Moonlight (Tránsitos)


—Yuuri, ¿Acaso te gusta esa niña que la miras tanto? —El rostro del pequeño de nueve años se sonrojó completamente ante la pregunta de su maestra. Estaban en el patio de la escuela y él no dejaba de mirar a la linda castaña un poco mayor que él.

—Yuko es muy bonita —contestó atrapando sus manos en la espalda en un gesto de timidez. 

—Es cierto, Yuko es muy linda —confirmó su maestra mientras acariciaba su cabello negro. Yuuri sonrió y agitó sus manos.

—¡Y Kenji también! —continuó entusiasmado—, es un niño muy lindo. 

—Yuuri —dijo la maestra ahora mirándolo con seriedad—, un niño no debe encontrar lindo a otro niño. Sólo debes fijarte en las chicas. 

La sonrisa de Yuuri desapareció al encontrarse con la mirada seria de su profesora. 

—Lo… lo siento —tartamudeó confuso. 

i. 

Buenos días saludó cordialmente Sara en inglés al ver que ni su esposo ni el joven japonés que venía a atenderles decía palabra alguna, soy Sara Crispino y el es mi esposo Víctor Nikiforov, necesitamos una habitación sonrió. 

Eh… sí, claro respondió con torpeza Yuuri obligándose a salir del estupor en el que se había sumergido cuando hizo contacto con los hermosos ojos azules del extranjero—, tenemos varias habitaciones disponibles dijo enfocándose en la mujer—, la mayoría son estilo tradicional, pero tenemos un par que están amobladas occidentalmente, por si prefieren dormir en una cama. 

Prefiero una tradicional dijo Víctor mirando a Sara—, me gustaría probar dormir en un futón. 

Está bien. Una habitación estilo tradicional japonés sonrió alegremente mirando a Yuuri. 

La más grande que tengan dijo Víctor animado. 

Claro, por favor siganme. 

Después de que Yuuri dejó instalados a sus nuevos clientes corrió a encerrarse al baño, mojó su cara con agua fría y se miró al espejo. 

Cómo puede existir una criatura tan perfecta. Ese hombre es hermoso. Yuuri puso su mano derecha sobre su pecho, sentía su corazón latir con fuerza mientras recordaba esos preciosos ojos de un azul tan suave que evocaba a una mañana despejada—. Yuuri, Yuuri, es un hombre casado se reprendió a sí mismo, pero sin poder contener que sus ojos estuvieran repletos de la imagen del desconocido extranjero: Víctor, su nombre es Víctor repitió sintiendo que pronunciar ese nombre se sentía dulce en su paladar.

ii. 

—Muero por ir a darme un baño en las aguas termales —dijo Sara visiblemente emocionada—, creo que nos hará muy bien para relajar los músculos después de tantas horas de viaje —afirmó. 

—Ve tú, yo te alcanzo después —respondió Víctor—, llamaré a Chris, no estoy seguro de que recuerde las indicaciones que le di, ya lo conoces, es un despreocupado y no quiero que los negocios se atrasen por…

—Víctor —interrumpió Sara acercándose y poniendo uno de sus dedos sobre los labios de su flamante marido—, estamos en nuestra luna de miel, no quiero que vuelvas a pensar en trabajo durante estos días. —Sara acarició el cabello de su esposo y luego rozó sus labios con los de él en un contacto tierno y sincero—. Si no quieres ir a las aguas termales podríamos probar cansarnos un poco más antes de tomar el baño reponedor. 

—Me gusta cuando luces así de provocativa —respondió Víctor para después tomar los dulces labios de su esposa en un apasionado y húmedo beso. 

Jadeos, gemidos y todo tipo de eróticos sonidos inundaron poco a poco la habitación de la joven pareja extranjera, quienes después de una ardiente sesión de sexo cayeron agotados sobre el futón del pequeño hotel en el que se encontraban, ambos se dejaron caer en un profundo sueño. El baño quedaría para la siguiente ocasión. 

iii. 

Yuuri despertó alrededor de las dos de la madrugada sintiéndose agitado, sudado y manchado. Su pantalón del pijama estaba pegajoso y le costaba respirar con normalidad —¿Hace cuánto tiempo que no tenía un sueño húmedo?—, se preguntó. Y es que hacía tiempo que no era impactado de tal manera por la simple apariencia de una persona. Porque sí, todo eso se debía a la apariencia de dios griego que tenía ese guapo extranjero de hermosos ojos. Y sólo a su apariencia ya que apenas intercambiaron un par de palabras. 

—Probablemente a él le daría asco saber las cosas que estuve soñando con él —reflexionó Yuuri. El japonés salió de la cama para ir a su baño privado a limpiarse. Se cambió de ropa y salió de su cuarto para ir por un vaso de leche a la cocina. El camino fue silencioso, ya todos dormían, o al menos eso creyó. Después de beber su vaso de leche sintió ruidos en la recepción, se acercó con cautela y se percató que el dios griego con el que acababa de soñar estaba saliendo al jardín —debe estar afectado por el jet lag—, pensó Yuuri dispuesto a volver a su habitación. Sin embargo, algo dentro de él lo obligó a salir tras el ruso. 

Nada preparó a Yuuri para lo que vería a continuación. 

Víctor estaba de pie en medio de la noche, su piel lucía más pálida que de costumbre debido a la luz de la luna que lo iluminaba tenuemente y le confería aún más belleza. Sin embargo, su belleza era particularmente triste, si bien su rostro no emitía expresión alguna, tímidas lágrimas se alojaban en sus largas pestañas para luego caer por sus mejillas como si fueran pequeños cristales. 

¿Por qué llora alguien tan hermoso? —se preguntó Yuuri mientras lo miraba en silencio. 

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