Una nueva misión (Cuidaré de ti)


Equipo platino, ese es el nombre por el cual se conoce a los mejores agentes policiales de Rusia. Yakov Feltsman, un reconocido policía que en sus años de juventud resolvió casos que impactaron a nivel nacional, fue quien creó al equipo platino. Los entrenó personalmente  y actualmente lidera a los siete policías que conforman el grupo de policías de élite más temible de Moscú y Rusia entera: Yuri Plisetsky, Christophe Giacometti, Phichit Chulanot, Georgi Popovich, Mila Babicheva, Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov, son sus nombres. Aunque estos permanecen en el anonimato para el público, y sólo pocas personas de confianza conocen sus rostros, como por ejemplo, la ex-esposa del temible Feltsman. 

Lilia Baranosvkaya llegó sin anunciarse a la oficina de Yakov Feltsman, no era la primera vez que lo hacía, aunque el día de hoy sus agentes se llevaron una gran sorpresa cuando ella les comunicó, como parte de la investigación en la que comenzarían a trabajar, que era la dueña de un reconocido club BDSM. Para los jóvenes policías había sido bastante traumático imaginar que su jefe estuvo casado con la dueña del famoso club “Eros”. Yakov, Lilia y su acompañante, Otabek Altin, se encerraron en el despacho de Feltsman mientras el resto del equipo se miraba sin decir nada, pero seguros de que todos estaban pensando cosas similares. En la oficina de Yakov, Lilia comenzó a relatar los acontecimientos que la llevaban a visitar a su ex-esposo buscando ayuda policial.

—En los últimos seis meses han desaparecido tres sumisos que frecuentaban bastante seguido nuestro club. Dos chicos y una chica, uno de los chicos era extranjero. Acostumbro ser cuidadosa con los datos de los sumisos que se inscriben en el club, precisamente porque entre los dominantes a veces se ocultan simples sádicos que buscan gratificación sin importar las consecuencias para sus parejas sumisas. El primero en desaparecer fue el chico extranjero, él me había comentado que deseaba regresar a su país por lo que no le di importancia, pero después desapareció la chica y me preocupé, traté de contactarlos a ambos y no hubo respuesta, averigüé en los otros clubes y hay dos en los que también se han percatado de la ausencia de algunos sumisos, en el “Club Algolagnia” han dejado de asistir dos sumisos rusos y en el “Imperio de los Sentidos” una sumisa china. Lamentablemente hace dos noches dejó de asistir otro chico sumiso a nuestro club, hoy intentamos contactarnos con él y no hemos podido, por lo que creo que es el tercer desaparecido que tenemos en “Eros”. Todos los sumisos desaparecidos se encontraban sin contrato o pareja estable.

Lilia, hacía tiempo que había dejado el club en manos de Otabek Altin, su protegido desde que lo rescató de las frías calles de Moscú siendo aún un niño. Otabek era un conocido dominante dentro del ambiente, pero el último tiempo había dejado un poco el juego debido a sus responsabilidades con el club que heredaría de Lilia. Sin embargo, Lilia nunca se desentendió totalmente de su negocio y este tema era algo que realmente le preocupaba. Como amante del mundo BDSM entendía que la confianza y el bienestar eran esenciales en una escena BDSM, donde lo que se busca es obtener placer de manera consensuada y no el dañar a quien acepta interpretar el rol de sumiso. Esos sádicos disfrazados de dominantes solamente enlodan su estilo de vida, y eso era algo que no estaba dispuesta a perdonar. 

—La mayoría de los dominantes y sumisos acaban por ir a nuestro club —comentó Lilia—, por eso creo que deberían empezar investigando ahí. 

—Tendremos que infiltrarnos —informó el policía. 

—Estoy de acuerdo con eso —intervino Altin—. Sin embargo, le recuerdo que es un club BDSM, si sus agentes quieren pasar desapercibidos tienen que interpretar un rol. Y eso incluye tener sexo. 

—Eso es cierto Yakov, no es fácil, tendrán que pasar por un entrenamiento que los haga parecer dominantes o sumisos… no eres ignorante del tema y supongo que conoces lo suficientemente bien a tus agentes para saber que beta podemos explotar para convertirlos en verdaderos sumisos y dominantes, capaces de entrar a cualquier club y comportarse como se esperaría de ellos. Supongo que lo del sexo no será problema, después de todo son el equipo platino, se han infiltrado en demasiadas organizaciones como para no haber intercambiado sexo por información. 

Yakov, Lilia y Otabek conversaron un poco más. Posteriormente, el jefe de los policías hizo entrar al resto del equipo, quienes aún estaban consternados y con imágenes mentales nada agradables sobre su jefe y su ex-esposa. Sin embargo, trataron de comportarse con la mayor naturalidad del mundo, no deseaban desatar la ira del veterano policía. 

Yakov, después de contarles el caso les dijo:

—Tendrán que infiltrarse en el club como si fueran participantes de este estilo de vida. Yuri Plisetsky, tú te harás pasar por el sumiso de Otabek Altin, esto te dará acceso a las reuniones con los dueños de otros clubes de BDSM, a sus sumisos, a sus casas y oficinas. 

—Entiendo —respondió el rubio algo contrariado por tener que representar el papel de un sumiso, pero dispuesto a hacer su trabajo de manera eficiente, como siempre. 

—Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov, ustedes representarán el papel de una pareja que practica este estilo de vida. Víctor se hará pasar por un dominante, familiar de Lilia, que viene llegando a Rusia después de una larga estadía en Japón, Yuuri es su sumiso, quien aceptó venir a Rusia por amor y devoción, una característica importante que debes recordar cuando intérpretes tu papel es que no sabes hablar ruso. 

—Entendido —dijeron Yuuri y Víctor.

—Ellos la tienen fácil —Plisetsky bufó—, después de todo su historia es bastante parecida, lo único que le falta son los azotes en el culo, supongo. —Yuuri se puso rojo con las palabras del rubio, Víctor solamente se carcajeó. 

—Chistophe Giacometti —prosiguió Yakov ignorando las palabras de Yuri Plisetsky—, tú representarás el papel de un dominante sin pareja estable que va en busca de diversión momentánea, y que siempre está dispuesto a probar cosas nuevas y asumir mayores riesgos. 

—Está perfecto para mí —contestó con una sonrisa. 

—Phichit Chulanot, tú serás un coqueto sumiso. Tu papel será el más peligroso, serás un sumiso sin pareja, por lo que tendrás que moverte con cuidado, entre los dominantes se pueden ocultar personas sádicas, como el que está detrás de las desapariciones que investigaremos. Es un papel importante porque muchos dominantes son muy cuidadosos de revelar información a sus colegas, pero se olvidan de los sumisos que están a sus pies y revelan cosas como si efectivamente sus acompañantes no existieran. 

—Acepto la misión, seré cuidadoso —respondió con seguridad. 

—Georgi y Mila —dijo finalmente Yakov—, ustedes servirán de apoyo al grupo principal. Nosotros iremos a los diferentes clubes y trataremos de recabar información por nuestra cuenta, presentándonos como los policías a cargo de la investigación. 

—Entendido — dijo Georgi. 

—Y yo que quería aprovechar la oportunidad para dar nalgadas a alguna bonita chica —suspiró Mila con resignación. 

—¿Cuándo comenzaremos con las visitas al club? —preguntó Víctor.

—En cuanto hayan pasado por mi entrenamiento —contestó Altin. 

—¿De qué estás hablando? —preguntó inmediatamente Yuri Plisetsky.

—No pretenderás ir a un club BDSM sin saber cómo debe comportarse un sumiso —respondió Otabek mirándolo con seriedad. 

—Jovencito —dijo Lilia llamando su atención—, esto no es un juego. 

—¿Acaso quieres retirarte de la misión, Yurio? —preguntó juguetonamente Víctor. 

—Claro que no —contestó Plisetsky—, yo soy capaz de representar cualquier papel. Y por cierto, deja de llamarme Yurio, mi nombre es Yuri. 

Esa misma tarde, y sin ser vistos por nadie más, los cinco escogidos para infiltrarse en el club BDSM estuvieron observando lo que sucedía en el club desde la oficina de Otabek Altin, la que tenía una vista panorámica de todo lo que ocurría en el salón principal, desde afuera solo se podían ver espejos por lo que podían observar con tranquilidad. 

Los cinco agentes se dieron cuenta de que no podían infiltrarse aún en ese lugar, inmediatamente desentonaban con el entorno. 

—Creo que lo del entrenamiento es necesario —dijo Phichit—, ahora no duraría ni dos segundos fingiendo ser un sumiso. 

—Yo, como dominante, daría pena —rio Chris. 

Cuando el espectáculo había terminado y el club estaba vacío nuevamente Otabek habló. 

—No sé si lo habían pensado antes de venir, pero como pudieron ver, el BDSM busca otorgar placer sexual, no es lo único, pero es un ámbito muy importante dentro de una relación D/s. Eso quiere decir que si pretenden fingir que están en este tipo de vida deben mantener relaciones sexuales. Las personas que vienen a este club gustan de mostrar cómo lo hacen, aunque el nivel de exhibicionismo varía dependiendo de la pareja.

—Me sentiré como cuando participaba del club de teatro de la escuela —dijo Víctor jovial—, después es todo, es actuar un papel. 

—Y como buen actor hay que ensayar hasta que se pueda representar correctamente —respondió Otabek—, si están de acuerdo los espero el lunes a primera hora, estaremos al menos dos semanas en entrenamiento, prometo dejarlos listos para que representen su papel, pero tienen que venir dispuestos a todo.  

—Somos un equipo de élite, por supuesto que estamos dispuestos a todo —respondió Yuri mirando con altanería a través de sus preciosos ojos verdes.

—¿Incluso a que te folle? —preguntó Otabek mirándolo con seriedad.

Yuri tragó en seco ante las palabras de Altin, pero no desvió la mirada, Yuri Plisetsky no se iba a dejar amedrentar. Suspiró y mordió su lengua obligándose a guardar para sí mismo la sarta de groserías que se le pasaron por la cabeza. Después de todo, no quería joder su misión y tenía que acostumbrarse a silenciar su lado rebelde y grosero, especialmente frente ese sujeto. 

—Tomen esto —dijo Otabek, su voz sacó al bonito rubio de sus pensamientos, no se había dado cuenta que Altin había ido por unos libros y unos vídeos—, les ayudará a saber algo más sobre este estilo de vida. Los espero el lunes. 

—Gracias —dijo Víctor recibiendo lo que el moreno les ofrecía—, nos vemos el lunes —sonrió tan despreocupado como siempre. 

Después de despedirse de Otabek Altin se dirigieron al estacionamiento.

—Quedan cuatro días para comenzar con el entrenamiento. Supongo que mañana, o más bien hoy, pero más tarde ¡ya son las cuatro de la madrugada!, podemos ver estos vídeos en la central —dijo Víctor—. ¿Quieren llevarse algo a sus casas? Aunque por la hora les recomendaría dormir un poco. 

—Dame algún libro, quiero leer un poco —dijo Yuri con su habitual tono áspero.

—Yo quisiera ver un vídeo antes de dormir —dijo Chris.

—Y yo —se apresuró Phichit. 

—Okay, pero mañana llevenlos a la central —dijo Víctor repartiendo el botín

Yuri, Chis y Phichit se dirigieron a sus respectivos automóviles mientras Víctor y Yuuri se subían al que les pertenecía. 

—Estuviste muy callado hoy —dijo Víctor mientras encendía el motor—, ¿no estás de acuerdo con participar de esta misión? 

—La verdad no es muy cómodo para mí tener que hacerlo —confesó Yuuri mientras jugaba con sus manos en su regazo.

—Confía en mí, Yuuri. Nunca te lastimaría por mucho que tengamos que interpretar estos papeles de dominación y sumisión. 

—Confío en tí, Víctor. Sé que estaré bien a tu lado —dijo Yuuri poniendo su mano en la rodilla de Víctor—. Lo que es incómodo para mí es el tener que exhibirme en ese club. Sabes que soy pudoroso.

—A mi tampoco me gusta saber que otras personas nos verán hacer ese tipo de cosas, pero somos el equipo platino precisamente porque hacemos cosas que ningún otro policía está dispuesto a hacer. Nos hemos infiltrado en muchos lugares representando todo tipo de papeles, esto sólo será un desafío más. Uno donde tendremos que empujar los límites de nuestro pudor e incomodidad. 

—Sí… somos el equipo platino después de todo, y puedo estar tranquilo porque estaré contigo. Si estuviera en los zapatos de Yurio o Phichit creo que estaría muriendo de ansiedad. 

—Cuidaré de ti, amor. —Víctor aprovechó un semáforo en rojo para darle un suave beso acompañado con una gentil caricia. 

Cuando Yuri llegó a su departamento se preparó una taza de leche caliente y luego se acomodó en el sofá de la sala, se tapó con una frazada y comenzó a leer el libro de BDSM que Víctor le había entregado. Estuvo leyendo un buen rato, su ceño permanecía fruncido producto de la concentración.

—Demonios —dijo suspirando mientras lanzaba el libro contra el suelo—, esto será más difícil que cuando entré como seminarista para poder meter presos a esos sacerdotes pedófilos.

Definitivamente esa noche, Yuri Plisetsky no podría dormir. 

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