Explorando (Cuidaré de ti)


Víctor y Yuuri estaban sentados frente al televisor. La sala estaba a oscuras y la única luz provenía del aparato encendido en el cual desfilaban imágenes de una pareja teniendo sexo. Yuuri tenía los pies sobre el sofá, abrazaba sus piernas y apoyaba su cabeza sobre las rodillas, intentando esconder su sonrojo mientras miraba con ojos brillantes aquellas descaradas escenas y mordía sus labios ante cada jadeo o gemido de placer que llenaba el ambiente. 

Víctor, tenía la mirada fija en el televisor, sus manos descansaban sobres sus piernas mientras parecía estar observando todo con mucha atención. Tragó duro cuando escuchó el grito del chico sumiso que era azotado con una fusta. Sus pupilas comenzaron a dilatarse y lentamente las imágenes de la pantalla fueron trastocadas por sus propias fantasías, haciendo que su piel emitiera más calor del usual y que su entrepierna se endureciera.  

—Yuuri —dijo con la voz algo más ronca de lo usual—, estoy muy excitado. 

Yuuri sintió un escalofrío recorrer cada rincón de su piel al escuchar el tono de voz que Víctor había utilizado; grave, sensual, demandante. 

—Yo también estoy excitado —dijo en un susurró, con el rostro enrojecido. Presionó sus labios y bajó la mirada mientras los ruidos sexuales seguían llenando el ambiente. 

Víctor desvió su mirada y clavó sus ópalos azules sobre su compañero. Yuuri se veía tan vulnerable en esa posición; abrazándose a sí mismo mientras escondía su rostro ruborizado y ocultaba su mirada otoñal. Verlo en ese estado siempre le provocó dos deseos que hasta ese momento había creído opuestos; el deseo de protegerlo y el deseo de dominarlo. Hasta el momento, cada vez que eso ocurría se decantaba por el sentimiento de protección que lo hacía mimarlo, abrazarlo, acariciarlo con suavidad o hacerle el amor con dulzura. Sin embargo, su cuerpo excitado ahora le exigía lo contrario. El deseo de dominarlo lo abrumaba. 

Yuuri escondía sus ojos de Víctor, no se atrevía a mirarlo porque estaba seguro de que él sería capaz de leer aquello que pensaba y deseaba en esos momentos. No era la primera vez que Yuuri deseaba algo así —ser sometido por Víctor—, pero nunca se atrevería a decir algo como eso en voz alta —es algo enfermo—, solía repetirse. Pero el deseo estaba allí, anhelando ser descubierto, a flor de piel por lo que acaba de ver y seguía escuchando; la fusta contra la piel, los gemidos de dolor y placer, las palabras sucias y humillantes con las que era tratado el sumiso y la palabra Amo que salía de la boca del sumiso cada vez que respondía a las demandas de su contraparte. —Amo, ¿qué diría Víctor si lo llamara así mientras me hace el amor?—. El sólo imaginarlo hacía que su miembro palpitara, y el pensar en Víctor tratándolo con rudeza lo hacía temblar desde la punta de los pies hasta las hebras azabaches de su cabello. 

—Yuuri —dijo Víctor volviendo aún más demandante su llamado, obligando al japonés a mirarlo sólo usando su voz. Cuando los ojos color vino hicieron contacto con los zafiros, Víctor estuvo seguro de cómo debía actuar—. Yuuri, ve a la habitación y desvístete —ordenó. 

El japonés tragó grueso al escuchar la orden de su pareja. Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza y cuando se dio cuenta ya estaba caminando en dirección al dormitorio que compartía con el ruso. Cuando finalmente entró en la habitación, su corazón latía desbocado, estaba confundido, pero expectante. Se quitó rápidamente la ropa que traía puesta y la dejó doblada sobre una silla, una vez desnudo se paró junto a la cama y esperó. 

—Me sorprende que hayas designado a Yuri Plisetsky para esta misión. Tendrá que tragarse una enorme cantidad de orgullo si quiere encajar con su papel de sumiso —dijo Lilia tomando una copa de vino mientras disfrutaba de la velada en un lujoso restaurante. 

—Supongo que le hará bien una dosis de humildad —reflexionó Yakov—. Plisetsky es excelente profesional pero su incapacidad para controlar sus estados emocionales, especialmente la ira, puede jugarle en contra. Es joven y está a tiempo de corregirse, una mano fuerte junto a un carácter templado y estricto como el de Otabek pueden ser beneficiosos para su crecimiento. 

—Parece que estuvieras esperando que el muchacho se vuelva el sumiso de Otabek, más allá de la misión que les encomendaste —Lilia lo miró interrogante, aunque daba por hecho la respuesta.

—Confieso que siempre he pensado que ese muchacho necesita ser disciplinado —bebió de su copa de vino—, la disciplina que un dominante le puede ofrecer es la correcta para él. Si abraza este estilo de vida podría crecer como persona y profesional, muchachos impulsivos como él necesitan entregar el control y someterse a las decisiones de un otro para encontrar algo de paz. 

—Tienes razón. Y Otabek es la mejor opción para volverse el dominante de un muchacho sin experiencia. Es el tipo de personas que jamás cedería ante un capricho, además de ser totalmente confiable. 

—Sí, creo que Otabek es lo que Yuri necesita. 

—¿Y qué me dices de los demás? 

—Con la experiencia que tengo, puedo afirmar que Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov iban a terminar probando este estilo de vida tarde o temprano. Si Yuuri acepta sus deseos y se deshace del temor puede llegar a ser una persona con mayor autoestima y confianza en sí mismo. Y Víctor podría llegar a ser un excelente dominante, porque a pesar de sus instintos dominantes es una persona amable y protectora que jamás se dejaría llevar por el sadismo.  

—Y ese es el gran peligro que siempre amenaza a los dominantes. Una cosa es querer explorar los límites de sus sumisos y otra distinta es querer forzarlos.

—Bueno, pero en eso los sumisos también tienen su cuota de responsabilidad. A veces, por querer satisfacer a sus dominantes, olvidan expresar sus propios deseos y se fuerzan por soportar cosas con las que no disfrutan realmente. 

—Nunca es fácil encontrar la pareja adecuada, ni fuera ni dentro de este estilo de vida. ¿Qué me dices de Giacometti y Chulanot?

—Creo que Giacometti es de los que tiene cualidades que lo hacen poder interpretar ambos roles. Nunca llegaría a ser un gran dominante o un gran sumiso, pero podría desempeñar cualquiera de los dos roles satisfactoriamente. Creo que tendrá la cabeza puesta en su deber y aprovechará de disfrutar un poco. 

—Eso está muy bien para la misión que le encomendaste. 

—Y Chulanot, se desempeñará bien, hará su trabajo como el profesional que es, poniendo toda su energía en lograr interpretar su rol, pero posiblemente nunca más vuelva a pisar Eros o cualquier club del estilo una vez que termine la misión. 

Víctor paró la reproducción del vídeo que anteriormente estaban viendo y apagó el televisor. Repasó mentalmente las cosas que le parecieron más importantes de todo lo que había visto, oído y leído en los últimos días y comparó aquello con sus propias fantasías y deseos. No era estúpido ni irresponsable, sabía que en esos momentos era incapaz de dirigir una verdadera escena BDSM, había entendido que eso requería de bastante preparación, tanto en el caso del sumiso como en el del dominante, sobre todo en lo que se refiere a los juegos o castigos físicos para no terminar lesionando el cuerpo del sumiso, o provocarle dolor que no conduzca al placer o satisfacción sexual. 

Aún así, tenía la confianza suficiente como para atreverse a explorar algunas cosas con su pareja. Conocía a Yuuri y creía poder acertar a la hora de escoger un tipo de dominación más psicológica, imponer su control con autoridad, pero sin dejar de demostrarle su amor y cariño. 

Con seguridad avanzó hasta la habitación que compartía con Yuuri, abrió la puerta y sonrió satisfecho al encontrarlo totalmente desnudo y con la cabeza inclinada hacia adelante. Cerró la puerta y se acercó despacio a su pareja, quien no podía evitar moverse nervioso en su sitio. 

—Deja de pensar, Yuuri —dijo Víctor con suavidad—. Simplemente acepta tus deseos y confía en que sabré guiarte para que exploremos juntos nuestros límites. Ambos somos inexpertos en esto, por lo que iremos muy despacio. ¿Está bien?

—Sí —respondió en un susurro. 

—¿Sí qué, Yuuri? 

—Sí, Amo. 

—Entiendo entonces que estás de acuerdo en cederme el control de lo que haremos ahora. Que aceptas obedecer las órdenes que te de y que confías en mí para que sea yo quien cuide de tu mente y cuerpo. ¿He entendido bien? 

—Sí, Amo. 

—Entonces muéstrame tu sumisión y tu respeto, Yuuri. Arrodíllate y pon tus manos en la espalda —Yuuri obedeció inmediatamente, se arrodilló como había visto hacer a los sumisos de los vídeos que habían estado mirando, dejando descansar su trasero sobre sus talones, abriendo ligeramente las piernas, dejando sus manos en la espalda y manteniendo su cabeza inclinada y la mirada en el suelo—. ¿Deseas otorgarle placer a tu amo, Yuuri? —preguntó Víctor satisfecho con la posición que su pareja adoptó. 

—Es lo que más deseo en el mundo, Amo —contestó Yuuri. 

—Vas a usar tu boca para hacerlo —Víctor desabrochó su pantalón y  liberó su excitación, su miembro erguido quedó al alcance de Yuuri—, sólo tu boca —ordenó. 

No era la primera vez que Yuuri le hacía una felación a Víctor, pero hacerlo ahora se sentía distinto para el japonés. Nunca había estado tan deseoso de complacer a Víctor de esa manera, el que se lo haya ordenado apropiándose de su voluntad lo encendía de un modo difícil de imaginar. 

Yuuri comenzó usando su lengua húmeda, acariciando gentilmente el glande del miembro erecto de Víctor, girando su lengua sólo en la cabeza del pene, humedeciendo lentamente. Después, comenzó a lamer toda la extensión de aquel falo que le parecía sabroso, comenzaba por la base y seguía hasta el glande. También acarició los testículos e incluso tomó con su boca aquellas suaves bolsitas que debía tratar con cuidado. Víctor emitía pequeños y roncos gemidos mientras Yuuri lamía. Un gemido algo más largo escapó de sus labios cuando el japonés comenzó a introducir su pene en su boca, la calidez envolvió su erección mientras la lengua del más joven no dejaba de moverse y acariciar. 

Yuuri movía su cabeza y relajaba su garganta intentando devorar la extensión completa del miembro de Víctor, deseaba complacerlo, deseaba que su miembro llegara a lo más profundo, que entrara completamente en él, que lo dejara sin aliento. Quería sentirse sometido hasta el punto que su propia respiración estuviera mediada por los deseos de Víctor, de su Amo.

Las manos grandes y frías del ruso acariciaron con gentileza el cabello de Yuuri, para después hundirse en él y tomarlo con firmeza, tirando un poco pero sin lastimarlo. 

—Lo volveré un poco más intenso, Yuuri —la voz de Víctor sonaba más oscura, mediada por el placer que en esos momentos sentía—. Tomaré el control, esto se llama irrumación —Víctor sonrió—, mantén tu garganta relajada y disfruta de dar placer a tu Amo. 

Víctor comenzó lento, moviendo la cabeza de Yuuri y haciendo que cada vez su pene llegara más adentro, más profundo. Cuando al fin Yuuri parecía haberse acostumbrado a esa profunda intromisión, Víctor comenzó a aumentar la velocidad y después sumó el movimiento de su pelvis, haciéndolo cada vez más agresivo. Penetrando con rudeza la dulce boca de Yuuri. 

El japonés se sentía extrañamente extasiado al ser dominado de esa manera, habían momentos en que se sentía casi asfixiado por el miembro de Víctor atacando su garganta, tampoco pudo evitar por momentos sentir una desagradable sensación de náusea, sin embargo, sobreponiéndose a ello, el escuchar los gemidos de Víctor mientras se hundía profundamente en él,  penetrando su boca con fiereza, golpeando su piel contra sus labios, tirando su cabello con rudeza, le provocaba una satisfacción difícil de explicar. 

—Pronto llenaré esa boquita, Yuuri —dijo entre jadeos el mayor bajando un poco el ritmo—. Quiero que mi semen permanezca en tu boca y me lo muestres después, así que no te lo vayas a tragar. 

Algunas estocadas más tarde Víctor sintió como el placer que recorría su cuerpo se concentraba en su entrepierna y comenzaba a ser expulsado a través de ese líquido caliente y espeso que se derramaba en la húmeda y caliente boca de su amante. 

Después de recobrar el aliento y normalizar su respiración miró el rostro de Yuuri, estaba rojo, sudoroso. Sus ojos brillaban como si contuvieran las estrellas, un delgado hilo de semen escapaba de sus labios entreabiertos. 

—Muéstrame lo que tiene en tu boca —ordenó. 

Yuuri levantó su rostro y abrió sus labios, dejando ver el semen blanco que inundaba su cavidad. 

—Buen chico —dijo Víctor sonriendo—, lo mantendrás ahí hasta que te de permiso para beberlo —Yuuri asintió y cerró nuevamente sus labios—. Ponte de pie y recuéstate sobre la cama —ordenó inmediatamente después. 

Yuuri se levantó con dificultad, sus piernas temblaban y su cuerpo ardía. Se acostó de espaldas en la cama y esperó instrucciones.

—Flexiona tus rodillas y apoya los pies sobre la cama. Abre tus piernas y muéstrame cómo te preparas para recibirme dentro de ti. Dilata tu entrada con tus dedos Yuuri. 

Víctor sonrió y esperó a que su orden fuera cumplida mientras paseaba sus ojos sobre el cuerpo de su pareja. 

Yuuri llevó sus manos temblorosas a su trasero, apretó los ojos con algo de vergüenza mientras abría sus piernas para que Víctor observara —para que su Amo se complaciera observando cómo se preparaba para él—, y ese pensamiento bastó para una nueva oleada de excitación lo recorriera por completo, haciendo que su pene, totalmente endurecido, dejará caer una cantidad considerable de transparente líquido preseminal, el mismo que usó en sus dedos para luego llevarlos a la entrada de su ano. Comenzó a acariciar con cuidado y lentamente empezó a introducir uno de sus dedos, movimientos circulares y de entrada y salida provocaron que algunos ruiditos quedos escaparan de su garganta. La saliva que producía comenzó a mezclarse con el semen de Víctor, haciendo un poco difícil cumplir con la orden que le había dado —si me lo trago antes de tiempo, ¿me castigará?—, en cuanto esa interrogante ocupó sus pensamientos una oleada de placer lo hizo temblar. 

Dos dedos jugaban dentro del interior de Yuuri y el miembro de Víctor ya estaba totalmente erguido una vez más. Los ojos zarcos miraban con satisfacción cómo su tímido Yuuri intentaba expandir su apretado agujero, observaba con fascinación cómo el pene duro y goteante de Yuuri clamaba mudamente por atención, veía cautivado los gestos de placer que llenaban el dulce rostro del japonés, que apretaba sus labios para no dejar escapar su esencia y entrecerraba esos ojos brillantes y colmados de deseo. 

Cuando Víctor pensó que ya era suficiente, se recostó junto a Yuuri, quedando semi sentado mientras se apoyaba en cojines y el respaldo de la cama.

—Montame —le ordenó. 

Yuuri cambió de posición rápidamente, quedando a horcajadas sobre Víctor. 

—Usa tus manos para abrir tus nalgas y pon todo mi pene dentro de ti. 

Yuuri obedeció y comenzó a penetrarse a sí mismo con el miembro de Víctor, lo hizo lentamente porque era grande. Víctor estaba extasiado con la obediencia inmediata de Yuuri y con la imagen de su dulce japonés con el rostro desfigurado de placer mientras devoraba su hombría. 

Cuando al fin logró tener a Víctor completamente dentro de él, Yuuri descansó un poco, acostumbrándose a la intromisión. Entonces, Víctor acarició su rostro y le dijo:

—No tenemos cuerdas, pero aún así quiero limitar un poco el movimiento de tu cuerpo, será sólo con mi voz, pero es una orden que no quiero que desobedezcas —Yuuri asintió. Víctor tomó ambas manos de Yuuri y las dirigió hacia sus tobillo—,  sujeta tus tobillos y no los sueltes hasta que yo te diga que puedes hacerlo. ¿Entendido? —Yuuri asintió—. Muy bien, ahora quiero que te muevas y busques tu propia liberación —sonrió. 

Yuuri comenzó a mover sus caderas lentamente, haciendo que el pene de Víctor recorriera sus paredes estrechas en ese ir y venir que hacía que ambos disfrutaran del placer. 

La primera nalgada que Víctor dio en las redondas nalgas de Yuuri hizo que el menor comenzara a aumentar la velocidad de sus movimientos.

La segunda nalgada coincidió con el roce del pene de Víctor con su próstata, haciéndolo temblar de placer y buscar con desesperación volver a estimular ese punto tan dulce que lo hacía disfrutar intensamente.

La tercera nalgada provocó una ola de calor, la que comenzaba en la misma nalga golpeada y se extendía por sus piernas. 

La cuarta nalgada provocó que la cabeza de Yuuri cayera sobre el pecho de Víctor, haciendo que sus movimientos fueran más erráticos, pero igual de insistentes al buscar y encontrar ese punto especial que lo hacía delirar. 

La quinta nalgada coincidió con esa tensión que le recorría como ondas eléctricas y terminaban en su miembro, liberándose entre temblores mientras manchaba el abdomen de Víctor y también el propio. 

Víctor entonces enterró sus dedos en la cadera de Yuuri y comenzó a embestirlo con fuerza, hasta alcanzar también la liberación. Víctor dejó caer su cabeza hacia atrás hasta regularizar su respiración. Entonces volvió a mirar a Yuuri, su Yuuri. Sonrió al ver que seguía sosteniendo sus tobillos pese a que su respiración seguía siendo irregular. 

—Muéstrame lo que tienes en tu boca, Yuuri —ordenó. 

Yuuri abrió sus labios y pudo ver su semen mezclado con saliva. Sonrió.

—Puedes beberlo, mi amor. 

Yuuri tragó la esencia de Víctor y sonrió.

—Usted es delicioso, Amo —dijo con una pequeña sonrisa y el rostro ruborizado mientras escondía su mirada avergonzado. 

— ¡Oh, Yuuri! Y tú eres perfecto —sonrió con dulzura para lanzarse a los brazos de su amante, haciendo que el japonés cayera de espaldas a la cama con un alegre ruso sobre él. 

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