Nieve (Flor de Agua)


El bebé venía enredado en su cordón umbilical y no pudieron hacer nada para salvarlo.

Yuuri expulsó a todos de su habitación y lloró por largas horas aferrado al pequeño de hebras plateadas. Por su parte, Mila no se había movido de la puerta del omega, esperando a que quisiera recibirla. Preocupada por lo que pudiera hacer, después de todo, perder a un hijo que se esperaba con tanto amor era una de las cosas más devastadoras que existían. 

Yuuri, recostado en su cama repasaba las facciones de su pequeño, acariciaba su rostro frío con infinita ternura. 

—Eres hermoso —le dijo después de haber controlado el llanto, luego de horas de llorar y sollozar—, si hubieses podido crecer a mi lado te habrías convertido en alguien muy parecido a Víctor. No sólo físicamente, yo me habría encargado de que heredarás sus cosas buenas. Sabes, pequeño, creo que lo amaré para toda la vida, pero no puedo perdonarlo, mucho menos ahora que también te he perdido. —Las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas—. Duele tanto hijo, y nunca dejará de doler. 

Las lágrimas parecían no tener fin. 

♤♡◇♧

Mila se mordía las uñas mientras caminaba de un lado a otro en el pasillo donde quedaba la habitación de Yuuri. Estaba cansada, pero no quería moverse de ahí. 

De pronto, la puerta de la habitación se abrió. Yuuri ya no lloraba, se veía sereno. En sus brazos cargaba el cuerpo frío de su pequeño hijo envuelto en cobijas azules. 

—Yuuri —dijo Mila acercándose al omega con preocupación. 

—Mila, ¿podrías por favor llevar a Yuki con su padre? Él tiene que saber lo que ha pasado y como su padre tiene que hacerse cargo del resto. 

—Pero Yuuri, ¿Estás seguro? Tal vez sea bueno que se quede aquí, para tener un lugar donde visitarlo y llorarlo. 

—No es necesario. Nunca podré encontrar a mi hijo en una tumba, además, ya he llorado lo suficiente. Las lágrimas no me devolverán a Yuki así que no lloraré más por él, ni por su padre.

—Pero Yuuri…

—Por favor, Mila. Yo le diré a la madre superiora que saldrás, debo hablar con ella. 

—Está bien, pero… no tienes que forzarte Yuuri. Te apoyaremos en lo que necesites. 

—Lo sé —una sonrisa triste se dibujó en el rostro de Yuuri—, por favor, lleva a Yuki con su padre y dile que no me busque, ya no hay nada que nos una. Ni siquiera existe más el Yuuri que lo amó. 

♤♡◇♧

—¡Víctor! ¡Víctor reacciona! —pedía la maestra Babicheva, pero el ruso no parecía oírla. 

Víctor había caído de rodillas mientras abrazaba con fuerza al pequeño bebé que no respiraba. La madre de Mila lo sacudía, pero Víctor no daba señales de estar escuchando o entendiendo lo que pasaba a su alrededor. 

—Hija, Víctor está muy frío, me asusta. Debemos sacarlo de este lugar… ayúdame a llevarlo a casa.

—Sí. 

Y Víctor no supo cómo salió del instituto, cuando el aroma a chocolate caliente llegó a su nariz se dio cuenta de que estaba en una cocina que no conocía. Seguía aferrado a su bebé, pero se encontraba sentado con la cálida taza frente a él. 

—Víctor —le dijo su maestra—, estás en mi casa, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras. Mañana te acompañaré a enterar a Yuki, Mila hablará con el párroco de la catedral de nuestra señora de Kazán para que nos permita enterrarlo allí. 

—Yuki.

—Ese es el nombre que escogió Yuuri —dijo Mila.

—Yuki —pronunció Víctor con tanto amor que Mila quedó conmovida, y realmente se preguntó si Yuuri y él debían estar separados, o intentarlo nuevamente. 

♤♡◇♧

El entierro de Yuki fue triste y silencioso. Sólo estaban Mila, su madre, Víctor y el sacerdote. Fue una ceremonia corta y a Víctor le pareció cruel tener que dejar a su pequeño después de palabras que el sacerdote decía más por compromiso que por convicción, una receta que apenas modificaba entre entierro y entierro. 

Una vez terminada la ceremonia Mila emprendió el regreso al convento y Víctor fue llevado por su profesora a la casa de esta. Tenían suerte de que fuera sábado y Babicheva podría hacerle compañía al triste alfa. 

Durante el día sábado, Víctor solo se acurrucó en un sofá sin hacer nada, apenas comió lo que su maestra le sirvió y sólo se durmió después de que la mujer le acariciara el cabello cantando una canción de cuna. Hacía tanto que no podía dormir bien que su cuerpo ya no era lo que fue; había bajado de peso y las ojeras en sus ojos eran notorias. 

Babicheva estaba preocupada, ella conocía a Víctor desde que era un niño y lo apreciaba. No quería que el joven alfa terminara consumido por la tristeza y depresión. 

Al día siguiente, mientras desayunaban, los hermosos ojos cielo de Víctor se fijaron en los de su profesora. 

—Debo hablar con Yuuri —dijo con tristeza—, necesito hablar con Yuuri. Pedirle perdón por todo, confesarle que estoy enamorado de él y que lo estaré toda mi vida. 

—Víctor…

—Por favor, maestra Babicheva, lléveme al convento de su hija. 

—Está bien, iremos esta tarde. 

—Se lo agradezco mucho. 

♤♡◇♧

Mila entró al salón donde la esperaba su madre en compañía de Víctor. 

—Dijeron que Yuuri ya no está aquí —dijo Víctor angustiado, tomando a Mila de los brazos, suplicante—. ¿Es cierto eso?

—Sí, él habló con la abadesa el mismo día en que yo fui al instituto. Le dijo que quería convertirse en monje, pero que no deseaba quedarse aquí, quería ir lo más lejos posible de San Petersburgo. Él se fue ayer por la mañana, cuando llegué ya no estaba aquí. 

—¿Sabes dónde está?

—No puedo decírtelo Víctor, es confidencial, además, el mismo Yuuri no desea verte. 

—Por favor, Mila, por favor dime dónde está, necesito pedirle perdón, yo… necesito verlo. 

El corazón de Mila se estrujó al ver al alfa tan desesperado, miró a su madre y ella asintió. Entonces suspiró.

—Está bien —dijo la religiosa pelirroja—, pero no te aseguro que puedas verlo. Está en el monasterio de la Trinidad y San Sergio. A las afueras de Serguiév Posad. A unos 70 kilómetros de Moscú. 

—Gracias, Mila, gracias —dijo Víctor esbozando una sonrisa. 

—Volvamos, Víctor —dijo la pelirroja mayor—, mañana puedes planear tu viaje. 

—Sí, yo… muchas gracias, a las dos.

Las lágrimas no pudieron ser contenidas, y nuevamente los ojos color cielo se desbordaron. 

♤♡◇♧

Cuatro días después, y con la ayuda económica de su profesora ya que sus padres habían reducido considerablemente su acceso al dinero de la familia, Víctor llegó a Serguiev. Arrendó un cuarto barato y se dirigió inmediatamente al monasterio. 

Fue recibido por un monje viejo que se hizo llamar hermano Joel, él lo llevó a una pequeña e iluminada estancia y luego se marchó. Después de veinte minutos volvió el mismo hombre y le dijo.

—Lo siento, la persona que busca no quiere verlo. A pedido que no vuelva a insistir, su decisión no cambiará. 

—Pues dígale que vendré cada día, hasta que me reciba —respondió Víctor para después marcharse. 

Al día siguiente Víctor no pudo entrar al monasterio, tenía la entrada prohibida en consideración a uno de los novicios que no deseaba verle. Víctor se quedó de pie junto a la gran puerta de madera hasta que cayó la noche. 

Cada día era el mismo ritual. Víctor casi no comía y soportaba el frío que cada día se hacía más intenso, pero esa puerta no se abría para él. 

♤♡◇♧

Tres semanas después de que Víctor se fuera del instituto, Alexander se presentó para hablar con él. Fue grande su sorpresa, y la de los directivos de la institución escolar, cuando se dieron cuenta de que él ya no se encontraba en el lugar. 

—¡Pago para que mi hijo esté seguro y vigilado en este lugar, y ustedes ni siquiera saben desde cuando no está aquí!

—Lo siento señor Nikiforov, pero usted sabe que desde el término del año anterior su hijo no está asistiendo a clases. Vivía encerrado en su habitación, negándose a hablar con cualquier persona —dijo la coordinadora académica.

—Creo que su hijo no está bien, fue un error de nuestra parte el permitir que el joven Víctor estuviera encerrado en este lugar, él necesita del apoyo de su familia para salir de ese estado —admitió el director del instituto. 

Y a Alexander le cayó como balde de agua fría darse cuenta de que no estuvo para su hijo en un momento en el que él lo necesitaba. 

♤♡◇♧

El día viernes Yakov salía temprano de la universidad. A la una de la tarde estaba de regreso en casa cuando, para su sorpresa, se encontró con Alexander Nikiforov esperándolo en la sala de su hogar. 

—Señor Alexander —dijo sorprendido el muchacho—, que sorpresa tenerlo por aquí —dijo estrechando su mano. 

—Víctor desapareció del instituto —dijo Alexander—, ¿sabes dónde está?

—No, yo… lamentablemente este último mes la universidad ha sido demasiado absorbente y no he podido ir a verlo. Pero, la verdad me sorprende mucho que no esté allí —Yakov lucía genuinamente preocupado—. Yo soy el único amigo de Víctor, el otro muchacho al que también le tenía aprecio era Georgi Popovich, pero tampoco se trataban mucho. 

—Por eso estoy preocupado. Supongo que tenía sus ahorros, pero aún así me preocupa lo que esté haciendo. La verdad no entiendo lo que pasa por la cabeza de ese muchacho. 

—Disculpe mi franqueza, pero si no lo sabe es porque sencillamente no se han dado el tiempo de conocer a su hijo. Víctor está muy enamorado de Yuuri, y ha sufrido todo este tiempo por él.

—¿Enamorado? Pero si él mismo fue quien abandonó a ese muchacho. 

—Víctor es un alfa impulsivo, todo eso ocurrió porque malinterpretó una conversación que escuchó entre las señoras Anastasia y Hiroko. Él pensó que era Yuuri quien estaba fingiendo amarlo. Sí esa conversación en la que hablaban de los planes que tenían para que Yuuri conquistara a Víctor no hubiese sido dicha con tanta liviandad Víctor ahora estaría junto a Yuuri y el bebé que esperan, o que ya Yuuri debió haber tenido. 

—¡Qué! ¿Un hijo? Pero, ¿por qué demonios Víctor no dijo nada?

—¿Acaso usted le dio una oportunidad para hablar? —Yakov suspiró—, veo que es mal de familia el cerrarse en vez de escuchar a los demás. 

—No puede ser —Alexander perdió el color y se llevó las manos a la cara. 

—Si en vez de encerrar a Víctor lo hubiesen escuchado, él podría haber hablado con Yuuri desde hace mucho tiempo, ¿no lo cree?

♤♡◇♧

Cuando Alexander se retiró, Yakov fue inmediatamente al instituto. Quería hablar con la profesora de música, ella era la única persona cercana a Víctor en ese lugar, y si alguien sabía su paradero era esa mujer. 

Yakov no se equivocó. Después de hablar con la maestra Babicheva fue a su casa y preparó un pequeño bolso de viaje.

—Esta noche tomaré el tren nocturno a Moscú, y luego iré a Serguiév —dijo a sus padres. 

—Espero que Víctor esté bien —dijo su madre—, es un muchacho tan amable. 

—Lo estará, madre, lo estará. 

O al menos, eso esperaba Yakov. 

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