Un peculiar alfa japonés (Dragón de Fuego)


“Se tiende a honrar a quien ha dedicado toda su vida a una única empresa, lo cual es justo, pero quien quema toda su vida en un fuego de artificio, que dura un instante, testimonia con mayor precisión y pureza los valores auténticos de la vida humana”

Yukio Mishima.

♤♡◇♧

Tres movimientos bastaron para que Víctor desarmara por completo a su oponente. El joven alfa, hijo de extranjeros, era el mejor alumno del dojo Maekawa, de eso no cabía duda. El Kenjutsu en sus manos era arte y no había nadie que se atreviera a negarlo, aunque les pesara que un “niño ruso” fuera mejor que ellos. 

La apariencia de Víctor era engañosa. Su cuerpo delgado y grácil lo hacía parecer frágil, sin embargo, la ligereza de su cuerpo lo hacía moverse con velocidad y precisión. Una vez que comenzaba a moverse parecía dar inicio a una danza perfecta que utilizaba sus virtudes y aprovechaba la fuerza de su rival para desarmarlo e incluso herirlo. Víctor no buscaba dañar a sus compañeros de entrenamiento, pero tampoco se contenía. Después de todo, él también portaba las cicatrices que había ganado durante su entrenamiento. 

—Lo has hecho muy bien, Víctor —se acercó a él Takeshi Nishigori, uno de los maestros asistentes del dojo.

—Gracias, Takeshi —respondió Víctor con una sonrisa complacida. 

—Tus habilidades están por sobre la de tu grupo de entrenamiento. Ya estás  al nivel de los maestros asistentes, estoy seguro de que el señor Maekawa pronto te ofrecerá ser uno de nosotros. 

—¿De verdad lo crees? —preguntó entusiasta—. Me sentiría honrado.

—Eso sí su familia no decide abandonar el país —dijo su oponente recién derrotado, sin malicia, parecía preocupado—, las cosas se han vuelto peligrosas para los extranjeros en Kioto. 

—Es cierto —respondió Nishigori—, hay personas que están diciendo que los extranjeros ensucian nuestra cultura. No obstante, también están los que piden al gobierno mayor apertura hacia el exterior. 

—¡Yo soy japonés! —Víctor elevó la voz—. Nací aquí, me crié aquí, ni siquiera conozco Rusia. 

—Pero tu familia es extranjera y tu luces como ellos —insistió el chico derrotado, cuyo nombre era Isao. 

—Tienes que tener cuidado —dijo Nishigori—, he oído que un grupo de rebeldes de Choshu y Satsuma se están organizando para ir contra el Shogún. Desean restaurar el poder del emperador e iniciar una nueva era.

—Eso no estaría mal —opinó Víctor—, el feudalismo es un sistema espantoso. 

—Puede ser… pero una de las cosas que reclaman al Shogún es que ha cedido demasiado frente a las potencias extranjeras. Lo que quieren es unificar y fortalecer Japón para poder hacerle frente a la dominación extranjera. 

—Pero eso no quiere decir que vayan en contra de los extranjeros —razonó Víctor—. Sólo significa que no quieren que Japón permita el dominio de potencias extranjeras, como Holanda o Estados Unidos. Después de todo, Perry obligó al shogún a firmar el tratado “de paz y amistad” con Estados Unidos bajo sus términos. 

—Tienes razón, pero los fanáticos están diciendo que hay que expulsar a todos los extranjeros, y aunque tú te digas japonés, aunque hables nuestra lengua como cualquiera de nosotros y manejes el arte de la espada, te ves como un extranjero y es así como te van a tratar. 

Víctor frunció el entrecejo. Lo que decía Takeshi era cierto, su padre estaba preocupado por los acontecimientos políticos del país. Si no fuera porque su cuñada, Yulia, estaba embarazada y no soportaría un largo viaje en barco, probablemente habría sugerido regresar a Rusia. Algo que Víctor no deseaba para nada. 

♤♡◇♧

Inquietud. Eso era lo que sentía Yuuri en medio de sus sueños. Su corazón se oprimía con fuerza cuando entre la bruma espesa de sus pesadillas aparecía ese niño que reconocía como el hijo que perdió. Yuki siempre aparecía entre sus sueños, por lo general su imagen estaba distorsionada y el sonido de su risa le causaba paz. Pero ahora dolía, dolía su imagen, dolía su voz, dolían sus palabras: mi padre te espera

Víctor. ¿Víctor espera por él en alguna parte? Pero Víctor está muerto, él lo mató, fue su culpa. Dejó que Víctor muriera en medio de la nieve, Víctor se dejó morir por amor. Pero Yuuri también murió; estos quince años que habían transcurrido desde la muerte de Víctor no había sido más que un cadáver ambulante que se negaba a sentir. 

Y ahora Yuki se aparecía en sus sueños para atormentarlo. 

Mi padre te espera. 

Repetía. 

♤♡◇♧

Yakov… creí que no nos veríamos hasta Kioto

Yakov despertó sudando frío. Desde hacía algunos días había estado soñando con Víctor, y algo dentro de él le urgía para viajar hasta Kioto. 

—¿Estás bien? —preguntó Lilia sentándose en la cama, mirando a su marido.

—Lilia, creo que debo ir a Kioto —respondió. 

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