Preludio: Un asesinato que lo cambiará todo (Promesas y Esperanzas)


Dos días después de que Christophe besara a Víctor, él alfa se presentó en casa de Elizabeth, quería hablar con su primo sobre lo sucedido. Ambos se sentaron en el jardín, era un día agradable. Christophe entonces le dijo.

—Supongo que quieres que sea sincero contigo —Víctor asintió—. Víctor, he estado enamorado de ti toda mi vida. Nunca te dije nada porque sabía que tus sentimientos por mí no eran los mismos, sé que me amas como a un hermano. 

—Siento no haberme dado cuenta, Chris.

—No es necesario que lo sientas —rio el omega—, eres un hombre bastante perceptivo en algunos asuntos y un despistado sin remedio para otros. De todos modos, como nos criamos como hermanos es difícil que vieras que mis sentimientos eran diferentes. Además, ¿qué diferencia habría hecho que lo notaras? Tú te enamoraste de Yuuri. 

—Es cierto. 

—Hace dos días me sentía realmente muy mal, me sentí miserable al saber que el sólo hecho de ser omega era un obstáculo para cumplir mis sueños. Sentirme así me hizo flaquear y te besé. Pero te juro que no era mi intención complicar las cosas entre nosotros, ni mucho menos con Yuuri. Perdóname por favor, Víctor. 

—No tengo nada que perdonarte, Chris —Víctor abrazó a su primo, estuvieron así por un rato y luego Christophe se separó de él, limpió su rostro de una lágrima rebelde que se escapó sin consentimiento y le dijo.

—Hablé con Elizabeth y no tiene problemas con que me quede aquí. Pienso que es mejor no volver a casa por el momento, Yuuri no se sentirá cómodo conmigo. Tal vez incluso me odie por lo que vió y no querrá tenerme cerca de él, ni de ti. 

—Yuuri no te odia. Se enfadó mucho, pero es una persona demasiado buena para guardar rencor. 

—Me alegra que así sea. Yuuri me agrada y me gustaría poder ser su amigo. Aunque entiendo que no es el momento adecuado para acercarme él. Además, creo que alejarme de ti me haría bien —Christophe guardó silencio unos momentos y luego dijo—. Masumi está enamorado de mí. La verdad es que es un hombre excelente, me agrada, me divierto con él, es bueno, molesto pero gentil. Nos hemos estado viendo desde hace un tiempo, pero nunca he logrado corresponder a sus sentimientos por más que he querido hacerlo. Supongo que tenerte siempre cerca me hace imposible olvidarte — Chris miró directamente a los ojos de Víctor—. Yo quisiera enamorarme de Masumi, pero para eso necesito alejarme de ti. 

—Entiendo —dijo Víctor regalándole una sonrisa—, pero aunque estemos distanciados mi casa sigue siendo la tuya. Y puedes pedirme cualquier cosa que necesites. 

—Lo sé. Y la verdad ya hay algo que necesito de ti.

—Dime.

—Entraré a la escuela de enfermería. Es la mejor opción que tengo por el momento, necesito que me acompañes a matricularme para que des la autorización. 

—Por supuesto, avísame cuando y te acompaño.

—Y mi mesada no alcanzará para cubrir los gastos.

—Dime cuánto necesitas para decirle al encargado de finanzas que se encargue del aumento. Él vendrá aquí mensualmente y te entregará el monto que requieras.

—Gracias.

—No me agradezcas, después de todo también administro el dinero que fue de tus padres. Es absurdo que ese dinero sea mío sólo por ser su pariente alfa más cercano. Tú eres su hijo.

—Pero soy omega y no tengo derecho a heredar. Después de todo me casaré y tendrán que mantenerme —dijo Chris en tono jocoso haciendo que ambos rieran. 


El primer año de universidad tuvo de dulce y agraz para los tres omegas. Fue difícil, pero los tres se esforzaban por obtener buenos resultados. Yuuri tomó clases privadas de alemán que era el idioma que más le costaba manejar y practicaba con algunos omegas de los que se había hecho cercano, especialmente con Phichit, un joven de ojos grises que resultó ser muy alegre y con el que simpatizó inmediatamente. Christophe y Elizabeth eran los mejores en enfermería, estaban acostumbrados a estudiar mucho y sus estándares eran más altos que los de sus compañeros. El doctor Jones, que también dictaba algunas clases en enfermería, decidió darles clases privadas, sabía del potencial de los dos omegas y era de los pocos que no estaba de acuerdo con haberles negado la entrada a la escuela de medicina. Los omegas realmente aprendían mucho con ese experimentado médico. 

Elizabeth y Christophe también entraron al grupo sufragista dirigido por Emmeline Pankhurst, quien fue encarcelada junto con varios de sus seguidores, incluyendo a Elizabeth. Todos iniciaron una huelga de hambre que derivó en la alimentación forzada, un procedimiento horrible que consiste en proporcionar alimento a través de una sonda que pasa por las fosas nasales, boca y faringe. El trato vejatorio que muchos policías tenían contra estos omegas que irrumpían y destrozaban el orden público fue motivo de escándalo e hizo que ganaran la simpatía de una buena parte de la población. Sin embargo, en el parlamento las cosas seguían igual, y Millicent Fawcett seguía atestiguando como sus sucesivas propuestas a favor del voto omega eran rechazadas.

Las encarcelaciones no duraban demasiado, sólo Emmeline estuvo más de seis meses en prisión. Pero para todos era un golpe fuerte a su dignidad, sin embargo, salían aún con mayor convencimiento de que debían obtener derechos civiles para mejorar la situación en la que se encontraban. Omegas de todas las clases sociales militaban en este grupo, pero los más perjudicados, los que más perdían eran las de clase social baja. Guang Hong era uno de ellos; cuando salió de prisión su familia lo expulsó de su casa, también se quedó sin empleo. Sus amigas, Alice y Emma, seguían en prisión y no tenía familia a la cual recurrir. Pensó en los omegas con los que fue detenido la primera vez, ellos eran ricos, pensó en el alfa de cabellos plateados que pagó la fianza, se veían buenas personas. Sabía la dirección de los Nikiforov, la había memorizado cuando su nombre apareció en el diario anunciando su matrimonio.

Guang Hong se puso en camino y cuando llegó se sorprendió por tan majestuosa mansión. Pensó que si llegaba preguntando por los señores Nikiforov los sirvientes se burlarían de él por lo que no se decidía a entrar. Comenzó a pasearse cerca de la puerta de entrada sin alejarse demasiado, pero sin animarse a entrar. 


Víctor se bajó del carruaje junto a la puerta del jardín de su mansión. En ese momento Guang Hong corrió hacia él.

—¡Señor Nikiforov! —gritó el omega llamando la atención de Víctor—, por favor, permítame hablar con usted. 

—Buenas tardes —saludó Víctor.

—No creo que me recuerde, pero soy uno de los omegas que detuvieron junto a su esposo, mi nombre es Guang Hong.

—Ahora lo recuerdo —dijo Víctor sonriendo.

—Estuve en la cárcel por un mes, perdí mi trabajo y mi familia no quiere saber nada de mí. Yo… necesito trabajo, por favor señor Nikiforov, siento molestarlo, pero no tengo a nadie más a quién recurrir —Guang Hong se puso a llorar y cubrió su rostro con sus manos. Víctor entonces puso su mano sobre el hombro del omega y le dijo:

—Entremos a casa y me cuentas lo que ha sucedido. 

—Sí. 

Cuándo entraron, Mila iba a recibirlos, pero Yuuri se adelantó y abrazó a su esposo.

—Espero que hayas tenido un buen día —le dijo sonriendo.

—Esta es la mejor parte —respondió devolviéndole la sonrisa. 

En ese momento Yuuri se percató de la presencia de Guang Hong, lo miró y le dijo:

—Tú eres uno de los omegas que detuvieron en aquella ocasión, cuando fuimos a escuchar a Emmeline Pankhurst.

—Así es —respondió—, soy Guang Hong y en aquella ocasión ustedes me ayudaron. Ahora, ahora quería pedirles ayuda nuevamente. 

Guang Hong les contó lo duro que habían sido los últimos meses. La policía se había vuelto agresiva y la mayoría de los omegas habían sido detenidos. En la cárcel iniciaban huelga de hambre y eran sometidos a la alimentación forzada. Aún así, seguían adelante, él no era el primero en perder el empleo, algunos omegas de clases más altas ayudaban cuando les era posible, pero muchas veces no podían hacer nada porque aquellos que controlaban el dinero no estaban de acuerdo con lo que hacían. En mayor o menor medida, era una situación difícil para todos. 

Guang Hong finalmente se quedó trabajando en casa de Víctor, bajo el cuidado de Mila. 


Las vacaciones de verano estaban llegando. Tanto Christophe como Yuuri habían terminado satisfactoriamente ese primer año en la universidad. Víctor quería hacer una pequeña celebración por su esposo y por su primo, por lo que Chris y Elizabeth fueron invitados a la mansión Nikiforov. Christophe estaba nervioso, hacía tiempo que no iba, se había distanciado bastante de su primo y su omega, con la idea de transformar los sentimientos que tenía hacia él. Al mismo tiempo, se había acercado aún más a Masumi, dispuesto a hacer crecer los sentimientos que tenía hacia él. 

Masumi llegó a casa de Elizabeth y desde ahí los tres se fueron juntos hacia la casa de Víctor y Yuuri, fueron recibidos por Mila, quien se alegró mucho de ver a su querido niño Chris, como solía decirle. Yuuri y Víctor los recibieron con cariño. Yuuri abrazó a Chris con afecto sincero y Christophe le devolvió el abrazo con el mismo afecto y también gratitud. Supo en ese gesto que las cosas estaban bien para ellos, podía sentirse de regreso en casa y eso lo hacía feliz. 

Tuvieron una cena agradable, y después se pusieron a charlar como hace tiempo no lo hacían. Las horas pasaron rápido, pero cuando llegaba el momento de despedirse llegó un soldado algo agitado. 

—Disculpen por interrumpir su velada —dijo rápidamente—, pero se les requiere en el cuartel de inmediato —dijo mirando a Víctor y Masumi. El oficial entregó una nota a Víctor y en ella decía: “Han asesinado al archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo”. Los temores que Víctor había comenzado a tener hace más de un año atrás con el auge imperialista y las alianzas militares se empezaban a volver realidad. La gran guerra pronto iba a estallar. 



El 28 de junio de 1914 ocurre el asesinato del heredero de la corona del imperio austrohúngaro el archiduque Francisco Fernando de Austria, y de su esposa, la duquesa Sofía Chotek, en Sarajevo.  Esto fue el detonante del conflicto armado conocido como la Primera Guerra Mundial, que inició el 28 de julio de 1914.

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