Refugios (Tránsitos)


i.

—¡Sabes patinar! —exclamó Víctor sorprendido—, eso es maravilloso, yo también sé.

—Eso no debería sorprenderme, eres ruso después de todo —dijo Yuuri revolviendo su café con leche. El sonido de su cucharita golpeando contra la porcelana era el único ruido que podía oírse en la posada. Cada día, ambos le robaban más y más minutos al sueño para poder encontrarse incluso antes de que saliera el sol. 

—Es cierto, posiblemente todos en Rusia saben patinar sobre hielo… pero yo un día quise ser patinador profesional. 

—Eso es algo que una vez también soñé —sonrió Yuuri con amargura. 

—Mi padre pensó que era una locura, después de todo, mi destino era hacerme cargo de sus empresas. 

—Los únicos lugares en los que me siento seguro, además de este lugar, son el estudio de ballet de mi profesora Minako y la pista de hielo que le pertenece a mi mejor amiga y su esposo. Yuko me dio una copia de las llaves de la pista y voy si quiero estar solo, cuando ya está cerrada al público. 

—Yo… ¿Podría ir contigo a patinar, Yuuri? 

—¿Y Sara? 

—No le molestará que la deje sola, será poco tiempo —sonrió. 

ii. 

La pista de hielo cerraba sus puertas al público a las siete de la tarde, Víctor y Yuuri llegaron 30 minutos después. Yuko aún no se había marchado, terminaba de guardar unos patines cuando su amigo la saludo.

—¡Yuuri! Me alegra que hayas venido —dijo la sonriente castaña saliendo a abrazar a su amigo. En ese momento reparó en el guapo extranjero que entraba tras Yuuri. 

—El es Víctor, se está quedando en Yutopia y también le gusta patinar. 

Hi, nice to meet you —dijo Víctor con una sonrisa.

Hello, nice to meet you too. Welcome to Ice Castle —respondió Yuko sonriéndole de vuelta. La castaña entonces miró a su amigo con picardía y volviendo al japonés dijo—. Es muy guapo, Yuuri, no dejes que se te escape. 

—Que tonterías dices Yuko —contestó también en japonés—. Es un hombre casado, está en su viaje de luna de miel. 

—Si está aquí contigo no creo que le importe mucho su viaje de bodas. 

—¡Yuko!

—Yo sólo digo que no se puede dejar escapar un bombón como él —dijo guiñandole un ojo a su tímido mejor amigo y logrando que este se sonrojara por completo. 

Víctor miraba sin comprender nada de lo que los japoneses decían, pero el lindo sonrojo en la piel de Yuuri le había dado una pista.

Poco después Yuko se despidió dejando solos a ambos patinadores en medio de la pista. 

Víctor no recordaba haberse divertido tanto en años. Yuuri estaba realmente feliz. 

Ambos se deslizaban sobre la pista de hielo como si ese fuera su verdadero elemento, como si sus cuerpos fueran una extensión del hielo, una extensión que hacía música: sus cuerpos en movimientos eran la melodía, las cuchillas rompiendo el hielo los instrumentos y sus miradas aquella letra silenciosa que cantaban sus corazones. 

Cantaron y danzaron acoplándose el uno al otro, sus cuerpos cada vez estaban más cerca, el sudor que desprendían actuaba como imán, las pupilas de sus ojos poco a poco se dilataban, el juego casi imperceptible de roces involuntarios les hacía subir la temperatura. 

Y cuando la danza terminó, estando frente a frente lo volvieron a sentir: frente a sus ojos se encontraba la persona más hermosa sobre la faz de la tierra. Y sin detenerse a pensarlo, movidos por la creciente excitación de sus cuerpos, se fueron acercando más y más, hasta que sus labios se unieron en tímido contacto, que no demoró en volverse apasionado.

 

iii.

En ese momento no les importaba nada, el resto del mundo había dejado de existir y lo único en lo que podían pensar era en apaciguar el fuego que se había encendido en medio del hielo. 

Corrieron por las calles de Hasetsu hasta llegar a la parte más céntrica. Yuuri condujo a Víctor hacia un hotel, alquilaron una habitación y apenas pudieron controlar las ganas de correr a encerrarse en ella. 

Cuando al fin estuvieron a solas, la excitación de sus cuerpos los obligaba a tocarse con desespero. 

—Por favor Yuuri, hazme tuyo —pidió  Víctor completamente rendido a esos ojos que lo embriagaban.

Yuuri sonrió y acarició con sus finos dedos algunas lágrimas que escaparon de los ojos del ruso, besó su frente y acarició su cabello con delicadeza. Repartió pequeños besos sobre los párpados de Víctor, sobre sus mejillas y la punta de su nariz, atrapó el lóbulo de su oreja izquierda y succionó,  haciendo que el primer tímido gemido escapara de la boca del mayor.

Yuuri empezó a acariciar la espalda de su amante mientras comenzaba a besar y lamer su cuello. Víctor abrazó la cintura del japonés mientras cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, dándole mejor acceso a su cuello. El ruso suspiraba ante las atenciones de su compañero, quien comenzaba colar sus manos bajo la camisa de Víctor, tocando su suave y sensible piel. 

—Yuuri te deseo, te he deseado desde el primer momento en que te vi —confesó Víctor con una voz muy sensual producto de la excitación—, desde que conocí tus ojos. 

—Ahora me tienes —respondió Yuuri enterrando sus dedos en el cabello de Víctor y atrayendo su nuca hasta dejar sus rostros muy juntos—, disfrutame. —Yuuri sonrió y luego besó los apetitosos y suaves labios del ruso, quien los entreabrió totalmente sometido a los deseos de Yuuri, sintiendo placenteramente cuando la lengua del menor lo invadía, recorriendo con ansias cada rincón de su húmeda boca. 

Víctor respondía con ganas el beso que su ahora amante le regalaba, era el primer beso que recibía de un hombre.  Sus movimientos eran apasionados y a pesar de no ser un novato, estaba completamente entregado a la guía del más joven. Poco a poco, Yuuri comenzó a retirar la ropa del ruso, comenzó con la camiseta negra ajustada que Víctor llevaba puesta, la retiró lentamente mientras acariciaba la suave piel que se exponía a sus ojos, con cuidado y finalmente dejando su torso desnudo. 

Yuuri se dedicó a besar el pecho de Víctor mientras lo colmaba también de caricias, lo guió hacia la cama y lo dejó caer suavemente en ella. Se separó un momento y le quitó los zapatos y calcetines, luego llevó sus manos a la pretina del pantalón gris y lo quitó junto a la ropa interior dejándolo totalmente desnudo. Apreció la belleza sublime de Víctor y sonrió. 

—No es justo —dijo Víctor jadeante, pero sin moverse de la posición en la que Yuuri lo había dejado—, sólo yo estoy desnudo —miró a su compañero con ojos cargados de deseo.

—Eso tiene fácil solución —Yuuri sonrió—, no apartes tus ojos de mí —su voz había salido como una orden, una orden que contradecía el rubor de sus mejillas y el temblor de sus manos.

Víctor se apoyó en sus codos levantando así un poco su cuerpo para observar mejor a Yuuri. El calor en su cuerpo comenzó a subir aún más mientras veía al precioso japonés quitarse la ropa sensualmente mientras lo miraba con deseo. Yuuri, que siempre lucía tímido y tranquilo, ahora se mostraba condenadamente seductor y sugerente, tan erótico era verlo desprenderse de su vestimenta que la erección de Víctor se había vuelto dolorosa. El pudor había desaparecido en el ruso que ahora sólo podía pensar en darse alivió, comenzó a masturbarse mientras admiraba la belleza de su joven amante, se masturbaba lentamente mientras pequeños suspiros y leves gemidos escapaban de su boca. 

Una vez desnudo, Yuuri se acercó a la cama y se acomodó entre las piernas de Víctor, tomó la mano con la que el ruso se estaba masturbando y la llevó a su boca, saboreando el líquido preseminal que manchaba sus dedos.

—Eres delicioso, Víctor —dijo con una sonrisa sugestiva. 

Víctor se levantó un poco y alcanzó el oído de Yuuri donde susurró unas palabras, una petición. Yuuri abrió los ojos sorprendido, pero cuando el mar cálido que había en la mirada de Víctor se encontró con ellos, Yuuri le sonrió con mucha dulzura y acarició su mejilla depositando un tierno beso en la frente y otros sobre el cabello plateado de su amante.

Yuuri empujó con delicadeza el cuerpo de Víctor, extendiendolo nuevamente sobre la cama, se acomodó entre sus piernas y le dio un apasionado beso en la boca mientras ambos miembros se encontraban y rozaban entre sus piernas. Víctor gemía mientras Yuuri comenzaba a dibujar un camino de besos y saliva desde su boca, descendiendo por su cuello, deteniéndose en su clavícula donde una mordida algo más fuerte provocó que Víctor gritara por la extraña mezcla de dolor y placer que eso le había causado. El japonés no se detuvo y siguió bajando mientras marcaba la nívea piel con su boca, dejando pequeñas y húmedas marcas rosáceas donde besaba. 

Llegó a los pezones y se entretuvo jugando con ellos, lamía uno mientras apretaba el otro, haciendo que ambos botones rosados se alzaran erguidos. Apretó y mordió, Víctor gimió y apretó el edredón hasta que sus nudillos resaltaron aún más blancos de lo que ya eran.

—Yuuri…  Ohhh, Yuuri… 

Yuuri se separó un poco de Víctor y tomó una de las manos que tan fuertemente Víctor apretaba, la acarició haciendo que sus dedos se estiraran y luego la guió hacia su cabello. El ruso miró a su amante y sonrió mientras sus dedos se enredaban en el hermoso, fino y perfumado cabello negro, que para él era como la noche sin estrellas, Yuuri volvió a torturar sus pezones haciendo gemir nuevamente a su compañero. 

Lentamente, Yuuri volvió a emprender el camino de besos y saliva que hacía sobre el cuerpo de Víctor. Besaba, lamía y succionaba mientras humedecía el firme abdomen del ruso, que acariciaba el cabello del japonés mientras su cuerpo se erizaba con sus atenciones.

Cuando la lengua de Yuuri se acercó peligrosamente a la entrepierna del ruso, Víctor dejó escapar un gemido que denotaba toda su excitación y la anticipación que sentía cuando un suave aliento cayó rozando deliciosamente su miembro erguido. 

—Yuuri, Yuuri… te deseo tanto… por favor hazme tuyo, por favor… Yuuri…

El japonés sonrió contra la piel de Víctor, pero dirigió sus labios al interior de los muslos del mayor, quería disfrutarlo sin prisas. Estaba tan excitado como su Víctor, pero deseaba ir con calma. Levantó la pierna derecha de Víctor y la besó por completo, llegando a su pie. Recorrió el mismo camino, pero en dirección contraria, cuando levantó ahora la pierna izquierda, llegando nuevamente junto al miembro erguido de Víctor; estaba duro, perlado por el líquido preseminal que escapaba de su interior y desprendía su fuerte y provocativo aroma, aroma a sexo, aroma a deseo. 

Yuuri llevó su lengua hasta el glande de Víctor y lamió con maestría, posteriormente bajó hasta el tronco del pene de su amante, lamiendo toda la extensión del delicioso y húmedo pene de ruso, quien en ese momento sólo podía pensar en el calor que se extendía por su cuerpo haciéndolo sentir embriagado de placer. 

Después, Yuuri dirigió sus atenciones a los testículos del mayor, lamiendo y metiendo en su boca esas delicadas y suaves bolsitas. Yuuri levantó la cadera de Víctor y movió su lengua un poco más abajo provocando aún más gemidos en su pareja. Y cuando la lengua llegó hasta la pequeña y estrecha entrada, Víctor apretó los ojos y los dientes, pero no lo pudo contener y un gutural y sonoro gemido escapó sin remedio, el más fuerte y lujurioso que haya emitido jamás. 

—¡Yuuri! —jadeó después— Yuuri. —La hábil lengua del japonés humedecía la entrada del mayor—. ¡Ohhh Yuuri! —gritó cuando la lengua entró con descaro. Emitió un gemido ronco cuando la lengua fue reemplazada por un dedo—. Yuuri. —Ahora eran dos dedos jugando en su interior, expandiendo, dilatando, tocando y encontrando—: ¡Oh, dios! —Víctor arqueó involuntariamente la espalda cuando esos dedos encontraron un punto especial que ahora se encargaban de estimular haciéndolo perder el aliento. Víctor sudaba, suspiraba, gemía y repetía el nombre de su amante— ¡Yuuri, Yuuri! —Eran tres dedos los dedos que ahora hurgaban en su interior. 

Cuando Yuuri determinó que la cavidad de Víctor estaba lo suficientemente dilatada, quitó sus dedos y acercó su miembro a la entrada de su amante. Miró a Víctor a los ojos y vio en los ópalos oscurecidos por la excitación una mezcla de deseo, pasión y temor. Yuuri se acercó más a él, dejando sus rostros a escasa distancia, casi tocándose.

—Victoria —dijo el menor—, yo también te he deseado desde que te vi. Estoy feliz y atesoraré este momento.

—Yuuri —dijo Victoria sintiendo cálidas lágrimas de felicidad salir de sus ojos—, te quiero. 

Yuuri entonces movió sus caderas y comenzó a hundirse despacio en el cuerpo de Victoria, una mueca de dolor en su rostro lo detuvo unos momentos, besó sus labios y sin dejar de hacerlo volvió a mover sus cadera llegando esta vez tan profundamente como sus cuerpos le permitían. Los gemidos de Victoria se ahogaban en la boca de Yuuri, quien se dedicó unos momentos a besarla y acariciarla con ternura, intentando que su pareja se acostumbrara a la intromisión. 

Victoria envolvió la cadera de Yuuri con sus piernas y el más joven sonrió, comenzó a moverse despacio mientras su mano derecha tomó el miembro erguido de Victoria y comenzó a estimularlo también. 

La habitación del hotel pronto estaba inundada de eróticos sonidos y gemidos, los cuales se hacían más fuertes a medida que el ritmo de las embestidas se hacía más rápido. Victoria pensaba que perdería la cordura por tanto placer, Yuuri sudaba mientras se movía sin perder contacto visual con su amante. 

—¡Yuuri! —gritó Victoria cuando la sensación de tensión se acumuló entre sus piernas para posteriormente desembocar en la mano de su joven compañero, su cuerpo se sentía caliente, pesado, le faltaba el aire. 

Yuuri llevó su mano manchada hasta su boca saboreando ese sabor que se sentía agridulce al paladar. Yuuri se apoderó de los labios de Victoria nuevamente y en ese momento se derramó dentro del cuerpo de su Victoria, haciendo que ella se arquera al sentirlo tan dentro.

—¡Oh, Victoria! —dijo desplomándose sobre el cuerpo de su amante cuando el último placentero espasmo sacudió su cuerpo.

Victoria abrazó al japonés, acarició la piel de su espalda y su cabello. No pudo evitar derramar nuevas lágrimas ante lo sucedido. Yuuri se movió con delicadeza para salir del cuerpo de su amante, la observó con dulzura y besó las lágrimas que salían de sus ojos.

—Lo siento —dijo Victoria—, ha sido algo mágico para mí —se justificó—. No puedo evitar sentirme emocionada. Gracias por aceptarme a pesar de que no soy el hombre que habías estado deseado. 

—Eres la persona que he deseado desde que mi mirada se cruzó con la tuya —respondió Yuuri, con su mirada clavada en sus ojos azules—. Eres la persona de quien me estoy enamorando. 

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