Desde Rusia (Tránsitos)


i.

Victoria miró con cara de espanto a Yuuri, sosteniendo entre sus manos el teléfono móvil que no paraba de sonar.

—Es… es mi padre —dijo temblando—, no sé si estoy lista para hablar con él.

—Victoria, estoy contigo —dijo Yuuri abrazándola, pegando la espalda de ella a su pecho y dejando sus manos reposar en su abdomen. El teléfono no paraba de sonar.

—Contestaré —decidió. Tomó aire y luego llevó el teléfono hasta su oído—. Padre… —dijo cuando al fin contestó. 

¿En qué mierda estás pensando, Víctor? —se escuchó una furiosa voz proveniente desde el otro lado del auricular—. Michele Crispino está furioso porque Sara le ha dicho que le pediste el divorcio… ¡El divorcio! ¡Se acaban de casar! ¿Sabes que esto afectará nuestros negocios con su familia? ¡Además de todo me quieres hacer perder dinero!

—Lo siento, padre. Pero no podía seguir engañándola, ni engañándome. Padre, por mucho que intentes ignorarlo, sabes perfectamente lo que soy.

No sé de qué demonios estás hablando. Más te vale que tomes el primer vuelo a Italia y supliques por el perdón de esa mujer. 

—No lo haré. Sara, Sara ya sabe que yo soy tra…

¡Cállate! —gritó su padre interrumpiendo aquella palabra—, no te atrevas a decirlo. Tú eres Víctor Nikiforov y te ordeno que te comportes como tal. Regresa con Sara inmediatamente y evítanos el escándalo. 

—No. Yo ya encontré una persona con la que deseo estar y su familia me acepta como Victoria. Desearía tanto que tú y mamá…

¡Nunca! Si en dos días no estás de regreso y solucionando tu matrimonio no vuelvas a aparecerte frente a nosotros. No estoy bromeando Víctor. Escoge entre esa maldita depravación o tu familia. 

—Padre, por favor…. —Los hermosos ojos azules se inundaron de lágrimas y sollozos escapaban entre los finos labios color durazno—. Por favor, yo… 

No tengo nada más que decir. Si Víctor Nikiforov no regresa inmediatamente con su esposa puedes olvidarte de tu familia para siempre, prefiero pensar que mi hijo murió antes de aceptar que se ha transformado en un monstruo asqueroso. 

La llamada se cortó y Victoria sintió que sus piernas flaqueaban. Si no fuera por Yuuri, que la sostenía, habría caído al suelo. 

—Me odia, Yuuri, me odia —dijo girándose para quedar frente a Yuuri—. No he podido evitar convertirme en lo que mi padre odia —dijo cubriendo su rostro con sus manos, ahogándose en sus propias lágrimas. 

Yuuri sabía que no había palabras que pudieran suavizar el dolor que estaba sintiendo Victoria. Por eso permaneció en silencio mientras la abrazaba y la dejaba llorar sobre su pecho, la acariciaba con cuidado y besaba ese suave cabello que lo volvía loco. La cobijó entre sus brazos mientras se prometía a sí mismo que la iba a cuidar, que la iba a amar y que lograría hacerla feliz a pesar de todo, a pesar de todos. 

ii.

Los días en Hasetsu pasaban lentamente. Victoria se fue haciendo parte de la rutina de Yutopia, primero dejándose llevar por la guía de su pareja, pero comprendiendo después que también debía tomar sus propias decisiones. Victoria tenía una cuenta corriente bastante abultada, después de todo hasta hace poco ostentaba el cargo de Gerente General en la multinacional más importante de Rusia, y comenzó a planear qué podía hacer para ayudar al negocio de su nueva familia. 

—Creo que podríamos hacer algún tipo de campaña para promocionar el turismo en esta ciudad —dijo una noche a Yuuri, mientras estaban acostados, abrazados en la tibia cama del acogedor cuarto que ahora compartían—. Es una ciudad preciosa, el mar, las aguas termales, la naturaleza que hay en los alrededores. 

—¿Crees que debes pensar en esas cosas? —preguntó Yuuri—, creo que sería mejor que te concentraras en tu cambio y…

—Lo sé —respondió interrumpiendo a Yuuri—, comenzaré clases de japonés y ya pedí la hora al médico de Tokio que me recomendaron. Pero no me gusta estar aquí sin hacer nada, soy alguien bastante inquieta —sonrió. 

—Desbordas energía, cariño —rio Yuuri dejando un beso en los cabello plateados. 

—¡Ya sé! —dijo de pronto—. Conozco a Yakov Feltsman y Yuri Plisetsky, he patrocinado a ese patinador desde que comenzó en la categoría Junior, tiene muchísimo talento. Creo que podría pedirles que hagan una exhibición en el Ice Castle. Yakov conoce a mucha gente y podría invitar a más patinadores. Tal vez podríamos hacer coincidir la fecha con algún festival y así darle visibilidad a la ciudad. 

—¿Harías todo eso?

—¡Por supuesto! Puedo financiar la exhibición y si los patinadores se hospedan en Yutopia le daremos mucha visibilidad, será muy bueno para el negocio de tu familia. 

—Está bien, si te hace feliz hacerlo ayudaré en lo que necesites. 

—¿Hablamos mañana con Yuko? 

—Como desees, amor. Pero ahora durmamos ¿sí? Ya es muy tarde. 

—Está bien. Ten dulces sueños, Yuuri. 

—Tú también, cariño. 

Se dieron un beso suave y corto para después cerrar sus ojos y entregarse a los brazos de Morfeo. 

iii. 

Poco más de seis meses transcurrieron. El cabello de Victoria había crecido hasta sus hombros y el tratamiento hormonal ya había comenzado. Este último había tenido algunos efectos secundarios, como un pequeño aumento de peso, dolor en las piernas, sensibilidad mamaria y cambios de humor. Era un período difícil, pero el apoyo de Yuuri y su entusiasmo por la próxima exhibición de patinaje artístico que se llevaría a cabo en Hasetsu la hacían sentir alegre. El 4 de Febrero sería esta exhibición, haciéndola coincidir con la festividad del setsubun, festival que marca el cambio de estación y pone punto final al invierno. 

—Ya estamos a primero de Febrero, hoy comenzarán a llegar los patinadores —sonrió Victoria abrazando a Yuuri—. Estoy tan feliz de que todo esté saliendo bien. Se ha promocionado bastante, ese periodista, Morooka, realmente hizo un buen trabajo con la publicidad. 

—Es un gran fan del patinaje artístico. Está emocionado con la participación de Yuzuru Hanyu.  

—Es genial poder contar con el mejor patinador de Japón. Realmente Yakov Feltsman tiene excelentes contactos. 

—Será emocionante ver a Hanyu enfrentarse a Plisetsky y Leroy. 

Poco a poco comenzaron a llegar los participantes de aquella inusual exhibición, la que sólo era posible gracias a la abultada cuenta corriente de Victoria y los excelentes contactos de Feltsman. Quien apreciaba a Nikiforov ya que siempre había patrocinado a sus patinadores, además, el viejo entrenador sabía del talento que tenía —si te conviertes en patinador profesional, podrías convertirte en el mejor del mundo—, le había dicho cuando era adolescente y le vio en una pista de San Petersburgo, el día en que se conocieron. 

El primero en llegar fue el joven patinador tailandés llamado Phichit Chulanot junto a su entrenador, Celestino, ambos eran muy agradables y sociables. Phichit inmediatamente quiso tomarse una selfie con Yuuri para luego postearla en instagram escribiendo: “Vengan a Yutopia y serán atendidos por este simpático, amable y lindo japonés”. 

Poco después llegó Jean Jacques Leroy, ganador del último GPF, quien venía acompañado por sus padres, quienes también eran sus entrenadores, y su bella novia, Isabella. 

—Escribiré en mi blog una reseña de Yutopia, si me tratan bien, les aseguro que el rey del hielo hará que próximamente este lugar se encuentre repleto —sonrió orgulloso. 

Leo de la Iglesia, Emil Nekola y Otabek Altin fueron los siguientes en llegar. Leo de la Iglesia muy cortés se dirigió a descansar después de un largo vuelo, Emil Nekola se mostró muy entusiasta y conversador, Otabek Altin serio y educado.

Finalmente Yuri Plisetsky y Georgi Popovich hacían acto de presencia junto a su entrenador, Yakov Feltsman. Georgi era bastante agradable y saludó cortésmente, Yuri en cambio lucía algo contrariado y saludó secamente… hasta que vio el gato de Mari y su ceño fruncido desapareció por arte de magia mientras sus ojitos verde jade brillaban como si estuviera viendo la cosa más hermosa del universo. 

Yuzuru Hanyu y Kenjiro Minami, llegarían al día siguiente. 

—Alguien más ha venido desde Rusia —dijo Feltsman mirando los ojos azules de Victoria—, se encuentra afuera, será mejor que vayas. —Sin dar más explicaciones jaló a Yuri del brazo y lo arrastró a su habitación mientras el adolescente se quejaba por no poder seguir fotografiando a esa criatura tan perfecta y adorable. 

—Creo que nunca habíamos tenido tantos huéspedes en Yutopia —dijo Hiroko con una sonrisa mirando a Yuuri, mientras que él veía como Victoria se dirigía a la salida. —¿Quién habrá venido a verla desde Rusia?—, se preguntó. 

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