Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

XVII (Antes del alba)


Makkachin, como decidieron llamar al cachorro que adoptaron, se adaptó rápidamente a su nuevo hogar. Víctor y Yuuri mostraron que eran capaces de tener mucha paciencia con su pequeña mascota, lo trataban con amor y disfrutaban acariciar su suave pelaje. El veterinario que lo revisó dijo que estaba en buenas condiciones y que solo debían preocuparse por mantener sus vacunas al día y pensar en esterilizarlo cuando alcanzara su madurez sexual, aunque para eso faltaba bastante.

Por las tardes, salían juntos a pasear, solían ir a un parque que quedaba a tres cuadras de la casa de Víctor, para que Makkachin pudiera correr y gastar toda la energía que tenía. 

Pero esos paseos no solo servían para que Makkachin se divirtiera, también ayudaba a que las conversaciones entre Víctor y Yuuri se fueran volviendo más íntimas, y para que sus silencios fueran cada vez más cómodos. La cercanía entre ambos era visible y la electricidad en el ambiente cada día más notoria. 

Aquella noche estaba más fría de lo usual, pero parecía que el pequeño caniche no lo sentía, corría y ladraba alegre en medio del parque, saltando alrededor de sus amos. Víctor estaba bien con su abrigo gris y la bufanda que Yuuri le había regalado, pero Yuuri parecía soportar menos el frío.

—Será mejor que regresemos —dijo Víctor al notar los temblores de Yuuri.

—Pero Makkachin se está divirtiendo.

—Y tú te estás congelando.

—Quedémonos quince minutos más —pidió mirando al cachorro juguetear con otro perro. 

—Está bien, pero ven aquí. —Víctor abrió sus brazos y Yuuri no dudó en refugiarse en ellos, en ese abrazo cálido que buscaba darle confort y calor. 

Y Víctor disfrutó de tenerlo entre sus brazos.

Y Yuuri sintió el calor comenzar a inundarlo. 

—Ví-víctor… 

—Dime.

Yuuri sintió un nudo alojarse en su garganta y apretó con fuerza la ropa de Víctor, enterrando su rostro en el pecho cálido que lo acogía.

—Yuuri, ¿estás bien? —preguntó preocupado por el repentino cambio en su estado de ánimo.

Yuuri levantó su rostro y miró la expresión preocupada de Víctor, y él estaba hecho un lío. Cada día que pasaba sentía como su cuerpo reaccionaba llenándose de calor ante su cercanía, como su corazón saltaba emocionado por sus palabras, como sus sueños eran ocupados con su imagen. No sólo los sueños eróticos que lo despertaban agitado en mitad de la noche, también aquellos sueños pausados en los que conversaban, paseaba o veían películas, los sueños en los que reían por tonterías y jugaban con Makkachin… los sueños que recreaban lo que en realidad ya vivía a su lado: esa felicidad sencilla de simplemente estar juntos. 

—Creo que… estoy enamorado de ti. 

Su voz fue suave y pausada, como sus ojos. 

—Yuuri… —susurró Víctor, su corazón latía tan fuerte que escuchaba en sus oídos el tic-tac que apagaba cualquier otro ruido. Lo abrazó, lo abrazó con fuerza y repartió besos sobre su cabello, sobre su frente y sus mejillas. Se detuvo a observar sus labios tiernos, los delineó con la punta de su índice y miró los ojos castaños en busca de permiso. 

—Yo no soy lo que necesitas, Víctor… tal vez nunca pueda entregarme a ti de la manera en que lo deseas. No porque no fantaseé con eso también, sino porque me aterra y tal vez el miedo sea más fuerte que yo.

—Yuuri, yo… —El dedo índice de Yuuri sobre los labios de Víctor lo hizo callar.

—Pero he descubierto que soy egoísta y aún si no soy lo que necesitas te quiero junto a mí. 

Yuuri envolvió el cuello de Víctor en un abrazo suave y buscó sus labios para regalarle un beso. 

Las manos de Víctor se alojaron en la cintura de Yuuri, cerró sus ojos y respondió al beso; lento y húmedo, saboreando los labios de Yuuri e invadiendo su boca sin prisa, disfrutando del sabor afrutado de su paladar y la textura de su lengua.

Se separaron cuando Makkachin comenzó a ladrar junto a ellos, en busca de atención. Yuuri rio y se inclinó a tomar al cachorro entre sus brazos.

—Será mejor que regresemos —dijo Víctor abrazando la cintura de Yuuri.

—Sí —respondió Yuuri entre risas mientras Makkachin langueteaba su rostro. 

Caminaron en silencio, Yuuri sintiendo como la mano de Víctor lo atraía hacia su cuerpo, hacia su calor. Víctor pensando en las palabras de Yuuri, jamás lo presionaría para convertirlo en su sumiso, aunque tampoco era tan fácil para él pensar en abandonar su estilo de vida. 

Pero se había enamorado de Yuuri, y su principal deseo era verlo bien, feliz y amado. 

—Yuuri, quiero otro beso —dijo Víctor deteniendo su andar.

—Uno pequeño, o Makkachin querrá unirse —respondió mirando a Víctor y cerrando sus ojos. 

Víctor sujetó las mejillas de Yuuri y regó una lluvia de besos sobre sus labios: algunos eran un liviano roce y en otros la humedad de sus bocas se mezclaba. 

—Te amo, Yuuri —confesó mirando sus ojos marrones—, y agradezco que me quieras tener a tu lado. 

El rubor en las mejillas acompañó la sonrisa de Yuuri y un brillo acuoso iluminó sus ojos. Estaba feliz y era una felicidad que cuando conoció a Víctor no creía posible alcanzar.

Anuncio publicitario

Un comentario en “XVII (Antes del alba)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: