapado en el fuego, pero en ese instante, mientras su vista vagaba de un punto negro a otro por culpa del denso humo, solo pensaba en buscar a sus padres. Sabía que estaban encerrados en el piso de arriba, atrapados sin la posibilidad de bajar debido a que el fuego había comenzado en el primer piso. Podía escuchar sus gritos de auxilio, su desesperación al llamarlo porque creían que él se encontraba dentro con ellos. Lo que ninguno sabía es que Yuuri había salido al patio en medio de la noche a jugar con su perro porque ese día se lo habían prohibido como castigo.

Yuuri solo podía admirar al fuego tragarse lo que alguna vez fue su hogar, esos sueños de infancia, esos anhelos que fallecieron junto a la única familia que tenía en el país. Mientras abrazaba a su caniche, casi como en cámara lenta, aprecio el momento en que los gritos dejaron de escucharse a tono del crujir del fuego y se trasladaron afuera, en voz de los vecinos que, tarde, se habían dado cuenta finalmente del incendio.

Después aparecieron las sirenas que ahogaron un llanto inexistente, que amortiguaron la asfixia del fuego por mantenerse tan cerca de las llamas y del humo que no le permitían respirar. En la vida real, así como ocurrió a sus cinco años, se hubiera desmayado ya junto a su perro. Pero en ese sueño, se mantuvo de pie hasta el momento en que uno de los bomberos lo encontró y lo auxilió. Quiso creer que otras cosas podrían cambiar, que podría mirar a sus padres salir de las llamas sanos y salvos, y correr hasta sus brazos para decirles que esa era la realidad. Pero las cosas no ocurrieron tal cual sus deseos… o tal vez sí. A quien encontró esperando por él, a un lado del carro de bomberos que aullaba en color, fue Víctor… un Víctor agitado que corrió a su auxilio y lo abrazó.

—¡Yuuri! —Su alivio, así como su angustia, le fueron muy tangibles.

Yuuri miró hacia atrás, dándose cuenta que su casa había desaparecido y, a cambio, lo que había en su lugar era el edificio donde vivía en la actualidad, mismo que también ardía en llamas. Y él ya no era el niño de cinco años que lo perdió todo, sino el hombre de veintiún que todavía tenía mucho por ganar.


Yuuri despertó al cabo de un día entero y, ciertamente, no sabía qué parte de su cuerpo dolía más cuando lo hizo. Sus recuerdos estaban empañados por una neblina negra y mucho calor, un calor asfixiante, vomitivo, que le hacía sentir sus propias entrañas hervir, aunque en realidad era su piel la que ardía. También recordaba una visión rojiza, algo anaranjada, aderezada con unos gritos que decían su nombre dentro de toda esa confusión.

Cuando la imagen de Mila se materializó en su mirada, claro que se sintió confundido, incluso asustado, pero la suave y tierna intervención de ella, casi maternal, lo hizo calmar al instante. Ella tomó su mano, la acarició suavemente y comenzó a contarle todo lo sucedido. El dolor no le dejaba procesar todo a la misma velocidad que Mila hablaba, pero algunas cosas que sí lograba captar comenzaron a tener sentido: edificio, explosión, fuego, Víctor… Un sabor amargo se expandió desde su garganta ante esa mención. Quiso hacer muchas preguntas sobre él, pero al final no se atrevió a ninguna.

Solo se mantuvo despierto algunos minutos antes de caer vencido por el medicamento y el dolor. Pudo dormir otro par de horas más antes de despertar de nuevo, pero esta vez el rostro que lo recibió fue diferente, aunque tal vez más satisfactorio: Phichit. Víctor no solo le había permitido ir ahí una vez transfirieron a Yuuri del hospital, sino que, debido a que su departamento ahora estaba prácticamente destruido, le ofreció que viviera en ese mismo edificio que le pertenecía. No solo podría estar cerca de Yuuri en las semanas que tardaría su recuperación, sino que también estaría más seguro y vigilado. Él había sido la pieza más importante para atraer a Yuuri hacia la trampa, así que era bastante obvio que el padre de Víctor, así como su gente, lo tenían ya muy bien ubicado, lo cual era peligroso. 

Phichit se sentía culpable de que hubieran hurtado su celular y que eso derivara en que la vida de su amigo hubiera corrido peligro. No obstante, Yuuri no lo sentía así. En realidad, se sentía tan feliz y aliviado de que fuera él el herido y no Phichit. Incluso lo hubiera abrazado con fuerza si es que sus múltiples heridas lo hubieran permitido.

Después de un tiempo despierto, Yuuri volvió a descansar. Creyó que a quien vería al despertar otras vez sería Víctor, pero no fue así: el rostro de Mila volvió a sonreírle con gentileza al abrir los ojos.

—Luces decepcionado, lamento no ser Víctor. —Mila se fingió ofendida, pero sonrió ampliamente tras notar como Yuuri se sentía descubierto y desviaba el rostro algo avergonzado—. Ha estado mucho aquí, aunque solo cuando has estado dormido. Todavía no se siente listo para enfrentarte. 

A Yuuri le costaba un poco hablar, hasta el más mínimo movimiento se derivaba en un agudo dolor que recupercutía por todo su cuerpo durante eternos minutos. Por eso, solo la miró intensamente, esperando que ella entendiera que deseaba escuchar más. 

—No conozco detalles, a veces es difícil entrar en esa cabeza suya, pero supongo que se siente culpable de que nuevamente estés herido por su causa. 

Mila se sentó en una silla que había sido puesta a un lado de la cama. Con cuidado, tomó el brazo de Yuuri y lo alzó un poco mientras se deshacía de la venda para tratar de nuevo las quemaduras de esa zona. Yuuri apretó sus labios, aunque eso desencadenó un dolor igual de llamativo: su labio inferior estaba destrozado por culpa de algunos de los escombros que lo golpearon en la explosión. Mila sabía que lo que le estaba haciendo dolía, pero era necesario, no se podía evitar, así que hablaba como si nada estuviera ocurriendo para distraerlo. 

—Pero… creo que es algo más. Chris me contó lo que pasó en Ladity… —La expresión sombría de Mila se detuvo unos segundo en la ventana cerrada de la habitación. Ladity Man no era un lugar que recordara con cariño, por supuesto—. Supongo que tiene miedo a las consecuencias, porque sabe que las aceptará sin importar nada. 

Mila hablaba, pero no detenía su trabajo. Se dedicó a quitar cada una de las vendas, limpiar y tratar las quemaduras para después volverlas a cubrir. 

—Yuuri, lo importante es que tú estés a salvo… y te sientas así. No habrá represalias ante lo que decidas, puedes estar seguro de eso…

Era extraño, sonaba como si Mila creyera que Yuuri pensaba huir. Aunque, bueno, en realidad, era una resolución bastante lógica; lástima que Yuuri no lo era en absoluto. No, no planeaba irse pese a todo… aunque aún deseaba una explicación, pero claro que esta no tenía nada que ver con lo que le había sucedido en su departamento. 


Yuuri esperó a que Víctor se acercara por cuenta propia. No preguntó por él a Mila, Phichit o incluso a Yurio, quien a veces se quedaba a hacer guardia mientras el resto descansaba. Aunque, pese a todo, Mila le hablaba mucho de él sin que tuviera que preguntar nada, le decía como solía pasar algunas horas en la habitación mientras dormía, pero siempre debía irse antes de que despertara a resolver ciertos asuntos. Sonaba ilógico que después de cinco días, Yuuri no hubiera podido atrapar a Víctor ni una sola vez, por lo que incluso comenzó a dudar de su palabra. Aun así, nunca preguntó nada más de lo que ella le contaba, simplemente dejó que las cosas fluyeran. Se sentía lo bastante mal físicamente como para tener la cabeza de pensar sobre el asunto de Alexis y era cierto que pasaba gran parte de su tiempo durmiendo para apaciguar el dolor de esa manera. Además, aunque una parte suya deseaba escuchar la explicación de Víctor, otra temía demasiado sobre la verdad que descubriría en ella. 

Al sexto día, justo en la noche, Yuuri intentaba conciliar el sueño después de que, con un movimiento brusco, una terrible sensación de ardor lo hiciera despertar. Esta no se apaciguaba y, al ver que se encontraba solo en la habitación, no había a quien pudiera pedirle más analgesico. Pensaba que la persona en turno que se había quedado a vigilarlo había ido al baño, así que esperó con cierta ansiedad a que alguien entrara, aunque a la vez trataba de dormir por su propia cuenta. Cuando escuchó la puerta abrir, sus ojos con rapidez se posaron en la figura negra que emergió de la luz del pasillo y se adentró a las penumbras de la habitación: era Víctor.

No podía ver con detalle su cara, por lo que adivinar su expresión era imposible; y, ciertamente, se sintió sorprendido de verlo ahí, de verlo caminar con cuidado hacia la silla que estaba puesta a lado de su cama. Era obvio que planeaba quedarse un rato. 

—Entonces era cierto…  —la voz de Yuuri se escuchaba evidentemente adolorida, aunque justo por esa razón, había hablado de una forma muy baja. Víctor se quedó quieto observándolo con atención, quizá tratando de adivinar sí efectivamente había hablado o solo había escuchado mal. A pesar de estar cerca, debido a la oscuridad, tampoco él era capaz de verle la cara a Yuuri y con eso saber que efectivamente estaba despierto—. Era cierto que… sí vienes a visitarme. 

Yuuri creyó escuchar el sonido de la saliva bajando por la garganta de Víctor.

—¿Cómo te sientes? —La voz de Nikiforov se escuchó seca, vacía, como si tratara de controlarla con todas sus fuerzas. 

—Duele… mucho…

Hubo un titubeó que Yuuri no notó: el instinto de Víctor por alzar su mano, a punto de buscar la de él por las sábanas. Pero la contuvo al no saber si sería aceptado o no. 

—Lo siento, nuevamente estás herido por mi culpa.

Como Mila lo había supuesto, Víctor no había estado huyendo de Yuuri intencionalmente, no por la culpa que sí sentía por lo menos, sino por la verdadera razón por la que se sentía incapaz de tocarlo siquiera. En realidad, lamentaba la cuestión inicial que había comenzado con todo: si Yuuri no hubiera huido de Ladity Man tras descubrir lo de Alexis, no hubiera estado solo al recibir aquella llamada de amenaza. De haber ocurrido estando a su lado, Víctor hubiera comprobado fácilmente que Phichit se encontraba aún a salvo en el bar. Debió hablar con Yuuri sobre Alexis desde hacía mucho tiempo… Y eso era justo lo que no lo dejaba en paz. 

—Yo fui el impulsivo… —Yuuri tomó una respiración profunda, aguantaba su dolor para poder hablar—. De verdad temí que le hicieran algo a Phichit… Supongo que entiendo por qué te lanzaste a las llamas por mí. 

Una ligera risa nerviosa escapó de Víctor. Lanzó entonces su mirada a la cama y trató de adivinar la figura y el rostro de Yuuri entre la oscuridad. No sabía si aquello lo decía con sarcasmo o era verdad su afirmación.

—Era lo mínimo que podía hacer.

—Gracias.

Era evidente sentir como la energía entre ambos vibraba de una forma extraña. Eran conscientes del  tema pendiente que tenía por hablar, pero ambos se preguntaban si era el momento adecuado, si es que acaso el otro estaba dispuesto a hacerlo en esa habitación, en ese instante. Víctor volvió a titubear, ahora con su mano sobre la cama, con sus dedos a punto de lamer los de Yuuri sin que este lo notara. Pero no se atrevió a más, volvió a acomodarlos de nuevo sobre su regazo, entrelazados con los de la otra mano. Tras un suspiro, finalmente preguntó:

—¿Quieres hablar sobre Alexis?

Yuuri cerró los ojos agotado. Su corazón se presionó fuertemente contra su pecho. Sí, claro que lo quería, pero no supo por qué el pánico le ganó la batalla a sus deseos. 

—No… —No estaba listo para afrontarlo—. Solo quiero que te quedes aquí conmigo.


Evidentemente, la conversación de Alexis tuvo que llegar en algún momento. Y ese momento ocurrió casi un mes después. Yuuri estaba mucho mejor, sin duda, pues la mayoría de sus heridas habían sanado con propiedad y Mila estaba cerca de considerarlo en condiciones para “darlo de alta”.

Ese día despertó con los brazos de Víctor rodeándolo suavemente. Desde que las quemaduras disminuyeron y, con estas, su dolor, dejó que Víctor comenzara a dormir con él algún par de noches. Primero fue solo sentir su cálida compañía a lado, con una invisible pero muy marcada línea que Víctor temía cruzar por temor a lastimarlo. No obstante, cuando este se percató de que Yuuri añoraba mucho su tacto, se atrevió a cruzarla y de ahí no hubo vuelta atrás.

Víctor se había acoplado bastante bien a la rutina de horarios entre quienes pasaban un rato con Yuuri para cuidar de él. Mila era la del turno más largo, por supuesto, seguido de Phichit, pero Víctor era quien estaba casi cada noche con él. Así no era necesario hablar tanto, exceptuando conversaciones banales que servían solo para pasar el rato en lo que alguno se quedaba dormido o antes de que Víctor tuviera que irse por la mañana. El tema de Alexis no había sido tocado de nuevo y Yuuri, hasta ese momento, se había sentido en calma con ello. Sabía que su falta de comunicación era el problema principal que los había orillado a tal extremo, pero había algo en su dinámica silenciosa que de verdad le agradaba. No obstante, Yuuri pronto supo que era el momento de hablar. Finalmente se sintió preparado.
—¿Víctor?

Yuuri tanteó si este había despertado ya. Víctor lo abrazaba por la espalda, así que no era capaz de verle el rostro para saberlo. Sin embargo, sí había notado como la respiración de este se había vuelto más rápida y ruidosa a diferencia de unos minutos atrás.

—¿Mmmm?

Adormilado, Víctor abrió los ojos con pesadez. Estiró su cuerpo sin soltar a Yuuri y, como consecuencia, terminó ciñéndolo fuertemente contra él. 

—Quiero hablar sobre Alexis.

Pudo sentir el momento exacto en que los brazos de Víctor se tensaron aún más a su alrededor. Tras un suspiro, Nikiforov decidió soltar el agarre y se sentó en la cama, con la espalda recargada en el respaldo y un cabello corto —muy corto—, que sin embargo se alborotaba mucho más que su antigua melena larga. Su mirada estaba cansada, aún perezosa, pero tenía su total atención en Yuuri. 

—Adelante… 

Víctor se escuchaba bastante seguro, había tenido un mes largo para prepararse para esa conversación. Quizá, lo único que le había quitado la tranquilidad un par de veces era no saber el momento en que esta llegaría.  

—De verdad… ¿salías con él? —También la forma de preguntar de Yuuri fue bastante ligera. La pregunta no costó tanto salir como había creído. 

—Salir no es la palabra adecuada. —Víctor miró un par de segundos la sábana que aún los cubría a ambos antes de volver su vista a Yuuri—. Solo me acostaba con él, le pagaba por eso y… Bueno, admito que solo era con él; hasta cierto punto, era algo exclusivo.

—¿Por qué lo dejaste? 

—En algún punto se tornó aburrido. El sexo era… —Iba a decir “fantástico”, pero se percató que no sería la forma adecuada para mencionarlo, no frente a Yuuri—… bueno, pero, fuera de eso, no había nada que me hiciera querer algo más. Tal vez con una diferente química, hubiera comenzado una verdadera relación con él… Claro, no lo hubiera dejado más en ese trabajo.

Hubo un breve silencio. Yuuri había desviado la mirada, pensativo, seguro procesando todo lo que escuchaba. 

—¿Fue por mí?

—No… ya lo había dejado mucho antes de que tú y yo…  comenzáramos a interactuar.

—¿Comenzaste a salir conmigo porque me parezco a él?

Aquí Víctor no pudo evitar sonreír. Era justo la pregunta que había esperado todo ese tiempo. 

—No…  Odio a Alexis, ¿sabes? Su actitud es… detestable para mí. Y el sexo no fue suficiente para recompensarlo. Noté su parecido desde el primer momento que te vi en el bar, por supuesto, pero yo te detesté por eso. Y admito que… lo siento… —Víctor pasó su mano por su rostro, tratando de contener una risa vergonzosa—. Te disparé esa vez imaginando que lo hacía con Alexis. 

Yuuri se irguió sorprendido… Y ciertamente no sabía qué pensar sobre ello. Fue sútil, pero pudo sentir un ligero picor en aquella marca de bala que aún tenía en el hombro. A veces le picaba, sobre todo cuando recordaba la sensación cálida de la munición atravesando su piel. No sabía si era agradable o incómodo, mucho menos en ese momento. 

—Pero cuando me confrontaste en mi carro y quisiste hacer ese trato conmigo, supe que eras diferente a él. Que eras mejor. Y lo fui comprobando cada vez que te enfrentabas a mí… Y me enamoré cuando pude conocerte mejor.

Víctor estiró sus manos hacia Yuuri y lo tomó de las mejillas. La forma en que sostuvo su rostro fue suave, gentil, a la vez que lo observaba detenidamente con una sonrisa en los labios. No dijo nada más, esperaba que Yuuri respondiera algo en su lugar y, mientras lo hacía, dejó que sus pulgares acariciaran la rasposa piel del chico. Algunas quemaduras habían provocado surcos en su rostro, quitándole parte de la suavidad que Víctor siempre había apreciado, pero no con ello su belleza. En realidad, desde que había podido tocarlo en esa zona cuando dejó de ser sensible, Víctor lo acariciaba con más frecuencia que antes.

Durante un par de segundos, Yuuri cerró los ojos y puso peso sobre las manos que lo sostenían. Después lo miró directamente y durante otro rato más solo hubo silencio, pero una intensidad bastante palpable entre ambas miradas. Víctor no creyó ver nada de odio, temor o repulsión, ni siquiera incredulidad… Creyó mirar compresión, quizá algo de cariño. Sin embargo, se sentía ansioso de no poder escucharlo proviniendo de él. 

—Dime qué piensas, por favor… —Tal vez era la primera vez que Víctor rogaba sobre algo que no fuera sexo. Yuuri entonces rompió su neutral máscara y sonrió algo enternecido. 

—Sigo molesto, pero… no como pensé que lo estaría. Ni siquiera me importó que casi moría en una explosión, solo tenía el asunto de Alexis en la mente porque estaba aterrado ante la idea de que yo solo fuera un reemplazo suyo. 

—No lo eres…

—Lo sé. De verdad lo sé. 

Y no necesitó comprobarlo en los labios del otro. Sin embargo, quiso fingir que sí.


Yuuri nunca dejó el departamento de Víctor, por lo menos no durante las semanas posteriores. Una vez su estado de reposo había terminado y Mila lo declaró oficialmente recuperado, ni él ni Víctor quisieron que saliera de ahí. Aun sin una conversación clara de por medio, las intenciones fueron bastante transparentes entre los dos; fue solo cuestión de que Víctor le sugiera a Yuuri que, una vez los implementos médicos fueran retirados de la habitación, podría decorar esta a su completo gusto, con muebles y aditamentos que el mismo Víctor patrocinaría sin problemas. Sin pensarlo mucho, la idea le encantó a Yuuri y no se opuso a ella. 

Phichit, por su parte, también permaneció en el departamento que Víctor inicialmente le había prestado. Su antiguo hogar aún se encontraba en reparación, pues el accidente había inspirado al dueño del edificio a remodelarlo por completo —los informes de la policía, extrañamente, declararon el incidente producto de un desperfecto en la instalación de gas debido a un nulo mantenimiento—. El acuerdo era que se quedaría hasta que Yuuri se recuperara o su viejo departamento fuera de nuevo habitable, pero mientras los días pasaban y Phichit consideraba otro lugar en el cual vivir, Víctor nunca le informó sobre un próximo desalojo. Al contrario, de vez en cuando, cuando se encontraban en los pasillos del edificio o en el bar, Nikoforov le preguntaba si todo estaba en orden e incluso le había proporcionado el número del encargado de mantenimiento en caso de que requiera algo del estilo.

Ciertamente, después de todo ese tiempo, Yuuri ya se había acostumbrado a la nueva vista, y no solo hablando del departamento, sino más bien del cabello de Víctor. La primera vez que pudo verlo con la luz encendida de su habitación, se quedó sin habla —en esos momentos tampoco es que tuviera muchas ganas de conversar debido a sus heridas—. Sin embargo, en algún momento, cuando ya se sentía mejor, no pudo quedarse mucho con las ganas de preguntar por qué es que Víctor había perdido su hermosa y larga cabellera. Este fue completamente sincero con él, expresándole cuánto le había costado hacerlo, en especial cuando Mila terminó por rebajarlo mucho más para darle una mejor forma. Había sido causa de Yuuri y eso Víctor lo dejó claro, pero no como una recriminación de su parte, de hacerlo sentir culpable de esa consecuencia al salvarlo, sino que había aprendido a verlo con un sentimiento de mayor valor: si antes su cabello largo había sido un símbolo de libertad, ahora su cabello corto lo era de protección y valentía. Si había estado dispuesto a perderlo a cambio de mantener a salvo a Yuuri, podría seguir protegiéndolo, tanto a él como a todos a quienes le importaba. 

Ahora, ambos estaban cómodos con su nueva rutina: si Víctor no debía salir temprano para atender algún asunto, generalmente era él quien hacía el desayuno. Cuando no era así, Yuuri bajaba al departamento de Phichit y desayunaba con él. Casi siempre compartían la comida también y la cena solo existía en sus días libres, cuando Víctor también dejaba esas noches sin compromisos y cenaban algo juntos que casi siempre Víctor compraba fuera.

Era evidente también que su comunicación había cambiado: ambos hablaban más. Víctor aún era bastante hermético con su trabajo por obvias razones, pero a veces solía contarle las cosas “más normales” que acontecían, en especial sobre las personas que Yuuri ya conocía. Era divertido hablar sobre alguna rabieta de Yurio entorno a un trabajo que Víctor no le permitía hacer, o ciertos comentarios o acciones sarcásticos de Chris que le daban algo de sabor a algunas reuniones aburridas. Por su parte, Yuuri también solía contar cosas que ocurrían en el bar: disputas entre clientes; mujeres —u hombres— que intentaban coquetearle ya algo borrachos; la buena nueva de Georgi al tener una cita con alguna mujer, pero que siempre terminaba abandonándola porque no se parecía en absoluto a su ex. Y claro que las cosas también iban más allá: Yuuri le contaba cada vez que tenía pesadillas donde un incendio o explosión estaban relacionados —algunas con un tinte actual de su más reciente accidente; otras con un recuerdo nostálgico y algo doloroso de aquel incendio que arrebató a sus padres—. Yuuri también aprendió bastante del pasado de Víctor: nuevamente sin tantos detalles, pero pudo comprender mejor el odio que este tenía hacia su padre y sus dos hermanos mayores, y el resquebrajamiento que hubo con Sasha, el único hermano que de verdad sí quiso. Lograron aprender tanto el uno del otro en tan solo unas semanas, mucho más de lo que se pudo en meses y meses de un ir y venir en su relación.

Pasaron bastantes días tranquilos —a perspectiva de Yuuri, quien desconocía el mar de sangre que había corrido por el bajo mundo cuando Víctor buscó cobrar venganza por lo que le había ocurrido—; sin embargo, había cierta preocupación latente en Víctor que no desaparecía, sin importar cuantos guardias pusiera al cuidado de Yuuri, que no lo dejara salir a solas y ahora siempre fuera transportado con un chófer exclusivo, en un nuevo vehículo que nadie relacionara con Nikiforov. Tantas prevenciones, tantos cuidados, pero a veces… Víctor no podía dormir. 

—Mañana tendremos una cita…

Ambos se encontraban desayunando en la barra de la cocina. Había sido un momento silencioso hasta ese momento. Yuuri no terminaba de desperezarse del todo y Víctor se aguantaba un gran nerviosismo que, sin embargo, sabía disimular a la perfección. 

—¿Cita? —Yuuri lo miró algo curioso después de terminar de tragar su bocado. Era un día peculiar para una propuesta del estilo…  No esperaba algo así un martes por la mañana. 

—Sí, yo debo salir temprano para un asunto, pero Chris pasará por ti cerca del mediodía. Lleva ropa cómoda, la necesitarás. —No hubo opinión de Yuuri respecto al si quería salir o no, la decisión ya parecía tomada con bastante necedad por parte de Víctor. Aun así, no se opuso; la idea sonaba interesante y ciertamente le picó la curiosidad saber a dónde Víctor planeaba llevarlo y por qué, justamente, necesitaba un atuendo cómodo para ello. No obstante, aunque Yuuri intentó descubrir cuál era el destino, Víctor se negó a dar siquiera una sola pista.

Sin más opción, Yuuri se preparó para esa extraña solicitud. 

Eran cerca de las doce del mediodía cuando recibió el mensaje de Chris donde este le decía que ya lo esperaba abajo. Yuuri estaba listo, así que solo fue cuestión de tomar las llaves y utilizar el elevador. 

Chris lo recibió con una gran y amplia sonrisa, e incluso abrió la puerta trasera por él, detalle que casi nunca solía hacer. Además, desde el accidente, cada vez que ambos se encontraban con la mirada, para Yuuri no pasaba desapercibida cierta vibra bastante densa de desaprobación por su parte. Desde un principio, sabía que no era del agrado del hombre, pero aquello parecía haber aumentado desde esa ocasión. Sin embargo, la cosa era diferente en ese momento… Parecía incluso feliz, emocionado por tenerlo ahí con él, por llevarlo a una cita con Víctor. 

Una vez tras el volante, y antes de encender el vehículo, Chris habló:

—Espero que estés emocionado por nuestra cita, yo lo estoy.

Yuuri lo miraba con cierta suspicacia, tratando de adivinar qué era eso que el hombre escondía tras su sonrisa. No obstante, tardó un poco en procesar y entender lo que había dicho, con ese significado tan claro que podía pasar desapercibido con facilidad. 

—¿Nuestra?

—¿Qué…? ¿Víctor no te lo dijo? —Yuuri frunció las cejas. Por la fingida sorpresa de Chris, era evidente que él ya sabía la respuesta—. Tu cita de hoy será conmigo.

De haber estado bebiendo algo, sin duda lo hubiera escupido por la sorpresa. En cambio, solo miró a Chris con los ojos muy abiertos y hasta con un ligero temor impregnado en ellos. 

—¿Por qué…?

—Es una sorpresa. —Chris respondió como cualquier cosa y no permitió que Yuuri lo siguiera cuestionando pues prendió el automóvil y comenzó a conducirlo en silencio. Este supo que no tendría sentido tampoco intentarlo; sin embargo, sí había a alguien a quien sí podía exigirle una explicación:

“Víctor, ¿qué pretendes con esta cita con Chris?”.

El mensaje se envió de inmediato, pero no recibió una pronta respuesta, por lo menos no antes de llegar al lugar del destino. Yuuri bajó del automóvil cuando Chris también lo hizo y descubrió que habían llegado a un terreno baldío, pero cercado, lo que indicaba que era propiedad privada. Giacometti le hizo una seña para que lo siguiera y ambos llegaron hasta la que parecía ser la única puerta del alambrado. Chris sacó una llave, abrió e ingresó; aunque, cuando Yuuri también pasó, se aseguró de cerrar de vuelta. Todo parecía prácticamente abandonado, aunque si se enfocaba la vista en el punto interior exacto, podía verse un par de figuras humanoides al fondo. Al acercarse a ellas —pues fue al punto que Chris comenzó a caminar—, Yuuri se percató de que esas figuras realmente eran maniquíes con un marcaje de tiro circulado pintado en ellas… Eran de aquellos que servían para practicar. 

—Víctor quiere que aprendas a utilizar un arma para que puedas defenderte en caso de que ninguno de nosotros pueda hacerlo por ti. Si quieres quedarte a su lado, debes aprender a jugar con las reglas.

Chris, sin ninguna otra pretensión, sacó un arma de su cinto y se la entregó, una que sería ideal para él al ser un completo novato. Después sacó otra, la que le pertenecía desde hace tiempo.

—Yo no… —Yuuri había recibido la pistola, pero la sostenía con cierto temor y tiento. Tenía incluso miedo de apretarla tan solo un poco con los dedos.

—Piensa en Víctor. A él le aliviará saber que por lo menos, si te matan, habrás dado batalla. Está bastante nervioso desde tu accidente. 

No hizo falta que Chris dijera más para convencerlo. Si bien no sabía a qué nivel Víctor estaba temeroso por su seguridad, podía imaginárselo por el nivel de protección que tenía con él, incluso aunque vivieran juntos. Además, no era para menos; aunque Yuuri intentaba mostrarse sereno, porque había sido decisión propia mantenerse ahí aunque casi moría, era bastante evidente que también sentía miedo de que algo así pudiera ocurrirle. La idea de tener que utilizar un arma para defenderse no le entusiasmaba; no obstante, creía que le podría brindar cierta seguridad que en ese momento ya no experimentaba. 

Aceptado el entrenamiento, Chris le explicó con sorprendente paciencia todo lo básico que debía saber sobre un arma y cómo apuntar con una buena precisión. Yuuri nunca se imaginó que este pudiera ser tan buen maestro, en especial con él, por lo que era evidente que el tema y enseñarlo le gustaba mucho. Incluso, hasta cierto punto, comenzó a sentir bastante agradable su compañía como nunca antes. 

—Bien, ahora intenta apuntar a la pierna derecha y dispara.

Sería la primera vez que Yuuri lo haría, era evidente que por dentro se sintiera aterrado ante la sola idea de tener que alzar el arma y apretar el gatillo. Sin embargo, tomó un suspiro y trató de pensar en aquello que Chris le había hecho: que Víctor se sentiría más tranquilo si él podía defenderse solo… y él mismo también lo estaría. Era cierto que se había metido a eso a voluntad propia, lo mínimo que debía hacer era jugar como todos lo hacían para, por lo menos, estar un poco al mismo nivel.

Bajo esos pensamientos, alzó la pistola y trató de visualizar su objetivo como Chris se lo había recomendado. Entonces una detonación se escuchó. Yuuri sintió como si su estómago cayera a sus pies, mientras un intenso ardor proveniente de su brazo izquierdo comenzaba expandirse por él.

Con un jadeo, volteó a ver a Chris completamente pálido cuando entendió qué había ocurrido, cuando procesó el hecho de que la munición no había salido de su arma, sino de la de Chris… y que lo había impactado.


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