XIV (Antes del alba)


La cena entre Víctor y Chris había sido amena. Estar con Chris siempre lo era, su carácter alegre y travieso lograban poner de buen humor a cualquier persona, además, era un hombre inteligente con el que se podía tener una charla interesante y para Víctor siempre había sido el mejor de los amigos. 

Después de hora y media entre charla, buena comida y algunas copas de vino, Chris logró convencer a Víctor de acompañarlo al club. No le pudo decir que no cuando lo vio entusiasmado con la idea de presentarle a Masumi, quien estaría en la fiesta.

Cuando entraron al club este ya se encontraba desbordante de personas que iban a disfrutar de las exhibiciones y de relacionarse con personas que tenían el mismo estilo de vida. 

—Masumi dijo que estaría en el sector de las jaulas —indicó Chris mostrándole el camino.

Víctor comenzó a moverse entre las personas mientras se sumergía en el ambiente que, ahora se daba cuenta, había extrañado. 

—¡Víctor! —Su nombre dicho con una voz llena de angustia lo sobresaltó.

Miró a su alrededor hasta que localizó la fuente de aquella llamada: Yuuri. Yuuri temblando, asustado, con lágrimas desbordando sus ojos marrones. 

No tardó en llegar hasta él y abrazarlo con todas sus fuerzas 

—Yuuri cariño, ¿qué ocurre? 

Yuuri no respondió. Solo apretó con fuerza la camisa de Víctor y escondió el rostro lloroso en su pecho.

—¿Le has hecho alguna cosa? —preguntó con los ojos encendidos al hombre que estaba allí.

—No, me acerqué porque lo vi mal —contestó con calma—, creo que le teme a las jaulas —señaló a un lado de Víctor. 

Víctor miró de reojo las jaulas que exhibía a dos sumisos y la tercera vacía. Asintió al otro Dominante y luego besó el cabello de Yuuri, se inclinó a susurrarle palabras tranquilizadoras mientras acariciaba su espalda, sin soltar el abrazo. 

—Víctor, él es Masumi —dijo Chris al llegar junto a ellos—, pero creo que no es buen momento para presentaciones. Llévate a Yuuri en mi auto. —Chris le entregó las llaves a su amigo, quién había dejado el suyo en casa. 

—Gracias —murmuró Víctor, quién sin soltar a Yuuri se lo llevó de allí. 

Salieron fuera del club y caminaron al llamativo automóvil rojo de Chris. Víctor abrió la puerta del copiloto y sentó a Yuuri allí, se inclinó a su lado y tomó su rostro entre sus manos.

—Cariño, ¿cómo te sientes? 

—Me-mejor.

—Te llevaré a casa de Chris, allí te prepararé algo caliente y te acompañaré hasta que te duermas. 

—No… llévame contigo, a tu casa. No quiero dormir solo. 

—Entonces te acompañaré toda la noche.

Víctor besó la frente de Yuuri y luego se apartó para subirse también al auto y manejar en dirección a su casa. 

Mientras era mecido por el suave movimiento del automóvil, Yuuri no podía apartar sus ojos del perfil de Víctor, viéndolo conducir. Le gustaba mirarlo, era tan atractivo. Y era cálido también: sentir su abrazo, firme y amable, lo había calmado. Tanto confiaba en él que en sus brazos se sentía seguro, en casa. 

Poco tiempo después llegaron a la casa de Víctor, Yuuri sintió nostalgia al pisar nuevamente ese lugar, saboreó recuerdos de todo tipo mientras se dejaba conducir por ese espacio que sentía familiar.

—Prepararé chocolate caliente —anunció Víctor—, puedes subir y meterte a la cama o esperarme si lo prefieres. 

—Subiré, quiero meterme a la cama… ¿Puedo ir a tu habitación? 

—Claro que sí, también puedes buscar algo más cómodo en el armario. 

—Gracias. 

Yuuri entonces besó la mejilla de Víctor y luego subió con un leve sonrojo adornando su piel. 

Víctor se quedó paralizado por largos momentos, con una expresión de sorpresa y el rubor pintando sus orejas ante el gesto amoroso de Yuuri. Sonrió y fue a la cocina a preparar el chocolate caliente, le envió un mensaje a Chris y luego subió a su habitación. 

Yuuri estaba metido en la cama, sentado y apoyado en respaldo de madera, se veía tierno con una camiseta negra que le quedaba grande y cubría sus manos. 

Víctor se sentó a su lado y le entregó la taza dulce y humeante. 

—Gracias —dijo Yuuri al tomarla entre sus manos, sonrió al sentirla cálida. 

—Me alegra verte mejor —dijo Víctor—, me preocupé mucho al verte tan angustiado otra vez.

—Fue bueno que llegarás en ese momento. Si no hubieses estado allí hubiese tenido un ataque de pánico.

—Le agradeceré a Chris el haberme convencido de ir. 

Hubo un silencio agradable. Yuuri bebió un poco del chocolate y sonrió con gusto. Estaba delicioso.

—¿Por qué fuiste al club? —preguntó Víctor cediendo a su curiosidad. 

—Yo… quería ver, quería saber si me gustaba ver esas cosas —respondió avergonzado. 

—No debiste ir solo, Chris o yo podríamos haberte acompañado. 

—Lo sé pero… me avergonzaba. 

—¿Por qué?

—Porque no debería estar deseando esas cosas, me hace sentir enfermo. 

Víctor acarició el cabello de Yuuri, después de estar en silencio volvió a hablar.

—¿Crees que yo soy un enfermo?

—No quise decir eso.

—Lo sé, pero es algo que en mi adolescencia yo mismo lo pensaba. ¿Cómo no sentirme un enfermo depravado y sádico sí fantaseaba con humillar y azotar a las personas que me atraían? Pero es probable que ese sentimiento de terror ante mis propios deseos sea lo que me mantiene cuerdo… quiero decir; si no hubiese sentido pánico de lastimar a alguien para satisfacer mis deseos es probable que lo hubiera hecho. 

»Lo que diferencia a un dominante que tiene un estilo de vida D/s de un sádico sin escrúpulos es que siempre hay un monto de temor ante lo que deseamos y que podemos sentir culpa ante lo que hacemos. No es siempre, pero así como los sumisos deben resguardar su autoestima para no caer en estados depresivos, nosotros también necesitamos de la comunicación constante con nuestro sumiso para asegurarnos de que se encuentra bien. 

»Con eso quiero decir que no eres un enfermo por desear este tipo de cosas, pero que el miedo que sientes es normal y hasta saludable, pone un freno que sirve como autocuidado. 

—Me siento confundido.

—No tienes motivos para presionarte con el tema. No hay por qué correr.

—Pero yo… yo quiero darte una respuesta pronto. Quiero saber qué quiero que seas para mí.

—Cariño, no necesitas responder a nada todavía. Sí me quieres en tu vida yo estoy aquí, juntos podemos descubrir qué tipo de relación podremos tener, pero no te fuerces… yo no me iré a ninguna parte.

—Víctor, quédate a mi lado. 

Víctor sonrió ante las palabras de Yuuri y acarició su mejilla mientras lo miraba a los ojos.

—Siempre —prometió.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: