Verano (Kinjiki)


Víctor camina con un pequeño bolso colgando de su hombro izquierdo. Sus ojos están enrojecidos por las lágrimas que ha derramado, su mejilla luce maltratada y su labio partido por el golpe recibido. Camina sin prisa mientras el cálido viento mueve sus largos cabellos plateados sostenidos en una coleta baja: su imagen es la de un hermoso muchacho sumergido en la tristeza, herido. 

Un par de lágrimas traicioneras caen de sus ojos azules y el llanto moja nuevamente sus mejillas adolescentes; las deja surcar su rostro sin darles mayor importancia. Víctor aún no cumple los 18 años de edad, acaba de graduarse de cuarto medio y sueña con convertirse en un gran cocinero. Sus padres prometieron apoyarlo, pero ahora tiene la certeza de que esa promesa jamás se cumplirá, ha sido expulsado de su casa sin ningún tipo de contemplación, dañado en su alma por las palabras de quienes decían amarlo más que nadie y golpeado por su hermano mayor. 

Víctor llega a una céntrica calle de la ciudad de Concepción, ahí vive Leonardo, su novio 6 años mayor. Toca la puerta de su departamento justo después de secar sus lágrimas. 

—Víctor, ¿qué haces aquí tan tarde? —cuestiona el hombre de cabello castaño y ojos negros. 

Víctor se arroja a sus brazos, buscando recobrar el calor que le ha sido arrebatado.

—Le dije a mis padres que soy homosexual —confiesa aferrado al cuerpo de su pareja.

—¿Qué? —responde él, con un hilo de voz.

—Me han echado de casa. No tengo otro lugar donde ir —su expresión es vulnerable, más de lo que nunca lo ha sido, pero en sus ojos brilla la esperanza de encontrar cobijo.

—Demonios Víctor, ¡sabías que reaccionarían así! ¿Por qué no pudiste cerrar la boca un tiempo más? —Leonardo ignora la necesidad de consuelo y se aleja de Víctor empujándolo de los hombros, dejando al menor desconcertado de pie junto a la puerta. Leonardo luce molesto. 

—Porque estaba harto de tener que mentirles —comienza a decir dubitativo, su voz suena rota—. Porque estaba harto de escuchar las comentarios homofóbicos de mi padre y las burlas de mi hermano sobre la homosexualidad. Porque ya no quería que mamá siguiera insistiendo para que llevara una novia —dice con un poco más de seguridad mientras entra en el departamento y cierra sin fuerza la puerta tras él.

—No escogiste un buen momento —afirma de manera acusatoria.

—Nunca iba a ser un buen momento —responde Víctor bajando la vista. El muchacho deja caer el bolso que ha estado cargando y mira nuevamente a su novio, con la duda bailando en sus ojos—. Leonardo, ¿puedo quedarme aquí?

—Víctor, puedes quedarte esta noche, tal vez un par de noches más. Pero yo no estoy listo para formalizar tanto nuestra relación, no quiero vivir contigo aún —dice sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—Ya veo —susurra sin ánimos, en un triste murmullo.

—Además, tampoco estoy en condiciones de mantenerte. Lo siento, de verdad lo siento —dice matizando su voz, dejando que la lastima se cuele en ella. 

—No te preocupes. Mañana veré qué hacer —Víctor dibuja una sonrisa triste mientras piensa en lo solo que se ha quedado, herido una vez más. 

La mañana siguiente Leonardo se levanta temprano para ir a trabajar, se despide sin mucha ceremonia y comienza su rutina diaria. Al quedarse solo, Víctor comienza a revisar la lista de contactos que guarda en su teléfono móvil; algunos compañeros de colegio a los que realmente no puede llamar amigos, los padres que lo rechazan, el hermano que lo ha golpeado, Leonardo y… su abuela. 

La abuela paterna de Víctor vive en Santiago. Es dueña de una pequeña casa en un barrio periférico y apenas logra sobrevivir con una escuálida pensión; vende pan amasado para llegar a fin de mes. La mujer vive sola, su abuelo falleció dos años atrás, lo que en la realidad es un alivio para la pobre señora que vivió toda su vida siendo maltratada por su esposo. 

Víctor duda, será una carga para ella, pero tampoco tiene otra opción. 

Revisa dentro de los cajones del velador de Leonardo y encuentra un poco de dinero. Se levanta de la cama y va directo a darse una ducha. Luego se viste, come algo y escribe una nota para Leonardo. 

“Gracias por dejarme pasar la noche en tu departamento, me voy a Santiago. 

Tomé dinero prestado para el pasaje, juro devolverlo algún día. 

Tu ex novio.

Víctor”

Llega muy temprano al terminal de buses y compra pasajes para las 10:15 de la mañana. Va a una cafetería y se compra un café para hacer más corta la espera. Se conecta al WiFi de la estación y se entretiene mirando Facebook y Twitter.

Cuando llega la hora de abordar el bus se toma una selfie y después de pasarla por algunos filtros la sube a Instagram.

v-nikiforov Cuando te quedas solo debes buscar otros horizontes. Adiós Concepción. #TerminalCollao #ByebyeConcepción #HolaSantiago #MevoyalaCapital

Siete largas horas más tarde llega al terminal Alameda. Toma su bolso y camina hasta el metro. Aborda, después de un par de combinaciones y más de una hora de viaje llega a Puente Alto. Camina unas cuadras hasta estar frente a la casa de su abuela. Abre la reja del antejardín y una vez dentro toca la puerta pintada de un oscuro marrón. Todo lo ha hecho mecánicamente, intentando no pensar. 

—¡Víctor!  —exclama la sorprendida mujer al ver a su nieto parado frente a ella.

—Abuela, yo… —Los ojos de Víctor nuevamente se llenan de lágrimas, las emociones que ha estado reprimiendo durante el viaje estallan y su voz no se escucha. Se siente tan frágil estando frente a su abuela con la intención de suplicarle que le de un techo donde vivir, de pedirle que no lo rechace como el resto de las personas que han sido importantes para él. Tiene tanto que decir, pero lo único que logra hacer es llorar. 

Su abuela lo abraza, no necesita explicaciones.

—Me alegra que estés aquí —dice abrazando a su nieto—. Ya lo sé todo, esta mañana llamé por teléfono a casa de tus padres. 

—Perdóname —súplica aferrado al cuerpo delgado de la mujer.

—No tienes que pedir perdón por lo que eres, mi amor  —dice con su voz repleta de afecto—. En esta casa eres bienvenido, estoy feliz de que estés aquí.

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