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XVIII (Antes del alba)


Ser el novio de Víctor le provocaba mucha felicidad. Y en esos momentos la alegría era muy perceptible, porque él estaba allí, esperando en las puertas de la academia. 

Yuuri corrió a su encuentro y se colgó a su cuello, después de tanto tiempo sin conocer lo que era sentirse bien, feliz y amado, ya no estaba dispuesto a contener sus impulsos. Los brazos abiertos de Víctor lo recibieron y lo estrecharon con fuerza. Su nariz aspiró el suave aroma de su cabello y luego sus labios buscaron la boca de Yuuri. Se fundieron en un beso apasionado, en la profunda danza de sus lenguas ansiosas por explorarse y enredarse. 

—Te amo —susurró Víctor sobre sus labios y Yuuri deseó jamás acostumbrarse a esas palabras, así, cada vez que Víctor las dijera, él volvería a sentir fuegos artificiales explotando en su corazón. 

—Te amo también —respondió. 

Rieron y se besaron nuevamente, hasta que fueron interrumpidos por un carraspeó que buscaba llamar su atención. Separaron sus labios y miraron a Mila y Yuri que estaban cerca de ellos, Mila mirándolos sin pizca de discreción y Yuri viendo hacia otro lado, como si no quisiera mirar a una pareja acaramelada. 

—Hola —dijo la pelirroja mientras observaba a Víctor—, soy Mila.

—Hola, yo soy Víctor.

—Él es mi novio —intervino Yuuri—, y ellos Mila y Yuri, compañeros de baile —los presentó algo apenado. 

—Nosotros somos buenos amigos de Yuuri —dijo Mila—, deberíamos conocerte más. 

Víctor notó un deje de sospecha en la voz de la muchacha, pero decidió ignorarlo y le sonrió:

—Yo estaría feliz de conocer a los amigos de Yuuri.

—Podríamos salir a cenar para conocernos más —propuso ella.

—Sí, o pueden venir a nuestra casa si Yuuri está de acuerdo —Víctor miró a Yuuri y, pese al rubor, asintió.

—Podrían venir a comer con nosotros un fin de semana, con los demás chicos —dijo con una sonrisa.

Yuri parecía a punto de abrir la boca cuando fue interrumpido por Chris, que se acercaba a ellos.

—¡Víctor! —exclamó al saludarlo, le dio dos sonoros besos en sus mejillas y luego lo sostuvo desde los brazos—, Yuuri ya me contó la buena noticia, felicidades, pero ¿por qué no me lo dijiste tú? ¡Debiste llamarme inmediatamente! ¿Acaso no soy tu mejor amigo?

—Y un chismoso —contestó Víctor riendo. 

—Me ofendes, chérie. —Chris puso una mano sobre su pecho, hizo un gesto dramático con su rostro y dijo—: Solo estoy contento por mis dos buenos amigos. 

—Tus dos buenos amigos deben irse o llegarán tarde al teatro —dijo Víctor mirando su reloj. 

—No quiero ser mal tercio, pero un día de estos tenemos que salir —sonrió Chris—, aunque tal vez termine siendo una cita doble. 

—¿Masumi?

—Quizás. Y ahora vayan o llegarán tarde. 

—Sí, es hora —apoyó Yuuri, luego se dirigió a Mila y Yuri—. Mañana nos ponemos de acuerdo e invitamos a los demás.

La despedida fue rápida y se marcharon tomados de la mano. Mientras caminaban, Víctor se dio cuenta de que Yuuri parecía querer decir algo, lo observaba con la duda filtrándose en su mirada y sus labios se despegaban para volver a cerrarse. 

—¿En qué estás pensando? —preguntó al fin—, parece como si quisieras decirme algo.

—Sí… yo… quiero disculparme por el tono en el que Mila te habló. 

—Oh, no debes disculparte por eso, solo se preocupa por ti. 

—Sí, es mi culpa, ella… ella hace un tiempo me preguntó si me maltratabas, por mi manera de ser… Lo siento, no quiero que tengan una imagen equivocada de ti por culpa de mis inseguridades y miedos.

—No te preocupes por eso, cariño. —Víctor se detuvo y tomó el rostro de Yuuri entre sus manos—. No me conocen, pero eso tiene solución, además, yo te haré feliz y lo verán. Solo se preocupa por ti, es una buena amiga.

—Sí, pero… me gustaría que ella confiara más en mí, yo ya le dije que tú no me lastimarías —dijo Yuuri mostrándose frustrado—. Y no quiero entrar en detalles, tengo a Lilia, a Chris y a ti que saben todo de mí, pero no quiero tener que tocar el tema con cada persona que conozco, no es porque no confíe en ella o en los demás. Es solo que quiero dejar eso atrás y hacer amigos con los que mirar hacia el futuro. 

Víctor lo entendía. Abrazó a Yuuri y besó su cabello, se quedaron así, muy juntos, hasta que Yuuri recordó que tenían que llegar al teatro y apremió a Víctor para que se apuraran. 

***

Después de salir del teatro caminaron por las calles de la ciudad tomados de la mano. Vieron “Muchacho de Luna”, basada en las obras de Lorca, y los sentimientos que experimentaron todavía estaban allí, vibrando en cada fibra de sus cuerpos. Por eso andaban en silencio, pero juntos, muy juntos y tomados de la mano. Sus abrigos y sentimientos les proporcionaban el calor necesario para soportar esa fría tarde.

—Debí traer mi auto, está más frío de lo que pensé —dijo Víctor—, tomemos un taxi.

—Sabes que me gusta caminar.

—Pero apuesto que no te gusta estar resfriado. La temperatura está bajando demasiado.

—Tengo un novio sobreprotector, pero tienes razón, tomemos un taxi.

No pasaron más de tres minutos cuando un taxi paró junto a ellos y subieron en la parte de atrás. Yuuri apoyó su cabeza en el hombro de Víctor y se dedicó a mirar el paisaje a través de la ventana, no tardaron mucho tiempo en llegar a la casa.

El pequeño Makkachin estaba ansioso por salir a dar un paseo, pero las nubes en el cielo auguraban que pronto comenzaría a llover, por lo que el perrito tendría que contentarse con jugar con Yuuri sobre la alfombra de la sala.

—¿Qué quieres cenar? —preguntó Víctor mientras observaba a Yuuri lanzarle suavemente una pelota roja al cachorro.

—¿Pidamos pizza? Así vienes a jugar con nosotros en lugar de cocinar. 

—Uhm… —dijo Víctor poniendo el índice sobre sus labios, fingiendo que estaba pensando sobre la sugerencia que hizo Yuuri, luego rio—: llamo enseguida. 

Cuando la pizza llegó, decidieron comerla en la sala, dejaron la caja abierta sobre la mesa de centro y ellos se sentaron en el suelo. Makkachin también comió su cena mientras los dos hombres comían sentados muy juntos sobre la alfombra cálida y acolchada. 

Los dedos de sus manos se rozaban, sus labios se encontraban y sus alientos chocaban, sus voces y risas llenaban el ambiente con charla sin sentido. Comían sin dejar de estar atentos el uno al otro, sin dejar de buscarse a través de miradas o caricias. Dejando fluir la intensidad de sus sentimientos a través de sus venas y en cada poro de sus pieles.

El ambiente calentándose, fluyendo…

La pizza fue abandonada cuando el cuerpo de Yuuri quedó acostado sobre la alfombra, mientras Víctor, sobre él, se dedicaba a beber el elixir de sus labios, dulce, embriagante, delicioso.

Yuuri, dócil, abría su boca dejándose explorar, participando del baile húmedo de sus lenguas ávidas, ansiosas por penetrar y saborear. Las manos de Yuuri delinearon el contorno de los hombros de Víctor, subieron por su cuello y se internaron en las suaves hebras platinadas. Jadeó, sus labios se separaron de quien comía su boca para buscar aire, sus ojos húmedos y excitados miraron las cuecas azules que estaban oscurecidas, las pupilas dilatadas de deseo se cernían sobre él.

—V-víctor —pronunció suave.

—¿Me detengo? —preguntó mientras sus manos acariciaban la cintura delgada de Yuuri.

—Llévame a la cama, a tu cama. 

—¿Estás seguro? —preguntó, acarició con gentileza el rostro de Yuuri, buscando alguna sombra de duda que lo hiciera detener.

—Sí —respondió en medio de un suspiro. 

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