Jugando con fuego (Flor de Agua)


—Pequeño japonés —dijo Víctor ubicándose tras Yuuri—, ¿esperaste mucho tiempo por mí? —preguntó dejando descansar sus brazos alrededor del cuello de Yuuri.

—No, acabo de llegar —respondió Yuuri, agradeciendo que Víctor no pudiera ver su sonrojo. Estaban en el jardín, cerca de donde Víctor lo había besado la primera vez que estuvieron juntos. Tres semanas habían pasado desde aquel día y ahora, cada noche que Víctor pasaba en casa de sus padres se reunían allí, a solas, lejos de miradas curiosas. 

Víctor giró a Yuuri entre sus brazos y comenzó a besarlo. Un beso tras otro, despegándose sólo para respirar. El alfa lo tomó en sus brazos y se inclinó con él, lo acostó sobre el césped para luego posicionarse sobre él, siguiendo con la ronda de besos y añadiendo caricias traviesas que recorrían el cuerpo del omega. 

Yuuri se aferraba al cuello de Víctor, sin oponer resistencia a sus caricias demandantes ni a sus voraces besos. El alfa no era delicado y al omega parecía no importarle, Víctor enterraba sus dedos en la piel de Yuuri, lo apretaba, lo mordía. 

—Víctor —jadeó Yuuri cuando su miembro erecto rozó con el del alfa, aunque la ropa fuera una barrera, ese roce lo hizo estremecer. Lo que asustó un poco al omega y lo puso alerta—. Víctor, detente —dijo contra los labios del alfa.

—¿Qué ocurre, pequeño japonés? ¿Acaso no te gusta?

—Me gusta, pero… debemos parar. 

—No te preocupes, no comenzaré a desvestirte si es lo que temes —dijo Víctor mirando con sus fríos ojos azules los cálidos iris marrones—. ¿O tienes miedo de empezar a desvestirme tú a mí? —preguntó sonriendo con arrogancia. 

—¡Víctor! —exclamó Yuuri cubriéndose la cara avergonzado. Lo que hizo que Víctor soltara una risa cantarina—, no te burles de mí. 

—Está bien, pero se bueno conmigo pequeño japonés. Quiero disfrutarte un poco más —la mirada apasionada de Víctor desarmó al joven omega, quien asintió y cerró los ojos, entregándose a los besos y caricias del mayor. 

♤♡◇♧

Víctor y Yuuri volvieron a la mansión sobre la una de la madrugada. A esa hora ya los sirvientes se habían ido a dormir, y sólo quedaban los guardias que custodiaban la entrada a la mansión. Generalmente volvían en silencio y subían a sus habitaciones rápidamente, sin embargo, esa noche fue diferente, al llegar sintieron ruido. Víctor habría preferido esperar oculto, no obstante reconoció la voz de Yakov hablando con Lilia. Eso era francamente extraño, por lo que decidió acercarse sin importar lo Lilia pensara. 

Yakov tenía un semblante alterado y llevaba a Irina en sus brazos, angustiado. 

—¿Qué ha ocurrido, Yakov? —preguntó Víctor apareciendo junto a Yuuri. Lilia levantó una ceja, venían juntos, con la ropa desarreglada y el cabello desordenado. Sin embargo, había cosas más importantes de las que preocuparse, por lo que decidió ignorar aquello. 

—Irina está mal —dijo Yakov desesperado—, ha tenido fiebre durante todo el día, mi madre no ha logrado controlarla y los médicos no la han querido ver porque no tenemos dinero. Víctor ayudala, por favor. 

—Lilia —dijo Víctor—, que Sergei vaya inmediatamente por el médico familiar —ordenó el alfa. Haciendo que la beta saliera inmediatamente a cumplir con su orden—. Yakov, ven conmigo —Víctor comenzó a subir las escalera, Yakov y Yuuri fueron tras él. Entraron a una de las habitaciones del segundo piso y Yakov acostó a Irina sobre la cama.

—Debemos darle un baño tibio, eso la ayudará mientras viene el médico —dijo Yuuri—, iré a preparar la tina. 

Yuuri desapareció por algunos minutos y luego volvió por Irina. La niña respiraba con dificultad y apenas lograba mirarlo. 

—Hola pequeña, te daré un baño con agua tibia para que te sientas mejor, ¿está bien? —le sonrió y dejó que su aroma a Lirios envolviera a la pequeña, haciéndola sentir tranquila. 

Yuuri desvistió a la niña y la llevó al baño, la sumergió con cuidado dentro del agua mientras le cantaba. 

—El pequeño japonés es bueno con los niños —comentó  Víctor a Yakov cuando se quedaron solos. 

—¿Él es Yuuri? Parece ser muy dulce —dijo Yakov fijándose por primera vez en el alfa—, ¿qué estaban haciendo ustedes dos? —preguntó al ver la apariencia de su amigo. 

—Sólo nos divertíamos en los jardines —contestó levantando los hombros. 

—¿Acaso tú y él…?

—Yakov —interrumpió el alfa—, ¿acaso no te dije que quería probar los placeres sexuales? El pequeño japonés dijo que me ama y yo he decidido jugar un poco con él, eso es todo. ¿No crees que es conveniente tener en mi propia casa a quien será mi primer juguete? 

—Víctor, no hagas estupideces —dijo Yakov mirándolo con seriedad y un poco espantado por las palabras de su amigo—, después te puedes arrepentir —se removió incómodo—. Incluso un apodo cariñoso le has puesto, porque mejor no admites que te gusta. 

— Acaso no sabes que pequeño también es sinónimo de insignificante, querido Yakov? —contestó Víctor con una pregunta mientras se reía por las aprensiones de su amigo. 

—Te arrepentirás, Víctor. 

—Por favor, Yakov, como si me importara la gente de sentimientos superficiales. 

—¿Realmente crees que eres capaz de juzgar que tan honestos y profundos son los sentimientos de los demás? 

—¿Acaso crees que es verdad que ha estado enamorado de mí por más de tres años? Por dios, Yakov, la última vez que nos vimos apenas interactuamos. Lo que pasa es que su familia está en la ruina y me ven como la mejor opción matrimonial. 

—Aunque eso fuera cierto, con rechazar educadamente su confesión es más que suficiente. No tienes derecho a jugar con él. Le harás daño y probablemente te hagas daño a ti también, por idiota. 

—Pues es una apuesta. Si pierdo estoy dispuesto a asumir las consecuencias. —respondió el alfa con tranquilidad y esa sonrisa cínica que lo caracterizaba.

♤♡◇♧

El médico llegó poco después, Irina había contraído una infección respiratoria y necesitaba antibióticos para mejorar, pero no era nada realmente grave si seguía el tratamiento indicado. La recomendación fue que Irina permaneciera en casa de Víctor ya que los cambios de temperatura no la favorecían y era mejor no exponerla nuevamente al frío ambiente.

—Mis padres deben estar preocupados. Tengo que avisarles que Irina estará bien. 

—Ve tranquilo, cuidaremos de Irina —respondió Víctor—, además, ella no podrá volver a tu casa en algunos días, tu madre seguramente querrá venir a estar con ella. 

—Tal vez venga mañana que es domingo, pero el lunes ella debe ir a trabajar. No puede darse el lujo de faltar… tal vez me quede yo, no creo que me afecte tanto el faltar una semana al instituto. 

—Yo puedo cuidar de Irina —dijo Yuuri—, nos llevamos bien y la verdad es que no tengo nada importante que hacer. Si su madre viene mañana yo hablaré con ella para que se quede tranquila y sepa que la niña estará bien atendida. 

—Gracias, Yuuri dijo Yakov mirando al omega con gratitud—, debo volver a casa.

—Bajo contigo, le diré a Sergei que te lleve, es muy tarde para que camines por San Petersburgo. 

—No es necesario.

—Claro que sí, además así el camino es más rápido. 

Víctor y Yakov salieron de la alcoba dejando a Yuuri a solas con Irina, quien al fin dormía profundamente, Yuuri sonrió acariciando el cabello de la pequeña.

—Víctor siempre ha ayudado a las personas que lo necesitan, esa es una de las razones por las que me enamoré de él. Me alegra comprobar que lo sigue haciendo. 

Yuuri cerró los ojos y recordó la sonrisa pura y honesta que una vez vio en el rostro de Víctor, pero también recordó sus lágrimas, esas lágrimas que le parecieron más hermosas que los diamantes. Se recriminó por haber sido tan cobarde y no haberse acercado al alfa en ese momento, pero ya eso no importaba, ahora estaba junto a él y esta vez estaba decidido a no alejarse nunca más. 

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