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Primer sospechoso: Seung-gil Lee – el chico de los ojos hermosos (Cuidaré de ti)


Aquél hombre vestido de negro miraba con expresión de decepción el cuerpo inerte del sumiso esclavizado, durante horas había estado experimentando, torturando, sin contenerse, dando rienda suelta a todas las fantasías sádicas que él y su pareja tenían. 

—Se quebró —dijo en voz baja y monótona, carente de cualquier tipo de sentimiento. 

—Tarde o temprano sucedería —una voz suave llegó a sus oídos mientras los brazos desnudos de su pareja lo abrazaban por la espalda y dejaba descansar su mentón en el hombro derecho del de traje negro—. Su destino era morir por su placer, Amo. 

—¿También es tu destino? —preguntó girándose y poniendo sus manos en el delgado cuello, presionando.

—Si usted así lo dispone —dijo temblando—. ¿Es eso lo que desea? —preguntó con un hilo de voz.

—No —respondió soltando aquel frágil cuello y enredado sus dedos en la cabellera de su amante.

—Entonces seguiré viviendo. Utilíceme como desee porque yo viviré por su placer, Amo —declaró con los ojos brillantes, deseosos. Sus labios se entreabrieron para ser devorados con ímpetu, con violencia, con esa enfermiza y macabra excitación que le provocaba el tener sus manos manchadas con el color de la muerte. 

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Phichit deseaba que la misión concluyera lo antes posible, no quería seguir alargando la experiencia y consideraba que ya habían perdido tiempo suficiente, aunque necesario, encerrados en aquella casa en medio de la nada. El miércoles por la noche se presentó en el Club Algolagnia luciendo un apretado pantalón de cuero negro y una camisa semitransparente color granate que llevaba abierta hasta el tercer botón. 

Al entrar quedó sorprendido, la decoración era menos discreta que en Eros; las paredes tenían diversos tipos de elementos en los que sumisos podían ser amarrados, desde el techo colgaban cadenas y columpios extraños que podrían ser utilizados para suspender a los sumisos en el aire; cruces y jaulas completaban el panorama. 

Phichit caminó directamente a la barra del bar, evitando tropezar con algunas parejas que bailaban al ritmo de la música sensual que sonaba, llenando el ambiente con eróticos acordes y una voz masculina, profunda y lujuriosa. Al llegar a su objetivo, Phichit se sentó en un taburete alto y desde ahí observó a las distintas personas que se encontraban en el lugar. Vio bastantes dominantes charlando entre sí mientras sus sumisos se mantenían silenciosos a sus pies, sin embargo, también habían otras parejas en las que el sumiso parecía poder interactuar normalmente con los demás, sólo el collar que lucían en sus cuellos delataba su condición. 

El moreno de ojos oscuros se percató de que los sumisos sin pareja vestían de manera atrevida, algunos eran osados y bailaban mostrando sus cualidades anatómicas, otros tenían una actitud tan tímida que esta parecía desmentir lo que su sexy vestuario sugería, sin embargo, de una u otra manera intentaban llamar la atención de los dominantes; de aquellos que lucían elegantes enfundados en costosos trajes o de aquellos que parecían intimidantes con sus pantalones de cuero y camisas ajustadas.

Phichit comenzó a buscar entre los dominantes alguna cara conocida. Mila se había encargado de conseguir fotografías de todos los sospechosos que tenían en esos momentos y él encontraría la manera de acercarse a ellos. 

—¿Quieres beber algo, precioso? —la voz del barman lo sacó de sus pensamientos.

—Claro —dijo Phichit dirigiendo la mirada al muchacho que le hablaba—, ¿qué me recomiendas? 

—¿Es la primera vez que vienes? —preguntó con su notorio acento latino. 

—Así es, estoy interesado en encontrar un Dom que esté dispuesto a enseñarme. Soy novato. —sonrió. 

—Bienvenido entonces —le sonrió amablemente el muchacho—, te daré un mojito sin alcohol cortesía de la casa, me quedan divinos a pesar de que no puedo ponerle un buen ron cubano… pero normas son normas y el juego es peligroso si hay alcohol o drogas en tu sistema, es bueno que lo tengas presente, acá no vendemos nada de eso, pero si alguien te ofrece no lo aceptes, te pones en peligro y además te pueden prohibir la entrada al club por romper las normas de seguridad. 

—Te agradezco la recomendación, ¿cuál es tu nombre?

—Alejandro, pero puedes llamarme Alex.

—Un gusto conocerte Alex, yo soy Phichit. 

—El gusto es mío ¿Puedo llamarte Phi?

—Claro. 

—Te prepararé tu mojito, Phi. Y ya sabes, estoy disponible para cualquier duda que tengas —Alejandro le guiñó un ojo coqueto y luego comenzó a preparar el mojito sin alcohol de Phichit, el cual resultó ser una especie de limonada gasificada con hielo y hierbabuena, bastante refrescante y deliciosa. 

Una vez con su bebida en la mano, Phichit comenzó a caminar por el salón. Su presencia fue inmediatamente notada por varias personas, pero él no estaba para juegos, él no tenía más objetivo que encontrar al culpable de las desapariciones de los sumisos, descubrir que había sucedido con ellos y de ser posible rescatarlos con vida.  Caminaba absorto en ese tipo de pensamientos, hasta que sentado en un sofá de cuero lo vio; Seung-gil Lee, dominante que sostenía una relación 24/7 y que además era socio capitalista en Algolagnia. Uno de los diez sospechosos.

Phichit observó detenidamente a Lee, vestía un pantalón de cuero y una camisa negra, su expresión era seria y sus ojos oscuros miraban al frente, sus manos sostenían una correa que al otro extremo se enganchaba en el collar de su esclava, un escalofrío recorrió la espalda de Phichit al ver a esa mujer, estaba arrodillada en medio de las piernas del dominante, completamente desnuda, su piel tenía las marcas que dejaban los azotes y tenía las manos y los pies engrillados, además, una máscara de cuero que ocultaba su rostro por completo, dejando sólo su boca a la vista. 

Seung, al sentirse observado, dirigió su mirada fría a Phichit y lo examinó minuciosamente, haciendo que el moreno se sintiera expuesto ante esos ojos oscuros que no se despegaban de su rostro y de su cuerpo. No obstante, y teniendo siempre la investigación en mente, sonrió. 

Phichit comenzó a moverse al ritmo de la música, haciendo sensuales y enérgicos movimientos con su cuerpo, girando sobre sí mismo para mostrarse completamente ante ese dominante que centraba toda su atención en él. Seduciendo, encantando. Terminó su baile con una amplia sonrisa que mostraba abiertamente toda la vitalidad que había en él, se dio la vuelta y volvió a la barra sin siquiera mirar a quien dejó atrás, pero sintiendo sobre él la fuerza de aquella mirada. 

—Alex —llamó Phichit sentándose nuevamente en la barra— ¿me das otro mojito?

—Por supuesto, precioso —respondió poniéndose manos a la obra. En pocos minutos Phichit disfrutaba del refrescante sabor de aquella bebida. 

—Realmente te queda buena —comentó el moreno haciendo un gesto de disfrute. 

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Seung se puso de pie, ese muchacho le había parecido sumamente atractivo y había despertado sus ganas de jugar con él. Caminó despacio sin soltar la correa con la que guiaba a su esclava, ella lo seguía gateando mansamente. 

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó sin rodeos interrumpiendo la charla que Phichit mantenía con Alex. 

Phichit miró al hombre de mirada severa, su actitud arrogante y sus fríos ojos negros era intimidantes, pero el moreno no era su sumiso y le mantuvo la mirada, altivo.

—Mi nombre es Phichit —contestó—. ¿Con quién tengo el gusto? —sonrió.

—Mi nombre es Seung —respondió detallando su rostro—. Nunca te había visto, Phichit. 

—Es la primera vez que vengo, Seung. Aún no estoy en el mundo del BDSM, tan solo he tenido pequeñas y aisladas experiencias que han despertado mi curiosidad. Quiero experimentar —relató el moreno para después seguir bebiendo su mojito sin alcohol. 

—¿Buscas Dominante? —la pregunta hizo sonreír a Phichit.

—Busco experiencias que me ayuden a explorar las fantasías que tengo, entonces sí, busco Dominante; alguien que me enseñe y me tenga paciencia. 

—Me agradaría ser esa persona.

—¿Y ella no se opone? —preguntó dirigiendo su atención a la mujer que descansaba a los pies de Lee.

—Ella es una esclava que hace lo que yo ordeno. Su opinión no es relevante —respondió sin mirarla.

—Sí es así, me interesaría probar contigo —respondió Phichit—, pero necesito que me ayudes a establecer los términos antes de hacer cualquier cosa.

—Ven conmigo, necesitamos un sitio silencioso y privado para ponernos de acuerdo —ofreció el dominante, Phichit asintió. 

Lee comenzó a caminar inmediatamente y Phichit comenzó a seguirlo. Caminaron hacia una escalera y subieron al segundo piso, llegaron a un espacio abierto desde el cual se podía observar el primer piso. Avanzaron por un pasillo hasta llegar a otro espacio abierto, una estancia con colores claros, sofás color crema y una linda muchacha de pelo castaño sentada tras un escritorio.

—Buenas noches, señor Lee —saludó la muchacha cuando vio al Dominante acercarse a su escritorio. 

—Buenas noches, Tanya —respondió—, te presento a Phichit.

—Buenas noches, Phichit, bienvenido —dijo la mujer dirigiendo su atención al moreno. 

—Buenas noches y gracias —respondió Chulanont sonriendo. 

—Necesitamos una oficina para discutir los términos del juego —Lee volvió a hablar—, también quisiera una playlist. 

—Inmediatamente —la mujer sacó una pequeña carpeta transparente de uno de los cajones de su escritorio, también una llave, ambas cosas se las dio al dominante—. Por favor sigan a la oficina número tres. 

—Gracias.

Lee inmediatamente siguió su camino por el pasillo que estaba junto al escritorio de Tanya, Phichit se despidió y lo siguió. Caminaron hasta la oficina número tres y ambos entraron; una habitación pequeña con un par de sillones y una mesa entre ellos. Seung fue el primero en sentarse, la mujer que silenciosamente lo acompañaba se acomodó a sus pies. 

—Toma asiento —ordenó a Phichit— y revisa este cuestionario —le indicó entregando la carpeta—, es más sencillo para ti definir los límites del juego si contestas estas preguntas. Si tienes alguna duda la podemos discutir. 

Phichit abrió la carpeta y se encontró con un listado bastante minucioso de actividades, debía responder si las había experimentado y luego darle una valoración, entre las opciones estaban: no lo haría por ningún motivo, lo haría si el Amo lo ordena pero a disgusto, lo haría para experimentar, me excita la idea, lo haría con gusto y claro que lo haría, me encanta y me excita completamente. 

Phichit ya estaba familiarizado con las prácticas que ahí se describían, entre las que se encontraban: adoración del Amo, diversas prácticas que apuntaban a su aspecto personal (afeitado, piercing, etc), tipos de ataduras, lugares donde azotar, objetos a utilizar (cera caliente, fustas, cadenas, etc), preguntaba también sobre el monto de dolor que estaba dispuesto a sentir, el tipo de humillaciones a las que podía ser sometido y un largo etc. Realmente era una lista exhaustiva que preguntaba desde el tipo de fantasías que el sumiso tenía hasta los problemas de salud que presentaba. 

Phichit sabía que si respondía honestamente resultaría bastante aburrido como sumiso, la verdad es que no le llamaban la atención la mayoría de las prácticas ahí descritas e incluso algunas le daban un poco de temor; colgarse pesos en los testículos no le parecía una experiencia placentera. Comenzó a llenar el cuestionario tomando en cuenta el tipo de cosas que no podían lastimarlo realmente; humillaciones e insultos eran algo inocuo para alguien como él, que simplemente estaba fingiendo e interpretando un papel. Todo aquello que le parecía inofensivo o de intensidad leve lo puso como altamente deseable. Luego se preocupó de encontrar aquellas cosas que jamás haría; beber orina fue descartado inmediatamente, descartó también el dejarse fotografiar o grabar, no permitiría que nadie tuviera ese tipo de imágenes de él, tampoco permitiría que su aspecto fuera modificado permanentemente, y finalmente no estaba dispuesto a arriesgar su salud; el sexo siempre sería con condón y beber semen quedaba descartado. 

El resto de las prácticas las valoró en términos medios, siempre indicando que no estaba acostumbrado a soportar dolor por lo que no sabía que tan bien pudiera aguantar determinados juegos. 

—Tal vez sea aburrido para alguien que tiene una esclava —dijo Phichit al entregarle el cuestionario. 

Seung tomó el cuestionario y comenzó a leerlo detenidamente. No hizo ningún comentario hasta acabar con la lectura. 

—Te ofrezco una sesión privada, mi esclava también participará de ella. Si nos sentimos a gusto podríamos agendar algunas sesiones más. 

Seung lo miraba fijamente, el moreno pocas veces se habían encontrado con una mirada tan penetrante, una mirada de la que era difícil escapar, porque pese a su frialdad y a la seriedad que no desaparecía del rostro del coreano, aquella mirada hablaba, hablaba del deseo y la lujuria que podía encontrar en aquellas manos. Tragó grueso, estaría en las manos de ese hombre, ya no era solo un juego seguro en el que debía soportar cosas que no eran de su total agrado, pero que eran moderadas por las manos de una persona en la que confiaba; ahora estaba solo y su seguridad dependía de un hombre que bien podría ser el causante de la desaparición de otras personas. 

Phichit sacudió la cabeza en un gesto que buscaba espantar todas aquellas ideas, él era un policía, no cualquier policía, era Phichit Chulanont, miembro del equipo platino y había aceptado esa misión. En ese lugar estaba seguro, mientras la sesión fuera dentro del club no sería dañado. 

—Acepto —respondió finalmente—. Por favor, cuida de mí —sonrió. 

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Phichit se encontraba dentro del baño de la habitación en la que se encontraban. El club tenía muchas y de diferentes estilos para arrendar por horas a los asistentes. Seung, por ser socio capitalista, tenía una propia a la que llevaba a los sumisos con los que jugaba. 

La habitación de Seung mezclaba colores oscuros, el mobiliario era color caoba y las paredes de un elegante rojo carmesí. Había una cama con dosel, una cruz de San Andrés, un potro de superficie acolchada y un cepo con pie dispuestos en diferentes extremos del lugar. Phichit había visto todo eso cuando entró y se dirigió al baño, y aunque ya conocía aquellos instrumentos, nunca había sido tan consciente de que originalmente eran artefactos de tortura. 

Phichit se encontraba desnudo, sólo una bata roja cubría su piel, guardó su ropa en un mueble y tomó su teléfono móvil enviando un mensaje en clave a Mila:

“Volveré tarde a casa, conocí a un chico de ojos hermosos y nos divertiremos juntos.” 

Phichit apagó el teléfono y lo guardó junto a sus otras pertenencias. Respiró profundamente para salir al encuentro del dominante. 

—¿Podemos empezar con nuestro juego? —preguntó Seung.

—Estoy listo —respondió Phichit.

—Muy bien, en este momento eres mi esclavo y debes dirigirte a mí con respeto; responderás a mis preguntas llamándome Amo y no hablarás sin mi consentimiento. Mantendrás la vista baja y obedecerás mis órdenes sin cuestionarme. Si en algún momento sientes que la intensidad del juego está alcanzando tus límites dirás amarillo, si necesitas detenerlo dirás rojo. Esas son las únicas palabras que puedes decir sin mi permiso, ¿has entendido? 

—Sí, Amo.

—Repite lo que dije. 

—Me dirigiré a usted con respeto; responderé a sus preguntas llamándolo Amo y no hablaré sin su consentimiento. Mantendré mi vista baja y obedeceré sus órdenes sin cuestionarlas. Si en algún momento siento que la intensidad del juego está alcanzando mis límites diré amarillo, si necesito detenerlo diré rojo. Esas son las únicas palabras que puedo usar sin su permiso. 

—Excelente, mi pequeña perra te dará un premio por ser un buen chico. 

Seung se acercó a Phichit, se puso tras él y comenzó a desatar la bata que lo cubría, luego la deslizó por sus brazos hasta desnudarlo totalmente. La mujer gateó hasta quedar frente al cuerpo desnudo del moreno, se inclinó hasta que su boca tocó su pie descalzo y comenzó a lamer los delgados dedos con devoción. Phichit sentía la lengua serpenteante de la sumisa humedecer su piel mientras la respiración de Seung golpeaba su cuello, el policía no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera ante aquella excitante calidez. 

La mujer atendía ambos pies del morendo, adorando lo que su amo le había ordenado adorar, dejando una estela húmeda que poco a poco fue subiendo por las extremidades del moreno, acercándose lentamente a las paredes interiores de sus muslos, provocando temblores involuntarios y sonidos quedos que morían en su garganta. 

Seung entregó a la mujer un condón, ella comenzó a masturbar el pene de Phichit mientras lamía sus testículos buscando que su hombría se endureciera completamente, cuando lo consiguió retiró el condón del envase y lo puso entre sus labios, envolviendo con su cálida boca el miembro erguido del moreno. Phichit no pudo evitar dejar escapar un gemido al sentir su pene invadiendo aquella humedad. 

—¿Te gusta como lo chupa esa perra? —preguntó Seung jalando su cabello hacia atrás y paseando sus dedos sobre el frágil cuello del moreno. 

—Me gusta, Amo —respondió con la voz entrecortada debido a la lengua hábil de aquella mujer. 

—Agradécelo entonces, ¿o acaso tendré que enseñarte modales? —Una sonora nalgada sorprendió al tailandés. El golpe no fue delicado, la mano de Seung era pesada y no se había contenido, arrancando un grito claro de la boca de Phichit.

—Gracias, Amo —logró decir Phichit entre la sorpresa del dolor y el placer que le proporcionaba la mujer entre sus piernas.

—¿Por qué me agradeces?

—Por obsequiarme el placer que me da su esclava —contestó. Y otro golpe en la nalga contraria lo sobresaltó.

—¿Por qué más debes agradecer a tu Amo? —preguntó secó.

—Por… por enseñarme modales, Amo —respondió titubeante. 

—Así es. Siempre debes mostrar gratitud hacia todo lo que recibes de tu amo. 

Seung se alejó momentáneamente de Phichit mientras él seguía disfrutando del sexo oral. Seung volvió pronto, sosteniendo en sus manos un dildo de silicona.

—Abre la boca —ordenó al moreno, Phichit obedeció y Seung introdujo el dildo—. Sostenlo bien, pronto lo usaremos. 

Phichit experimentó el tener su boca repleta y se sintió un poco mareado por no poder usarla más para llenar sus pulmones con aire, intentando oxigenarse únicamente por sus fosas nasales mientras la excitación le pedía respirar cada vez más rápido. La lengua de aquella mujer acariciando su glande, su boca tomando sus testículos completamente dentro de ella y sus labios golpeando su pelvis al introducir su miembro por completo dentro de su húmeda calidez lo estaba llevando al orgasmo. Sentía ya la vertiginosa sensación de correr a toda velocidad por una carretera vacía sabiendo que no tienes frenos. Un dolor sordo en su pezón derecho solo acrecentó aquella sensación; por primera vez el placer y el dolor se unían en exitosa una comunión. El otro pezón también fue apresado por la fría pinza de metal y Phichit sintió el desespero de no poder dar rienda suelta a los gritos que morían ahogados en su garganta.

Cuando finalmente el orgasmo sacudió su cuerpo, su boca no pudo sostener por más tiempo aquel dildo de vibrante color azul, el gemido claro y profundo que nació en su interior llenó la estancia como música del placer. La mujer se separó de él y retiró el condón manchado de su boca, Seung sujetó a Phichit de los brazos y acercó su boca cerca de su oído izquierdo.

—Esto no se ha terminado todavía, no pienses que te dejaré descansar —una sonrisa ladina se dibujó en el rostro del Dominante. 

Seung movió sus manos por el torso desnudo de Phichit, lentamente se acercó a sus pezones y los castigó nuevamente quitando aquellas pinzas metálicas que habían cortado la circulación. La sangre golpeando con fuerza hizo gritar al moreno, esta vez de dolor. 

—Me gustan tus gritos —dijo Seung mientras masajeaba esos lastimados botones oscuros—, pareces una perra en celo y yo siento especial debilidad por esos animales. Si no fueras un novato estaría dándote una dura paliza solo para oír más de esos gritos salir de tu boca, pero encontraré la manera de que me compenses por ser tan suave contigo. Ahora ve y acuéstate de espaldas sobre la cama —ordenó. 

Phichit caminó despacio y se tumbó sobre la cama, su cuerpo sudoroso estaba a la expectativa.

—Abre las piernas, quiero que me muestres tu sucio agujero —ordenó. 

Phichit obedeció y abrió sus delgadas piernas exponiéndose ante la mirada intensa del dominante. Su estrecha cavidad latía al ritmo de su respiración y él se sentía diferente a las veces anteriores, no olvidaba su motivo para estar allí, pero se sentía ansioso, avergonzado y excitado. El temor que había sentido por unos instantes, antes de aceptar lanzarse a aquel juego lascivo, había sido opacado por las otras emociones que lo embargaban

Seung recogió el dildo, lo limpió con su pañuelo y luego tomó la correa sujeta al collar de su esclava, se acercó a Phichit y llevó el dedo índice de su mano derecha hasta el vibrante anillo de carne, comenzó a moverlo con suavidad provocando suaves jadeos en respuesta.

—Eres estrecho —dijo Seung sin detenerse— ¿qué es lo más grande que ha entrado aquí? ¿Un pene? ¿Un dildo?

—Un pene, Amo. 

—¿De este tamaño? —preguntó mostrándole el dildo que tenía en sus manos.

—Sí, Amo. 

—Cuando acabe contigo verás como tu trasero puede devorar cosas mucho más grandes —afirmó como si se tratase de una amenaza. 

Seung le entregó el dildo a su esclava, también un frasco con lubricante.

—Prepáralo para mí, esclava —ordenó. 

La mujer puso lubricante en sus dedos y los acercó hasta el ano de Phichit, uno de ellos comenzó a hacer movimientos ondulantes sobre aquel anillo de carne, un movimiento lento y cuidadoso que poco a poco fue abriendo esa estrechez, entrando en él, acariciando sus paredes cálidas con paciencia mientras su dedo era succionado y apretado. Con dificultad, comenzó a mover su dedo como si jalara un gatillo, provocando que aquellas paredes flexibilizaran su opresión y le permitieran ingresar un dedo más, y luego un tercero.  

Phichit sintió sus piernas temblar cuando la mujer logró alcanzar su próstata, sonoros gemidos escaparon de sus labios. Los ojos de Seung observaban oscurecidos y viciosos aquella escena desarrollada frente a él. La piel perfecta de Phichit era una invitación a golpearlo, quería marcar esa piel canela con los colores de su látigo, aunque sabía que ese no era el momento adecuado para hacerlo. 

Sin sacar sus dedos y ayudada de mucho lubricante, la mujer comenzó a introducir el dildo, forzando la dilatación, provocando el ensanchamiento, suscitando gemidos más agudos mientras las manos del moreno apretaban las sabanas bajo su cuerpo, sollozando por aquellas sensaciones que no era capaz de contener. 

Cuando el dildo estuvo profundamente enterrado en el cuerpo del moreno, Seung decidió amarrar los pies de Phichit al dosel de la cama, dejando sus piernas abiertas en una gran V que le impedía cualquier tipo de escape. La mujer seguía concentrada en la tarea que su amo había encomendado, y Phichit no era capaz de pensar en nada mientras ese dildo y esos dedos se movían dentro de él.

Seung abrió su pantalón y liberó su dura excitación, se tocó a sí mismo mientras observaba la escena, expandiendo la humedad viscosa que empapaba su glande. Tomó un condón que previamente había guardado en su pantalón y abrió el paquete para enfundar su pene, se acercó más al cuerpo sudoroso de Phichit y sonrió. La cama era convenientemente alta por lo quedaba en una posición perfecta para embestirlo. 

Sin retirar el dildo, los dedos de la mujer comenzaron a ser reemplazados por el el pene de Seung, Phichit se tensó al comprender lo que el dominante pretendía; los finos dedos de ella no se comparaban con el miembro erecto de Seung. Phichit sintió un dolor agudo cuando la cabeza del pene del coreano ensanchó aún más las paredes que protegían su interior. 

—Detente, es… es mucho —lloriqueo Phichit. 

Seung esbozó una sonrisa perversa y de una estocada se introdujo dentro del cuerpo trémulo. Y nuevamente escuchó un grito salir de aquella tibia boca. Seung se inclinó, Phichit pudo sentir la respiración del dominante sobre su rostro.

—Me gusta que grites como perra —sonrió—, pero te advertí que no hablaras sin mi permiso. 

Los ojos de Phichit temblaron ante el tono frío de voz que Seung había utilizado, su cuerpo se sentía convulso al soportar dentro de sí el doble de lo que acostumbraba, pero no pudo dejar de notar que el coreano había detenido sus movimientos. 

—Esclava —pronunció mirando a la mujer—, trae la fusta. 

Mientras ella cumplía su orden, Seung comenzó a mover el dildo suavemente, en cortos movimientos de lado a lado. Poco a poco, los jadeos de Phichit comenzaron a llenar nuevamente la estancia.

La mujer llegó con la fusta y se la ofreció reverente a Seung, él la tomó y la acercó al rostro de Phichit, acariciando. Un escalofrío recorrió la espalda de Phichit cuando la cadera de Seung comenzó a moverse mientras la lengua de cuero de su fusta se movía sobre su piel; desde su mejilla hasta su cuello, bajando por su pecho, restregándose en sus pezones, recorriendo su abdomen y besando con fuerza sus nalgas y muslos; arrancando nuevos gritos para el disfrute del dominante. 

Los movimientos de cadera de Seung cada vez eran más rudos, también la intensidad con la que utilizaba la fusta en los muslos de Phichit. La consciencia del moreno se sumergió en la bruma que la intensidad a la que se había rendido provocaba, no había coherencia en sus pensamientos, ni siquiera en lo que sentía; en aquel momento no era más que un cuerpo reaccionando al goce, ahogado en goce. Goce que lo llevó a experimentar el más profundo de sus orgasmos, uno que lo sumió en la inconsciencia. Seung sujetó con fuerza las caderas del policía y no tardó en liberar su propio orgasmo. 

Seung se mantuvo de pie, quieto hasta regularizar su respiración. Poco a poco salió del cuerpo del moreno y luego quitó el dildo. 

—Ve por toallas húmedas y crema —ordenó a la mujer. Mientras tanto, él desató las piernas del policía y lo acomodó mejor en el centro de la cama. 

Cuando la mujer volvió junto a él, tomó las toallas húmedas para retirar los restos de lubricante, luego aplicó una pomada en la zona. Al terminar con Phichit sentó a la mujer en un extremo de la cama, buscó las llaves y quitó los grilletes de pies y manos, masajeó con la crema y posteriormente quitó la máscara que ella llevaba puesta, liberando su hermoso cabello negro y mostrando sus peculiares ojos color amatista. 

—Has sido muy buena chica, Sara —dijo Seung acariciando el rostro de la morena—. La próxima vez dejaré que también tengas un orgasmo. 

—Gracias, amo. 

—Ahora descansa —Sara se acomodó en la cama. Seung los cubrió con una manta y luego se quitó la ropa también, quedando tan sólo con sus boxers negros. Se metió a la cama junto a ellos, Phichit quedó en medio de ambos aún sin despertar, respirando pausadamente en medio de su cansancio. Sara se abrazó al cuerpo del moreno y Seung los mimó con caricias hasta dormirse también. 

XXXXXXXXXXXXXX

Al despertar, el dolor en la parte baja de la espalda le dio los buenos días a Phichit incluso antes de que abriera los ojos. Sintió que su mejilla estaba apoyada contra algo cálido que se movía pausadamente, al igual que su brazo derecho. También sintió que su torso era abrazado y otras piernas se enredaban con las suyas. Abrió los ojos confundido y si no fuera por el dolor que sentía habría saltado al notar que estaba sobre el torso desnudo de un hombre que respiraba tranquilo. 

—Buenos días —dijo aquel hombre al percibir que se había despertado. Reconoció la voz y los recuerdos de la noche anterior lo sobresaltaron. 

—Buenos días —dijo finalmente intentando liberarse del agarre de los delgados brazos que se aferraban a él.

—Sara tiene el sueño pesado —dijo Seung al notar que Phichit quería quitársela de encima—. Te ayudaré. 

Seung se sentó en la cama y retiró los brazos de la morena que, sin despertar, se giró en la cama y abrazó la almohada. 

—Gracias —dijo Phichit intentando sentarse, pero una mueca dolorosa se reflejó en su rostro cuando no le fue posible hacerlo—. Esto es tu culpa —dijo Phichit haciendo un puchero. 

—Me gusta que así sea —respondió levantando sus hombros. 

—Que cruel.

—Créeme cuando te digo que fui bastante suave. Fui considerado al saber que no has experimentado demasiado. 

—¿Debo darte las gracias? —Phichit levantó una ceja.

—Sería educado de tu parte hacerlo —respondió Seung con seriedad. 

—Gracias por tu consideración, y por partirme el culo —dijo con ironía. 

—¿Venías a que te diera dos nalgadas y te follara con dulzura? —preguntó mordaz. 

Phichit no pudo evitar reír, ciertamente nadie iba a un club BDSM por suaves caricias y tiernos susurros. Seguramente lucía patético intentando reclamar por el dolor que seguramente sentiría por días. 

—Lo siento, nunca había despertado tan adolorido después de una noche de sexo. Pero tienes razón y no me arrepiento de nada. 

—Me alegro porque la próxima vez seré más exigente. 

—¿Próxima vez?

—Quiero que sigamos jugando, quiero descubrir, ayudarte a descubrir, cuales son tus verdaderos límites. 

—¿Qué te hace pensar que es lo que quiero?

—¿Me dirás que no? —preguntó altivo. Phichit se mordió el labio; debía aceptar, se dijo. 

—Quiero, pero nada formal. No seré tu sumiso, simplemente jugaremos cuando ambos queramos hacerlo. ¿Te parece bien?

—Para mí es perfecto. 

—Ahora debo ir al baño, ¿me ayudas? 

Seung se puso de pie y cargó a Phichit hasta dejarlo sentado sobre el inodoro. 

—Necesito privacidad —dijo el moreno al ver que el coreano no salía del baño. Seung se retiró cerrando la puerta y Phichit aprovechó para buscar su teléfono móvil, lo encendió y vio un mensaje de Mila:

“Avisame como te va con tu chico de ojos hermosos, o nuestros padres se preocuparán”

Phichit respondió inmediatamente:

    “Nos divertimos, vuelvo pronto” 

Después de enviar el mensaje Phichit suspiró, era cierto, no podía negar que se había divertido. 

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