XV (Antes del alba)


Después de aquella noche en la que volvió a ver a Víctor, Yuuri decidió restablecer la comunicación con él. Víctor fue varias veces a buscarlo a la academia de baile, lo invitó a cenar, caminaron por el parque, incluso fueron a una pista de hielo y cumplieron la antigua promesa de patinar juntos. Y cada vez que se encontraban era más difícil para Yuuri separarse de él, la idea de vivir junto a Víctor otra vez se le hacía tentadora y lo único que lo retenía era la manera en que soñaba con él: deseaba a Víctor, pero no quería arruinar las cosas haciendo algo para lo que no estaba preparado. 

Sin embargo, también confiaba en él y sabía que no haría nada para presionarlo. Durmió a su lado cuando lo encontró al borde de una crisis de angustia en el club BDSM y eso se sintió correcto. A su lado se supo seguro y libre de cualquier temor. 

Después de un mes de estar compartiendo tiempo, y ya sin querer despedirse, Yuuri comenzó a quedarse en casa de Víctor. El primer día fue porque se le hizo tarde para regresar, el segundo día porque tenían planes durante todo el fin de semana y era más sencillo si estaban juntos, el tercer día simplemente quiso irse con él en vez de volver al departamento del Chris, el cuarto día Víctor le propuso volver a vivir allí y él aceptó. 

Chris se sintió triste de perder a su compañero de apartamento, pero a la vez se puso feliz de presenciar ese nuevo acercamiento entre sus amigos. Aunque las cosas serían muy distintas a la primera vez que Yuuri vivió allí, ahora irían poco a poco, conociéndose otra vez y desde una nueva perspectiva. Comenzarían como buenos amigos y sin prisa se dedicarían a descubrir qué tipo de relación querían o estaban preparados para tener. 

Yuuri se sintió contento al volver a ocupar su antiguo cuarto, se entretuvo una tarde entera acomodando sus cosas y cuando bajó, Víctor ya había preparado la cena. Se veía contento de recibirlo nuevamente en su hogar y abrió una copa de vino para celebrarlo. 

—No debería beber mucho, no estoy acostumbrado —dijo Yuuri sosteniendo la copa entre sus manos.

—Pero es bastante suave y muy delicioso —contestó Víctor para luego saborear el contenido de su copa. Yuuri lo imitó, bebiendo tan solo un pequeño sorbo.

—Tienes razón, es delicioso —dijo disfrutando el aroma a frutos rojos y del suave gusto a cerezas en su paladar.

—Sin duda el carmenere es la mejor cepa.

Después de la primera copa, Yuuri quiso seguir bebiendo y entre charlas sin mucha importancia, pero amenas y alegres, acabaron toda la botella. 

Cuando Yuuri se puso de pie, sintió que todo giraba a su alrededor, trastabilló y tuvo que afirmarse de la mesa para no caerse, pero la sensación le pareció divertida y comenzó a carcajearse.

—Tienes menos resistencia al alcohol de lo que imaginé —dijo Víctor poniéndose de pie para sostenerlo—, te llevaré a tu habitación para que descanses.

Yuuri abrazó el cuello de Víctor mientras él caminaba sujetando su cintura.

—¿Me besarááás? —preguntó Yuuri arrastrando las palabras, sin despegar del perfil de Víctor sus ojos nublados por el alcohol. 

—Si me lo pides cuando no estés borracho, lo haré.

—Pero me guuustan tus beeesos —hipó en medio de las palabras. 

—Y a mí me gusta besarte.

—¡Quiero un beeeso!

Víctor sonrió y puso sus labios sobre la frente de Yuuri.

—Listo.

Yuuri pestañeó y luego arrugó el entrecejo, se sintió timado con ese suave beso en su frente. Víctor rio al ver esa reacción que considero adorable.

Al llegar a su cuarto, Víctor lo ayudó a recostarse en su cama, mientras lo hacía, Yuuri sujetó su brazo y con esa voz que delataba su estado de embriaguez le preguntó:

—¿Quieres azotaaarme?

—Prometimos ir despacio, pero por Dios que me lo pones difícil. 

—Eeen el club yo… yo vi a una chiiica, ella gritaba y yo… meee… me excité. 

—¿La estaban azotando?

—Sí… yooo he tenido sueeeños también.

Víctor mordió sus labios, quería preguntar sobre esos sueños, pero sentía que aquello era invadir su privacidad en un momento que Yuuri no podía decidir qué cosas contarle y cuales guardarse para sí mismo. Decidió salir de la habitación, pero antes de poder hacerlo, Yuuri lo tomó por sorpresa colgándose de su cuello, acercó su boca al oído de Víctor y susurró:

—Sueeeño con la fusta en tus manooos…

Víctor tragó grueso al escuchar las palabras de Yuuri y su aliento caliente sobre tu cuello.

—Yuuri, es mejor que descanses. Iré a mi habitación.

—Nooo… nooo te vayas, me portare bieeen. 

—Está bien, me quedaré, pero solo si me haces caso y te duermes. —Yuuri asintió, Víctor entonces le quitó los zapatos y el pantalón para meterlo bajo las sábanas de la cama. Yuuri lo miraba en silencio, con el anhelo empañando sus ojos—. ¿Qué es lo quieres decirme? —preguntó Víctor viendo ese brillo en sus orbes castañas.

—Duuuerme conmigo.

—Solo si prometes dejar de contarme esas cosas y dormir.

—Sí, sí.

Víctor sonrió y acarició el cabello negro de Yuuri, se quitó también los zapatos y el pantalón para meterse a la cama con él. Yuuri se apoyó en su pecho y Víctor lo abrazó, poco tiempo después un suave ronquido le indicó que Yuuri ya se había dormido. Una sonrisa se dibujó en su rostro al recordar las cosas dichas por él, miró sus labios entreabiertos, tiernos y carnosos, saboreó los suyos queriendo caer en la tentación, pero se detuvo. 

—Con que lento, ¿eh? —pronunció para sí mismo, cerrando los ojos y viendo tras esa cortina negra sus propias fantasías. 

***

Al despertar la mañana siguiente, Yuuri ya no estaba junto a él en la cama. Víctor se desperezó y, después de entrar al baño a refrescarse un poco, bajó al primer piso. Yuuri se encontraba preparando el desayuno. 

—Buenos días, Yuuri —dijo sonriendo.

—Buenos días, Víctor —respondió ruborizado—. Yo… uhm… creo que me emborraché, no recuerdo ni cómo llegamos a mi cama y me duele un poco la cabeza.

—No creí que te embriagaras tanto, pero no pasó nada, solo te llevé a tu cuarto y me pediste que durmiera contigo. 

—Espero que hayas podido descansar bien.

—Lo hice, y tú deberías beber mucha agua para sentirte mejor. Un secreto para no embriagarse tanto y para no tener resaca al día siguiente es beber la misma cantidad de agua y alcohol. 

—Lo tendré en cuenta, por si hay una próxima vez —respondió Yuuri con una sonrisa avergonzada—, por cierto, estoy preparando blinis. 

—¡Hace mucho tiempo que no como! Mi madre solía hacer cuando era niño.

—Sí, yo supe que es un desayuno típico en Rusia y como tus padres lo eran…

—Gracias Yuuri —dijo Víctor para luego darle un beso en la frente—, exprimiré unas naranjas mientras tanto. 

Víctor fue a buscar las naranjas mientras Yuuri se quedaba allí, sintiendo que el calor lo invadía por completo.

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