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Nocturno (Flor de Agua)


Yuuri abrió los ojos sintiéndose algo confundido. Se encontraba desnudo dentro de una cálida cama, solo. Miró a su alrededor, primero sin reconocer la estancia, pero pronto los recuerdos comenzaron a llegar uno tras otro. Tapó su cara con las mantas, avergonzado. ¿Cómo fue posible que dejara que su omega tomara el control de esa manera? Mientras cantaba esa canción, que era una especie de declaración de amor, dejó que su consciencia le cediera el espacio a sus instintos, provocando también los del alfa que tanto amaba. ¿O había sido al revés? Tal vez ese alfa fue quien despertó a su omega. No lo sabía. 

Yuuri se removió en la cama, el calor del cuerpo de Víctor ya se había disipado, pero quedaban rastros de su aroma y Yuuri ansiaba respirar y sentir el cosquilleo que ese olor provocaba en su cuerpo.

—Víctor —pronunció mientras aspiraba su aroma— Víctor —llamó—, ¿dónde estás, Víctor? —preguntó. 

Yuuri se sentó en la cama, a los pies había una bata de algodón, el omega se puso su ropa interior y luego se ajustó la bata, salió del cuarto y bajó por las escaleras. La cabaña iluminada por la luz del sol y su estómago hambriento le decían que ya había pasado la hora de comer. Al bajar las escaleras se dirigió nuevamente a ese gran salón en el que todo había comenzado. Junto a las ventanas divisó a Víctor, sólo traía puesto un pantalón holgado y su largo cabello plateado caía libremente por su pecho, se encontraba sentado en un asiento alto y su rostro mostraba total concentración; se encontraba pintando. 

Yuuri se acercó silenciosamente a él, hasta que su aroma lo delató y los ojos del alfa se posaron en él. Víctor sonrió.

—¿Descansaste, zhar-ptitsa? —preguntó poniéndose de pie y acercándose al omega. 

—Sí, yo… —Yuuri levantó la mirada—, te extrañé al despertar. —Víctor acarició el suave cabello negro.

—¿Tienes hambre? Lilia hace poco trajo algunas cosas.

—¡Lilia! 

—Sí, ella es una mujer astuta —respondió Víctor—, nos vio pasear por el jardín y como no volvimos a comer supuso que estábamos aquí. 

—Que vergonzoso —dijo Yuuri cubriendo su rostro con sus manos.

—No te preocupes, Lilia es muy discreta —dijo envolviéndolo en un abrazo— y precavida. Trajo esa infusión de emergencia para evitar embarazos, dijo que después fueras a hablar con ella para darte otras recomendaciones. 

—Será una charla vergonzosa. 

—A mi ya me regañó. Esa mujer tiene mi edad, pero se comporta como si fuera una madre cuidando a sus cachorros —rio el alfa. 

—Es una mujer estricta y seria, pero buena y cálida —dijo Yuuri disfrutando del contacto con Víctor.

—Bueno, será mejor que comamos algo, estoy hambriento.

—Puedo ver lo que estabas pintando —preguntó Yuuri mientras era guiado a la cocina por Víctor. 

—No —respondió el alfa sin siquiera dudar—. Te lo mostraré cuando lo haya terminado —agregó. 

Ambos se sentaron en una pequeña mesa que había en medio de una cocina que parecía no haber sido ocupada jamás. Víctor sirvió la comida que Lilia había llevado y comenzaron a comer en silencio. 

—Tienes muchos libros —dijo Yuuri intentando comenzar una conversación con Víctor. 

—Me gusta mucho leer. 

—Pareciera ser que te gusta todo lo relacionado con el arte. 

—Podría decirse que sí, cosas inútiles como suelen decir —Víctor rio. 

—Yo pienso que son cosas hermosas. Maneras únicas de expresarse, de conocerse y conocer a quienes están a tu alrededor. Maneras maravillosas de influir en las personas y sus emociones. 

—Es cierto. Y dime, ¿quiénes son los que te han influenciado a ti a través de su arte? —preguntó Víctor mirándolo fijamente a los ojos. 

—En lo que se refiere a música los clásicos europeos me han influenciado mucho, Chopin con su romanticismo y estilizada armonía. Beethoven con su maestría, originalidad y versatilidad. Bach y toda su belleza. 

—Bach también era un intelectual de la música, me gusta mucho. 

—Me gusta la literatura clásica japonesa. Makura no Soshi de Sei Shonagon es un libro maravillosamente poético. Jun’ichiro Tanizaki posee una maestría inconfundible al evocar ambientes o estados de ánimo. La ironía que desprenden las obras de Natsume Soseki… la poética llena de emoción y asombro que transmite el Haiku. 

—La verdad no conozco literatura japonesa. Pero lo haces sonar tan interesante que quisiera poder leer algo de lo que mencionas. 

—Tengo algunos libros, pero sólo en japonés —respondió Yuuri agachando la cabeza.

—En ese caso podrías ser tú quien lea para mí, ¿te parece una buena idea?

—Sí, leeré para ti cuando lo desees, Víctor. 

—Y también tocarás el piano? Confieso que desearía oírte tocar a Bach, o mejor a Chopin, mientras pinto. 

—Me encantaría hacerlo —Yuuri sonrió. Le hacía feliz que Víctor le pidiera hacer esas cosas. Que leyera para él la literatura que apreciaba. Que tocara el piano mientras él pintaba y así juntos compartir actividades que amaban. Se sintió más cerca de Víctor, realmente sintió que lo podía alcanzar otra vez, tal vez incluso más intensamente que cuando unieron sus cuerpos. 

—Si me dices que sí a todo me puedo aprovechar de ti —dijo Víctor con un tono juguetón en la voz. 

—¿Y cómo te aprovecharías? —preguntó Yuuri tartamudeando y con la piel enrojecida.

—¿Me estás tentando, zhar-ptitsa? —respondió Víctor con una pregunta mientras se ponía de pie y se acercaba al omega—. Te pediría que abras tus blancas y hermosas piernas para mí —dijo levantando la bata que Yuuri llevaba puesta y acariciando la suave piel de sus muslos—. Te exigiría que me dejes entrar en tí —Víctor acercó su rostro al cuello del omega—, te obligaría a gemir mi nombre —un estremecimiento recorrió el cuerpo de Yuuri al sentir el aliento del alfa sobre él. 

—Aprovéchate de mí entonces. 

Víctor sonrió y tomó al omega entre sus brazos, haciendo el mismo recorrido que la vez anterior hasta su cuarto. 

♧◇♡♤

Yuuri tocaba el piano, concentrado en los acordes de Chopin mientras Víctor pintaba junto a la ventana. Nada perturbaba esa atmósfera íntima en el que cada uno de ellos parecía absorto en su propio mundo, pero que creaba un ambiente compartido que podía ser comparado con el de una burbuja multicolor en la que la música daba vida a la creación de los pinceles. 

Yuuri se sentía increíblemente feliz, si su vida consistiera en constantes repeticiones de ese momento podría decirse a sí mismo que era la vida que deseaba. No ambicionaba nada más que lo que tenía en ese instante; la música y la imagen de Víctor absorto en su propio arte. 

Víctor, por otro lado, se sentía tranquilo. Había encontrado en ese momento una paz que lo inspiraba. Había muchas dudas rondando su cabeza, pero había decidido no prestarles atención, al menos mientras durara ese fin de semana. La compañía de Yuuri le estaba resultando agradable, era un muchacho inteligente y talentoso, también era dulce y tímido, lo que, sin embargo, no le impedía entregarse a él sin ninguna duda, completamente, como si quisiera dejarle en claro que era en sus brazos donde quería y debía estar; como si perteneciera a ellos.

Víctor suspiró ante ese último pensamiento, y luego se puso a observar lo que había pintado, preguntándose cómo es que había decidido comenzar precisamente ese retrato. La verdad es que no lo decidió, simplemente se sentó y comenzó a pintar aquello que apareció en su cabeza; el recuerdo de Yuuri tocando el piano y cantando para él. 

—Estoy un poco cansado —dijo Víctor levantándose y guardando sus pinceles.

—El día ha terminado pronto —respondió Yuuri sin dejar de tocar. 

—También tengo un poco de hambre —expresó Víctor sentándose junto a Yuuri, uniéndose a la melodía con maestría—, ¿deberíamos volver a la mansión?

—No es necesario. Puedo cocinar algo rápido con las cosas que trajo Lilia. 

—¿Sabes cocinar?

—Mejor de lo que imaginas.

—Entonces quiero que cocines para mí. 

—Lo haré —dijo Yuuri sonriendo mientras dejaba de tocar, Víctor lo miró y en un impulso lo abrazó y besó su cabello. 

—Gracias, seguro estará delicioso —le dijo para luego centrarse en el piano y tocar un poco mientras Yuuri se levantaba e iba a la cocina, sintiendo a su corazón latir desbocado, como cada vez que Víctor tenía esos pequeños y espontáneos gestos dulces. 

♧♤♡◇

Al día siguiente Yuuri despertó entre los brazos de Víctor. Acercó su rostro al cuello del alfa aspirando ese aroma que tanto le gustaba y dejó un beso ahí.

—Buenos días, zhar-ptitsa —dijo el ruso revelando que estaba despierto. 

—Buenos días —respondió Yuuri apegándose más a Víctor—, ¿estás despierto hace mucho?

—La verdad es que sí. Acostumbro a dormir poco. 

—Yo al contrario, soy muy dormilón.

—Ya me di cuenta —rio. 

—Tengo un poco de hambre.

—Bajemos a desayunar y después nos damos un baño en el lago. 

—¿Qué? ¿Estás bromeando? Ese lago debe estar congelado

—Claro que no, no estamos en invierno.

— abes a lo que me refiero. Y qué no estemos en invierno no quiere decir que el sol caliente mucho. 

—El agua fría hace muy bien al cuerpo. 

—Pues yo prefiero una bañera caliente. 

—No seas aguafiestas. Te lanzaré al lago de todos modos.

—No, claro que no. 

—Ya lo veremos —dijo Víctor amenazante para después soltar una carcajada mientras se ponía de pie. 

—Le pondré sal a tu café —respondió Yuuri envolviendose en la bata de algodón mientras buscaba su ropa interior.

—¡Pero qué vengativo!

—Es uno de mis defectos. 

—Lo tendré en consideración. 

♤♡◇♧

—¡Víctor, no! —gritaba Yuuri mientras Víctor lo sujetaba para ir hasta el lago.

—Vamos, te aseguro que no está tan helada. 

—No quiero, Víctor. 

—Está bien, no te voy a obligar a meterte conmigo —Víctor le dio un beso en la frente y corrió hacia el lago, se deshizo del pantalón holgado que llevaba y se lanzó al agua completamente desnudo. 

Yuuri caminó vestido y envuelto en una frazada. Se sentó junto al lago preguntándose cómo era posible que Víctor no muriera de hipotermia, el ruso parecía feliz dentro del agua. 

♤♡◇♧

Cuando los Nikiforov y los Katsuki regresaron de la casa de campo de los Popovich. Víctor y Yuuri ya se encontraban en la mansión, se habían cambiado y se encontraban en la sala. El ruso bebía una copa de vino mientras Yuuri leía en voz alta:

—El décimo día del primer mes —decía las palabras de Sei Shonagon— había finas nubes en el cielo, pero el sol brillaba. En un escabroso campo descuidado, tras una pobre casa, crecía un joven peral. Las ramas se extendían espesamente, y vi que las hojas eran verdes de un lado, en tanto del otro eran oscuras y brillantes, como coloreadas por una tintura roja. 

—Otra vez leyendo Makura no Soshi —dijo Mari entrando al salón junto a sus padres y los padres de Víctor. 

—Me gusta mucho —contestó Yuuri cerrando el libro y mirando a los recién llegados—, además Víctor quería que le leyera algo de literatura japonesa —sonrió—.  ¿Cómo les fue en casa de los Popovich? 

—¡Muy bien! —dijo sonriente Anastasia Nikiforov—. Y creo que a ustedes también —sonrió—, veo que se han hecho amigos —miró hacia Hiroko dándole una sonrisa cómplice que la japonesa respondió con una risilla nerviosa. 

Yuuri se sonrojo al ver el intercambio entre las mujeres. Víctor decidió comportarse como si no se hubiese dado cuenta.

—¿Georgi sigue tan deprimido como la última vez? —preguntó Víctor—, ¿o ya ha encontrado otro alfa por el cual suspirar? 

—Una alfa muy bella, su nombre es Tanya. Espero que esta vez su noviazgo vaya bien, Georgi es un chico que merece el cielo —respondió Anastasia. 

—Es cierto, es un muy buen muchacho —apoyó Alexander las palabras de su esposa—. ¿Y qué han hecho ustedes durante el fin de semana? —preguntó. 

—Nos hemos conocido un poco más —contestó Víctor con naturalidad, lo que Yuuri agradeció porque él se puso demasiado nervioso ante la pregunta y no sabría qué contestar, ni siquiera estaba seguro de poder hablar sin tartamudear—. Ambos tenemos gustos musicales similares, Yuuri sabe tocar el piano. 

—También toca el violín —intervino Mari— y baila ballet como la más hermosa prima ballerina. 

—Eso no me lo habías dicho —dijo Víctor mirando a Yuuri—, me encantaría verte bailar. 

—No, eso es vergonzoso —dijo Yuuri escondiendo su rostro entre sus manos—. No tenías por qué decirlo, Mari —reclamó—, no soy tan bueno como dices. 

—Tonterías —contestó su hermana—, eres espectacular. 

—Mi curiosidad va en aumento —afirmó Víctor. 

El resto de la velada transcurrió en calma. Cenaron y luego Víctor jugó ajedrez contra Toshiya mientras los demás jugaban a las cartas. La hora de dormir llegó pronto y se despidieron para ir a sus respectivas habitaciones. 

Yuuri ya se había puesto pijama cuando sintió los suaves toques en su puerta, la abrió y no se sorprendió al ver a Víctor, quien una vez adentro del cuarto lo besó apasionadamente.

—La próxima semana volveré el día viernes —dijo Víctor al separarse de los labios del omega—, pero iré directamente a la cabaña —volvió a besarlo—. Ve hasta allá en cuanto puedas hacerlo —metió su mano bajo el pijama, acarició la espalda de Yuuri e hizo que el menor soltara un suspiro anhelante—, tendré un regalo para ti —pasó su lengua por la hélix de la oreja del menor, Yuuri jadeó como susurrando ante las sensaciones que aquello le provocaba—. Pero si quieres que te lo de debes bailar para mí. —Lo volvió a besar mientras lo llevaba lentamente hacia la cama. 

Y Yuuri caía nuevamente entre los brazos del alfa ruso. 

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