Prometidos (El fin de amar)


Yuuri no podía negar que tenía miedo, temblaba de solo imaginar la respuesta de su padre. 

—No te preocupes —lo tranquilizó Víctor tomando su mano y mirándolo con dulzura—, recuerda que yo también soy un rey, tu padre no podrá negarse tan fácilmente a mi propuesta.

—Yo, estaba convencido de que no estaba hecho para ser feliz —dijo Yuuri mientras su mirada temblaba, llena de miedo y esperanza—. Pero ahora quiero aferrarme a ti, quiero ser feliz contigo, Víctor. 

—Yo también quiero aferrarme a ti, Yuuri —contestó Víctor con sus ojos centelleantes, repletos de la calidez que le hacía sentir el omega. 

Ambos suspiraron y miraron al frente, una orgullosa puerta se erguía frente a ellos. Víctor tocó y el rey Creonte respondió del otro lado haciéndolos pasar. Víctor caminó con seguridad y sin soltar la mano de Yuuri, quien se encontraba nervioso, pero intentaba contagiarse de la confianza de Víctor.

—Majestad —dijo Víctor mirando los ojos del Creonte—, con el consentimiento del príncipe Yuuri, yo he venido a solicitar su mano en matrimonio. 

Yuuri sintió como la filosa y hostil mirada de su padre se clavaba en sus ojos castaños, el príncipe omega pudo estar seguro de que su padre lo habría golpeado de ser posible. Sin embargo, luego le dirigió una falsa sonrisa a Víctor. 

—Me hace muy feliz que quiera estrechar los lazos con nuestra familia. Estoy seguro de que Yuuri será una compañía grata para usted, no me queda más que darles mi bendición y desearles felicidad. 

Víctor no era estúpido y sabía que las palabras de Creonte no eran sinceras, pero poco le importaba, su único objetivo era casarse con Yuuri, encontrar a su hijo y hacerlo feliz lejos de ese hombre que tanto daño le había hecho. 

—Muchas gracias por sus palabras —dijo el rey de plata abrazando a Yuuri—, le aseguro que seremos felices juntos —sonrió para luego dejar un suave beso en los cabellos negros que caían sobre la frente del omega. 


Dos semanas más tarde el rey Creonte organizó la fiesta de compromiso. Hizo coincidir la fecha con la reunión anual de mercaderes, por lo que la fiesta, además de familias nobles, estaba repleta de adinerados comerciantes. Entre ellos la familia Chulanont, una familia del sur del país que en los últimos años había pasado a ser la familia de mercaderes más influyente del reino, todos comentaban que eso se debía a los negocios propiciados por el alfa que había contraído matrimonio con Phichit, el mayor de los hijos del matrimonio Chulanont, un omega precioso y alegre que en esos momentos estaba esperando su primer hijo. 

Al principio de la fiesta Yuuri se había sentido muy feliz, se extrañó un poco al ver a Yurio conversando con su primo JJ, el único de los parientes de su padre que había alcanzado a llegar, con una sonrisa en el rostro, la última vez que se habían visto,  su hermano menor huía de él como si se tratara de la mismísima peste. Las pequeñas princesas se mostraban alegres por la futura boda de su padre, ambas querían a Yuuri y parloteaban sobre las cosas que harían con él cuando volvieran a su reino. 

Yuuri estaba feliz, pero en medio de la fiesta percibió un aroma que le era familiar, un aroma que lo hizo examinar con detenimiento a las personas que asistían a la fiesta, hasta que finalmente dio con esos ojos que tiempo atrás le quitaban el sueño. Lo vio junto a un omega que se recargaba alegre en su hombro, lo vio sonreír junto a él, pero también lo vio observándolo de la misma manera en que lo hacía cuando aún era un adolescente. 

—Cariño, ¿estás bien? —preguntó Víctor al sentir la fluctuación en el aroma de Yuuri. 

El omega miró los ojos azules de Víctor y se tranquilizó; estaba en su fiesta de compromiso y a su lado estaba la persona que amaba, sonrió.

—Estoy bien —respondió sinceramente acercándose más a su prometido, dejándose envolver por el aroma del alfa, entrelazando sus dedos y sintiéndose feliz por el momento que vivía. 

En mitad de la fiesta Creonte tomó la palabra, haciendo que todos guardaran silencio y escucharan las palabras del rey.

—Me ha tomado por sorpresa la decisión del rey Víctor de escoger como esposo a mi querido hijo Yuuri. Pero ciertamente me ha alegrado que nuestros lazos familiares vuelvan a estrecharse, estoy seguro de que Yuuri será un buen compañero y consorte real, y más importante aún, será un excelente padre para mis adoradas nietas. Yulia estaría feliz de que sus hijas queden a su cuidado. Sólo me resta desearles felicidad, y confiar en sus manos —dijo mirando a Víctor— la protección y el cuidado de mi hijo. 

«Cínico»

Fue lo que sus hijos pensaron al oírlo hablar de esa manera. Yuuri sabía que su padre no estaba interesado en su bienestar, Yurio sabía que su padre confiaba en que él sería quien heredara el trono después de casarse con su sobrino. 

Víctor sonrió y de una pequeña caja azul que sostenía en sus manos extrajo una sortija de plata con un solitario zafiro. Tomó la delicada mano de Yuuri y mirándolo a los ojos colocó el anillo en su dedo.

—Eres una maravillosa sorpresa que la vida puso en mi camino. Te encontré cuando ya no buscaba nada y te convertiste en la cálida brisa que acaricia mi alma. No es mucho el tiempo que hemos pasado juntos, pero me has mostrado que tu dulce carácter esconde fortaleza y valentía; te admiro y te quiero. Muchas gracias por aceptarme príncipe Yuuri, juntos haremos que nuestros sentimientos crezcan y nos traigan felicidad. 

Los ojos de Yuuri brillaban y sus labios dibujaban una linda sonrisa. Miró su mano y aquella sortija sencilla y hermosa que ahora la adornaba, se sintió feliz.

—Mi corazón está repleto de admiración hacia ti. La nobleza que he descubierto en tus acciones y palabras han hecho inevitable el nacimiento de hermosos sentimientos que también deseo cuidar y hacer crecer. Muchas gracias por escogerme, majestad. 

Víctor tomó las manos de Yuuri y las besó con devoción ante los suspiros de omegas y el aplauso de los invitados. 

La fiesta continúo y la cena dio paso al baile. Yuuri bailó junto a Víctor, Yurio bailaba con JJ fingiendo reír ante las ocurrencias del alfa, aunque varias veces quiso golpearlo o al menos decirle alguna grosería. 

Yuuri estaba feliz, aunque sentía sobre sí la mirada del alfa de su pasado y eso lo inquietaba. En un momento en que Víctor atendió a otros invitados, aprovechó para salir al jardín, deseaba respirar aire fresco y alejarse de aquella mirada insistente. Caminó por los jardines bajo la luz de la luna, pero su tranquilidad se vio alterada cuando ese aroma del que huía se hizo fuerte indicando que ya no se encontraba solo. 

—Yuuri…

—¿Qué haces aquí? —preguntó el príncipe mirando al alfa de ojos verdes frente a él. 

—Hacía tanto tiempo que quería verte nuevamente, te he extrañado tanto —contestó acercándose peligrosamente.

—Detente —ordenó Yuuri—, sinceramente me alegra verte bien, pero no quiero tenerte cerca. Estás casado con Phichit Chulanont y yo me casaré con Víctor. 

—Phichit es un buen chico, pero nunca te he olvidado. Siempre quise volver por ti, pero…

—Pero tenías miedo a que mi padre descubriera que eras tú quien se acostó con su hijo y te matara. Lo entiendo, y créeme cuando te digo que no te culpo. Pero ya es muy tarde para que hablemos sobre el pasado. 

Yuuri quiso marcharse, pero el alfa lo sujetó de los brazos y lo aprisionó contra un árbol.

—No te cases, huyamos…

—Eso ya me lo propusiste una vez y acepté solo para ser abandonado a mi suerte —respondió con furia intentando liberarse. 

—En ese entonces no tenía nada que ofrecerte, nos hubiesen encontrado y tu padre me habría asesinado. Ahora es distinto, tengo dinero, contactos…

—¡Y un esposo al que deberías respetar! 

—Un esposo al que no amo —contestó desesperado, apretando su agarre—. Yo te amo a ti.

—Pero yo ya no te amo, Christophe —respondió Yuuri mirándolo a los ojos—. Yo amo a Víctor y me casaré con él. 

—¡No mientas! Esa boda arreglada no te dará felicidad —porfió el alfa. 

—Piensa lo que quieras, yo amo a Víctor —respondió—. ¡Suéltame! 

Pero el alfa se negó a aceptar esa respuesta y forzó un beso que Yuuri se resistía a responder, forcejeaban mientras su aroma comenzaba a volverse agrio. Christophe no parecía notarlo empeñado como estaba en imponer sus deseos a Yuuri. Tan ciego que no notó la cercanía de otro alfa hasta que fue arrojado con violencia contra el suelo. Víctor lo miraba amenazante. 

Yuuri al ver a Víctor se arrojó a sus brazos, temblaba asustado mientras se aferraba a la ropa del mayor. Víctor lo abrazó y lo envolvió en su protector aroma buscando calmarlo.

—¿Quién eres tú y cómo te atreves a faltarle el respeto al príncipe? —gruñó Víctor mirando fríamente al alfa que lo miraba con rabia desde el suelo. 

—¿Faltarle el respeto? —pregunto burlesco—. No sé si pueda faltarle el respeto a alguien que ha estado en mi cama por voluntad propia —respondió altanero.

—Pretendes que Víctor me rechace por no ser un omega virgen —afirmó Yuuri girando en los brazos del alfa, estaba enfadado—. Nunca pensé que caerías tan bajo Giacometti.

—Así que tú eres el alfa que abandonó a Yuuri por cobardía —Víctor sonrió de medio lado mientras acariciaba las manos de Yuuri—. Gracias a tu estupidez él ahora es mío, y te aseguro que lo que yo tendré de él no se compara con lo que tú tuviste y no cuidaste. 

—Espero no verte más, y por favor, compórtate como un alfa digno y haz feliz a tu omega.

Yuuri tomó a Víctor de la mano y se alejó junto a él dejando al alfa sintiéndose miserable y derrotado.

—¿Estás bien? —preguntó Víctor después de caminar sin rumbo, internándose en los enormes jardines. Yuuri se detuvo.

—Lo siento —dijo con la mirada gacha—, no sabía que él estaría aquí, no imagine que me siguiera al jardín y mucho menos que intentara besarme —la ansiedad había comenzado a invadir a Yuuri y la seguridad que había mostrado hasta hace unos momentos comenzaba a desaparecer.

—Yuuri —dijo Víctor acariciando el rostro del omega, obligándolo con delicadeza a levantar su mirada—, por favor no te disculpes conmigo por cosas que no son tu responsabilidad —Víctor sonrió haciendo sonrojar al omega. Se miraron por largos momentos mientras parecían querer absorber la imagen del otro; Víctor aquel rostro sonrojado que le parecía adorable y hermoso, Yuuri aquella sonrisa dulce y esos ojos que le prometían el cielo. Poco a poco acercaron sus rostros, sus labios se acariciaron en contacto suave que fue profundizado cuando el alfa rodeo a Yuuri con sus brazos, el omega cerró los ojos entrelazando sus brazos atrás del cuello de Víctor, dejándose llevar por la calidez y la pasión que le despertaba el rey. 

Cuando se separaron se miraron a los ojos con anhelo, otro beso iba a iniciar cuando unas suaves risas llegaron a sus oídos, escondidas estaban las pequeñas princesas, cubrían sus bocas intentando no hacer ruido, pero fueron descubiertas de igual modo. 

—Niñas, ¿no les he dicho que no deben espiar a las personas? —cuestionó Víctor sin dejar de sonreír.

—Lo sentimos, padre —dijeron las pequeñas, saliendo de su escondite, avergonzadas. 

—Estamos contentas —dijo Alena—, Yuuri nos gusta.

Yuuri estaba ruborizado, pero las palabras de Alena lo emocionaron. Estaba realmente ansioso por construir una familia junto a Víctor y a las pequeñas, dándo a ellas todo el amor que guardaba para su propio hijo y que no pudo ser entregado. Estaba feliz, pero a la vez se sentía nostálgico.

Anastasia notó el estado de Yuuri y se acercó a él.

—Todo estará bien —le dijo abrazándolo—, papá te dará la felicidad que necesitas. 

—Lo sé —respondió Yuuri sonriendo—, y yo les prometo darle a su padre toda la felicidad que él necesita también.


Dos días después llegó un emisario del reino de Plata, la madre del rey Víctor había caído enferma y solicitaba inmediatamente la presencia de su hijo. 

Rápidamente Víctor preparó su partida, no quería alejarse de Yuuri, pero tampoco podía ignorar el llamado de su madre. Acordó con Creonte que la boda se celebraría en el reino de Plata, dentro de un mes el rey enviaría a su hijo al reino vecino para que contrajera nupcias con Víctor. 

Creonte también invitó a JJ a quedarse en el palacio, ya que Yuuri estaría poco tiempo más en el reino de Cristal, debía irse convencido de que Yurio estaba interesado en ese alfa para que aceptara cederle el trono cuando se anunciara el compromiso. 

—Te extrañaré —dijo Yuuri al despedirse de su prometido.

—Y yo a ti —respondió el rey besando sus manos—, te estaré esperando cariño. Dentro de un mes nos uniremos para siempre. 

—Estoy ansioso porque ese día llegue. 

Ambos sonrieron y se despidieron con un suave beso en los labios. Las pequeñas princesas lo abrazaron y luego subieron al carruaje real, Otabek los escoltaría hasta llegar a la frontera. 

Yuuri se quedó de pie en las amplias puertas del palacio, Yurio junto a él lo acompañó hasta que la caravana real se perdió en la lejanía. 


Cuando llegaron a la frontera otra despedida se suscitó. Otabek estaba de pie frente a Víctor y las princesas.

—Niñas, despidanse de Otabek —dijo Víctor. Anastasia se acercó al moreno y le sonrió. 

—¿Me abrazas? —pidió la niña, Otabek se inclinó para quedar a su altura y la envolvió en un cálido abrazo—. Nos veremos pronto —confidenció la niña—, irás al reino de Plata en poco tiempo. 

Antes de que Otabek pudiera responder, Alena llegó junto a ellos pidiendo unirse a aquel abrazo. 

—Gracias —les dijo Otabek al tenerlas en ese contacto íntimo y paternal—, estoy feliz por el tiempo que hemos compartido. 

Después de separarse de Otabek subieron nuevamente al carruaje que las trasladaba. Ambos alfas se miraron a los ojos. 

—Puedes visitarlas en el reino de Plata —ofreció Víctor—, tal vez puedas venir junto a Yuuri dentro de un mes. 

—Agradezco mucho todo lo que hace majestad. Dentro de un mes nos volveremos a ver —respondió con su habitual seriedad, pero dejando ver la sinceridad de la gratitud que había por sus palabras. 

Sin más demora Víctor subió al carruaje y la orden para cruzar la frontera fue dada. 

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