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Yuuri (Flor de Agua)


La semana pasó rápidamente y el sábado por la mañana Víctor llegó temprano a la mansión en compañía de Yakov, quien iba por su pequeña hermana. La niña ya estaba recuperada y se lanzó a los brazos de su hermano en cuanto lo vio entrar a la mansión. Yuuri sonrió ante el efusivo recibimiento de la niña.

—Me alegra comprobar que estás mejor, Irina —dijo Víctor revolviendo el cabello de la niña.

—Yuuri me cuidó muy bien —respondió ella sonriendo.

—Muchas gracias, Yuuri —dijo Yakov mirando al omega con verdadera gratitud. 

—No fue nada, Irina es una niña muy dulce. Nos llevamos muy bien, ¿verdad? —respondió Yuuri, primero mirando a Yakov y luego a la niña.

—Sí, yo quiero mucho a Yuuri —dijo ella sonriendo—  y a Víctor. Quiero jugar más con ustedes. 

—Será otro día, Irina —dijo Yakov—, debemos ir a casa.

—Extraño mucho a mamá, quiero verla —respondió la niña abrazando a su hermano.

Después de las correspondientes despedidas Yakov e Irina se marcharon. Víctor y Yuuri quedaron solos.

—¿Y los demás? —preguntó el alfa.

—Fueron invitados a pasar el fin de semana a la casa de campo de los señores Popovich. Se marcharon ayer —respondió Yuuri, quien únicamente se había quedado para poder cuidar de Irina hasta que su hermano la llevara hasta su casa. 

Víctor sonrió.

—Yuuri, muchas gracias por cuidar de Irina —dijo Víctor mirándolo a los ojos, con esos ojos tan azules como la profundidad del mar. Yuuri quiso llorar de felicidad al ver esa mirada, por primera vez desde que había llegado a Rusia Víctor lo miraba con calidez.  

Víctor acunó el rostro de Yuuri entre sus manos y acarició sus mejillas con suavidad, haciendo que el corazón del omega latiera con fuerza, esperanzado por primera vez en que Víctor realmente quisiera corresponder a sus sentimientos, en que la oportunidad que le dijo que le iba a dar fuera más allá de los apasionados momentos que habían compartido entre fervientes besos y traviesas caricias. 

Yuuri no era idiota, se había dado cuenta de que el alfa no creía en él. Muchas veces intentó hablarle sobre la naturaleza de sus sentimientos, pero Víctor no estaba dispuesto a escuchar. Lo silenciaba con sus labios sobre su boca, arrastrando a Yuuri a ese peligroso juego en el que el omega sabía que estaba cayendo.

Pero Yuuri confiaba ciegamente en la naturaleza bondadosa de Víctor, la había visto, la conocía, y el japonés se aferraba a su deseo de creer que Víctor sería incapaz de causarle daño. Yuuri se decía a sí mismo que aunque Víctor mostrara descaradamente que su única intención al encontrarse con él era saciar su curiosidad sexual, tocándolo cada vez con mayor desvergüenza, en el fondo era un hombre amable que no se atrevería a lastimarlo. 

Yuuri realmente amaba a Víctor, lo amaba con locura, con pasión, lo amaba estúpidamente, como un devoto adorando a su dios. Por eso, estaba dispuesto a entregarle a ese alfa cualquier cosa que él le pidiera; su alma, su corazón, su cuerpo y su cordura. 

Víctor apreciaba en silencio el rostro de Yuuri. Era un omega hermoso y eso era algo que no podía negar. Sus labios eran de un suave color rosa, tímidamente carnosos, apetecible y dulces. Víctor adoraba devorarlos, verlos enrojecidos e hinchados debido a sus besos. También le gustaba escuchar los suaves jadeos que escapaban por esos labios entreabiertos cuando lo acariciaba y lamía su cuello. 

El alfa acariciaba las mejillas ruborizadas y calientes del omega, al ruso le satisfacía saber que su mirada provocaba esa reacción en el menor. Movió una de sus manos y enredó sus dedos en el sedoso cabello azabache. Tan negro como el manto nocturno que los había resguardado en sus encuentros nocturnos, tan brillante como las estrellas. 

Víctor comenzó a sonreír sin siquiera estar consciente de que lo hacía. Yuuri comenzó a llorar al reconocer esa sonrisa honesta y cariñosa que alfa tenía en sus labios. Víctor miró los ojos de Yuuri, unos ojos castaños tan cálidos como el café, tan dulces como el chocolate, tan embriagantes como el vino. Y que poseían esa mirada que Víctor siempre odio, pero que en ese momento le provocaba duda. Y el alfa se preguntaba si aquello que veía en los iris marrones era realmente lo mismo que había visto muchas veces en personas que finalmente sólo buscaban en él el poder de su apellido o el orgullo de lucir al alfa más deseado. 

Víctor secó las lágrimas de Yuuri y besó los párpados de sus ojos.

—Demos un paseo por el jardín, zhar-ptitsa —ofreció Víctor tomando la mano de Yuuri y besando sus nudillos. 

El japonés asintió suavemente, regalando a Víctor una hermosa sonrisa. 

♤♡◇♧

Cuando Víctor llevó a Yuuri a la parte del jardín donde los árboles crecían majestuosos, Yuuri pensó que el ruso quería lo mismo de siempre y se desilusionó un poco. Sin embargo, se sorprendió cuando Víctor siguió caminando más allá del punto en el que llegaban por las noches.

Yuuri estaba asombrado, realmente parecía como si se estuvieran internando en un bosque. 

—Esta propiedad es incluso más grande de lo que aparenta —le dijo Víctor guiñandole un ojo—, te mostraré un lugar al que casi nadie más va. 

Caminaron durante treinta minutos en medio de los árboles. Víctor caminaba rápido, se notaba animado y con ganas de llegar pronto. No había soltado a Yuuri, sus manos estaban firmemente entrelazadas, aún así, el japonés caminaba dos pasos más atrás que el alfa, embriagado por el aroma que desprendía y fascinado por el movimiento de su largo cabello plateado. Definitivamente amaba ese cabello. 

Víctor paró cuando frente a sus ojos apareció un lago de agua verdosa, debido al reflejo de los árboles a su alrededor. Yuuri quedó fascinado ante el hermoso paisaje. 

—Este lugar es uno de mis favoritos —dijo Víctor—, hermoso y silencioso. Generalmente vengo aquí cuando deseo estar solo. 

—Gracias por traerme —dijo Yuuri mirándolo con verdadera alegría, su sonrisa iluminaba su rostro y sus ojos brillaban. 

—Mira —dijo Víctor indicando una casita de madera que estaba a unos metros del lago—, este lugar me gusta tanto que pedí que me construyeran una cabaña. Sólo Lilia tiene autorización para entrar. Serás la segunda persona a la que se lo permito, aunque ella sólo viene para mantener el orden y la limpieza, por lo que tú serás el primero en ser mi invitado. 

Ambos caminaron en silencio, Víctor abrió la puerta y Yuuri se adentró en aquella cabaña. Lo primero que vio frente a sus ojos fue un amplio salón, En una de sus paredes había una repisa repleta de libros, en medio había un piano, y a un costado, cerca de las grandes ventanas, un atril. Junto a él había un escritorio lleno de pinceles de distintos tamaños, pinturas y telas. 

—Leer, tocar el piano y pintar son las cosas que más me gusta hacer. Pero prefiero hacerlo cuando estoy solo, por eso vengo aquí. Aunque admito que hace tiempo no venía.

—A mí me gusta mucho tocar el piano —dijo Yuuri acercándose al hermoso piano negro que ocupaba el lugar principal en aquel lugar—. Hace mucho que no puedo hacerlo.

Víctor vio como los ojos de Yuuri brillaban al mirar aquel instrumento. 

—Puedes tocarlo si quieres hacerlo —le dijo. 

La sonrisa en el rostro de Yuuri se amplió. Se sentó, descubrió las teclas y las acarició con cariño. Posteriormente comenzó a tocar. 

La música que Yuuri creaba era suave, pero tenía una cadencia bastante particular que Víctor jamás había escuchado. El ruso quedó completamente sorprendido cuando después de cerrar los ojos Yuuri comenzó a cantar:

Ruego al tiempo aquel momento en que mi mundo se paraba, entre tus labios. Sólo para revivir y derretirme una vez más, mirando tus ojos bellos. —La voz de Yuuri era suave, grave, dulce y profunda. El ruso no pudo evitar que su cuerpo reaccionara a ella con un estremecimiento que lo recorrió por entero—. Tengo ganas de ser aire y me respires para siempre. No tengo nada que perder. *

Yuuri abrió los ojos y miró directamente a Víctor.

Todo el tiempo estoy pensando en ti, en el brillo del sol en un rincón del cielo. Todo el tiempo estoy pensando en ti, en el eco del mar que retumba en tus ojos. 

El corazón del ruso latía como nunca antes lo había hecho y sentía que la temperatura de su cuerpo comenzaba a aumentar. 

—Y todo el tiempo estoy pensando en ti. En el brillo del sol y una mirada tuya, soñé. Sí te soñé, sí te soñé una vez más. 

Cuando la música terminó Yuuri se levantó. Temblaba. Su cuerpo se sentía caliente y sus piernas apenas podían sostenerlo. Sus ojos buscaron los del ruso, la mirada intensa del alfa se encontraba oscurecida y su aroma a deseo comenzó a inundar el lugar, haciendo jadear al omega. 

Yuuri caminó hasta Víctor y se colgó en su cuello. El ruso apenas pudo controlarse al tener ese cuerpo pequeño y delgado contra el suyo, el aroma a lirios se intensificó, el calor de sus cuerpos se acentúo. 

—¿Estás seguro de esto, zhar-ptitsa? —preguntó el alfa con la última gota de cordura que le quedaba. 

—Sí —respondió sin dudar mientras dejaba que su consciencia se fundiera con el calor de su cuerpo. 

Víctor tomó a Yuuri de las caderas y el japonés enredó sus piernas alrededor del alfa. El ruso caminó hasta donde se encontraba una escalera y subió cargando al omega, arriba se encontraba el cuarto que él usaba cuando se quedaba a pasar la noche en esa cabaña. 

Víctor dejó a Yuuri sobre la cama y se acostó sobre él, lo besaba y lo acariciaba mientras comenzaba a quitarle la camisa blanca que llevaba puesta.

—Yuuri, no tengo protección. No podemos…

—Mañana, Lilia, infusión de emergencia —dijo entre jadeos el omega. 

La beta rusa, después de haber visto el estado en que Yuuri y Víctor habían llegado el día en que atendieron a Irina, le había dicho a Yuuri que conocía unas hierbas que evitaban en el embarazo y que si las necesitaba podía hacerle una infusión con ellas. En ese momento Yuuri se había ruborizado y tartamudeando le había dicho que no era necesario. Pero ahora el omega estaba tan perdido en sus deseos que no le importaba volver a avergonzarse para pedirle a Lilia que lo ayudara después. 

Víctor tomó los labios del omega, y los dos sobre la cama se desnudaron mutuamente. 

El Ruso tomó a Yuuri y lo sentó a horcajadas sobre él mientras se dedicaba a besar su cuello y su pecho. Sus pezones rozados estaba deliciosamente sensibles y el alfa disfrutaba lamerlos, succionarlos y morderlos. Mientras lo hacía, los suaves gemidos que escapaban de esos labios fascinaban a Víctor. Bajó sus manos lentamente por su espalda y acarició sus nalgas para pronto buscar en medio de ellas, Yuuri estaba húmedo, tan húmedo que dos dedos largos y blancos entraron en su interior. El omega gimió con fuerza y de sus ojos escaparon un par de lágrimas de placer. Víctor comenzó a mover sus dedos en el interior del virgen cuerpo del japonés, buscando dilatarlo un poco más. El menor movía las caderas deliciosamente mientras los dedos del alfa lo penetraban. Víctor lo besó con fuerza mientras un tercer dedo entraba en su interior, acallando su gemido con sus labios. Cuando el beso se rompió los labios de Yuuri quedaron ligeramente entreabiertos, arqueo un poco la espalda mientras apretaba los ojos con fuerza, formando una imagen tan erótica que Víctor no pudo esperar más. 

Víctor retiró sus dedos del interior de Yuuri y levantó la cadera del omega para acomodar su pene erecto en su entrada. Despacio inició la penetración y luego ayudó a Yuuri a bajar con delicadeza mientras lo recibía dentro de su cuerpo. Un gemido profundo escapó de sus labios cuando Víctor estuvo totalmente dentro de él, el alfa lo abrazó y besó su rostro para luego comenzar a moverse dentro de él. Yuuri también comenzó a moverse deliciosamente acoplándose al ritmo del alfa. Víctor tomó su pene también erecto y lo masturbó al ritmo de las embestidas, poco tiempo después, cuando ambos estaban llegando al clímax, Víctor sintió el enorme deseo de marcarlo, estuvo a punto de hacerlo, pero antes de acercarse a su cuello, Yuuri tomó su rostro y lo besó con pasión, para después llenar la mano del alfa con su esencia, poco después Víctor se derramó en el interior del japonés. Se abrazaron y Yuuri cayó sobre el cuerpo del ruso. Estuvieron así por largos momentos, sin decirse nada mientras Víctor aún estaba atado al interior del menor. 


La canción que canta Yuuri es Soñé de Zoe

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